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Full text of "Historia de los condes de Urgel, escrita por Diego Monfar y Sors, y publicada de real órden por Próspero de Bofarull y Mascaró"

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Ontario Council of University Libraries 



http://www.archive.org/details/historiadeloscon02monf 



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su CRONISTA 

D. Prói^pero ele Bofarnll y llaiscaré. 
TOMO X. 



HISTORIA 



DE LOS 



CONDES DE URGEL, 

escrita por 

D. DIEGO MONFAa Y SORS, 

cHoícmceto deí Sxeai (JCtofóivc ^e ^Jbatceicna, 



PüBLiCADA DE REAL ORDEN 



POR 



Cronista de la Corona de Aragón. 



Tomo II. 



IBél^(12^(DSí<^9 



En el establecimiento litogr&flco y tipográfico de 

o. JOSÉ EOSEBIO MONrORT. 



1853. 






Ni 



HISTORIA m LOS MES DG IIRGEL, 



CAPITULO LIX. 

Vida de don Armengol de Cabrera, XVI conde de Ürgel.— Estado del 
condado de ürgel cuando murió el conde don Alvaro.— El conde de Foix 
trata de que el conde Armengol cobre el condado de Urgel, y déjase de 
hacer, por estar el conde en desgracia del rey.— De las disensiones que 
hubo entre el rey y los condes de Urgel y otros señores de Cataluña.— 
De los servicios hizo el conde de Urgel al rey don Pedro, pasando á 
África, hasta tomar el reino de Sicilia.— De lo que pasó entre el rey y 
el conde don Armengol, sobre algunas pretensiones tenia el rey en los 
estados del conde.— De algunas cosas particulares del conde y condado 
de Urgel.— De la muerte y testamento del conde Armengol, y fundación 
del convento de Predicadores de la ciudad de Balaguer. 

Muerto don Alvaro, quedó el condado de Urgel en el 
mas mísero é infeliz estado que jamás se hubiese visto, lle- 
no de confusión y división. El rey don Jaime, que des- 
pués de haber tomado las tenencias de los castillos se que- 
dó son ellos, tenia ocupado casi lo mejor de él, y los pue- 
blos y castillos mas principales. Don Alvaro murió empe- 
ñado, cargado de inumerables deudas y obligaciones; era 
su recámara pobre y poca, y las rentas de los estados tenia 
en Castilla se cobraban con dificultad , y los acreedores, 
que eran muchos, pcdian su dinero, y no habia de donde 



(6) 
acudiiles , y el rey no quería por entonces pagar nada 
Guerau de Cabrera, vizconde de Cabrera, hermano del 
conde, que éta de edad de veinte y cuatro años, decía que 
él era conde de Urgel, y que le competia aquel estado por 
el testamento de su padre, que habia hecho muchos grados 
de substitución, y entre otros, que muriendo su hijo segun- 
do , que él llamaba Rodrigo, sin hijos varones de legítimo 
matrimonio, fuese heredero Guerau, su cuarto hijo, que 
habia nacido poco antes que muriera el padre, porque de- 
cia que don Armengol y don Alfonso no eran legítimos, ni 
tenian derecho ni podian suceder en el condado de Urgel, 
y él les habia de ser preferido; pero el rey poseia en sí todo 
aquel estado ó lo mejor de él, y don Guerau, que no tenia 
posibilidad de pagar las muchas deudas de padre y hermano, 
no continuó su pretensión. El rey, por mejor asegurarse 
en el condado, y por dar satisfacción á los que era justo que 
fuesen pagados, fué pagando lo que le pareció legítima- 
mente deberse, que era mucho y pasaba mas de doscientos 
cincuenta mil sueldos, que era mas que ahora doscientos 
cincuenta mil ducados; porque hallamo* en memorias de 
estos tiempos ser grande el valor de la moneda, por haber 
poca y estimarse mucho, de donde se originaba el gran 
barato délas cosas, porque de aquello que hay mas abun- 
dancia se hace menos estima, y mucha de lo que hay 
poco: por eso en estos tiempos un par de capones, según 
parece en registros y tarifas antiguas, valia diez y ocho di- 
neros, un par de gallinas diez y seis dineros, un par de 
perdices ocho dineros, un par de xi^elles cuatro dineros, 
una liebre ocho dineros, un par de tórtolas cuatro dineros, 
y d cuarto del mejor carnero diez y ocho dineros, y un ca- 



í 



(7) 
brito lo mismo; y á ese precio estaban tasados estos man- 
tenimientos en Barcelona; y el real era del mismo metal, 
peso, cuño y quilate que es el dia de hoy; y este barato 
tan grande no era solo en Barcelona y Principado de Ca- 
taluña, pero aun en Castilla era lo mismo. Refiere el padre 
Mariana, que en el año 1239 se padecia en Córdoba men- 
gua de mantenimientos, y valia la hanega de trigo doce 
maravedis, que, según la cuenta y averiguación del maestro 
Ambrosio de Morales, eran cuatro reales, porque el mara- 
vedí antiguo valia poco mas que once de los de ahora, y 
tres maravedis antiguos hacian un real del mismo peso y 
quilate que es el dia de hoy; así que vale el real castella- 
no treinta y cuatro maravedis de los de ahora y tres de 
los antiguos, y la hanega de la cebada tres, que es un real 
y un maravedí de ahora, y esto en aquel tiempo se tenia 
por grande y subido precio; y en una hambre que hubo el 
año de 1228 en Cataluña, lo que se padecia^ era igual á lo 
que se padece en largos cercos: valia la cuartera del trigo 
veinte y ocho reales, que era un precio excesivo y muy ex- 
traordinario, y lo cuentan por cosa en aquellos tiempos 
no vista ni oida; y esto no solo pasaba en los tiempos que 
digo, pero en los años después era lo mismo. González de 
Ávila, en su historia de Salamanca, refiere el barato que 
habia en el año 1415 en aquella ciudad, donde la hanega 
del trigo valia diez maravedis, el arrael de la vaca dos marave- 
dis, y otro tanto el azumbre del vino. ¡^Dichoso tiempo en 
que tanta abundancia habia de mantenimientos y tan gran- 
de era el valor del dinero! Quisiera que consideraran esto 
algunos de levantado espíritu, que hacen escarnio y menos- 
precio cuando oyen hablar del gasto de los reyes y señores 



(8) 
de aquellos tiempos y de lo que daban de dote á sus hijas, 
teniéndolo por bajeza y mengua, sin considerar la falta de 
oro y de plata que había, y el valor tan subido en que es- 
taba entonces este metal, y que no acudían las flotas de 
las .Indias con la abundancia y facilidad que hoy vienen, 
porque pasaron muchos años antes que no se descubriese 
aquel nuevo mundo; y es muy verisímil que si el comercio 
de las Indias cesaba, ó por acabarse las minas, ó faltar los 
que trabajan en ellas, ó por cualquier accidente, volvería- 
mos al mismo tiempo de los romanos; y si queremos ir mas 
atrás, en tiempo de Salomón era grande la copia de oro y 
plata que corría por sus señoríos, y las cosas se vendían muy 
caras; pero después cesó todo eso, y los tiempos se rauda- 
ron, por faltar los minerales y los que trabajaban en ellos, 
y vino á haber tanta carestía de oro y de plata y barato de 
mercaderías, como lo conocerá el que con atención leyere 
las historias antiguas y modernas, y viere los autos y con- 
tratos de unos siglos y otros. - 

Volviendo, pues , á nuestra historia, digo, que luego 
que murió el conde don Alvaro, los ejecutores de su testa- 
mento , que eran Jaime de Cervera, A. de Pluvia, A., 
abad de Fontfreda y antes de Poblet, y Juan, abad de 
Nuestra Señora de Bellpuig, tomaron posesión de los estados 
de don Alvaro, para pagar lo que debía; pero por estar los 
pueblos mas principales en poder del rey, se vieron ellos 
imposibilitados de poder acudir á las obligaciones del di- 
funto, y defender el condado y vizcondado de tantos pre- 
lensores como cada día salian, y por esto le renunciaron en 
favor del rey, con obligación y promesa de pagarse de los 
doscientos cincuenta mil sueldos que se le debían, y que si 



(9) 

salían otros acreedores del conde, ó se hubiese de pagar 
algo de las pias causas dejadas en su testamento ó de su 
padre, lo cumpliría, según lo ordenarían los dichos ejecutores, 
y que luego que fuese pagado y satisfecho de todo, restituí- 
ría los estados á aquellos á quien de derecho pertenecieren. 
Obligóse él rey á recuperar á sus costas los castillos y lu- 
gares del dicho condado, y que le fuesen pagadas solo las 
costas hiciere en la guarnición de los tales castillos y no mas. 
Esto pasó en Aljecira á 4 de los idus de marzo del año de 
la Encarnación 1267; y prometió que haría que el infante 
don Pedro, su hijo, lo firmase y jurase. Esto no agradó á don 
Guerau, hermano de don Alvaro, que decia que aquella 
renunciación habían hecho los marmesores le era muy per- 
judicial; pero porque estaba del todo imposibilitado de al- 
canzar el señorío de Urgel , que habia sido de su hermano 
y pasados, suplicó al rey que, en satisfacción y enmienda 
de sus derechos, le asignase alguna parte de él con que pu- 
diese vivir, y él renunciaría en su favor lo que le pertene- 
cía por razón del testamento de su padre; y el rey, que 
no deseaba otra cosa, vino en ello. Entonces don Guerau re- 
nunció en favor del rey todos los derechos le competían en 
los estados de su hermano, y los derechos le competían so- 
bre el conde de Foíx, por razón del vizcondado de Cas- 
tellbó, que poseía, y contra cualquier persona que tuviese 
tierras del dicho vizcondado, reservándose el castillo de Ager 
franco de todo servicio, y con obligación de dar las tenen- 
cias siempre que por parte del rey fuese requerido, y los 
castillos y villas de Os, Tartarcu, Claramunt, Millas, Mont- 
sor, Boix é Ivars, en puro y franco alodio, y muriendo él 
sin hijos, hereden los dichos lugares Ramón y Guillen de 



( 10 ) 
Peralde, don Guillen de Peralta y dona Marquesa, su mujer 
y hermana de don Guerau, que ya era muerta, y que el 
castillo de Monfort no se pueda reedificar de nuevo, y que lo 
que está edificado se derribe del todo, y si acaso de nuevo allá 
se hiciera algún edificio, pueda el rey mandarlo derribar, 
«in embargo ni contradicción alguna. Este castillo estaba 
sobre la Noguera Ribagorzana, y á los límites de Aragón y 
Cataluña, y debia ser gran conveniencia del rey, según las 
veras con que lo prohibe; y por mayor seguridad, se obligó 
como á fianza G. de Anglesola. Esto pasó en Aljecira á 
12 délas calendas de abril de este año de la Encarnación 
1267; y porque los hijos de don Alvaro y de doña Cecilia 
de Foix, faverecidos del conde de Foix, su curador y deu- 
do muy cercano, pretendian suceder á su padre, según la dis- 
posición del testamento de don Ponce, su abuelo, concertó 
que en caso se pleitease esto, tomase él por propio el plei- 
to y le continuase hasta sentencia definitiva, á gastos del rey, 
y que ganado, transfiriese y cediese todo su derecho en favor 
del rey: esto se concertó por medio de don Sancho de Pe- 
ralta, obispo de Zaragoza, Jaime de Cervera, Guillen Ber- 
nat de Fluviá, arcediano de Ribagorza, yJaymeGruny, ciu- 
dadano de Barcelona; y entonces el rey se quedó en pose- 
sión de dicho condado y de todas las villas y castillos de él, 
y cobró algunas que habia tomado el vizconde de Cardona 
cuando murió don Alvaro, y dejada en ellas buena guarni- 
ción, el rey se vino de Valencia á Aragón, y mandó al 
infante don Pedro que se fuese á Cervera y estuviese muy 
cuidadoso del condado de Urgel, y si alguna cosa se mo- 
viaenél, diese pronto remedio; y el rey de Aragón se vino 
á Barcelona, para pasar á la conquista de la Tierra Santa 



( il ) 

de Jcrusalcn , movido por lo que refiere Zurita y otro;* 
autores. 

Doña Constanza de Moneada, por razón de sus créditos 
dótales, quedó señorada cuatro lugares del condado de Ur- 
gel y vizcondado de Ager, y eran Agramunt y Linyola, 
Ager y Castelló de Farfanya; pero estos dos últimos el rey se 
los tenia ocupados. Pareció á Jaime de Cervera y á Guerau 
de Cabrera, que entre otros eran ejecutores del testamento 
del conde don Alvaro, que el valor de estos dos pueblos exce- 
día á los créditos de doña Constanza, y que de aquellos les 
habia de ayudar á pagar las deudas del conde, que eran mu- 
chas; pero ella no venia bien en eso, porque á mas de sus 
créditos dótales, habia de ser pagada de los gastos habia 
hecho en Roma y otras partes, por razón de la causa ma- 
trimonial. Sobre esto habia cada dia contiendas, sin concluir 
nada; y Jaime de Cervera la llamó á juicio delante del 
rey: argumento claro que debia ser grande la justicia de los 
testamentarios, pues les obligaba á convenir á la condesa 
delante del rey, que era deudo suyo muy cercano. Ella no 
quiso comparecer, sino que envió un caballero de su casa, 
llamado Maymon de Castellaulí, y dijo que ella no podia 
pagar lo que se le pedia, porque el rey la habia deshere- 
dado de Agramunt y Linyola, y que cuando se los restitu- 
yese, baria lo que debia; y que aunque es verdad que le 
quedaban Ager y Castelló, pero que aquel no era negocio 
para tomarse delante del, rey, por ser aquellos castillos 
alodiales; y en este caso no quiere responder sino en poder 
de mano criminal, por ser esta la costumbre de Cataluña y 
observarse así, v mas que ella poseia aquellos castillos por 
prenda, y no debía volverlos sino á aquel que se los dio ó 



(i2) 
sus herederos; pero dado que todo fuese como pretendían 
los ejecutores, aquella causa se había de tratar, no delante 
del rey, sino delante de juez eclesiástico, por ser cosa de úl- 
tima voluntad y legado pió , y que ella estaría á lo qué 
fuese legítimamente declarado. Esto pasó en Lérida á 7 
de las calendas de julio de 1268; el rey se sintió mu- 
cho de ello, porque no gustaba que declinase de fuero 
y se quisiese apartar de su juicio, y se lo dio muy bien á en- 
tender dos días después; pero no pasó mucho tiempo que 
se concertaron los ejecutores del testamento del conde, y 
la pagaron de su dote y concertaron que de tres mil mo- 
rabatínes que ella tenia de esponsalicio [escreix, que deci- 
mos), recibiese dos mil á sus voluntades, y que pues el rey 
tenia casi todo el condado de Urgel, que la pagase , y 
así lo prometió, dándole tres mil sueldos jaqueses de renta, 
hasta que fuera pagada de dichos dos mil morabatines, y 
por ello le obligó las rentas de Vallobar y Tamarit, con 
pacto que si las rentas excedían tres mil sueldos jaqueses, 
el exceso fuese del rey, y si faltaba, el rey lo supliese, y 
que el año que se le pagasen los dos mil morabatines, ella 
fuese pagada íntegramente de los dichos tres mil sueldos. 
Este concierto fué á 3 de las nonas de octubre de este 
año 1268; pero no quedó contenta de él doña Constanza 
porque le pareció que aquello perjudicaba á los dere- 
chos tenía ella en los bienes del conde, por razón de 
gastos y marcas que en su favor habian adjudicado el roma- 
no pontífice y otros jueces apostólicos, y que obstaba á la 
sucesión y derechos pertenecían á Leonor, su hija, en el 
rondado de Urgel; pero el rey le dio satisfacción cumplida, 
declarando no serle de perjuicio alguno. Estos lugares de 



( 13) 
Vallobar y Tamarit no debieron de quedar muclio tiempo 
en poder de la condesa, porque ya en mayo de 1273 el 
rey los dio á don Guerau de Cabrera, hermano de don Al- 
varo, por razón de ciertos concambios que hicieron. 

Por estos tiempos los marmesores de don Alvaro dieron 
el lugar de Llorens, que les habia quedado, á Maymon de 
Castellulí y Berenguer de Cardona , ejecutores del testa- 
mento de don Guillen de Cardona, y pidieron guiaje al rey 
y seguridad, porque cada dia les inquietaban en la posesión; 
y el rey lo concedió, y mandó á sus oficiales, que ninguno 
del dicho lugar pudiese ser preso ó ejecutado, sino por delito 
líquido y claro, pues el rey les metia bajo su salvaguardia. 

En el año 1270, á 5 de los idus de noviembre, el rey, es- 
tando en Valencia, incorporó en la corona real los lugares y 
castillos de Albesa y Menargues, que habian sido de la conde- 
sa doña Margarita, madre del conde don Alvaro, que ya era 
muerta; y declara que los dichos lugares sean inseparables 
de la corona real, salvo en caso qne de justicia pertenecie- 
sen á los hijos del conde don Alvaro, y les confirmó todos 
los privilegios. 

El año de 1271, á 19 de las calendas de enero, dio el 
rey la bailía de Menargues á Arnaldo de Calaph, la cual dice 
el rey ser suya, y le enfeudó el castillo y lugar de Ivars, que 
dice el rey haber sido del conde de Urgel, y quiere que 
tenga de dar las tenencias, iratus et pacatus, según la cos- 
tumbre de Cataluña. Este Arnaldo de Calaph habia sido muy 
gran servidor del conde; el rey hacia mucha cuenta de él, 
y en vida del conde habia tenido en custodia cuatro años 
y medio el castillo de Castelló de Farfanya, y aun muerto 
el conde perseveró en ella, y se le debian once mil cua- 



( ^M 

iTocientos y diez sueldos jaqueses, así por razón de dicha 
guarda, como por haber tenido otras cuentas con el conde; 
y el rey se lo mandó pagar todo en mayo de 1273, y le 
asignó la paga sobre los derechos recibia el rey de la calde- 
ra de Lérida, de que hablamos en otra ocasión. 

No poseyó mucho tiempo Arnaldo la villa de Ivars, por- 
que convino al rey cobrarla, y en enmienda de ella le dio 
el lugar y castillo de Gil, en el reino de Aragón, en feudo 
honrado, según consuetud de Cataluña y Usajes de Bar- 
celona, y que le haya de dar, iratus etpacatus, las tenen- 
cias siempre que sea requerido, y que no esté obligado á 
hacer servicio alguno, y que cuando diere las tenencias no 
esté obligado á dar escombrado el castillo, antes bien que- 
den en él todos los bienes muebles que hubiere, y el rey 
se los asegure; y que en caso él los queira sacar del castillo 
y meter en poder de otro, donde quiera que fuere, el rey 
se los guia y asegura; y por mayor seguridad, mandó el rey 
á Jaime de Roca, sacrista de Lérida, que en su nombre 
lo jurase y prometiese, y después el rey lo firmó, y el Ar- 
naldo de Calaph se hizo hombre del rey, el cual le aceptó 
por tal: esto pasó en Lérida á 9 de las calendas de mayo 
del año 1273, y he visto este auto en el Archivo Real de 
Barcelona, en un registro de estos años, del rey don Jaime, 
y hay copia de él en el armario de Sobrarbe, saco A, n". 
23. De esta manera iba el rey cobrando y añadiendo á su 

corona los castillos y villas del condado de Urgel y vizcon- 

dado de Ager. 

Por este mismo tiempo, á 9 de las calendas de mayo de 

1273, estando el rey en Lérida, lepidio Gueraude Cabrera 

alguna enmienda, porque no tenia efecto la donación que el 



( do ) 

rey le habia hecho del vizcondado de Ager y demás luga- 
res y pueblos de aquel valle, porque el vizconde de Car- 
dona y sus valedores le poseían; y el rey entonces cobró el 
deredio competía á don Guerau, y en recompensa de ello, 
le díó el castillo y villa de Vallobar, y el castillo y villas de 
Laguarres y de Lesquarte, en franco alodio, y también el cas- 
tillos y villa de Estopanyá, en feudo, y con obligación de 
dar las tenencias; pero que no alcanzando don Guerau el 
condado de Urgel por vía de justicia, esta permuta fuese 
de ningún valor, y las cosas volviesen como estaban antes de 
hacer este concambio. Están estos tres lugares en el reino de 
Aragón, y parece en memorias antiguas, que el dicho Gue- 
rau de Cabrera, á 16 de las calendas de enero del año 
1277, los volvió al infante don Pedro, hijo del rey, y no 
hallo que cobrase el castillo de Ager y demás lugares de 
la Val de Ager. 

Estando en poder del rey el condado de Urgel y vizcon- 
dado de Ager, sucedieron las guerras civiles ó deseximents 
que enviaron al rey el vizconde de Cardona y sus valedo- 
res y amigos: cuéntanlos muy largamente Zurita en sus Ana- 
les, el rey en su historia, y Miedes en sus comentarios, y 
todos muy ajustados con lo que hallamos en los registros 
de este rey y escrituras de su tiempo. Turbóse entonces to- 
do el Principado, y por los grandes disgustos que el vizcon- 
de y los de su bando dieron al rey, cayeron en su des- 
gracia y merecieron castigo. El conde Armengol y don 
Alvaro, su hermano, se declararon por el vizconde, y dieron 
sus cartas de deseximent de esta manera: que el conde 
firmó en la del vizconde, que se despachó en Solsona, donde 
estaban fortificados, su jornada de 6 de las nonas de julio 



(16) 
lie I27/1-; y don Alvaro dio la suya á 7 de las calendas deuc- 
I ubre del mismo año; yá 3 de las calendas de noviembre les 
dio el rey sus respuestas, escribiendo al vizconde de Cardona 
y á los que con él habian firmado una carta, y otra á don Al- 
varo. Hay de todo esto un registro en el real archivo, in- 
titulado Jacobi /, annorum 1273, 74 et 75. Sobre esto na- 
cieron entre el rey y estos barones muchas discordias, que 
duraron todo el tiempo de su vida, que refieren largo los 
autores arriba alegados. 

Murió el rey don Jaime en Aljecira del reino de Valencia, 
á 27 de julio del año 1276, después de haber reinado se- 
senta y tres años, y le sucedió en el reino el infante don 
Pedro, su hijo, á quien sus hechos gloriosos dieron el nom- 
bre de Grande, Este rey tuvo grandes disgustos con los 
mismos que los habia tenido su padre; porque en ocasión 
((ue estaba él ocupado en guerra con los moros del reino de 
Valencia, llamaron los barones de Cataluña á Roger Ber- 
nat, conde de Foix, que era muy poderoso y rico: juntá- 
ronse con él Armengol, conde de ürgel, don Alvaro, su 
hermano, Arnaldo Roger, conde de Pallars, Ramón Roger, 
don Ramón de Anglesola , don Ramón Guillen de Josa, 
Guillen Ramón, vizconde de Vilamur, Pedro de Moneada, 
Berenguer de Puigvert, Guerau Alamany de Cervelló y su 
hermano, Pons de Ribelles, Hugo de Troja, Guerau y Be- 
renguer Despes, Gispert de Guimerá, Guillen de Bellera, 
Ferrer de Abella, Pong Cacosta, Ramón de Boxadors, Pons 
de Oluja, Juan de Pong, Guerau de Meya, Guerau de Agui- 
ló, Jaime de Peramola y otros. Estos, después de haber en- 
viado al rey sus cartas de deseximenl, se confederaron con 
juramento de hacer guerra al rey, aunque ausente y ocupa- 



( «7 ) 
do en la guerra de los moros; combatieron muchos luga- 
res y pueblos reales, y arruinaron toda la tierra. El de 
Foix y el de Urgel, con sus valedores, hicieron mas daño: 
el obispo de Urgel, don Pedro Urg, fué notablemente damni- 
ficado, y dio razón de ello al rey, que estaba en Montesa, 
y firmó de derecho delante de él, prometiendo de es- 
tar á lo que fuese de justicia y declarase el rey; pero no 
aprovechó, porque sin hacer caso de unas letras reales que el 
rey envió al conde, cada dia hacian mil daños, y tomaba ca- 
da uno lo que podia. Pons de Ribelles tomó los castillos y 
lugares de Aguilar, de Caclusa y Dansamora, y B. de Josa 
el castillo de Tuxent, que eran de la mensa episcopal de 
Urgel: el rey les mandó los restituyesen, y que si no lo hacian, 
que Férrico de Li^ana, gobernador de Cataluña, ó su lugar- 
teniente, los sacase de paz y tregua, y á todos los vegueres, 
bailes, paeres y demás oficiales reales y subditos suyos, que 
favorezcan y den favor y valenza al obispo y á sus vasallos 
y cosas, siendo requeridos. El conde de Foix hizo también 
muchos daños; y el rey mandó, desde Valencia, al gober- 
bernador de Cataluña, que procediese contra de él, obli- 
gándole á dar satisfacción y enmendar el daño habia dado al 
obispo y ásus cosas, y no por eso obedeció. El motivo por- 
tjue hacian esto era porque el rey, después de su corona- 
ción, no acudia á tener cortes á los catalanes v confirmarles 
con juramentólas leyes, privilegios y libertades que los re- 
yes y condes de Barcelona, sus pasados, les habian conce- 
dido; y la causa era porque habia algunas cosas que el rey 
no queria confirmar, sino que fuesen revocadas, por ser 
de algún perjuicio, dejando lo demás en su ser y dispo- 
sición. 

TOMO X. ' 2 



. ( »» ) \ 

Los barones de Cataluña, sentidos de la resistencia que 
el rey hacia, hicieron su liga y enviaron al rey cartas de de- 
seximent y despedida, firmadas y selladas de todos; y el rey 
respondió, que á él poco cuidado le daba lo que eUos po- 
dian hacer; pero 'con todo ofreció y prometió de estar con 
ellos á lo que fuese de justicia, y enmendarles lo justo y 
debido. Pero ellos no por eso se sosegaron, niquisieron seguir 
sus causas por via y medio de justicia, y partieron con sus 
gentes á correr las tierras, y mas en particular las del obispo 
de Urgel, sin que le valiese haber ofrecido estar á lo que 
fuese juzgado por el rey, el cual mandó á don Ramón de 
Moneada, gobernador del reino de Aragón, que con la gen- 
te que tenia fuese en ayuda del obispo, y lo mismo man- 
dó á los bailes de Ríbagorza v Pallars y á los vegueres de 
Cervera y Urgel ; y por medio de don Estovan de Cardona, 
repostero de la reina, trató con el conde de Pallars, don 
Guerau de Cabrera, don Guillen de Anglesola, don Ramón 
de Peralta, don Ramón de Cervera, don Ramón de Mon- 
eada , don Bcrnat y don Ramón de Anglesola y otros, que 
diesen favor al obispo contra los condes de Foix y de Ur- 
gel; mandó que los concejos de Lérida, Tamarit, Almena- 
ra, Camarasa, Cubclls y Mongay se ajuntasen para resistir- 
le; y escribió á todos los barones que tenian feudos en Ca- 
taluña, que por todo el mes de marzo siguiente estuviesen 
juntos, para irle á servir contra los condes de Foix y Urgel . 
Dejó el rey aparte todos los negocios de Aragón y Valencia 
y vino á Cataluña, y con las huestes habian acudido í\ su 
llamamiento, fué al condado de Urgel, cu ocasión que el 
conde de Foix habia tomado á Pons y á Monmagastre y 
ehabia fortificado con él. Fl rondo de Urcel v los vizcon» 



( Í9) 
des de Cardona y de Ager, y oíros que, temiendo al rey, 
se habian escapado como mejor pudieron por no dar en sus 
manos, se fortificaron en Balaguer y otros castillos; v el 
conde de Foix, no se teniendo seguro allá, se pasó á Ciudad, 
castillo muy fuerte, en el vizcondado de Castellbó, con intento 
de defenderse: tomó el rey á Pons y á Monmagastre, y man- 
dó derribar los castillos, y de allá pasó á Agramunt, y puso 
cerco á la villa y castillo. Entonces se movieron tratos de paz 
entre el rey y los condes y sus valedores, los que ofrecieron 
dejaí las armas, si el rey les hacia derecho y les daba lo que 
era suyo. Fueron los medianeros el obispo de Tarragona v 
el abad de Poblet; y entre otras cosas que se trataron, fué 
casar al infante don Jaime, hijo segundo del rev, que des- 
pués sucedió en la corona, con doña Constanza, hija primo- 
génita del conde de Foix y de doña Margarita, hija única v 
heredera de don Gastón de Moneada, señor de Beamc, á 
quien Guillermo de La Perriere, en la historia de los con- 
des de Foix, llama Jtiana, y la hace hija tercera del conde 
(y es error, así como lo es afirmar que tuvo efecto aquel 
casamiento). El rey, por contemplación de este matrimonio, 
hacia donación al infante de todas las tierras tenia en Ri- 
bagorza y Pallars; y el conde daba á su hija el vizcondado 
de Castellbó, y muriendo sin hijos varones, el condado de 
Foix. Fueron los concertadores de este matrimonio, Ponce 
Hugo, conde de Ampurias, Arnaldo Roger, conde de Pa- 
llars, Ramón de Peralta, Ponce de Ribelles y Pedro Marti- 
nez de Artesona. En esta ocasión, valiéndose el de Foix 
del favor del rey, le suplicó que el conde de Urgel fuese 
restituido en su condado y cobrase todos los pueblos y cas- 
tillos de aquel estado, que estaban en poder del rey y sus 



( 20) 
ministros, y el rey, que no deseaba otra cosa sitio dar gus- 
to al conde y obligarle mas en su servicio, vino bien en ello, 
y estando en la villa de Agraraunt, le dio á don Armengol 
en feudo el dicho condado de Urgel y el vizcondado de 
Ager (porque, á lo que conjeturo, era ya don Alvaro muer- 
to), según uso y consuetud de Barcelona, con todas las villas, 
castillos y lugares, grandes y pequeños, hombres y mujeres y 
jurisdicciones, con todo lo demás que habia en quel con- 
dado y vizcondado , con gran largueza y cumplimiento. 
Reservóse el rey valenza contra cualquiera que le ofendiese 
— es valenza la obligación que tiene el vasallo de valer y 
favorecer al señor cuando está en necesidad, y ayudarle con 
armas contra sus enemigos, y las tenencias de todos los 
castillos en el auto mencionados, y en ciertos casos de rom- 
pimientos de paz y tregua, se reserva el rey la cognición de 
ello. Oblígale á haber de asistir á las convocaciones gene- 
rales de cortes, así como los otros nobles y caballeros, y 
esto porque estos condes de Urgel pretendian ser tan seño- 
res en sus tierras, que no les obligábanlas Constituciones y 
Usajes de Cataluña , ni tenian obligación de asistir á las 
cortes. A todo previno el rey para asegurarse de ello; pero 
nada bastó, según veremos adelante. El auto de esta dona- 
ción, sacado del real archivo, es el siguiente: 



Nos Petrus dei gratia rex Aragonum ele. ob gratiam et ho- 
norem nobilis viri Rogerü Bernardi comilis damus et concedi- 
nius per nos el nostros ad feudum ad consueludinem Barcino- 
ne vobis Ennegaudo filio quondam nobilis Alvari quondaro co- 
mitis Urgellensis et veslris perpetuo totum comitatum et vice- 
romilatunni Urgelli cum ómnibus caslris et villis scilicet castrum 
el villam de Balagario et de Albesia ct de Menarguis et de 



( ^^í ) 

Linyola et de Acrimont et de Munmagaslre et de Pontibus de 
Ribes et de CoIIfret deUliana et de Tiuranaetde Vilaplana etde 
Castilion et de Ager et de Os et deTartareu et deBoix et deMon- 
tassor et de Milla et de Claramunt et de Ivars et de Camols et 
de Peraraola et de Lavansa et de Pinell et de Madrona et de Bios- 
ca et deTaltahull et omnia alia castra et munitiones villasetloca 
íam parva quam magna cura mililibus et domioabus et alus ho- 
minibuscujuscumque conditionis sint in dictis comitatu etviceco- 
mitatu castris villissen alus locis heremitibus et habitaliset cura 
justitiis jurisdictionibns moneta quesliis adcmprivis usibus ser- 
Titiis servitutibus senioraticis et cum montibus et plañís silvis 
guarrigiis nemoribus aquis fluviis et ómnibus alus juribus 
universis salva lamen et retenta nobis et nostris in ómnibus 
predictis valensa contra omnes homineselquod de predictis co- 
mitatu et vicecomitatu castris villis et alus locis et ómnibus alus 
predictis que vobis damus et concedimus ad feudum faciatis no- 
bis et nostris vos et vestri homagium et sacramentum et quod 
vos et vestri detis nobis ct nostris potestates de ómnibus pre- 
dictis castris et locis irati et pacati quandocumque et quotiens- 
cumqueá nobis ct nostris fueritis requisiti ad consueludinem et 
usaticos Barcinone quos in predictis comitatu et vicecomitatu et 
alus locis volumus observar! salvis specialibus consuetudinibus 
predictarum terrarura. Retinemus etiam nobis in predictis comi- 
tatu et vicecomitatu et alus locis paces et treguas in hunc mo- 
dura: quod si vos vel alius de térra vestra frangeretis pacem et 
treguam contra aliquem hominem nostrum vel regionum terre 
iiostrequod pro bis habeatis firmare et responderé in possenostro 
vel officialium nostrorum secundum forum pacis et tregüe: et 
si vos frangeretis pacem et treguas in aliquo exceplis homini- 
bus nostris teneamini similiter firmare et responderé pro pace 
et tregua in posse noslro vel officialium nostrorum: si vero ho- 
mines nostri inter se frajngerent pacem vel treguam vel homi- 
num religiosorum existentium in comitatu et vicecomitatu ha- 
beatis vos in eis pacem et treguam quam pro nobis teneatis ad 
feudum sicut alia que vobis damus ad feudum in hoc instru- 
mento. Retinemus etiam nobis et nostris quod teneamini vos 
et vestri venire ad curiam nostram sicut alii nobiles Cathalonie: 
confirmantes el concedentes vobis et vestris nihilominns omnia 



( 22 ) 
|uia vobis compekulia (luoquomodo ¡ii prediclis anle hujus- 
inodi donationem et concessionem salvis lamen nobis et relen- 
t¡s ómnibus supradiclis ul superius sunt expressa. Ad hec Nos 
Ermegaudus prediclus recognoscentes vobis domino regi nobis 
licri per vos graliam specialem gratis et ex cerla scienlia leci- 
pimns a vobis predictum comitatum el vicecomitalum et castra 
villas et omnia alia loca predicla el orania alia suprascripla ad 
feudum secundura usaticum Barcinone sub forma el consuelu- 
dinibus seu convenlionibus supradictis salvo lamen jure abba- 
Ús mouasterii Saucii Pelri Agerensis in castro de Ager: el pro- 
millimus et convenimus per nos el nostros vobis el veslris fa- 
ceré homagium pro prediclis feudis et daré vobis poteslates de 
ómnibus prediclis caslris villis et locis que a vobis recipimus 
iu feudum irati et paccali quandocumgue et quotiescumque a 
vobis vel veslris fuerimus requisili et veuire ad curiam sicul 
alii nobiles Cathalonie el juvare el valere vobis et veslris nos 
et nostri cum corpore noslro et cum Ierra nostra el homiuibus 
nostris et servare et complere inviolabililer omnia el singula 
que vobis relinelis in hac donatione el omnes convenliones que 
superius conlinentur. Etad majorem vero cautelam juramus per 
Ucum el t^us sánela qualuor evangelia per nos corporaliler lac- 
la omnia el singula attendere et complere inviolabililer ut su- 
perius sunt expressa el ea boria fide firmiler observare el fa- 
cimus vobis de presentí homagium ore et manibus pro ómni- 
bus supradictis. Quod esl actum in Acrimonle terlio idus dc- 
rembris anno Domini millessimo durenlessimo sepluagessimo 
octavo. —P. Marquesii. 



Esta íué la enfeudación que hizo el rey á don Armengol 
del condado de Urgel y el título con que lo poseyó, y la 
otra vez que después de haberlo tomado los reyes lo volvieron 
á los descendientes de aquellos primeros Ermengaudos, que 
tan libre y francamente lo poseyeron, y sin tantas condiciones 
como después añadieron los reyes, los cuales, cada vez que 
le volvian á los condes, los hacian obligar de nuevo, por 



(23) 
asegurarlos mas en su servicio: pero no bastaban las preven- 
ciones de los reyes, porque cuanto mas se aseguraban de 
ellos, mas irritados los dejaban, y luego que hallaban sazón 
y tenian poder, era cierta la guerra entre ellos, para echar 
de sí los pactos y obligaciones de nuevo impuestas; porque 
aunque lo aceptaban y recibian de mano de los reyes y 
con las condiciones que ellos querian, no atendian sino solo 
á la sangre y gran linaje de donde venian, y al trabajo y va- 
lor con que sus ilustres progenitores habian adquirido aquel 
estado de los moros , con sus armas y vasallos, y sin tantos 
reconocimientos y sujeciones como después se les añadieron. 
Pocos dias después, que fué á 17 de diciembre de 1278, 
el conde, en presencia de algunos magnates de la corte del 
rey, le hizo homenaje por todo el condado de Urgel y viz- 
condado de Ager, confesando y reconociendo tenerlos por el 
rey, con los cargos y obligaciones que quedan referidas; y 
porque se habia ya tratado, por medio de Arnaldo Roger, 
conde de Pallars, Ramón de Peralta y Pons de Ribelles y 
Pedro Martinezde Artesona, justicia de Aragón, que luego 
que el conde tuviese donación del condado, asegurase al rey 
de pagarle dentro de diez años, con diez iguales pagas, lo 
que se le debia de tiempo de don Alvaro, su padre, de cuan- 
do los ejecutores de su testamento le entregaron el condado; 
en cumplimiento de ello obligó al rey todas las rentas y pro- 
vechos del condado y vizcondado y de todos los lugares te- 
nia en feudo del rey, y por mejor asegurarlo, dio por fianza 
al conde de Foix; y el rey, con conocimiento del conde de 
Urgel, dio en comanda al de Foix todo aquello que el de 
Urgel le ^labia obligado, para que lo tenga por espacio de 
ocho años en feudo del rey, y que no tenga obligación, 



( 2i ) 
durante el dicho tiempo, de volverlos ó dejarlos, sino es que 
él se lo mandase, y que todos los frutos y provechos queden 
en poder del de Foix. Y el rey prometió al conde de Urgel 
que, cuando llegue á edad de veinte y cinco años, le res- 
tituirá todo aquello que habia dado en comanda al de Foix, 
para que el conde lo tenga con los mismos pactos que se lo 
habia dado en el auto arriba referido , obligándole al conde 
y á don Alvaro, su hermano, que se intitulaba vizconde de 
Ager y tenia algunos lugares en la Val de Ager, hiciesen el 
debido homenaje , siempre que por parte del rey fue- 
sen requeridos. Todo esto pasó á los 16 de diciembre; y 
dos dias después prometió el rey al conde de Foix, que 
dentro de los dichos ocho años no le pediria ninguno de los 
pueblos y castillos le habia encomendado: y por cuanto el 
castillo, villa y Val de Ager estaban en feudo del monaste- 
rio de San Pedro de Ager, de canónigos regulares de San 
Agustin, Pedro, abad de aquel monastario, aprobó aquella 
donación que el rey habia hecho, el cual prometió que 
haria el debido reconocimiento por razón de aquel, siempre 
que fuese requerido por parte de él y de los abades sus 
sucesores. Todo esto hacia el rey para facilitar la paga de 
aquello que se le debia, y asegurar mas al conde y á sus va- 
ledores en su servicio, aunque aprovechó poco, por las al- 
teraciones y novedades que después de esto acontecieron en 
este principado de Cataluña. 

No tuvo efecto el matrimonio se trataba entre la hija del 
conde de Foix y el hijo del rey; y el conde de Foix se fué 
á Perpiñaná ver el rey de Mallorca, su cuñado, casado con 
Esdaramunda, su hermana. Tenia el rey de Mallorca algu- 
nos disgustos con el de Aragón, por razón de! supremo do- 



(25 ) 
minio tenia en sus estados ; y aunque se vieron los dos 
reyes por dar asiento á ellos, quedaron mas disgustados , 
como suele acontecer de las vistas de dos reyes. El de Foix 
se volvió dentro de pocos dias á Cataluña, y juntóse con los 
demás señores del principado, y los halló muy quejosos del 
rey. El autor del Flos mundi dice que eran cuatro las que- 
jas tenian del rey: la primera, porque no celebraba cortes 
generales; la segunda, porque no les confirmaba los privi- 
legios y libertades; la tercera, porque les hacia nuevas de- 
mandas, pidiéndoles nuevos servicios; y la última, querian 
que .les hiciese francos en alodio sus bienes, así como lo 
eran antiguamente: y por esto le enviaron sus embajadores, 
y el rey no lo quiso otorgar. Por esto se juntaron con el de 
Foix, el de Urgel y Alvaro, su hermano, el conde de Pa- 
llars, el vizconde de Cardona, Pons de Ribelles, Arnau Ro- 
ger, sobrino del de Pallars, Ramón de Avella, Pedro de 
Josa, Guillen de Canet, Bernat Roger de Eril, Ramón Ro- 
ger, Ramón de Anglesola, Guillen Ramón, vizconde de Vi- 
lamur, Pedro de Moneada, Berenguer de Puigvert, Guerau 
Alemany de Cervelló, Hugo de Troja, Berenguer Despes, 
Guerau Despes, Gispert de Guimerá, Guillen de Bellera, Fer- 
rar de Abella, Pons Cacosta, Ramón deBoxadors, Pons de 
Oluja, Juan de Pons, Guerau de Mejá, Guerau de Aguiló, 
Jaime de Peramola y otros, y enviaron al rey sus mensa- 
jeros con cartas de despedida ó desafío, selladas con los se- 
llos del de Foix y de los demás; y la respuesta del rey 
fué: que aunque sus desafíos y despedidas le daban poco 
cuidado, queria estar á justicia y derecho con ellos en to- 
das sus demandas y pretensiones, ofreciéndoles que les de- 
sagraviaria; pero ellos, que estaban poderosos, no hicieron 



(26) 
caso de esto, y el rey, indignado, les sacó déla paz y tregua 
en que con él estaban, por pretender que ellos la habian rom- 
pido. Hallábase el rey en Aragón, y allá mandó fortificar 
muchos castillos y convocó muchas gentes de armas, de- 
jando en defensa toda su tierra. En esta ocasión Ramón 
Folc, vizconde de Cardona, con su gente, pasó una noche 
el rio de Llobregat, y corrió toda aquella comarca, hasta 
llegar á los muros de Barcelona, de donde salió Gombau de 
Benavent, que era veguer, y le hizo retirar á Cabrera, de- 
jando muchos heridos y maltratados: luego él y todos los 
pueblos reales dieron al rey aviso de lo que pasaba, pidién- 
dole con mucha instancia socorro y favor, porque los con- 
des de Foix y Urgel también corrían la tierra y llegaban 
á las puertas de Lérida, haciendo notables daños, y los la- 
bradores no osaban salir al campo; que por eso fué poca la se- 
mentera de aquel año, y por faltar los mantenimientos hubo 
hambre en Cataluña, y se pusieron á precio desmesurado. 
Aunque el rey sabia lo que pasaba, no pudo acudir tan pres- 
to como deseaba á remediarlo; pero mandó á sus caballeros 
y pueblos que eran de su obediencia, estuviesen prevenidos 
para cierto día, que él diria lo que habian de hacer. Es- 
tando aun en Aragón, supo como el conde de Foix y sus 
valedores y amigos estaban en la cidad de Balaguer, con 
seiscientos hombres de á caballo y siete mil infantes, con 
intención de hacer una gran entrada en tierras del rey y de 
sus servidores: el rey, con gran diligencia y con intento de 
tomarles desapercibidos, caminando de dia y de noche, llegó 
á Lérida, y aquí tomó gente de nuevo, y con la que él ya lle- 
vaba, llegó al amanecerá Balaguer, en ocasión que los do 
dentro a\m estaban en las camas, Ellos, oyendo el ruido de iat^ 



(27) 
armas, se asomaron al muro, \ vieron que el rey con muy luci- 
da gente asentaba su castro en una parte, y en otra el infante 
don Alonso el suyo, y que por momentos iban creciendo, por 
la mucha gente que llegaba, así que, en breve tiempo se 
halló el rey con tres mil caballos y cien mil infantes, y en- 
tre ellos el rey de Mallorca, su hermano, que aunque entre 
los dos reyes habian pasado algunas disensiones, en razón de 
los feudos, pero no por esto dejó al rey, su hermano, en es- 
ta ocasión. Cercaron entonces la ciudad de Balaguer, y con 
cinco trabucos, que llamaban brigolas, muy grandes, de 
dia y de noche, con piedras, combatian los muros y casas de 
aquella ciudad. Los cercados, que no eran gente bisoña, 
sino muy valientes y pláticos en aquel menester, se defcn- 
dian muy bien, y de noche levantaban aquello que de dia 
habia derribado la batería, y la ciudad amanecia mas fortifi- 
cada, y ellos se ponian á la defensa, con gran valor y áni- 
mo, sin que les espantase el numeroso ejército que les te- 
nia cercados por todas partes. Esto pasó á la fin de junio 
de este año 1280. Estando en esto, aconteció que Ramón 
Roger, hermano del conde de Pallars, Ramón de Angle- 
sola, Ramón de Marcha-Fava , caballero de la Gascuña, y 
St|uiu de Miralpeix, caballero de Tolosa, con sesenta ba- 
llesteros de ballestas de cuerno, y cuarenta de á caballo, se 
juntaron en la villa de Agramunt, para entrar á dar socor- 
ro á los de Balaguer, y de allí enviaron un correo muy di- 
ligente, con cartas para los cercados, asegurándoles el so- 
corro, y que en teniendo la entrada segura, sacasen dos fa- 
ginas ardiendo en lo mas alto del castillo, y después las 
dejasen caer en el foso, y con esta señal , ellos, con se- 
senta soldados v cuarenta caballos, acudirían la noche si- 



(28 ) 
guíente á la puerta déla ciudad. El correo fué desgraciado, 
porque llegando al real y conocido de los guardas, fué 
preso y llevado al rey: en las cartas supieron lo que pa- 
saba, y como se iban acercando á la torre de Almenara, 
por estar mas cercanos á la ciudad, el rey, por mejor co- 
gerlos, mandó que en la misma noche desde lo mas alto 
de la iglesia de Nuestra Señora de Almata, donde estaba 
aposentado el rey, sacasen dos faginas ardiendo y las de- 
jasen caer; y como era de noche y el castillo é iglesia muy 
cerca y en igual altura, creyeron que los del castillo ha- 
bian recibido las cartas y hacian la señal concertada, y 
marcharon á toda prisa por dar el socorro á los cercados: 
el rey no mandó atajar los pasos, porque pensaba que no 
darian el socorro hasta la noche siguiente, como decian las 
cartas, pero ellos, que ya estaban en la torre de Almenara, 
vistas las señales, no aguardaron mas, sino que saliendo 
luego, caminaron tan aprisa, que á la media noche esta- 
ban ya muY cerca de las trincheras del real. Enviaron un 
espía, porque mirase si habia centinelas ó quien les pu- 
diese descubrir por la parte que habian de entrar, que era 
por el vado del rio, que estaba entre ellos y los cercados, 
que por la puente era imposible la entrada , porque los del 
rey la guardaban con mucha diligencia: la espía volvió, y 
dijo que no habia nadie que les pudiese impedir la en- 
trada, y que ya los de la ronda habian pasado por aquella 
parte. Con esto, caminaron hasta la orilla del rio, y no 
viendo estorbo, sin cuidar del vado, caminaron rio abajo, 
hasta llegar á la puente: en ella tenian los de la ciudad sus 
centinelas, é ignorantes del socorro, pensaron que los del rey 
escalaban la ciudad; tocaron alarma, v todos acudían á los 



(:29 ) 
muros, y los caballeros que habían de entrar, por no perder 
tiempo en allanar el paso de la puente , arrojados en el 
agua, pasaban nadando, y apellidaban: ¡Foix y Cardona! 
para darse á conocer, porque los de la villa no les dañasen. 
Los del rey, que oyeron estos gritos, con ballestas y hon- 
das les dieron una rociada; pero no impidieron el paso, y 
dieron poco daño; y uno de ellos se acercó á la ciudad y 
pidió por el conde de Pallars, y le dijo, que acudiese á 
socorrer á su hermano y á los demás que, por socorrerles, 
se habian echado á pasar elrio, y quetemia, por ser en aquella 
parte muy hondo, que no se habiesen ahogado. El conde, muy 
enojado de oir tales nuevas, echó de sí con despecho y enfado 
el escudo y celada y acudió á la puerta, donde halló á su her- 
mano y los demás caballeros y peones, excepto cuatro caba- 
lleros y veinte y cinco de los demás, que quedaban ahogados 
en el rio; y fué tal el contento de ver aquellos que se habiau 
salvado, que les hizo olvidar la pérdida de los otros. Uno de los 
que hallaron menos fué Squiu de Miralpeix: éste, hallándose 
bajo la puente y en la parte donde corre el agua con mas ím- 
petu, perdió el caballo, qu€se le fué al fondo , y él, como me- 
jor pudo, se asió á un pilar de la puente y quedó abrazado en 
él, con harta pena, porque estaba armado; los caballerosde la 
ciudad salieron para recogerle á ély á otros, si hallaban por 
el rio, y con un barco se pusieron bajo la puente, porque 
se dejase caer en él; pero estaba muy alto, y no se quiso 
aventurar, temiendo errar el salto y anegarse, y así le de- 
jaron, porque la corriente no les dejaba parar en aquel lu- 
gar, y prosiguieron buscando los demás, y no hallaron nin- 
guno. Creciendo el dia, los del rey descolgaron al de Mon- 
tesquiude aquel lugar, y preso, le subieron á Almata, donde 



( 30) 
eslabu el rey, el cual le preguntó él quién era, y le dijo su 
nombre v que iba á socorrer al conde de Foix, su deudo, 
con diez y ocho caballeros y otros tantos peones. El rey le 
mandó desarmar y le dio un vestido suyo muy rico, y le 
mandó poner en buena guarda, quedando muy descontento 
del socorro que en la ciudad habia entrado; y por impedir- 
le otra vez, mandó labrar dos puentes, una de estacas, mas 
arriba de la ciudad , y otra mas abajo, de barcas aladas 
con cadenas, y en ellas muchos soldados de guarnición, que 
de dia y de noche impedian la entrada á cualquiera. Que- 
daron con esto los cercados tan oprimidos, que por nin- 
guna parte, sino era volando, podian salir, ni entrarles nada: 
la batería nunca cesaba, aunque salían ellos algunas veces 
á impedirla; sentíase ya falta de mantenimientos, y los vecinos 
de Balaguer estaban cansados del cerco, y mas de ver ante 
sus ojos sus alquerías y huertas destruidas, y las casas, por 
todas partes, con las piedras de los trabucos derribadas: 
no podian tolerar tantos daños y perdidas, y temianser da- 
dos <á saco, si el rey entraba la ciudad por fuerza. Por 
excusar todo esto, avisaron al rey con grande secreto, que 
si dentro de breve tiempo los caballeros cercados no dabai\ 
traza de concierto, su voluntad era entregar la ciudad. Esto 
no fué tan secreto que no llegase á oidos de ellos, y con- 
siderabar\ que si los paisanos daban entrada al rey, sin sa- 
berlo ellos, hablan todos de morir á sus manos, porque 
era hombre que no toleraba desobediencias . como, aun 
siendo infante, lo habia experimentado Fernán Sánchez, su 
hermano. Tuvieron entonces todos aquellos magnates, que 
estaban recogidos c\\ el rastillo , por mejor partido entre- 
garse en mano del rev y rendírsele: los que sentían esto 



('"I ) 

eran Ramim Koger, líamoii de Anglesola \ Pons de Ribe- 
!lcs, y se lamentaban mucho de. haberse de meter en poder 
del rey, porque desconfiaban del perdón y de las vidas suyas 
y de los que con ellos estaban; pero habian llegado á un 
punto, que no lo podían excusar, y enviaron al rey á darle avi- 
so de su venida, y poco después salieron desarmados déla ciu- 
dad, y llegados ante el rey, postrados á sus pies, le pidieron 
perdón y misericordia, suplicándole los tratase con piedad; 
mas el rey, casi sin hacer semblante de oirles, mandó al infan- 
te don Alfonso, su hijo, les llevase ]>resos, con buenas guar- 
das, no curando de prender á los demás caballeros y peones 
que les habian servido, antes les dejó ir seguros, con sus 
armas y caballos, y á todos los que le habian servido dio 
licencia para ir á descansar á sus casas. Esto pasó el dia 
de santa Margarita de este año; y el infante llevó los presos 
á Lérida y los encerró en una casa fuerte: Zurita dice en 
el castillo, y el anal de RipoU dice esparcidos en diversos 
castillos de sus reinos; y cargados, según dice Desclot, de 
grillos y cadenas, con buenas guardas, estuvieron en ellas 
mucho tiempo. Al conde de Foix, que fué el caudillo de 
todos, y de quien mas sentido estaba el rey, porque muchas 
veces le faltó en lo que le habia prometido, y muy atrevi- 
damente daba á entender al rey, que, si salia de la prisión, 
le haria mayor daño y guerra que hasta allí le habia hecho, 
mandó pasar al castillo de Ciurana. Tomic dice que el rey 
metió algunos de los prisioneros en el castillo de Miravct, 
(pie está á la ribera del Ebro, muy fuerte por arte y por 
naturaleza; y el conde de Foix, impaciente de la prisión, 
echaba bravatas de hacer, si estaba en libertad, lodos los 
deservicios (pie pudiese al rey, el cual le mandó dar libertad. 



( ^'2 ) 
porque entendiese el poco caso que hacia de él /y que era 
poderoso, si se atrevia á hacer lo que decia, de castigalle, 
así por lo hecho, como por lo que podia hacer. 

Quedaron en la cárcel hasta el mes de mayo del año 
1281; y Ramón Folc , vizconde de Cardona, Arnau Ro- 
ger, conde de Pallars, y Ramón, su hermano, Bernardo 
Roger de Erill y Ramón de Anglesola, por cobrar la li- 
bertad, se concertaron con el rey, y pusieron en su poder 
los castillos y villas que teniaii, hasta que fuese dada en- 
tera satisfacción á los que se quejaban de ellos, y pagadas 
al rey las costas que hizo su ejército real en el cerco de 
Balaguer, según fuese juzgado; y en caso que debieran ser 
confiscados aquellos castillos, se los volveria , porque los 
tuviesen en feudo por el rey, otorgándoles toda jurisdicción 
civil y criminal, y que estuviesen obligados á dar al rey 
las tenencias, siendo requeridos; y después estando el rey en 
Lérida, á 20 de agosto de este año, los jueces que fue- 
ron nombrados para esto condenaron á los dichos en una 
suma inmensa, y por quedar imposibilitados á la paga de 
ella, dieron al rey sus castillos y villas, y el rey se los dio 
en feudo, obligándoles á ciertos reconocimientos; y de aque- 
lla hora en adelante todos quedaron en su servicio. 

Fuera de esta concierto quedaron por entonces los con- 
des de Foix, de Urgel y don Alvaro, su hermano, Gui- 
llen Ramón de Josa, Pons de Ribelles, Ramón de Yilamur, 
(iuillen y Galceran de Cartellá, y otros caballeros que poco 
tiempo después, con el íntegro dominio de sus cosas, vol- 
vieron en servicio y gracia del rey, el cual los ocupó en 
f argos y puestos muy preeminentes en sus reinos, valiéndose 
de ellos en todos las empresas y sucesos de mas importancia, 



( 5^ ) 

porque, olvidadas las cosas pasadas, y reconociendo la be- 
nignidad con que el rey les habia tratado, hicieron en su 
servicio todo lo que pudiese hacer cualquier buen vasallo 
por su rey y señor. 

Referiré sumariamente lo que hallo en memorias anti- 
guas del conde don Armengol : él fué uno de los caballe- 
ros catalanes que con el rey don Pedro el Grande pasaron 
á Berbería, llevando consiga muchos de sus vasallos que en 
aquella empresa quisieron seguir su fortuna; aquí guardó 
la vida al conde de Pallars, que siendo mas valiente de lo 
que debiera, solo, acometió un escuadrón de sesenta moros, 
y después de haber muerto á dos, que eran caudillos de 
los demás, otro le dio una cuchillada en un muslo. Por es- 
caparse del peligro en que estaba, picó el caballo v atra- 
vesó todo el escuadrón, y se vio en manifiesto peligro de 
perderse : el conde de Urgel, con dos hijos de Vidal de 
Sarria, acudió á socorrerle ; pasó por medio de los se- 
senta moros hasta juntarse con el^e Pallars , y dio una 
lanzada á un moro, que le pasó adarga y pecho, lleván- 
dose el caballo al moro, sin que el conde pudiese cobrar 
la lanza; sobrevino el de Pallars, que confiado en sus fuer- 
zas, mayores que las del conde de Urgel, asió del cuento, 
y tiró tan fuertemente, que rompiendo las correas de la 
adarga, se la llevó atravesada en la lanza, cayendo el moro 
en tierra muerto. 

Cuando fueron los desafíos tan nombrados entre el rey 
don Pedro y Carlos de Anjou, rey que fué de Sicilia, el 
conde de Urgel fué uno de aquellos cuarenta caballeros 
que en nombre del rey don Pedro, y por su parte, habían 
de jurar que cumpliría el rey todo lo que con Carlos estaba 
roMo \. 3 



(54) 
concertado, en razón de sus desafíos , só ciertas penas quf 
refieren los autores que cuentan estos desafíos. 

Fué asimismo uno de aquellos cien caballeros que el rey 
don Pedro escogió para combatir con el dicho rey Carlos, 
y con otros tantos que habian de venir con él al desafío 
aplazado en la ciudad de Burdeos, del reino de Francia, 
poseida entonces de Eduardo, rey de Inglaterra. 

En aquel general entredicho que puso el pontífice Mar- 
tin en todas las tierras del rey don Pedro y de sus vasallos, 
los estados del condado de Urgel fueron de los mas trabaja- 
dos, y duró mucho tiempo que no se ministraron otros sa- 
cramentos, sino el bautismo á los que nacían, y la peni- 
tencia á los que morian: solo se permitia en las iglesias 
catedrales y colegiales una vez cada semana celebrar misas, 
para renovar la santísima Eucaristía para los que estaban, 
en peligro de muerte, y esto era cerrados los templos. 

Cuando Felipe, rey dé Francia, hijo de san Luis, entró 
en Cataluña para la co^uista de ella, jamás dejó las armas 
para defensa de ella y del rey, á quien siempre asistió; y fué 
uno de aquellos caballeros qué aconsejaron al rey, después 
de haberse fortificado en la villa de Peralada, que se saliese 
de ella, por no estar aquella villa para poderse defender 
del ejército del rey de Francia largo tiempo, porque supo 
que habia trazado el rey don Jaime de Mallorca, cómo el 
rey y el conde don Armengol y los demás estaban allá vinie- 
ran en poder del rey de Francia. 

Menos faltó en los reencuentros que tuvo el rey con los 
franceses, cerca del cerro de Tudela, el dia de Nuestra Se- 
ñora de Agosto de este año 1 285 , en que el rey se vio en 
grandes peligros. T)e esta manera le fué sirviendo, hasta qur 



(3S) 
murió, que fué á 10 de noviembre de 1285, en Igua- 
lada. 

Muerto el rey, fué á visitar la ciudad de Balaguer v 
demás pueblos de su estado, y arregló el regimiento de ellos, 
porque con las continuas guerras hubo en el principado 
de Cataluña necesitaban todas aquellas tierras de su pre- 
sencia. 

No estuvo mucho tiempo allá, porque el rey don Alfon- 
so, hijo del rey don Pedro y sucesor suyo en la corona, le 
llamó, porque él y todos los demás caballeros de su corona 
asistieran á las exequias habia de hacer al rey, su padre, 
en el monasterio de Santas Cruces, donde fué sepultado, 
para el mes de febrero de este año 1286. 

Por estos tiempos, y por ser muerto el gran rey don Pe- 
dro, suscitó el vizconde de Cardona algunas pretensiones que 
venian de años atrás, sobre algunos lugares y castillos del 
condado de Urgel ; el vizconde rompió las treguas que 
habia entre los dos, y el conde de Urgel le desafió, y 
cada uno de ellos llamó en su favor á sus valedores, y se 
suscitaron grandes bandos que de cada dia se iban encen- 
diendo, y el rey, que de Valencia habia de ir á Huesca, vino 
á Cataluña y los dejó en paz. 

En la conquista del reino é isla de Menorca, sirvió al 
rey don Alfonso con quinientos infantes y grandes sumas de 
trigo y cebada, en socorro de la armada real que pasó á 
aquella isla. 

Cuando el rey prometió dar libertad á Carlos, príncipe de 
Salerno, hijo del rey Carlos, que lo fué de Sicilia y estaba 
preso en estos reinos, dio por rehenes al rey de Inglaterra, 
que intervino en aquel negocio, al infante don Pedro, su 



( 36 ) 
hermano, á los condes de Urgel y Pallars y al vizconde de 
Cardona. 

Mueito el rey don Pedro, su hijo, el rey don Alfonso, 
fué continuando las empresas á que aquel gran rey no pudo 
dar fin: para apartar de estos reinos á los enemigos, pasó á 
las conquistas de Mallorca, Menorca é Iviza; tuvo guerras 
con el rey de Castilla, y en la mar sustentaba gran arma-' 
da, que gobernaba el almirante Roger de Lluria. Era el 
rey de natural liberal y dadivoso, por donde le quedó el re- 
nombre de franco, y así le nombran comunmente, para dife- 
renciarle de los demás Alfonsos. Esta naturaleza del rey 
conocieron todos los barones y demás vasallos suyos, y abusa- 
ron de ella: el rey no sabia negar cosa que le pidiesen, y todo 
lo que daba le parecia poco, medido con su deseo; no hubo 
ninguno de los que le cortejaban, que no saliese medrado 
y rico. Obligaban al rey (á mas de su natural) á ser tan li- 
beral V franco, la gran necesidad tenia él de sus vasallos, y el 
notable perjuicio le habia de ser, si le dejaban; y ellos lo 
entendian así, y le vendian muy caro el servicio que lehacian. 

Entre muchas mercedes que hallamos en su» registros, fué 
una en favor del conde Armengol , que , sacada de su origi- 
nal, dice así: 



NT)ver¡nt nniversi quod Nos Alfonsus dei graliarex Aragonurn 
Majoricarura et Valenlie ac comes Barcinone altendenles quod 
vos nobilis Ermengandus comes Urgelli exibiiistis illuslrissimo 
domino regí palri.nostro inclile recordalionis el nobis mullum 
grala et idónea servilla el quotidie exibetis el que de vobis in 
poslerum speramus idciico concedimus vobis quod habeatis vos 
el vestri comilalum Urgelli cum ómnibus perlinenliis et juribus 
universis ad feudum prout nobilis Alvarus pater vester quon- 



(37) 
úam comes Urgellí ípsum comilalum habebat et tenebat ad feu- 
dum pro domino rege avo noslro sic quod vos et vestri ipsum 
comilatum castra et alia loca ipsius comítatus teneatis pro nobis 
ad feudiim sub illa conditíone sub qua dicluspaler vesler ipsum 
tenebat pro dicto rege avo nostro. Salvaraus igitur nobis et suc- 
cessoribus nostris integre jus quod perlinebat dicto domino re- 
gí Jacobo in comitatu prediclo tempore quo vivebat dictus Al- 
varus pater vester revocantes de presentí ex certa scientia ins- 
trumenta conveniencias atque pactainita iuter dominum regem 
palrem predictum ex una parte et vos seu nobllem Rogerium 
Bernardi comitera Fuxiensem nomine vestro ex altera super 
restitutione dicti comítatus et vicecomilatus Agerensis vobis 
facía per ipsum dominum regem patrem nostrum que quidem 
instrumenta convenientias et pacta inita carere volumus omni 
robore firmitafis: salvo lamen nobis et successoribus nostris in 
predicto comitatu jure nobis pertinente et pertinere debente 
prout superius est jam dictum. Absolventes nihilominus de 
presentí omnes ricos horaines milites et alios in dicto comitatu 
et vicecomitatu habitantes ab omni homagio et sacramento quod 
dicto domino regí patri nostro fecerunt ratione dictorura ins- 
trumentorum convenientiarum et pactorum initorum inter ip- 
sum dominum regem palrem nostrum ex una parte et vos seu 
comitem Fuxiensem nomine vestro ex altera super restitutioue 
dicti comítatus et vicecomilatus. Non tamen inlendimus ipsos 
absolvere ab illo vinculo quo tenebantur dicto domino avo nos- 
tro tempore dicti nobilis Al varí patrís vestri. Dala Osee XII 
kalendas julii M.CC.LXXXVí. 



Después, á 7 de las calendas de julio, se despacharon le- 
tras, absolviendo á todos los del condado de Urgel de todo 
sacramento y homenaje prestado al rey su padre, por razón 
de los instrumentos y concesiones hechas entre el dicho 
rey su padre y los condes de Urgel y Foix, sobre la res- 
titución del condado de Urgel. 



(38) 

Eran estas v las demás donaciones muy por fuerza; por 
eso, estando el rey en su palacio real de Tarragona, con 
el mayor secreto le fué posible, á las idus de diciembre del 
año 1287, siendo testigos de ello Pedro Marqués, su secre- 
tario, y Juan Sabata, juez de su casa y corte, mandó á Mi- 
guel Boter, notario de Tarragona, tomase auto y memoria 
de las donaciones y merce(Jes habia hecho por fuerza contra 
su voluntad, y entre ellas, dice, donalionem factam nohili Er- 
mengaudo comiti urgellensi de quibusdam castris et juribus 
ipsius comitatus ; y porque entendiesen mejor su intención , 
declara ser inválidas y contra su voluntad aquellas en que 
faltan estas palabras: gratis et spontanea vduntaie et ex certa 
scientia; y pareciéndole que con esta primera declaración no 
quedaba bien explicada su voluntad, estando en Barcelona, 
á 17 de las calendas de abril de 1288, siendo testigos el 
dicho Pedro Marqués y Bernardo Guillen y notario Pedro 
Marc, con el mismo secreto, hace memoria de muchas mer- 
cedes y concesiones, entre ellas, donatio quam fecií comiti 
Urgelli de comilalu Urgelli; y dice haberlas hecho inverecun- 
da petentium inhiatione et impressione et non motus de propria 
volúntate sed nimia impressione petentium, y siendo de me- 
nor edad, en caso que no le era lícito disminuir el real pa- 
trimonio; que su intención era, cuando tuviese oportunidad, 
revocarlas públicamente, porque todo lo hecho era con te- 
mor que los donatarios no le fuesen contrarios en aquellas 
guerras ó estorbo en sus empresas. 

No debieron ser, á lo que se puede conjeturar, estas revo- 
caciones tan secretas, que no llegasen á noticia del conde, por- 
que después de hechas, no hallo que asistiese al rey íii le sirvie- 
se como de antes; sino que todo el tiempo que vivió el rey. 



{ 59 ) 
que fué hasta 18 de junio de 1291, vivió retirado de la 
corte y casa real. 

Muerto el rey don Alfonso, heredó los reinos de la corona 
de Aragón don Jaime, rey de Sicilia, su hermano, que llama- 
ron el venturoso, el cual dejando aquel reino á don Fadri- 
que, su hermano, se pasó á Cataluña. Las cosas mas nota- 
bles que acontecieron al conde y condado de Urgel, conti- 
nuaré aquí, según las he hallado en las memorias y regis- 
tros de este rey. 

A 6 de las idus de mayo de 1297, reconociendo el 
rey los servicios del conde y de sus pasados, estando en Va- 
lencia, confirmóla donación que á 12 délas calendas de 
julio de 1286 le hizo el rey, su hermano, del condado de 
Urgel, declarando nulas cualesquier revocaciones que hubiese 
hecho el dicho rey, y en caso que pareciesen, quiere sean de 
ninguna fuerza ó valor. 

En este mismo año le nombró el rey por juez, para de- 
terminar, juntamente con el maestre del Templo y el viz- 
conde de Cardona, las diferencias habia entre los pretenso- 
res del condado de Pallars, que fueron tales, que pusieron 
á pique de encender crueles guerras en estos minos. 

Cuando en el mes de agosto del año 1298, el rey don 
Jaime desembarcó su gente en la marina de Pati, en la 
isla de Sicilia, se le rindieron, entre otros, el castillo de 
Bucheri, el cual se volvió después á la obediencia del rey 
Fadrique. El rey, ó sentido de la mudanza, ó porque le im- 
portase aquella plaza, envió para tomarla al conde de Ur- 
gel, con un buen número de soldados, y la combatió por 
todas partes, hasta llegar á darle asalto; pero fué poco afor- 
tunado, porque los paisanos con piedras,* vigas y ai"mas, 



(40) 
se defendieron animosamente, de manera que obligaron al 
conde y á su gente á haberse de retirar, dejando del todo 
el castillo; v pensando los de dentro que el conde habia ido 
por mas gente, para' dar mas recio el combate, desampara- 
ron la plaza, la cual quedó vacía de gente, así de la del rey 
como de los enemigos, de la manera que en nuestros dias 
aconteció en el campo de Leucata, en el año de 1637, 
cuando se retiró el duque de Cardona, dejando todo el 
bagaje y artillería. 

Fué esta misma campaña poco favorable al vizconde de 
Ager, hermano del conde, el cual, con don Berenguer y su 
hermano don Ramón de Cabrera, capitaneando un buen nú- 
mero de gente que estaba bajo de sus banderas, corrieron 
las campañas de Petra Percia, con pensamiento de tomará 
los sicilianos, sus enemigos, todo lo que hallasen por aque- 
llas comarcas; de lo que teniendo noticia don Blasco de 
Alagon, capitán del rey don Fadrijjue, puso su gente en 
celada, en un lugar llamado Jaretania, y acometiéndolos en 
un paso estrecho, por todas partes, en una noche muy tem- 
pestuosa de relámpagos y truenos, fueron desbaratados y 
presos, y llevados á Catania y presentados al rey Fadrique: 
los capitanes y cabos fueron llevados con buena guarda, y 
los demás ensartaron atándoles á todos en una larga cuerda, 
y así los entraron en aquella ciudad. 

En el año 1299, cuando el rey pasó á Italia, fueron con 
él el conde y don Alvaro, su hermano; y en el mes de 
mayo, cuando á instancia del rey Carlos dio libertad á Be- 
renguer de Entenca, prometió que en diez años no tomarla 
las armas contra el rey Carlos, so pena de dos mil marcos 
de plata, que era suma notable en aquellos tiempos. Dio por 



(4i ) 
fianza al conde, á don Guillen de Entenya, su hermano, á 
Ramón de Cervera y á Pedro Giménez, obligándose cada 
uno por quinientos marcos. 

En este tiempo, en las batallas navales que tuvieron él y 
el rey, y su hermano don Fadrique, en que fué herido el 
rey de Aragón, murieron don Alvaro y don Berenguer de 
Cabrera, y don Arnaldo, su hermano; y entonces el vizcon- 
dado de Ager volvió á unirse con el condado de Urgel, y el 
conde fué conde de Urgel y vizconde de Ager, porque no 
quedaron ningunos hijos de don Alvaro, aunque fué casado 
con doña Sibilia de Cardona. Esta Señora murió á 11 de 
las calendas de setiembre (no dicen las memorias que he 
visto de qué año) y está sepultada en el real monasterio de 
Poblet, sobre la puerta que pasa de la iglesia al claustro, 
y dice la memoria que era hermana de Ramón Folc, vizcon- 
de de Cardona, y dejó fundado, entre otras pias institu- 
ciones, un aniversario en la iglesia del monasterio de San 
Vicente, de la villa de Cardona, celebrador perpetuamente 
el mismo dia que murió. 

En el mes de febrero de este mismo año declaro el rey, 
que la remisión y venta habia hecho en favor del principado 
de Cataluña del derecho llamado bovaje, no fuese en per- 
juicio ni diminución del que el conde solia recibir de sus 
vasallos, porque si es que tal derecho le compita, su inten- 
ción solo era remitir y vender lo que él recibia, sin perjudicar 
al conde, el cual, aunque le recibia en algunas partes, no 
le era debido, y así, después de muerto, sus albaceas lo res- 
tituyeron, como veremos en su lugar. Esto pasó en la ciu- 
dad de Barcelona, en las nonas del dicho mes del año 1299, 
delante Poncc Hugo, conde de Ampurias, Ramón Folc, 



( ^^^ ) 

vizconde ád Cardona, Hugueto de Mataplana, conde de 
Pallars, don Guillen de Entenca y don G, de Anglesola. 

El mismo dia, delante de los dichos, confirmó al conde 
todas las donaciones, privilegios y concesiones le habia hecho 
el rey, su hermano, y quiere sean firmes y válidas, así co- 
mo lo eran antes de la celebración de las últimas cortes; y 
por razón de lo hecho en ellas, no quiere sea de perjuicio 
al conde. El haber tenido noticia de las revocaciones habia 
hecho el rey don Alfonso, siempre le tenia con recelo y 
sospecha. 

En las cortes celebró el rey don Jaime en el año 1300 
se hizo una constitución, que es la sesta, título de acciones 
y obligaciones, que habla del conde Armengol. 

Fundóse por el rey don Jaime, este año de 1300, el estu- 
dio general de Lérida, de quien en otra parte se hace larga 
mención. 

Asimismo en este año, siendo viudo el conde de do- 
ña Sibilia de Moneada , hija de don Pedro de Moneada, 
y no teniendo hijos de ella , casó con doña Faydida, da- 
ma francesa , hija de Jordán, quinto de este nombre, 
vizconde de Illa , y de madama Guillerma de Durfort , 
caballeros muy principales del reino de Francia; y hallo 
memoria como en dicho dia el padre de la condesa y sus her- 
manos, Bernardo Jordán y Jordán de Illa, confesaron deber 
al conde Armengol cuatro mil quinientas libras turonensium 
parvorum. Era este linaje muy antiguo y principal en el 
reino de Francia , y descendían de los condes de To- 
losa : escribe de ellos Arnaldo Oihcnarto , autor fran- 
cés, en su Notitia Vascmice, libro lleno de gran erudición y 
verdad. 



( -^5 ) 

En el ano 1307, á 4 de los idus de marzo, siendo tes- 
tigos de ello Guillen de Anglesola, Guillen de Moneada, 
Ponce de Ribelles , Bernardo de Ribelles , Berenguer de 
Anglesola , Hugo de Cardona , arcediano de Barcelona , 
y Berenguer de Sarria , almirante, se concordaron el rey 
y el conde sobre la jurisdicción de algunos lugares con- 
finantes con el condado de Urgel. El caso fué , que los 
vegueres y otros oficiales reales de Lérida, Tárrega y Cer- 
yera usaban del mero y misto imperio en los lugares y cas- 
tillos de La Morana , Concabella , Hostafranchs , Riber, 
Cardosa, Garayó, Móntale, Lo Canos, Queralt, Conil, Riudo- 
velles. La Figuerosa, Lucá, Altet, Claresvalls, Cespigol, Tor- 
nabous, Castelladral, Móntele, Roda, Ljll, La Folióla, Val- 
vert, Xarapcenic, LoPual, Guaten, Belvís, Termens, Cafa- 
retg, Palagalls, Ceteró, Spallargues, Florejáchs, Les Siges, 
Montroig, Belver, Ratera, Ganalon, Oreó, Besaldú, Alma- 
<:or , Tarascó, Ballestar y Castellserá, y el conde pretendia 
tocarle á él. Sobre la cognición de esto nombró el rey por 
juez á don Pedro. . . . , obispo de Lérida, y á Juan de 
Torrefeta, capiscol de aquella iglesia, para que averiguasen 
cómo se ejercian estas jurisdicciones en tiempo del rey don 
Jaime el primero , y de don Alvaro, padre del conde; y 
sobre ello hay un proceso de testigos en el real archivo de 
Barcelona. Después cometió el rey esta causa á Berenguer 
de Argelaguers, arcediano de Urgel, y á Ramón de Penyafrac- 
ta, letrado de Lérida, que fué subrogado en el lugar del 
dicho obispo. Sobre esto se hicieron grandes averiguaciones, 
y cansado el conde de ello, por evitar pleitos, que ya en 
estos tiempos eran tan largos y enfadosos como usan hoy, 
lo dejó todo en manos del rey, porque escogió antes alean- 



(44) 
zar su derecho por via de gracia y merced que de justicia; 
nombró por esto algunas personas que le hicieron relación 
de todo, y entonces hizo el rey merced al conde de la ín- 
tegra jurisdicción de los lugares de La Morana, Florejachs, 
Siges, Spallargues, Concabella, Hostafranchs, Ratera, Orgó, 
Móntale, Castellserá, Ballestar, Bellvís, Tarascó, Almacor, 
Besaldú, La Folióla, Valvert, Castelladral, Tornabous, Ces- 
pigol, Lo Pual, Xarapcenic, Cafaretg y Guaten, concedién- 
dole la misma jurisdicción que tiene en el condado dellrgel; 
y declara que esta concesión no sea en perjuicio de los 
derechos y jurisdicciones que en dichos lugares tuvieren 
otros, y que el conde lo haya de tener todo en feudo, así 
como tiene la ciudad de Balaguer y las otras jurisdicciones; 
y él lo aceptó todo. Está este auto con los sellos del rey y 
del conde pendientes: el del conde es de cera colorada con 
su figura á caballo, armado de todas piezas, con un escu^ 
do en la una mano de sus armas, y espada desnuda en la 
otra, silla y estribos de armar á la antigua, encubertado el 
caballo de paramentos jaquelados, y con unas letras por la 
orla, que dicen: Sigillum Ermengaudi comitis urgellensis; y 
los listones do pende el sello son de seda amarilla y negra, 
tejidos á jaqueles como son las armas de ürgel; y el seña! 
ó signum del conde es el que los condes de Urgel , 
han usado siempre como á señal propio y particular de 
ellos. 

A 14 de las calendas de setiembre de 1311 se declaró 
sobre la pretensión que tenia Ramón de Vilalta, rector de 
Balaguer , que la notaría ó escribanía de aquella ciu- 
dad era suya y de la iglesia de Balaguer, y que el escriba- 
no de la corte del conde podia hacer las escribanías ju- 



( 45 ) 
diciales ó procesales v los autos de los negocios pertenecien- 
tes al conde y á sus oficiales, y no otros, y que ásolo el 
notario de dicho rector é iglesia pertenecia hacer escrituras 
públicas; y después, á 13de las calendas de noviembre de 
1331, el rey lo confirmó en Tortosa. 

Con cuidado he visto los registros del rey don Jaime 
que están en el real archivo de Barcelona, y hallo que uno 
de los caballeros que mas asistieron á aquel rey en las oca- 
siones de paz y de guerra, fué el conde, el cual por eso y 
continuos servicios fué muv estimado y preferido á muchos 
señores de sus reinos y señoríos. 

El testamento del conde se otorgó en la villa de Cam- 
porells, del condado de Ribagorza, donde se era retirado, 
para gozar de buenos y saludables aires: allí le apretó la 
última enfermedad y acabó la vida. Tomólo Arnaldo de 
Gerona, notario de Balaguer, á 10 del mes de julio del 
año 1314; v en él ordenó de sus cosas en esta manera: que 
si quedare hijo varón, que sea heredero, y á la hija que en 
tal caso dejare, lega diez mil áureos; y si quedaren dos hi- 
jos varones, al mayor deja heredero, y al otro aquello que, 
por derecho de legítima, le perteneciere: si quedare una hi- 
ja sola, la nombra heredera, y si muchas, heredera la pri- 
mogénita, y diez mil áureos á cada una de las demás; y no 
quedando hijos, ordena y quiere que sus albaceas, que eran 
fray Ramón de Trebailia , obispo de llrgel, del orden de 
San Benito, Guillen de Moneada, tio y consanguíneo del 
testador, Bernardo de Peramola, señor de Peramola, Ber- 
nardo de Guardia , caballero , v Arnaldo de .... de 
Balaguer (á quien nombra baile general de todas sus tier- 
ras, tanto cuanto tiempo estuviesen en poder de los testa- 



( i6 ) 
meiitarios, confirmáiulole la gracia le habia hecho de la bai- 
lía (le Balaguer, y á quien encarga muy en particular lodo 
el manejo de la ejecución de su testamento y marmesoría 
con plenísimo poder), ejecuten y cumplan su testamento, si- 
guiendo en todo el consejo y parecer de fray Bernardo Pintor, 
de la orden de San Francisco, conventual de Lérida, y él 
muerto, del guardián que fuere de san Francisco de Lérida; 
y dando forma á su disposición, manda que vendan el con- 
dado de Urgel y vizcondado de Ager al rey don Jaime de 
Aragón, por precio de cien mil libras jaquesas, y á mas dé 
ellas, haya de dar á la condesa Faydida, su mujer, por su 
dote y esponsalicio, quince mil libras barcelonesas, á quien 
deja también mille áureos alfonsinos y todas sus joyas y 
recámara de ella, para que pueda hacer á su voluntad y 
albedrío, y que el rey haya de casar al infante don Alfonso, 
su hijo segundo, (jue después fué rey, con doña Teresa de 
Entenca, y tomar armas de Urgel, sin mezcla alguna, é 
intitularse conde de Urgel, y asimismo cualquier que vinie- 
re á suceder en dicho condado y vizcondado. Era doña Te- 
resa hija de don Gombaldo de Entenca v de doña Constanza 
de Antillon, su mujer, que era hija de Sancho de Antillon 
y de doña Leonor, hermana del testador , por parte ác 
padre, y no de madre, porque ella era hija de doña Cons- 
tanza de Moneada, y él de doña Cecilia de Foix. 

Era este linaje de los Enten^as muv antiguo v principal 
en Aragón, y eran ricos hombres de natura y do gran solar: 
tuvieron señorío de honor en Zaragoza, Calatayudv Teruel, 
y fueron muy eslimados de los reyes. Fué esta casa de las 
mas ricas de la corona, y hubo en este linaje muchos varo- 
nes principalísimos, que tuvieron muy gran parle en la ron- 



( ^7 ) 

quista de los reinos de Valencia, Cerdeña y Sicilia y otros/ 
Sus armas eran un escudo de oro, con la cabeza negra. 

En Cataluña y en las orillas del Ebro bay otra baronía 
que llaman de Entenca, que fué de los duques de Cardona; 
pero es diferente de la baronía de Entenga del reino de 
Aragón, que consiste en los pueblos que diremos después, 
en el capítulo siguiente. 

Eu caso que el infante don Alfonso, hijo primogénito 
del rey , muriese antes de casar doña Teresa con él, quie- 
re que esta case con el infante don Pedro^, hijo tercero 
del rey don Jaime, que después casó con doña Guiller- 
raa de Moneada; y en caso que muera doña Teresa an- 
tes de casar, quiere que case don Alfonso con doña Urra- 
ca, su hermana, que después casó con Arnaldo Roger, con- 
de de Pallars, hijo de Hugo de Mataplana, que sucedió á 
la condesa Saurina en aquel estado; y faltando Alfonso-y 
Teresa , quiere que case el infante don Pedro con doña 
Urraca; y si antes de casar faltaren las dos hermanas Te- 
resa y Urraca, llama al condado y vizcondado al infante 
don Alfonso, y él muerto, á don Pedro, obligándoles á que 
en su debido tiempo se hayan de casar; y si Alfonso" viniere 
á ser rey de Aragón, como lo fué, quiere que suceda en el 
condado y vizcondado su hijo segundo. Revoca una donación 
que él y Alvaro, su hermano, años atrás habian hecho al 
conde de Foix, que después movió harto ruido, como vere- 
jnos en su lugar, ante Arnaldo de Gerona, notario de Ba- 
laguer, por muchas razones, y en particular por ser mayor 
de quinientos escudos, y carecer de los requisitos que el de- 
recho dispono , y porque no cumplió ciertas cosas á que era 
obligado , y no le tenia buena correspondencia. Declara. 



( i«) 
lanibien y quiere que sean revocados »inos codicilos que 
antes de pasar el rey á Sicilia habia otorgado, á 5 de los 
idus de julio de 1298, en que ordenó que, muerto Alvaro, 
su hermano, sin hijos, fuese heredero el conde de Foix, con 
tal que estuviese engracia del rey, y cuando no, le priva de 
la herencia, porque no quiere goce de sus bienes hombre 
que no fuese muy servidor y buen vasallo del rey, v lo repi- 
te dos veces. 

Escogió su sepultura en el monasterio de Nuestra Señora 
de Bellpuig de las Avellanas, del orden Premostratense , y 
entiendo ser suyo un sepulcro muy suntuoso, con un simu- 
lacro sobre la tapa de la tumba, que está en la capilla del 
Cristo de la dicha iglesia, á la parte del evangelio; y dejó para 
el gasto de las funerarias cien escudos, y sus armas y caballo, 
y si no le tiene, quiere que sea comprado uno de valor de 
mil sueldos acrimonteses; y para reparar los edificios de 
aquel convento, mandó mil áureos, y dos mil en enmienda 
de los daños ó tuertos hubiere hecho al dicho monasterio y 
á sus cosas, á conocimiento del dicho su confesor, de fray 
Pedro Olivon, del orden de predicadores, del maestro Ra- 
món Vilalta, rector de Balaguer, y de Berenguer Sala, le- 
trado de Lérida, á quienes, antes jde morir, dio facultad v 
plenísimo poder para juzgar, conocer y enmendar y mandar 
restituir cualquier injurias, agravios, dineros ú otras cual- 
quier cosas á qne estuviese obligado en conciencia, como 
realmente lo hicieron, y pasó el conde por lo que ellos ta- 
saron, al revés de aquellos que de todas sus cosas aguar- 
dan la enmienda para después de muertos , como si 
sus albaceas hubieran de saber mejor sus obligaciones 
y cargos, que ellos mismos que las hicieron ; j mandó asi- 



( 4« ) 

mismo fuesen pagados los legados y dejas de sus pasados. 
, A su confesor legó cincuenta morabatines, para que los 
reparta en limosnas; y á los monasterios de Poblet y de las 
Franquesas, que era de monjas cistercienses y estaba en la 
vega de Balaguer, deja á cada uno, en enmienda de sus 
pecados y de sus mayores, mil morabatines, y quiere que 
las monjas de las Franquesas hayan de comprar bienes rai- 
ces en aumento del convento. 

Al monasterio de Trago dejó doscientos morabatines; y 
quiere que si fuese declarado ser deudor á los dichos tres 
monasterios de Poblet, Franquesas y Trago, por razón de 
injurias ó daños causados á ellos ó sus cosas, sean en pago 
de ello, y cuando no bastaren, sea hecho debido cumplimien- 
to, según fuere tasado por los dichos nombrados para des- 
cargar su conciencia. 

A los monasterios de Vallbona, Pedregal, Vallsanta y 
Bonrepós, dejó cincuenta morabatines á cada uno, y dos- 
cientos á la iglesia de Nuestra Señora de las Parrellas, jun- 
to á Balaguer, 

Al monasterio de Nuestra Señora de Monserrate quiere 
sea hecha una campana de valor de cuatrocientos morabati- 
nes, y que de ciento cincuenta morabatines sea creado un 
censal de pensión de diez quintales de aceite, ó de cien 
sueldos acrimonteses, para que ardan diez lámparas perpe- 
tuamente en aquel monasterio. 

A las monjas de los conventos de Santo Domingo y San 
Francisco de Lérida, deja doscientos morabatines á cada 
uno, y así á los dichos dos monasterios, como á los de 
la Merced y Trinidad para rescatar cautivos, á la obra de 
la iglesia de Santa Eulalia de Agramunt, á Santa María de 
TOMO X. 4 



( ^0) 
Pons, y á la iglesia de Albesa, y á la de Scrriols y de Mon- 
inagastre, treinta morabatines á cada uno; á la iglesia de la 
Seo de Lérida, setenta áureos para la obra; á la iglesia de 
Santa María de Salas, para ornamentos, cien morabatines; 
á Nuestra Señora de Almata, que era la iglesia mayor de 
líalaguer, dejó cien morabatines, y otros cien á la cofradía de 
aquella, de la cual dice ser él cofrade, para que de ellos se 
compre un censal; á la obra de san Salvador de Balaguer, 
cuarenta morabatines, y á las iglesias de Nuestra Señora de 
Gualter, San Pedro de Pons, y Agramunt, cien morabatines 
á cada una, para cálices, y veinte á san Pedro de Ager, y 
Nuestra Señora del castillo de Farfanya; y á cada iglesia, hos- 
pitales de sus tierras y señoríos, dejó á cada uno quince 
morabatines para cálices; á Santa Quiteria de Ayre, en Gas- 
cuña, incujus commenda, dice, nos sumus, deja setenta mo- 
rabatines; y finalmente, que para satisfacción de sus peca- 
dos, hayan sus albaceas de distribuir diez mil morabatines 
de oro alfonsíes en limosnas á los pobres del condado y 
otros señoríos del conde. 

A don Guillen de Moneada dejó quinientos morabatines, 
y á los demás, á Berenguer deMorello, Pons de Castillo y 
á Jacinto, sobrino del conde, hijo de Pedro Martinez, cien 
á cada uno; y así mismo á muchos caballeros y servidores 
suyos, que nombra en su testamento, hace diversos legados 
y mandas. 

Quiere que sean fundados cinco perpetuos aniversarios, 
uno en Almata, otro en Ager, otro en Agramunt, otro en 
Pons, otro en Bellpuig, y deja, para fundación y dotación 
de ellos, doscientos cincuenta morabatines, y que le hayan 
de celebrar tal dia como aconteciere el morir; y que en 



(51 ) 
Ager, Balaguer, Pons, xXgramunt, Albesa y Castillo sean 
fundados seis cirios, de peso de una librado cera cada uno, 
para llevar delante del santísimo Sacramento, cuando fuere 
á los enfermos, y que sea hecho un censo perpetuo de seis- 
cientos sueldos, para vestir pobres en Pons , Balaguer y 
Agramunt. 

Y aunque es verdad que todas estas instituciones fueron 
muy señaladas y pias, el dia presente hay poca memoria de 
ellas, así por haber subido el precio de las cosas, como por 
haberse perdido muchas de las rentas se fundaron para ellas. 
Lo que es mas notable y duradero es la fundación del mo- 
nasterio de Predicadores de la ciudad de Balaguer, que 
mandó fuese edificado en la huerta ó llano de Villanueva, 
cerquita del cabo de la puente del rio Segre, delante de la 
ciudad de Balaguer, uno de los mejores y mas apacibles si- 
tios de Cataluña; y ordena que le sean comprados libros, 
cálices de plata, cruces, paños ycualesquier ornamentos, y 
todos los demás aparamentos y aderezos que fuesen necesa- 
rios, y un censal de mil y quinientos sueldos de renta cada 
año, y le diesen la agua fuese menester de la acequia que 
pasa junto á aquel puesto, y que hayan de vivir en él un 
prior y doce frailes: este convento no se edificó hasta el 
año 1323, y para ello alcanzó el rey don Jaime una bula del 
papa Juan XXII, dada en Aviñon, en que dio licencia pa- 
ra esta fundación. Es obra y edificio muy suntuoso y bien 
labrado, todo de sillería, muy grande y capaz, con muchas y 
muy buenas capillas, y dos claustros muy grandes y espaciosos: 
hay buenos dormitorios, y todos los cuartos y oficinas necesa- 
rias para un gran convento y de los mejores de la Corona; pues 
anduvieron en este edificio tan liberales los testamentarios 



( ''2 ) 
como el conde, si viviera. Hay en la iglesia muchas sepul- 
turas de caballeros de la ciudad de Balaguer y condado de 
Urgel: en la capilla de san Pedro, mártir, hay una caja de 
mármol, muy bien labrada, larga cuatro palmos, y en la pie- 
dra que la cubre dos figuras que denotan ser de mucha- 
chos hijos del rey, con sus coronas en las cabezas y espadas 
en las manos; las almohadillas tienen bajo sus cabezas están 
sembradas de escudos muy pequeños, unos con los palos de 
Cataluña, otros con las armas de Enten^a, señal cierto ser 
de los hijos de los infantes don Alfonso y doña Teresa de 
Entenca. El año 1636 algún curioso movió la tapa y no 
halló dentro de la caja cosa alguna: pudo ser que el tiempo 
ha pasado desde doña Teresa de Entenca hasta el dicho 
año, que son mas de trescientos años, haya consumido aque- 
llos cnerpecitos, ó que de allí los hayan mudado á Poblet 
ó Almata , donde dice el rey don Pedro en su historia, 
que tienen sepultura sus hermanos, que todos fueron hijos 
de doña Teresa. 

Este convento, aunque de esta vez quedó tan magnífica- 
mente edificado, el año 1413 fué muy maltratado de la gen- 
te de guerra del rey don Fernando el primero de Aragón, 
cuando asedió en aquella ciudad al último conde de Urgel, 
y se alojó en el convento el tercio del duqu€ de Gandía, y re- 
cibió mucho daño de la casa fuerte de la condesa, que es- 
taba vecina á aquel lugar, aunque después se reparó el daño 
recibido, mandando el rey que Hernando de Bardaxí, co- 
lector general del condado de Urgel, pagase dos mil cien 
llorínes de oro de Aragón, para reparo de este convento, 
que de la guerra quedaba muy arruinado. Despachó el rey es- 
ta orden en Montblanc, á 3 de octubre de 1414. Han salido 



( ^^ ) 

de este convento insigues religiosos en santidad y letras: 
uno de ellos fué fray Bartolomé de Panadés, lector de Sen- 
tencias en el sacro palacio, y después provincial de la Corona, 
y fray Bartolomé de la Rápita, que también fué provincial; 
y se han celebrado en este convento cinco capítulos provin- 
ciales, y seis congregaciones. 

Continuando la disposición del testamento del conde, re- 
conoció y declaró, que él ni sus antepasados no tenian bo- 
vaje ni monedaje en los hombres de sus lugares, ni en 
los vasallos de las iglesias del condado, ni en otras per- 
sonas; y reconociendo y confesando que todo lo que por 
ello habia recibido era injusto, quiere que sea plenaria- 
mente restituido á aquellos de quien lo habia exigido. 

A los vasallos manda obedezcan á sus albaceas en todo, 
correspondiendo con ellos, así como á él mismo, si viviera. 
Y porque fuesen conservadas á sus vasallos sus franquezas 
y privilegios, manda, que antes que su heredero ó su suce- 
sor, cualquiera que sea, reciba el homenaje y juramento de 
sus vasallos, les apruebe y confirme plenísimamente, y con 
auto público, todas las libertades, inmunidades y privilegios, 
en especial ó en general por él y sus pasados á ellos concedí- 
dos; y si aquellos á quien tocare ejecutar su voluntad fue- 
ren en cumplirlo descuidados, ruega al obispo de Urgel les 
obligue á ello, y suplica al rey no lo impida; y que si alguno 
moviere pleito contra lo contenido en este su testamento, haya 
de perder loque le manda, aunque sea su heredero, é insti- 
tuye los pobres de Jesucristo unestro Señor. Ratifica asimismo 
la donación habia hecho á Bernardo de Foix, del lugar de Vi- 
laplana, y á Ramón de Mur de ciertas rentas junto á Balaguer. 

Tuvo el condado como cuarenta y seis años, y fué el úlli- 



( 54 ) 
mo de los condes de la casa y linaje de Cabrera, que señorea- 
ron aquellos estados de Urgel y Ager, y que tanto trabajaron 
por poseerlos pacíficamente. Poseyéronle, con cortas interrup- 
ciones, por espacio de ciento y seis años, que tantos pasaron 
desde la muerte de Armengol, el octavo, en 1208, hasta 
la de este conde, y á la postre se acabaron así como los de- 
más señoríos del mundo. 



(5o ) 



CAPITULO LX. 



Contiene la vida del infante don Alfonso de Aragón y de la infanta 
doña Teresa de Entenca, condes de Urgel y vizcondes de Agcr.— De las 
diligencias que hizo el rey don Jaime de Aragón, para asegurar el esta- 
do del conde Armengol de aquellos que pretendían derechos en él. — 
Venden los marmesores del testamento del conde Armengol al rey el 
condado de Urgel y vizcondado de Ager; compruébase públicamente el 
auto que el conde de Foix tenia en su favor, y descúbrese la falsedad 
de él. — Casa el infante don Alfonso con doña Teresa de Entenca, y de la 
donación le hizo el rey del condado de Urgel y vizcondado de Ager. — 
De lo que quedó capitulado entre el infante don Alfonso y la infanta do- 
ña Teresa. — Renuncia el infante don Jaime la primogcnilura, y el 
conde de Urgel es jurado por primogénito , y nacimiento del rey 
don Pedro el Ceremonioso, y quejas de la condesa de Foix al pontífice, 
contra del rey. — Emprende el rey la conquista de Cerdeña; descripción 
de aquella isla, y preparativos se hacen para pasar á ella.— De la ar- 
mada que juntaron los infantes, y como pasaron á la isla de Cerdeña y 
desembarcaron en ella.— De las enfermedades tuvimos en nuestroejército, 
y muertes: nuevos socorros que envió el rey don Jaime, para suplir el 
número de los que faltaban.— Pretende el conde de Foix el vizcondado 
de Ager y otros lugares, y casar con la hija del rey: llega la armada de 
los písanos á Cerdeña, y lo que pasó entre ellos y la gente del rey.— 
Se cuentan algunas cosas notables de la espada del infante don Alfon- 
so, conde de Urgel, llamada la espada de Vilardell.— Del socorro que 
envió el rey á los infantes, y de lo demás que pasó en Cerdeña, hasta la 
vuelta de ellos á Cataluña.— De lo que pasó al infante sobre la preten- 
sión de sus hermanos, en caso que él muriera; y de lo demás hasta la 
muerte de la infanta doña Teresa, y de sus hijos y virtudes.— De lo que 
ordenó la infanta en su testamento, y de la coronación del infante, su 
marido. 

El rey don Jaime, luego que entendió la muerte del 
conde don Armengol de Cabrera, que fué en el mes de ju- 
lio de 1314, y- que dejó sus cosas de la manera que queda 



( 56 ) 
dicho, se vino á la ciudad de Lérida, para desde allí, por 
ser lugar cercano al condado de Urgel, dar orden á lo que 
fuere menester, y asegurar las fuerzas de él y del vizcondado 
de Ager, mas aquellas que confinaban con el de Castellbó 
y Valí de Andorra, que eran de Gastón, conde de Foix, 
vizconde de Castellbó y Bearn. Era este Gastón hijo de Ro- 
ger Bernat y de Margarita de Moneada, hija de Gastón de 
Moneada, vizconde de Bearn, por cuyos ruegos é intercesión 
el rey don Pedro dio al conde Armengol, el año 1278, el 
condado de Urgel y vizcondado de Ager, como queda dicho. 
Este Gastón pretendió suceder en los lugares y castillos 
de Monmagastre, Tiurana, Puigvert, Olióla, Altes y otros 
lugares del condado de Urgel, que tenia el conde Armen- 
gol en franco alodio, y en los castillos y lugares de Ager 
Gaslelló de Farfanya, Claramunt, Mejá, Tartareu, Os, Ivars, 
Boix, Montasor y demás lugares del dicho vizcondado; esto 
en virtud de dos donaciones que á 9 de junio de 1298, 
ante Arnaldo de Gerona, notario de Balaguer, hicieron, 
la una don Armengol, y la otra Alvaro, su hermano, vizcon- 
de de Ager, en favor de Roger Bernat , conde de Foix, 
su padre. Ramón Folc, vizconde de Cardona, y Ramón y 
Guillen, sus hijos, y Ramón de Cardona, señor de Tora, y 
Magaulin, conde de Ampurias y vizconde de Bas, pretendian 
parte del condado de Urgel; y la tierra se ponia en armas, 
unos por defender y continuar su posesión, otros por ad- 
quirirla. Esto alteró mucho á las personas que el conde habia 
nombrado para ejecutar su testamento, temiendo el estorbo les 
habian de causar estas novedades, impidiendo lo que habían 
de obrar como á marmesorcs del conde: por esto acordaron 
de suplicar al rey, mandase á todos los dichos prctcnsorcs 



( S7 ) 
no inovasen cosa alguna, por el daño se podía seguir de cual- 
quier novedad, ofreciendo estar á lo de justicia; y por ma- 
yor firmeza de lo que ofrecian, en el castillo de Lérida, á 1 1 
de setiembre, delante del rey, y en presencia de Gonzalo 
García, Bernardo de Fonollar, Bernardo de Vilanova y Pe- 
dro de Boil, de su consejo, firmaron de derecho, así al 
conde de Foix, como á otros cualesquier que pretendieran 
derecho en la hacienda del conde don Armengol, ponien- 
do aquella so protección y manutenencia del rey, para que 
la defendiese y amparase; y por seguridad y firmeza que pa- 
sarían por lo que fuese de justicia, dieron por fiadores á 
don Ponce de Ribelles y á don Guillen Ramón de Moneada; 
y el rey mandó al conde de Foix, que era presente á esto, 
que fundase su derecho y enseñase el título de su preten- 
sión, y él entonces muy despejadamente dijo tener las an- 
tedichas donaciones, que eran divididas por alfabeto. Tra- 
tóse luego de la validez de ellas con los marmesores, y pa- 
saron entre ellos y el conde algunas razones, algo pesadas; 
pero los marmesores siempre perseveraron en impugnarlas, 
y principalmente fundaban la invalidez de ellas por ser ma- 
yores de quinientos escudos, y que no eran insinuadas, habien- 
do sido voluntad del difunto que lo fuesen, que por esto, á 4 
de las nonas de enero del año 1300, en poder del mismo 
Arnaldo de Gerona, nombró juez para ello á Ríimon de 
Guardia , caballero , y antes había hecho procurador suyo , 
para el mismo efecto, á Berenguer de Castro; y el conde en 
su testamento las revocó, y dijo que no eran insinuadas, 
ni había cumplido el conde do Foix los pactos y condicio- 
nes con que se hicieron y él había prometido; y aun el con- 
de Armengol , á 17 de las calendas de agosto de 1314, 



( ">8 ) 
liabiti mandado á Fcrrer Colom, letrado de Balaguei y juez 
del condado, que después fué obispo de Lérida, que requi- 
riese al conde de Foix que cumpliese lo que debia cum- 
plir y habia prometido al conde, su padre; y aunque á 4 
de las nonas de agosto se lo requirió en el lugar de Tirvia, pe- 
ro el de Foix cuidó poco de ello, porque confiaba de los au- 
tos que en su poder tenia, que á la postre, en justificación 
de su derecho, sacó. Leyéronse públicamente, y en la dona- 
ción habia hecho don Alvaro, notaron que, en la línea treinta 
y dos, estaban de diferente pluma añadidas estas palabras: 
ítem volumus quod si hec donatio indigeret insinuatione quod 
íot donationes volumus irUelligi predklas facías esse divisim 
qwd quelihet subsistat infra summam quingenlorum aureorum. 
Notaron también, que después de la firma y clausura del 
notario, y de diferente letra y mano, se hacia fe de las di- 
chas palabras supuestas y añadidas. Sobre esto pasaron di- 
versas razones, y todos afearon esta falsedad tan notoria, 
que al rey y demás de su consejo pareció muy desvergon- 
zada, y mandó cesar la plática, y al conde de Foix que ca- 
llase, que sentido de ello, se partió de allí para Anglesola; 
y aunque todos le decían aguardase, porque el rey no gusta- 
ba se fuese, antes le quería hacer justicia , no se pudo aca- 
bar cosa, y así se fué. 

Estando en Anglesola con Ramón Folc , vizconde de 
Cardona, se presentaron á los dos letras citotarias de parte 
del rey, y á instancia de los marmesores: asistían con ellos 
Ramón de Cardona , señor de Tora, Ramón de Aliella, 
Dalmau de Paiau, Bernat de Castellaulí, Maymó de Josa, 
Rercnguer de Almenara, Ramón de Orcau y otros. Acon- 
sejado de estos, respondió el de Foix al rey, en su satis- 



(S9) 
facción y abono, fundando su justicia, y significando cuan 
agraviado quedaba de lo que habia oido en su presencia, y 
que si lo quB le escribia con aquella carta no se lo habia 
dicho en Lérida, fué por parecerle que no ^ estaba seguro. 
El rey, á 19 de agosto, le respondió, asegurándole que lo 
que habia pasado entre él y los testamentarios , ni le ha- 
bia de causar pesadumbre, ni tenerlo por agravio, porque 
todo lo que se habló fué en orden de fundar cada una de 
las partes su justicia, y era cosa muy usada en tribunales 
impugnar los autos que no están en la debida forma; y que 
si le mandó callar, fué porque, encendido en cólera, no 
excediera los límites de la debida cortesía; y sobre todo le 
certificó que le baria justicia: pero no por esto quedó el 
de Foix satisfecho, ni gustaba que sobre su donación se 
hablara tanto. 

Los ejecutores ó marmesores del testamento de don 
Armengol, que, por haberse excusado el obispo de Urgel, 
eran Guillen de Moneada, señor de Fraga y senescal de Ca- 
taluña, Bernardo de Peramola, señor de Peramola, Ber- 
nardo de Guardia, caballero, y Arnaldo de Murello, ciuda- 
dano de Balaguer, á quien el difunto habia nombrado baile 
general y procurador de todo el condado y receptor de los 
emolumentos de aquel, temieron que el conde de Foix y 
demás pretensores no se metiesen con armas y poder por 
el condado y vizcondado, inquietando aquel y estorbando lo 
que habían de cumplir, según el testamento del conde; y por 
esto resolvieron luego, lo mas presto que les fuese posible, 
venderlo al rey, según habia mandado el conde, porque 
ellos no se sentían poderosos á resistir al de Foix y demás 
amigos suyos de cualquier invasión hiciesen; y sobre esto se 



( «0) 
toncertaron con el rey, y él, estando en Mequinenza, á 17 
de agosto de 1314, nombró procuradores suyos para firmar 
esta compra, en su nombre, á Bernardo de Fonollar, pro- 
curador general del infante don Jaime, primogénito del rey, 
y á Guillermo de Alomar, juez de su casa y corte; y á 20 de 
dicho mes se hizo esta venta, y ellos en nombre del rey 
la aceptaron, y el rey á 22 de setiembre la ratificó. Luego 
que la venta fué hecha, el rey quiso averiguar la suposi- 
ción se habia hecho en el auto de la donación que dori 
Alvaro habia hecho al conde de Foix; y así, á 10 de este 
mes de setiembre, estando el rey en el castillo de Lérida, 
mandó juntar su consejo, y llamó tres notarios, que eran 
Bernardo de Aversó, Pedro de Letoner y Domingo de Bis- 
carra, para que se hiciese allí publicamente comprobación 
del dicho auto de donación, y fué de esta manera: que 
llevaron allá el original, que habia quedado en poder de 
Arnaldo de Gerona, notario, y el Guillermo de Alomar lo 
tenia en las manos y leia, y los tres notarios coniprobaban; 
y hallaron claro que en la línea treinta y dos habian aña- 
dido las palabras que quedan referidas, y que en la clau- 
sura, y de letra bien diferente, se hacia fé de ellas, y que 
no estaban en el original y prima matrice; y el rey mandó 
levantar auto de lo que habia pasado, y todo esto se hizo 
para asegurar el rey mejor su derecho é invalidar el título 
de que se valia el de Foix. 

Volviendo á la venta del condado y vizcondado, dio el rey 
por él cien mil libras jaquesas, que habian de emplearse 
en pagar las mandas que el conde dejó en su testamento, 
y quince mil libras barcelonesas, para pagar el dote y dere- 
chos de la condesa doña Faydida, obligando al rey á confir- 



( 61 ) 
mar los privilegios y prcrogativas concedidas por los condes 
pasados á los del condado y vizcondado , según lo dejó 
mandado al conde Armengol en su testamento. 

Diéronse luego de contado diez mil libras jaquesas, y las 
noventa mil que quedaban, prometió pagar el rey dentro 
délos primeros nueve años, es á á saber, diez mil libras 
cada un año, el dia de todos los Santos, prometiendo lle- 
varlas á la casa de los monjes de Poblet, de la ciudad de 
Lérida, do habia de estar una arca con cuatro llaves, una 
para cada uno de los marmesores, y en ella meterse todo 
el dicho dinero, porque en estos tiempos aun no usaban las 
tablas para los depósitos de los dineros comunes y particu- 
lares como después, y tuvieron principio en el año 1441, 
que la ciudad de Barcelona dio principio á la suya. 

Las quince mil libras barcelonesas del dote de Faydidia ó 
Faliyda ó Faydida (que estos tres nombres le daban), viuda 
del conde don Armengol, prometió de pagar el rey dentro 
de un año, que comenzó del dia que ella enviudó; y para 
seguridad de esto, le dio el castillo y villa de Ager y otras 
rentas, y los marmesores se obligaron á. hacerle el gasto por 
todo ese año; pero los gastos del rey fueron tantos y tan 
grande el trabajo de juntar el dinero para pagar el precio 
del condado, que tardó mucho esta señora á cobrar estas 
quince mil libras, y hallo memoria que se quejó al papa 
Jiian XXII, que era de nación francés, así como ella, y el 
papa lo dijo á don Gastón de Moneada, arcediano de Bar- 
celona, consanguíneo del rey, que estaba en Aviñon, donde 
residia la corte romana, quejándose mucho de esta dilación 
de paga ; y el Moneada hizo sabedor el rev de la que- 
ja del papa, y á 18 de agosto del año 1320, el rey escri- 



(62) 
btó una cumplidísima carta al papa, dándole razón de lo 
mucho que habia pagado y habia de pagar por el condado 
de ürgel, y que aunque se dilataba la paga de las quince 
mil libras, pero habia dado á la condesa Faydida lugares y 
rentas equivalentes á la dicha cuantidad, para que gozase 
de ellas mientras tardaba la paga del dote, asegurando lo 
mucho deseaba que enteramente quedara pagada: en la mis- 
ma carta encomienda al papa á don Ot de Moneada, pa- 
riente suyo, para que le tenga en memoria, honrando y pro- 
veyéndole, según su merecer y calidad ; y por aquietar á esta 
señora, consignó á los marmesores lo que quedaba de la 
ganancia de ciertas monedas que batia el rey, para que de 
lo que resultase de ellas la fuesen pagando. 

A los marmesores se les habían de pagar las noventa 
mil libras jaquesas, y para seguridad de ellas , les dio el rey 
los castillos y villas de Camarasa (que de esta vez salió del 
condado deUrgel), Cubells, Mongay, Santa Linya, Lorens, 
Mejá, Alós, con los castillos y lugares de su honor, el cas- 
tillo y villa de Almenara, con cumplimiento de todos los 
derechos que el rey tenia en ella, y también les quedó 
obligada la villa de Albesa , según se infiere de un auto he- 
cho en Valencia á 18 de las calendas de abril de 1324, 
en que manda la infanta doña Teresa á Ferrer Colom, ad- 
ministrador del condado de ürgel, que pague cada un año 
á doña Urraca, condesa de Pallars, su hermana, cuatro mil 
libras , en enmienda y satisfacción de otras tantas que 
le habian dado durante su vida, ella y el infante don Al- 
fonso , sobre la dicha villa de Albesa , y dejaba de recibir- 
las, por estar aquella en poder de los testamentarios del 
conde Armengol; y que le sean pagadas hasta que sea acá- 



(05) 
hada la obligaciun licclia á los dichos , pues ciUonces las 
podrá recibir de las rentas de la misma villa. Obligóles 
á los dichos el castillo y villa de Ciurana , con todos los 
demás castillos y pueblos de las montañas de Prades, que 
poco habia le pertenecían al rey , por donación de don 
Guillen de Entenga ( aunque este duró poco en poder de 
los marmesores , porque hallo que el rey lo cobró en 
agosto de 1322 , en ocasión que hizo nuevo concierto 
con ellos, y se quedaron con el castillo de Ciurana, que tam- 
bién les duró poco tiempo, porque á 18 de agosto de 1324 
lo dieron al rey, en ocasión que hizo merced al infante 
Ramón Bercnguer, su hijo, del condado de Prades). Dióles 
asimismo las rentas reales de Tortosa , para que las poseye- 
sen por tiempo de nueve años, recibiendo cada un año diez 
mil libras jaquesas, en paga y enmienda de los frutos que 
les pudieran rentar estas noventa mil libras jaquesas, si se 
hubiesen pagado de contado; prometiendo que si todo esto 
no rentaba las diez mil libras jaquesas y los cincuenta mil 
sueldos, él supliría lo que faltase cada un año, reserván- 
dose el rey, qufe siempre que él diese de Contado trescientos 
mil sueldos jaqueses, pudiese cobrar estas rentas de Tor- 
tosa: impúsose pena de cincuenta mil sueldos, en caso no 
cumpliese lo prometido, y por mejor seguridad de todo, dio 
por fiadores á don Guillen de Entenga, á don Felipe de 
Saluces, que era pariente del rey, y de quien, por su gran 
valor y riqueza , se hiacia mucha cuenta en estos reinos, 
á Pons de Ribelles, Berenguer de Anglesola, y las ciudades 
de Barcelona, Tortosa, Gerona, que se lo pidió con car- 
tas , su data el dia antes de las calendas de octubre de 
1314, y la ciudad de Lérida, á quien lo pidió de palabra, por 



( 04 ) 

estar en ella; y para esto enviaron sus síndicos con poder 
bastante. Los de Barcelona fueron Guillen LuU y Miguel 
Marquet, y á 26 de octubre firmaron, y el rey les hizo 
reconocimiento que por aquella obligación no se entendie- 
se hecho perjuicio á los privilegios, inmunidades y franquezas 
de la dicha ciudad de Barcelona, y lo mismo hizo con las 
demás. 

Después, por convenirle al rey cobrar las rentas habia 
consignado sobre la ciudad de Tortosa, que se le habian de 
volver siempre que de contado diese quince rail libras ja- 
quesas, hizo con ellos nuevo concierto; y fué, que les dio 
esta cantidad en esta forma: siete mil quinientos sueldos 
en dinero, y por lo demás les consignó cien mil bezantes 
de plata, que eran de aquellos trescientos mil que le dio en 
dote la reina doña María, su mujer, hermana de Enrique, 
rey de Chipre, con quien habia entonces casado; y ellos lo 
aceptaron en descargo de las noventa mil libras: y porque 
mas fácil y seguramente cobrasen los cincuenta mil sueldos 
que cada año les daba por los frutos é intereses, les dio 
las rentas de los castillos y villas de Peratallada, Cruilles, 
Begur, Santiscla y Rajancós, y dos mil sueldos jaqueses que 
recibía sobre la aljama de los judíos de Lérida, y cinco mil 
setenta sobre la de los de Gerona, con facultad de poderlo 
vender todo, así por l'js cincuenta mil sueldos de los inte- 
reses, como por los cincuenta mil sueldos de la antedicha 
pena; pero esta obligación de Cruilles y Peratallada duró 
poco, porque en el año de 1317 el rey los hubo de res- 
tituir á don Bernardo de Cruilles, y en satisfacción de ellos 
dio el rey once mil sueldos barceloneses de renta sobre 
las rentas que tenia en la ciudad de Lérida , como pa- 



( «5 ) : 

rece en el archivo real , en un registro Comhalus Urgelli de 
anno 1314, fol. 163. 

Este concierto duró hasta 14 de agosto de 131 S, en 
que el rey tomó carta de pago de cuarenta mil libras ja- 
quesas, en descargo de las noventa mil que debia; y estas 
se pagaron de esta manera: el conde Armengol hizo un au- 
to en poder de Arnaldo de Gerona, ante quien habia otor- 
gado su testamento, en que dio amplísima facultad á fray 
Bernardo Pintor, su confesor, del orden de san Francisco, 
fray Pedro Olivon, del orden de Predicadores, el maestro Ra- 
món de Vilalta, rector de Balaguer, canónigo de Lérida y 
Urgel, y Berenguer Cásala, letrado de Lérida, para juzgar, 
conocer, mandar, enmendar y restituir cualesquier injurias, 
agravios é injusticias á que estuviesen obligados él y sus 
pasados, así á sus vasallos, como á otras cualesquier perso- 
nas. Estos, cumpliendo su cargo y descargando la conciencia 
del conde y de los suyos, declararon estar obligada su ha- 
cienda en cuantidad de cincuenta mil seiscientas y cincuenta 
libras acrimontesas, por razón de quistias, monedajes , bo- 
vajes y otros derechos que él v sus pasados habian in- 
debidamente exigido de la ciudad de Balaguer, villas de 
Agramunt , Ager , Castelló de Farfanya , Albesa , Pons, 
Monmagastre , Linyola , Os , Ivars , Tartareu , Olióla , 
Vives, Collfret, Oliana y Claramunt, y que estaban obli- 
gados los ejecutores de su testamento, así para la seguridad 
de la conciencia del conde, como de sus jasados, á la res- 
titución de toda la dicha cuantidad ; y entonces las dichas 
universidades, por demostración del amor tenian al infante 
don Alfonso, le hicieron donación y servicio de esas cin- 
cuenta mil y seiscientas cincuenta libras, y él las dio al 
TOMO X. 3 



(GG) 
ley, su padre, ú 13 de marzo de 1315, y él, en descargo 
de las noventa mil que habia de dar á los testamentarios, 
les remitió cuarenta mil acrimontesas por otras tantas ja- 
quesas, porque la moneda jaquesa y acrimontesa era una 
misma, y las restantes diez mil seiscientas y cincuenta libras 
graciosamente las renunció á los testamentarios, para que 
las empleasen en cumplir el testamento y voluntad del con- 
de, sin estar obligados á volverlas á los pueblos á quien se 
debian, pues estos las hablan ya' dado al infante, que las 
dio al rey, su padre, y él las cedió en favor de los mismos 
testamentarios, para que las empleasen en bien de la alma 
del conde. Entonces el rey y el infante don Alfonso, su 
hijo, y los testamentarios , interviniendo Gonzalo Garces, 
Artal Des-Llor , de su consejo, Pedro B oil , maestre ra- 
cional, Pedro Martinez, tesorero, Guillermo Alomar, que 
después fué vicecanciller del rey, y Guillen de Vallseca, le- 
trados y del consejo real, acordaron, según parece en un auto 
hecho á 3 de los idus de julio de 1315, que así como habia 
de pagar el rey cada un año diez rail libras jaquesas, de 
allí adelante, hasta que hubiese acabado de pagar , diese 
cada un año la mitad, que eran cinco mil libras; y que 
aquellos cincuenta mil sueldos jaqueses que el rey habia 
de dar cada un año durante los nueve años que tardaba á 
pagar, que fuesen solos los primeros seis años por los fru- 
tos, y los otros tres en descargo de la deuda principal, y 
por esto dio igual seguridad como habia dado de antes; y 
por la ciudad de Barcelona, y en nombre de ella, firmaron 
Tomas Gruny y Arnaldo de Sarria, sus síndicos, enviados al 
rey por esto; y con esta nueva convención y trato quedaroi* 
satisfechos los testamentarios. 



(67 ) 
Después, siendo solos testamentarios ( por ser los demás 
muertos) Guillen de Moneada y Bernardo de Guardia, se 
hizo otro concierto con el rey; y fué, que por razón de pa- 
garle ciento y cincuenta mil sueldos que debia el rey ai 
conde, por salarios y gajes, como dije en otro lugar, y el 
cumplimiento de las noventa mil libras, les volvió á dar 
los lugares de Camarasa, Almenara, Cubells, Mongay, Santa 
Linya y los demás que dijimos, y los once mil sueldos ja- 
queses cobraderos de las rentas reales de Lérida, y dos 
mil jaquesas cobraderas de la aljama de los judíos de Lé- 
rida; y entonces los marmesores volvieron al rey todos los 
castillos y villas de las montañas de Prades (excepto el de 
Ciurana) y los cinco mil setecientos sueldos recibían de la al- 
jama de los judíos de Gerona, y concordaron que pagados 
que fuesen íntegramente de todo el dicho precio del con- 
dado y vizcondado y de los ciento y cinco mil sueldos, hu- 
bieran de restituirlos castillos, lugares y todo lo demás que 
el rey les habia dado, en satisfacción y por seguridad de 
ello; y de este modo se fué pagando todo lo que el rey les 
debia. Bien es verdad que se fueron algo dilatando estas 
pagas, porque el rey, ya para la conquista de Cerdeña, ya 
para el gasto de su casa, ya para pagar sus deudas y obliga- 
ciones, se valia del dinero que tenian los marmesores, que 
no solo no le osaban contradecir, pero, lo que mas es, don 
Guillen de Moneada era pagado del salario de la senescalía 
de los dineros de esta raarmesoría , y aun cuando murió 
quedaba debiendo alguna cuantidad, porque á 6 de las no- 
nas del mes de marzo de 1330, hallo que manda el rey á 
sus marmesores, que eran Ferrer Colom, prior de Fraga, 
Guillen de Torrelles, Gombau de Oluja, Jofrc de Oluja y 



(G8) 
Jaime de Monlolíu, que pagasen lo que él quedaba debien- 
do; y aunque el rey se lo prestaba de este dinero de la 
marraesoría, pero luego que había pedido prestado ó hecho 
merced sobre ella, volvía á obligar los lugares y rentas con- 
signados, para que cobrasen de ellas el dinero que había 
dado ó le habían prestado; y parecia no ser dinero este de 
ninguno, porque no solo el rey, mas el infante y la infanta 
doña Teresa, todos se valían de él, y servía de arbitrio para 
los que habían de ser pagados y no podían, por no haber 
dinero en la tesorería real; y todo nació de haber muerto 
el Arnaldo de Murello, y los que habían quedado ser personas 
flojas y no tener ni el pecho ni la inteligencia del Murello. 
El rey don Jaime, conociendo el daño que se seguía de esto, 
y que, si se continuara, jamás había de quedar pagado el pre- 
cio del condado y vizcondado, y los ciento y cinco mil suel- 
dos, estando en Valencia , á 10 de las calendas de abril 
del año 1324, hizo juramento de no hacer merced ni paga 
alguna, ni valerse de los dineros de la marmesoría del con- 
de ni de las rentas le eran consignadas, y lo cumplió así 
como lo había jurado; pero el rey don Alfonso, su hijo, 
en octubre de 1333 les pidió prestados diez mil sueldos, 
y por paga de ellos les díó las rentas recibía de los judíos 
de Lérida y del lugar de Almenar, acudiendo con ellos á 
sus menesteres: y con todo, de lo que se había de pa- 
gar dentro de pocos años, aun en el de 1342, en que rei- 
naba el rey don Pedro, hijo del infante don Alfonso y doña 
Teresa, se debía buena partida; y así en el año 1343, á !> 
délas idus de abril, por muerte de los dichos ejecutores, 
fueron subrogados y puestos en lugar de ellos García de 
Sania Pan, canónigo de la Seo de Urgel y rector de Bala- 



(69) 
guer, y Jaime de Alós, caballero, para que acabaran de 
cumplir algunas cosas que faltaban; porque en aquellos tiem- 
pos, como habia tan poco dinero en España, y los reyes ha- 
bían gastado tanto en la conquista de Cerdeña y en otras 
empresas que se les ofrecian, se habían de valer de lo que 
podían ; pero á la postre , aunque tarde , todo se vino á 
pagar. 

El rey, después de comprado el condado y tomada po- 
sesión de él, entendió en casar su hijo, el infante don Al- 
fonso, que sería de edad de doce años, con doña Teresa de 
Entenca, sobrina del conde, como él lo habia ordenado en 
su testamento. Era esta señora una de las mas ricas y prin- 
cipales damas de estos reinos, hija de don Gombaldo de 
Entenca y de dona Constanza de Antillon, que fué hija de 
don Sancho de Antillon y de doña Leonor, hermana del 
conde don Armengol. Tenia esta señora la baronía de Anti- 
llon, que le pertenecía por su madre, y la de Alcolea y el 
heredamiento que decían de Balbastro, que consistía, en- 
tre otras cosas, en un palacio que tenían en aquella ciudad 
y en el castillo de ella (que después le dio á don Guillen de 
Entenga, que entiendo le era hermano natural, como lo he 
visto en un registro intitulado Infantisse Teresie, á 10 de 
las calendas de marzo del año 1324), que le pertenecía 
por su padre. Los pueblos y lugares de estas baronías eran 
Antillon, Les Ceylles, Ponga, Graus, Artesona, Set-Cas- 
tells, Avícaula, Puig de Cínca, Clamosa, San Mitier, Mar- 
cat. Solana, Alerse (que se lo dio doña Síbília de Antillon), 
Cutía, Aviego , Alcoletge , Huesso, Rafols, Castellfolit, 
Quatro-Casados, La Gruesa y otros muchos en el reino de 
Aragón; y estos últimos llamaron la baronía de Entenca, 



(70) 
por haber sido del linaje de los Enteiifas, que tomaron el 
nombre de un lugar hay en estas baronías, llamado Enten- 
ga. En el de Valencia tenia Chiva, que en el año de 1241 , 
en la conquista de aquel reino, perteneció á don Berenguer 
de Entenga, por heredamiento, con sus alquerías; Magane- 
ra, que después fué de don Pedro Ladrón, vizconde de Vi- 
lanova; Bunyol, Gestalgar, Siete-Aguas, Macastre, Terra 
de Alborraix, y otros muchos que fueron de su padre y 
de don Sancho de Antillon, su abuelo, y valles de Antillon 
y Cutiot; y en el reino de Navarra había Mugque, Soridon, 
Gorriza y otras heredades. Concertóse la boda en la ciudad 
de Lérida, para domingo, á 10 de noviembre, que se ha- 
llaron en ella el infante don Jaime, primogénito del rey, 
don Guillen de Rocaberti, arzobispo de Tarragona, fray 
don G. de Aranyó, obispo de Lérida, fray don Andrés, 
abad de Poblet, fray don Pedro, abad de Santas Cruces, 
don Felipe de Saluces, don Guillen de Entenga, don Gui- 
llen de Moneada, don Ot de Moneada, don Gerardo de 
Cabrera , don Guillen de Anglesola , don Pedro de Que- 
ralt, don Pons de Ribelles, don Guillermo de Eril, Be- 
renguer de Almenara , Berenguer y Guillermo de San Vi- 
cens , Bernat de Peramola , Bernat de Guardia , Arnaldo 
DezUor, Gonzalo García, Bernardo de FonoUar, Pedro de 
Pomar, Acardo de Mur, Pedro de Meytat, Vidal de Vila- 
nova, Dalmau de Pontons, Berenguer de Rajadell, G. de; 
River, Ramón de Puigvert, G. de Santa Coloma, Arnaldo 
de Morello y otros muchos caballeros; y allá en presencia 
de ellos dio el rey al infante su hijo el condado de Urgel y 
vizcondado de Ager, que poco habia le babiaii vendido los 
ejecutores del testamento del conde don Armcngol, y se 



(71 ) 
lo díó con los pactos que ordenó el conde en su testamento, 
que eran: que el infante don Alfonso casase con doña Te- 
resa de Entenga, su sobrina; que tomase las armas del con- 
dado de ürgel, que eran los jaqueles ó escaques de oro y 
negro, y usase de ellas en los sellos, pendones y demás 
partes en que se usa llevar armas, sin mezcla ni añadi- 
dura alguna; que se intitulase conde de Urgel, y que lo 
que era en feudo en el condado lo hubiera como á feudal, 
y lo alodial como á tal: y porque de una vez se enterara 
qué era lo feudal , declaró serlo la ciudad de Balaguer 

4 

y los castillos y lugares de Agramunt, Albesa , Menar- 
gues y Linyola ; y que queden obligados él y sus su- 
cesores á dar las tenencias de estos castillos, según los usa- 
jes y costumbres de Cataluña, cada vez que fuesen reque- 
ridos; y que si el infante viniera á ser rey de Aragón, como 
lo fué, sucediera en el condado y vizcondado su hijo se- 
gundo, y llevara las armas de Urgel, sin mezcla, y se inti- 
tulara conde de Urgel; y que el asiento y concordia que se 
tomó con el conde Armengol en Barcelona, á 12 de mar- 
zo de 1307, sobre el mero y mixto imperio de algunos 
pueblos, quede confirmada y válida; y que en el dicho con- 
dado hayan de suceder los hijos varones, y si no les tuviere 
el infante de doña Teresa, los que tuviere de otro matri- 
monio; y que acabándose la línea masculina, vuelva todo, 
así lo alodial como lo feudal, al que fuese rey de Aragón 
y conde de Barcelona; y que las hijas las tenga el rey, en 
dicho caso, de casar según su calidad. Con estas condicio- 
nes y otras dio el rey al infante, su hijo, los dichos condado 
y vizcondado y demás lugares y .jurisdicciones que habia 
comprado á los testamentarios /del conde don Armengol. 



(72) 
Parece todo muy largamente en el auto de la dicha dona- 
ción, la cual, por ser la guia de lo que queda por decir y 
sucedió, la traigo entera , sacada del archivo real de Bar- 
celona, de un registro de las cosas del condado, del tiempo 
del rey don Jaime el segundo, de los años i 31 4 á 1327, 
y es la que se sigue: 



In nomine Domíni noslri Jesu Cbristi ad nolitiam presen- 
tium et memoriam fulurorum Nos Jacobus üei gratia rex Ara- 
gouum Valentie Sardinie el Corsice ac cgmes Barchinone: ex 
regalis prehcminentia dignitatis in qua feliciler superna dispo- 
siíione regnamus ut regna lerrasque nostra a Deo nobis Iradila 
gubernanda omniumque gressus potissime nostri regiminis Ido- 
minio subditorum in vía jusUlie atque pacis assidua sollicitudi- 
ne dirigamus et directos foveamus in illa ac singulorum status 
et gradus prout sua merita et cause requirunt promoveamus 
ulililer benevolenlia speciali nos profilemur comuniter el efica- 
tiler oblígalos: circa que prout nobis ab alto conceditur conli- 
nuis medilationibus sponte vacamos modos oportunos exquiri- 
mus et operationis noslre dcbitum volunlarii exhibemus. El 
si generaliler ómnibus noslris íh premissis taliler exislimus 
debitores attamen erga proprios noslros filies nobis celesli be- 
uedictione concessos qui eadem nobiscum persona censentur 
nt cum casus seu modus se inj^erunt illos et regia ac paterna 
provisiones proraoveant humana rallo forlius el insuper ualu- 
ralia jura que sunt immulabilia eíflcacius nos conslringuul. 
Itaque ex presenil opere nostro quod ad laudem et gloriam 
domíni Dei nostri et beatisslme Virginis Marie matris sue et lo- 
tius curie celeslis insequimur confídentius expectamus in dlclis 
nostris regnis et terris cultum augere justitic procurare pacem 
paciflcis el eam odienlibus refrenabile remedium preparare el 
agere etiam que reipublice utilitatis atque quletis respiciunt in- 
crementum et ex eodem etiam opere inclitum infantem Alfon- 
sum secundo gcnilum noslri karissimum ex donatione subscrip- 
ta comilalis el vicecomilalis dignilalis et aliorum subscriploi um 



(7o) 

hooorum allollimus insigniínus ac ctiam sublimamus. Altcnden- 
es igitur quod nobilis vir Ermengaudus quondam comes llr- 
gelli de universis bonis suis disponeos ínter celera slatuit or- 
dinavit voluit et raandavit in suo ultimo testamento quod ma- 
numissores sui videlicet nobiles G. de Montecateno Bernardus 
de Peramola Bernardus de Guardia et Arnaldus de Murello 
de consilio volúntate et assensu religiosi fratris Bernardi Pictoris 
de ordine Minorum ^onsiliarii ipsis manumissoribus á dicto 
comité in dicto suo testamento ultimo assignati veuderent et 
traderent et venderé et tradere possent propria auctoritate in 
perpetuara sine impedimento et contradictione cujuscumque 
persone nullius licentia expectata certo prelio in testamento 
prediclo expressato totum coraitatum Urgelli et vicecomitatum 
Agerensem cum ómnibus suis pertinentiis lotamque aliam ler- 
ram suam et castra et loca et jura omnia sua jurisdictiones et 
dominia quecumque et ubicumque que vel quas habebat vel 
habere poterat aut debebat quocumque modo jure ratione vel 
causa nobis Jacobo Dei gratia regi prediclo sub certis modis et 
formis Ínter quos sunt videlicet quod predictus inclitus infans 
Alfonsusfilius noster secundo genilus duceret in uxorem There- 
siamfiliam majorera nobilis Gorabaldi de Enlensa quondam et 
Constantíe neptis^dicli quondam comitis et quod dictus infans Al- 
fonsus faceret et portaret insignia ipsius comitis consueta vi- 
delicet insignia comitatus Urgelli in armis sigillo ei vexillo et 
in ómnibus alus in quibus consuelum est insignia propria de- 
portar! sine aliquibus alus insigniis ibi mixtis et quod vocare- 
tur comes Urgelli sic lamen intelligendo et sub modis el formis 
quod diclus infans qui comes esset teneret et possideret totum 
comitatum el vicecomitatum dicli quondam comitis et totam 
terrara suam et omnia jura et jurisdictiones suas eo modo quo 
ipse comes tenebat et possidebat scilicet quod terram quam ip- 
se comes ad francum alodium tenebat simililer ipse infans li- 
berara el quiliam et ad francum alodium lenerct et eam quam 
ad feudura tenebat simili modo ad feudum teneret ita quod si 
quod absil inclitus infans Jacobus carissimus primogenilus nos- 
ter defflceret el conligerct diclura Alfonsura post contractum 
nialriraonium cura dicta Thcresia assumi in regera Aragonum 
secundo genilus ipsius Alfonsi cssol. romes Urgelli el quod fa- 



( 74- ) 
ceret nomcn et insignia comitis Urgclli ot quod alia condicla 
subiret prout hec omnia eí síngala inter alia in dicto testamento 
facto in villa de Camporellis de Ripacurtia VI idus julü anno 
Domini M.CCC.XV. auctoritate Arnaldi de Geiunda publici 
notarii Balagarii et per totam terram et jurisdictionem nostram 
plenius et latius conlinetur: attendentes etiam quod prenomina- 
ti manumissores juxta ordinationem teslamentariam comitis 
prelibati et auctoritate ejusdem ac de consilio predicli fratris 
Bernardi Pictoris cousiliarií eorum vendiderunt nobis memo- 
rato regi pretio in testamento prelibati comitis contento in quo 
quidem prelio jam eis satisfecimus totum comitalum Urgelli 
videlicet civitatem Balagarii et castrum et villam de Albesia 
castrum et villam de Menargis excepto violarlo quod in ipso 
loco habet nobilis Gerardus de Capraria et castra et villas de 
Linesola de Acriraonte de Pontibus de Montmagastre de Co- 
meols de Laf üonzell de Viuves de Collfret de Tiurana de Ulia- 
na et de Villaplana excepto violarlo quod in ipso loco de Vi- 
llaplana habet Bernardus de Foix et jus quod predictus comes 
habebat in castro et villa de Altes necnon castrum et villas de 
Podioviridi et de Uliola et dominium loci nominati de Puelles 
necnon et totam terram aliam castra et villas et mansos et 
omnia alia loca et jura jurisdictiones omnimodas poteslates vi- 
carias et dominia quecumque que predictus comes quondam 
habebat vel habere debebat lenebat et possidebat et possiderc 
debebat infra dictum comitatum et extra ubicumque necnon et 
totum vicecomitatum agerensem videlicet castrum et villam 
agerensem castrum de Monfort et castra et villas de Clara- 
mont de Miyla de Tartareu de Osso de Caslilione de Ivarcio de 
Montasor et de Buxo excepto violario quod in ipso loco de Bu- 
xo habet dicius Bernardus de Guardia et omnia alia castra et 
villas mansos loca et jura jurisdictiones omnimodas potestates 
vicarias et dominia quecumque que predictus comes quondam 
habebat vel habere debebat tenebat et possidebat et lenere et 
possiderc debebat infra dictum vicecomitatum et extra ubicum- 
que sub raodis tamen et formis supradictis prout plenius in 
instrumento ipsius venditionis nobis facto auctoritate preaicli 
A. de Gcrunda notarii publici XÍII kalendas seplembris anuo 
prediclo hec el alia contijueri noscuntur: Idcirco Nos Jacobus 



(75) 
Dei graüa lex predictus volentes in predictis ordinationem com- 
plere et servare comitis supradicti gratis et ex certa scientia ac 
volúntale spontanea per nos et nostros presentes et futuros 
damus et concedimus titulo perfecte et puré et irrevocabilis 
donationis ioter vivos vobis memorato infanli Alfonso filio nos- 
tro presenti et recipienti totum comitatum Urgelli videlicet 
civitatem Balagarii et castrum et villam de Albesia et castrum 
et villam de Menargis et castrum et villas de Linesola de Acri- 
monte de Pontibus de Montmagastre de Comeols de La Donzell 
de Viuves de Collfret de Tiurana de Uliana de Villaplana et jus 
quod predictus comes habebat in castro el villa de Altes nec- 
non castrum et villas de Podioviridi et de Uliola et dominium 
loci nominati de Fuelles necnon etiam totam terram et alia cas- 
tra villas mansos et omnia alia loca et jura jurisdictiones omní- 
modas poteslates vicarias et dominia quecumque que predictus 
comes quondam habebat vel habere debebat tenebat et possi- 
debat et teñera et possidere debebat infra dictum comitatum et 
extra ubicumque necnon et totum vicecomitatum agerensem 
videlicet castrum et villam agerensem et castrum de Monfort 
et castra et villas de Claramunt de Miylade Tartareu de Osso 
de Castilione et de Ivarcio de Montasor et de Buxo et omnia 
alia castra villas et mansos ac loca et jura jurisdictiones 
omnímodas potestates vicarias et dominia quecumque que 
predictus gomes quondam habebat vel habere debebat tenebat 
et possidebat et tenere et possidere debebat infra dictum 
vicecomitatum et extra ubicumque cum ómnibus nobilibus 
sive baroaibus militibus feudatariis seu castlanis et cum 
omuibus horainibus et feminis cujuscumque conditionis seu 
legis existant ibidem habilantibus et habitaturis et cum ómni- 
bus dominicaturis honoribus et possessionibus quibuscumque 
et cum terris ómnibus plantatis seu non plantatis heremis el 
populatis et cum montibus et planis garrigiis cumbis sive val- 
libus el cum fluviis rivis seu fontibus ademprivis talliis et 
collectis subsidiis atque questiis bovalico et monelatico et cum 
justiliis caloniis districtibus placilis firmamenlis et stacamen- 
lis et cum terliis bannis et faticis el cum mero imperio alquo 
mixto et cum ómnibus dominiis seu dominalionibus potcslati- 
bus (•( jmisdicliouibiis quibuscumqiio ( t cum lozdi'^ passngÜR 



( 7r. ) 

carnalagiis et mensuratico atquc pensó et cuín hoslibus exer- 
cilibus et cavalcatis et redemptionihus eorundem et cum pace 
el guerra et cum ómnibus redditibus exitibus fruciibus pro- 
ventibus obventionibus inventionibus sive trobis et cum deci- 
mis questiis et tertiis ac cum ómnibus terminis perlinentüs et 
adjacentiis ómnibus predictorum omnium et singulorum que 
vobis damus et cum ómnibus alus unirersis et singulis que nos 
ibidem habemus vel habere debemus aut possumus ratione dic- 
te venditionis nobis facte et que ibidem habebat prelibatus 
quondara comes et percipiebat et habere et percípere consuevit 
seu debuit quibuscumque modis juribus rationibus vel causis. 
Hanc autem donationem el concessionem facimus vobis pres- 
cripto infanti Alfonso filio nostro de predictis comitatu et vice- 
comitatu et alus terris castris villis locis et alus predictis sub 
modis et formis ordinatis per dictum quondam comitem in diclo 
suo ultimo testamento et alus etiam conditionibus et retentio- 
níbus infra contentis sicut melius dici potest et intelligi adves- 
trum et vestrorum salvamentum et bonuminlellectum: ita quod 
ea omnia ex predictis que dictus quondam comes tenebat et 
tenere debebat a nobis et nostris in feudum teneatis vos et ves- 
tri similiter sub premissa et infrascripta forma in feudum et 
ea omnia que idem comes tenebat et tenere debebat pro alo- 
dio vos et vestri similiter sub premissa et "infrascripta forma 
pro alodio teneatis. Et ne super bis que feuda sunt et hiis que 
allodia sunt ex predictis questiode cetero seu dubium valeatexo- 
riri certificati plenarie de predictis declaramus civitalem Bala- 
garii necnon castra et loca de Acrimonte de Albesia de Me- 
nargis et de Linesola esse feuda nostra sicque vos et vestri 
sub forma supra et infra declárala teneatis civitatem et castra 
seu loca ipsa a nobis et nostris in feudum: alia vero castra loca 
ville et alia supra dicta que et quas superius vobis damus sunt 
alodia et per alodium tenentur sicque vos el vestri ut supra 
et infra continetur ea omnia per alodium teneatis. Sub talibus 
tamen conditione retentione modo ct forma vobis donationem 
et concessionem predictam facimus et expresse nobis et nostris 
retinemus quod in predictis comitatu ct vicecomitatu ac castris 
locis villis etlerris etaliis supradiclis el singulissuccedant etsuc- 
roderedebcant vobis filius vel filii masculi expredicto raatrimo- 



(77) 
nio intor vos el diclain Theresiam conlrahendo procreandus 
seu procreandi ct de ipso matrimonio Olio vel flliis masculis 
non extantibus succedant vobis íilius vel filü masculus vel mas- 
culi si quera vel si quos ex alia matrimonio legitimo duxeritis 
procreandos. Si vero contigerit vos vel heredera aut heredes 
vestros el vestrorura heredura seu successorum quandocum- 
que descedere absque filio vel filiis másenlo seu masculis ex 
prediclo vel alio legitimo raatrimonio procréalo seu procrealis 
predicti comilatus el vicecomilulus etalia castra loca ville terre 
jurisdictiones eí dominia ac omnia alia et singula supradicla 
tan alodialia quam feudalia ad nos seu ad heredera noslrum 
el nostrorum qui pro tempore fuerit qui erit rex Aragonum et 
comes Barchinone libere et absque contradictione et irapedi- 
mento quolibet revertantur: et in hoc casu volumus et ¡ad hec 
nos et heredes nostros obligamus quod si ex predicta Theresia 
aut ex alio legitimo matrimonio filiara vel filias vos aut vestri 
heredes masculini sexus relinqueritis masculis non relictis nos 
et nostri teneamur et debearaus ipsas filias sive una sive plu- 
res fuerint in matrimonio juxta earum conditionem honorabi- 
liter enllocare in quo casu ut est dictum predicti comitatus et 
vicecomitatus et alia predicta omnia et singula ad nos et nostros 
ut predicitur libere revertantur. Preterea ex causa hujus dona- 
tionis et concessionis damus et cedimus vobis et vestris sub 
modis formis conditionibus et retentionibus supra' conten tis 
omnia jura nostra voces et actiones nobis ratione dicte vendi- 
tionis pertinentes et pertinere debentes in predictis que vobis 
damus et contra quascumque personas et res ratione eorum: 
quibus possitis uti agere et experiri in judicio et extra queraad- 
modura nos possemus ante hujusmodi donationera constituen- 
tes vos et vestros ut predicitur in hiis oranibus et singulis do- 
minos et procuratores ut in rem véstram propriam sub forraa 
superius expressata salvis tamen nobis et nostris in hiis que 
ut predicitur pro nobis tenentur in feudum potestate et potes- 
tatibus dominio ac dominiis et alus quibuslibet juribus in eis 
nobis perlinentibus ratione alodiarii dominií ac etiam polestatis 
el quod vos et vestri raasculini sexus ut predicitur prestetis et 
prestare tenearaini nobis el nostris pro predictis feudis homa- 
"iura ore el manibus secundum Uiíaticos Barchinone et Consue- 



(78) 
tudinos Calalonie. Teneamini otiam nobis el nostris vos oÁ ves- 
trí masculini sexus ut prescribitur daré irati ot pacaü de pre- 
dicüs feudis potestatem et potestates secundum predictos Usa- 
ticos Baichinone[et Consuetudines Catalonie quandocumque el 
quolienscumque eam vel eas duxerimus requirendas el alia 
eliam faceré et coraplere que in rebus feudalibus requiruntur 
per vassallum fieri domino feudi. Volumiis preterea ac eliam 
retinemus quod compositio sive redemptio olim facta inler nos 
ex parle una et dictum quondam comitem Urgelli ex altera 
super mero et mixto imperio et alia jurisdictione quorundum 
castrorum et locorum sil et remaneat in sua firmitale et ro- 
bore prout in carta inde facta nostri sigilli et sigilli etiam 
dicti comitis munimine robórala plenius continetur ita quod vos 
diclus infans Alfonsus et filius vestri el vestrorum masculini 
sexus sub predicta forma teneatis pro nobis et nostris perpetuo 
in feudum merum et mixtum imperium et aliam jurisdiclionem 
castrorum et locorum predictorum sicut lenebitis et tenere de- 
bebitis Balagarium et alia que pro nobis tenebilis in feudum 
queque superius declárala sunt prout in predicta carta compo- 
sitionis et transactionis plenius est expressum. Ad hec nos in- 
fans Alfonsus predictus confitentes sub virtute juramenli infe- 
rius per nos prestiti excessisse elalem XIIII annorura et ultra 
recipientes cum reverentia ét filiali subjeclione á vobis exel- 
lentissimo principe et domino domino Jacoboüei gratia rege Ara- 
gonum supradicto domino et paire meo carissimo gratiam do- 
nationem et concessionem prediclas cum modis forrais condi- 
tionibus et retentionibus supra scriptis ac eisdem ómnibus et 
singulis prout superius latius et clarius continentur consen- 
tientes expresse convenimus et promillimus vobis dicto domino 
regi presenil et recipienli et veslris modos formas condiliones et 
retentiones prescriptas attendere et complere ac perpetuo per nos 
ct noslros inviolabiter observare. Et hec omnia et singula jura- 
mus per Deum et ejus sánela IIII evangelia manibus nostris cor- 
poraliter tacta attendere et complere et in aliquo nunquam con- 
travenire el etiam pro prediclis feudis superius declaratis que 
a vobis teneraus et a vestris perpetuo tenere debemus nos et 
noslri sub modis formis conditionibus et retentionibus supra- 
dicüs facimus vobis de presentí homagium ore et manibus rom 



( 79) 
mondalum jiix(a Usalicos Barchinone el ConsueUidincs Caibalo^ 
nie. Ad hujus aiileni rei meraoriain et perpctuam íirmitatem 
facta sunt inde dúo consimilia instrumenta alterum habendum 
et tcnendum per antefatum dorninum regem et alterum ha- 
bendum et lenendum per dominum infanlem Alfonsum pres- 
ciiptum. Que sunt acta in civilate Ilerde in ecclesia Sedis civi- 
tatis ipsius dic dominica qua computabatur IV idus novembris 
anuo Doraini M.CCC.XIIII.— Sig>í<num Jacobi Dei gratia regis 
Aiagonum Valencie Sardinie et Corsice ac comitis Barchinone 
qui predicta laudamus concedimus et firmamus presensque 
instrumentum munimine bulle nostre plumbee jussimus corro- 
borari.— Sig>j<num infantis Alfonsi predicti qui premissa lau- 
damus concedimus et flrmaraus sigillumque nostrum appendi- 
cium huic instrumento jussimus apponendum. 

Premissis autem ómnibus fuit preseus inclitus dominus in- 
faps Jacobus memorati domini regis primogenitus.— Fuerunt 
etiam presentes testes reverendi ac venerabiles in Christo pa- 
ires G. Tarraconenssis \rchiepsicopus frater G. Episcopus lUer- 
densis ac frater Andreas Populeti et frater Petrus Sanctarum Cru- 
cummonasteriorum abbates nobiles Philippus de Saluciis G. de 
En tenca G. de Montecateno Otto de Montecateno Geraldus de 
Capraria G. de Angularia Berengarius de Angularia Bernar- 
dus de Angularia Petrus de Queralto Pontius de Ribelles G. 
de Erillo et milites Berengarius de Almenara Berengarius de 
Sánelo Vincentio G. de Sancto Vincentio Bernardus de Pera- 
mola Bernardus de Guardia Galcerandus de Curte Arnaldus 
de Azlor Gondisalvus Garcia Bernardus de Fonollario Petrus 
Pomar Acardus de Muro Petrus de Meylat Vitalis de Vilano- 
va Dalmatius de Pontonibus Berengarius de Rajadello G. de 
River Raimundus de Podioviridi G. de Sánela Columba et A, 
de Murello el A. de Gerunda ac quamplures alii in ipsius Se- 
dis ecclesia congregati. — Sigijinum mei Bernardi de Aversone 
dicti domini regis notarii et publici ttiam auctoritale sua per 
totam terram et dominalionem ejusdem qui predictis interfui 
et hec scribi feci et clausi loco die et anno prefixis. 



(80 ) 

Eii el mismo dia y poco después de hecha la donación, 
se firmaron los capítulos entre el infante y doña Teresa, 
la cual , con consentimiento de doña Elvira de Antillon, 
abadesa del monasterio de Casues, en el reino de Aragón, 
SQ tia, de don Guillen de Entenca , de don Guillen de 
Moneada, de don Guillen de Anglesola, don Ponce de Ri- 
belles, parientes suyos, y de Guillen de Valsenis, sacrista, y 
Pedro de Ayvar pavorbe de Huesca, tutores suyos, le dio 
en dote todos los castillos y villas tenia en el reino de Ara- 
gón y Valencia, exceptos la villa de Cestalgar, en Valencia, 
y los lugares y heredamientos de Navarra, que quedaron por 
entonces en poder de los testamentarios de su padre y 
abuelo, para cumplir el testamento de ellos. Heredó de 
su dote al hijo que nombraría de aquel matrimonio, y para 
testar se reservó cincuenta mil sueldos jaqueses, y no que- 
dando hijos, sino hijas, se reservaron los dos, para disponer, 
diez mil libras jaquesas. El infante le hizo esponsalicio de 
cien rail sueldos jaqueses, y que si muerto él, quisiera la 
mitad, que se la tengan de dar para poder disponer de ella 
á su voluntad, y no tomándola, ó tomando la mitad, vuel- 
van la otra mitad los herederos del infante, y para mayor 
seguridad de ellos, le dio los castillos y lugares de Castelló 
de Farfanya, Os y Tartareu. 

En el entretanto que el rey entendia en esto, doña Mar- 
garita, condesa de Foix, mujer que fué del conde Roger 
Bernat é hija de Gastón de Moneada, señor de Bearn, so- 
licitaba al rey que diese el vizcondado de Ager á su hijo 
Gastón y baronía de Moneada; y el rey, que estaba disgus- 
tado de él, no lo quería hacer, y ella enfadada se lo escri- 
bió de manera , que obligó al rey á que le dejase claro 



(81 ) 
que él giistariu que las acciones de su hijo fuesen talos (lue 
llegasen á merecer de gracia y por merced la baronía de 
Moneada, y que si por sus méritos no viene á ser me- 
recedor de su gracia y merced que le desea hacer, le cer- 
tifica que no dejará de hacer por via de justicia todo lo 
que deberá y fuese justo. Esto pasó á 28 de octubre de 
este año 1314; y el dia de santa Lucía, que es á 13 de di- 
ciembre de este mismo año, murió el de Foix, dejando tres 
hijos y tres hijas, que el mayor de todos no pasaba de siete 
años, y esto fué parte para que los demás pretensores disi- 
mularan, habiendo faltado el mas principal de ellos, y el 
infante gozó con mucha paz y sosiego del condado y de- 
más tierras tenia. 

Duró esta paz y sosiego hasta el año 1319, en que se 
movió la guerra entre el infante don Alfonso, de una parte, 
y Ramón Folc, vizconde de Cardona, Ramón y Guillen, sus 
hijos, Ramón de Cardona, señor de Tora, el conde de Am- 
purias y otros que pretendian ciertos castillos y pueblos del 
condado , que ya cuando murió el conde Armengol los 
quisieron cobrar, y ya por haber faltado el conde de Foix, 
que era el principal pretensor, ya por otras causas, aguar- 
daron hasta este año; y estaban ya desafiados todos los ca- 
balleros y ricos hombres, que seguian los unos las partes de 
los otros; y el infante don Alfonso se estaba en la ciudad 
de Balaguer , aparejándose para la defensa ; y el infante 
don Juan, su hermano, que habia por este tiempo sido ele- 
gido arzobispo de Toledo, puso entre ellos treguas de diez 
dias, y porque no se pudieron concertar de sus diferencias, 
el rey les requirió que cesasen de la guerra, y cuando no, 
procedería contra ellos según Usajes y derecho de Catalu- 
TOMO X. 6 



(8Í2) 
ña, sefiuladamente contra don Ramón de Cardona, [uimo 
del vizconde, que era muy valeroso y guerrero, que por es- 
te tiempo se fué á Italia, y su partida fué gran causa se 
concertasen sus diferencias, y mas, que este mismo año fué 
el infante don Alfonso jurado por primogénito y sucesor 
en estos reinos, y el de Cardona no quiso tener guerra con 
quien habia de ser su rey y señor. Dice Zurita que, por 
haber ido don Ramón de Cardona á servir otro príncipe, 
sin su licencia, el rey le quiso quitar las caballerías, y du- 
dando si lo podia hacer, el Justicia de Aragón le aconsejó 
que sí. 

El infante don Jaime, hijo primogénito del rey, estaba 
ya jurado en Aragón y Cataluña por inmediato sucesor del 
rey, su padre; y movido de nuevo fervor, declaró que no 
queria ser rey ni casarse, sino tomar el hábito de la or- 
den de 3Iontesa, recien fundada, y esto con grandes veras 
y resoluciones; y aunque el rey, su padre, hizo lo que pu- 
do y supo para apartarle de aquel propósito, hasta asegu- 
rarle que desde luego renunciaria en su favor el reino y se 
lo daria en mano, y se retiraria en el monasterio de Santas 
Cruces, pero no acabó nada: solo alcanzó con él que oyese 
misa con la infanta doña Leonor, hija del rey don Fernan- 
do de Castilla y de León, que habia venido para desposar- 
se con él, por haber ya muchos dias que este matrimonio 
estaba concertado. Oyeron misa en la villa de Gandesa; y 
al dar la paz, no quiso llegarse á ella, antes el rey, su pa- 
dre, se la dio, y él, luego que fué acabada la misa, se salió 
del lugar y se vino acompañado de algunos á un lugar lla- 
mado el Ledo, donde comió aquel dia, y el rey se quedó 
en Gandesa con la novia. Volvió otra vez á ofrecerle el 



( 85 ) 
reino; pero aprovechó poco, porque perseveraba en (juerel' 
renunciar la primogcnitura, como á la postre lo hizo, v 
doña Leonor se hubo de volver á Castilla, y después, comu 
veremos, por muerte de la infanta doña Teresa, vino á ca- 
sar con el infante don Alfonso, siendo ya rey de Aragón. 
El rey, desconsolado del desapego del infante, se vino á 
Tarragona, donde habia mandado convocar cortes, y á 23 
de diciembre de este año de 1319, en la iglesia de predi- 
cadores y en presencia de mucha nobleza que habia acudi- 
do allá, con auto solemne emancipó al infante, y él re- 
nunció la primogcnitura y absolvió á todos del juramento y 
homenaje que le habian hecho como á primogénito. Aceptó 
el rey esta renunciación, y luego tomó el hábito de la reli- 
gión de san Juan, porque ya que queria ser religioso, quiso 
el rey que fuese de una religión que profesase luego, y no 
se pudiese el otro dia salir de ella é inquietar estos rei- 
nos; y profesó luego en el mismo monasterio , en la ca- 
pilla de Santa Catalina, asistiendo el prior de Cataluña 
y muchos caballeros de aquella orden, en que perseveró 
poco tiempo, y se pasó á la de Montesa. Su manera de 
vivir, que después fué muy libre y poco compuesta, dio 
ocasión de creer que aquello que hizo no fué devoción, 
sino liviandad. 

Hecho esto, luego los prelados, caballeros y los que es- 
taban allá y se habian hallado en aquellas cortes, juraron 
el infante don Alfonso, que estaba presente, por primogé- 
nito, heredero y sucesor en los reinos , después de los feli- 
ces dias del rey, su padre, y le besaron la mano los infan- 
tes, sus hermanos, y los ricos hombres y demás que allí 
estaban, y dejó las armas é insignias de conde, y de aquí 



( 84 ) 
adelante se intituló Alfonso, del alto señor rey de Aragón 
primogénito y procurador general, conde de Urgel; y el 
año siguiente, á 15 de setiembre, fué jurado en Zaragoza, 
y entonces el vizconde de Cardona, como sabio y cuerdo que 
era, dejó las armas y no quiso tener guerra con quien ha- 
bía de ser su rey y señor. 

Poco antes de esto, domingo, á 5 de setiembre de este año 
1319, parió la infanta en la ciudad de Balaguer, en los 
cuartos bajos del gran palacio del castillo (así lo dice el rey), 
al rey don Pedro, que llamaron el Ceremonioso, y fué bau- 
tizado luego en el mismo aposento do nació, porque se te- 
mia de su vida, por haber nacido de siete meses, y pensa- 
ron que no viviria muchas horas: su padrino fué don Ot 
de Moneada, hermano de la reina doña Elizen de Moneada, 
que fué última mujer del rey don Jaime. Llamáronle Pe- 
dro , por devoción del apóstol y en memoria del rey don 
Pedro, su bisabuelo, y pasó siendo niño grandes trabajos, y 
él mismo escribe en su historia, que en un año mudó sie- 
te amas. 

Perseveraba todavía la condesa doña Margarita de Foix 
en la pretensión del vizcondado de Ager, y daba pública- 
mente quejas Contra del rey, y mas en la corte romana, don- 
de eraoida, y los que no sabian lo que habia de por me- 
dio juzgaban mal del rey; y él, por informar al papa de 
lo que habia en esto, le envió á Gerardo de Rocabertiyá 
don Juan López, arcediano de Calatayud, con orden que, 
cesando la condesa de sus quejas, disimulasen, y perseve- 
rando en ellas, informasen al papa, haciéndole sabedor de 
la donación, y falsedad habia en ella; y sobre esto les es- 
cribió largamente, á 5 de las nonas de mayo de 1320. 



( 8;; ) 

En este mismo año mandó el rey convocar cortes en la 
ciudad de Zaragoza, para que en ellas fuese jurado el inlante 
don Alfonso, su hijo, por primogénito; y juntos los prelados, 
caballeros, ricos hombres y los demás que suelen entreve- 
nir en ellas, en la iglesia de san Salvador, un lunes, á 15 
de setiembre, llamaron al infante don Jaime, que no vmo 
en ellas, y con información que se tomó de la renuncia- 
ción que habia hecho, juraron al infante don Alfonso por 
primogénito, heredero y sucesor de los reinos, y por rey, 
después de los dias de su padre, y él luego, con gran so- 
lemnidad, hizo juramento de guardar las libertades, privi- 
legios, fueros y costumbres y unión de los reinos de la 
Corona, para que de aquella hora en adelante no se se- 
parasen de ella. 

En estas cortes, y á 23 del mes de octubre, hizo el rey 
merced al infante don Alfonso del castillo y villa de Luna, 
que habia sido de don Ruy Giménez de Luna, caballero 
muy principal y rico hombre de Aragón. 

Habia muchos años que deseaba el rey entender en la 
conquista deCerdeña y añadir á su corona aquel reino é isla; 
pero reparaba, por no saber á quien encomendaria aquella 
gran empresa. Él en persona no podia ir, por ser viejo, y 
lo fué difiriendo hasta estos tiempos, en que lo encomen- 
dó al infante don Alfonso, su hijo, cuyo ánimo era aun pa- 
ra cosas mayores. Pertenecia esta conquista al rey, por con- 
cesión que en el año de 1297 le hizo el papa Bonifacio 
VIH, cuando el rey fué á Roma; y la tenian entonces los 
písanos usurpada. 

Fueron estas islas de los emperadores orientales, y en 
el año 720, los sarracenos de África, gente bárbara v fiera, 



( 8tí) 
ias sojuzgaron, poniéndolas á sangre y fuego, y profanando 
Codos los. templos de elUis con estraña crueldad: poseyé- 
ronlas hasta el año 730, que Luitprando, rey longobardo, 
los echó de ellas; y sus sucesores las poseyeron hasta los 
años de 774, que Cario Magno venció y prendió á Desiderio, 
rey do ellos, y dio la isla al pontífice romano. Entonces 
los pisanos pretendieron á Cerdeña, por estaren el mar 
Tirreno, de la provincia de Toscana, de que la ciudad de Pi- 
sa era cabeza; y también porque Phorcio, que fué el primer 
rey de aquella isla, era de la provincia de Toscana; y así 
se la usurparon contra voluntad délos pontífices, y la tuvie- 
ron hasta el año 1297, que el papa Bonifacio VIII dio la 
conquista de ella al rey don Jaime; el cual, aunque de- 
seaba mucho entender en esto y se lo solicitaba al rey ca- 
tólico de Ñapóles, por cuyas persuasiones pensaban los gücl- 
fos que el rey entenderia en ello, y también las señorías 
de Florencia y Luca, que estaban mal con la de Pisa; pero 
como esta guerra habia de ser contra los gibilinos, á quien 
su padre y hermano habian siempre favorecido, y. ellos le 
liabian favorecido en la conquista de Sicilia, y por otras 
razones, no quiso entender en ello por aquella vez. Sobre- 
viniéronle al rey tantas ocupaciones v negocios, que no le 
fué posible de muchos años entender en esto, como deseaba, 
hasta estos tiempos de ahora, que lo encomendó al infante 
don Alfonso, asegurado que habia de salir de ello como 
coníiaba. 

Es Cerdeña isla situada en medio del mar Mediterráneo: 
tiene al oriente á Italia, á mediodia á África, á poniente 
el mar Sardo y al septentrión la isla de Córcega : os en 
grandeza casi igual á la de Sicilia > aunque no lai» po- 



(87 ) 
blada: su ligura es tomo utiu suela de zapato; tieiK de cir- 
cuito 562 millas, según opinión de Bolero; tiene cabe sí 
cuarenta y cuatro islas, aunque todas despobladas. Está toda 
la isla rodeada de muchas y diversas torres, que á mas de her- 
mosearla, la guardan de turcos, moros y corsarios: su sitio, 
por la parte que mira á Córcega, es áspero y fragoso, y por 
la parte de África, llano: es toda ella abundantísima de trigo, 
y se saca con gran abundancia para España é Italia, y produ- 
jera mas, si mas se cultivara: cria mucho ganado y vino exce- 
lentísimo y aceite, todo en abundancia; tiene infinita caza, y 
hay muchos muflones, que no se hallan en otra parte, y dan 
muy grande provecho; no se crian allí lobos ni otros animales 
nocivos, salvo raposas; cria muchos caballos y jumentos; 
tiene sus minerales de oro y plata, salinas y baños de aguas 
calientes, y en el mar, coral finísimo en abundancia; des- 
cúbrense en ella muchas y muy grandes ruinas, que deno- 
tan lo que fué en tiempos pasados; tiene el dia de hoy tres 
arzobispados y cuatro rispados, y en tiempos atrás tenia 
mas: usan lengua propia ; Cáller es la ciudad metrópoli, 
do reside el virey y la corte ; y finalmente , después de 
Sicilia, es la mejor isla de todo el mar Mediterráneo. 

Tuvo el rey don Jaime muchas ocasiones de emprender 
esta conquista, y fué solicitado y rogado de muchos señores 
y repúblicas de Italia, que aborrecian los pisanos y desea- 
ban verlos fuera de ella. Ofreciéronle al rey dineros, navios, 
gente y todo el favor posible para ello; pero no lo aceptó, 
porque esta conquista la dejaba para sí solo, pues era po- 
deroso, ayudado de sus vasallos, para salir con ella; y resuel- 
to esta vez á emprender lo que otra habia escusado, convocó 
cortes álos catalanes en la ciudad de Gerona, y en ellas les 



' i 



( w ) 

(ííó cuenta de su pensamiento, pidiendo ayuda. Sirvióle todo 
el principado con el amor y largueza que suele, y el rey de 
Mallorca le sirvió con 20 galeras armadas y pagadas á su cos- 
ta, por cuatro meses, y los reinos de Aragón y Valencia hicie- 
ron lo mismo. El infante se vino á Barcelona y sacó el estan- 
darte real, con aquella solemnidad que solian cuando los reyes 
en persona salian á alguna guerra. Era mucha la prisa que da- 
ban el rey y el infante para la partida; y el rey se vino á Tor- 
tosa, donde estaba como en medio de sus reinos, para mejor 
acudir alas cosas de Cataluña, Valencia y Aragón; y queria 
que aquel verano, que era el del año 1322, se partiera la ar- 
mada; pero sobrevinieron estorbos que lo dilataron á la pri- 
mavera, y en el entretanto envió á don Dalmau, vizconde 
de Rocaberti, y á don Guillen de Rocaberti, su tio, Ber- 
trán de Castellet y Hugo de Santa Pau , con ciento ochen- 
ta hombres de á caballo y algunos almogávares, para so- 
correr á Hugo, juez de Arbórea, señor sardo, que solici- 
taba este viaje con grandes veras , porque los pisanos le 
querian mal y tenian usurpado lo mejor de su estado. Ha- 
bia entonces muchos mercaderes de Barcelona, Tarragona, 
Tortosa y Valencia y Otros lugares, vasallos del rey y del de 
Mallorca, que negociaban y trataban en tierra de pisanos: 
mandóles el rey notificar esta conquista, porque en tiempo 
se retirasen y pusiesen en cobro, y no fuesen empachados ó 
detenidos, negociando en tierras de pisanos; y aunque ellos 
fueron muy diligentes, pero no tanto, que no cogieran al- 
gunos. Hallo en memorias de estos tiempos que á Ramón 
de Valí, Guillermo Bastida, Bertrán de Valí y Arnaldo Bas- 
tida, mercaderes de Barcelona, cogieron diez mil ochocien- 
tas y dos libras trece sueldos dos dineros, moneda barce- 



(89) 
lonesa; y después los infantes don Alfonso y doña Teresa 
se los consignaron sobre la moneda que se batia en la seca 
de Villa de Iglesias , en la isla de Cerdeña: y parece en un 
registro del infante, con sus letras dadas en Balaguer, á 
3 de las nonas de julio, y con otras de la infanta, dadas en 
Teruel, á 6 de los idus de diciembre de 1326. 

Nombró el rey por almirante á don Francisco Carroc , 
varón muy experimentado en cosas de guerra y navales. El 
gasto que se le ófrecia al rey era grande, y aunque todos 
los reinos de la Corona le sirvieron de buena gana en lo 
que pudieron, pero no pudo ser tal el servicio, que bastara 
para pagar tan gran gasto: entonces se valió de los dineros 
tenian las albaceas del testamento del conde don Armengol, 
y en diversas veces les tomó prestados mas de cien mil suel- 
dos jaqueses, que aunque destinados para cumplir la vo- 
luntad del difunto, se los prestaban al rey de buena gana, 
porque con la misma daba orden "y cartas de donde pudie- 
ran ser pagados. Todo el condado le valió con grandes su- 
mas de dinero: Camarasa y Cubells sirvieron con nueve mil 
sueldos jaqueses, Santa Linya con mil, y asilos demás, se- 
gún la posibilidad de cada uno. Trató entonces el rey de 
vender la baronía de Entenga , del principado de Cata- 
luña, que pocos dias habia le dio don Guillen de Enten- 
ía, al arzobispo de Tarragona; y al de Zaragoza muchos lu- 
gares y rentas ae gran consideración. Las fiestas de Navi- 
dad pasó el rey en Tarragona, y estando aquí, mandó que 
los caballeros y ricos hombres y todos los que habian de ir 
con el infante se jufitaran en Port-fángós, que era un puer- 
to muy grande y capaz, que estaba á la boca del rio Ebro *• 
V era el mas frecuentado de toda Cataluña, muy acomodado 



(00 ) 
para recoger gente y vituallas, aunque después las avenidas 
del rio Ebro del todo le han cegado. De los reinos de 
Aragón, Cataluña y Valencia vino mucha gente noble: mu- 
chos nombra Zurita, y así los dejo. 

Esta armada dio no poco cuidado á todos los príncipes y 
estados de Italia, y mas al rey Roberto de Ñapóles; que 
aunque se publicó para Cerdeña, no lo quisieron creer, por- 
que estaban escarmentados del rey don Pedro, abuelo del 
rey, que habiendo publicado la conquista de África, salió 
con la de la isla de Sicilia. Los pisanos, señores de Cerde- 
ña, fueron los que mas temieron, y buscaron medios con el 
rey para que desistiera de lo comenzado y volviera sus fuerzas 
contra infieles. Sobre esto fué Vidal de Vilano va, caballero 
catalán, á Roma, á suplicar al papa no le estorbase aque- 
lla empresa, porque le pesaba que expeliese á los pisanos 
de aquella isla, y habia hecho todo lo posible para desviar 
al rey de aquel pensamiento, y aun le prometia pagar los 
gastos hechos, que eran muchos; pero nada fué bastante para 
que mudase de intento. 

Antes de partirse, nombraron los infantes por procura- 
dor general y gobernador del condado de Urgel y vizcon- 
dado de Ager y de todas su5 tierras y señoríos, á Ferrer 
Colom, del consejo del rey, que era canónigo de la Seo de 
Lérida y rector de la ciudad de Balaguer, y gobernó mu- 
chos años toda aquella tierra á gusto y satisfacción del rey 
y de los infantes, y con contento del pueblo, y perseveró 
hasta el año 1332, ó poco mas, que fué nombrado obispo 
de Lérida, y en su lugar sucedió Ferrerde Abel la, de quien 
después hablaremos. 

Estaba ya el infante en el mes de mayo en Barcelona, y 



( 01 ) 
desde allí, con veinte galeras y otros navios, pasó á l^ort- 
fangos, con la infanta doña Teresa, su mujer; y pocos dias 
después el almirante Francisco • Carro? , con veinte galeras 
armadas en Valencia y otras tantas del rey de Mallorca, 
sin muchas naves y bajeles que llegaban cada dia: y era tan 
grande y general el contento que todos tenían de esta em- 
presa, y acudia la gente en tan gran número, que fueron 
tres veces mas de los que pensaban, lo que es de maravi- 
llar, porque sabian todos que iban á una tierra mal sana y 
de ruines aires. Dice Ramón Montaner, testigo de vista de 
lo que pasó en esta ocasión, que quedaron en Port-fangós 
mas de veinte mil hombres de armas, por falta de bajeles. 
Asistieron á la embarcación el rey y la reina y los infantes 
sus hijos; y el rey, antes de embarcar, dijo al infante su hijo, 
que le encomendaba un privilegio que Dios, por su mise- 
ricordia, habia encomendado á la casa real de Aragón, se- 
llado con sello de oro, claro y limpio y no corrompido ni 
viciado, y era que el estandarte de ella jamás habia sido 
vencido, excepto una vez que, por culpa de quien lo llevó, 
se perdió: y dicen que lo dijo por el rey don Pedro, que 
murió en la guerra y fué por culpa suya, y le encargaba 
que lo volviese así como se lo habia encomendado, y que 
si diese batalla á sus enemigos, hiriese y acometiese el pri- 
mero, animosa y poderosamente, con intención determinada 
de vencer ó morir, repitiendo tres veces esta palabra: vencer 
ó morir. Y le advertía, que con el consejo é industria de 
un caballero acontecía muchas veces ganarse una batalla, y 
que antes que se diese , tuviese sus caballeros juntos así 
por tomar de ellos consejo, como por no privar al ausente 
do la gloria del vencimiento. Dicho esto, les dio subendi- 



( ^'2 ) 

dicion, y se lueron los infantes á embarcaren una nave tic 
Bernardo Ballestar y Arnaldo Ballestar, ciudadanos de Bar- 
celona, llamada Santa Eulalia. Fué esta embarcación á los 
30 de mayo, ó según dice el rey don Pedro en su historia, 
á 1 ." de junio de este año 1323, y el rey y reina les acom- 
pañaron hasta el navio en que habian de ir, y después se 
quedaron en la orilla del mar, hasta que los perdieron de vis- 
ta. Era esta armada de sesenta galeras y veinte y cuatro 
naves gruesas, que, juntas con los demás navios menores, 
llegaban á trescientas velas. Cinco dias después de embarca- 
dos, llegaron al puerto de Mahon, de la isla de Menorca, y 
allá estuvieron cuatro dias y tomaron refresco; y estuvieran 
mas, sino entendiera el infante que la señoría de Pisa en- 
viaba socorro á Cerdeña. A 9 de julio, á la tarde, que el 
tiempo estaba en calma, se salieron los infantes del puerto 
y se embarcaron en su nave, llamada Santa Eulalia, y se en- 
golfaron el dia siguiente: á 13 del mismo mes llegaron al 
cabo de San Marco, que está cabe Oristan, en la isla de Cer- 
deña ^y á los del consejo del infante pareció que pasase á de- 
sembarcar al puerto de Palma de Sois, y al pasar el estrecho 
que hay entre la isla de Cerdeña y San Pedro, se movieron 
vientos provenzales, y se perdió una de las galeras del rey 
de Mallorca, que dio en unas peñas, y se anegaron algunos; 
luego el dia siguiente fueron allá las naves y demás baje- 
les, y llegaron con próspero viento, y los que iban en ellas 
saltaron en tierra. 

Hugo, juez de Arbórea, con muchos caballeros de la isla, 
fueron á recibir al infante y juraron por señor de aquella 
isla al rey de Aragón, y para después de sus días, al infante, 
como á hijo y sucesor suyo : acordaron de poner sitio en 



( 95) 
Villa de Iglesias, que era'cl lugar de donde recibian mayor 
daño las tierras del juez de Arbórea, y el almirante con 
veinte galeras se fué á Caller, donde estaba el vizconde de 
Rocaberti, su primo hermano, que dias habia que con dos 
rail infantes y dos cientos caballos, tenian puesto sitio á la 
ciudad de Caller ; porque, como dije, se habían embarcado 
muchos dias antes que los infantes, y habian pasado con na- 
ves; y estos con la venida del almirante apretaron brava- 
mente la ciudad y el castillo, no obstante que dentro habia 
trescientos caballos y diez mil infantes. La demás armada 
pasó á la playa de Canyellas , que dista dos millas de 
Villa de Iglesias, y aquí se desembarcaron los trabucos y 
demás máquinas de batir. Dividió el infante sus gentes en 
sus estancias para combatir la villa; dióse el primer com- 
bate á 6 de julio, aunque lo llevaron mal los nuestros, por- 
que la cava era mas ancha y honda de lo que pareció á 
los que la reconocieron. Estando aquí el infante, vinieron 
Hugo, juez de Arbórea, y otros caballeros de la isla, y pres- 
taron homenaje por los lugares que tenian en ella, y el de 
Aíborea prometió tres mil florines de oro de censo, paga- 
deros el dia de san Pedro y san Pablo, y ochenta mil para 
el gasto de la conquista del reino. Tuviéronse inteligencias 
con los de Sácer, que prometieron que luego, en llegando 
la armada, se rendirían, y así lo cumplieron. El cerco de 
Villa de Iglesias perseveraba, y á 20 de julio se dio un 
recio combate y murieron muchos de ambas partes, y la 
estrecharon de suerte, que no podia entrar socorro dentro, 
y rompieron los arcaduces por donde entraba el agua. Rin- 
dióse poco después de esto el castillo de Ullastre: comba- 
tieron también el castillo de Terranova, aunque no le pu~ 



( 9^4 ) 

üieron ganar mas de una torre. Pasó el almirante con las 
galeras á Córcega; pero porque el invierno entraba y aquel 
mar era poco seguro, se volvió á Cerdeña , do llegaron 
treinta y cinco galeras de písanos, para socorrer el castillo 
que tenia cercado el vizconde de Rocaberti; pero temiendo 
nuestras galeras, se retiraron, sin hacer lance alguno. 

Tiene la isla de Cerdeña, en algunas regiones de ella, 
unos aires tan mal sanos y poco saludables, que obligaron á 
los que no habian experimentado lo bueno que hay en ella, 
por haberles luego probado mal aquel cielo, á darle nom- 
bre de ínsula pestilente; pero siendo cierto que ella de sí 
no lo es, y que si algún pedazo de ella tiene mal clima, lo 
demás de la isla lo tiene bueno, sano y saludable, por do 
ha venido á perder aquel mal renombre; y al infante y á 
su gente los trató tan mal, que llegaron á punto de quedar 
él y la infanta solos, porque, por corrupción del aire, re- 
crecieron en el verano grandes enfermedades y dolencias 
en el ejército, que apenas quedó persona que no enferma- 
se: siguiéronse grandes mortaldades; perecieron muchos ca- 
balleros y personas de cuenta y gente ordinaria, tanto, que 
ya no habia quien hiciese guarda, ni aun quien enterrase 
los muertos. A 21 de setiembre adoleció el infante de 
tercianas, y eran de tan mala especie , que apenas pasaba 
dia sin calentura. Adoleció también la infanta, y le murie- 
ron todas las doncellas que con ella habian pasado, y hu- 
bo de tomar de las naturales de la isla y otras estranjeras. 
Fué tan constante el infante en estos infortunios, que jamás 
ijuiso salirse del Real, aunque los médicos se lo aconseja- 
ban; antes bien cada dia, aunque tuviera calentura, salia 
armado. Murieron también la mitad de la gente de la ar- 



( 95) 
mada, y de los que ([uedurori, ninguno se escapó de en- 
fermedad ó dolencia, hasta punto de venir á morir. 

Duró esto todo aquel estío y primavera y una parte del 
invierno, que fué muy lluvioso y frió; y fué tal la corrup- 
ción engendrada de los cuerpos muertos, que engendró una 
gran inficion. Estos trabajos y enfermedades sentían no me- 
nos los de Villa de Iglesias , á mas de la gran hambre 
(|ue padecían, que llegó á punto de valerse para el sus- 
tento, de los animales que morían y de todas las sabandi- 
jas que podían haber. Echaron fuera las mujeres, niños y vie- 
jos; pero el infante les mandó volver dentro, y de cada día se 
iba estrechando el cerco. Concordaron á la postre, que si 
á 1 3 de febrero no eran socorridos de los písanos, cuya ar- 
mada se publicaba ser de cincuenta galeras, entregarían la 
villa, como lo hicieron seis días antes del plazo, porque 
ni los písanos acudieron , ni ellos podian aguardar mas. 
Los soldados de Villa de Iglesias se pasaron al castillo de 
la ciudad de Cáller, porque así se lo permitió el infante, 
por haberse tratado, y la villa quedó por él, y conocieron 
á la clara el punto á que habían llegado los cercados , por- 
que entrando el infante en ella, no halló cosa que comer, 
ni rastro de ella. Fué tomada esta villa después de siete 
meses y diez días de cerco, en que padeció el infante in- 
creíble fatiga y trabajo, asi en las muertes de tan princi- 
pales caballeros que allá murieron, como también en las 
discordias y motines hubo en los suyos, que no le costó 
menos trabajo el asosegarles, que el conquistar la isla, á 
mas de los sustos que cada día le daba la armada de los 
písanos, que por momentos aguardaban, y estar tan lejos 
el socorro que le podía venir. Eran cosas estas que junta^ 



( 96 ) 
reciamente le atormentaban el corazón; y dice un autor ita- 
liano, que todo el buen suceso del infante consistió en que 
una armada de cincuenta ^ dos velas, que salió de Pisa á 
25 de enero, no pudo llegar , por tiempo contrario ; an- 
tes se detuvo en Elba hasta 1 3 de febrero , que era el 
dia en que se habia de entregar Villa de Iglesias, si no era 
socorrida. Entre otros hombres de cuenta que murieron 
en este cerco, fueron: don Gombaude Benavent, don Dal- 
raau de Castellnou, don Guerau de Rocaberti, don Gilaber- 
to de Centelles, don Pedro de Queralt, don Ramón Be^ 
renguer de Cervelló, don Ramón Alamany, don Galceran 
de Santa Pau y don Ramón de Cardona. 

Estando el infante don Alfonso sobre Villa de Iglesias, 
juntaba el rey don Jaime todas las galeras le eran posibles 
para enviar socorro, porque sabia muy bien las enferme- 
dades y muertes habia en el ejército y cuan disminuido que- 
daba de gente. Mandó poner tabla de acordar, que es lo 
que decimos tocar atarabores , arbolar banderas y hacer 
gente; juntó veinte galeras, ocho en Borcelona, ocho en 
Valencia, dos en Tortosa y dos en Tarragona; tomó pres- 
tados muchos dineros, y en particular se valió de los con- 
signados á los testamentarios del conde don Armengol. Ra- 
món Montaner dice que él, en compañía de Jaime Escrivá, 
cuidó de armar las ocho galeras de Valencia: fué toda la 
armada á Barcelona; nombró el rey por capitán á Pedro 
de Belloch, caballero catalán, y de esta vez se embarcaron 
muchos caballeros de los mas mozos, ricos y principales 
de estos reinos, que pasaron allá con gran amor y gana, 
por lo que debian á su naturaleza, y porque el rey y el in- 
fante tenian gran cuidado de gratificar á todos los que pa- 



( 07 ) 
saban á esta conquista y á los hijos de los que murieron 
en ella. 

El conde Gastón de Foix, hijo de la condesa doña Mar- 
garita de Bearn , por estos tiempos vino á Barcelona á 
visitar al rey don Jaime, pensando ser desagraviado de la 
injusticia que él dccia hacérsele en el derecho tenia en e! 
condado de Urgel, vizcondado de Ager y baronía de Mon- 
eada; y pretendía casar con la infanta doña Violante, hija 
del rey, que después casó con el príncipe de Taranto; y 
aunque era gran señor y de gran linaje, pero era mucho 
lo que pedia, y así no hubo lugar aquel matrimonio. 

Después de tomado el castillo de Villa de Iglesias, se 
detuvo en él el infante siete dias, y acordándose de la mer- 
ced le habia Dios hecho, y en memoria de Santa Eulalia 
de Barcelona, cuya invocación estaba en la nave en que 
pasó, mandó edificar en él una capilla so invocación de 
esta santa , y mandó que de su tesorería se pagasen cada 
un año cincuenta libras alfonsinoriim minutorum á un clé- 
rigo que asignó para el ministerio de aquella, fundando un 
perpetuo beneficio ó prebenda. Entonces dio á la infanta 
de por vida el castillo y villa, y ella se quedó en ella con 
doscientos hombres de á caballo por guarda. Partióse pa- 
sados los siete dias á Cáller, no sin algún enfado, porque 
su gente no quería entender en el cerco de aquella ciudad, 
que primero no quedasen pagados de lo que se les quedaba 
debiendo; y el infante prometió que no se pondria asedio 
ni á esa ni á otra plaza antes de ser pagados , salvo si 
gente estranjera viniera en socorro del castillo. Detúvose 
ocho dias en un lugar llamado Sálico, que dista cuatro le- 
guas de Cáller, reparando su ejército. En este tiempo lie- 
TOMO X. 7 



(98) 
gó la armada que habla salido de Pisa, y llevaba cuatro- 
cientos hombres de á caballo, entre tudescos é italianos 
(Montaner dice ochocientos, y dos mil ballesteros y otra mu- 
cha gente de guerra), y llegaron á un lugar del golfo de 
Cáller, llamado Cabo Tierra , y aquí supieron que Villa de 
Iglesias estaba presa, y que la ciudad y castillo de Cáller 
estaban apretados, y así fueron á socorrerle. Sabida su ve- 
nida, á 24 de febrero, el infante pasó á poner su real so- 
bre ella, y mandó armar veinte galeras, y por falta de gen- 
te no le fué posible: mas, que las del rey de Mallorca se 
eran vueltas. Presentáronse ante de la armada pisana, y á 
dos tiros de ballesta pararon, aguardando qué harían, y vie- 
ron que toda la armada enemiga pasó á un lugar que se 
llamaba Santa María Magdalena, donde lomaron tierra y 
sacaron los caballos y alguna gente. El infante, que habia 
saltado en tierra, mandó á unos jinetes que les siguiesen 
mirando el camino que llevaban; y conocieron que venian 
hacia el real del infante," y que á 28 de febrero habian 
llegado á un lugar llamado Décimo , y que se les habia 
juntado gran número de gente de la isla, y eran mas de seis 
mil hombres. El infante , después de tomado consejo de 
lo que habia de hacer, les salió al encuentro, sin darles lu- 
gar, ni de rehacerse, ni descansar de la fatiga del mar. El 
almirante Francisco Carro? quedó con las galeras en defen- 
sa de las naos que habia en el puerto y en guarda del 
real, que estaba junto del castillo, donde habia también 
doscientos caballos y muchos hombres de á pié que habia 
dejado el infante en guarda de él, y él con lo mejor de 
su gente, que eran cuatrocientos hombres de armas, y 
rionto cincuenta á la lljera y dos mil infantes, los mas de 



( 99 ) 
ellos almogávares, que entre todos serian dos mil quinien- 
tos cincuenta hombres, porque los mas estaban enfermos é 
imposibilitados de tomar armas, salió el primer dia de cua- 
resma del lugar de Buen Aire, y tomó un lugar por donde 
habia de pasar el ejército de los písanos, que; según habían 
dado aviso los jinetes, no estaban muy lejos. Ordenó e! 
infante sus escuadrones con gran destreza, y lo mismo hi- 
cieron sus enemigos; y en un campo raso llamado Lugo 
Cisternas se encontraron los dos ejércitos. Súpose por cosa 
cierta que el general de los písanos, aconsejado de un ca- 
ballero tudesco llamado Horigo, que habia salido de Villa de 
Iglesias y conocía muy bienal infante, escogió doce caballe- 
ros, los mejores de todo el ejército, y entre ellos á este 
tudesco, á fin deque estos solo atendiesen á matar ó pren- 
der al infante; y los nuestros, aunque no sabian el intento de 
los písanos, escogieron diez hombres, los mejores de todos, 
que solo cuidasen de la persona del infante y del estardarte 
real, sin jamás partirse de su estribo. Los doce písanos, 
luego que descubrieron el infante, le embistieron; y él, co- 
nociendo al mal intento que llevaban, con su lanza dio tal 
golpe al primero, que cayó alli muerto; y luego echó mano 
á una maza de armas, y á otro que venía hacia él, le dio 
tal golpe en la cabeza, que le rompió el yelmo y los sesos le 
salieron por las orejas; y llegándosele los demás, mató tres 
de ellos, é hiciera lo mismo de los otros, sino se le rom- 
piera la maza; y los siete que quedaron le mataron el ca- 
ballo, y el infante vino á tierra y echó manoá la espada 
que llevaba, y con ella peleó muy buen rato, defendiéndose 
de los enemigos, hasta que se le rompió (así lo dice Ra- 
món Montaner), y entonces echó mano de un puñal (que 



( 100 ) 
aquel autor llama bordón) que llevaba ceñido, y con él pe- 
leó. En este primer encuentro, lodos los pendones de los 
ricos hombres vinieron en tierra, (excepto el de Guillen de 
Cervelló); y el del infante, que llevaba don Giménez de 
Urrea, aragonés, también cayó, y un caballero de los ene- 
migos le tomó; y aquí fué una brava batalla, do pelearon 
todos animosamente, los nuestros por cobralle, y los ene- 
migos por dcfendelle; y el infante se puso en medio de la 
fuerza y poder de los contrarios, y perseveró allí, peleando 
con su puñal valerosamente, hasta que con ayuda de los su- 
yos le cobró y encomendó á Bernardo de Baxadors, caballe- 
ro catalán muy principal, que fué tres veces virey del rei- 
no de Ccrdéña. Este dio al infante su caballo, y subió en 
él, y se volvió á mezclar con la gente, y los siete caballe- 
ros que habian quedado de los doce se presentaron de- 
lante de él, y arremetió con su bordón á Horigo, caballero 
tudesco, y se lo metió en los pechos, y cayó muerto. Sus 
compañeros quisieron huir; pero diéronles alcance y queda- 
ron muertos, y de los doce, los siete murieron á manos del 
infante, el cual tomó una lanza y arremetió al general de 
los pisanos, y le dejó muy mal parado, y de aquel punto 
comenzaron los enemigos á huir, mostrándose vencidos. Fué 
grande el daño que recibieron en este dia, y murieron 
mas de mil doscientos de ellos , unos degollados, y otros 
anegados en un estanque que allí junto estaba, y los que 
quedaron, se recogieron en el castillo, y con ellos Mamfre- 
do de Donorático, su general, que, aunque vivió algunos 
meses, á la fin de este año murió, quien dice de enferme- 
dad, quien de las heridas que recibió. 

Es cierto que fuera muy mayor el daño que recibierou 



( 101 ) 
los enemigos en el alcance, si no se detuvieran los niuístros 
con el infante, que de una herida en las sienes y junio la 
oreja, perdia mucha sangre; y con todo fué el postrero que 
salió del campo, peleando con los enemigos, y vengándose de 
la herida que habia recibido, con grande ánimo y coraje. Aca- 
bada la batalla y reconociendo los muertos, hallaron solo 
haber muerto seis caballeros y seis soldados ordinarios: man- 
dó entonces el infante ahorcar á un soldado que habia hui- 
do á Villa de Iglesias, y habia publicado que el infante que- 
daba muerto y vencido, y causó en la infanta gran senti- 
miento, y en aquel pueblo mucha alteración y peligro de 
algún movimiento. 

Todos los autores cuentan esta batalla por muy señalada, 
así por el valor de los capitanes y personas de cuenta que 
en ella se hallaron, como por el singular esfuerzo y valen- 
tía del infante, al cual, á mas de la dicha herida, en solo 
el gorjal (gorgnera la llaman hoy) se le contaron diez y 
nueve señales de heridas, y el rey don Pedro, su hijo, que 
en su historia cuenta esta batalla, dice, que cuando cayó 
su estandarte en tierra y se le quebró la lanza , echó mano 
á su espada, llamada Vilardell, y con ella los venció é hizo 
huir. Era esta espada muy notable, y por decirse de ella 
cosas singulares haré luego mención particular de ella. 

El infante, en memoria de la merced que Dios le habia he- 
cho y victoria tuvo aquel dia, mandó edificar en aquel campo 
de Lugo Cisternas, en el mismo lugar donde le mataron el 
caballo, y sino por Bernardo de Boxadors y demás que le 
socorrieron, muriera, una capilla en honor de san Jorjc, 
patrón y tutelar de la casa real de x\ragon, y fundó en ella 
una capellanía, con obligación de decir cada dia perpetua- 



(102 ) 
mente en ella misa rezada; y á 12 de las calendas de noviem- 
bre de 1324, estando en Zaragoza, mandaron los infantes á 
Guillermo de Rivo, su camarlengo, que de los dineros de su 
casa y corte pague lo necesario para el sustento de un cléri- 
go que celebre en ella misa, y de un monacillo que la sirva 
continuamente. 

El almirante, que habia estado, mientras duró la batalla, 
con sus galeras en guarda de la armada pisana, impidiéndo- 
les no sacaran gente en tierra, salió contra ella; pero no 
quiso aguardar, y dejaron muchos navios cargados de vitua- 
llas y municiones; y el infante, continuando su buena fortu- 
na, se fuó al fuerte que tenian los suyos sobre Cáller, y 
allí mandó labrar un castillo y villa, que llamaron de Buen 
Aire, y tuvo cercado al de Cáller por mar y por tierra, 
donde casi todos los pisanos que habian escapado de la ba- 
talla se habian recogido. 

Fué costumbre de capitanes y hombres famosos en el 
arte militar tener, para su servicio, armas ó instrumentos 
bélicos muy aventajados y singulares, usando de ellos en 
las ocasiones, confiando no solo desús personas y esfuerzo, 
mas también de los instrumentos habian de servirse, esco- 
giéndoles buenos, fuertes y esquisitos, y tales, que no faltán- 
doles á ellos el ánimo, menos faltasen sus armas, porque 
¿qué importa ser el hombre valiente, si en la mejor ocasión 
la espada y lanza se le rompen, y el arcabuz revienta y el 
mosquete hace falta, y desarmado, queda vencido del ad- 
versario, <}ue las mas veces le será inferior en fuerza, in- 
dustria y experiencia del arte militar? Por no venir á esto 
los príncipes, de cuja salud y vida, si son buenos, depende 
<^1 bien público, escogen tales armas, que en ocasiones aprc- 



( 105 ) 
tadas, lio solo no les hacen falta, mas aun con ellas vencen 
y rompen las de los enemigos. Eran, por esto, las armas de 
esta especie mas estimadas de ellos que sus joyas, porque 
estas solo les adornaban las personas, y aquellas les guar- 
daban la vida y reputación, que vale mas que todos los te- 
soros del mundo. Buscaban las de los artífices famosos y maes- 
tros insignes : estos en la fábrica de ellas observaban los 
astros y movimientos celestiales, teniendo cabe sí en sus 
oficinas astrólogos que les avisaban del tiempo y hora en 
que los planetas y signos celestiales predominaban á los me- 
tales de que se labraban , y tanto cuanto duraba aquella 
constelación, se trabajaba en ellas, y acabada, cesaba la 
obra hasta otro tiempo semejante; y por esto las llama- 
ban armas de constelación, y aventajaban en muchas cosas 
alas demás, ya por la fineza del metal, ya por la fuerza 
de las estrellas que en la obra de ellas predominaron: por 
esto eran de subido precio y valor, y solos los príncipes las 
alcanzaban, por ser ellos poderosos para pagar las hechuras 
y gasto se ofrecía en tales fábricas. Era la virtud y bondad 
de ellas natural, como lo son las que se templan con las 
aguas de algunos nos de Galicia, que salen muy buenas, 
grandes cortadoras y muy seguras (sin concurrir ni pactos 
tácitos ni esplícitos con el enemigo del linaje humano): con- 
sistía la bondad de estas en que eran, sin comparación, 
mas fuertes y cortadoras que las demás, y al golpe de ellas 
quedaban rompidas las otras como si fuesen de vidrio ó 
palo, y así mismo las lanzas y picas pasaban cualquier ar- 
madura de hierro como si fuera de plomo, estaño ó car- 
tón; porque el acero de ellas era muj fuerte y de mejor 
temple que las dichas armas defensivas, que á la punta de 



( lOi ) 
aquellas no podian resistir. En los duelos, (jue en aipellos 
tiempos tan usados eran, no era lícito á ninguno de los due- 
I antes llevar tales armas, antes habian de jurar que no las 
llevaban, y llevándolas alguno de ellos, aunque venciera, 
ni quedaba vencedor, ni el otro por vencido, ni el tal due- 
lo valia, antes el vencido quedaba con la misma honra y 
reputación en que estaba antes; y por esto dice fray Fran- 
cisco Eximenez, que habian de jurar que no llevaban ar- 
mas que tuvieren virtud, entendiéndolo de estas armas, que 
el vulgo llamaba armas virtuosas; pero fuera los desafíos, 
era lícito á cualquier rey ó capitán, y á los que las te- 
nían, llevarlas, así para ofender al enemigo, como para de- 
fender sus personas ; porque como no eran conocidos los 
mosquetes, arcabuces y demás armas de fuego en las ba- 
tallas, se llegaba muy á menudo á pelear con espada y lan- 
za, cosa que en nuestros dias acontece raras veces. La 
espada de mejor fama y estimación era la que llamaban 
de Soler de Vilardell, que fué de los reyes de Aragón, y 
trabajaron mucho para alcanzarla y la estimaron como una 
de sus mas preciosas joyas. 

El principio ó lo que se sabe de ella, es lo que diré. 
Habia junto al lugar de San Celoni, que está entre Gerona 
y Barcelona, un dragón ó serpiente de cstraña grandeza v 
mayor ferocidad, que no solo tenia aquella comarca consumi- 
da y acabada, mas aun nadie osaba pasar junto á ella, por 
evitar los notables daños recibian de aquel monstruo. In- 
tentaron muchos de matarlo, pero fue vano su intento : 
antes quedaron los mas muertos. Salió este Soler de su ca- 
sa una víspera de fiesta, para ir á cortar rama á un bosque, 
y topó coa un pobre que le pidió limosna: para dársela, su- 



( i05 ) 
bió á su casa , y por ir mas lijero , dejó una espada que 
llevaba al umbral de su puerta, y cuando bajó con la li- 
mosna, ni halló al pobre, ni á su espada, sino otra en el 
mismo lugar que habia dejado la suya. Desenvainóla, y re- 
conociéndela por buena, dio un revés á un árbol que ha- 
lló á mano, y le rompió como si fuera una caña. Admiró- 
se de la bondad de ella, y juzgó que milagrosamente le ha- 
bia venido y se la habia dado el cielo, para obrar algún 
hecho maravilloso: acordóse del fiero dragón que infestaba 
la tierra, y creyó ser aquella espada la que le habia de dar 
muerte; y aconsejado de personas sabias, encomendando á 
Dios la empresa, salió á matar el dragón , y por mejor 
asegurarse de la bondad de la espada , dicen que dio 
con ella en una peña que halló en medio del camino, y 
Ja partió, y se vé el dia de hoy junto á la villa de San Ce- 
loni, y es tradición que lo que falta de ella fué cortado con 
esta espada. Continuó su camino muy satisfecho con la 
prueba habia hecho, prometiéndose mil felices aventuras: 
llegó donde estaba el dragón, y topando con él, le dio tan 
recia cuchillada, que le partió por el medio y le dejó muer- 
to. Contento de la victoria, volvió donde le aguardaban los 
suyos, y alzando el brazo derecho en que llevaba la espada 
para mostrársela, algunas gotas de aquella venenosa sangre, 
con que estaba mojada la espada, cayeron por el brazo y se 
lo hincharon de manera, que dentro de pocos dias murió. 
Quedó con esto tan acreditada aquella espada, que era co- 
diciada de muchos príncipes, que la desearon comprar, y 
su dueño jamás la quiso poner en precio, estimándola como 
á cosa única y singular. El rey don Pedro, hijo del rey 
don Jaime el primero, siendo infante, !a quiso comprar, y 



( km; ) 

daba por ella cuatrocientos sueldos barceloneses de tor- 
no, de renta perpetua á su dueño, que por aquellos tiem- 
pos, que era antes del^ño 1276, era un ^an precio. No 
se la quiso vender, antes en su testamento la vinculó en- 
tre sus herederos, y eran tan celosos de ella, que, una vez 
que la prestaron, les fué asegurada por setecientos morabati- 
nes, y otra vez por mil quinientos, y con razón, por ser 
única en el mundo. Después vino en manos de los reyes de 
Aragón, por las muchas diligencias hicieron por ella, y el 
primero de los reyes de Aragón que la llevó (según lo que 
he hallado) fué el infante don Alfonso, que, como vimos, 
sirviéndose de ella, salvó su vida y reputación en la isla y 
reino de Cerdeña. Después de él la poseyó su hijo, el rey 
don Pedro, que, como gran soldado y conociendo el valor 
de ella, en su testamento, hecho á 14 de mayo de 1370, 
ante Juan de Conesa, su secretario, después de haber man- 
dado vender su recámara , exceptuó de ella algunas joyas 
preciosas , y una de ellas fué esta espada, y dícelo de esta 
manera: Excipimus lamen inde vexülam deauratam que nos- 
tro servilio est continuo deputala el de qua supra ordinavimus 
et unum salerium quod vocatur Castrum Amoris el qualuor 
flascones argenti el omnes amdos áureos lapides preliosos sivc 
sinl incaslati sive non et quinqué enses quorum unus vocatur 
Sancti Marlini alius de Vilardello alius Tison el islum habet 
jam nosler primogenitus ex largitione riostra cum eum militari 
auxilio duximus decorandum alius Triveta alius Clárela nec 
non tabulamde Cistallo etc. 

Después de muerto el rey don Pedro, no hallo mas me- 
moria de ella, aunque es cierto que sus hijos la estimarian 
por lo que ella era, adornando con esta y las demás sus 



( i07 ) 
armerías. En el archivo real de Barcelona, en un registro 
del rey don Jaime el primero, del año 1270, fol. 197, he 
visto una sentencia que dio aquel rey, en que declara mal 
hecho un duelo en que Bernardo de Centellas venció 
á Bernardo de Cabrera , por haberse probado que el 
vencedor llevaba esta espada: es muy larga aquella senten- 
cia, y contiene muchas cosas tocantes al uso de estos maldi- 
tos desafíos, que tan introducidos estaban en el mundo; 
pero para confirmación de lo que he dicho , referiré dos 
cláusulas de ella, la una sacada de la petición ó querela 
que dio el Arnaldo de Cabrera contra el Centellas , que 
está insertada en la misma sentencia, y dice de esta manera: 
ítem denunciat vobis dictus Arnaldus dicens qiwd contra sa- 
cmmentum de quo mpra dixk dictus Bernandus filius Ber- 
nardi de Sciníillis porlavit ensem de Vilardello qui quidem 
ensis habet virtutem ut nullus succumbere vel superari possit 
qui illum in helio detulerit et si ponitur in aliquo loco etc. 
ítem habet alias virtutes multas per quem ensem ipse Bernar- 
dus de SciniiUis oblinuit in sua inlentione etc. Y después dice: 
quare Nos Jacohus rex predictus etc. Quia constat nobis per 
ea que acta sunt dictas denunciantes in dicto helio Ulicite pro- 
cessisse intromiltendo arma illicita et prohibita et eliam virtuosa 
ut evidens et publica probat fama videlicet ensem de Vilarde- 
llo de cujus introductione nobis constat per confessionem dicli 
Bernardi de Scintillis senioris qui ensis ut haberetur fuit as- 
securatus pro septingentis morabatinis pro quo eliam ensein- 
fans Petrus filius noster voluit daré quadringenlos solidos Bar- 
chinone de temo in redditus annuales quem ensem, dominus 
ejus daré noluit aliquo pretio immo expresse prohibuit illum 
vemli: fidl etiam etc. Y después acaba: Quia quidquid in 



( 108 ) 
islo helio vel cjus occasione vel causa faclum est quia consíat 
nobis illicileet indebite faclum esss pronuníianius penitus non 
valere. Y hablando de esta espada fray Francisco Eximenez, 
del orden de San Francisco, que fué obispo de Elna y pa- 
triarca de Jerusalen, contemporáneo del rey don Pedro el 
Ceremonioso áe Aragón, dice en el libro 12, capítulo 44; «Y 
en los archivos del señor rey de Aragón que hoy reina es 
la espada de Vilardell, famoso caballero, con la cual mató 
aquella gran serpiente de San Celoni, que salia á matar los 
hombres en el camino; y otras espadas de gran virtud tie- 
ne el dicho señor, según me ha dicho persona de consi- 
deración de su reino». 

No era sola esta espada, porque hallo memoria de otras 
que eran tenidas en la misma estima y aprecio: de este 
jaez era la que llamaron Tizona, que fué del Cid, y des- 
pués la llevó el rey don Jaime en la conquista de Valen- 
cia, y dice Beuter de ella, que fué de maravilloso tem- 
plamiento , y que no habia que temer que se quebrase 
por cortar hierro ni acero, y se la hablan traido de Mon- 
zón, donde estaba colgada sobre el sep ilcro de un caba- 
llero templario , cuya habia sido ; y dice el rey, que la 
tenia por venturosa y era muy preciada en aquellos tiem- 
pos, y dice el mismo autor, que aquella espada quedó col- 
gada sobre el sepulcro del rey hasta sus tiempos; pero 
yo entiendo que en lugar de ella pusieron otra por me- . 
moria, porque la Tizona vino á poder de los reyes suceso- 
res suyos, y el rey don Pedro el Ceremonioso la dio al in- 
fante don Juan, su hijo, como lo dice en el testamanto ar- 
riba citado. Llamáronla Tizona, como si dijéramos ardietUe, 
derivándolo de la palabra tizón, que es un leño encendí- 



( 109 ) 
Jo; ) lo confirma el título del otro que llamaban De la 
Ardiente Espada, si ya no es que derive de un verbo 
griego que suena lo mismo que feliz y dichosa, así como 
la de Roldan, que llamaron Durena, como si dijésemos cosa 
dura y fuerte , por los duros y fuertes golpes que daba 
con ella. 

Fué notable la del rey don Alfonso el primero de Portu- 
gal, que, como joya singular, con el escudo conque peleaba 
guardan en el monasterio de Santa Cruz de Coimbra, don- 
de él está sepultado; y lo llevó todo el rey don Sebastian 
á África, fiándoselo los religiosos de aquel monasterio con 
grandes condiciones; y algunos observaron, que por haber 
aquel rey desembarcado sin ella, dejándola en el navio, 
quedó vencido, pareciéndoles que quien la llevaba habia 
de vencer, y habiendo, por su desdicha, de ser vencido, se 
descuidó de ella, porque dicen ser imposible que quien 
la llevaba pudiera perder batalla. 

La espada de San Martin fué muy estimada de los re- 
yes de Aragón: llevóla de Alemania el conde de Barce- 
lona, cuando fué á defender la emperatriz: poseyéronla los 
reyes sucesores suyos; y muerto el rey don Martin , quedó 
en poder de la reina doña Margarita, su mujer, y ella 
muerta, fué vendida en el encante público, y un caballero 
de casa del rey, que la conocia, la compró y dio á la co- 
fradía de los algodoneros de Barcelona, que tienen capilla 
de San Martin en la iglesia de San Agustin, donde la guar- 
dan y veneran como reliquia, por haber sido de aquel tan 
gran santo, como lo cuentan el dicho doctor Beuter, li- 
bro 2, capítulo 17, yCarbonell, folio 42. 

La de Lope Juan fué muy preciada en tiempos pasa- 



( no ) 

ílos, y por un gran don, la dieron el abad y monjes de 
San Salvador de Ley re al rey don Ramiro el Monje. 

La del rey don Fernando el Santo, que ganó á Sevilla, 
es estimada en aquel reino como reliquia, por haber sido 
de aquel buen rey, tan señalado y adornado en todo géne- 
ro de virtudes; y en el dia y vigilia de la Santísima Trinidad 
y dia siguiente, es costumbre, en la seo de Sevilla, celebrar 
un muy solemne aniversario por él, y sobre un túmulo po- 
ner dos cojines de brocado, y en el uno Ifi espada, y en el 
otro la corona de este rey, que todo se guarda con cui- 
dado y reverencia; y á las veces, los capitanes á las em- 
presas la solian tomar, con seguridad de volverla, como 
lo hizo el infante don Fernando, que después fué rey de 
Aragón , que habiendo de salir contra moros, se la llevó con 
homenaje de volverla, y vencidos, la restituyó al lugar de 
do la habia sacado. 

No debia ser en valor inferior á las dichas la del rey 
Mitridates, pues solo la vaina valia doscientos y cuarenta 
mil ducados, según dice Trujillo, en el tratado de las Mi- 
serias del hombre, folio 126. 

Laque llevó san Luis, rey de Francia, en la conquista 
de la Tierra Santa, tuvieron en cuenta de reliquia los re- 
yes sucesores suyos, hasta Ludovico XII, que la dio al gran 
maestre de Rodas, con otras muchas reliquias. 

Bien es verdad que algunas veces las espadas que en ma- 
no de unos obran hechos maravillosos, parecen embotadas 
y sin virtud en las de otros, nó por falta de de ellas, sino 
de quien las rige. Cuentan Gaspar Bugato, en la historia de 
Milán, y otros, que el gran turco Mahometo, admirado de 
las cosas le referían de la espada de aquel gran Jorge Sean- 



( 111 ) 

(lerberg ó Custriolo, príncipe de Epiro, se la envió á pe- 
dir y él se la envió, y dando con ella un golpe, por pro- 
barla, no le salió como pensaba, y creyó le había enviado 
una por otra, y se quejó de ello; pero el Castrioto le ase- 
guró haberle enviado la suya misma, mas no la fuerza de 
su brazo. 

La armada que el rey habia mandado apercebir se par- 
tió de Barcelona á 27 de marzo, para socorrer á las cosas 
de Cerdeña. Varían los autores en el número de los bajeles, 
y concuerdan ser los mejores del mar. En el entretetanto 
que tardaban á llegar , estaba el infante sobre Cáller y 
apretaba mucho aquel castillo con las continuas baterías le 
daba con los trabucos y demás máquinas de batir; pero no 
era menor la batería que enfermedades causadas de aires 
corruptos y malos daban á sus soldados, y era necesario 
mudarles á lugares sanos, donde convalecían y después vol- 
vían al real. Los písanos trataban de concordarse con el 
infante, y aun movieron algunos tratos; pero él hizo po- 
co caso de ellos, antes continuaba sin cesar el cerco, es- 
trechándoles cada dia. En este medio un sábado, últimos 
días de abril, convino á la infanta doña Teresa pasar de 
Villa de Iglesias, donde estaba, á 3Ionreal, que era de Hu- 
go, juez de Arbórea: fuéronla á acompañar ciento ochenta 
caballos de los que estaban sobre Cáller, porque de Villa 
de Iglesias nadie salió, por no dejar aquella plaza sin la 
debida guarnición: supo el conde Mamfredo que faltaba esta 
caballería, porque así se lo dijeron los espías que tenia en 
nuestro campo , y cerca del mediodía, cuando juzgó que 
estarían los nuestros mas descuidados, salió con quinientos 
de á caballo y muchos de á pié, y embistió la villa de Buen 



( 142 ) 
Aire, y fué con tanta presteza y diligencia, que por poco 
la tomaron. Salieron los nuestros á la defensa, y fué tal el 
estrago y matanza que con sus lanzas y dardos hicieron los 
almogávares en la caballería enemiga, que mataron mas de 
trescientos de á acaballo y tres mil de á pié , y aun no 
quedara ninguno, si no se retiraran al castillo. El infante 
por su persona peleó bravamente, primero con la lanza, y 
rompida, con la maza de armas; y de los nuestros murieron 
pocos, y esos por su culpa, porque se entraron dentro del 
castillo con los que huian, y allí les mataron. 

La armada de los pisanos estaba con gran temor del 
socorro que habia salido de Cataluña, y cuando entendió 
que se acercaba, se retiró, y con esto quedaron los pisanos 
que estaban dentro de Cáller sin esperanza del socorro. 
En aquella ocasión aconteció meterse fuego en el real, y se 
quemó todo, con que quedó aguado el contento habian te- 
nido de la victoria pasada. 

Llegó en el entretanto la armada de Barcelona, y los 
cercados perdieron del todo el ánimo, y la señoría de Pisa 
conoció que estaba imposibilitada de poder sustentar el se- 
ñorío que tenia en aquella isla, y así se vino á concertar 
con el infante, y se concordó que toda quedase por el rey 
de Aragón, excepto el castillo de Cáller, con sus apéndices, 
que eran el castillo de Stampatg y Villanova, cuya vega 
decian no ser mas espaciosa que la de San Pablo de Bar- 
celona; y el infante se lo concedió en feudo, y con car- 
go que diesen al rey mil libras de moneda genovesa cada 
un año , en unos dineros que llamaban aquilios , y dio 
a investidura al embajador de Pisa en nombre de aque- 
la señoría. Entonces se acabó de fortificar el castillo de 



( 1^3 ) 
Buen Aire, que sojuzgaba la poco que tenian y quedaba ú 
los písanos. 

Esta concordia, aunque perseveraron en ella poco los 
pisanos, fué muy grata á todos los del infante, por consi- 
derar que dentro de un año habian conquistado y añadido 
á la Corona de Aragón un reino tan fértil como el de 
Cerdeña, sin dejar palmo de tierra que no quedase en su 
obediencia y so reconocimiento de feudo, y por quedar el 
común de Pisa (que en Italia habia tenido gran autoridad 
y reputación) so vasallaje del rey de Aragón, después de 
haber poseído aquella isla mas de trescientos años. Pero 
lo que en esta conquista fué mas considerable y de no- 
tar, es el grande trabajo, enfermedades y peligros que pa- 
saron el infante don Alfonso y la infanta doña Teresa, su 
mujer, y casi todos los que fueron con ellos, y la muerte 
de mas de doce mil hombres, los mejores de Cataluña y 
x\ragon, que perecieron por la intemperie de aquel cielo y 
aires, que tan mal les trataron á todos. 

El infante, después que tuvo las cosas en el estado que 
queda dicho, dejó la isla con la seguridad le fué posible. 
A Reyner de Donoratico y Bonifacio, su sobrino, que se lla- 
maban condes de Donoratico y habian sido de la parte de 
los pisanos, para tenerlos de la suya, les enfeudó el cas- 
tillo de Joyosa Guarda y todo lo demás que tenian cuan- 
do el común de Pisa era señor de ella; porque siempre 
se sospechó que siendo estos tan poderosos, dañaría cual- 
quier novedad que intentaran, y así el rey los quiso tener 
gustosos y obligados con mercedes. Por otra parte Hugo, 
juez de Arbórea, era muy servidor de la casa de Aragón; 
con esto y dejar por gobernador general á Felipe de Salu- 
TOMO X. 8 



(4i4) 
ees, pariente del rey, que pocos días antes había venido 
de Sicilia, cuya prudencia é inteligencia en materia de esta- 
do era muy estimada de todos, y guarnición de doscientos 
caballos y quinientos soldados, y por teniente de general á 
don Pedro de Lupia, y por capitán de la gente de guerra 
en el castillo de Buen Aire, cuyo lugar estaba ya murado y 
con muchos y muy buenos edificios y con mas de seis mil 
hombres para tomar armas, á Berenguel de Carrog, hijo del 
almirante, que habia casado con una hermana de la infan- 
ta, que se llamaba doña Teresa Gombal de Entenga, y des- 
pués de Felipe de Saluces fué gobernador general del rei- 
no (en la ciudad de Sacer y en las otras fuerzas y castillos 
dejó otros capitanes aragoneses y catalanes que se habian 
hallado en la conquista); salió del castillo de Buen Aire con 
la infanta, á 18 de julio de este año, y después de dos dias 
se hizo á la vela^ y llegó á Barcelona á 2 de agosto de 1324, 
y fué recibido y festejado tan alta y magníficamente como 
lo merecia la gloria del vencimiento y conquista que dejó 
hecha; aunque sucedió una cosa de notar: esta fué, que 
cuando fué á besar la mano al rey, su padre, ni le hizo 
rostro de padre, ni aun le quiso dar la mano, ni hablarle, 
porque llegó vestido en hábito de sardo y no de catalán , 
lo que pareció muy mal al rey; pero después de comer, 
que mudó los vestidos y entró en palacio con vestido de 
caballero catalán, el padre, muy alegre, le salió á recibir 
hasta el pié de la escalera, y le abrazó y besó y le hizo 
tanta fiesta, que todos quedaron maravillados de ello; y la 
reina le preguntó porqué se habia habido con el hijo de 
aquella manera; y dijo porque á la mañana habia venido en 
hábito de vencido, que era el vestido sardo que llevaba, y á 



( 115 ) 
ia larde en liábitü de vencedor; y le habia parecido lo nr¡- 
nnero tan mal, que no le pudo hacer fiesta alguna, mas de 
tratarlo como vencido; pero cuando le vio como vencedor, 
le festejó como hijo victorioso: y la reina y cortesanos se 
agradaron mucho de la respuesta del rey y ¡)rudencia ha- 
bia usado en lo hecho. 

Mientras estaba el infante en Cerdeña trabajando la con- 
quista de aquel reino, expeliendo de él á los písanos, ex- 
poniéndose á mil peligros y tolerando las incomodidades 
que quedan referidas, por añadir un reino tan rico y fértil 
á la Corona de Aragón, no faltó quien, por sus buenos ser- 
vicios, le negociaba mal galardón: éste fué el infante don 
Pedro, su hermano, á quien el rey, á 20 de mayo de 1322, 
heredó del condado de Ribagorza y Ampurias y castillo de 
Entenca, en el reino de Aragón, y estaba en el dicho con- 
dado de Ribagorza, y codicioso de reinar , instaba que el 
rey, su padre, declarase que en caso que premuriese el in- 
fante don Alfonso, pertenecia á él la sucesión de la coro- 
na y habia de ser preferido á los nietos ; y como á los 
príncipes no les faltan malos consejeros, esforzó esto el in- 
fante don Pedro, y lo llevó tan adelantado , que siendo 
avisado de ello el infante don Alfonso, asentó paz con los 
pisanos, como mejor pudo, y se vino á Cataluña, para es- 
torbar que el rey, su padre, no hiciese alguna declaración 
que revolvie^ todos estos reinos. Fundábase entre otras ra- 
zones el infante don Pedro , que en Castilla el rey don 
Alonso, que llaiharon el sabio (aunque en esto no lo fué), 
prefirió á Sancho, su hijo segundo, á su nieto don Alonso, 
hijo de Fernando, su hijo mayor, que habia muerto en vida 
del padre; no considerando el daño que de esto se habia 



(IIG) 
seguido, y cuan caro costó al rey de Castilla y á toda su 
corona; y el rey don Jaime estuvo dudoso sobre esto, y aun 
se sospechó no hiciese alguna cosa no debida; pero por el 
parentesco que había entre la reina doña Elisen de Mon- 
eada y la infanta doña Teresa, pidió la reina á su marido y 
le exhortó, que mirase lo que hacia; y aunque el rey estaba 
muy afecto á don Alfonso y á su hijo don Pedro, que des- 
pués fué rey, dudaba que vinieran bien en ello algunos ricos 
hombres de Aragón, que seguian el parecer del infante don 
Pedro, y entre ellos era don Gimeno Cornel; pero después, 
bien considerado todo y por atajar las disensiones podian 
acontecer después de su muerte, no quiso dar lugar á es- 
to, y mas contra un hijo cual era el infante don Alfonso, 
de quien habia recibido toda su corona tan grande honor 
y beneficio; y por dejarlo todo averiguado de una vez, de- 
claró que, en dicho caso, la corona pertenecía al infante 
don Pedro, su nieto, de edad entonces de cinco años, y que 
se criaba en poder de don Pedro de Luna, que después fué 
arzobispo de Zaragoza, á quien sus padres, cuando pasaron 
á la conquista de Cerdeña , lo habian encomendado ; y 
tlespues, en las cortes que en el año 1325 se celebraron en 
Aragón, fué jurado; y aunque al principio no venia bien en 
ello él infante, ni don Gimeno Cornel, pero á la postre 
consintió con los demás, porque la infanta doña Teresa le 
prometió que le haria dar el regimiento de la gobernación 
de Aragón, como lo hizo, aunque le fué quitado antes de 
mucho tiempo; y el infante don Pedro se salió de Zaragoza 
y no quiso jurar á su sobrino, pero dentro de un año, por 
quererlo así el rey y atajar enemistades y sospechas entre 
íus hijos, lo hizo, y el infante don Pedro, hijo de don Al- 



( 1Í7 ) 
fonso y doña Teresa, quedó, después de muertos sus abuelos 
y padre, por sucesor en el reino y señor nuestro. 

Asentadas estas cosas, las demás del infante don Alfon- 
so refiere Gerónimo Zurita largamente , y así solo diré 
de él, que quedó con el cargo de gobernador general del 
rey, su padre, residiendo ya en Barcelona, ya en Zarago- 
za, y lo mas del tiempo en los condado y vizcondado de 
Urgel y demás baronías suyas, en compañía de la infanta 
doña Teresa, su mujer, la cual cuidaba de todo lo que era 
el gobierno y regimiento de la casa real y de los infantes, 
sus hijos, sin que en todo el tiempo que vivieron la reina 
doña Elisen de Moneada, su madrastra, y el infante, su ma- 
rido y ella tuvieran disgusto alguno ni pesadumbre, y en 
nombre de la infanta se despachaban las provisiones y ór- 
denes tocantes á ello, disponiendo también de las rentas 
del condado, vizcondado y baronías, á su voluntad, y ad- 
ministrando en ellos la justicia civil y criminal, según pa- 
rece en los registros de estos tiempos, conservados en el ar- 
chivo real de Barcelona. No hallo que saliesen de estos 
reinos; porque el rey estaba ya muy viejo y lo mas del tiem- 
po enfermo, y temian el daño les podia venir de los otros 
hijos, si se ausentaran, como les habia acontecido cuando 
estaban en Cerdeña . De esta manera pasaron hasta el año 
1327, que martes, á 28 de octubre, en la ciudad de Zara- 
goza, murió de parto la infanta doña Teresa, en lo me- 
jor de su edad, y cinco dias antes de reina, porque no pa- 
saron mas del dia de su muerte bástala del rey, su suegro, 
el cual murió á 2 de noviembre del mismo año , en la 
ciudad de Barcelona. 

Ramón Montaner, que vivía en estos tiempos, dice de 



(118) 
la infanta, que fué muy noble, rica, y de las mas hermosas 
(le España, y una de las mas sabias y discretas mujeres 
que hubo en el mundo en aquellos siglos, y que de su 
discreción y prudencia se pudiera escribir un grande libro; 
que fué muy cristiana, y adornada de muchas obras buenas, 
hechas en servicio de Dios. Dale título de bendita y santa 
mujer, católica y graciosa á Dios y al mundo, y como á 
tal, la llamó Dios á su reino en lo mejor de su edad, y 
después de haber recibido los sacramentos de la santa 
Iglesia. Fué sepultada en el monasterio de san Francisco de 
la ciudad de Zaragoza, que ella habia reedificado, donde 
parece aun el dia de hoy su sepulcro, en la capilla mayor, 
á la parte del evangelio. Está sobre él un simulacro de mu- 
jer, con corona real en la cabeza, y el almohada donde 
reclina está sembrada de escudos, interpoladamente en los 
unos las armas de Cataluña, que son los cuatro palos, y en 
los otros las armas de Enten(;a, que son un escudo de oro 
con la cabeza negra, de esta manera: 




Lleva hábito de san Francisco y sandalias en los pies, 
que firman sobre dos perrillos. Tiene por cada parte doce 
figuras de enlutados que lloran su muerte; á la testera y 
pies de él hay- en cada parte tres plañideras, y al derredor 
del túmulo unos ángeles sobre basas pequeñas que le ador- 
nan; y estriba todo sobre seis leones que sustentan el se- 
pulcro. 



'( llí> ) 

Tuvo esta señora cinco hijos varones y dos liijas: los dos 
hijos fueron don Alfonso, que murió de edad de un año 
y fué enterrado en la iglesia de Nuestra Señora de Almala, 
en la ciudad de Balaguer, según dice Zurita, aunque el 
rey don Pedro , en su Crónica, dice que vivió dos años; y 
entiendo que fué enterrado en el monasterio de Santo Do- 
mingo de Balaguer, en la capilla de san Pedro, mártir, en 
un sepulcro de mármol que está en la dicha capilla á la 
parte del evangelio, y en la tapa de él hay dos simulacros 
de dos niños, con coronas en la cabeza, y las almohadillas 
donde reclinan sembradas de escudos de las armas reales 
de Aragón y Entenca ; y no ha muchos años que algún 
curioso le abrió y le dejó mal tapado, conque no queda hoy 
en él rastro de la cuerpos que allí fueron sepultados, ó 
por haberlos sacado de allá, que no debieran, ó por ha- 
berlos del todo consumido el espacio de mas de trescientos 
años. El otro hijo fué el rey don Pedro, que llamaron el 
Ceremonioso, que reinó después de su padre, y á imitación de 
César, dejó escrita historia de sus hechos. El tercero fué el 
infante don Jaime, que fué conde de Urgel, y de quien habla- 
remos en el capítulo siguiente. El cuarto fué la infanta 
doña Constanza, que casó con el rey don Jaime, el último 
de Mallorca. El quinto fué el infante don Fadrique, que 
murió el postrer dia del mes de julio del año 1320, según 
parece en una memoria del monasterio de San Francisco 
de Barcelona, donde está sepultado, en la capilla de santa 
Elisabet, que llaman la capilla Real, por estar en ella en- 
terrados muchos del linaje real de Aragón, y hoy en dicha 
capilla está reservado el Santísimo Sacramento, Algunos 
años estuvo en el altar mayor, en un sepulcro de mármol, 



( 120 ) 
y en la cubierta de él, su simulacro, y en la almohada 
que está bajo la cabeza, muchos escudos, unos con las 
armas reales, y otros con las de Entenga. El dia de hoy 
lio parece mas de la dicha cubierta, y está al lado de la 
epístola del altar mayor, sobre un sepulcro de mármol, 
que es del rey don Alfonso el Casto. El rey don Pedro, 
en su Crónica, pone la muerte de este infante el año 1319. 
El sexto fué la infanta doña Isabel, que nació en la ciu- 
dad de Zaragoza, y murió antes de un año; y el último 
fué el infante don Sancho, que murió pocos días después 
de nacido, y del parto de éste murió la infanta. Estos dos 
últimos están sepultados en San Francisco de Zaragoza, junto 
á la madre, y en el sepulcro de ellos se lee esta memoria: 



HOC SEPULCHRO TÜMULANTUR DÚO GENITl REGALES 

QUI DÚO ALVO CREANTUR PER P A RENTES NATURALES 

ALTER FRATER SANCTIUS VOCALITER NUNCUPATUR 
QUI VELUT CONSTANTIUS IN EXCELSIS COLLOCATUR 
ELISARETH INFANTISSA SÓROR EIUS NOMINATUR 
QUE UT CLARA MINORISSA ETERNE CONGRATULATUR. 
AMEN. AMEN. 



A 23 de octubre de este año 1327 otorgó la infanta su 
testamento, ante Sancho López de Almeda, y, según parece 
en un registro que se conserva en el archivo real de Bar- 
celona, sobre la ejecución de los testamentos del rey doii 
Jaime el segundo y de la infanta, dejó heredero al infante 
su marido, y él muerto, al infante don Jaime, su hijo, de 
las baronías de Alcolea, Antillon y otras del reino de Va- 
lencia; nombró testamentarios al rey su marido , á don 
Pctlro Lope de Luna, que fué el primer arzobispo de Za- 



( 121 ) 
ragoza, ayo que fué del infante don Pedro, á Garci de Loris, 
su mayordomo y tesorero del rey, á quien dejó de vida dos 
mil sueldos jaqueses , y á Bernardo Fuster. Entre otras 
muchas piás y devotas instituciones que ordenó en su testa- 
mento, fué; que en San Francisco de Zaragoza dejó fun- 
dada renta para el sustento de siete sacerdotes, y á las 
damas que estaban en su servicio, doncellas, que erando- 
ña Ana de Podiatis, hija de don Bernardo de Podiatis, 
Geraldona de Ribelles, que era parienta suya, Geraldona 
de Monsonis, Francisca de Morello y Sibilia Otgero, dejó 
á cada una de ellas ocho mil sueldos para su dote; á Gar- 
cía Rodriguez de Boxadors tres mil sueldos de renta cada 
un año, en reconocimiento de lo mucho le habia servido; 
á doña Toda, hija de don Gil de Peralta, cuatro mil suel- 
dos para su dote; y á 11 de las calendas de febrero , de 
1327, mandó el rey muy apretadamente que fuese paga- 
da, y que no habiendo dinero, fuesen vendidas las joyas 
de la infanta, y del precio de ellas fuese pagada; á doña 
Teresa, hija de don Manuel de Entenga, deuda suya, siete 
mil sueldos (esta casó después con don Ramón de Boil, 
á quien dejó diez mil sueldos); á Berenguerona, hermana de 
doña Teresa é hija de don Manuel , deja alguna cosa , 
aunque no hallo qué; solo he visto que casó con Fran- 
cisco de Morello, ciudadano de Balaguer, á quien el rey, 
á 1 de marzo de 1330, dio tres mil sueldos para su ves- 
tido; á Toda Martinez, que habia criado al infante don 
Pedro, su hijo, dejó mil sueldos de renta durante su vi- 
da, situados sobre las rentas de la villa de Graus, junto á 
Barbastro; y á Geraldona, que habia criado también al di- 
cho infante don Pedro y á la infanta doña Constanza, que 



( ■láií ) 

íuó reina de Mallorca, dos rail sueldos, y otros tantos á Ge- 
raldona Alguer, que habia criado á la dicha doña Cons- 
tanza; á don Ponce Hugo de Enten^a, hermano natural su- 
yo, dejó quince mil sueldos, que el rey se los consignó 
sobre Macanera, en el reino de Valencia; y á la abadesa 
del monasterio de Casúes , en el remo de Aragón, dejó 
diez mil sueldos, y doscientos para fundar una capellanía. 
Mandó que las rentas de Chiva y Buñol sirvieran para la 
limosna de ciertos sufragios habia dejado para su alma; y 
el rey su marido, porque mejor y mas presto se cumplie- 
ra, mandó que ciertos dineros que se cogian por el mari- 
daje de la infanta doña Constanza, que casó con el rey de 
Mallorca, sirvieran para la limosna de duelos y sufragios; 
y porque entendió que en algunas cosas faltaba, á cumplir- 
se las mandas pias de los testamentarios de don Gombaldo 
de Entenga, padre de la infanta, y de don Sancho de An- 
tillon, su abuelo, les asignó las rentas de Macanera y Ces- 
talgar, villas en el reino de Valencia. Por no haber ha- 
llado el testamento de esta señora, he traido esto, sacado 
de diversas memorias y registros de estos tiempos. 

Batióse en su tiempo moneda de hoja de latón , con las 
armas de Urgel, y al derredor estas letras: Ter. Com. que 
es Teresia Comilissa, y corria por todo el condado de Ur- 
gel, vizcondado de Ager, y en muchos lugares de Aragón y 
Cataluña. 

Cuatro dias después de muerta la infanta, murió el rey, su 
suegro, en la ciudad de Barcelona, de edad de sesenta y seis 
años, y después de una muy larga enfermedad: fué sepultado 
en el monasterio de Santas Cruces, del orden Cisterciense, en 
Cataluña. Su sepulcro, que está entre la capilla mayor } 



( i25 ) 
el coro, á la parte de la epístola, se abre, y muestran su 
cuerpo y el de la reina doña Blanca, su mujer, enteros, 
reclinados en una tabla. 

Sucedió en sus reinos y señoríos el infante don Alfonso, 
su hijo, que supo la muerte del rey, su padre, en la ciudad 
de Zaragoza, celebrando las exequias de la infanta, y lue- 
go se partió á Cataluña para celebrar y asistir á las del rey 
su padre, y tomar el juramento de fidelidad y homenaje do 
los del Principado. Pasó las fiestas de Navidad en Barce- 
lona, y de allí se partió para Zaragoza, para recibir la co- 
rona según la ceremonia y observancia de aquellos siglos, 
que era la mayor demostración de su grandeza, majestad 
y riquezas; y aunque estas fiestas solian ser muy solemnes, 
quiso el rey señalarse de su suerte en su coronación, que 
excediesen y fuesen mas que las de todos los reyes pasados. 
Mandóla publicar para la Pascua de Resureccion, y asistie- 
ron entonces en ella los embajadores de los reyes de Casti- 
lla , Navarra , Bohemia , Granada y Tremecen , con toda 
la nobleza de estos reinos, y los de á caballo pasaban de 
treinta mil hombres. Ramón Montaner, síndico de Valencia, 
que asistió á estas fiestas, en los capítulos últimos de su his- 
toria cuenta toda esta coronación muy largamente , y por una 
de las mejores cosas de su tiempo. Solo por ser cosa notable, 
diré, que en la corona, que era de oro, sembrada de rubis, 
balajes, zafires, turquesas y esmeraldas, tenia muchas perlas 
del tamaño de huevos de paloma (cosa muy singular), y tenia 
también un carbunclo de gran estima, y estaba apreciada en 
cincuenta mil libras barcelonesas. El cetro era de oro, largo 
cuatro palmos; tenia por remate un finísimo rubí del tamaño 
de un huevo de gallina, y al igual de esto era todo lo demás. 



C 424 ) 

Después de esto, celebró el rey cortes á los arago- 
neses, y á 15 de mayo de este año 1328, dio al infante 
don Jaime, su hijo segundo, el condado de Urgel y vizcon- 
dado de Ager, con los mismos pactos y condiciones que 
lo habia recibido del rey, su padre, como vimos, observan- 
do en todo la disposición del conde don Armengol de Ca- 
brera, ordenada en su testamento; 

Y prosiguiendo el catálago de los obispos de Urgel, se- 
gún lo que he podido hallar, era obispo, después de don 
Guillen de Moneada, fray don Raymundo de Trebaylia, del 
orden de San Benito, el cual tuvo el obispado diez y seis 
años, y murió el de 1321. No hallo cosa notable de él, 
no porque no la hiciese, que fué gran prelado y santo va- 
ron, sino por la negligencia ha habido en conservar y es- 
cribir los hechos de los prelados de esta santa Iglesia, in- 
dignos del olvido y poca memoria nos queda de ellos. 

Don Arnaldo de Llordat fué nombrado obispo después 
del precedente, y fué muy celoso de las preeminencias de 
su Iglesia y conservación del patrimonio de ella : tuvo 
con el rey Alfonso algunos encuentros sobre la moneda de 
Agramunt, que no queria que corriese en la villa de Sa- 
nahuja, que era de la mensa episcopal, como lo digo en 
otro lugar; después fué trasladado á la iglesia de Tortosa, 
y tomó posesión de ella á 11 de diciembre de 1341, y 
murió á 3 de mayo de 1346. Dejó quinientos escudos pa- 
ra edificar una capilla en que fuese supultado, como lo 
dice Francisco Martorell de Luna en la historia de Tortosa. 



( \ró ) 



CAPITULO LXI. 

Que contiene la vida del infante don Jaime de Aragón, XVIII conde de 
Urgcl y vizconde de Ager, hijo del rey don Alfonso de Aragón, y de la 
infanta doña Teresa de Entenga.— Da el rey don Alfonso al infante don 
Jaime el condado de Urgel y vizcondado de Ager, y del gobierno y ad- 
ministración puso en ellos.— De como el rey don Alfonso mandó pres- 
tar los homenajes al infante, su hijo, y restituirle las escrituras que le 
importaban para conservación de lo que le habia dado; y de la muer- 
te del rey. — El rey don Pedro es jurado rey de Aragón y conde de Bar- 
celona. — Pretende el infante don Jaime, para su mujer, el condado deCo- 
menge, en Francia, y otros estados, y lo que pasó sobre esto. — Sucesos 
del reino de Mallorca, y perdición del rey don Jaime de Mallorca, y de 
lo que, sobre esto, hizo el infante don Jaime, conde de Urgel. — Como 
el rey, llamando, en defecto de hijos varones, á las hijas, excluyó al 
infante don Jaime, y del sentimiento que hizo por esto, y de las uniones 
en Aragón y Valencia.— En que se prosiguen los hechos del infante don 
Jaime y de la Union, y de las cortes que celebró el rey en Zaragoza, 
donde tuvo principio la destruc?íon del infante. — De lo que hizo el rey 
don Pedro, después de acabadas las cortes; y de la muerte del infante 
don Jaime, y descendientes suyos. 

Para mayor demostración de grandeza y majestad, y por- 
que quedara mas solemnizada la fiesta de su coronación, 
quiso también honrar el rey don Alfonso al infante don 
Jaime, su hijo segundo, dándole título de conde de Urgel 
y vizconde de Ager. Diósele de la misma manera que él 
lo habia recibido del rey don Jaime, su padre, y con las 
condiciones contenidas en el testamento del conde Armen- 
gol de Cabrera, añadiendo que, en caso que por no que- 
dar del infante hijos legítimos y naturales, volviese aquella 
donación á la corona, quedasen obligados los reyes, sus su- 



( Í2G ) 
vesores , á dar el sustento y vestido necesario, según su 
ralidad, á las hijas que quedasen, hasta ser casadas, y que 
si el hijo primogénito del infante llegase á ser rey de Ara- 
gón, sea conde de Urgel el hijo segundo. Con estos pactos 
quedó heredado el infante de aquel gran estado, y entonces 
tomó las armas del condado solas y sin mezcla alguna, 
según parece en algunos sellos suyos, que aun se conservan 
en el archivo real; y después juntó aquellas armas con las 
de Aragón, y de las dos formó un escudo, dividido en cua- 
tro cuarteles: en el primero y tercero dos palos, en el 
cuarto los jaqueles de oro y negro, que eran las armas del 
conde de Urgel. 

Era entonces al infante de edad de ocho años, poco mas 
ó menos, y así el rey, su padre, se quedó con el gobierno 
y administración de todo lo que le habia dado , como á 
padre y legítimo administrador suyo , todo el tiempo de 
su vida. 

Por estos tiempos, que^ era al principio del año 1329, 
en el mes de febrero, casó el rey don Alfonso, en la ciu- 
dad de Tarragona, con la infanta doña Leonor, hermana 
del rey don Alonso XI de Castilla, con quien estuvo des- 
posado el infante don Jaime, su hermano, que todavía vi- 
via en África, y estaba con el rey de Tremecen. Acudió 
en Tarazona el rey de Castilla y toda la nobleza de aquel 
reino y del de Aragón, y en esta ocasión quedó concer- 
tada la guerra que después se hizo al rey moro de Gra- 
nada, para la cual pasó el rey á Valencia, con intento de 
apercibir lo necesario para ella; y estando aquí á 28 de 
mayo , nombró juez, en primera y segunda instancia, del 
condado de Urgel y vizcondado de Ager, á Ferrer de Abe- 



(427) 
Ha, de su consejo, \ njo del infante don Jaime, que mu- 
chos años habla era procurador general en ellos, varón de 
noble linaje, y en quien concurrian cabalmente las partes 
necesarias para el gobierno que se le encomendaba; y bien 
que le tuvo mucho tiempo, pero porque el rey le encargó 
otros negocios importantes (y en particular el año 1330, 
que le envió á concertar treguas con el rey moro de Gra- 
nada), nombró durante su ausencia á don Pedro Maca, y 
el año siguiente, que se le llevó el rey á la guerra con- 
tra el moro de Granada, que habia rompido las treguas, 
nombró en lugar suyo á Arnaldo de Monsonis; y también 
para mayor expedición de los negocios y buena dirección 
de ellos, habia dado muchos años antes el mismo cargo á 
Fcrrer de Colom, de su consejo, que fué prior de Fraga, 
canónigo y obispo de Lérida; y éste y Ferrer de Abella 
gobernaron toda aquella tierra hasta el año 1334, recibien- 
do las rentas y provechos de ella, distribuyéndolas según 
lo mandaba el rey y parece en los registros de aquellos 
tiempos, conservados en el archivo real de Barcelona, y pro- 
veyendo todos los. oficios y cargos de aquel estado, cuyos 
réditos servian para el sustento de las casas de los infantes 
don Pedro y don Jaime, y aun del rey, y para pagar al- 
gunos censos y violarios cargados, así por el rey don Jaime 
como también por la infanta doña Teresa, que en su tes- 
tamento, habia asignado á sus deudos y criados algunas 
rentas sobre ellos. 

Durante el gobierno de don Alfonso, según parece en 
memorias de aquellos tiempos, Ramón Folc, vizconde de 
Cardona, que habia tenido algunos disgustos con los vecinos 
de la villa de Pons, juntaba gente para venir con armas 



( m ) 

í oiitra de ellos, y tomar venganza; y estaban los de aquel 

pueblo con gran temor, hasta de junio de 1331, que 

el rey les escribió que no temiesen, certificándoles que el 
de Cardona no les baria daño ninguno. En este mismo año, 

á de julio, concedió el rey privilegio á los ciudadanos 

de Balaguer, durante su beneplácito, que vino forastero no 
entrase en ella, declarando que el privilegio que lo prohibia 
desde el dia de Todos Santos hasta Nuestra Señora de 
agosto , se entendiese prohibirlo todo el año; y esto fué 
porque no se malbaratase el de los ciudadanos, llevando á 
aquella ciudad el de otras partes, donde se cogiese mejor 
y fuese mas barato. Labrábase en el mes de octubre de 
este año en la villa de Albesa la puente sobre el rio No- 
guera, que pasa junto de ella; y para ayudar al edificio, 
concedió el rey, que por espacio de cinco años los que 
pasaren por ella den, los de á pié medio dinero jaqués, los 
de á caballo un dinero, y las bestias gruesas medio dinero 
jaqués. 

En el año 1332, á 7 de las calendas de agosto, estan- 
do el rey en Valencia, revocó todas las mercedes que á im- 
portunación de diversas personas habia concedido sobre el 
condado de Urgel y vizcondado de Ager, dándolas por nu- 
las y como si hechas no fuesen, atento eran todas en per- 
juicio del infante don Jaime, donatario del dicho condado 
y vizcondado, y mandó á Ferrer Colom, gobernador gene- 
ral de aquellos estados, que no pague ninguna, exceptuán- 
dose Guillen de Entenca, deudo de la infanta, á quien habia 
hecho merced de la villa de Ivars. 

A primero de mayo de 1333, mandó el rey, á instancia 
de los paeres de la ciudad de Balaguer, que los judíos veci- 



( 129 ) 
nos de aquella ciudad viviesen juntos y apartados en un bar- 
rio de ella, y andarán señalados en el vestido; y en junio 
del mismo año lo mandó á los de Agramunt: debia, sin 
duda, convenir así en aquellos tiempos, y lo mandaron 
también los reyes don Juan y don Martin á los de Bar- 
celona. 

A los idus de setiembre de este mismo año, don Pedro 
Tialceran de Pomar se fué á quejar al rey de algunos ene- 
migos suyos que le movian guerra y le querian tomar los 
castillos y lugares de TaltahuU y Massateras, que estaban en 
feudo de los condes de Urgel; y el rey, para que no osasen 
intentar nada, mandó á Ferrer de Abella, procurador ge- 
neral del condado, que tomara las tenencias de aquellos 
castillos, según el estilo de aquellos tiempos, y entonces 
nadie se osó mover, respetando al rey, en cuyo nombre se 
habian tomado las dichas tenencias. 

Este gobierno y administración que queda dicho duró 
hasta el año de 1334, en que enfermó el rey de aquella 
larga dolencia que, después de dos años, le quitó la vida: 
entonces, por aliviarse de cuidados y descargarse del go- 
bierno, dio la administración del condado de Urgel, viz- 
condado de Ager y baronías que fueron de la infanta do- 
ña Teresa , al infante don Jaime , su hijo, que era ma- 
yor de catorce años, y concurrian en él las partes necesa- 
rias para entender en el gobierno de sus cosas; y á lo que 
se conjetura, quiso el rey que ya en vida suya quedase 
en posesión de lo que era suyo, por escusar, después de 
muerto él, encuentros con el infante don Pedro, su hijo, 
cuya recia condición y vivos espíritus daban cuidado al ley, 
su padre, y mucho mayores á la reina doña Leonor, su 

TOMO X. 9 



( 1^0 ) 
madrastra. Por esto, estando el rey en Sarrion, aldea de 
Teruel, de cuya estada gustaba mucho, despachó so data 
de 12 de junio una carta á todos los caballeros, así hom- 
bres como mujeres, feudatarios del condado de Urgel, man- 
dándoles, que luego que sean requeridos, hagan sacramento 
y homenaje al infante, su hijo, según la obligación de ca- 
da uno y consuetud de Cataluña; y el dia siguiente envió 
otra á la ciudad de Balagner y á las villas de Ager, Pens, 
Linyola, Agramunt, Albesa, Castelló y demás villas y pue- 
blos del condado y vizcondado, y habia mandado dias an- 
tes lo mismo á los pueblos de las baronías de Alcolea y 
Antillon y lugares del reino de Valencia; y absuelve y re- 
laja á todos el juramento y homenaje que le habian pres- 
tado cuando sucedió en ellos, por pertenecer al infante, 
su hijo, así por donación le habia hecho años antes, como 
también por el testamento del conde don Armengol de Ca- 
brera. Mandó entonces á Ferrer de Abella, que todas las 
escrituras tenia del condado y vizcondado, las diese al in- 
fante, y lo mismo mandó á fray Sancho López de Ayerve, 
del orden de Menores, que después fué arzobispo de Tar- 
ragona, y era confesor del infante don Pedro, y á la aba- 
desa de Casúes, monasterio de Aragón que fundó en el aña 
1278 doña Oria, condesa de Pallars, so la regla cistercien- 
se. A esta señora, como á sucesora de doña Elvira Sánchez, 
la infanta doña Teresa le habia encomendado muchas, 
y mandóle el rey, que todas las que tuviera restituye- 
se al infante don Jaime; y á García Loriz y á Bernardo 
de Petra, de su consejo, mandó que las que tuvieren las 
lleven al monasterio de San Francisco de Zaragoza, y que 
sea allá hecho inventario de todas, y hechas dos copias de 



f 



( i31 ) 
«íl, divididas por alfabeto, se^n el estilo de aquellos siglos, 
quede la una en poder de los frailes de aquel convento, v 
la otra, con las escrituras, para el infante, el cual luego 
las mandó llevar al castillo de Monmagastre, donde estaba 
el archivo de los condes de Urgel; y el oficio del archi- 
vero lo encomendaban á uno del condado; v porque una 
vez nombraron á uno que no era de él, sexto idus jaunarii 
1330, el rey don Jaime no lo tuvo á bien, antes mostró 
estar por esto disgustado con Ramón de Vilafranca , de 
su casa y palacio, por haber encomendado aquel oficio á 
hombre forático, no natural del condado. 

Era tal la condición del rey y estaba tan sujeto á la 
reina, su mujer, que no solia negarle cosa; y ella estaba 
tan apasionada por el infante don Fernando, su hijo, que 
no podia sufrir que sus entenados quedaran mas medra- 
dos y tuvieran mas mando en el reino que su hijo; y esto 
se guardó tan puntualmente viviendo el rey, que el infan- 
te don Jaime ni aun tomaba criados sin su consentimiento, 
<lándole particular razón y cuenta de todo, ni en sus villas 
creaba oficiales sin su voluntad; y en cierta ocasión que 
habia consignado á doña Urraca, condesa de Pallars, su 
tia, las rentas de Alcolea, en pago de lo que debia re- 
cibir cada un año sobre el condado de Urgel, sin dar ra- 
zón al rey, se sintió mucho de ello, y mas cuando supo 
que habia creado baile en aquel pueblo; porque el rey ha- 
bia ya dado aquella bailía á Ramón de iMentorn, á quien 
la habia proraetid¡o la infanta doña Teresa, y escribió al in- 
fante, dándole á entender cuan sentido y maravillado estaba 
de que hubiera hecho tal consignación sin su consentimien- 
to, y aun le exhorta á que el Ramón de Alentorn sea pues- 



(i32) 
to en posesión del cargo le habia dado, y manda á Rodrigo 
Diaz, su canciller, que esto se ejecute luego, y cuando na 
se haga así, ha de tener de ello muy gran pesar y senti- 
miento. Esto pasó á 24 de julio de 1335; y á 25 de agos- 
to siguiente dio el rey la notaría de Agraraunt , con cier- 
tos censos le habia de pagar por ella, á Bernardo de Petra, 
por buenos servicios habia hecho á la infanta doña Teresa, 
su mujer, y á él, y manda al infante se la confirme; de 
modo que, aunque el infante tenia el título y rentas, pero 
el rey se habia quedado con la superioridad. Todo fuera 
de buen pasar, si el rey no fuera desmembrando cada dia, 
por dar al infante don Fernando, su hijo, por contempla- 
ción de la reina, su madre, muchos lugares y castillos del 
condado y vizcondado; porque la intención de ella fué, que 
ya que su hijo no podia ser rey, á lo menos tuviera tanto 
señorío en los reinos de la corona de Aragón, que pudiese 
sustentarse y mandar en ellos á la par del infante don Pe- 
dro, que habia de ser rey; y por eso negoció con el rey, 
le diese muchas cosas de la corona, y hacia lo mismo con 
el infante don Jaime, y ya que no le podia quitar lo que 
era suyo, trazó con el rey, que le diese del condado de 
Urgel y vizcondado de Ager los lugares de Alos, Mejá, 
Fabregada, Puig de Mejá, Fontlonga, Vilanova de Mejá, 
LaNou, Vernet, Ariet, Baldomar, Camarasa, Cubells, Ivars^ 
Santa Linja, Mongay, Marita, Alos y otros, y los castillos 
de Castelló de Farfanya y Orenga, que las villas no se las 
dio; pero como estas donaciones eran inmensas, y en per- 
juicio del infante don Jaime, aunque viviendo el rey se 
disimuló, pero después de muerto, recuperó el infante don 
Jaime mucha parte de ello. 



C Í33) 
Perseveraba todavía la enfermedad del rey, y era poca 
la confianza habia de su vida, porque era hidropesía; y en 
esta ocasión, que le pareció buena, se volvió á solicitar 
por parte de Gastón, conde de Foix, hijo del otro Gastón 
de quien arriba hablamos, las pretensiones que tenia de he- 
redar el condado de Urgel; y para tratar de esto, puso por 
medianeros al rey don Jaime de Mallorca, yerno del rey 
y deudo suyo, y al infante don Pedro, conde de Empu- 
ñas, que estaba casado con doña Juana de Foix, tia de 
don Gastón y hermana de su padre. Los tratadores eran 
grandes, pero poca la justicia del conde: para mejor nego- 
ciar, se lo pusieron al rey en conciencia, y él prometió de 
verse con el de Mallorca y con el conde de Foix, y les dio 
buenas esperanzas, porque, entretenido el de Foix con ellas, 
no innovara cosa alguna, porque en aquella sazón tenia mu- 
cha gente en campaña, para valer á Roger de Comenge, 
que pretendia el condado de Pallars, y habia en Cataluña 
mucha gente de armas forastera, y escusaba el rey, que, 
valiéndose de ella el de Foix , se entrase por el condado de 
Urgel, tomando algunas plazas de él, y por esto mandó hi- 
ciesen treguas con el de Pallars, duraderas por seis meses, 
y todos vinieron bien en ello , por lo mucho que deseaban 
dar contento al rey: pero estas vistas no se efectuaron, 
porque el de Mallorca estaba en Aviñon, y el rey, que sa- 
bia que habian de ser de poco provecho, por ser poca la 
justicia del conde de Foix, las desvió, y las cosas se que- 
daron como de antes. Conoció el rey claramente que su 
vida se acababa, y antes de su muerte quiso ver concluido 
el matrimonio de su hijo el infante don Jaime, y por es- 
to envió á Francia á concluirle. Habíase tratado va con 



( 134 ) 
doña Cecilia, hija de don Bernardo de Comenge y de do- 
ña Mata, que es lo mismo que Matea, condes de Comen- 
ge y vizcondes de Tours, y por esto envió á Francia al al- 
mirante don Ramón de Peralta, que lo concluyó, y poco 
después vino la novia á Cataluña , en donde se celebra- 
ron las bodas. 

Siguióse dentro de breve la muerte del rey, en la ciu- 
dad de Barcelona, un miércoles , á la mañana , á 24 de 
. enero, víspera de la Conversión de san Pablo, año 1336; 
y fué depositado en el monasterio de San Francisco, de 
donde después, á 10, y según otros, á 17 de abril de 
1369, fueron sus huesos trasladados al monasterio de San 
Francisco de Lérida: sacáronles, según parece en memorias de 
aquellos tiempos, los clérigos de la Seo y parroquias, todos los 
frailes y monjes de ella, y dio la ciudad trescientos cin- 
cuenta cirios gruesos, que llamaban brandones, y salieron 
en procesión del dicho monasterio, y pasaron por las ca- 
lles que llamaban Ampie, del Mar, plaza del Trigo, plaza de 
las Coles, plaza de Santiago, Bocaria, Hospital den Colom, 
y por la puerta de San Antón los llevaron al monasterio de 
Valldoncella, y de allí á Lérida. Asistieron á esta trasla- 
ción don Pedro, arzobispo de Tarragona, don G. , de Barce- 
lona, don Hugo, vizconde de Cardona, don Gilabert de 
Cruilles, don Bernardo de Pinos, Pedro Bussot, Jaime de 
Gualbes y P. Gilabert de San Climent, y muchos otros; 
y llegados á Lérida, fueron puestos en un suntuoso sepul- 
cro, que está en el altar mayor, á la parte de la epístola, 
y allá dicen estar doña Leonor, su segunda mujer. Enci- 
ma déla tumba están los simulacros de los dos, con hábi- 
to de religiosos de san Francisco y sandalias en los pies. 



( 



( Í55 ) 

Fué este rej llamado el benigno, por haberlo sido mucho, 
y por el amor que tuvo á sus subditos y . benignidad con 
que los trató: fué siempre muy justo y cortés, y en su edad 
muy valiente y animoso, como se vio en la conquista de 
Cerdeña. Después de casado segunda vez, quedó tan mu- 
dado de condición, que parecia otro, y estaba tan rendi- 
do á su mujer, que le hacia hacer cosas que después cau- 
saron harta alteración y novedades en estos reinos, así por 
razón de las donaciones que hizo al infante don Fernando, 
como por otras concesiones que debiera escusar, pues mas 
daños acarrearon á aquellos en cuyo favor fueron hechas, 
que provecho. 

El infante don Pedro, que estaba en Aragón, luego que 
supo la muerte del rey, su padre, tomó título de rey de 
Aragón y conde de Barcelona, y juró á los aragoneses sus 
fueros. Coronóse en la ciudad de Zaragoza, aunque con 
contradicción y descontento de los del principado de Cata- 
luña, que pretendieron haber de jurar primero en él que 
en Aragón; y lo esforzaron con grandes veras los infan- 
tes don Pedro, conde de Empurias, y don Berenguer, con- 
de de Prades, y no asistieron á la fiesta de la coronación, 
y lo mismo hicieron todos los catalanes, salvo Ot de Mon- 
eada y Ramón de Peralta. El infante don Jaime pretendió 
lo contrario, y siguió la opinión del rey, su hermano, que 
le habia hecho gobernador general del reino, por ser la 
persona mas propincua suya, y el que en aquella fiesta de la 
coronación hizo mayores muestras de júbilo y alegría, y 
calzó al rey, su hermano, las espuelas y le sirvió á la me- 
sa con otros caballeros y ricos hombres de Aragón que se 
hallaron en aquella fiesta, en que de los catalanes solo 



( l'-íí ) 

asistieron don Kamon de Peralta, que con Ato de Foces 
acompañó aquel, dia á Gonzalo Diaz de Árenos, que llevaba 
las armas del rey; y dióse de comer aquel dia á mas de diez 
mil personas, según escribe el rey en su historia. 

En junio del año 1338 falleció el rey don Fadrique de 
Sicilia, hijo de don Pedro y doña Constanza, reyes de 
Aragón, y dispuso la sucesión de aquel reino de esta manera: 
llamó primero á los hijos, sustituyéndoles de grado en gra- 
do; y faltando estos, llamó al rey don Alfonso, y si no qui- 
siese aceptar aquel reino, llama al infante don Pedro, her- 
mano del de Aragón, y le sustituye al infante don Ra- 
món Berenguer. Después de estos, en caso no tengan hijos, 
llama al infante don Pedro, que en este tiempo era ya 
rey de Aragón, y después de él, al infante don Alfonso, 
conde de ürgel, su hermano, en quien acabó las sustitu- 
ciones que hace de aquel reino, el cual, á la postre, quedó 
unido á la Corona de Aragón, por haber fenecido la línea 
masculina de aquellos ínclitos reyes. 

En el año siguiente de 1339, á 17 de julio, hizo re- 
conocimiento don Jaime, rey de Mallorca, al de Aragón, 
por aquel reino y demás estados tenia en feudo por el rey de 
Aragón. Pasó esto en Barcelona en la capilla del palacio 
real, y el infante don Jaime fué uno de los que asistieron 
en este acto, en compañía de sus tíos, los infantes don Pe- 
dro y don Bamon Berenguer, y del arzobispo de Tarragona, y 
de otros muchos que dejo, pues Zurita los refiere largamente. 
Entonces fué la traslación del cuerpo de santa Eulalia, 
virgen y mártir de Barcelona, patrona y protectora de aque- 
lla ciudad y vecinos de ella: fué muy solemnizada, así por 
hacerse en honra de tan gran sania, como también p<>r 



( 137 ) 
hallarse en aquella ocasión en Barcelona los reyes don Pe- 
dro de Aragón y don Jaime de Mallorca, y los infantes 
don Jaime, conde de Urgel, y don Pedro y don Ramón 
Berenguer, sus hijos, y muchos de los grandes de sus cor- 
tes, y las reinas doña María, mujer del rey don Pedro, 
doña Leonor de Moneada , viuda del rey don Jaime el 
segundo, doña Constanza, reina de Mallorca, y otras mu- 
chas señoras, según lo cuenta el padre fray Francisco Dia- 
go en la historia de los condes de Barcelona, y otros 
q je refieren muy en particular lo que pasó en esta se- 
gunda traslación de la gloriosa santa. 

Era ya muerto por estos tiempos en Francia Juan, 
conde de Comenge y vizconde de Tours, hermano de la 
infanta doña Cecilia, condesa de Urgel, y pretendió ella 
heredar los estados del hermano, por sustitución que en 
su favor hizo el conde don Bernardo VI, su padre, en 
caso que don Juan muriese sin hijos , como en fin murió. 
La justicia de la condesa era clara; tomóse posesión, en 
nombre de ella, sin contradicción alguna, y con salva- 
guarda real. Entonces, á deshora, salió don Pedro Ra- 
món de Comenge, hermano de Bernardo, padre de la con- 
desa, y dijo ser suyos aquellos estados y pertenecerle de 
justicia, por muerte de Juan, hermano de la condesa, que 
fué postumo, y vivió pocos dias después de Bernardo VI, 
conde de Comenge; y los oficiales del rey de Francia 
los tomaron, y sacaron de ellos á los de la condesa de 
Urgel, y los dieron á los del dicho Pedro Ramón. El rey 
don Pedro de Aragón, cuñado de la condesa, se sintió 
mucho de esto, y envió á Francia á Bernardo de Tous, 
de su consejo, que habia sido veguer de Barcelona, y á 



( 158 ) 
un letrado llamado Destorrent; pero estos no acabaron 
nada. La condesa entonces pasó á Francia, y pidió al rey 
Felipe de Francia le tomase el juramento de fidelidad, 
como heredera de su padre: así se hizo, pero no le man- 
dó dar posesión de aquellos estados, sino que estuviesen 
en secuestro, teniendo ya ocupada la mejor parte de ellos 
el hijo de Pedro Ramón de Comenge, al cual á la postre 
se adjudicaron todos, echando de ellos á los oficiales ha- 
bía metido la condesa. El rey se enojó de esto, porque 
gustaba que la condesa quedara heredera de aquel patri- 
monio, y lo habia pedido al rey de Francia, por medio de 
su primogénito, que se llamaba Juan y era duque de 
Normandía, y de Carlos, duque de Alenzon, hermano del 
rey, y de Luis, duque de Borbon, y de Luis, conde de 
Claramonte, nieto del infante don Fernando de Castilla, 
en cuyas manos estaba el gobierno del reino de Francia; 
y no acabó nada, y quedó muy sentido del rey de Fran- 
cia, y lo demostró dando favor á Eduardo, rey de In- 
glaterra, que tenia guerra con el rey de Francia. Pero el 
negocio de la sucesión del condado de Comenge se quedó 
como estaba , porque el rey fué aconsejado que se pro- 
siguiera por términos de justicia, y el gustó de esto, por- 
que no queria encuentros con el de Francia, por comodida- 
des particulares y pensamientos secretos. 

Mientras se disputaba la justicia de la condesa doña 
Cecilia, se movió entre los reyes don Pedro de Aragón y 
don Jaime de Mallorca, sobre el reconocimiento que éste 
debia hacerle por los feudos, tales novedades, que á la 
postre fueron la destrucción y ruina del rey de Mallorca 
y de su casa; y por haber concurrido en todo el infante 



I 



C Í59 ) 
don Jaime, referiré toda esta historia desdé su principia. 
Conquistó don Jaime el primero, rey de Aragón, la is- 
la de Mallorca, ó hizo tributarios los moros de Menorca: 
quiso mejorar á su segundo hijo, que también se llamaba 
Jaime, y á 21 de agosto de 1262, le dio aquel reino é 
isla, y los condados de Rosellon y Cerdaña, Cobliure, Con- 
flent y el señorío de Valespir, en el principado de Cata- 
luña. Sintióse de esto don Pedro, hermano mayor de don 
Jaime de Mallorca, hijo y primogénito del rey de Aragón; 
parecióle aquella donación inmensa y, como hecha en su 
perjuicio ó menoscabo de su corona, juzgóla excesiva éin- 
Yálida ; pasaron entre los dos varias cosas sobre esto, y 
pararon en que el reino de Mallorca, condados de Rose- 
llon y Cerdaña, Valespir y Cobliure, en Cataluña, los viz- 
condados de Omelades y Carlades, y todo lo que tenia 
en el señorío de Mompeller, y el señorío de otros lugares 
habia comprado y de nuevo adquirido, se tuvieran en feu- 
do por el rey de Aragón. Obligó entonces el rey don Jai- 
me de Mallorca á sus sucesores á prestar homenaje y 
entregar la ciudad de Mallorca, villas de Puigcerdá y Per- 
piñan , siempre que fuesen requeridos por los reyes de 
Aragón ó sus ministros, y que sus sucesores ó descendien- 
tes, siendo llamados, acudirian á las cortes de Cataluña, 
y que en los condados de Rosellon y Cerdaña se guar- 
darían las constituciones y usajes de Cataluña, y no cor- 
rería otra moneda, sino la de Barcelona. De estas obliga- 
ciones se exceptuó él, cargando de ellas á los venideros 
reyes de Mallorca, que habian de heredar aquel reino y de- 
más estados dichos; y finalmente prometió de dar valenza, 
ayuda y favor , por sí y por los suyos, al rey de Aragón 



( 140 ) 
y sucesores de este reino. Entonces el rey don Pedro otor- 
gó y confirmó la donación hecha al rey de Mallorca, su 
hermano, y de le ayudar y valer. Esto pasó en Perpiñan, 
á 2 de enero de 1279; pero quedó el rey don Jaime tan 
mal contento de esto, como de cosa que era notoria opre- 
sión y violencia, y del todo contraria á la voluntad del rey 
su padre. Vióse bien esto, pues siempre quedaron desa- 
venidos y discordes, y cuando Felipe, rey de Francia, 
entró en Cataluña, el rey de Mallorca le dio paso libre 
y franco por sus tierras, sin considerar que obligaba al de 
Aragón á castigar aquella ofensa, como en fin la cas- 
tigó, confiscándole sus estados y despojándole de ellos; y 
aunque el de Mallorca hizo lo posible para cobrarlos, fué 
vana su diligencia , por la mucha resistencia que halló 
en el rey don Pedro. Muerto éste, vino don Alfonso, y 
después de él, don Jaime el segundo, que concordó con el 
de Mallorca, y le restituyó todo lo que le habia quitado 
el rey su padre, para que lo poseyese como de antes. Esto 
pasó el año 1298, en que el rey de Mallorca volvió á 
confesar de nuevo que tenia en feudo de honor, por el 
rey de Aragón, las islas de Mallorca, Menorca é Iviza, |con 
las adyacentes, y los condados de Rosellon y Cerdaña, Va- 
lespir y Cobliure, y reconoció de nuevo, que recibia del 
rey de Aragón, en feudo, los vizcondados de Omelades y 
Carlades y todo lo que tenia en el señorío de Mompeller, 
y que todos sus sucesores quedaban obligados á hacer se- 
mejante reconocimiento y homenajes por ellos, obligándose 
por dicha razón á entregar al rey de Aragón y sus suce- 
sores, siendo requeridos, la ciudad de Mallorca por el 
remo é islas, la villa de Puigcerdá por el condado de 



( m ) 

Cerdafia, y la de Perpiñan por el Rosellon y por los seno- 
ríos de Valespir y Cobliure, y, el castillo de Omelasio, por 
el vizcondado de Omelades; prometió que, siendo llama- 
dos, acudirian á las cortes de Cataluña, si cuando se con- 
vocaban estaban fuera del reino de Mallorca, pero estan- 
do en él, no habia obligación de asistir á ellas; y prome- 
tió el uno valer al otro, y defender sus personas y tierras 
recíprocamente, contra cualesquier personas que les quisie- 
ran ofender. Y aunque el infante don Jaime, hijo primo- 
génito del rey de Mallorca, juró todo esto, no lo hubo de 
cumplir , porque como á sabio y cuerdo , dejó el reino 
que se le esperaba, después de muerto el rey, su padre, 
por otro sin comparación mejor y mas perpetuo, tomando 
el hábito de religioso de san Francisco. Entonces el rey don 
Jaime hizo jurar al infante don Sancho, su hijo segundo; 
y en el año 1302, en Gerona, prestó los homenajes al rey 
de Aragón, y el año 1311, por la fiesta de Pentecostés, 
murió el rey don Jaime, su padre, después de haber rei- 
nado cincuenta y cinco años, como dicen los cronistas de 
aquel reino. Consérvase su cuerpo entero y sin corrupción 
alguna en la iglesia mayor de aquella isla. Al principio de 
su reinado prestó los homenajes al rey don Jaime de Ara- 
gón, en Barcelona; y murió el de 1324, después de haber 
reinado trece años, con mas quietud y sosiego que el pa- 
dre, porque considerando las obligaciones anejas á sus es- 
tados, y cumpliendo con ellas, fué muy querido del rey 
don Jaime de Aragón, en cuyo tiempo vivió, porque su 
quietud era grande, y su condición enemiga de novedades; 
y aunque algunos caballeros franceses le daban á entender 
que negase el feudo al rey de Aragón, por haberlo con- 



( 142 ) 
íesado el rey, su padre, por fuerza y violentado, no lo 
quiso hacer ; antes bien en la conquista de Cerdeña ayudó 
con veinte y cinco mil escudos prestados, que por aquellos 
tiempos era mas que ahora con ciento y cincuenta mil, y 
con vemte galeras pagadas por cuatro meses, y fuera él 
en persona, si se lo permitiera el rey don Jaime, que 
siempre tomó sus cosas muy por propias, como se vio cuando 
el rey de Francia quiso apoderarse del señorío de Mompe- 
11er, que por respeto del de Aragón cesó su pretensión. No 
tuvo el rey don Sancho hijos, y se dudó si habian de vol- 
ver aquel reino y estados á la casa de Aragón , ó si se 
habia de variar la línea de los reyes de Mallorca, des- 
cendientes del rey don Jaime, primer rey de aquella isla. 
Quedaba don Jaime, sobrino de don Sancho, hijo del in- 
fante don Fernando (que era hijo del rey don Jaime y 
hermano del rey don Sancho, y tenia estados en la Morea) 
y de doña Isabel, hija del conde de Artia, y nieta de Lu- 
dovico, último príncipe de la Morea. Nació este príncipe 
en la ciudad de Catania, en el reino de Sicilia, en el mes 
de abril de 1315 y después de treinta y dos dias murió 
la madre. Dispúsose en una junta que convocó el rey de 
Aragón , en Lérida , el artículo de la sucesión; y aunque 
al principio se representaron algunas dificultades, pero á la 
postre se soltaron en favor de don Jaime, y durante su 
menor edad gobernó con título de tutor suyo el infante 
don Felipe, su tio, que era arcediano de Conflent y canó- 
nigo de la Seo de Elna, y murió religioso de la tercera 
orden de san Francisco. Concertóse, que los veinte y cin- 
co mil escudos que cuando fué la conquista de Cerdeña 
prestó el rey don Sancho, su tio, fuesen remitidos y ab- 



( 145 ) 
sueltos; que casase con la infanta doña Constanza, hi- 
ja del rey don Alfonso y de doña Teresa de Entenga, con- 
desa de Urgel; y que el reino y estado del rey su tio, lo 
tuviese con las mismas condiciones que él lo tuvo. Era don 
Jaime hombre presuntuoso, altivo, mal aconsejado, de aque- 
lla especie de hombres que no están contentos de lo 
que Dios les da; y esto fué causa de su ruina y perdición. 
Juzgaba gran carga las condiciones con que habia here- 
dado aquel reino; y el haber de tomar investidura del rey 
de Aragón lo juzgaba á par de muerte, sin considerar cuan 
poco le costaba lo que habia heredado, y el favor le ha- 
bia hecho el rey dándole mujer y estado, debiendo sa- 
ber que si de su tio quedaran hijos, habia de quedar un 
pobre caballero, por tener los heredamientos lejos de Es- 
paña y en regiones apartadas y estrañas, con gran dificul- 
tad de poderlos conservar. No consideró nada de esto, ni 
debió tener quien se lo representase, ni debia gustar de 
ello, y así se le disimuló. Murió el rey don Alfonso de 
Aragón, su suegro, y sucedió el rey don Pedro, su hijo, 
y por estar ocupado en algunas cosas que no le daban 
lugar para ello, dilató el pedirle los homenajes, hasta el 
año 1339; porque á los de su consejo pareció que la di- 
lación habia en prestárseles podia ser perjuicio de la Co- 
rona, de cuyas preeminencias y regalías era el rey don 
Pedro muy celoso; y conociendo que el rey de Mallorca 
buscaba forma como eximirse de ello, le dio mayor prisa, 
requiriéndole que cumpliera con ello, prefijándole dia. 
El de Mallorca envió tres embajadas pidiendo dilación del 
plazo, y á todas se respondió que no habia lugar: era fama 
que asi se lo aconsejaba el infante don Pedro, tio del rey, 



( 144 ) 
que era de su consejo y su canciller. Vino de Valencia á 
Barcelona el rey, aguardó al de Mallorca, que estaba en 
Perpifian y escusaba venir, y hubo de ir allá el infante 
don Pedro para darle á entender que viniera, como á la 
postre, aunque mal de su grado, vino; pidió al rey que 
aquel auto de prestación de homenaje no fuese en la sala 
grande del palacio real, sino en la capilla, y el rey vino 
bien en ello: prestóle los homenajes, confesando tener en 
feudo de honor por el rey y sus predecesores el reino de 
Mallorca, condados de Rosellon y Cerdaña y demás estados 
que quedan dichos. Asistieron á este auto el infante don 
Jaime y sus tíos, Arnaldo de Cescomes, arzobispo de Za- 
ragoza , fray Ferrer de Abella, el obispo de Barcelona y el 
de Elna, y muchos barones de la corona, y los concelleres 
de Barcelona, y dos síndicos de Valencia. Sentóse el de 
Mallorca, después de haber estado un rato en pié, en una 
almohada menor que otra en que estaba sentado el rey; 
y acabado el auto, se volvió áPerpiñan: allá se vieron des- 
pués los dos reyes, y fueron juntos á Aviñon, porque el 
rey de Aragón habia de hacer el reconocimiento por el 
reino de Cerdeña, al pontífice, que residia con su corte 
en aquella ciudad: acompañábale el de Mallorca, y fueron 
recibidos con real aparato. Aquí se falló poco de aconte- 
cer una grande desgracia, porque el dia en que iba el de 
Aragón á hacer el reconocimiento;, le acompañó el de Ma- 
llorca, y pasando los reyes juntos á la par, el caballo del 
rey de Aragón se adelantó algo mas que el caballo del 
rey de Mallorca, y un caballero suyo fué tan atrevido, 
que dio de palos al caballo del rey de Aragón y al ca- 
ballero que le llevaba del diestro. Sintió el rey mucho tal 



( 145 ) 
atrevimiento , y miicho mas porque el de Mallorca, sin 
mostrar de ello el sentimiento fuera justo, ni mandar cas- 
tigar al atrevido caballero, parecia no pesarle del caso; y 
movido el de Aragón de ira y sentimiento, echó mano á 
la espada, para herir al de Mallorca, y no la pudo sacar, 
por lo mucho que estaba apretada en la vaina, aunque echó 
mano de ella tres veces. Alteróse el pueblo, y el infante 
don Pedro se puso de por medio, y avisó al rey que di- 
simulase, porque no podia salir bien con ello, porque toda 
aquella corte estaba apasionada por el de Mallorca, y era 
poner su persona en manifiesto peligro. Fuéronse los dos 
reyes, y olvidando ó disimulando lo que había pasado, en 
Mompeller, Perpiñan y demás tierras suyas mandó el de 
Mallorca hacerle grandes fiestas y recibimientos. 

El rey Felipe de Francia, por estos tiempos, traia guer- 
ra con el de Inglaterra, y porque el de Mallorca no se 
confederara con él, según se sospechaba, le pidió el reco- 
nocimiento del señorío de Mompeller y los homenajes, por 
desviarle, con la prestación de ellos, de acciones de su de- 
servicio. Sobre esto pasaron varias cosas, y el de Aragón 
se interpuso, para que no se hablara mas de la materia; 
pero el de Mallorca, por particulares quejas tenia del de 
Francia, le quiso mover guerra, aunque se lo desaconseja- 
ba el rey de Aragón, que consideraba el fin que había de 
tener tal guerra, y que habia de ser principio de su sal- 
vación, como lo fué; pues el de Francia se quedó con el 
señorío de Mompeller y vizcondados de Omelades y Car- 
lades, porque sabia que el de Aragón no le estaba muy 
afecto, y habia de tomarlo con la flema que lo tomó. 

E\ dé Mallorca, impaciente de que el rey, su cuñado, 
TOMO X. 10 



( 140 ) 
cuidara tan poco de defender lo que le iba ocupando el de 
Francia, y que no tomara las armas en su defensa y de 
su estado, le requirió que, en observancia de las conven- 
ciones habia entre ellos y sus pasados, saliese en defensa 
de lo que le habia el de Francia ocupado, y resistiese á 
las gentes cstranjeras querían entrar por los condados del 
Rosellon; porque sabia por cosa cierta, á lo menos así lo 
cntendia, que declarándose el rey en su favor, y tomando 
con calor su causa, todo se asentara bien , porque al de 
Francia le daba harto que entender el rey de Inglaterra, y 
no habia de traer nueva guerra con el de Aragón, á quien 
pesaba que el de Mallorca la moviera; y para mas sosegar 
al uno y al otro, envió á Francia á fray Arnaldo de Oli- 
ver, obispo de Huesca, del orden de San Agustin; pero no 
negoció nada, y el de Mallorca, mal aconsejado, movió la 
guerra, porque no tuvo paciencia para aguardar mas, con- 
fiando en sus fuerzas, y que el rey de Aragón tomaría la 
guerra por propia, según se lo instó muchas veces. Pero 
esto aprovechó poco, porque aunque el rey estaba obligado 
á ello, por respetos y comodidades suyas particulares, no 
se daba por entendido ni venia bien en lo que intentaba 
el de Mallorca, y aconsejado de los infantes, sus tios, y 
de don Jaime, su hermano, conde de Urgel, y otros, dio 
por respuesta al rey de Mallorca, que él intercedía con el 
francés porque hiciera lo que fuera justo y razonable, y 
cuando no lo quisiera hacer, él estaba aparejado de guar- 
dar las conveniencias había entre ellos, en caso que el de 
Mallorca comenzara guerra contra Francia, Esto era en 
cuanto al exterior; pero en cuanto al interior, todo era 
buscar desvíos para no meterse en guerras contra el rey 



( li7 ) 
de Francia. Estando en esto, el de Mallorca envió á Ra- 
món Roch, embajador suyo, al rey de Aragón, para requi- 
rirle que, pues la guerra emprendia era por lo de Mom- 
peller, Omelades y Carlades, y era justa, que para el pri- 
mero de mayo de este año 1342 se hallara con todo su 
poder en el condado de Resellen ; pero el rey le dio por 
respuesta, que por mediados de febrero, que se viesen en 
Barcelona. A 15 de febrero el de Mallorca hizo el mismo 
requirimiento, y porque el rey no se movia, volvió otra vez 
á lo requerir; el cual, á 19 del dicho mes, respondió muy 
largamente, concluyendo no querer emprender aquella guer- 
ra, por juzgarla por injusta. Los* infantes don Pedro, don 
Ramón Berenger, don Jaime y otros, que eran del consejo 
del rey, aunque temian mucho meterse con Francia en 
guerras, por otra parte daban por claro que el de Ara- 
gón, en aquel caso, estaba obligado á valer al de Mallorca, 
por razón de ser su feudatario y no deber contravenir á 
la condición del feudo, que le obligaba á la defensa de sus 
feudatarios, y estaban todos muy perplejos y dudosos, s.o- 
bre qué medio tomarian en esto; pero el rey, que era de 
su natural muy artificioso, después que los hubo escucha- 
do á todos, dio esta traza, que él convocaría cortes en 
Cataluña^ para 25 de marzo, que era muchos dias antes 
del dia en que, según el requirimiento del de Mallorca, el 
de Aragón se habia con todo su poder de hallar en Rose- 
llon; y tuvo el rey este pensamiento: ó el de Mallorca 
vendrá á las cortes, ó no vendrá; si viene, tomaremos el 
acuerdo que mas pareciere convenir, si no viene, no esta- 
remos obligados á favorecerle en la guerra emprende con- 
tra Francia, pues t^^ha faltado á la obligación, y así no 



( 148 ) 
quedaremos obligado al requirimiento; y á los del consejo 
pareció bien el discurso ó cautela del i'ey. Publicáronse 
las cortes en Barcelona para 25 de abril, y no vino el de 
Mallorca; asignóle el rey tres dias mas, y en ellos, ni vino, 
ni envió, que era lo que el rey buscaba: entonces dijo 
estar libre de la obligación tenia de acudir á Perpiñan, pues 
el de Mallorca no habia acudido á su llamamiento, y de aquel 
punto adelante le trató, no como á rey, mas como á subdito 
y vasallo que habia delinquido contra su rey y señor; hízole 
proceso y cargo de que negaba la fidelidad, y que habia 
fundido la moneda del rey y la habia batido en Rosellon 
y Cerdaña, y permitia que en estos dos condados corriera 
moneda francesa; mandóle por esto citar, y envió á Bernardo 
de Olzinelles, su tesorero, á consultar con los infantes Ra- 
món Berenguer, don Pedro, don Jaime y con los conce- 
lleres de Barcelona y con los barones y prelados de Cata- 
luña, y darles razón del hecho; y á 18 de abril de este 
año 1342, estando el rey .en San Boy, junto á Barcelona, 
declaró al rey de Mallorca, por no haber comparecido, 
por contumaz, y que se prosiguiese contra de él y de los 
feudos que tenia por la corona. 

En esta ocasión llegaron á Barcelona dos embajadores 
del rey de Francia, y dijeron al de Aragón, que el rey su 
señor habia sobreseido en proceder contra del de Ma- 
llorca, por razón del feudo de Mompeller y demás tierras 
tenia en el reino de Francia, y le daba gracias por no ha- 
berle favorecido en las novedades que contra él intentó, 
antes haberle desviado de aquel propósito; y el de Aragón 
dio razón al de Francia de todo, y le rogó mandase que 
ningún vasallo suyo le valiera en la ^ecucion que contra 



( 149 ) 
él quería hacer, pues él no valió' al de Inglaterra, ni al de 
Mallorca, que se lo requirieron, y aun le ofrecieron mu- 
chas tierras, castillos y dinero; y el de Francia vino bien 
á todo, y lo agradeció. Confiaban los dos reyes que el fin 
de los estados del de Mallorca seria quedarse el de Fran- 
cia con lo que el de Mallorca tenia en su reino, y el de 
Aragón con las islas y reino de Mallorca y condados de Ro- 
sellon y Cerdaña; y no se dilató mucho, antes dentro de 
breve tiempo todo se vio cumplido. 

El pontífice Clemente VI, instado de los condes de Foix 
y de Armenyac, deudos del rey de Mallorca, envió á Ar- 
naldo, obispo Aquense, su nuncio, al rey don Pedro, para 
que se diera un buen asiento á las cosas del rey de Ma- 
llorca; y por dar gusto al pontífice, le díó salvoconducto 
y sobreseyó en el proceso habia comenzado. Armó el de 
Mallorca cuatro galeras, y con su mujer doña Constanza, 
hermana del rey, vino á Cataluña, donde estaba el rey, 
el cual, por no estar desapercibido, hizo venir de Valencia 
otras cuatro galeras, porque conjeturaba lo que habia ó 
podia ser. Llegado el de Mallorca, fué muy bien recibido 
y solemnemente festejado, y el rey le aposentó, con su mujer, 
en el monasterio de San Francisco; y el otro mandó labrar 
una puente de madera, cubierta, para pasar mas decente- 
mente, según él decia, desde la posada á las galeras, y 
sin ser visto. Tratóse de su negocio, y no se concluyó 
nada, aunque el nuncio lo procuró con todas las veras 
posibles. El de Mallorca y su mujer se fingieron enfermos, 
y mandaron que no dejaran entrar en su aposento, sino 
al rey y á los infantes don Pedro y don Jaime, conde de 
Urgel , y . mandó esconder doce hombres armados que lo;* 



( 150 ) 
prendieran, ó matasen, si se defendiesen, y presos, por aque- 
lla puente ó pasadizo, los llevasen á las galeras, y con ellas 
á Mallorca, y los metiesen en el castillo de* Oloron, para 
tenerlos allá, hasta le fuera remitido el feudo, y dada tan- 
ta parte del principado de Cataluña, que bastara á limitar 
las fuerzas y poder del rey. Este concierto reveló un frai- 
le dominico al rey, por habérselo comunicado una perso- 
na que cabia en él, advirtiéndole, que no fuese en nin- 
guna manera á visitar á la reina, su hermana, porque si 
lo hacia, seria muerto, y no le podia decir mas. Turbóse el 
rey de oir esto; y aunque no la fué á visitar aquel dia , 
dijo al religioso, que deseaba saber quién se lo habia di- 
cho y lo demás que habia pasado, y que si no se lo que- 
ría decir, no por esto dejada de visitar á la reina , su 
hermana, aunque perdiera la vida, porque no parecía bien, 
siendo ella venida en su tierra, él la dejara de visitar; y 
el religioso dijo, que de todo tomaría acuerdo con la per- 
sona que se lo habia dicho. El dia siguiente los infantes 
don Pedro y don Jaime, que no sabían nada de esto, dije- 
ron al rey que parecía muy mal tardara tanto en visitar á su 
hermana, estando enferma, y habiendo ya dos días habia 
venido, suplicándole no mirara lo que había hecho el rey 
de Mallorca, su marido. El rey don Pedro, aunque sabía 
ser aquella enfermedad fingida, resolvió de irla á visitar, 
no temiendo al de Mallorca, ni haciendo caso de lo que 
él tenia pensado; y las cuatro galeras habian venido de 
Valencia estaban prevenidas, para cualquier caso que su- 
cediera. Estas visitas no se efectuaron por una hinchazón 
de maligna naturaleza que le sobrevino al rey en la cara, 
junto al ojo, que le obligó á sangrarse y estar retirado 



( i51 ) 
algunos dias. E\ dia siguiente volvió al rey aquel religioso 
y le dijo, que el que se lo habia descubierto era la mis- 
ma reina de Mallorca, su hermana, y le rogaba que la 
hiciera venir, por grado ó fuerza, en su 'presencia, y sa- 
bría de ella la verdad de todo. Él lo dijo al infante don 
Jaime, conde de Urgel, hermano de los dos y procurador 
general suyo, mandándole dijese á la reina, que le fuese 
á visitar, porque estaba enfermo, y gustaba de ello; y 
ella respondió, que holgaría de ello, si le diese licencia 
el rey, su marido, que estaba presente; el cual dijo que 
no daba tal licencia; y el infante replicó, que quisiese, ó 
no, la reina habia de ir, y que él lo mandaba, como á 
procurador general del rey, y la podia compeler á ello; y 
luego mandó á la reina, que se levantase y siguiese. Que- 
jóse el rey de Mallorca del hecho, porque era fuerza y vio- 
lencia lo que se hacia, estando él debajo el salvoconducto 
que se le era concedido: y el infante don Jaime le dijo que 
no se habia de hacer otra cosa, pues el rey lo queria, y 
fué con la reina á palacio, y allá descubrió al rey, su her- 
mano, todo lo que habia pasado, y lo refirió después, delante 
los infantes don Jaime y don Pedro, el cual, antes de 
saber esto, afeaba mucho al rey lo que habia hecho, pero 
después que supo la intención del de Mallorca , fué de 
parecer que fuese preso. El rey juntó á los infantes y á 
los de su consejo, llamando á él algunos letrados, y decla- 
raron no valerle al de Mallorca el guiaje, y que fuera 
preso; pero no le pareció bien aquel consejo, y no quiso 
se ejecutara, porque no se imaginara que era achaque ó 
codicia de quitarle el reino y condados. El dia siguiente, 
sentido el de Mallorca de lo que habia pasado, fué á pa- 



( 452 ) 
lacio, á hora que el rey estaba comiendo, y le dijo en 
presencia de muchos: «Señor yo habia venido aquí en 
vuestra fé, con salvaguarda, y habeisme hecho fuerza en 
mandar traer forciblemente á la reina mi mujer, y en- 
tiendo que no se me aparejan ningunas buenas obras; y 
así , vengo á pedir vuestra licencia , y pues no se me 
guarda el salvoconducto, yo me parto y despido de vos, 
y niego tener por vos los feudos.» Y el rey solo le res- 
pondió, que se fuera enhorabuena; pero á los que esta- 
ban allá pareció muy mal como no lo mandó prender; 
y el rey dijo que lo dejasen , que á la fin sabrian la 
verdad de todo, y él confesaría lo que entonces negaba; y 
luego se partió con las cuatro galeras con que habia ve- 
nido. Quedó la reina , su mujer, en poder del rey, con 
sola una dama mallorquina, que las demás se embar- 
caron. Llegado el rey á Mallorca, confiscó á los mer- 
caderes catalanes sus haciendas, prendió sus personas, y 
lo mismo hizo en todas 4a tierras de sus señoríos, y se 
puso en orden de guerra contra el rey su cuñado. 

El nuncio no pudo acabar cosa, y solo le quedaba 
instar con el rey, que dejara volver á la reina de Ma- 
llorca con el rey , su marido, porque ella lo deseaba; 
y menos acabó esto, y desconfiado de obrar cosa, se vol- 
vió á Aviñon á dar razón de todo al papa, que procuró 
lo mismo, y no acabó nada con el rey, el cual siempre 
dio poco crédito á los descargos daba el de Mallorca de 
haber hecho aquella puente para prender al rey y á los 
infantes, porque si tal hubiera pensado, tuvo, según de- 
cía, hartas ocasiones en que, sin nota de su honor, lo 
pudiera ejecutar, y aun matarlos, si quisiera, y que men- 



( 153 ) 
tia cualquier que aquello decia, y lo combatiría en per- 
sona, sacándoles á desafío. El rey, para justificarse, en- 
vió al papa copia del proceso, y Guillen de Rocamora, 
arcediano de Huesca, pasó á Aviñon, para informar al pa- 
pa y colegio de los cardenales en favor del rey don Pedro, 

El rey continuaba su proceso, y procedió á hacer eje- 
cución contra el de Mallorca y sus estados: mandó por 
esto, á 9 de setiembre de 134-2, al infante don Jaime, 
su hermano y procurador general suyo , que fuera con 
don Lope de Luna y otros que nombró por capitanes, 
á la frontera de Rosellon, y haciendo poderosa guerra, 
tomaran aquel condado, cuidando muy en particular que 
de allá no entrara gente de armas en Cataluña. 

Cuando el infante don Jaime se disponia para esto , 
vino el rey de Valencia á Barcelona, y acabado el pro- 
ceso, un viernes, á 11 del mes de febrero de 1343, es- 
tando sentado en su solio en el palacio real, dio su sen- 
tencia definitiva contra el rey de Mallorca. Publicóse en 
presencia de muchas personas notables , entre ellas los 
conselleres de Barcelona; porque en tiempo de los re- 
yes de Aragón, ningún acto de consideración se celebra- 
ba en que no fuesen llamados los conselleres de esta 
ciudad, que era la principal de sus reinos y de mayor 
prudencia en sus consejos. Lo que contenia esta senten- 
cia era: que, considerando que no habia comparecido den- 
tro el tiempo y en el lugar le era estado asignado, le 
declaraba contumaz; y que por no haber obedecido á sus 
mandamientos , ponia bajo la investidura de su fisco el 
reino de Mallorca, con las islas adyacentes y los conda- 
dos de Rosellon y Cerdaña, y demás tierras suyas que por 

TOMO X. 11 



( 154 ) 
él tenia en feudo dentro de sus reinos , y también los 
bienes muebles y todo lo demás tenia; y que si dentro 
de un año no comparecia, todo fuese adquirido al domi- 
nio real y confiscado; y esto se entendia sin perjuicio de 
otros procesos hechos contra de él y sus valedores; y 
mandó que esta sentencia fuese publicada por todas las 
veguerías de Cataluña, á instancia de Arnaldo de Eril, 
procurador real, ascendiente, á lo que entiendo, de Fran- 
cisco de Eril, que fué procurador fiscal, cuando proce- 
dió el rey don Fernando el primero contra don Jaime de 
Aragón, último conde de Urgel. Entendió luego el rey 
en juntar todas sus fuerzas para pasar á la conquista de 
aquel reino, con tantas veras y ahinco , como si fuera 
contra los moros que lo poseyeron; y aunque recibió em- 
bajada de la reina de Ñapóles, tia del de Mallorca, pa- 
ra que se llevara bien con él y llegara á trato , no la 
quiso escuchar, ni dejó de continuar los aparatos de guer- 
ra que hacia. Los mallorquines no estaban muy adolori- 
dos de la pérdida de su rey: era mal quisto, y les tenia 
muy oprimidos, y les aQigia y vejaba en gran manera con 
pechos indebidos é imposiciones extraordinarias é intole- 
rables, ejecutando en ellos severos castigos por culpas li- 
jeras, confiscándoles las haciendas que con sudor y tra- 
bajo ganaron; y por esto deseaban salir de la sujeción 
de un rey que, por tener pequeño reino y limitados seño- 
ríos, y esos muy escampados , cada dia les cargaba gra- 
vezas, y á costa de ellos mantenía sus empresas, que eran 
mas grandes de lo que las debiera tomar; y por facili- 
tar el pasaje al rey, y que entendiese el ánimo y dispo- 
sición de los de aquella isla, le enviaron un síndico^ su- 



( 155 ) 
pilcándole algunas cosas; y habido consejo "con los infan- 
tes don Jaime y don Pedro , les fueron concedidas , y 
sobre ellas se otorgó auto en forma de concordia , en 
que intervinieron el arzobispo de Zaragoza, don Pedro y don 
Lope de Luna, señor deSegorbe, yGalceran de Anglesola. 
Al síndico de Mallorca, que se llamaba Bertrán Roe, dio 
el rey trescientos escudos de renta y grandes exenciones 
para él y los suyos, concediéndole también privilegio mi- 
litar. Con esta prevención, pasó el rey á Mallorca con 
su armada, y fué muy grande el contento que de su ve- 
nida tuvieron los vecinos de aquel reino. Al principio, 
para cumplir con el rey don Jaime, hicieron demostra- 
ción de resistir á la armada; pero á la postre, quedóla 
victoria por el rey de Aragón, y desamparado el de Ma- 
llorca por los suyos, quedó vencido. Dióse luego asiento 
á algunas cosas de aquel reino, y de allí volvió el rey á 
Cataluña, para dar orden en la paga de su gente, que 
habia dias no la habian recibido, y estaban muy impa- 
cientes, y de allá, con intención de pasar á la conquis- 
ta de Rosellon y Cerdaña, se vino á Gerona: aquí halló 
al infante don Jaime y á don Lope de Luna, con otros 
muchos ricos hombres, y hasta trescientos caballeros de los 
que habian quedado en aquella frontera cuando él pasó 
á Mallorca, y habia poco eran vueltos de Cerdaña, don- 
de habian hecho entrada y correrías hasta Puigcerdá, y 
se eran retirados por falta de vituallas, sin haber hecho 
cosa de consideración. Aquí aguardó el rey las huestes 
de Cataluña, y apercibió lo necesario para aquella ejecu- 
ción de justicia que pensaba hacer, (que este nombre da- 
ba á la persecución del rey de Mallorca), Estaba la gen- 



( 156 ) 
te del rey muy impaciente por las pagas se les debían, 
é instaron á los infantes don Jaime y don Pedro, que las 
pidieran; y aunque ellos al principio lo rehusaron, á la 
postre no pudieron escusarlo, porque amenazaban que se 
irian; y lo que se debia era, á los aragoneses el sueldo 
de quince dias, y á los catalanes el de diez ; y el rey 
les envió á decir, que se fueran, porque confiaba con- 
quistar aquellos condados con los mismos que habian con- 
quistado el reino de Mallorca, y érale fácil, porque ha- 
bía muchos que estaban muy descontentos de aquel rey; 
y aunque les envió la respuesta con aquel desapego , no 
gustaba le tomaran la palabra, y no faltó quién, por par- 
te del rey, les aseguró que en sor en Roscllon serían 
pagados; y con esto se aquietaron y fueron con el rey al 
Ampurdan. Aquí se alojaron; y dice el rey en su histo- 
ria, (¡ue el infante, su hermano, llevaba doscientos y cin- 
cuenta caballeros, y fué alojado en Asfas y en Villaso- 
quer, y los demás en otros lugares, una legua al rededor 
de Figueras. Aquí recibió el rey otra embajada del de 
Mallorca, pero no efectuó nada: á 21 de julio partió para 
Gerona, con los infantes don Jaime y don Pedro, que le 
fueron á acompañar, y otros muchos caballeros, y con 
ellos llegó á Figueras; aquí recibió dos cartas , una del 
cardenal de Rodas y otra del rey de Mallorca, que pedia 
seguro [)ara verse con el rey, el cual, aconsejado de los 
infantes y otros, no lo quiso dar. De Figueras pasó el 
rey á la Junquera, y aquí recibió otra carta del rey de 
Mallorca , que llevó fray Antonio Nicolás, del orden de 
San Agustín, y suplicó al rey le oyera solo: apartáronse 
los dos, y toda la plática fué persuadirle no procediera 



( iS7 ) 
contra el de Mallorca/y se tomara un acertado medio que 
estuviera bien á los dos ; y el rey, sin tomar consejo de 
nadie, respondió que no habia lugar para ello, y le dio 
las demás razones que largamente refiere en su historia. A 
29 de julio de este año 1343, ordenó el rey sus bata- 
llas, creyendo que al pasar el collado de Panigars se ha- 
bia de pelear , porque era el paso de Cataluña á Rose- 
llon, y era fácil al rey de Mallorca defenderlo. Iban en 
la vanguardia los infantes don Jaime y don Pedro, que 
era senescal del ejército; en el medio iban las huestes de 
Cataluña y el bagaje, y en la retaguardia la personadel 
rey; y sin acontecer cosa de consideración, llegó á Elna 
y se alojó en la campaña. Aquí llegó 'el obispo de Hues- 
ca , pidiendo al rey seguro para que el de Mallorca y 
él se vieran, y no lo quiso conceder; y el dia siguiente 
llegó á Canet, y aquí vino el cardenal de Rodas, que se 
intitulaba de San Ciriaco y su padre era catalán, natu- 
ral del ducado de Cardona, que entonces aun era viz- 
condado, y el papa le habia enviado por su legado, y era 
muy aficionado al servicio del rey don Pedro, y vino pa- 
ra tratar de concordia, y oyó la misma respuesta, y aun 
les dio el rey muy bien á entender, que estaba muy sen- 
tido del favor que el de Mallorca hallaba en la corte del 
papa, pues habia hecho venir dos cardenales que habla- 
ran por él, y para concordar las diferencias tuvo él con 
el infante don Fernando, su hermano, no pudo hacer ve- 
nir uno, habiendo, para este fin, enviado al infante don 
Pedro, su tio, al papa, el cual debiera concedérselo, pues 
todos los reyes de Aragón habian derramado su sangre 
en servicio de la Iglesia, sin haber recibido de la sede. 



( ÍS8 ) 
apostólica otra paga , mas que un pedazo de pergamino 
que contenia la bula de la donación de Cerdeña, que tan- 
to costó de conquistar al rey, su padre, de los písanos, 
inobedientes á la Iglesia, en vez de los cuales ganó á un 
rey por vasallo; y con esto se despidió el cardenal, y el 
rey con sus huestes tomó algunos castillos y lugares, ta- 
lando con gran rigor aquella campaña. Estando el rey 
en Cíayrá, llegó otra vez el cardenal, por cuyo honor y 
respeto mandó cesar la tala y que nadie hiciera daño á 
los de la villa; y aconsejado de los infantes y otros, man- 
dó sobreseer la guerra, desde 19 de agosto de este año, 
hasta el abril siguiente, sin perjuicio de su justicia. Los 
motivos que daba eran: por hacer servicio á Dios nues- 
tro Señor , reverencia y acatamiento á la santa Sede 
apostólica y al papa, y por contemplación y honor del le- 
gado que se lo habia pedido; pero en su historia da otras 
causas, como eran faltarle comodidad para detenerse mu- 
cho en aquella tierra, por la falta grande que habia de 
viandas, y no tener los ingenios y máquinas necesarias pa- 
ra combatir el castillo de Perpiñan. Con esto , se volvió 
á Barcelona , y pagó á su gente, aunque los infantes y 
demás quedaron quejosos y descontentos , pareciéndoles 
(juedaban mal remunerados y no enteramente pagados. 

El rey fué á visitar los reinos de Aragón y Valencia, y 
recibió servicio de ellos para continuar esta guerra. Entonces 
recibió por un fraile del orden de San Agustin otra em- 
bajada del de Mallorca, llena de sumisiones; pero como 
el rey estaba ya resuelto de perder del todo á aquel prín- 
cipe, hizo poco caso de ella, y le dio en escritos, repi- 
tiendo todas las quejas tenia de él y ofensas le habia he- 



( i59 ) 
cho, ponderándolas por graves culpas, porque representa- 
das por tales, no pareciese rigurosa la ejecución habla he- 
cho contra él. 

Divulgóse en aquella sazón que el de Mallorca, en há- 
bito disfrazado, queria venir ante el rey; y por eso man- 
dó á los bailes de Figueras y otros pueblos, que echasen 
espías, y en ser descubierto, fuese preso y llevado á Ge- 
rona y puesto en la ^Gironella, que era la fuerza mayor de 
aquella ciudad; .y para quitarle de una vez le esperanza 
le podia quedar de volver á sus estados, á 29 de marzo 
de 1344, estando en la capilla real de Barcelona, con 
los infantes don Jaime y don Pedro, cuatro síndicos de la isla 
de Mallorca y otros muchos, unió perpetuamente é incor- 
poró en la corona real el reino de Mallorca y las islas 
adyacentes y condados de Rosellon y Cerdaña y las tier- 
ras de Conflent, Valespir y Cobliure, y quiso que todo 
lo que habia sido del rey de Mallorca en los reinos de 
Aragotí, Valencia y condado de Barcelona, quedara de allí 
adelante so un mismo dominio, sin que se pudiera ena- 
jenar ó enfeudar en todo ó en parte, por ninguna cau- 
sa ó razón, dando facultad á don Pedro, don Ramón Be- 
renguer y dpn Jaime , y á las universidades del reino é is- 
las de Mallorca y condados y singulares de ellos, que 
en cuanto él y los suyos contravinieran á esto, no les obe- 
dezcan, antes estén obligados á resistir con armas ó sin 
ellas, alzándoles cualquier homenaje ó juramento de fide- 
lidad , obligando á cualquier sucesor en el reino haya 
de jurar esta unión, sobre la cual habian hecho en Cata- 
luña los reyes don Alfonso y don Jaime segundo algu- 
nas constituciones; y mandó á los infantes y á los demás 



( 162 ) 
rauclios; y examinados los pareceres de ellos, dio cada uno 
su voto, en un papel cerrado, al rey, que así lo quiso, 
y vistos todos, resolvió que al rey de Mallorca se le die- 
sen diez mil libras de renta, mientras se tardaba á dárse- 
le estado de otro tanto rédito para él y sus sucesores, 
fuera los señoríos del rey, y faltando sus sucesores por 
línea masculina, volviese á lo corona; remitióle el feudo 
y derecho de comiso y confiscación que tenia en los viz- 
condados de Omelades y Carlades y señoríos de Mompe- 
ller, y que dejase el título, nombre y dignidad de rey, 
armas y divisas reales; y en Badalona, donde estaba, se lo 
envió el rey á notificar. 

Esta resolución tomada en aquel parlamento desplugo 
al rey de Mallorca de tal manera, que estimó mas per- 
derse por trance de batalla, que ser despojado de aquella 
manera, y que su hijo don Jaime, que estaba jurado por 
sucesor sujo, quedase desposeido con tanta ignominia. Sa- 
lióse del lugar de San Vicente, donde habia venido de 
Badalona, y con algunos de los suyos se volvió á Cerdaña, 
y echó fama que por voluntad y merced del rey volvía á 
cobrar sus estados, porque el rey los tenia solo por las 
postáis, que así llamaban en Cataluña el derecho que tiene 
el señor del feudo de poseer por espacio de diez dias el 
castillo del vasallo, que Gerónimo Zurita llama tenencias; 
lo que no fué de poco pesar para los pueblos de aquellos esta- 
dos,* donde era muy aborrecido el de Mallorca, por las mu- 
chas imposiciones y gabelas echaba cada dia, y rigor con que 
las exigia, indigno de un rey cristiano. La gente que llevaba 
en esta entrada era poca; pero daba cuidado la que jun- 
társele podia; y el rey envió quien le resistiese, y en el entre- 



( I«5 ) 

tanto se habla entrado ya en Cerdaña; pero el conde de 
Pallars, con la mas gente que pudo juntar, socorrió los 
pueblos de aquel condado, y el infante don Jaime las fuer- 
zas de Lérida y Querol y Torre de Cerdaña, repartiendo 
por ellas sus gentes; con lo que y demás prevenciones hizo 
el rey, obligó al de Mallorca se saliera de Cataluña, y har- 
to lastimado y pobre, aborrecido y desamparado de los 
suyos, se pasó á Mompeller. 

No fué poco el contento que tuvieron los vasallos de 
este rey de su caida é infeliz suerte, porque era general- 
mente aborrecido de todos, por las intolerables y extra- 
ordinarias imposiciones que de continuo echaba sobre ellos, 
á cuya costa pensaba sustentar aquella guerra, de que to- 
dos tenian pesar, y deseaban escusara : al principio se lo 
aconsejaban, pero tomábalo tan rabiosamente, que por es- 
to hizo morir con muertes crueles é inhumanas muchos 
de sus vasallos, personas honradas, que desapasionadamen- 
te se lo aconsejaban, adivinando el fin que habia de tener, 
y que habia de ser la destrucción de él y de su casa y 
familia. Por esto mandó prender á don Pedro de Fono- 
llet, vizconde de Illa, y á tres caballeros y algunos bur- 
geses, y los mandó llevar al castillo de Bella Vista en el 
reino é isla de Mallorca, y aun mandó al alcalde los ma- 
tase, y fué ventura se tomasen aquellas cartas, y así no se 
ejecutó aquel cruel mandato; con todo, les mandó confiscar 
los bienes y en los dias mas santos en que los tribunales ce- 
san de proseguir las causas criminales, y los reos tienen en 
alguna manera alivio y descanso en sus penas, mandó ha- 
cer las capturas de ellos y darles el castigo. La prisión del 
vizconde y de los demás fué un domingo de Ramos, y el 



( 162 ) 
muclios; y examinados los pareceres de ellos, dio cada uno 
su voto, en un papel cerrado, al rey, que así lo quiso, 
y vistos todos, resolvió que al rey de Mallorca se le die- 
sen diez mil libras de renta, mientras se tardaba á dárse- 
le estado de otro tanto rédito para él y sus sucesores, 
fuera los señoríos del rey, y faltando sus sucesores por 
línea masculina, volviese á lo corona; remitióle el feudo 
y derecho de comiso y confiscación que tenia en los viz- 
condados de Omelades y Carlades y señoríos de Mompe- 
ller, y que dejase el título, nombre y dignidad de rey, 
armas y divisas reales; y en Badalona, donde estaba, se lo 
envió el rey á notificar. 

Esta resolución tomada en aquel parlamento desplugo 
al rey de Mallorca de tal manera, que estimó mas per- 
derse por trance de batalla, que ser despojado de aquella 
manera, y que su hijo don Jaime, que estaba jurado por 
sucesor suyo, quedase desposeido con tanta ignominia. Sa- 
lióse del lugar de San Vicente, donde habia venido de 
Badalona, y con algunos de los suyos se volvió á Cerdaña, 
y echó fama que por voluntad y merced del rey volvía á 
cobrar sus estados, porque el rey los tenia solo por las 
<f postáis, que así llamaban en Cataluña el derecho que tiene 

el señor del feudo de poseer por espacio de diez dias el 
castillo del vasallo, que Gerónimo Zurita llama tenencias; 
lo que no fué de poco pesar para los pueblos de aquellos esta- 
dos, •donde era muy aborrecido el de Mallorca, por las mu- 
chas imposiciones y gabelas echaba cada dia, y rigor con que 
las exigía, indigno de un rey cristiano. La gente que llevaba 
en esta entrada era poca; pero daba cuidado la que jun- 
társele podia; y el rey envió quien le resistiese, ven el entre- 



( 163 ) 
tanto se había entrado ya en Cerdaña; pero el conde de 
Pallars, con la mas gente que pudo juntar, socorrió los 
pueblos de aquel condado, y el infante don Jaime las fuer- 
zas de Lérida y Querol y Torre de Cerdaña, repartiendo 
por ellas sus gentes; con lo que y demás prevenciones hizo 
el rey, obligó al de Mallorca se saliera de Cataluña, y har- 
to lastimado y pobre, aborrecido y desamparado de los 
suyos, se pasó á Mompeller. 

No fué poco el contento que tuvieron los vasallos de 
este rey de su caida é infeliz suerte, porque era general- 
mente aborrecido de todos, por las intolerables y extra- 
ordinarias imposiciones que de continuo echaba sobre ellos, 
á cuya costa pensaba sustentar aquella guerra, de que to- 
dos tenian pesar, y deseaban escusara : al principio se lo 
aconsejaban, pero tomábalo tan rabiosamente, que por es- 
to hizo morir con muertes crueles é inhumanas muchos 
de sus vasallos, personas honradas, que desapasionadamen- 
te se lo aconsejaban, adivinando el fin que habia de tener, 
y que habia de ser la destrucción de él y de su casa y 
familia. Por esto mandó prender á don Pedro de Fono- 
llet, vizconde de Illa, y á tres caballeros y algunos bur- 
geses, y los mandó llevar al castillo de Bella Vista en el 
reino é isla de Mallorca, y aun mandó al alcalde los ma- 
tase, y fué ventura se tomasen aquellas cartas, y así no se 
ejecutó aquel cruel mandato; con todo, les mandó confiscar 
los bienes y en los días mas santos en que los tribunales ce- 
san de proseguir las causas criminales, y los reos tienen en 
alguna manera alivio y descanso en sus penas, mandó ha- 
cer las capturas de ellos y darles el castigo. La prisión del 
vizconde y de los demás fué un domingo de Ramos, y el 



( 164 ) 
jueves siguiente, en que la Iglesia representaba la muerte 
(leí Salvíidor c institución del Santísimo Sacramento de la 
Eucaristía, mandó atormentar á Pedro Borrón, que era uno 
de los burgeses habia mandado prender el dia de Ramos, 
y conociendo el mal que habia hecho en usar tal rigor 
con aquel hombre en dia tan santo, le tomó juramento 
que no revelaría hubiese sido torturado en el dia santo 
de Pascua. Mandó convidar los cónsules y algunos burge- 
ses de la villa de Perpiñan, con pensamiento de prender- 
los; y porque faltaron dos de los cónsules, á quienes te- 
nia aborrecidos, disimuló con los demás, aguardando la 
ejecución de su intento para otro dia. En el dia de san 
Hipólito, mandó á unos soldados que le acompañaban, que 
mataran á Mallol Cadanys, mercader honrado y pacífico, 
solo porque le suplicó que hiciera paz con el rey de Ara- 
gón; y luego fué obedecido. En el dia de santa Elisabet, 
publicó que quería festear la solemnidad de aquella santa 
y que gustaba asistiesen. á palacio todos los mejores de la 
villa, porque acompañado de ellos, había de salir á misa: 
acudieron trescientos hombres, los mas ricos, y la misa á 
que salieron fué mandar prender á ciento diez y ocho de 
ellos, y ponerles en un aposento con grillos y cadenas, y 
sin comodidad de dormir ni de comer, y los mas eran 
muchachos y viejos, y á los que les iban á traer de comer 
los mandaba encarcelar. De esta manera estuvieron mu- 
chos días, y viendo que el rey no cuidaba de ellos, enviá- 
ronle cuatro personas honradas, para suplicarle les sacase 
de allá; y la respuesta fué, que los habia de matar á to- 
dos, y porfiando ellos que les diese juez para hacerles la 
causa, precediendo proceso y defensa, no lo quiso hacer, 



( Í05) 
antes los mandó apretar mas, y á la postre les envió 6 de- 
cir, que si querian salir de allí, le habian de prestar cien 
mil libras, \ de esta manera les perdonaría la muerte les 
habia de dar; y ellos después de muchos dares y tomares, 
por salir con vida, le dieron veinte y cinco mil florines; y 
habia entre los presos tres de los cónsules de la villa de 
Perpiñan. 

Tres dias antes de Navidad, por causar terror y miedo 
en los demás, mandó arrastrar, atenazar y cortar la len- 
gua á Pedro Ribera, cónsul de Perpiñan, estando sin culpa 
ni habérsele probado delito alguno. 

A los niños y niñas ricos, y á los menores que estaban 
debajo de tutores, mandaba prender, y los metia en cár- 
celes oscuras y malas, donde muchos morian y otros en- 
fermaban de males incurables, y estaban allá, hasta le ha- 
bian dado los padres y tutores los dineros que él queria. 
No perdonaba á las viudas, pues que de ellas y de algunos 
menores sacó mas de cincuenta mil florines. Los clérigos y 
frailes y otras personas eclesiásticas no escapaban de las ti- 
ranías, antes muchos de ellos fueron presos y detenidos 
en estrechas y malas prisiones, porque se escusaban de pa- 
gar las sisas y gabelas que él echaba. 

Mandaba otorgar á sus vasallos grandes sindicados, para 
poder, en nombre de ellos, tomar grandes cantidades de 
dineros, y esto con tal rigor, que al que rehusaba obligar- 
se luego le echaban en la cárcel; y fué necesario que los pue- 
blos se quejaran de estas violencias, y por serlo , fue- 
ron judicialmente declaradas nulas las tales obligaciones 
que ellos habian hecho. 

Habia en la capilla del castillo de Perpiñan, y en lasa- 



( m ) 

cristía (le los írailes menores, muchas piezas de oro y de pla- 
ta, unas en que estaban encastadas reliquias, y otras que 
servían de adorno al altar y para el culto divino; y todo 
lo tomó, y batió de ello moneda para sustentar la guerra. 
Estas cosas, y mas la sangre de tantos inocentes, clamaban 
ante el conspecto divino la debida venganza; y aunque tardó 
á venir, pero llegada , con la severidad del castigo com- 
pensó la tardanza; y así, el acabar este rey tan infelizmen- 
te, ni lo atribuyo yo al haber negado y rehusado confesar el 
feudo al rey, ni al haber faltado á las cortes para donde 
habia sido llamado, ni al haber batido moneda, sino al ha- 
ber usado tantas tiranías con sus vasallos y haber hecho 
poco caso de los buenos y desapasionados consejos le da- 
ban, dando lugar á crueldades y avaricias, que son las dos 
cosas que dan fin á los reyes, casas y linajes de ellos. Des- 
pués volvió á mover la guerra contra el rey, y para sus- 
tentarla, vendió por ciento veinte mil escudos de oro, al 
rey de Francia, la baronías de Mompeller, y con armada 
pasó á Mallorca , donde era tan aborrecido como en los 
condados de Rosellon, y no halló el favor que pensaba con 
los isleños, y así fué vencido y muerto, y el rey mandó lle- 
var su cuerpo á la seo de Valencia, donde le mandó sepultar 
en medio del coro; y después murió su hijo don Jaime, 
el cual aunque tuvo espíritus de cobrar los señoríos del 
padre, pero faltóle poder y favor, y así se quedó sin go- 
zar de lo que la mala condición del padre, antes de tiempo, 
le quitó, siendo él inocente en todo. 

Parece que el rey don Pedro habia de quedar muy con- 
tento y sosegado, pues habia castigado la inobediencia del 
rey de Mallorca, y que el infante don Jaime, que tuvo 



(467) 
la mano en todo, había de quedar muy premiado y favo- 
recido, pero fué al revés. Era el infante procurador gene- 
ral del rey y gobernador de sus señoríos, y la persona á 
quien, según la mas común y desapasionada opinión, to- 
caba la sucesión del reino, muriendo sin hijos varones, 
que en esta ocasión no los tenia, y según habían dicho 
los médicos y algunos astrólogos, no los tendría en la reina 
doña María de Navarra, su mujer, y por esto vivía el 
infante con alguna esperanza. Estando el rey en Valen- 
cia le vino el pensamiento, si él moria, quién le había de 
heredar. Tenia en aquella ocasión dos hijas, doña Cons- 
tanza, que casó con Fadrique, rey de Sicilia, y doña Jua- 
na, que casó con don Juan, conde de Ampurías, que está 
sepultada en la iglesia de Poblet, sobre la fuente que está 
entre la capilla mayor y la sacristía, y había tenido otra 
que se llamó doña María, que murió muchacha; y quería 
que, excluido don Jaime, heredara doña Constanza. Para 
asegurarse y saber de cierto lo que en esto había, mandó 
juntar veinte y dos personas entre letrados y teólogos, lla- 
móles de Barcelona, Zaragoza, Valencia, Lérida, Perpiñan 
y Manresa, propúsoles el caso, y dice fray Fabrício Gau- 
berto, que el rey no miró el engaño en que andaban los 
letrados con él, que mas por se conformar con su volun- 
tad y opinión, que por lo querer la justicia ni consentir 
la razón, tomaban el partido del rey y osaban decir que 
la infanta, por ser hija suya, tenía mas derecho en la 
sucesión , que el infante don Jaime, que no era hijo, 
mas hermano del rey. Las diez y nueve de estas personas 
fueron de parecer que, muriendo el rey sin hijos varones, 
heredara doña Constanza; los otros dijeron que, excluidas 



( 1<>8 ) 
jas hijas, heredaba el infante don Jaime; y uno de ellos 
afirmó estaba en manos del rey hacer lo que le pareciere; 
y uno de estos tres era Arnaldo de Caraorera, vicecanciller 
del rey, y por esto fué removido de aquel cargo. No fué 
esta consulta tan secreta, aunque el rey lo queria, que no 
la entendiera el infante don Jaime, que estaba en Valen- 
cia, y tomando el rey aparte, en el aposento en que dor- 
mia, le dijo haber entendido el artículo de que se dis- 
putaba, y le suplicaba mandara cesar tal plática, porque 
ni era caso ni habia necesidad de haber de hablar de 
ello, pues él y la reina eran mozos, y los dos testamen- 
tos de los reyes don Jaime y don Alfonso, su padre, tin- 
culaban los reinos y estados á los varones, excluyendo las 
hembras; y el rey le respondió, que aunque parecia no ha- 
ber necesidad de tal declaración, pero por ser la vida del 
hombre incierta , gustaba saber á quien pertenecian sus 
señoríos, para mayor descargo suyo. De esto quedó el in- 
fante muy descontento, y. se volvió á su posada, y dio par- 
te á algunas personas de la ciudad de Valencia, y después 
lo publicó al pueblo , indignándole contra del rey , el 
cual, á 23 de mayo de este año 1347, envió letras á to- 
das las ciudades y pueblos mas principales de sus reinos , 
dándoles noticia de esta declaración, de lo que tuvo el 
infante gran pesar , y el rey cuidado no se cenfederara 
con el rey de Mallorca y le diese lugar y paso por el con- 
dado de Urgel, para entrar en Cataluña; y por eso man- 
dó el rey se tuviera gran cuenta con la gente que pa- 
saba, y que si fueran correos ó del infante ó del rey de 
Mallorca, fuesen detenidos, tomándoles las cartas, y guar- 
dando los que en esto habian de entender gran secreto; 



( 1G9 ) 
y advirtióse también á los espías que el rey tenia en Moni* 
peller, que avisaran de todo lo que sabrian. Sospechóse 
también que el infante se queria valer de su hermano don 
Fernando , marqués de Tortosa, y del rey de Castilla, y 
habia va negociado con la ciudad de Valencia, para que 
no diese lugar á que el rey le quitara el cargo de la ge- 
neral gobernación y de procurador general suyo: el cual, 
sentido de esto, y no de que se compadeciese el infante 
y tuviera misericordia del desposeído rey de Mallorca, co- 
mo dice un autor, le llamó y dijo, que porqué hacia aque- 
llo, pues el hacer mirar y disputar el artículo de la su- 
cesión de la infanta doña Constanza, entendia hacerlo con 
justicia, y el derecho era en favor de ella, y le dio razón 
de lo que habian tratado y resuelto aquellas veinte y dos 
personas; pero al infante ni pareció bien el fundamento 
que tomaron, ni la resolución que salió de él, y 'pidió al 
rey su pretensión y justicia: asignósele el dia de San Juan 
de junio de este año 1337 en la villa de Monblanc, y 
jC rogó que en caso conociera que la justicia era por la 
infanta, él, como el mas principal de k corona, la qui- 
siera jurar; y dice el rey en su historia, que el infante 
se lo prometió; pero no por eso dejaba de conmover á 
todos los que podia é indignarlos contra del rey , para 
que le valiesen. Entonces mandóle que no usara de la 
procuración general, porque con ella entendia que le pe- 
dia mucho ofender, y que se saliese de Valencia y que 
no entrase en ninguna de las ciudades mas principales de 
sus reinos, porque así no tuviese ocasión de tratar algu- 
nas cosas en su deservicio. Despidióse con esto el infante 
del rey, y dijo que se quería ir á su ciudad de Balagucr; 
TOMO X. 12 



( 170) 
y valiérale mas y que gozara de la apacibilidad de aque-* 
lia tierra, sin querer averiguar cosas que dentro de pocos 
meses le causaron la muerte, y aunque saliera bien de ellas, 
no viniera á alcanzar lo que pensaba; porque el rey tuvo 
dos hijos varones, que fueron don Juan y don Martin, 
que fueron reyes después del padre, uno tras otro, y todo 
lo que hizo el infante fué vano y su destrucción y pérdida. 
La fama pública fué que el infante iba á Balaguer; pero 
no fué así, antes se encaminó á la parte de Zaragoza, y 
se detuvo en Fuentes. Los reinos de Aragón, Valencia y 
principado de Cataluña quedaron muy desconsolados de que 
mujer hubiera de heredar, habiendo varones de la estirpe real; 
y aunque el rey decia que casaria á la infanta doña Cons- 
tanza con varón de linaje real, pero aquellos que eran en 
parentesco mas cercanos al rey, y á quien espectaba la 
sucesión de los reinos, eran casados, y era forzoso buscarlos 
muy remotos, y tenian por cosa muy pesada haber de to- 
mar príncipe forastero, habiéndoles naturales , conocidos y 
amados de todos, é introducir que la corona viniera á mu- 
jer, cosa jamás vista en Cataluña, porque adivinaban, en 
tal caso, lo que habia de haber. Estando en estas tribu- 
laciones y pesares, sobrevino un gran consuelo, porque la 
reina parió un hijo, que llamaron Pedro, como al padre; 
y fué tan grande el contento que todos generalmente re- 
cibieron de su nacimiento, que dice el rey, que iban to- 
dos absortos y pasmados, y parecia habian perdido el jui- 
cio, porque iban bailando por las calles, haciendo mil de- 
mostraciones de júbilo y contento, por haber nacido con 
aquel muchacho la paz y consolación de todos y sosiego de la 
corona. Fuera gran cosa si hubiera durado, pero murió el 



( 171 ) 
mismo (lia, y está sepultado en el monasterio de Poblet, 
en una de aquellas cinco sepulturas que están en la pa- 
red de la capilla de san Antonio; y fué tan general y gran- 
de el sentimiento de todos, que para encarecerlo, dice el 
rey, que fué mayor que el contento habian tenido el dia 
antecedente; y cinco dias después falleció la reina doña 
María, del trabajo que habia pasado en aquel parto, y es- 
tá sepultada en la iglesia de San Vicente de la ciudad de 
Valencia: su simulacro de alabastro está en el monasterio 
de Poblet, donde ella escogió su entierro, sobre la sepul- 
tura del rey, su marido, con dos de las otras mujeres 
que tuvo; pero el cuerpo, á lo que entiendo , se quedó 
en la ciudad de Valencia. 

Después que el infante quedó privado del oficio de 
procurador general, removió el rey todos los oficiales que 
el infante habia creado, y puso otros , de quien él pu- 
diera con seguridad confiar; y en los pregones y edic- 
tos decían, que regian aquellos cargos de la gobernación 
general por la infanta doña Constanza, hija primogénita 
del rey y sucesora en los reinos y estados , en caso que 
el rey no tuviera hijos varones, y por esta gran novedad 
en estos reinos causó general alteración en todos ellos, 
porque la gobernación general jamás fué visto adminis- 
trarse por ninguna hija de rey, sino por el 'infante pri- 
mogénito ó por el mas propincuo del rey; y por facilitar 
mas, en cuanto era de su parte, que la infanta fuese ca- 
paz de aquel cargo, la emancipó delante de muchos pre- 
lados y ricos hombres, y luego el infante don Pedro, tio 
del rey y tutor y curador de la infanta , en manos del 
rey, hizo juramento y homenaje de tenerla por primogé- 



( 172 ) 
uita y sucesora , con limitación que , si viviendo el rey 
era declarado que la sucesión pertenecia al conde de Ur- 
gel y no á las hijas del rey, el homenaje fuera de ningún 
efecto; y esto mismo juraron don Hugo de FonoUet, obis- 
po de Viquc, don Bernardo Hugo , obispo de Elna , y 
muchos caballeros, ricos hombres y todos los de casa del 
rey y oficiales suyos referidos por Gerónimo Zurita, en 
la misma forma que lo habia jurado el infante don Pe- 
dro. Cuando esto pasaba, estaba el infante don Jaime en 
Fuentes, y no osaba entrar en Zaragoza, por habérselo 
prohibido el rey; y desde allí despachó letras á todos los 
ricos hombres, barones, caballeros, meznaderos y procu- 
raderos de las ciudades y villas de Aragón y Cataluña, 
para que alcanzasen del rey que alzara la prohibición te- 
nia de no entrar en las ciudades mas principales del reino, 
. y que acudieran al lugar de Fuentes, donde él estaba, que 
tenia negocios importantes de que darles parte. Y dice 
el rey en su historia, que' en aquella ocasión habia ban- 
dos en Aragón, y que el infante los metió en paz, para 
que hechos amigos , mejor hiciera sus negocios, valién- 
dose de ellos, lo que fuera muy dificultoso , perseverando 
los odios y malas voluntades. Aquí les informó largamente 
de la queja tenia del rey, por haberle quitado la general 
gobernación, cargo que de derecho le tocaba, y que le 
antepusiera á la infanta en la sucesión del reino. Nojca- 
bian ya en Fuentes , y sin reparar en la prohibición y 
mandato del rey , se pasaron á la ciudad de Zaragoza, 
y despidieron letras al infante don Fernando, marqués de 
Tortosa, y á don Juan, hermano del rey, que estaban en 
Castilla, y á todos loa ricos hombres y caballeros ausen- 



( Í75 ) 
tes, para que se vinieran á juntar con ellos, para tratar 
el remedio como se repararan los agravios y perjuicios 
habian recibido del rey y ministros suyos, y ¡la enmien- 
da se habia de tomar de los privilegios, fueros y demás 
prerogativas quedaban rompidas, y abusos hechos en per- 
juicio de las libertades de aquel reino. Deseaban, por es- 
to, el parecer de la reina doña Leonor, madrastra del 
rey y de los infantes, sus hijos, ricos hombres, prelados, 
caballeros y universidades del reino, y que todos so jun- 
taran é hicieran un cuerpo y liga, á que pusieron nom- 
bre Union, para suplicar al rey el reparo de todo lo que 
queda dicho; y esta liga y unión pareció á todos tan jus- 
tificada y puesta en razón, que casi todos los de aquel 
reino la juraron , excepto muy pocos , y entre estos las 
universidades de Huesca, Daroca, Calatayud y Teruel, que 
jamás vinieron bien en ella. Hicieron su sello, como se 
ve en los comentarios de Gerónimo Blancas, y en el gra- 
bado, un rey sentado en su trono, con cetro en las ma- 
nos y corona en la cabeza, y á sus pies el pueblo arma- 
do y arrodillados, alzadas las manos, como que piden al- 
guna cosa, y al derredor unas letras que dicen: UNIONIS 
ARAGONUM SIGILLUM; y nombraron sus conservado- 
res, según se era usado en otras ocasiones, que mandaban 
proveer y ordenar algunas cosas, haciendo actos de juris- 
dicción y superioridad que no debieran; y escribieron al 
rey, suplicándole fuera á Zaragoza á celebrar cortes, cer- 
tificándole que aquella unión era hecha en honra y servi- 
cio de la corona real, y en conservación de ella y de sus 
preeminencias. Los conservadores eran el infante don Jai- 
me, conde de Urgel, con diez ricos hombres, dos mez- 



( Í74 )- 
íiaderos, siete caballeros y once ciudadanos de la ciudad M 

(le Zaragoza, que nombra Zurita. Cuando el rey supo esto, 1 

partió de Valencia y vino á Barcelona, pero apenas ha- ^ 

bia salido de aquella ciudad, cuando estando en Cabanas, 
entendió que habian firmado los valencianos la Union 
con los aragoneses, y aunque don Pedro de Ejérica , go- 
bernador general en aquel reino, lo quiso impedir, no 
fué poderoso para ello, y entendió el rey que todos aque- 
llos movimientos eran por regirse el oficio de procura- 
dor general en nombre de la infanta, y que aunque en 
Cataluña no habian consentido en la Union, pero no es- 
ban menos desconsolados que los de Aragón y Valencia, 
porque á todos sabia mal que mujer hubiera de heredar, 
y así mandó que no se pusiera mas en los pregones y 
edictos, que regian por la infanta, sino por él; y aunque 
los catalanes quedaron contentos, pero los aragoneses y 
valencianos perseveraron en su Union, y requirieron á don 
Pedro de Ejérica, que se juntara con la reina doña Leo- 
nor y sus hijos y con los demás de la Union; pero aun- 
que él lo desvió todo lo posible , resistiendo en todo, 
no fué poderoso á apartarles de aquel propósito y voluntad. 
Estando el rey en Tarragona , vinieron á él Miguel de 
Urrea, gobernador, y García Fernandez de Castro, justicia 
de Aragón, á persuadirle que fuera luego á Zaragoza y 
á animar á la ciudad de Huesca y demás pueblos, y á 
todos los de aquel reino que no habian jurado la Union 
y perseveraban en su servicio , porque era contingente , 
si él tardaba á venir, que se apartarian de él, juntándose 
con los demás, y reducir á él á muchos de ellos; y aun- 
<|uc pareció bien al rey, no fué allá, porque lo vino nue- 



( 175 ) 
va que el rey de Mallorca era entrado con armas en Ro- 
sellon, y tomaba algunos pueblos de aquel condado. Es- 
tuvo el rey suspenso donde acudiría, y sin tomar sobre 
esto consejo, escogió acudir á Rosellon, porque era mas 
conveniente resistir á los enemigos forasteros, que averi- 
guar los movimientos de los de la Union, que como nacian 
de rompimiento de privilegios y libertades, era fácil re- 
mediarlo , pues en otorgando lo que ellos querian, ha- 
bian de quedar contentos, y era poco ó nada lo que se 
podia perder en ello. Pasó por Barcelona , por prevenir 
que esta ciudad ni el principado de Cataluña no entra- 
ran en ella ni la juraran , porque decía que con el so- 
corro de esta ciudad y principado podia muy bien resis- 
á los de la Union y al rey de Mallorca, y volver sus rei- 
nos al estado de antes. En Barcelona se detuvo poco mas 
de un dia, porque supo por el camino, que el de Ma- 
llorca había tomado el lugar de Vinca. Entonces convo- 
có el usaje Princeps namque, porque le vino nueva, que 
el de Mallorca había ya tomado á Puigcerdá y aun todo 
el Conllent, donde aun le quedaban algunos amigos que, 
sentidos de sus infortunios, le tenían lástima y deseaban 
cobrara lo que le había sido confiscado. Pero esto duró 
poco, porque todo aquel favor que halló con aquella gen- 
te, con la venida del rey se exhaló, y él se hubo de re- 
tirar á Francia, dejando la empresa habia comenzado, y el 
rey dentro de pocos días recuperó todo lo que el rey de 
Mallorca habia tomado, y se fué á Perpiñan. 

Cuando estas cosas que acabamos de contar pasaban 
en Rosellon, requirió el rey á los aragoneses le fueran á 
servir en aquella guerra, pero estos hallaron tantas cau- 



( 170 ) 
sas Y razones, queso escusaron . de ella, y estas las re- 
fieren los escritores; y las cortes que el rey habia dias 
antes convocado para Zaragoza, las mudó á Monzón, por 
estar mas vecino á Cataluña. Mandó á don Pedro de Eje- 
rica y otros caballeros se vinieran ú la ciudad de Lérida 
y estuvieran á punto para poder resistir á los de la Union, 
si menester fuera; «pero don Pedro tenia tantos aprietos 
en Valencia, que hacia harto en conservarse en aquel rei- 
no, y estaba el rey muy temeroso, que en aquellas cor- 
tes no concediera á los aragoneses algunos privilegios que 
fueran perjuicio y disminución de la corona real, de cuyas 
preeminencias fué siempre muy cuidadoso, ó hubiera de 
apartar de su casa y servicio algunos ministros que no 
gustaban los reinos quedaran en él, y por poderse evadir 
de esto, á 9 de julio, con gran secreto, mandó llevar au- 
to de un protesto ó declaración que hizo, siendo testi- 
gos de ella el obispo de Vique y el vizconde de Illa, y 
Galceran de Anglesola , señor de Bellpuig, que también 
se lo habian aconsejado, y en suma era, que cualesquiera 
concesiones que diese á los del reino de Aragón, que no 
fuesen según derecho ó fuero, ó por 'alguna causa justa, 
ó cualquier suspensión ó privación hiciese de los ministros 
y oficiales de su consejo y casa, fuesen de ningún valor y 
efecto, como hechos por fuerza ; y requirió á don Juan 
Giménez de Urrea, señor de Biota, y á Juan Giménez, 
su hijo, y á don Pedro Gornci, que eran de los mas 
principales de la ünion, que se fueran para él, según 
estaban obligados en algunas convenciones habian firma- 
do , pues les tenia que consultar algunos negocios; pero 
ellos se excusaron^ y el número de los que acudian á la 



( 177 ) 
Union era grand€ y de cada dia se aumentaba mas ; y 
por asegurarse de los de su casa y que no le dejarían, 
les mandó hacer sacramento y homenaje de que bien y leal- 
mente le servirían y serían de su parte, y aun protestaron 
que, sí acaso formaran la Union, seria por fuerza y con- 
tra su voluntad, por no poder hacer otra cosa; y con color 
de defender los condados de Rosellon y Cerdafia, pidió á 
los catalanes se pusieran en armas, para valerse de ellos, si 
fuera menester, contra los de la Union. Estando en Bar- 
celona, determinó de tener las cortes á los aragoneses y 
remediar las cosas de aquel reino, aunque no menos lo 
necesitaban las del de Valencia, donde aguardaban los de 
la Union grandes socorros que había de llevar de Castilla 
el infante don Fernando, marqués de Tortosa; y fué de 
gran servicio del rey el buen cuidado de don Pedro de 
Ejérica, que gobernaba aquel reino y guardó que la Union 
no se extendiera mas. A la isla de Mallorca enviaron dos 
síndicos, para que los de aquel reino la juraran; pero no hi- 
cieron cosa, porque Felipe de Boíl, que era gobernador, 
con buen modo y mansedumbre los obligó á perseverar en 
servicio del rey, el cual deseaba, que aquellas cortes con- 
vocadas para Zaragoza fueran en Monzón, porque estaba, 
según él decía, mas vecino á Rosellon, donde decía que 
podría ser viniera el de Mallorca; pero ellos entendieron 
que aquella no era la verdadera razón, sino que el rey que- 
ría estar vecino á Cataluña, para poderse valer de la gente del 
Principado, si menester fuera; pero ellos siempre perse- 
veraron que las cortes habían de ser en Zaragoza, y el rey 
lo otorgó, porque estaban muy poderosos y alterados, y 
así las convocaron para el dia de Nuestra Señora de agosto, 



( m- ) 

y el rey fué tan diligente, que á 3 del mes ya estaba en 
Lérida, y poco á poco se iba acercando á Zaragoza; \ los 
de la Union le suplicaron fuese por Fuentes, porque le que- 
rian hacer un solemne recibimiento, y así lo hizo, y siendo 
junto á la ciudad, le salieron á recibir sus hermanos, los 
infantes don Jaime, conde de Urgel, y don Fernando, mar- 
qués de Tortosa, y don Juan, que pocos dias antes era ve- 
nido de Castilla, con quinientos caballos. Salieron al reci- 
bimiento con ellos todos los ricos hombres, caballeros, ciu- 
dadanos y síndicos de las universidades, y demás que esta- 
ban en aquella ciudad y pasaban de ochocientos de á caballo, 
y le acompañaron hasta la puerta de la Aljafería, pero ningu- 
no de los de la Union entró dentro, y el rey declaró y pu- 
blicó, que el sábado primero, en la iglesia de San Salvador 
habían de comenzar las cortes, y en este dia acudieron allá 
los tres hermanos del rey y todos los que tenian lugar en 
ellas, y no quisieron dar asiento á los síndicos de las ciu- 
dades que no habian jurado la Union; pero el rey se lo 
mandó dar, y dice en su historia, que aquel dia se vio en 
aquella ciudad la flor de todo el reino de Aragón. 

Cuando todos estuvieron juntos, salió el rey á un pulpito 
que. estaba adornado muy solemnemente, é hizo la propo- 
sición, porque era hombre muy entendido y buen hablador; 
ia suma de él fué, que era obligación guardar justicia á los 
vasallos y sus fueros y libertades, y que si hasta aquella oca- 
sión no les habia celebrado cortes , fué por muy justas 
causas y ocupaciones habia tenido después que era rey, así 
en resistir al rey moro de Benamarin, que habia pasado á 
España para conquistar el reino de Valencia, como en la 
ejecución que hizo contra del rey de Mallorca y otras; y 



( 179) 
que deseaba entrar en aquella Union y ser uno de ellos, 
pero les advertía y rogaba, que las cosas que pensaban pe- 
dir en aquellas cortes fuesen tales, que él las hubiera de 
otorgar: remató su plática alabando la nación aragonesa, de 
tal manera, que todos quedaron contentos y gustosos. El 
obispo de Huesca respondió por los eclesiásticos, y el in- 
infante don Jaime por los demás, haciéndole todos gracias 
por su venida y por lo que habia dicho, y le acompañaron 
á la Aljafería, donde después fueron muchos de aquellos 
ricos hombres y caballeros á hablarle y hacerle reve- 
rencia, lo que no pareció bien á los demás , sospechan- 
do que el rey les indujera á su voluntad, y aun pusiera di- 
visión entre ellos, y así ordenaron que nadie en particu- 
lar fuera osado ir á hablar al rey, sino todos juntos. El 
lunes siguiente se juntaron en el monasterio de los frailes 
predicadores, y aquel dia todos los de la Union llegaron 
armados, y el rey les envió á Diego Diaz, su vicecanciller, 
para que las prorogara para otro dia; y llamó al justicia de 
Aragón, para saber de él porqué iban de aquella manera 
armados á las cortes, porque si pensaban estar de aquella 
manera, él no iría á ellas; y el justicia dijo, que aquello 
le habia parecido muy mal, y así lo habia dado á enten- 
der á los infantes, y le habian dicho, que acudir armados 
á las cortes era costumbre antigua, no para mal fin alguno, 
sino solo para poder departir las cuestiones y bregas que 
solian ofrecerse cada dia entre los que concurrian á ellas, 
y por asegurar esto, publicó la ciudad pregones, en que 
mandó so graves penas, que' nadie fuera armado á las cor- 
tes, y cierta gente armada de á pié y á caballo rondase 
la ciudad, porque no se levantara alboroto alguno, ves- 



( 180 ) 
tuviese la ciudad segura El dia siguiente fué el rey á las 
cortes, y sin ser requerido, juró todos los fueros y liber- 
tades: entonces le requirieron y suplicaron, que no diera 
lugar á que ningún catalán entrara en las cortes, y sacara 
de su consejo á los que habia en él de los condados de Ro- 
sellon y Cerdaña; y así se salieron de las cortes el arzo- 
bispo de Tarragona y don Bernardo de Cabrera y otros, y 
esto se lo explicó el infante don Jaime, en nombre de to- 
dos, con grandes veras , y con motivo de evitar algunos 
escándalos se pudieran seguir; y el rey, que no gustaba de 
ello, quiso que aquello se votase, con pensamiento que si 
no salia con ello, á lo menos conoceria el ánimo de ellos, 
y así se votó y prevaleció que salieran todos. Habilitadas 
las personas, se dio principio á tratar de los negocios para 
que habían sido convocadas las cortes: el primero fué pedir 
la confirmación de un privilegio concedido por el rey don 
Alfonso, hijo de don Pedro y hermano mayor del rey don 
Jaime el segundo, que cOntenia, que hubiesen cada año, 
por Todos Santos, celebrar los reyes cortes á los arago- 
neses, y que los que en ellas se juntasen, tuviesen poder 
de elegir los del consejo del rey y de sus ¡sucesores, por lo 
que, y otras concesiones contenidas en él, les ponía en re- 
henes, y obligaba diez y siete castillos de los mejores de 
Aragón y Valencia; pero el rey no lo quiso confirmar, por- 
que decia, que por prescripción y per non usum estaba re- 
vocado, porque hablan pasado mas de sesenta años en que 
no se hablan valido de él, y era de notable perjuicio para la 
Corona; pero con todo prometió el rey que estarla á lo 
que declarase el justicia de Aragón, pero no bastó esto, 
porque le hacían gran Instancia para que lo confirma- 



( 18i ) 
ía, y los infantes, sus hermanos, eran los que mas lo jie- 
dian, hasta decir que, si no lo confirmara, procedcrian 6 
la elección de otro rey; y así, protestando delante del cas- 
tellan de Amposta y de don Bernardo de Cabrera, que lo 
hacia por fuerza y por no poder mas, muy contra su vo- 
luntad lo confirmó, y entregó diez y seis castillos por re- 
henes, según la disposición del privilegio ; y porque los de 
Teruel no consintieron á ello, ni jamás quisieron jurar la 
Union, dio privilegio y exención de cmdad , prometien- 
do de hacer que se erigiera iglesia catedral. Fueron testi- 
gos de esta merced los infantes, el arzobispo de Tarrago- 
na, don Lope de Luna y don Blasco de Alagon, pero la " 
creación no fué hasta el año de 1577 , siendo pontífice 
Gregorio XIII, y reinando en Aragón el rey don Felipe el 
primero. Entonces el rey don Pedro, instado de los de la 
Union, apartó de su casa las personas que quisieron, aunque 
protestó secretamente que aquello lo hacia por fuerza y 
mal de su grado, y le dieron otros; después le pidieron que 
echara de su casa á don Bernardo de Cabrera, su gran 
privado, y ú todos los catalanes , y confirmase las dona- 
ciones hechas á su madrastra, la reina doña Leonor, y sus 
hijos, granjeando con esto al infante don Fernando, marqués 
de Tortosa, que con quinientos caballos estaba á la fron- 
tera del reino, y se era partido de las cortes sin licencia 
del rey. Publicáronse pregones después, que todos los que 
no eran de la Union se salieran de la ciudad dentro de 
tres dias, y pasados ellos, fuera lícito á cualquiera matarlos 
impunemente; y el rey, por sacarles de peligro, ies acogió en 
la Aljafería, entretanto que tardaban á partirse. Diéronse 
memoriales de diversos agravios, y el rey no los quiso ad- 



( m ) 

mitir, porque lodos eran en diminución de sus regalías, y 
los remitió á los de su consejo, y por esto se persuadieron 
que los que habian quedado en casa y servicio del rey le 
inducian á que no consintiera en sus demandas, y así, con 
color de que no estaban seguros, le pidieron que se les en- 
tregasen por rehenes, y así se hizo, y les pusieron en lu- 
gares seguros, apartados unos de otros, para que no pudie- 
ran comunicar entre si. 

Quedó solo con el rey don Bernardo de Cabrera. Era es- 
te caballero hombre de gran consejo y prudencia, y muy 
valiente por su persona, y de los mejores políticos de estos 
' tiempos, y por esto muy estimado del rey don Pedro. Ha- 
bíase retirado este caballero en el monasterio de San Sal- 
vador de Breda, de monjes claustrales del orden de san 
Benito, dejando los negocios del mundo, para darse del todo 
á Dios, pero el rey, por valerse de sus consejos, le sacó de 
aquel retiro. Sirvióle todo lo que un buen y noble vasallo 
pudiera servir á su señor,- y fué el mayor privado de aquel 
rey, aunque tuvo tan infeliz y desdichado fin, como fué 
mandarle el rey cortar, en el mercado de Zaragoza, públi- 
camente la cabeza, después de haberle hecho un grande 
proceso, que he visto hartas veces en el archivo real de Bar- 
celona, y advertido, que los motivos por que fué condenado 
constaban mas al rey, que averiguados en proceso, habién- 
dosele dado poca audiencia y lugar para defenderse, según 
él habia persuadido al rey lo hiciera con algunos que man- 
dó matar. Este, pues, dijo al rey, que aquello que le ha- 
bian pedido los de la Union era muy perjudicial ásu corona, 
mas si él le daba licencia, se obligaba á meter tal plálicn 
con ellos, que habia de quedar muy disminuida la fuerza 



( 183) 
de aquella Union , y gaoar en servicio suyo gran parte 
de los que la habian jurado; y el rey dijo, que se tendria 
por servido de ello, y con la traza de este hombre, de es- 
ta hora tuvo principio la destrucción del infante don Jaime, 
y las fuerzas de aquella Union se fueron desvaneciendo. Ba- 
bia en la ciudad de Zaragoza 'ciertos bandos que decian de 
Tarines y Bernardines, y eran muy poderosos en aquella 
ciudad, Don Bernardo de Cabrera, con sus mañas, ganó 
para el rey á Galacian de Tarba que era cabeza de los Ta- 
rines, y Alvaro de Tarin, y les prometió, en nombre del 
rey , á aquel hacerle del consejo real , y á éste darle 
oficio preeminente en la casa real; y con esto apartó de 
la Union á todos los de aquel bando, entre ellos á don 
Lope de Luna, señor de Segorbe, que era el mas principal 
de todos los caballeros del reino de Aragón , y el rey le 
perdonó cualquier ofensa le hubiera hecho, y aun le pro- 
metió, que si los infantes don Jaime y don Fernando hi- 
ciesen guerra á él ó á sus vasallos, tomaria la defensa de 
ellos, y no daria oficio de jurisdicción al infante don Jaime, 
sino con voluntad y consentimiento suyo, porque no tuviera 
ocasión de molestar á sus vasallos; y aun le prometió dar 
la gobernación del reino de Aragón, que tenia Miguel Pérez 
Zapata, á quien decia que daria otro cargo, y don Lope 
prometió serle fiel y buen vasallo, y de aquella hora ade- 
lante muchos de los parientes y amigos suyos se redujeron 
al servicio del rey, y desampararon al infante don Jaime, y 
con esto el rey andaba dilatando las cortes, porque con la 
dilación se mejoraba su partido, pero los de la Union ya 
barruntaban estas confederaciones, y habia muchos que es- 
'taban muy sentidos que los infantes don Fernando y don 



( i^'^ ) 

Juan metieran gentes forasteras en el reino, por ser aquelk) 
cosa qpe no se era hecha en otras uniones habia habido, y 
temian que aunque era con color del bien público, no parase 
en hacer ellos su negocio, desamparando la Union, cuando 
mas necesitase del socorro de ellos. El rey andaba dispo- 
niendo sus cosas para deshacer aquella unión , y escusaba 
acudir á las cortes; pero fué tan solicitado, que no lo pudo 
escusar, y fué allá mas con pensamiento de mostrar mas la 
indiíínacion y saña habia concebido contra ellos, que de 
otorgar cosa que le pidieran ni de sosegar aquella junta. Es- 
tando en la junta, le pidieron que concediera y firmara cier- 
tos capítulos que allá se leyeron, muy perjudiciales, según 
él decia, á la Corona; y el infante don Jaime era el que mas 
instaba, y enfadado de ello el rey, le dijo en alta voz, y en 
presencia de toda la junta, estas palabras: «¿Y cómo, infan- 
te, no os basta que vos seáis cabeza de la Union, que aun 
queréis ser amotinadorde nuestro pueblo, alborotándole? 
Nosotros os decimos que. lo hacéis muy malamente y con 
grande falsedad, y como á gran traidor que sois, y esto os 
lo mantendremos en batalla de vos á mí, armado ó desar- 
mado, averiguándolo á punta de espada, y os haremos con- 
fesar con vuestra boca, que lo que habéis hecho es cosa 
muy fuera orden, y para esto renunciaré á la dignidad real 
y á la primogenitura, y os absolvemos de la fidelidad á qae 
me estáis obligado . » Y dicho esto, el rey se sentó, y ya antes 
habia prevenido á Pedro Giménez de Pomar y á Gonzalo de 
Castellví, que se sentaran á los pies del infante, porque si 
hiciese algún ademan ó movimiento contra del rey, lo ma- 
taran. Y el infante, oidas aquellas palabras, le dijo: «Yo, 
señor, á vos no .digo nada, mas digo que cualquier hombre, 



( i85 ) 
fuera de vos, que dijera lo que vos decis, miente por la 
barba.» Y vuelto al pueblo, dijo: «Oh pueblo menguado, 
mirad que tales estáis, y si á mí, que soy su hermano y 
lugarteniente, dice lo que babeis oido, cuánto mas os di- 
rá á vosotros!» Y luego sentóse. Alzóse luego Juan Gimé- 
nez de Urrea y quiso hablar por el infante, mas el rey le 
mandó que se sentara y no se metiera entre él y el infan- 
te, amenazándole,, si hablaba palabra; y el don Juan se 
sentó muy alterado, y se le echó de ver en el rostro. 
Entonces Guillen de Cacirera, que era camarero del infante 
y domiciliado en el condado de Urgel , y todos los de 
su linaje habian siempre sido muy grandes servidores de 
los condes, y aun entiendo habia entre ellos algún paren- 
tesco, no pudo sufrir lo que oia, y se levantó, y en altas 
voces dijo: «¡Válame Dios, que no haya ninguno que res- 
ponda por el infante, mi señor, que es reptado de traición!» 
Y dice el rey, que para mas alborotar el pueblo, abrió 
las puertas, y entró mucha gente muy alterada; y to- 
dos aquellos que eran de la parte del rey, de quienes 
él habia tomado sacramento y homenaje, se apartaron á 
una parte, con las espadas en las manos; y el rey se sa- 
lió fuera y fué á la Aljafería, y fué muy gran suerte que 
aquel dia no aconteciera alguna gran desdicha, pero Dios 
le guardó del mal pudiera suceder. Los de la Union, co- 
mo vieron que el rey tenia tanta gente de su parte, cosa 
que ellos no pensaban, decian: «Bien parece que hay alguna 
grande liga, que á no haberla, no dijera el rey las pala- 
bras que todos hemos oido.» 

Deseaba el rey dar fin á aquellas cortes, porque las co- 
sas de Gerdeña estaban en mal estado, y el rey de Ma- 
TOMO X. 13 



( i8fi ) 
Horca andaba inquieto : era requerido que revocara todo 
lo hecho en favor de la sucesión de la infanta doña Cons- 
tanza y en perjuicio del infante don Jaime; y al rey le sa- 
bia muy mal haber de pasar por esto, y quería dejar las 
cosas en el estado que estaban; pero reparaba en el daño 
podia venir á aquellos caballeros que habia entregado por 
rehenes á los de la Union; y don Bernardo de Cabrera, 
gran privado del rey, era de parecer, que el rey se partie- 
ra secretamente y dejara los rehenes en poder de los de la 
Union, ó hiciera cuenta de haberlos perdido en batalla; pe- 
ro el rey, aunque era muy fogoso y ardiente, no queria que 
lo pasaran mal aquellos que por su servicio se eran pues- 
tos en poder de sus enemigos, ni era servicio de Dios hacer 
tal cosa, y escogió antes, de otorgar todo lo que le pidie- 
sen, que no que padecieran sus servidores, porque su in- 
tento era proseguir contra de ellos por fuerza de armas, 
y defender su derecho todo lo posible ; y así les con- 
cedió todo lo que le pidieron, y restituyó al infante don 
Jaime el cargo de procurador general, de lo que queda- 
ron todos muy contentos, y un miércoles, á 24 de octubre, 
después de haberles hecho un razonamiento muy concertado, 
licenció las cortes, y se le entregaron aquellos caballeros 
que habia dado en rehenes , y luego se partió para Ca- 
taluña, con intento de juntar la gente de á pié y de á 
caballo que pudiera, para hacer guerra poderosamente á 
todos los de la Union ; y mandó á los consejeros le ha- 
bían dado, que le siguieran, pero no osaron , temiendo 
que en ser en Lérida, los mandaría matar á todos. Algu- 
nos de la Union le siguieron para rematar algunos nego- 
cios, pero él no les quiso escuchar, pues harto tiempo 



( 187 ) 
habían tenido cuando duraban las cortes, y él no estaba 
entonces para entender en lo que le pedían; y de esta ma- 
nera llegó á la barca del río Gallego, donde le dejaron, 
y él bajó del macho en que iba, y pasó el río, y sin aguar- 
darle, caminó á pié hasta una torre que decían de Al- 
punyes; y aquella noche durmió en Pina, y la siguiente en 
Candasnos , y después la otra en Fraga. Aquí cuenta el 
rey en su historia, que cuando fué á vista de Fraga, le dijo 
don Bernardo de Cabrera: «Señor, aquel lugar que se ve 
es de Cataluña;» y el rey respondió: «¡Oh tierra bendita, 
poblada de lealtad! Bendito sea Dios, nuestro Señor, que 
nos ha dejado salir de tierra rebelde y maldita, y maldito 
sea quien metió el mal en ella, que también estaba pobla- 
da de leales; mas tenemos fé en nuestro Señor, que la 
volverá en su estado, y castigaremos aquellos que metieron 
el mal en ella.» Estando aquí el rey y don Bernardo de 
Cabrera, trataron de no hacer cosa, sin consentimiento del 
infante don Pedro, tío del rey, que era el mas anciano de 
la casa real y todos le querían bien. 

Aunque hubiera concedido el rey á los de la Union todo 
lo que le habían pedido, pero quedó tan indignado con 
ellos, y mas con el infante don Jaime, su hermano, que 
era el mas principal y cabeza de ella, que no pensaba sino 
como revocaría lo hecho, y aun se vengaría de ellos. Acon- 
sejó al rey don Bernardo de Cabrera, que hiciera sabedor 
al infante don Pedro de los agravios (que este nombre da- 
ban á las acciones del infante) que él le había hecho en 
gran deshonor de su corona, siendo el autor de renovar 
aquella Union, y le acordara de haber desafiado al mismo 
infante don Pedro, porque no venía bien á ella; y que diese 



( 188 ) 
orden que si el infante don Jaime iba á Cataluña, fuese de- 
tenido, y que no pudiese volver á Aragón, y que el infante 
don Pedro, con los barones que pudiese tener de su parte 
y con el favor del rey, le moviese guerra, y ante todas 
cosas le quitase la procuración general, y todos los barones 
de Cataluña juntamente le desafiasen: y esto dicen que lo 
aconsejaba don Bernardo al rey, por escusar guerra entre 
el rey y sus subditos, porque queria que antes que se proce- 
diese contra los de la Union, el infante estuviese en tan- 
to estrecho, que el rey se pudiese apoderar de su persona; 
y avisaron al infante don Pedro de todo esto, y que lo 
comunicase con el obispo de Vique y con el vizconde 
de Illa. 

De Fraga se fué el rey á dormir á Lérida, y en aquella 
ciudad quiso tener las cortes, y satisfacer á todos los agra- 
vios que los catalanes hubieran recibido y granjearles de 
manera, que le ayudaran á deshacer y aniquilar la Union; 
pero presto mudó de parecer, y escogió para ello la ciudad 
de Barcelona, porque el infante don Jaime estaba de asien- 
to en Lérida y allá tenia su casa y familia, y se receló el 
rey que sus amigos y aliados, por favorecerle, no pertur- 
baran las cortes y movieran alborotos, y que aquella ciu- 
dad estaba muy vecina al condado de Urgel y vizcondado 
áe Agcr, de donde podian venir al infante socorros, y era 
muy fácil dar paso por sus tierras á las gentes de Francia 
que estaban por el rey de Mallorca; y para escusar todo 
esto, fué mas á propósito tenerlas en Barcelona. 

Estando el rey en Lérida, llegó á él el infante con cua- 
tro mensajeros de los que tenian la voz de la Union en el 
reino de Valencia, y pidieron algunas cosas que parecieron 



( 189 ) 
al rey no deberse otorgar, por ser en perjuicio de la coro- 
na real; y así les dijo que por entonces no habia lugar, 
porque iba á Barcelona para celebrar sus bodas, y después 
acudiria á Valencia, donde convocaría cortes á los de aquel 
reino, y procuraría que todos quedaran contentos; y Ro- 
drigo Díaz, su vicecanciller, les rogó, en nombre del rey, 
que no innovasen cosa hasta que él fuera allá. Pocos 'dias 
después de venido el rey á Barcelona, y empezadas ya las 
cortes, llegó el infante don Jaime, enfermo de la enfer- 
medad de que murió, cuyos accidentes sin duda debieron 
salir de lo que se habia tratado entre el rey y don Bernar- 
do de Cabrera y el infante don Pedro; y el rey le salió á 
recibir, con mucha demostración de alegría; y la calle por 
do entró, que era la del Carmen, estaba muy adornada, 
y entre otras fiestas y entremeses que se hacían por su ve- 
nida, fué que un volteador muy diestro andaba dando vuel- 
tas de la una parte de la calle á la otra, sobre una cuer- 
da muy delgada; y el rey se volvió al infante, y le dijo que 
mirase aquello, pero el infante estaba tal, que no lo vio, 
y llegado á su posada, falleció dentro de pocos dias. Sos- 
pechóse que su enfermedad nació de haberle dado veneno 
por orden del rey , su hermano, que, según lo que le acon- 
sejó don Bernardo de Cabrera, se habia tratado con el in- 
fante don Pedro que hiciera con el infante; y haber teni- 
do una muerte tan acelerada, después de los disgustos tu- 
vo con el rey, se puede muy bien creer que sabia en ello, 
porque á los reyes siempre les son sospechosos aquellos que 
están inmediatos á la sucesión del estado. Pedro Tomic, 
Marineo Sículo, Gerónimo de Blancas, Zurita , el padre 
Mariana, de la compañía de Jesús, el abad Carrillo, todos 



(190) 
lo entienden así: aunque Marineo le llama Fernando , y 
fray Fabricio Gauberto, monje cisterciense, dice lo mismo, 
V añade, que maestre Arnaldo de Vilanova, célebre médico 
de estos tiempos, dijo al rey en cierta ocasión estas pa- 
labras: «Porque matáis vuestros hermanos, quieren los cielos 
mueran los vuestros sin dejar herederos;» y aunque aquel 
médico no era profeta, veremos cuan verdadero salió su pro- 
nóstico, pues no quedaron hijos de don Juan y de don Mar- 
tin, hijos del rey don Pedro, y vino á suceder el infante 
don Fernando de Castilla , quedando excluida la infanta 
doña Isabel, que, según veremos en su lugar, fué condesa 
de Urgel; y aunque era la mas cercana al rey don Pedro 
y á sus dos hermanos, los reyes don Martin y don Juan, 
que murieron sin hijos varones, quedó excluida, y vino á 
heredar la corona el infante don Fernando de Castilla, 
nieto del rey don Pedro, que fué hijo de doña Leonor, 
que casó con el rey don Juan de Castilla. No he hallado 
el dia que murió el infante, y aunque en un libro de en- 
tierros del monasterio de San Francisco se hace memoria de 
su muerte, pero calla el dia y no acierta el .año, porque 
en vez de decir 1347, dice 1300: lo cierto es que murió 
á los últimos de noviembre, ó á los primeros de diciembre 
en el mismo dia que llegó á Barcelona la armada de Por- 
tugal, que llevaba á doña Leonor, hija del rey don Alonso, 
para casar con el rey don Pedro, y fué á 15 de noviembre, 
después de diez y nueve años y algunos meses que le dio 
el rey, su padre, el título de conde de Urgel y vizconde 
de Ager. 

Este fué el fin del infante don Jaime de Aragón, con- 
de de Urgel, vizconde de Ager, señor de las baronías de 



( lOi ) 
Entenga y Anlillon, en el reino de Aragón, y otras en el 
reino de Valencia, á quien cogió la muerte á los treinta 
años, poco mas ó menos, de su edad, y cuando mayor 
sosiego y quietud se prometia, pues habia alcanzado todo 
lo que deseaba; príncipe que mientras no trató de la suce- 
sión, que de justicia le pertenecia, en la corona, fué amado 
y querido del rey y de todos los grandes de estos reinos, y 
el primero del consejo real; pero el dia que se quejó de 
la sinrazón que se le hacia en ¡jurar á la infanta doña Cons- 
tanza, perdió todo el merecimiento habia ganado con el rey 
hasta aquel punto, y servicios le habia hecho, y le persi- 
guió con tantas veras, que no paró hasta dar con él en la 
sepultura, sospechosp que no se le levantara con el reino, 
que, muriendo sin hijos, de derecho y justicia era suyo, y 
según los testamentos de los reyes antiguos, no valiéndole 
ser de su linaje y sangre y la persona á él mas cercana. 

Dejó en su testamento que fuese fundado en la ciudad de 
Balaguer un monasterio de monjas del orden de san Fran- 
cisco, y en la iglesia de él, que se erigiese un sepulcro pa- 
ra su cuerpo, y dejó para todo hacienda competente; y por 
ser muerto en Barcelona, fué depositado en el monasterio 
de San Francisco, junto al altar de San Nicolás, que es el 
altar mayor de aquella iglesia, con intención de trasladarlo 
á Balaguer, según él habia ordenado; pero esta traslación, 
á lo que entiendo, aun está por hacerse, antes fué de 
aquel lugar llevado á la capilla de Santa Elisabet del di- . 
cho monasterio de san Francisco, y enterrado en ella, en 
el mismo lugar donde están enterrados otros cuerpos de 
personas de la casa y linaje real de Aragón: y porque no 
se perdiera del todo la memoria de este príncipe, queda 



( 192 ) 
un cenotafio, con sus armas, á la parte déla epístola, que 
es el mas cercano á la sacristía de dicha iglesia. Son los 
cenotafios unos sepulcros vacíos, hechos para honrar los 
muertos y conservar sus memorias , y han dado ocasión de 
no pocos engaños en los sepulcros de reyes y santos, creyén- 
dose algunas iglesias y pueblos honrar los cuerpos que real- 
mente no tienen. En este del infante don Jaime , ni en 
ninguno de los otros hay á los lados de aquel altar, hay nin- 
gún cuerpo, salvo el de la reina doña Leonor de Chipre, 
hija que fué del infante don Pedro, que se conserva ente- 
ro y sin corrupción alguna. En este cenotafio del infante 
don Jaime están sus armas, que son un escudo partido en 

pal: á la parte derecha están y á la 

. izquierda los En esta capilla de santa 

Elisabet está en el día de hoy reservado el Santísimo Sa- 
cramento. 

Dejó el infante don Jaime un hijo, que fué don Pedro, 
el cual fué conde de Urgel, y hablaremos de él mas ade- 
lante, y una hija , que casó con don Hugo Folc, vizcon- 
de de Cardona , tercero de este nombre , y fué la tercera 
mujer, de quien quedaron un hijo y tres hijas. El hijo fué 
don Antonio de Cardona, que fué virey de Sicilia, y casó 
con doña Leonor, hija de don Pedro de Villena, de quien 
descienden los Cardonas de Ñapóles y Sicilia: las hijas casaron, 
la una con el conde de Pallars, -la otra con don Guerau Ala- 
many de Cervelló, y la otra con el conde de Ampurias. Tu- 
vo también el infante una hija natural, que casó con un 
caballero del linaje de los Torres, de quien quedan en el dia 
de hoy descendientes, y en un cuarto del escudo de sus armas 
pintan las del infante; y en la iglesia de Nuestra Señora del 



C 195 ) 
Pino de Barcelona, donde tienen su entierro, quedan aun mu- 
chos payeses y banderas muy antiguas, que sirvieron en los en- 
tierros de algunos de aquella casa, que están colgadas en 
la capilla de san Juan, y aun tienen el dia de hoy al- 
gunos heredamientos en el condado de Urgel, que fueron 
de sus pasados, ó les vinieron por este casamiento. 



( 494 



CAPITULO LXII. 



Cuéntase la vida de don Pedro 'de Aragón, XIX conde de Urge), viz- 
conde de Ager.— Fúndase el monasterio de las monjas del orden 
de San Francisco, en la iglesia y casa de Alraata, en cumplimiento de 
lo que mandó el infante don Jaime.— De', la fundación de la Seo de la 
ciudad de Balaguer, y descripción de ella.— Servicios que hace el conde 
don Pedro al rey, su tio; y muerte del infante don Fernando, mar- 
qués de Tortosa, que hizo heredero al conde de Urgel.— Sirve el con- 
de al rey en la defensa de la ciudad y reino de Valencia, y asién- 
tanse los intereses sobre la hacienda del infante, que hizo heredero al 
conde don Pedro. — Sirve el conde al rey, y muévese la contención entre 
el conde de ürgel y otros, de una parte, y los caballeros, de otra, sobre 
la jurisdicción criminal é imposiciones. — Continúa el conde de Urgel en 
servir al rey; casamiento del rey con doña Sibila', y muerte suya.— 
Sucede en el reino de Aragón el rey don Juan el primero, y persigue 
á la reina doña Sibila Forciá, su madrastra.— Quiere el conde don Pedro 
comprar el marquesado de Camarasa, y lo impide el rey don Juan.— 
Cuéntanse los señores ba habido en este marquesado, desde que salió 
de la casa de los condes de ürgel, hasta que volvió al rey don Alfonso, 
hijo de Fernando primero, reyes de Aragón.— Muere el rey don Juan. 
—Sucesión del rey don Martin, su hermano, y pretensiones de la condesa 
de Foix, hija del rey don Juan.— De las cosas que pasaron hasta que 
el conde de Foix fué del todo expelido de Cataluña. — Trátanse diversos 
matrimonios á la infanta doña Isabel, y concluyese con don Jaime [de 
Aragón, hijo de don Pedro, conde de Urgel.— Muerte de la reina doña 
Sibila, madre de la infanta doña Isabel, y celebración del matrimonio 
de don Jaime de Aragón, hijo del conde don Pedro.— De la muerte del 
conde don Pedro, de sus riquezas y estados.— De la condesa doña 
Margarita de Monferrat, mujer del conde don Pedro.— De los hijos y 
descendientes de don Pedro de Aragón y de la condesa doña Margari- 
ta, su mujer.— Sumaria relacionrde algunas fundaciones dejó el conde 
don Pedro en su testamento, y de su sepulcro y armas.— De algunas 
cosas notables que acontecieron en tiempo del cond'e don Pedro, y de 
los obispos que fueron de Urgel.— De la moneda batían los condes de 
Urgel, y de la que usaban en el principado do Cataluña por c5tos;ticin- 



( 195 ) 

pos.— Prosigue la materia del precedente, y tócanse muchas cosas per- 
tenecientes á la moneda de los condes de ürgel.— De la moneda de 
plata que corría en Cataluña en estos tiempos , y como es cosa muy 
antigua y ordinaria haber cruz en las monedas de los príncipes y pue- 
blos cristianos.— Trata de las monedas de oro que corrian en Cataluña 
en tiempo del conde don Pedro de Aragón, conde de ürgel.— De algunas 
monedas de plata que corrieron en Cataluña en los tiempos de los con 
des de ürgel. 



Mostró exteriormente el rey don Pedro gran sentimiento 
de la muerte del infante, su hermano; y aunque pocos dias 
después de su muerte celebró bodas con doña Leonor, hi- 
ja del rey de Portugal, fueron con poco regocijo y fiesta, 
así por estar las cosas de su reino en la turbación que vi- 
mos, como por la muerte del infante, que murió el mismo 
dia que llegó la reina, que, como dije, fué á 15 de noviem- 
bre de este año 1347. Don Pedro, hijo del infante, era de 
poca edad, y el gobierno de sus tierras quedó endona Ceci- 
lia de Comenge, su madre, que fué una de las mas va- 
roniles mujeres de estos tiempos, cuyas pisadas y ejemplo 
si siguiera su nuera, ni se acabara esta casa, ni pere- 
ciera este ilustre y esclarecido linaje. Cuando murió el in- 
fante quedó su casa muy adeudada , por lo mucho ha- 
bia gastado en la Union de Aragón y querer conservar 
el título de gobernador general del reino, que tan sin 
razón le fué quitado. Convino reparar aquella casa, por- 
que quedaba muy empeñada, y entendieron en ello la con- 
desa doña Cecilia y don Pedro, su hijo, que en pocos 
años fué uno de los señores mas ricos que habia enton- 
ces en España, y sus villas y lugares ennoblecidos con edi- 
ficios públicos y castillos fuertes y hermosos , que no ha- 
bia mejores lugares en Cataluña ni Aragón. Retiráronse 



( 196 ) 
en su ciudad de Balaguer, y auuque en vida del infante 
habian estado casi siempre .en la ciudad de Lérida, aho- 
ra les pareció á propósito el salirse de aquella ciudad y 
retirarse en su condado , porque todo estaba tan al- 
terado y revuelto, que los mas recogidos y apartados de 
la corte eran los que mejor ío pasaban y mas seguros 
estaban. 

Habia el infante don Jaime mandado en su testamen- 
to , como á príncipe muy pió y devoto que fué , que 
para mayor gloria de Dios y aumento del culto divino, 
fuese edificado en la ciudad de Balaguer un monasterio 
de religiosas del orden de San Francisco, dejando renta 
competente para trece monjas, y en este monasterio fue- 
se dada sepultura á su cuerpo, escogiendo lugar y puesto 
idóneo para el tal edificio, y para el gasto de él dejó 
cincuenta mil sueldos. Hubo sobre el escoger el lugar 
diversos pareceres, porque la condesa, clero y ciudadanos 
deseaban acertar en esto,- y que el edificio y fundación 
saliera á gusto de todos. 

La iglesia de Nuestra Señora de Almata era entonces 
la iglesia mayor de la ciudad, donde todo el pueblo con- 
curria, así por la devoción de la Virgen nuestra Señora, 
como por gozar de los muchos perdones é indulgencias que 
los sumos pontífices habian concedido á una devota cofradía 
que estaba fundada en aquella iglesia, en que estaban escri- 
tos todos los vecinos de la ciudad, y para ser partici- 
pantes de tantos tesoros espirituales de que gozan los co- 
frades de ella. Sin esto, resplandecia ya en milagros con- 
tinuos la imagen del Cristo crucificado que está en aquella 
iglesia; pero por estar fuera de los muros y ser no muy 



( 197 ) 
grande, era algo desacomodada y poco capaz para tan 
gran pueblo: era la arquitectura basta y grosera y mal 
aseada: parece edificio de godos, ó hecho en tiempo de 
los moros, ó poco después de ser cobrada aquella ciudad 
de ellos. Por esto, y por acomodarlo todo según la vo- 
luntad del infante, y hermosear aquella ciudad con una 
iglesia nueva, de arte y arquitectura moderna, y capaz, con- 
certaron la condesa doña Cecilia y Bernardo de Campor- 
rells y Bernardo de Castillo, marmesores del infante , y el 
concejo de la ciudad de Balaguer, que en la dicha iglesia 
de Nuestra Señora de Almata, y en la casa que llamaban 
de la cofradía, que está contigua con la iglesia, fuese fun- 
dado el dicho monasterio;, y por esto el concejo de la ciu- 
dad, de voluntad y consientimiento de Guillermo Julián, 
rector, y de Jaime Riu, vicario perpetuo, de Arnaldo Se- 
guí, Pedro Meayll y Francisco Beltran, canónigos, dieron 
la dicha iglesia y edificios de ella, para que se fundase el 
dicho monasterio. Eran entonces del concejo de la ciudad y 
los que intervinieron en esto: Bernardo del Castillo, baile 
de Balaguer, Francisco de Murello y Guillermo Vilella, 
Bartolomé Spanyol, Berenguer de Berga, Ramón de Bo- 
negas, Pedro de Cervera, Jaime Rabassa, Juan Munter, 
Arnaldo de Arques, Jaime Bordoyll , Guillermo Miravet, 
Pedro de Murel!, Bernardo de Sforsa, Ramón Farrer, Bar- 
tolomé Vilana, Pedro Aragonés, Arnaldo Deslióla, Pedro 
Pons, Salvador Jensa, Martin Rey, Pedro Mayllan, Gui- 
llermo Arnaldo de Gerona, Guillen Jornet, Ramón Spigol, 
Bernat Descoll, Pedro Seguí, Andrés de Stontell, Domin- 
go Tolo, Guillermo Torba, Arnaldo de Parellos , Martm 
Vidal, Pedro Durban, Antón de Barbaroja , Guillermo 



( 108 ) 

Stlua, Guillermo Savilla, Ramón Gruyn, todos ciudadanos y 
vecinos de la ciudad de Balaguer; y se hizo esta donación 
con los pactos siguientes: que los ejecutores del testamento 
del infante don Jaime y la condesa doña Cecilia, á mas de 
lo que dejó el infante á la iglesia de Almata, tengan de 
dar la mitad de cincuenta mil sueldos que dejó el infante 
para la dicha fundación, y estos hayan de emplearse en edi- 
ficar de nuevo otra iglesia común para los vecinos de la 
ciudad; y que estos veinte y cinco mil sueldos se hayan de 
pagar, cinco rail el dia que se diese principio á la obra, y 
cinco mil en cada uno de los años primero vinientes, has- 
ta que sean todos pagados, y que las capillas que estaban 
en Almata, se estén como de aíites, y que puedan los be- 
neficiados de ellas celebrar cada uno en la suya, así como 
solian; y que cada patrón de los dichos beneficios quede 
con su patronazgo, y pueda, si quiere, ser sepultado en su 
capilla; y que si, por levantarse la sepultura del señor in- 
fante con la pompa y grandeza decente á tal persona, se 
derribase alguna parte de capilla, se repare, y si fuese me- 
nester una entera, se haga otra en aquella parte de la igle- 
sia que pareciese mas conveniente; y que en esta donación 
no se entiendan los cálices, libros y ornamentos de la dicha 
iglesia, sino solos los edificios, piedra y madera de ellos, y 
las lámparas, ora sean de plata, de vidrio, ó de metal, por- 
que estas han de quedar en Almata; y que cualquiera ¡que 
quisiese mudar su sepultura de la iglesia vieja á la nueva, 
lo pueda hacer, sin embargo ó impedimento alguno. Asen- 
tado esto, los ejecutores del testamento del infante tomaron 
posesión, con autoridad y decreto de don Guillen de Mon- 
eada, vicario general del obispado de Urgel, sede vacante. 



( 499 ) 
de la iglesia de Almata; y acomodado el edificio en la for- 
ma debida, metieron en él las monjas (¡ue mandó el infante 
que vinieran en aquel monasterio, con gran ejemplo de re- 
ligión y santidad, y duraron hasta nuestros dias, que pare- 
ció al obispo de Urgel y á los paeres de la ciudad, que 
convenia al servicio de Dios, que de aquella hora adelante 
cesasen las monjas claustrales que habia habido hasta en- 
tonces, y se metieran en aquel convento las de la Observan- 
cia; y así dejaron acabar las monjas que habia, sin recibir 
otras de nuevo, y enviaron á Tarragona , y del monaste- 
rio de Santa Clara sacaron tres , que dieron principio á 
la observancia que hoy se guarda con gran rigor y edi- 
ficación de la ciudad y de toda aquella comarca : esto 
parece en las dos inscripciones que pusimos ya en el ca- 
pítulo L. 

Entendióse -en buscar lugar á propósito para el tem- 
plo se habia de edificar: pareció al principio se hiciese en 
la parte mas baja de la cmdad, cerca de la plaza, por 
ser lugar mas acomodado y frecuentado, que ya que se 
habia de hacer nuevo y levantarse de cimiento, no fuese 
tan costoso de subir, como era la iglesia de Almata; y 
aunque parecia bien á todos, por ser comodidad grande, 
escogieron la capilla de San Miguel, que estaba en lo mas 
alto de aquella ciudad, en puesto solitario y poco habita- 
do, con pensamiento que, adornando aquella parte de la 
ciudad con tan grandioso y magnífico templo, habia de 
ser mas poblada, ya que no de seglares, de los canónigos 
Y clero, que siempre fué en aquella ciudad muy numero- 
so, y de singular religión y virtud. Imitaron en esto á la 
ciudad de Lérida y a la villa de Castellón de Farfanya, 



( 2(X) ) 
cuyo templo se era edificado por estos tiempos, y á la de 
San Pedro de Ager y otras, cuyos suntuosos templos están 
en la parte mas superior y alta; y así escogieron el puesto 
donde hoy está, alegre por la vista de que goza, sano por 
los aires saludables y puros que corren en él, y espacioso 
por estar en lugar muy ancho y capaz, Habia, como di- 
go, en este lugar una capilla ó hermita del arcángel san 
Miguel, que dicen estaba en el mismo lugar donde hoy 
está, que es al pié del campanario; y por eso duró mu- 
chos años que llamaron esta iglesia de San Miguel, aunque 
sea cabeza del altar mayor la Virgen nuestra Señora. Es 
esta capilla ó hermita obra muy antigua, hecha en tiempo 
de los primeros condes de Urgel, que siempre tuvieron 
este santo por tutelar y patrón. En el castillo de Olérdola, 
junto á Vilafranca de Panadés, edificio del conde Sunyer, 
aun se conserva una iglesia que él edificó y dotó, y es el 
primer edificio que hallo de estos condes, y por denotar 
esto, en el portal de la ciudad que sale á la puente, que 
es el mas frecuentado de todos, hay una imagen de este 
santo, argumento cierto de la devoción y confianza que te- 
nian en él, como á guarda y defensor de todos; y en con- 
formidad de esto, quisieron que la iglesia mayor quedara 
edificada en el lugar donde el santo ya de tiempo antiguo 
tenia su altar y era venerada su imagen. Es cosa de notar 
lo que escribe Miguel Naveo, arcediano de Tornay en 
Flandes, en una crónica que hizo de las apariciones y he- 
chos de este glorioso espíritu, que sus templos y capillas 
suelen edificarse las mas veces en lugares altos y encum- 
brados montes, y las de los otros santos en lugares bajos; 
y dice ser esto, en orden á su origen, principio y creación. 



( 201 ) 
pues los ángeles le tuvieron en e cielo, y los demás santos 
en la tierra; y por estoy la aparición que hizo en el monte 
Gargano, que celebra la Iglesia en el raes de mayo, el dia 
8, ha quedado la costumbre que de ordinario sus templos 
se edifican en lugares levantados y sobre altos montes: y 
el dicho autor lo prueba haciendo un discurso de muchos 
templos que en Francia, Inglaterra, Alemania, Hibernia, 
Noruega, Transilvania, Flandes, Dania, Hungría, Italia, 
Moscovia, Etiopía y otras partes del mundo hay de este santo, 
todos en lugares altos; y en Cataluña hallaremos lo mismo 
á cada paso, como en el castillo de Olérdula, Araprunyá, 
Escornalbou, San Miguel del Fay; y junto al camino va 
de Balaguer á Ager hay una iglesia de este santo , don- 
de vivieron los fundadores de la orden premostratense, 
mientras tardaban los condes á edificar el monasterio de 
Nuestra Señora de Bellpuig de las Avellanas, donde des- 
pués se mudaron, y quedó como sufragánea aquella prime- 
ra iglesia, y suele vivir en ella un canónigo, que hace allí 
vida eremítica. 

Escogido el lugar, se dio principio á la fábrica del tem- 
plo, y la condesa doña Cecilia hacia largas limosnas: á su 
costa se reedificó esta capilla de san Miguel, y fué lo que 
primero se hizo, y en ella, mientras se tardaba en lo res- 
tante de la obra, se celebraban los oficios divinos, y si 
bien se advierte, se conoce que fué hecho antes que lo 
restante de la iglesia. En la bóveda hay muchos escudos, 
unos con las armas de los condes de Urgel solas , que son 
los jaqueles de oro y negro, y otras con las del conde don 
Pedro, que eran un escudo en pal, á la mano derecha 
dos palos de los de Aragón, y á la izquierda los jaqueles. 

TOMO X. 14 



( ií02 ) 
Es este edificio de una nave, muy grande y capaz, y pu- 
diera serlo de cualquiera ciudad. Hay en él ... . ca- 
pillas, sin la mayor, con sus altares muy ricos y dorados; 
las paredes, bóvedas y campanario son de sillería, curio- 
samente labrados, y en la bóveda de la capilla mayor hay 
muchos escudos, unos con las armas de Urgel, solas, otros 
con las del conde don Pedro, y otros de los vizcondes de 

Ager. Residen en ella un deán y canónigos y 

beneficiados. Celébranse con gran puntuali- 
dad y devoción los oficios divinos y horas canónicas; la sa- 
cristía es muy rica de vasos y ornamentos. Hay en ella 
muchas reliquias y cruces, ricamente labradas, que dieron 
los condes y reyes de Aragón : consérvalas el clero y 
aumentan cada día los ciudadanos, como gente muy pia y 
celosa del servicio de Dios. 

En un mismo tiempo se edificaba la iglesia mayor y 
lo que era necesario en Almata para la morada y vivienda 
de las trece monjas, y por ello dio la condesa doña Ceci- 
lia todo el favor fué menester, por ser esta señora muy 
devota de la religión de san Francisco, y desear ver aquel 
monasterio acabado; y así dentro de pocos meses estuvo 
capaz para meter y vivir las religiosas, que luego fueron pues- 
tas en él. 

No pasaron muchos dias que el obispo de Urgel, fray 
Hugo Desbac , del orden de san Benito, pretendió que 
aquella donación ó permuta habia sido subrepticia y habia 
de ser revocada, como hecha en sede vacante y sin la so- 
lemnidad que requiere el derecho. Hubo sobre esto algu- 
nas dificultades que inquietaron á las 'nuevas religiosas, que 
por ello mucho se afligieron, y á la postre, para quietud 



( 203 ) 

y sosiego de todos, nombraron compromisarios: estos lúe- 
ron don Pedro de Clasqueri, arzobispo de Tarragona, Ra- 
món Gener, capiscol de la Seo de Urgel, Ramón Dusay, 
ciudadano de Barcelona, y Pedro . . . . ; y estos, des- 
pués de vistas y oidas todas las dificultades que en este 
negocio habia, declararon que el obispo confirmase y die- 
se por legítimo todo lo hecho, y que la dicha confirma- 
ción se hiciese luego por todo aquel dia, que fué á los 
16 de febrero de 1361; y de esta manera quedaron aque- 
llas religiosas en pacífica y quieta posesión de aquel mo- 
nasterio. 

Doña Cecilia y don Pedro, su hijo, escarmentados de 
los infelices sucesos del infante don Jaime, y viendo 
lo que pasaba entre el rey y el infante don Fernando, su 
hermano, excusaron el seguir la corte y se apartaban del 
rey todo lo posible, sin faltar á su servicio en todo lo 
que debian, como buenos vasallos y deudos, y según la 
obligación tenian por razón de sus feudos; y así hallamos 
en memorias de estos tiempos, que en el año 1351 el 
conde don Pedro fué al reino de Valencia, con gran nú- 
mero de gente de á pié y á caballo, para defenderle, en 
caso que el infante don Fernando le quisiera acometer, 
el cual nunca cesaba de hacer grandes asonadas y ayunta- 
mientos de gentes, amenazando de hacer algún grande aco- 
metimiento, entrando poderosamente por el reino de Ara- 
gón, ó de Valencia; y el rey para resistirle, si tal inten- 
tara, mandó fortificar las fronteras: y estimó tanto este y 
otros servicios del conde, que en la concordia que hizo con 
el rey de Castilla, á 23 de octubre de 1352, expresa- 
mente capituló, que los infantes don Juan y don Fernando, 



( 204 ) 
hermanos suyos, no hiciesen guerra ni molestasen á lo» 
infantes don Ramón Berenguer y don Pedro, conde de 
Urgel, su sobrino, porque era tanto lo que le estimaba, 
que en las ocasiones que mas quiso honrarse y mostrar su 
poder y grandeza, se valió de él, como de uno de los mayo- 
res príncipes de su linaje y casa, como fué en el año de 1361 , 
cuando el rey hizo muestra general de su poder, para dar 
á entender al rey de Castilla que tal era; y el año de 1 363 
je hizo capitán general de la ciudad y comunidades de 
Teruel y del lugar de Monreal, aldea de Daroca, para re- 
sistir al dicho rey de Castilla, que habia publicado haber 
de entrar en tierras del reino de Aragón para damnifi- 
carle; y no solo encargó en esta ocasión la defensa de los 
dichos pueblos al conde don Pedro, pero también la de 
la ciudad de Zaragoza, la cual estaba con harto peligro; 
y llevóse tan bien el conde en ella, que no solo la dejó 
como debia, pero aun envió socorro y fortificó á Ejea, en 
ocasión que lo habian ' bien menester; y con estas diligen- 
cias del conde don Pedro, quedaron aquellos pueblos pa- 
ra resistir á otro tanto poder, como era en aquella oca- 
sión el del rey de Castilla. Aunque deseaba siempre el conde 
apartarse del rey y retirarse á su casa, huyendo de estos 
bullicios é inquietudes, no le fué jamás posible, porque 
las cosas del rey estaban en estado que no podian ser 
desamparadas, y necesitaban mucho del socorro de sus va- 
sallos y amigos. 

En esta ocasión, y cuando mas poderoso estaba el rey 
de Castilla, aconteció la muerte del infante don Fernando 
hermano del rey, el cual habia vuelto años atrás en servi- 
cio suyo, y el rey le habia asegurado de prisión y de cual- 



( 20,^ ) 
quier lesión y de muerte, y de ello le habia hecho pleito 
y homenaje, á 7 de diciembre de 1357, confirmándolo con 
juramentos, y aun con mercedes, pues le hizo procurador 
general suyo, que era el cargo y dignidad mayor que el 
rey pudiera dar, olvidando todos los deservicios le habia 
hecho hasta aquel punto; pero esto se le cumplió muy mal 
al infante, pues en la ocasión que mas se fió del rey, y 
entendiendo en su servicio, vino á hallar la muerte, que 
fué de esta manera. 

Don Enrique, conde de Trastamara, que después fué 
rey de Castilla, por disgustos que tuvo con el rey don 
Pedro, el Cruel, su hermano, se pasó al servicio del rey 
de Aragón, llevando consigo un buen número de gente, 
que en esta ocasión deseaba ser pagada del sueldo que se 
le debia, y el infante don Fernando tenia consigo muchos 
caballos y soldados que habia llevado de Francia, y to- 
dos estaban en servicio del rey, y eran los mas gente no- 
ble de Castilla, que se habian ausentado por apartarse de la 
crueldad del rey don Pedro, á quien muchos tenian mas 
en cuenta de tirano, que de rey. El rey de Aragón no que- 
ría pagar á la gente del infante don Fernando, sino á la 
de don Enrique, porque de esta manera se pasara á él 
toda la gente que llevaba el infante, á quien ya él abor- 
recía y le hacia todas las malas obras que podia: sintió 
mucho esto el infante, y un dia que el rey estaba ausente 
de la ciudad de Zaragoza, fué á casa del tesorero, y rom- 
pió las puertas y arcas donde estaba el dinero del rey, y 
pagó su gente, y se fué á socorrer el reino de Valencia, 
que el rey de Castilla le tenia muy apretado. El rey hi- 
zo notable sentimiento de esto, y el infante, que lo vino 



( 206 ) 
á entender, temiendo la ira del rey y conociendo cuan 
poco le estimaba , determinó de pasarse con toda su gen- 
te á Francia; lo que pesó mucho al rey, porque perdia 
mas de mil hombres de á caballo, todos gente escogida, 
y habia de dar gran ánimo al de Castilla, si entendiera 
que tal gente le faltase; y aconsejado el rey de don Ber- 
nardo de Cabrera y del conde de Trastamara, por cuyo 
trato después fué muerto el infante don Fernando, acordó 
de mandarle prender, y por hacerlo mas á su salvo y sin 
escándalo, dijo el rey al conde de Urgel y al vizconde de 
Cardona, que eran muy amigos y parientes del infante, 
que le dijeran que viniese desde Almanzora , donde esta- 
ba con su gente, á Castellón de la Plana, en el reino de 
Valencia, porque el rey queria hacer todo lo que él qui- 
siese, y que él y su gente se quedasen todos en su servicio, 
y que el otro dia, que era domingo, se fuese á comer con 
é!. El infante, que no pensaba nada del infortunio que 
se le esperaba, se vino- á Castellón, acompañado del con- 
de Urgel, vizconde de Cardona, de don Tello , hermano 
de don Enrique, y de otros muchos caballeros, y comió 
con el rey, y después se retiró á reposar en su aposento 
del palacio real, con seis caballeros. Estando aquí, llegó 
Bernardo de Scala, alguacil, y le dijo que el rey mandaba 
que quedara allí preso; y el infante juzgó que aquello mas 
era consejo de don Enrique y de don Bernardo de Cabre- 
ra, que voluntad del rey, su hermano, de quien tal no 
pensaba, y así dijo al alguacil, que él no era hombre pa- 
ra ser preso; y el alguacil lo fué á decir al rey, y- el rey 
le envió á decir: que no se tuviese por deshonrado de ser 
su preso; y Diego Pérez Sarmiento, que era uno de los 



( 207 ) 
que estaban con él, le dijo: que roas valia ser preso, que 
muerto; y así se puso en defensa, y el rey mandó, que si 
no se dejaba prender , que lo matasen; y porque nadie 
osaba entrar en el aposento, mandó el rey desentablar el 
techo; y entonces el infante salió con la espada en la ma- 
no y mató un escudero de don Enrique , que estaba de- 
lante de su amo, que, con los demás, también habia acu- 
dido al ruido con algunos castellanos , que eran los que 
mas apretaban al infante, y el primero que le hirió se 
llamaba Pedro Carrillo, y con él murieron algunos caba- 
lleros. 

Muerto el infante, el conde de Urgel y vizconde de 
Cardona quedaron atónitos de lo que habian visto, y nunca 
creyeron que para aquello enviara el rey á llamar al in- 
fante, y quedaron con gran cuidado de sus personas, por- 
que eran muy grandes amigos del infante, y fueron donde 
el rey estaba, y le dijeron si estaban ellos seguros, y si ha- 
bian de temer nada; y el rey les dijo, que no; pero el 
vizconde de Cardona, fiándose poco del rey, se partió lue- 
go de Castellón, y no paró hasta verse dentro del castillo 
de Cardona. Murió el infante don Fernando á los treinta 
y cuatro años de su edad; está sepultado en el monaste- 
rio de San Francisco de Lérida con sus padres: su sepul- 
cro es una arca de madera muy dorada, á la pared del 
lado del altar mayor, á la parte del evangelio, con mu- 
chos escudos de sus armas, y un letrero que dice así: 

ASSI JAU LO MOLT ALT SENYOR INFANT DON 
FERNAINDO DE DOLOROSA MEMORIA MARQUÉS 
DE TORTOSA É SENYOR DEL RARRASIN É MORÍ 



( 20H ) 
EN CASTELLO DE BURRIANA Á XVI DÍAS DEL 
MES DE JÜLIOL EN LO ANY DE LA NATIVITAT 
DE NOSTRE SENYOR M.CCC.LXIII. 



Instituyó el infante don Fernando heredero suyo á su 
sobrino el conde don Pedro; y á la infanta, su mujer, dejó 
el usufruto de la villa y baronía de Fraga, y de los lugares 
de Vallobar y Peñalba y Privia, en el reino de Aragón, 
que le vinieron por donación del rey don Alfonso, su pa- 
dre, hecha en favor de la reina doña Leonor y del infante 
su hijo. A 5 de julio de 1331, el rey, sin curar del tes- 
tamento y disposición del infante, ni de las mandas que 
habia hecho, tomó posesión de la ciudad y marquesado de 
Tortosa y de las ciudades de Albarracin y de lo demás 
que poseia en Aragón y Cataluña, porque casi todo volvió 
á la Corona, por haber muerto el infante sin hijos, y la 
infanta se quedó con el usufruto de la baronía de Fraga 
y de los lugares de Vallobar, Peñalba y Privia; y el conde 
solicitó al rey diversas veces, para que le restituyese el 
patrimonio del infante, pero do pudo acabar nada, mas 
de llevar buenas palabras y ofrecimientos que el rey 
'é hacia, asegurándole que deseaba darle satisfacción, y 
de esta manera le pasaba con dilaciones; y aunque necesi- 
taba de él y de sus gentes para la guerra que llevaba 
con el rey de Castilla, no le obligaba con obras, por lo 
que el conde andaba muy disgustado y advertido, y se 
apartaba del rey, temiendo otro suceso como el que ha- 
bia pasado con el infante, y lo mismo hacia el vizconde 
de Cardona La necesidad del rey era grande, y mayor la 



( 209 ) 
falta quede estos dos señores tenia, pues quería que pasase» 
á la defensa del reino de Valencia, que tenia muy apre- 
tado el rey de Castilla, y ellos decian que servirian al rey, 
si les daba seguridad de no hacer daño á sus personas. 
Pareció por entonces conveniente que el infante don Juan, 
hijo primogénito del rey, fuese allá, y no era de edad de 
mas de catorce años, y el rey le dio por consejeros al 
infante don Pedro, su tio, que era religioso del orden de 
San Francisco, y al conde de Urgel y vizconde de Cardona, 
que habian de venir con todas sus gentes; y aun no se te- 
man por seguros, y querían que el rey pusiese al infante 
en poder de ellos; y el rey les escribió que ellos y el in- 
fante se vinieran juntos á la ciudad de Tortosa, donde él 
los aguardaría para ir al reino de Valencia, que no tardó 
mucho el rey; y entonces el conde, con toda su gente se 
partieron para Castellón, donde se detuvieron dos dias, 
aguardando la gente, con determinación de ir á dar la bata- 
lla al rey de Castilla, que tenia cercada la ciudad de Valen- 
cia, y la habia traido á punto, que no habia viandas sino por 
todo el mes de abril, y eran ya á 24; y el vizconde de Car- 
dona se metió en mar por capitán de diez galeras que se 
habian de armar, y el rey fué marchando en busca del 
de Castilla, que no le osó aguardar, antes bien levantó 
su campo y se retiró hacia Murviedro, excusando la bata- 
lla, y á 28 del mismo mes, el rey, con los suyos, se en- 
tró, á hora de vísperas, á la ciudad, en gran triunfo y 
fiesta , habiéndola socorrido en ocasión que estaba apre- 
tadísima de un ejército que era superior y mucho mas po- 
deroso que el suyo. Todo el tiempo que duraron estas guerras 
entre Castilla y Aragón, que fueron muchos años, y en 



( 210 ) 
los tratos de paz que se movieron entre los dos reyes, co- 
mo á consejero del de Aragón siempre intervino el conde 
don Pedro, pensando con servicios obligarle á que le diese 
la hacienda del infante; pero el rey estaba tan poco afecto á 
sus cosas, que no contento de haberle muerto y tomado lo 
mejor de su patrimonio, jamás quiso dar licencia á la in- 
fanta, su mujer, de volverse á Portugal á casa del rey 
su padre; y tomándosela ella, la mandó seguir y volver 
presa á la ciudad de Huesca, donde la dio en guarda 
á dos señoras principales de aquella ciudad, y después la 
mandó llevar á Zaragoza, y que estuviese en compañía de 
la reina y de la infanta, su hija; porque como el rey de 
Portugal era amigo del de Castilla, y el rey de Aragón 
era de su natural muv sospechoso, cualquier acción de los 
deudos y amigos del rey de Castilla le daba cuidado y 
pena. Duraban todavia las guerras entre los reyes, y el 
conde, ó por haber muerto la infanta doña María, ó por 
convención hecha entre ellos, se metió en posesión de los 
lugares de Fraga y su baronía, Vallobar, Peñalba y Privia 
y solicitaba al rey se la confirmase; y solicitado de todos 
los amigos, deudos del conde , creo que no pudo hacer 
otra cosa, porque hallo en el registro 42, Gratiarum, fo- 
lio 14, que á 19 de junio de 1368, en el palacio real 
de Barcelona, en presencia del obispo de Lérida, de don 
Berenguer de Ribelles, de Bertrán Desvals y otros de su 
consejo, en enmienda de los muchos servicios del conde 
y gastos habia hecho én las guerras de Valencia, en que 
tanto se habia señalado, y por el mucho amor le tenia, 
por ser sobrino suyo y tan cercano en parentesco, le con- 
cede la dicha baronía de Fraga, con los lugares de Vallo- 



( 211 ) 
bar, Peñalba y Privia, v los demás que le pertenecian 
por parte de la reina doña Leonor, madre del infante, con 
todo el derecho que al rey le competía en ellos, para que 
pueda hacer el conde de ellos como de cosa suya, con pacto 
que, muriendo el conde sin hijos, y faltando la descendencia, 
hayan de volver á la Corona, pagado primero el conde y los 
acreedores de la dicha baronía y lugares, dándoles reten- 
ción hasta ser satisfechos del todo; y el conde lo aceptó, 
protestando de no haber de pagar ninguna de las deudas 
del infante, ni menos aquellas quince mil libras que el 
rey Alfonso habia reservado para su alma sobre los bie- 
nes y lugares que habia dado á la reina , su mujer, y 
á sus hijos, ni menos nada de aquellos ciento cincuen- 
ta mil sueldos que la reina habia pagado á los marme- 
sores del conde Armengol de Cabrera, por los lugares 
de la tierra y marquesado de Camarasa, que eran Ca- 
marasa, Cubells, Alos, Mejá y otros, que el infante se 
habia reservado para sufragios por su alma. Con esto 
quedó el conde algún tanto satisfecho y pagado de lo 
que el rey le habia de dar; pero no duró mucho, por- 
que el rey era hombre inquieto y de condición revoltoso, y 
no podia ,''isimular cosa que fuese ó pudiese resultar en per- 
juicio suyo y de su corona y patrimonio, y mandó decir al 
conde , que él no habia podido hacer lo que habia hecho, y 
que aquella donación era muy dañosa á la Corona, y no le era 
lícito dar lo que no era suyo, ni enajenar el patrimonio real , y 
que así habia de ser aquello revocado, y la merced hacia de 
aquella baronía y lugares habia de ser en otra manera. Tanto 
fué lo que se congojaba el rey de esto, que el conde, co- 
mo hombre sabio y que no quería encuentros con él, di- 



( 212 ) 
jo que vendría á todo lo que quisiese; y así, según cons- 
ta en el archivo real, armario 16, saco A, á S del mes 
de octubre de este año, después de haber revocado la di- 
cha donación, de consentimiento de los dos, confirma y 
concede al conde la dicha baronía de Fraga, con los lu- 
gares de Peñalba y Vallobar, reservándose el dominio alo- 
dial y directo y los feudos; porque, aunque era verdad 
que el rey don Alfonso lo habia dado todo, sin reten- 
ción alguna, pero habíalo dado con pacto que, muriendo 
el infante sin hijos, quedase para sus herederos el domi- 
nio útil, como lo habia tenido don Guillen Ramón de 
Moneada; y así, por haber venido el caso, el rey se re- 
servó el alodio y feudo para sí, y dio el dominio útil al 
conde, el cual era la décima parte del valor de ellos, 
y declara que no entiende renunciar el otro laudemio que 
le pertenece por la deja del usufruto que hizo el infante 
á su mujer, antes se reserva el derecho que le compete 
para pedirlo. Hecho esto, pidió licencia el conde, y á 7 
del mismo mes, protestó que si por justicia se declarase 
ser aquellos lugares francos en alodio y de feudo, que- 
dase absuelto del homenaje y sacramento que en razón 
de ello le habia prestado, y el rey se lo otorgó. No 
quedaba el rey aun satisfecho del conde, ni se tenia por se- 
guro que no le hiciese demanda de aquello que tenia el mar- 
qués: él sabia la causa, y cada di* buscaba modos y trazas pa- 
ra impedir al conde el hacer tales demandas;'y aunque el con- 
de decia no tener tal pensamiento é imaginación, con todo 
quiso que sobre esto se hiciera nuevo trato y convención, y un 
dia, que era á 12de octubre de este año, como parece en cl 
archivo real, armario 16, saco A, número 55, estando en el 



( 213 ) 
monasterio de Predicadores de Barcelona , el rey prometió 
al conde, que jamás le haria ninguna petición de aque- 
llo que él tenia del infante, y si tal hiciese, promete que 
se abdica el poder y derecho de pedir las tenencias y em- 
parar el feudo de la baronía de Fraga, y demás lugares 
habia heredado el conde, que fueron del infante, hasta 
haber renunciado á la tal demanda ; y que no pidiendo 
el rey nada, ni el conde ni los suyos puedan pedir, ni el 
marquesado de Tortosa, ni otra cosa alguna del patrimo- 
nio que habia sido del infante y estaba en poder del rey; 
y que si tal hiciese, la concesión que le habia hecho de 
la baronía de Fraga y otros lugares , y la remisión del 
laudemio vaya por no hecha y sea nula , y las cosas 
vuelvan al estado que estaban antes del 5 de octubre. To- 
do esto pasó en el monasterio de Predicadores, en Barce- 
lona, á 12 del dicho mes de octubre; y no quiso el rey 
se registrase en el registro que llamaban Gratiarwri, sino 
en el que llamaban Feudorum, como hoy se echa de ver 
en ellos, y lo mandó notar en el registro Gratiarum 42, 
deannis 1368 el 1369, folio 14. 

Estos dos autos, hechos en el monasterio de Predicado- 
res, se dieron divisos por alfabeto, y en el uno de ellos, 
que es en el hecho á 12 del mes, en las espaldas de él 
mand('» escribir estas palabras: Voluit dominus rex hujus- 
modi menlionem hic ad caulelam scribi videlkel quod si diclus 
comes anl sui pelerenl aliquid á domino rege vel suis ultra 
ea que in his instrumentis expressit de heredilate infantis Fer- 
dinandi quod dominus rex el sui habcanl aclionem contra dic- 
tum comilem et suos occasione imionis Valencie el Aragonum 
quam Infans Jacobus paler dicti infantis juraveral el de qua 



( ^14 ) 
nullam hahiit remissionem a domino rege. Y después dice 
el secretario: Dominus rex qui predicla vidit et legk man- 
davit Ferrarlo de Magarola. 

Ya antes en las corles que celebró en el año 1365, habia 
hecho constitución con que quedó para siempre unida la 
ciudad y términos de Tortosa á la corona real, con pro- 
hibición de enajenarse de ella por ninguna causa ni ra- 
zón, como parece en la misma constitución , que es la 
última, titulo De la Unió del regne de Malorcas y ¡a áulat 
de Tortosa á la corona real. 

Por este tiempo concordaron los reyes de Aragón y Na- 
varra, que no harian paces con el de Castilla, y el conde 
don Pedro fue una de las veinte personas que hicieron 
al rey de Navarra pleito y homenaje, que se cumpliria 
todo lo que el rey de Aragón, en orden á esto, le habia 
prometido. 

En las cortes que el ano 1364 celebró el rey á los 
aragoneses , fué nombrado por el brazo de los nobles 
para ordenar los fueros convenientes á aquel reino , cor- 
regir los que necesitaban de ello, y ordenar lo necesario 
para la guerra y defensa del reino; pues por razón de las 
baronías de Antillon y Entenca, tenia ' voz y voto en las 
cortes del reino. 

El año 1366 le nombró el rey lugarteniente suyo en 
el reino de Valencia, en ocasión que el rey de Castilla 
tenia muy apretado aquel reino; y con su buena maña c 
industria y con la gente de armas, apVetó de tal manera 
la ciudad de Segorbe, que estaba por el rey de de Cas- 
tilla , (^ue se le rindió á j)artido y quedó por el de 
Aragón. 



( 245 ) 

Estando ocupado el conde en el servicio del rey, ha- 
ciendo lo posible para darle gusto y obligalle, el rey es- 
taba pensando en qué le podría inquietar y menguar su 
patrimonio y estado, porque era de su natural tan inquie- 
to, que nunca estaba contento, sino cuando tenia guerras 
con los forasteros y contenciones con sus vasallos, y cuan- 
to mas conjuntos le eran en sangre, entonces habian de 
confiar menos y recelarse mas de él. Sucedió un caso, 
que al rey le vino de molde para mover lo que diré des- 
pués, y fué que un señor de los mas preeminentes de Ca- 
taluña prendió un caballero, vasallo suyo, y por lo que 
él se sabia, le hizo algunas opresiones: los parientes del 
caballero rogaron al señor se llevase con él benignamente , 
sin abusar de la jurisdicción y señorío, y que ya que por 
sus culpas, si las habia, mereciese castigo, fuese tal que 
no oliese á venganza. Aprovechó poco, antes bien apretó 
mas al preso, tratándole como si fuese un hombre vil 
ó un ladrón: sus parientes y otros caballeros se quejaron de 
esto al rey, por via de recurso, y él los escuchó de muy 
buena gana, por tener entrada en una cosa que él mucho 
deseaba. 

El conde de Urgel, el de Ampurias, los vizcondes de 
Castellbó y Cardona y muchos señores eclesiásticos ejercían 
jurisdicción criminal, mero y misto imperio en los caba- 
lleros y hombres de paraje y personas generosas que esta- 
ban en sus tierras , y aun les echaban algunas imposicio- 
nes, sin que de ello tuviesen título alguno ó privilegio del 
rey, sino solo una posesión, ni tan antigua, ni tan funda- 
da como era menester, porque por no romper el hilo, 
que dicen, ninguno de ellos lo queria apretar, sino que 



( 21G ) 
si algún militar subdito suyo se quejaba de ello, disimu- 
laban con él, y hacian que callase. Aconteció lo que que- 
da dicho; parecióles á todos, que lo que se habia hecho 
con el preso era abuso, y sintiéronse mucho, que siendo 
ellos exentos, hubiesen de ser tratados á la par de cual- 
quier plebeyo. Con esto recurrieron al rey , de quien 
estaban ciertos habia de gustar se resolviese esto , por- 
que le parecia que era menoscabo de la jurisdicción y pre- 
eminencia real, que los caballeros y hombres de paraje 
fuesen de otra jurisdicción que de la suya: pensaron que 
esto se remediaría dando libertad al preso, como se le dio; 
pero aprovechó poco, porque el rey habia ya admitido el 
recurso, y ofrecido á los caballeros que él los favorecería 
todo lo posible; y con las alas del rey, se confederaron en- 
tre sí, para resistir á los magnates, que así llamaban á 
los condes y vizcondes y señores eclesiásticos, y decian que 
ellos, do quiera que estuviesen, eran subditos del rey y 
estaban bajo su jurisdicción, y mas en los negocios crimi- 
nales. Tuvieron, con voluntad y consentimiento del rey, 
varias juntas, y les dieron por nombre Conveniencia de los 
caballeros de Cataluña, y nombraron cuatro cabezas, que 
llamaban regidores. El negocio se encaminó de manera, que 
llamaron á las armas, y el rey mandó á los magnates que 
las dejasen y que desistiesen de aquella pretensión, por- 
que lo que pretendian y las imposisiones que generalmente 
echaban sobre los caballeros eran en gran perjuicio de la 
preeminencia real. Pero ellos pretendieron que de aquello, ni 
al rey, ni al bien común se seguía perjuicio, porque si 
las echaban era por justas causas , continuando lo que 
sus ])asados habian hecho , y suplicaron al rey , por. 



(217) 
medio de fray Pedro Cima, que no permitiese que sobre 
esto se moviese con ellos nueva contención, pues jamás 
los reyes pasados la habian movido, y no era justo que se 
procediese contra ellos y sus bienes por cosa que líci- 
tamente la pudiesen hacer, y que los servicios que le ha- 
bian hecho no merecian tal galardón; pero el rey hizo poco 
caso de esto, y les mandó requirir otra vez y citar á jui- 
cio delante de él, porque los caballeros ya habian fir- 
mado de derecho delante de la corte del rey, y declara- 
ron querer estar al orden de justicia, que era lo que el 
rey queria; y como era celoso de la jurisdicción real , ha- 
bía ya puesto en ello reputación y los barones habian h'echo 
lo mismo, y fundaban su justicia en derecho, y vino el 
negocio á punto que toda Cataluña estuvo por ponerse en 
armas. Los condes y vizcondes conocian que ni sus fuer- 
zas ni justicia no podian prevalecer contra las del rey y 
caballeros de la Conveniencia, y así vinieron á trato jun- 
tos en San Juan de Spi, lugar vecino á Barcelona, y allá 
trataron con Jaime Dezfar, canciller del rey, y Ramón de 
Vilanova, su camarero, y cedieron su derecho en cuanto 
á las imposiciones, prometiendo no imponerlas ni exigirlas, 
y en lo que pertenecía á la jurisdicción , concordaron 
que se nombrasen personas que lo declarasen. Por razón 
de esto, convocó cortes el rey en Momblanc, en diciem- 
bre de este año 1370, y en ellas se trató el negocio muy 
extendidamente por las partes, y no se concluyó nada, mas 
de que el rey, con dos personas que nombrase de cada 
una de las partes, siendo conformes, declarasen esta con- 
tienda; y así nombró al vizconde de Cardona por los mag- 
nates, y al vizconde de Illa, por los caballeros: pero es- 
lOMO X, 1." 



( 218 ) 
tos no se pudieron concordar, y el negocio quedó como 
de antes, y todos tenían gente de guerra para cualquier 
suceso. Después, en abril del año siguiente, enTortosa, se 
juntaron cortes para esto, y después de altercado el nego- 
cio , se pusieron treguas por dos años , y se nombraron 
personas por cuyo consejo se determinase lo que tocara 
al negocio principal, y lo que se habia de hacer mien- 
tras tardaba á decidirse la contención, y nombraron cier- 
tas personas de cada veguería, que ejercitasen la jurisdicción 
civil y criminal en los nobles y caballeros y personas ge- 
nerosas que habitasen en señorío de los magnates y ba- 
rones; pero esta declaración se difirió algún tiempo, y los 
caballeros se juntaban muy á menudo por diversos luga- 
res de Cataluña, y eligian sus regidores, y mediando el fa- 
vor del rey, que siempre les amparó, hacian sus estatu- 
tos, teniendo gente de guerra apercibida para cualquier 
suceso. 

El rev no gustaba qué los magnates hicieran tanta con- 
tradicción, y atribuia aquello á menoscabo suyo, y quiso 
dárselo á entender, en su casa, á cada uno; y por eso, á 9 de 
junio de 1371, les requirió, desde Valencia, le viniesen 
á ayudar y servir, según la obligación de sus feudos, por- 
que el infante, hijo del rey de Mallorca, con gente de ar- 
mas venia á invadir los condados de Rosellon y Cerdaña; 
y esto lo hacia por divertirles las fuerzas y gente, y no 
porque se esperara tal invasión, lo que sintieron mucho, 
porque conocieron que el rey les queria dar en qué en- 
tender, y desasosegarlos por cosa que , ni era, 'ni el rey tal 
creia; antes bien esta venida del infante de Mallorca no 
fué hasta el año 1374, y entonces ni el conde de Ur- 



( 249 ) 
gel, ni su gente, ni el conde de Prades, ni el vizconde 
de Cardona , ni otros ningunos se movieron (aunque en 
junio de este año les convocó el rey con motivo de que 
entraba el infante por Conflent), antes bien se estaban los 
mas en Barcelona , donde el rey se estaba , y el in- 
fante entró por la Seo de Urgel y por la ribera de Se- 
gre, y se fué á Castilla, donde murió; y aunque el rey 
llego hasta Corbera para resistirle, pero el infante ya era 
pasado. 

Poco después de esto, y en el año 1375, fueron las 
paces entre don Enrique, rey de Castilla, y nuestro rey 
don Pedro de Aragón: capitularon muchas cosas, y para se- 
guridad de ellas firmaron muchos caballeros, prelados y ri- 
cos hombres de Castilla, Aragón, Cataluña y Valencia, y 
entre ellos el conde don Pedro. Entonces se concertó ma- 
trimonio entre doña Leonor, hija del rey don Pedro, con 
don Juan, hijo de don Enrique, que fué rey de Castilla: 
de este matrimonio nació el infante don Fernando, que en 
Caspe fue nombrado rey de Aragón , de quien hablaremos 
largamente en el capítulo siguiente, por haber sido el que 
acabó y destruyó del todo la casa y linaje de los condes 
de Urgel, en nada inferior al suyo. 

No pasó mucho tiempo después de esto, que á 1 1 de 
octubre de 1377 fueron los desposorios, que casó el rey, 
siendo de edad de cincuenta y ocho años, en Barcelona, 
con doña Sibila Forciá, hija de un caballero catalán del 
Ampurdan, llamado Bernardo de Forciá: enamoróse de su 
hermosura y disposición gallarda. Era esta señora viuda de 
don Artal de Foces, mujer muy honesta y recogida, y no 
tal como la pinta Laurencio Valla, que por alargar con 



( 220 ) 

retóricas colores sus razonamientos y conceptos, alarga tam- 
bién las cláusulas, y, por mejor decir, las cosas que refiere, 
mas de lo que son, porque ni es de creer que Bernardo de 
Vilaritg ó Villalicus, como él le llama, osase decir delante 
del rey don Martin lo que dice en deshonor de esta se- 
ñora, ni que el duque de Gandía y conde de Prades le or- 
denasen tal , ni el rey lo habia menos de sufrir, por ser co- 
sas aquelias, que ejnn deshonor del rey, su padre, y de su 
misma hermana; y aunque dijeron de esta hurtas cosas , pe- 
ro en io que tocaba á la honestidad de su persona , antes 
ni después del casamiento con el rey, nadie ha hablado, ni 
podia ni debia hablar, porque no habia causa ni ocasión 
para ello, que, cierto, da pena el exceso con que algu- 
nos, sin escrúpulo, hablan de personas á quien se debe 
respeto , aunque sean muertas , como lo hizo Virgilio 
con la reina Dido, que le levantó un falso testimonio tan 
grande, achacándole cosa de que ella estaba muy ajena, 
como lo prueba San Agustín. Es cosa donosa el escrú- 
pulo que tiene Valla en contar los remedios que hacia 
el rey don Martin para engendrar, y no le tiene de le- 
vantar un falso á la mujer del rey, su padre, madrastra 
del mismo don Martin, y madre. de su hermana legítima; y 
todo lo hace Valla por fingir un concertado razonamiento 
é información del embajador del duque de Gandía. Vie- 
ne á la memoria lo de cierto poeta que, por dar conso- 
nante con pié que acababa en desnudos, hizo á cuatro hom- 
bres honrados cornudos. Jaime Roig, poeta valenciano y cruel 
enemigo délas mujeres, escribe y murmura de esta señora, 
lo que hizo con sus entenados y lo que se llevó del pa- 
lacio real, cuando murió el rey, su marido; pero en lo 



( 221 ) 
que toca á su honestidad no le achaca nada, y es cierto 
que si él supiera cosa, no lo disimulara, por mas decir 
mal de las mujeres; y así dando por falsedad y mentira 
lo que dejó escrito este autor, y contentándonos de lo que 
dice de él Pogio Florentino, contemporáneo y émulo suyo, 
pasaremos adelante con nuestro discurso. 

Tuvo el rey de doña Sibila dos hijos, el uno don Alfonso, 
que fué conde de Morella, y otro, que murieron niños, v á 
la infanta doña Isabel, que casó con don Jam.e, hijo del 
conde don Pedro, de quien después hablaremos, A los 30 
del mes de enero del año 1781 fué coronada en la ciu- 
dad d'e Zaragoza, con tanta fiesta y solemnidad, como si 
fuera aquella la primera de cuatro mujeres que tuvo el 
rey, con quien, y con Bernardo de Forciá, su hermano, 
se llevó muy liberal; y armó caballero á Berenguer de 
Barutell, cuñado de la reina, y le dio el oficia de algua- 
cil, y á ella la baronía de Concentayna, los lugares de Pla- 
nes, Ibi, Margarida, Lombo y la Torre de las Manzanas, 
en el reinen de Valencia, con voluntad del infante don 
Juan, y las aldeas de Teruel, las villas de Aljezira, Elda, 
Novelda, Aspe y La Muela en el reino de Aragón; y por 
asegurar que el infante don Juan no impugnara estas do- 
naciones , pidió en las cortes que en Fraga celebró el rey, 
el año 1584, que la corte las aprobase y confirmase^ así 
*'las hechas, como las que él de nuevo le hiciese, así á 
ella, como también á la infanta doña Isabel, su hija, á 
quien en aquellas cortes se aseguró sudóte, y se confirmó la 
donación que habia hecho el rey á su cuñado de algunos 
lugares y castillos. 

En este mismo año, á 16 de junio, murió doña Ce- 



( 222 ) 
cilia de Comenge, mujer que fué de don Jaime de Aragón, 
conde de Urgel, y fué sepultada en la iglesia de Nuestra 
Señora de Almata, déla ciudad de Balaguer: ignórase, em- 
pero, en qué lugar. 

En el año 1387, á 5 de enero, murió el rey don Pe- 
dro de Aragón, en Barcelona, después de haber reinado 
cincuenta y dos años, menos algunos dias. Murió, según 
la mas común opinión, emplazado por algunos agravios 
que hizo al patrimonio de santa Tecla, en el campo de 
Tarragona, que cuentan fray Fabricio Gauberto y otros 
muchos autores. Fué hombre pequeño de cuerpo y muy 
valeroso, y nació en el castillo de Balaguer, siendo su pa- 
dre conde de Urgel, como queda dicho. Fióse poco de 
secretarios y privados, y no permitió que los negocios cor- 
rieran por otra mano que la suya: era muy amigo \áe es- 
cribir, por ser muy platico, y hacia una firma de letra 
tan bien firmada, que nadie en su tiempo escribió mejor 
que él, y se estimaba dé ello , y así, con gran facilidad 
escribía. Fué muy celoso de las prerogativas de su corona, 
y cuidó de ellas, por mínimas que fuesen: tuvo mas de 
cruel y riguroso, que de benigno, y siempre fué muy ás- 
pero y cruel con los de su sangre y linaje, persiguiendo 
á algunos de ellos con tanto rigor, como si fueran ene- 
migos de la fé: persiguió al rey de Mallorca, cuñado y 
deudo suyo mas cercano; mandó matar á los infantes don 
Jaime, conde de Urgel , y á don Fernando , marqués de 
Tortosa, sus hermanos; persiguió al infante don | Jaime y 
doña Isabel, su mujer, hijo del rey de Mallorca y mar- 
queses de Monferrat, sus sobrinos, y á su cuñada, la infan- 
ta doña María, mujer del infante don Fernando; y á la fin 



( 223 ) 
de sus días, no perdonó al infante don Juan, su hijo pri- 
mogénito. Con el conde don Pedro tuvo también sus disgus- 
tos, por razón del testamento del infante don Fernando, 
y por lo de la conveniencia de los caballeros , que es lo 
que Pedro Toraic dice, en la vida de este rey: Encara 
en lo dit temps fonc debat entre lalt compte de Urgell. Y 
aunque en lo de la sucesión del infante tuvo justicia, en 
cuanto al marquesado de Tortosa, hubo de pasar por lo 
que el rey quiso. Con los aragoneses y valencianos tuvo 
notables encuentros, por razón de las uniones. A imita- 
ción de Julio César y del rey don Jaime, escribió una his- 
toria de los reyes pasados y suya, en lengua catalana, con 
estilo llano, y sin empaliar la verdad y colorar la mentira: 
anda esta insertada en la Crónica de Miguel Carbonell. 
Está sepultado en el monasterio de Poblet, al lado del 
evangelio, sobre un arco, en medio de los reyes don Jai- 
me, el Conquistador, y don Fernando el primero. Sobre 
su sepulcro hay cuatro simulacros, el suyo con dalmáti- 
ca é insignias reales , y de lastres primeras mujeres suyas, 
aunque solo está con él doña Leonor de Portugal, su 
segunda mujer , que doña María, que fué la primera , 
hija del rey de Navarra , aunque escogió sepultura en 
Poblet , está en el monasterio de San Vicente de Va- 
lencia, y doña Leonor , tercera mujer, en Santa Clara de 
Barcelona 

Muerto el rey don Pedro, sucedió su hijo don Juan, y 
reinó poco mas de ocho años, y fué diferente del rey, 
su padre: de sus gustos y entretenimientos, poesías, mú- 
sicas, cazas, aseo de su casa y criados, y cosas de este 
jaez, hablan Zurita y muy en particular fray Fabricio Gau- 



( 5524 ) ' 
berto, en la vida de este rey. La primer cosa que hizo 
íué perseguir con gran odio y rencor 'á su madrastra, la 
reina doña Sibila, y á su hermano Bernardo deForciá, por- 
que decian haber hechizado al rey, su marido, y al rey 
don Juan, su entenado; y ella, temiendo la saña del nuevo 
rey, antes de espirar su marido, se salió, un sábado á 29 
de diciembre, á media noche, de Barcelona, con su madre 
y hermano, Bernardo deForciá, y el conde de Pallars, Be- 
renguer de Abella, Bartolomé Llunes y otros caballeros 
llamados Vilamarins, y otros. Esta salida pareció muy mal á 
todos, y fué deliberado que la siguiesen y á los que con 
ella se iban, con repique de campanas y levantando el so- 
metent, como suelen perseguir á los ladrones y malhechores. 
El infante don Juan estaba muy doliente en Gerona, y por 
lio poder asistir á la persecución de la madrastra, lo en- 
comendó al infante don Martin, que lo hizo muy cruda- 
mente con ella, y mandó tomar los pasos á la reina, porque 
se decia que se iba á Francia ó á Aragón. Buscábanla por 
toda Cataluña como si fuera un delincuente muy facinero- 
so, y toda la tierra estaba levantada; y á la postre, se re- 
tiró con los que iban con ella en un castillo de San Mar- 
tin Caroca, en el Panadés, que era de Bernardo de Forciá, 
su hermano. Cercáronlo los que la perseguian, y por ser 
muy fuerte, no le podian entrar. Estando en esto, llegó 
el infante don Martin y tomó consejo con aquellos que 
tenian el cerco, y deliberaron de requirir á Bernardo de 
Forciá, que entregara los que estaban en el castillo; y él 
les respondió, que la reina y los que estaban con ella tra- 
taban de concordarse con el infante don Juan , y que 
cumplirian lo que él les mandase. Esto pasó, aun viviendo 



( 22o ) 
el rey; después, domingo, á 7 de enero del año 1387, 
la reina y los caballeros que con ella estaban se pusieron 
en poder del infante, y se comenzaron de hacer grandes 
procesos contra la reina y los demás presos, y á 16 del 
mismo mes, el rey dio título de duque de Monblanc al 
infante, para mas prendarle que no diese favor á su ma- 
drastra. Haciendo pesquisa contra la reina y los demás, 
hallaron algunos testigos que dijeron haberse compuesto 
diversos hechizos contra la salud del rey, y que estaba ma- 
leficiado; y con esto deliberó el consejo del rey, sin aguar- 
dar mas, ni hacer caso de las defensas de la reina y de- 
más presos, que fuesen puestos á cuestión de tormento, 
y así se hizo, y el cuerpo de la reina, que habia sido res- 
petado y estimado del rey, su marido, fué entregado á 
las manos de un vil verdugo, para que lo atormentase. Fué 
muy aborrecido, por esto, el rey, y se murmuraba de él 
y de su hermano por todos sus reinos , y todos estaban 
suspensos mirando lo que baria, quien al principio de su 
reino entregó en tales manos las carnes de su madrastra. 
Temió la reina ser condenada á muerte, así como otros 
caballeros y personas de su casa, deudos y servidores su- 
yos; y por aplacar la ira del rey, fué aconsejada que le 
diese posesión de todos sus bienes, y el rey los aceptó y 
dio á la reina doña Violante , á quien hizo merced de ellos. 
Con todo, no contento el rey, continuó el proceso con- 
tra de ella, y quiso que tomase abogados y se defen- 
diese ; pero no lo quiso aceptar, ni venir á juicio con él, 
antes se contentó que ordenase de su persona y bienes, 
porque bien sabia el rey que si ella se habia ausentado, 
fué persuadida del rey, su marido, que se lo aconsejó. 



( 226 ) 

por huir la furia de su cuñado. El conde don Pedro y 
los otros señores de Cataluña no dejaron de temer al nue- 
vo rey, y por lo que podia acaecer, hicieron sus ligas y 
confederaciones: á 7 de julio de este año 1381, he visto 
yo una memoria, que Hugo, conde de Pallars, y don Ro- 
gerio, su hermano, prometieron su favor y ayuda al conde 
don Pedro, titulares, ricos hombres y otros cualquier, salvo 
el rey de Aragón, y el auto lo recibió Andrés de Apilia, 
notario. Estaba entonces en Barcelona el cardenal de Ara- 
gón, legado apostólico del papa Clemente , y este rogó 
por la reina y alcanzó del rey perdón , el cual le dio , 
por lo que le habia quitado, veinte y un mil sueldos de 
renta, de por vida, y ella salió de la prisión en que es- 
taba, que era en una torre que llamaban Den Vives , 
que estaba donde después se edificó el monasterio de las 
monjas de los Ángeles, en el arrabal de Barcelona, en la 
calle de los Orbs, que es lo mismo que de los ciegos, 
que es la calle que va del monasterio dicho á la Rambla, 
y se retiró en casa de Berenguer de Barutell, que era 
deudo suyo muy cercano, y fué arcediano de Santa María 
de la Mar de Barcelona, el cual, y un hermano suyo, 'que 
se llamaba Andrés de Barutell, valieron y ayudaron mu- 
cho á la infanta doña Isabel, hija de la reina, en los tra- 
bajos tuvo después de la declaración de Caspe. De esta 
manera quedó el rey sosegado, y la reina fuera de 'aquella 
cruel persecución. Jaime Roig, poeta valenciano, lo cantó 
en sus rimas, diciendo: 



( 227 ) 
A Barcelona 
quant arribi 
de Sent Martí, 
Caslell fort pres, 
en Panadas, 
bont, ab gran cuita, 
sen era fuita, 
ne viu cobrar, 
presa tornar, 
no menys" ferrada 
que dull mirada. 
Na Forciana, 
qui catalana 
fonc natural: 
ab prou de mal 
e malaltia, 
lexat habia 
abandonat 
palau Irobat, 
sense remey, 
son senyor rey, 
propri marit, 
muy mort al Hit, 
enmelzinat 
e fatlUat, 
segons se deia; 
altre tal feia 
a sos fillastres, 
e mals empastrcs 
contra sa ñora 
nunca cessant; 
lo rey ginyant 
major Joan, 
apres rey fon, 
Marti segon, 
sos filis abdos, 
contra traydos 
desheretas, 



( 228 ) 
sois prosperas 
ella y ais seus 
fenllos hereus 
de sos regnats: 
per tais pecáis 
fonc íben rodada 
e turmentada, 
mol tes cremades 
de ses criades, 
a lur nialgrat. 

Entre estas persecuciones y odio tenian estos dos her- 
manos con la reina, una cosa alaba de ellos fray Gauber- 
to, y es que se ampararon de la infanta doña Isabel, su 
hermana, y el rey la tomó en cuenta de hija, y siempre 
la acompañó con las infantas doña Juana y doña Violante, 
sus hijas, y á la postre, la casaron con el conde don Jai- 
me de Urgel, dotándola según su calidad, como veremos 
en su lugar. 

El conde don Pedro quedó tan enfadado de la vida de 
la corte y de haber servido al rey don Pedro, que se re- 
tiró del todo de los bullicios de la corte, y apartó del 
nuevo rey ; y dióse en mirar por su casa y reedificar las 
iglesias de sus villas. Entonces edificó la iglesia de Caste- 
llón de Farfanya , el claustro del monasterio de Ager , 
acabó la casa de campo de Balaguer, que llamaban la Casa 
Fuerte de la Condesa, que estaba junto al monasterio de 
Predicadores, acabó el castillo de la villa de Agríununt, 
que, aunque pequeño, era edificio muy hermoso y bien 
trazado, é hizo otros edificios muy importantes, en que 
empleó gran parte de sus tesoros, así que, no habia señor 
en Cataluña ni en la tierra del rey de Aragón, que tu- 



( 229 ) 
viese ni mejores castillos, ni edificios nías suntuosos que el 
conde de Urgel. 

El marquesado que hoy decimos de Caraarasa es una 
partida de tierra de los pueblos Uergetes, muy fértil y abun- 
dante, poblada y rica : los lugares mejores de él son Ca- 
marasa, que da el dia de hoy el nombre á todo el mar- 
quesado, Cubells, Lorens, Mongay y Priva, Santa Linya, Alos, 
V^ilanova de Mejá, Font Longa, Liminyana, Vernet, Cas- 
telló de Mejá, Anet, Fabregada y otros; los mas de estos 
lugares estaban murados y con sus castillos y torres fuertes, 
con cavas y fosos, de tal manera, que para la fortificación 
y armas usaban en aquellos tiempos eran muy fuertes, y 
algunos de ellos ayudados del lugar y puesto, donde están 
casi inexpugnables. Están estos lugares y tierra á las orillas 
de tres rios, que son Segre, Sió y Bragos, cuyas aguas 
riegan y fertilizan todo el terruño. Es esta tierra áspera 
en algunas partes, y en otras llana; el cielo muy sano; 
abunda de toda manera de caza y animales, y aunque esté 
lejos de la mar, no le falta pesca en abundancia , que 
le da el rio Segre. Era antiguamente parte muy princi- 
pal del condado de Urgel, hasta que el rey don Jaime el 
segundo lo empeñó á los ejecutores del testamento del con- 
de don Armengol de Cabrera, con otros lugares y pue- 
blos de Cataluña , por seguridad de ciento y cinco mil 
sueldos barceloneses le debia, por razón de salarios y ga- 
jes tiraba de casa del rey, y por haber de sustentar trein- 
ta caballos armados , y por el salario debia al dicho 
conde v á don Alvaro, su hermano, vizconde de Ager, de 
cuando pasaron al reino de Sicilia con el rey don Pedro, 
y por otras causas que mas largamente parecen en un 



( 230 ) 
registro Jacobi 7/, Comitatus Urgellhde anno 1314 usqiie 
1327, en folios 109 y 181; y también por noventa mil 
libras jaquesas les habia de dar , por cumplimiento de 
cien rail libras, por las cuales les habia comprado el con- 
dado de Urgel, como queda dicho arriba; fuéronse pa- 
gando poco á poco las noventa mil libras, y los marme- 
sores se quedaron con el marquesado, por razón de los 
dichos ciento y cinco mil sueldos , y por cincuenta mil 
sueldos jaqueses habian prestado al rey para la conquista 
de Cerdeña, á 7 de abril del año 1323; y poco á poco 
se fueron pagando de dichas dos cuantidades de dinero, 
porque á mas del marquesado, el rey les habia consignado 
otras rentas. Después, en el año 1330, al primero de julio, 
estando en Lérida, el rey Alfonso hizo donación de la ma- 
yor parte, ó casi, de todos los dichos lugares al infante don 
Fernando, su hijo, y de la reina doña Leonor, su segunda 
mujer, dando facultad que, pagando á los marmesores del 
conde Armengol aquello porque quedaban obligados , se 
quedara con ellos; y la reina, dándoles ciento cincuenta 
mil sueldos, cobró los lugares de Comenge, Cubells, Alos 
y Mejá, y se quedó con ellos, y después fueron del in- 
fante don Fernando, que, cuando murió, hizo heredero al 
conde don Pedro de Urgel; pero no le fué posible volver 
á su casa estos lugares y tierra, porque el rey se apo- 
deró de todo, y él hubo de pasar por lo que el rey qui- 
so. Poseyóles el rey don Pedro hasta el año 1386, en que, 
á 22 de enero, los dio al infante don Martin, su hijo, con 
ciertos pactos y retenciones; después, á 11 de enero de 
1392, estando el infante en Amposta, los vendió óinso» 
lutum dio á la duquesa, su mujer, cu pago y enmienda 



( ^34 ) 
de setecientos y veinte y dos mil y cuatrocientos sueldos 
en que le había empeñado el condado de Luna, estado y 
patrimonio de la duquesa. Esta señora poseyó esta tierra 
hasta el año 1396, que necesitó de dinero para acudir 
con él al rey de Sicilia, hijo, que andaba guerreando con 
*os barones de aquel reino que no le querían obedecer; 
y en nombre suyo propio, y como procuradora de su 
marido y del rey de Sicilia, su hijo, hizo venta de él al con- 
de de Urgel, don Pedro, por precio de cincuenta mil flo- 
rines, y á la que estaba por concluirse esta venta, die- 
ron los hombres del marquesado cuenta al rey don Martin, 
suplicándole desviase el ponerse aquello por obra, porque 
ellos no gustaban volver al señorío del condado de Urgel, 
porque como habían sido vecinos, sobre las pasturas y ju- 
risdicciones habían tenido mil pesadumbres con el conde 
don Pedro y su padre el infante, y no querían ser vasa- 
llos de señor que le habían en muchas cosas ofendido. 
Esta queja y razón le vino al rey muy bien , porque no 
gustaba que los magnates de Cataluña creciesen en autori- 
dad ni hacienda y vasallos, y porque cuanto mas podero- 
sos eran, mayor resistencia hallaba en ellos, y la fuerza y 
dineros que empleaban en otro tiempo con los moros, la 
consumían en defender sus libertades y preeminencias, y 
en las ocasiones hallaban mucho mas gente que el rey, 
porque ellos tenían la mayor parte de Cataluña, y les 
parecía á los reyes que cuanto mas cercano parentesco 
tenían con la casa real , mas larga tenían la licencia de 
contradecirles y oponérseles. Esto obligó al rey á mostrar 
que no gustaba de la tal venta, y los mismos hombres de 
Gamarasa y demás lugares se habían de vender dieron 



( 23:2 ) 
traza como la ciudad de Lérida los comprara, y aquella 
ciudad, que siempre fué émula de los condes de Urgel, 
con quienes de continuo tenia contenciones, por razón de 
la vecindad y jurisdicción, vino bien en ello, y aun lo de- 
seaba, por vengarse del conde, con quien de muy atrás 
estaba mal, porque en 1389 habia juntado mucha gente 
de armas para venir con ella y con banderas tendidas con- 
tra la ciudad de Lérida, por razón que en ella habian muer- 
to á un hombre, y los homicidas se habian retirado en 
Linyola; y el veguer de Lérida fué con gente en busca 
de ellos, y hallaron mas resistencia de la que pensaron, 
porque salieron en orden de guerra y embistieron á jos 
del veguer, y le mataron quince hombres é hirieron mu- 
chos; y el conde de Urgel lo habia tomado por propio, y 
estaba injuriado que el veguer y gente de Lérida hubiesen 
entrado en su señorío y perseguido á los que se habian 
recogido en su condado, y queria vengar la injuria, y dio 
harto que temer á la ciudad de Lérida, que escribió á la 
de Barcelona, pidiendo consejo y socorro; y esto lo tenian 
los de Lérida por gran injuria, porque todos los delincuen- 
tes hallaban acogida en el condado de Urgel; y acordándo- 
se de esto aquella ciudad, prometió á la duquesa, que le 
compraria la tierra del marquesado por el mismo precio 
y pactos que lo tomaba el conde don Pedro, y con todo 
ella lo rehusaba, porque el conde era deudo de la casa 
real, y no queria darle disgusto; pero á la postre, el rey 
mandó á la infanta que no lo vendiese al conde de Ur- 
gel, sino á los paheres de Lérida, por obviar las dificul- 
tades podria halfer sobre el tomar posesión del marquesado, 
por lo que los vecinos de él daban d(;moslracion que no la 



( 235 ) 
hablan de dar al conde, porque había entre ellos hartos 
pleitos, de que no podían salir bien quedando vasallos su- 
yos; y por el consiguiente habían de valer menos las co- 
sas del reino é isla de Sicilia, por falta de dinero, porque 
era verosímil, que antes de tener el conde pacífica pose- 
sión de él, no le había de pagar. Estando en esto , lle- 
garon al rey, que estaba en Perpíñan , Francisco Basset y 
Guillermo Colom, de Lérida, y se lo suplicaron y ofrecieron 
pagar luego, y el rey despachó un mandato á la duquesa 
de Monblanch, su cuñada, en que muy apretadamente le 
mandaba, que luego en el punto recibiese aquel mandato, 
revocada del todo la venta había hecho al conde de la 
tierra del marquesado, hiciese venta de él á la ciudad 
de Lérida, á quien los hombres del marquesado estaban 
muy afectos, y aun habían de dar prestamente posesión de 
él, sin hacer repugnancia ni contradicción alguna. Este 
mandato fué presentado en el coll de Begas, donde halla- 
ron á la infanta; y el mismo día que lo recibió, que fué á 
23 de marzo de 1396, firmó la venta, porque llevaban ya 
su notario para tomar el auto: el precio fué cincuenta mil 
florines, pagaderos, treinta mil, dentro de diez días des- 
pués de tomada la posesión, y veinte mil, dentro de tres 
meses; y de esta manera quedó aquella tierra enajenada 
y puesta en mano de los mayores enemigos del conde y 
de su casa, que eran los de la ciudad de Lérida; y des- 
pués, á 5 de mayo de 1396, el rey don Juan confirmó la 
venta, firmando el auto y decretándole de su mano, habien- 
do ya días antes, con auto hecho en Torrella, á 7 de ju- 
lio de 1395 , alzado y quitado todas las retenciones y 
pactos había puestos el rey don Pedro, cuando le dio al 
TOMO X. 16 



( 234 ) 
infante don Martin, su hijo, con pensamiento que de aque*' 
lia manera hallaria quien le comprase de mejor gana y sin 
escrúpulos algunos. Pagaron los de Lérida estos cincuenta 
mil florines en dos pagas, esto es, á 4 de mayo de 1396 
treinta y cuatro mil florines, y los diez y seis á 26 del mis- 
rao mes: parecen las apocas en el archivo real. 

Duróles á los de la ciudad de Lérida el señorío de es- 
ta tierra, hasta el 23 del mes de octubre del año 1424, 
en que los síndicos ó procuradores y personas diputadas 
por la corte general de Cataluña le quitaron y volvieron 
á la corona, de aquellas cien mil libras barcelonesas que 
dieron al rey don Fernando, en las cortes que celebró el 
año de 1410, pagando por este desempeño cincuenta mil 
florines, esto es, los treinta y dos rail de contado y los 
diez y ocho rail quedaron para el rey, por algunos privi- 
legios les concedió; y á 2 de noviembre de 1424, los 
oficiales y ministros del rey Alfonso, hijo del rey don Fer- 
nando, tomaron posesión de aquella tierra, que se la dieron 
los de Lérida, y así otra vez volvió á la corona; y final- 
mente, por merced de los reyes, lo poseyeron algún tiempo 
los de la casa de Luna, y doña Francisca Luisa Fernandez 
de Luna lo dio en dote á don Diego de los Cobos , que 
se mtituló marqués de Camarasa, de quien fué hijo don 
Francisco de los Cobos y Luna, también marqués de Ca- 
marasa, que por sus muchos y leales servicios que hicieron 
al emperador Carlos quinto y Felipe , su hijo y nieto, 
han merecido estas y otras mayores honras y títulos, que 
por haberlos adquirido después de acabada la casa de ür- 
gel,-no me detengo en ellos, dejándolo para quien escribiere 
de esta noble é ilustre familia,. 



( á55 ) 

En este mismo año de 1396, en que por orden del rey 
don Juan se desconcertó la venta del marquesado, sucedió 
su muerte, un viernes, á los 19 de mayo de este mismo 
año de 1396, y no de 1395, como afirman muchos autores; 
y en esto no hay que dudar, porque según parece en los 
registros de este rey, era vivo en el dicho mes de mayo, 
y se hallan muchos despachos y provisiones suyas, y lo sien- 
ten así los dietarios antiguos que hoy están en esta ciudad, 
y lo afirman fray Fabricio Gauberto, el doctor Ulescas en 
su historia pontifical, Tomic, San Sovino, Garibay y otros 
muchos; y el haber andado errado el impresor de la ge- 
nealogía de los condes de Barcelona, en la muerte de este 
rey, ha hecho errar á todos aquellos que han puesto su 
muerte en el año 1395, 

Venia este rey de Rosellon, y entró á cazar en el bos- 
que de Foxá; llevaba un caballo gran corredor, y sintió 
que los cazadores habian levantado una loba de extraor- 
dinaria grandeza, y él, codicioso de verla, corrió con su 
caballo, y embebecido en la caza, tropezó de manera, que 
él y el rey todos dieron en tierra, y la caida y golpe fué 
tal y tan grande, que el rey se quebró el pescuezo , y 
cuando llegaron á socorrerle, no pudieron, porque le halla- 
ron tendido y muerto. De esta manera murió Felipe, rey 
de Francia, tropezando su caballo en un puerco; así mu- 
rió un rey de Inglaterra ; así Fulcon, rey de Jerusalen, Fa- 
vila, rey de Castilla, y otros. 

Sucedió, por su muerte, en el reino el infante don Martin 
su hermano, que estaba en Sicilia, donde habia pasado 
para sosegar algunos movimientos de aquel reino y redu- 
cirle en servicio del rey don Martin, su hijo, y de doña 



( 23G ) 
María, su nuera, reyes de Sicilia. Dejó el rey don Juan 
dos hijas, la una era doña Juana, que era casada con 
Mateo, conde de Foix, y la otra doña Violante, que casó 
con Luis, duque de Anjou, que fué rey de Ñapóles. 

No pareció bien á los catalanes que debiera heredar 
ninguna de las dos hijas del rey don Juan, sino su her- 
mano; y así, consultado entre ellos, y sin dar razón á los 
otros reinos, fueron al palacio donde vivia la duquesa, el 
arzobispo de Tarragona, don Bernardo Galceran de Pinos y 
los concelleres de Barcelona, que eran Juan Serra, Matías 
Castelló, Arnaldo Burges, Pedro Dusay y Jaime Marquet, y 
lleváronla al palacio real y la levantaron por reina de 
Aragón, y como á tal le dieron la obediencia; de lo que 
quedaron mal contentos los demás reinos de la Corona, 
porque todos querian haber su parte en el hecho. Sobre 
todos el que lo sintió mas fué el conde de Foix, que 
estaba casado con la hija del rey don Juan , nacida del 
primer matrimonio; y determinó pedir su derecho con ar- 
mas, y alegaba pacto hecho con el rey don Pedro, que 
si su hijo don Juan moria sin hijos varones, heredase su 
hija doña Juana ; y aunque sobre esto envió sus emba- 
jadores á los reinos de la corona de Aragón , pero no 
obraron nada y se fueron mal despachados, y claramente 
quedaron desengañados que no le habian de admitir por rey; y 
el conde de Foix entonces juntó gente de guerra , por 
tomar con armas y fuerza lo que él pensaba le habian de 
dar de grado. Juntó sus huestes en el vizcondado de Cas- 
tellbó, que era suyo, muy vecino de Francia y del con- 
dado de Foix; de allí vino á Organyá, que está de la otra 
parte del Segre, y envió las compañías de á caballo á Isona 



( 237 ) 

y Vilanova de Mejá, que eran de la tierra del marquesa- 
do de Camarasa, y combatió el castillo de Camarasatres 
dias, y no le pudo entrar, porque todos los vecinos de la 
villa la desampararon y se hicieron fuertes en él: el conde 
y condesa entraron á 1 1 de noviembre en Mejá , y otro 
dia corrieron sus gentes hasta Alos y Valldomar, y tomaron 
á Clusa, donde se habian recogido los de Argentona y Gual- 
ter, y delante de Vernet pasaron el rio Segre, y comba- 
tieron el lugar, que estaba á cargo de don Juan de Cardona, 
y le dieron dos combates, y él se llevó tan valerosamente, 
que le dejaron, y fueron á Artesa, que estaba desamparado, 
y corrieron toda aquella comarca, y de allí fueron á Cu- 
bells y volvieron á Camarasa, donde llegaron el conde y la 
condesa á 15 de noviembre, y entraron el lugar por com- 
bate, porque no pudieron resistir los que le defendian: 
aquí prendieron un rico hombre, gran servidor del conde 
de Urgel, que se llamaba Ramón Despes; y Bernardo de 
Roda y Bernardo de Monsonis y los demás quedaron con 
libertad, porque todos hicieron homenaje á la condesa, y 
la reconocieron por reina. Otro dia el conde y condesa 
de Foix se entraron en Camarasa, y don Hugo de An- 
glesola, con mucha gente de armas, entró en Balaguer, 
donde estaba la condesa doña Margarita, con sus hijas: 
entonces trescientos hombres de armas franceses pasaron 
Segre y corrieron aquella tierra, desde Castellón de Far- 
fanya hasta Vilanova de Bellpuig, y combatieron el lugar 
de la Figuera, y no le pudieron entrar : los monjes del 
monasterio de Nuestra Señora de Bellpuig llevaron las re- 
liquias y plata y demás ornamentos de la iglesia á la torre 
de Ager. Volviéronse aquellos trescientos hombres á la r¡- 



( 258 ) 
bera del Sió, porque la tierra del vizcondado era muy 
áspera y habla en ella muchas torres fuertes, donde ha- 
llaban mas resistencia de la que ellos pensaron, y así la 
dejaron, y corrían la dicha ribera y el campo de Urgel, 
y tomaron el lugar de Cidamunt. El conde de Urgel se 
puso en Cervera, con la mayor parte de la caballería de 
Cataluña; y el capitán Bernardo Bu^ot, con algunas compa- 
ñías de gente de armas, salió al encuentro á algunos pillarts 
que robaban la tierra, y fueron rotos y vencidos á 26 de 
noviembre. Detúvose en Cervera el conde de Urgel, aguar- 
dando al vizconde de Rocabertí y las compañías de gente 
de armas que estaban repartidas entre Tárrega, Verdú y 
Anglesola; y porque supo que el conde de Foix desam- 
])araba el lugar de Caraarasa, para venir á ponerse en 
Castellón de Farfanya, determinó de seguir el camino que 
los enemigos llevasen, con toda su caballería, porque no 
pudiesen desmandarse; y el conde de Foix, á 29 de no- 
viembre, se alojó entre Alguayre y Almenara, porque su 
fin era llegar á ponerse sobre Monzón ó Balbastro, y ha- 
cerse fuerte en una de aquellas fuerzas, por ser lugares 
tan principales y cerca de las montañas, de donde le habia 
de entrar socorro. Luego que el de Foix llegó á Castellón 
de Farfanya, mandó alojar la mayor parte de su gente 
en el barrio del castillo, habiéndose asegurado con los que 
estaban en defensa de él, que no se hiciesen daño los 
unos á los otros, porque su fin era pasar su camino sin 
detenerse, para entrar en Aragón: entonces salió el conde 
de Urgel de Tárrega, con intención de seguir dos cami- 
nos, el uno era el de Lérida, para pasar delante de los 
enetnigos, y el otro el de Balaguer, y desde allí seguirles: 



( 239 ) 
y se proveyó que don Hugo de Anglesola, que estaba en 
Balaguer con ciento cincuenta de á caballo , de los que 
llamaban bacinetes, se pusiese delante del conde de Foix. 
Mientras esto pasaba en Cataluña, los aragoneses tenian 
sus juntas y se apercibían para resistir á la entrada del 
conde de Foix, y ciertos que de Cataluña hablan de entrar 
en aquel reino, alistaron mucha gente y nombraron por 
capitán general al conde de Urgel ; y á la fin del raes 
de noviembre entraron los condes de Foix , con su 
ejército, en el reino de Aragón, y se intitulaban reyes. 
Traían pendones reales con las divisas de aquel reino y 
principado de Cataluña, que eran la cruz de san Jorje, 
con cuatro cabezas, y los cuatro palos rojos en campo de 
oro; pusiéronse sobre Balbastro, y con gran furia dieron 
combate al arrabal y le entraron, y se alojaron los condes 
en él, y los vecinos se subieron á lo mas alto de la ciudad, 
por ser lo mas fuerte, y se defendieron muy valientemente; 
y aunque puso el conde toda su fuerza en combatir el lu- 
gar, por ser el pueblo mas principal que habia emprendido, 
y quería conservarse en él aquel invierno, hasta que vi- 
niesen nuevos socorros, y por esto hacia lo posible para 
entrarle, y fué de gran importancia haberse entrado den- 
tro de él, pues que se ganó el arrabal con doscientos ba- 
llesteros; un caballero aragonés, que se llamaba Juan Abar- 
ca, defendió bravamente aquella plaza, y el conde de Ur- 
gel, que vino en seguimiento del conde de Foix, se puso 
en Monzón y mandó entrar dentro á fray Alemán deFoxá, 
comendador de Monzón, con treinta caballeros catalanes que 
estaban con él: estos entraron un viernes después de me- 
dia noche, sin recibir daño alguno, en la fuerza de Bal- 



( 240 ) 
baslro, y luego se estrechó el cerco, y se tomaron los 
pasos y caminos, y comenzaron las compañías de gente de 
armas á correr el campo, de suerte, que no les pudo en- 
trar otro socorro; y el conde de Foix pasó con su ca- 
ballería hasta la puente de Monzón, creyendo que saldrían 
los del conde de Urgel, y corrían toda aquella comarca, 
\ ponían en orden toda su artillería para combatir la 
fuerza de Balbastro, mas como allí hallaron tal resistencia, 
comenzaron á publicar que queria el conde invernar en las 
riberas del Ebro, y que en la primavera tendría tales hom- 
bres de armas, que darian la batalla ó, esperarían á ver 
quien segaría los trigos. Pusieron en tanto 'estrecho á los 
de la fuerza; que no les dejaban coger agua, de la cual 
tenian gran falta, y un dia, que fué á 4 de diciembre, 
hubo entre ellos, sobre el tomar el agua , una brava es- 
caramuza, de la cual salieron muchos heridos, y faltó po- 
co que no se llegase á pelear de poder á poder; y esto 
era en ocasión que el conde de Foix sentia falta de bas- 
timentos y tenia poca esperanza de tomar la fuerza de Bal- 
bastro, por lo mucho se defendían los que estaban dentro; 
y por esto, á 5 de diciembre, se desalojó el conde del ar- 
rabal, y tomó el camino de Huesca. Cuando el conde de 
tJrgel, que estaba en Monzón, tuvo aviso de esto, envió 
delante, para que se entrasen en Huesca, algunas compañías 
de gente de armas, que eran hasta doscientas cincuenta 
lanzas; y porque él no tenia tanta gente, que pudiese dar 
la batalla al conde de Foix, ni para esperarle en el cam- 
po, y no habia fuerza en el camino de Huesca, adonde 
se pudiese hacer fuerte con la gente que tenia, quedóse 
entonces en Monzón, y después, á 9 de diciembre, salió 



( 241 ) 
con su caballería y tomó el camino de Huesca, en segui- 
miento de los enemigos, que no se detuvieron en Huesca 
ni sus términos, é hicieron jornada á Bolea, y de allí, un 
sábado por la mañana , se entraron en Ayerbe ; pero no 
osó tentar el castillo, así por faltarle la gente que aguar- 
daba de Francia, como también porque el conde de Ur— 
gel iba siguiendo el mismo camino, y se quedó en Huesca. 
El dia que el de Foix llegó á Ayerbe, se estuvo quedo, 
y el dia siguiente salieron dos mil de á caballo, que tala- 
ron toda aquella comarca. El reino de AragoH estaba todo 
puesto en armas, y nadie habia que se mostrase por el de 
Foix, y conociendo lo poco que aprovechaban sus armas, 
se desalojó de Ayerbe y se fué al reino de Navarra, con 
pensamiento de entrarse en Bearne; y los del conde de 
Urgel y toda la mas gente que estaba levantada le fueron 
siguiendo, y mataron mucha gente. Esta retirada se de- 
bió al conde de Pallars, á Arnau Guillen de Bellera, al obis- 
po de Urgel, don Francisco de Eril y Ramón de Guimerá, 
que estaban en el condado de Pallars, por impedir no en- 
trasen mil doscientos hombres que venian en socorro del 
de Foix, y como hallaron ocupado el paso, no osaron 
entrar , ni otros que venian por Capsir y Conflent , por- 
que allá también hallaron impedimento. En esto paró la 
entrada del conde de Foix en el principado de Cataluña; 
y aunque no fué generalmente grande el daño que dieron, 
pero no dejaron de sentirlo mucho las villas y lugares del 
condado de Urgel, por do pasó, y fueron los que sin- 
tieron los daños é incomodidades de la guerra, que de tan 
poco provecho fué para el conde y su mujer, que mas pa- 
recia que venian confiados de su derecho, que de su poder; 



( 242 ) 
y el fruto que sacaron fué, á la postre, que el rey don 
Martin les confiscó, como á vasallos rebeldes y culpados 
de crimen de lesa majestad, el vizcondado de Castellbó, 
con todo lo demás que tenían en Cataluña. 

No paró en esto la pretensión del de Foix, antes en el 
año de 1398, estando el rey celebrando cortes en Aragón, 
entraron algunas compañías de gente suya, y combatieron 
y escalaron la villa de Tiermas, que está en frontera de 
Navarra, y el rey mandó al conde de ürgel y marqués de 
Villena, que se apercibiesen, porque él en persona que- 
ría salir con ellos; pero hallaron los que habian entrado 
tal resistencia, que se hubieron de volver por donde ha- 
bian venido, y el rey mandó reparar la villa de Tier- 
mas, que quedaba algo derruida de los combates le ha- 
bian dado. 

Habia muchos príncipes que deseaban casar con la in- 
fanta doña Isabel, y algunos de ellos ya en vida del rey 
don Pedro lo pusieron en trato; y el que lo llevó mas 
adelante fué Ladislao, que después fué rey de Ñapóles, 
hijo del rey Carlos de Durazo y de la reina doña Margarita, 
su mujer; y por eso enviaron á Barcelona á Antonio de 
Carleto, capellán de su casa, para tratar y concluir este 
matrimonio, que no tuvo efecto; y el rey casó con una hija 
de Man f redo de Claramente, conde de Módica, que después 
repudió, y tuvo tras esta otras dos mujeres, María, herma- 
na del rey de Chipre, y María, princesa de Taranto, y de 
ninguna de ellas quedaron hijos : después, en vida del rey 
don Juan, trató de casar con Juan de Lusiñano, príncipe 
de Antioquía, hijo primogénito y sucesor de Jaime de Lu- 
siñano, rey de Chipre, y el trato de este matrimonio llegó 



( 243 ) 
muy adelante, y vino á Cataluña Juan de Lusiñano , se- 
ñor de Banic, sobrino del rey de Chipre, con muy lucido 
acompañamiento, y el rey habia enviado á Chipre á don 
Ramón de Perellos, vizconde de Roda, gran servidor del 
rey don Juan, y tan cuidadoso del estado de su alma, que 
por saberlo, pasó á Hibernia, y bajó al purgatorio de san 
Patricio, y vio al rey, y le habló, según lo testifica fray 
Fabricio Gauberto, en su historia de Aragón, y parece en 
las memorias del convento de San Francisco de Perpiñan, 
donde está sepultado este animoso caballero, fidelísimo ser- 
vidor del rey don Juan; y Ramón Fivaller, ciudadano de 
Barcelona, y don Ramón Alamany de Cervelló fueron á 
Chipre, pero por sobrevenirla impensada y repentina muer- 
te de aquel rey, no tuvo efecto el matrimonio: y cierto 
parecia que no era voluntad de nuestro Señor, que esta 
señora fuera reina, que tres veces se vio á pique de serlo; 
antes, en vez de ello, hubo de contentarse de ser hija y 
hermana de tres reyes. Después, en vida del rey don Mar- 
tin, se habló de casarla con don Jaime de Aragón, hijo 
y sucesor del conde don Pedro de Urgel , y pusiéronse 
por tratadores la reina doña María , mujer del rey don 
Martin, y el rey don Martin de Sicilia, hijo de los reyes 
don Martin y doña María de Aragón; y con tales media- 
neros, quedó el matrimonio concluido, y en el año de 1405, 
á 18 de julio, en el palacio real de Barcelona, presentes 
don Juan Martin deMabrillo, obispo de Huesca, confesor 
del rey, dori Jaime dePrades, condestable de Aragón, don 
Juan de Cardona, almirante, don Pedro Cervelló, y fray 
Pedro de Villacressa, maestro en sagrada teología, del or- 
den de menores, embajadores del rey de Castilla; de Pe- 



( 244 ) 
ílro de Torrelles, de JuanDesplá, tesorero del rey, de Ra- 
món Cavall^ Francisco Marquet y Pedro Marquety Pedro 
Bertrán, concelleres primero, tercero y quinto de la ciu- 
dad de Barcelona, se publicaron los capítulos matrimoniales, 
y firmaron aquellos los reyes don Martin de Aragón y don 
Martin de Sicilia, su hijo, y por el conde, micer Pedro 
Taraban, micer Tristany de Lu^a y Juan Magueri, notario, 
como á procuradores del conde don Pedro. El dote fue- 
ron cincuenta mil libras barcelonesas, que el rey don Pe- 
dro le habia dejado en su testamento; y se aseguró esta do- 
te en las cortes que el rey celebró en Aragón, el año de 
1380, y estas se pagaron de esta manera y con los pactos 
siguientes: 

Que veinte y cinco mil libras, de estas cincuenta mil, 
hayan de ser del hijo que fuere conde de Urgel, y las de- 
más haya de distribuir entre los demás hijos, salvo diez 
mil florines, de que pueda hacer á su albedrío. 

Que si acaso tuviere hijos de otro matrimonio, á mas de 
los que nacieren del presente, quieren que el que fuere con- 
de de Urgel tenga y esté heredado en doce mil y quinientas 
libras, y otras doce mil y quinientas sean de los otros hi- 
jos, y que pueda disponer á su voluntad de las restantes 
veinte y cinco mil libras. 

Que sino tuviere hijos, pueda testar la infanta de veinte 
mil libras, y las treinta mil vuelvan al rey de Aragón. 

Pagóse este dote en esta forma: 

Treinta y siete mil y quinientas libras, por todo el mes 
de abril siguiente, en el lugar que escogiere el conde don 
Pedro: y en caso no se cumpla, se pone el rey dos mil flo- 
rines de pena, y por esto obliga el dominio alodial y directo, 



( 24o ) 
las potestades ó tenencias y demás derechos le competen y 
tiene en el condado de Urgel, por razón del feudo y directo 
dominio, y esto sin retención alguna; y quiere que en di- 
cho caso el conde lo tenga en franco y libre alodio, hasta 
que sea pagado de las dichas treinta y siete mil y qui- 
nientas libras, y de los dos mil florines, y de las costas se 
hicieren para cobranza de ellas. 

Por las restantes doce mil quinientas libras, le vende el rey 
á carta de gracia el dominio alodial y directo y tenencias 
de la ciudad de Balaguer, villas y lugares que ql conde tiene 
en feudo por el rey. 

El conde don Pedro hace donación á don Jaime, su hijo, 
del condado de Urgel y vizcondado de Ager, y se reserva 
para poder disponer de ellos en favor de la condesa doña 
Margarita, su mujer, dos castillos y villas del condado, que 
él escogiere, como no sean Balaguer y Agramunt, y treinta 
mil libras jaquesas: y si de don Jaime no quedaren hijos, 
ó quedaren sin llegar á edad detestar, todo lo donado vuel- 
va á él ó á su heredero; y si no quedare hijo varón, sino 
hija, que don Jaime ó el que sucediere en el condado la 
haya de casar, según su estado y calidad; y no quedando 
hijos, solo pueda disponer don Jaime de diez mil florines, 
y que el conde don Pedro haya de sustentar á los novios 
y su familia, y en caso de discordia y separación, les dé 
la cuarta parte de su hacienda , quitados los cargos y 
censales. 

A la infanta se aseguraron dos mil florines de renta so- 
bre las baronías y lugares de Bufiol , Mecastre , Zulla , 
Setaygues, Jatava, Alborralg y Binibonell , en el reino 
de Valencia; v las baronías de Cervelló, San Vicens deis 



( 24() ) 
Horts y las villas de Granollers y Caldes y Piera, en Ca-» 
taluña. 

El screix fueron quince mil libras, y que muerto el con- 
de, le posea de vida, y muerto, sea de los hijos de aquel 
matrimonio, y no habiéndoles, vuelvan al heredero del con- 
de; y por esto obligan las dichas baronías y lugares, hasta 
que sea del todo pagado: y porque estaban en grado 
de consanguinidad, el rey prometió que á sus costas alcan- 
zaria legítima dispensación de la sede apostólica, y que la 
boda se celebrase un mes y medio pasado el mes de abril, 
y que si el dote se pagaba antes, que sea antes la boda: 
sálvase empero el rey el dominio supremo que tiene so- 
bre el condado de Urgel y vizcondado de Ager, y no quiere 
que en cosa sea perjudicado ni disminuido, sino en lo que 
queda dicho y pactado, y esto por asegurar que el conde 
no pensase estar exento, él y sus estados, de la jurisdicción 
del rey; y con estos pactos quedó concluido este matrimo- 
nio, aunque no se efectuó hasta el año siguiente. 

A 24 de noviembre del año 1406, murió en la ciudad 
de Barcelona doña Sibila Forciana, reina de Aragón , viuda 
del rey don Pedro, y madre de la infanta doña Isabel: 
murió religiosa profesa de la tercera orden de San Fran- 
cisco, y parece que por alivio de sus trabajos pasados y 
porque no viera los que sucedieron á su hija y nietos, la 
quiso llevar Dios de este mundo después de haber visto 
casi concluido el casamiento de la infanta, su hija. El dia 
siguiente fué sepultada en la iglesia de San Francisco de 
Barcelona, junto al altar mayor, que llamaban de san Nico- 
lás, con el hábito de la orden, en un sepulcro de mármol 
donde habia estado sepultado el rey don Alfonso, su suegro, 



( 247 ) 
que había ya dias le trasladaron á san Francisco de Lé- 
rida, donde habia escogido su sepultura. Hízosele á esta se- 
ñora el entierro con tan cumplida solemnidad y ceremonia, 
como era costumbre á las mujeres de los reyes. 

Dilatábase de cada dia el casamiento de la infanta con 
don Jaime, y el conde don Pedro se cansaba de tanta di- 
lación, y á 19 de abril de 1407 lo prorogó el rey, que 
estaba en Valencia, hasta 5 de mayo, y aun ese dia no 
se efectuó; y el conde le habia enviado un caballero de su 
casa, llamado Juan de Leytago, que solicitaba con grande 
instancia; y el rey, viendo la priesa del conde, dijo al em- 
bajador, que si el conde no quería mas prorogar la boda, 
que tomase la infanta y se la llevase, y que si hasta aquel 
punto lo habia dilatado, habia sido con pensamiento de 
solemnizar la boda, que queria fuese muy solemne, por- 
que no le quedaba á él otra hermana que casar, ni tenia 
persona mas allegada después del rey de Sicilia, su hijo; y 
á 6 de junio de 1407, partió la infanta de Barcelona pa- 
ra Valencia; y después, estando el rey en Barcelona, para 
que el conde don Pedro entendiese lo mucho que estimaba 
á su hijo don Jaime, le hizo lugarteniente suyo en el reino de 
Aragón, dándole amplísimo poder para que remediara cier- 
tos bandos se habian suscitado en la ciudad de Huesca: yo 
creo debió remediarlo, porque no hallo en los autores que 
tengo visto memoria de estos bandos, argumento cierto, que 
con la prudencia del conde se puso paz entre las partes. 

Este mismo año de 1407, dia de san Pedro, en el real 
de la ciudad de Valencia, se consumó el matrimonio entre 
don Jaime y la infanta doña Isabel; y entonces todos los pue- 
blos del señorío del conde dieron, según su posibilidad y 



( 248 ) 
amor, para los gastos de esta fiesta, que fué muy grande* 
porque el conde don Pedro quiso hacer demostración de 
su grandeza para festear el casamiento tan alto habia hecho 
el conde su hijo, y asistieron en aquella ocasión, en Valen- 
cia, casi toda la nobleza de los reinos de la corona de Ara- 
gón, por dar gusto al rey don Martin, que gustaba se so- 
lemnizase esta boda, por estimar mucho á su hermana. 

Hallo en memorias antiguas, que el rey mandó enviar á 
la ciudad de Balaguer treinta y siete mil quinientas libras, 
moneda de Barcelona, que eran parte de las cincuenta mil 
libras del dote de la infanta, y sobre el contar y peso de 
aquella hubo algunos disgustos, y envió el rey, por su par- 
te, á Pericón Ferrer á Balaguer, que la pesó y contó mu- 
chas veces, y de aquí comenzó el rey á enfadarse de la 
casa de los condes de Urgel, que, aunque tan cercanos cu 
parentesco, no habia entre ellos el amor muy verdadero; 
y después á 30 de mayo de 1410, mandó el rey don Mar- 
tin al maestro racional, pasase á miccr Juan Desplá, su te- 
sorero, en cuenta, veinte y cinco florines habia pagado al 
Pericón Ferrer, por el efecto queda dicho. 

El año siguiente de 1408, en el mes de junio, murió 
en el castillo de Balaguer el conde don Pedro de Aragón, 
siendo ya de anciana edad: fué hombre muy sabio, valiente 
y rico; dejó grandes tesoros y riquezas, y de los condes de 
Urgel, antecesores suyos, fué el que poseyó mejores esta- 
dos, lugares y rentas. La ciudad de Gerona le habia ven- 
dido un. censal de pensión ocho mil sueldos; y don Miguel de 
Gurrea y doña María Alvarez de Mendoza, y los lugares 
de Antillon, Orviego, Ceylles, Ponga, San Garren y olro:^ 
le hacian otro censal de pensión quince mil quiíuenlos diez 



( 249 ) 
y seis sueldos y ocho dineros, que por aquel tiempo era 
una grande renta. Sin el condado de Urgel y vizcondado 
de Ager, en Cataluña , tenia las baronías de Cervclló 
y San Vicente , vecinas de Barcelona , y las villas de - 
Granollers, Caldos, Piera y otras: en el reino de Va- 
lencia, las baronías y lugares de Bufiol , Mecastre, Se- 
taygues, Jatava, Alborratg, Benibonet y otros; en el reino 
de Navarra, algunos pueblos que fueron de la casa de En- 
tenca; en el reino de Aragón, á mas de las baronías de En- 
ten^a y Antillon, que fueron de doña Teresa, tuvo los lu- 
gares de Fraga, Vallobar y otros, que fueron de su tío, 
el infante don Fernando; en Lombardía tenia la ciudad de 
Aque, que fué el dote de la condesa doña Margarita, su 
mujer. Sin esto tenia gran provecho y rentas de los ga- 
nados, que por ser el condado de Urgel tan abundante de 
pasturas, le rentaban gran dinero; de joyas, colgaduras y 
otras alhajas semejantes habia tanta abundancia, que tenia 
mas de diez castillos tan bien alhajados, que en cualquier 
ocasión llegara el rey á ellos se pudiera aposentar con toda su 
casa. Batió en su tiempo mucha moneda, que llamaban ma- 
neta agrimumtensis ó denarü cornuales Urgelli, y se aventajó 
mas en la mixtura á la que habian batido los condes pasa- 
dos, porque echó en ella mucha plata, y así corria por 
gran parte de Cataluña, Aragón y Valencia : del quilate, 
forma y marca de ella diré mas abajo, en que trato de es- 
to. Escribe Laurencio Valla, en su historia, que el conde 
don Pedro gustaba mucho de tener atesorado mucho dine- 
ro de oro y plata de diversos reinos y provincias, y esto en 
gran abundancia: teníalo en escritorios y arquillas , y tan apre- 
tados unos con otros, que era imposible poderlos sacar con 

TOMO X. 17 



( 2o0 ) 
las manos, porque los metia por fuerza, de canto y en rin- 
glera, apretándolos y entremetiéndolos con martillo; y cuan- 
do llegaban á Castelló algunos forasteros , les preguntaba 
qué genero de moneda querian, y pidiendo ellos de la que 
corría en la región donde iban, los entraba en su tesoro y 
ofrecía de la que ellos pedían; pero como estaban tan acho- 
cados, era imposible sacarlos con las manos; y de estas bur- 
las tomaba él gran gusto, y mucho mayor de que corriera 
por el mundo la fama de su riqueza. Hablando de las que 
halló el conde don Jaime, su hijo, dice; Habiierat Ule a pa- 
ire relicta scrinia, aureis argente'isque, pro regionum diversita- 
le, nummismatis refería, el, quodfando vix cognitumest, molleo 
cunéala; idque non avarilioi modo, sed lusus et contumelioB gra- 
tia. Hospites enim, qui permulli ad eum familiariter diverle- 
hant, sciscitahalur cujusnam generis peccunia indigerent; res- 
pándenles ejus generis ut in quam quisque prorvinciam iler 
haberetf adducehat ad scrinia, el quanlum vellenl caperejuhehal, 
frustraque conanles capera deridebat, et hos sibi de amicis 
jocos comparabat. 

Fué muy enemigo de seguir la corte de los reyes , y se 
apartó de ellos todo lo posible, escarmentado del mal ha- 
bía sucedido álos infantes don Jaime, su padre, y don Fer- 
nando, su tio, el haberse tanto acercado con el rey don Pe- 
dro; y aunque después de muerto este rey, el rey don Juan, 
su hijo, fué mas pacífico y benigno que su padre, pero su 
condición tan pródiga le desagradó tanto como la bullicio- 
sa é inquieta del rey, su padre; y excusara el haber de 
asistir á los reyes, si el deudo tan cercano y feudos tenia no 
le obligaran á ello. 

Casó el conde don Pedro dos veces, la primera con doña 



( 251 ) 
Beatriz de Cardona, hija de don Hugo Folc, primer conde 
de Cardona, y de doña Blanca de Aragón, hija del infante 
don Ramón Berenguer, hijo del rey don Jaime el segundo. 
A 10 de diciembre de 1359, se hicieron los cápitulos de 
este matrimonio en Cervera, en la iglesia de los frailes claus- 
trales de San Francisco, que el dia presente tienen los padres 
Mínimos. El dote fué treinta mil libras, moneda barcelonesa 
de terno; la paga fué luego cinco mil libras, diez mil el dia 
que el matrimonio fuese solemnizado in facie sanclw maíris 
Ecclesice, cinco mil libras dentro de dos años, esto es, la mi- 
tad cada fin de año, y diez mil libras después de muerto 
el conde de Cardona, dentro de cuatro años, esto es, dos 
mil quinientas libras cada fin de año; y hablan de ser las pa- 
gas en el lugar de Castelló de Farfanya; y muriendo el viz- 
conde sin hijos, la hace heredera á ella y á sus hijos del viz- 
condado de Cardona. El esponsalicio ó screix^ que decimos, 
fueron diez mil libras barcelonesas: el dote fué asegurado 
por doña Cecilia, como á tutora del conde, sobre los luga- 
res y castillos de Pons, Altes, Uliana, Ciurana, Vilaplana, 
Uliola, Puigvert, Viures, Colfret, Anya, Locats, toda la ho- 
nor de Lavansa, y sobre todos los castillos y lugares y dere- 
chos que el dicho conde tenia dentro las procuraciones de 
Pons, Puigvert, Uliola y Monmagastre, que era el archivo 
de los condes de Urgel. Era el conde don Pedro menor de 
veinte años y mayor de diez y seis, y doña Beatriz, á 19 del 
mes de diciembre, en el dicho monasterio, fué con gran so- 
lemnidad emancipada, habiendo convenido á aquel auto mu- 
chos caballeros y personas de cuenta , entre ellos Be- 
renguer de Ribelles, Arnaldo deEril, Arnaldo de Miralles y 
otros muchos, y después, á 22 del mes de agosto de 1363, 



( 252 ) 
se celebró el matrimonio en la iglesia de san Vicente de Car- 
dona, por Francisco, abad de Ager. Estaban allá don Juan, 
conde de Ampurias, don Pedro de Anglesola, Berenguer de 
Ribelles, Dalmau de Queralt, Berenguer Ramón de Cervelló 
y muchos otros. Están estos autos en la escribanía del rec- 
tor de Cardona, y copia de ellos en el archivo de Arbeca. 
En Guisona, á 25 de diciembre de 1371, hizo su testamen- 
to, y en él heredó á su padre, y á su madre legó diez mil 
libras, y otras diez mil al conde, su marido, y dejó funda- 
dos beneficios en la iglesia de San Vicente de Cardona, uno so 
invocación de San Luis, y otro so invocación de Santa Inés, 
Dejó su cuerpo á dicha iglesia. Hallo memoria en el libro 
del monasterio de San Vicente de la villa de Cardona, que, á 
2 de los idus de marzo de 1383, fueron trasladados sus 
huesos en dicho monasterio, y no dice la memoria de dónde 
fueron sacados. Después casó con doña Margarita, hija de 
Juan, marqués de Monferrat, y descendiente por línea legí- 
ma de los emperadores orientales: habia ya entre ellos algún 
parentesco, porque este príncipe habia casado con hija del 
rey de Mallorca; y por mayor claridad de la que voytratan- 
tando, pintaré aquí el árbol de los marqueses de Monferrat, 
porque parezca la gran nobleza y calidad de esta señora. 

Witikindo, que ocupa el primer grado y lugar de esta 
genealogía, fué cuarto hijo de Teodorico, conde Ringel- 
himiense y nieto de Witikindo, gran rey de Sajonia: este 
príncipe y su mujer fueron á visitar el sepulcro del após- 
tol Santiago, y continuando en peregrinación, murieron en 
Italia. 

Alramo, hijo de Witikindo, quedó en Italia sin padre 
ni madre, siendo aun muy niño, valia fué criado y se casó 



(i2o3 ) 
con una hija del emperador Otón I, que se llevó sin vo- 
luntad del padre, por solo consentimiento de ella ; y te- 
miendo los dos la justa indignación de él, anduvieron mu- 
cho tiempo escondidos, y pasaron lo mas tiempo disfrazados 
junto á un castillo llamado Garrecio, y antiguamente Monjar- 
dino, en Lombardía , y después fueron descubiertos, y el 
emperador, olvidando lo que habia pasado, les tomó en su 
gracia y le dio el ducado Taurinaciense y Eporregiense, y 
le creó primer marqués de Monferrat. Esta hija del empe- 
rador la nombraron Adelayda ó Aloysia ó Alesia ó Falisca. 

De este matrimonio nacieron siete hijos, y á cada uno de 
ellos dio el emperador, su abuelo, un marquesado; y fueron: 
Guillermo primero de este nombre, que fué marqués de Mon- 
ferrat, y se lo confirmó el emperador Otón, como parece 
del auto de esta confirmación, hecho en Ravena el año del 
Señor de 997, en el mes de abril, en que también confirmó 
el título de marqués de los otros hermanos: casó con Ele- 
na, hija de Ricardo, duque de Normandía. 

Otón fué marqués de Se va. 

Alramo marqués de Ponzano. 

Luis marqués del Rosco. 

Gualterio marqués de Saluzo, de quien quedó mucha 
descendencia, que por no ser de esta historia, la dejo. 

Ronifacio marqués de Savona y Final: éste fundó el mo- 
nasterio de Locedi, en el campo de Vercelli, el año de Cristo 
1019. Casó con Reatriz, hija de Teodorico, el Mozo, duque 
de Mocellano, de quienes quedaron hijos y descendientes. 

Dedo, marqués de Parissa. 

De Guillermo, primero de este nombre, marqués de 
Monferrat, quedaron un hijo y una hija. 



( 234 ) 

Bonifacio, que llaman segundo de este nombre, al respecto 
del tio, alabado de todos los autores por su gran sabiduría 
y prudencia, casó con María, hija de Felipe, rey de Francia. 

Isabel casó con Azo, marqués de Este. 

De Bonifacio quedó solo un hijo, llamado Guillermo, el 
Viejo: éste acompañó á Felipe , rey de Francia, y á Con- 
rado III, emperador, su suegro, cuando fueron á Jerüsalen, 
el año 1146, y llegó á edad decrépita, y por eso le llama- 
ron el Viejo, y murió el año 1 183, y tuvo dos mujeres; la 
primera fué hija de Umberto, segundo conde Morienense, y 
la segunda se llamó Itha, y era hija del emperador Conra- 
do. Blondo y Platina, en sus historias, refieren las hazañas 
y hechos de este marqués en esta santa expedición. 

De Guillermo, el Viejo, quedaron tres hijos y dos hijas; 
los hijos fueron: 

Guillermo III, llamado de la larga espada. A este nombró 
capitán del ejército cristiano, que estaba en Asia, el rey 
Balduino IV de Jerüsalen,- y le dio á Sibila, su hermana, 
por mujer, y también el reino de Jerüsalen, que le perte- 
necía, como á hijo de Almerico. Este Guillermo tuvo mu- 
chos encuentros con Saladino, y alcanzó grandes victorias, 
y murió en 117o, y dejó heredero del reino de Jerüsalen 
á Balduino, hijo suyo y de Sibila, que solo reinó tres meses, 
porque Sibila casó con Guido de Lusiñano, que codicioso del 
reino del entenado, le dio yerbas, y murió siendo de edad 
de seis años, y en el de Cristo 1 180. 

Reynero, hijo segundo de Guillermo, el Viejo, fué prínci- 
pe de Tesalia y casó con Cirimaria, hija de Manuel, em- 
perador de Constantinopla, de quien recibió la investidura 
del principado de Tesalia, y murió el año de 1182. 



( 255 ) 

Bonifacio, hijo tercero de Guillermo, el Viejo, fué mar- 
qués de Monferrat, y se encargó del gobierno del sobrino; 
y porque entendió que el soldán alistaba gentes de armas 
para pasar á la conquista de Jerusalen á tomar el reino 
de! sobrino, él también juntó un grande ejército para so- 
correr al sobrino, y cuando estaba para marchar, sucedió 
la muerte de él; y con todo, pasó con su ejército en defensa 
de aquel reino, que poseian Guido Lusiñano y Sibila , su 
mujer, y en un encuentro que tuvieron con el soldán, fue- 
ron presos Guido y Bonifacio y llevados á Damasco, donde 
estuvieron presos tres años. Entonces Conrado, que unos 
dicen ser hijo de Reynero, otros de Bonifacio, y esto es 
lo mas cierto, juntó un gran ejército y les dio libertad, co- 
mo veremos hablando de él. Fué preso Bonifacio el año 
de 1181, y estuvo en poder de Saladino tres años. Tu- 
vo dos mujeres, María, hija de los reyes de Hungría, y des- 
pués Constanza, de h casa y linaje de los duques de Sa- 
boya. 

Jordana fué hija de Guillermo, el Viejo, y casó con el 
emperador de Constantinopla. 

Inés fué la otra hija, que casó muy altamente. 

Del marqués Bonifacio quedaron tres hijos varones. 

Conrado fué el mayor, y fué marqués de Monferrat. Este 
juntó gran ejercito de italianos, y ayudado de venecianos, 
fué contra Saladino, y dio libertad á su padre, y le in- 
tituló rey de Jerusalen, y en un alboroto particular, lo 
mataron dos turcos, en la ciudad de Tiro, en el año 1192. 
Casó con Isabel, hija de Almerico, rey de Jeresulen, que 
era viuda de Hunfredo Turonio. 

De Conrado é Isabel nació una hija, llamada Yole, ó por 



( 25G ) 
olro nombre María, que casó con Juan de la Brenya, rey 
de Jerusalen, y fué su primera mujer; y de este matrimonio 
quedó una hija, llamada Yole, que fué mujer de Federico II, 
emperador y rey de Sicilia; y de aquí dice el Sansovino, 
en su cronología, que les vino á los reyes de Sicilia el tí- 
tulo de rey de Jerusalen. La segunda mujer de este rey fué 
hermana del rey don Fernando de Castilla, y casó en el 
año 1224, en ocasión que viniendo de peregrinación de 
San Jaime de Galicia, pasó por Toledo, donde estaba el 
rey, y allá se concluyó el matrimonio. 

Guillermo, hijo segundo del marqués Bonifacio, y por 
muerte del hermano, le hallo en el catálogo de los mar- 
queses de esta casa. Este casó primero con Isabel, hija 
de Ricardo, rey de Inglaterra, y tuvo una hija llamada ^lar- 
garita; y después, en el año 1186, con Sofía, que era hi- 
ja del emperador Federico; y tratando de ayudar á su her- 
mano Conrado, en ocasión le querian quitar el reino, le 
dieron yerbas, y así murió, y dejó dos hijos, Guillermo y 
Margarita. 

Demetrio fué el hijo tercero de Bonifacio, y se intituló 
príncipe de Tesalia. 

De Guillermo, hijo segundo del marqués Bonifacio, que- 
dó un hijo, llamado Bonifacio, que también llaman Juan, 
que fué marqués de Monferrat: fué hombre valiente, es- 
forzado de cuerpo y muy prudente, y murió el año 1254. 
Casó con Margarita, hija del conde de Saboya y tuvo un 
hijo, llamado Bonifacio. 

Margarita, hija del marqués Guillermo , casó con el 
infante don Jaime de Castilla , hijo del rey don Alon- 
so el Sabio ; y por muerte de éste , casó segunda 



(257 ) 
vez con el infante don Juan, hijo del mismo rey, con le- 
gítima dispensación. 

Bonifacio, marqués de Monferrat, añadió mucha tierra á 
su casa. Este casó con Beatriz, hija de Alfonso , rey de 
Castilla; y á este marqués llaman algunos Guillermo: tuvo 
cuatro hijos. 

Rumboldo, marqués de Monferrat, casó con Juta, hija 
de Leopoldo, duque de Austria: no le sabemos sucesión. 

Juan, hijo segundo de Bonifacio, marqués de Monferrat, 
llamado el Justo, por muerte del hermano, casó con Mar- 
garita, de la casa de los condes de Saboya, y murió sin 
hijos, é hizo heredero á Teodoro, su sobrino, hijo de su 
hermana. 

Yole ó Violante fué mujer de Andrónico Paleólogo, 
el mas viejo, emperador de Constantinopla, de quien tuvo 
muchos hijos, y entre otros á Teodoro, que fué marqués 
de Monferrat. 

Aloysia fué la otra hija del marqués Bonifacio, y casó con 
Ursino, patricio romano. 

Por muerte de Juan , hijo segundo de Bonifacio, sin 
hijos, acabó la línea masculina de los marqueses de Mon- 
ferrat; y porque el estado no saliese de su linaje, nom- 
bró heredero á Teodoro, hijo del emperador Andrónico 
Paleólogo, y de Violante, su hermana; y luego enviaron 
los señores del marquesado embajadores al emperador, 
para que les diese su hijo , y uno de ellos, que deseaba 
alzarse con el marquesado, tuvo traza que entendiese el 
emperador, que la viuda del marqués muerto quedaba pre- 
ñada, con pensamiento que el emperador les, despediria, sin 
enviar su hijo, hasta que se supiera la verdad del preñado. 
TOMO X. 18 



( 238 ) 
Pero uno de los embajadores avisó al emperador del em- 
beleco, y le aconsejó los detuviese allá hasta que se su- 
piese la verdad; y por eso envió á Monferrat, y supo que 
no era nada le preñez, y luego envió su hijo Teodoro, y 
quedó burlado el embajador que llevaba pensamientos de 
usurparse lo que era suyo. Casó este marqués con Argen- 
tina, hija de Opicino, caballero genovés, muy noble, del li- 
naje de los Spinolas. 

De Teodoro Paleólogo quedaron dos hijos, que fueron: 

Juan Paleólogo, marqués de Monferrat, príncipe muy es- 
clarecido. Casó con la infanta doña Isabel, hija de don Jai- 
me de Aragón, rey de Mallorca, y de doña Constanza, her- 
mana del rey don Pedro de Aragón: dióle el rey cincuenta 
mil florines de dote, y ella renunció á todo el derecho le 
pertenecia al reino de Mallorca, condados de Rosellon y 
Cerdaña y señorío de Mompeller, y lo cedió en favor del 
rey, que lo habia confiscado al de Mallorca, su padre. 

Yole ó Violante fué mujer de Amadeo, duque de Sa- 
boya. 

De Juan Paleólogo quedaron cuatro'hijos: el mayor fué: 

Otón, marqués de Monferrat, que casó con Violante, 
hija de Galeazo, tirano de Milán , y no quedaron hijos. 

Guillermo fué el hijo segundo, y murió en una batalla 
junto á Nicopoli, 

Teodoro fué el tercer hijo, y fué varón muy pió y de- 
voto; edificó y dotó muchos monasterios é iglesias: tuvo 
dos mujeres; la primera fué Juana, hija de Roberto, du- 
que de Bar, de quien tuvo dos hijos, que fueron Jaime 
Juan, marqués de Monferrat, á quien el emperador Segis- 
mundo hizo presidente de Italia , y casó con Juana, hija 



( á59 ) 
de Amadeo, duque de Saboya; y una hija, llamada So- 
fía, que casó con Juan Paleólogo, emperador de Gonslan- 
tinopla. La otra mujer de Teodoro fué Margarita, hija de 
Amado, príncipe de Acaya. 

La otra hija del marqués Juan Paleólogo fué nuestra 
doña Margarita, que casó con don Pedro, conde de Urgel, 
y le llevó en dote la ciudad de Aque, en Lombardía, y 
se la dieron estimada en diez mil florines de Valencia, que 
en aquel tiempo valian quince sueldos seis dineros el florin; 
y el conde mandó en su testamento, le fuese restituida, 
con cinco mil florines de oro de Aragón, por razón de 
su screix ó .... , que así le llama en el testamento; 
y no le lega mas, por no haber recibido mas de los dichos 
diez mil florines pagados con la dicha ciudad, de donde 
infiero que el dote debió ser mayor, pero no se dio en efecto 
mas de la dicha ciudad. 

Tuvo el conde don Pedro, en su mujer doña Marga- 
rita, siete hijos: 

Don Antonio y doña Beatriz, que murieron muchachos, 
y fueron los primeros. 

Doña Leonor fué la tercera hija de este matrimonio. Esta 
señora, cuando sucedió la prisión del conde, su hermano, 
aun no era casada, aunque por su gran linaje y singulares 
virtudes la habian pretendido muchos príncipes y señores. 
Dejóle su padre de dote treinta mil florines de oro de 
Aragón, y cinco para los vestidos y galas se ofrecerían en 
aquel matrimonio, y teniendo hijos, lo dejaba á sus volun- 
tades, pero no teniéndoles, solo tenia á su disposición seis 
mil florines no mas. Después de preso su hermano, no le 
faltaron hartas tribulaciones, persecuciones y trabajos, co- 



( 260 ) 
mo veremos después en su lugar: solo diré el fruto que 
sacó de ellos y provecho. Esta señora, por medio de ellos, 
vino á conocer el mundo \ sus engaños : consolábase con 
fray Pedro Margenet, monje del monasterio de Poblet, 
santísimo varón, y fray Pedro Cerdan, del orden de San 
Domingo, predicador apostólico y discípulo de San Vicente 
Ferrer: estos dos santos varones de tal manera encendieron 
el corazón de esta señora á las cosas de Dios y eternas, 
que, menospreciándolas de este mundo, dio con grande 
espíritu de mano á todas ellas , y dejando olvidadas las 
pretensiones tenia contra el rey de Aragón, que le habia 
confiscado su hacienda y lo que le habia dejado el conde 
su padre, con dos criadas viejas y dos doncellas que la 
quisieron seguir, se retiró en un desierto, en el término de 
Monblanc, no muy lejos de Poblet, y allá edificó una her- 
mita, so invocación de San Juan Bautista, donde, á imi- 
tación de aquellos antiguos anacoretas, hizo muy áspera 
y penitente vida: su vestido era cilicio, y con ser aquella 
tierra muy fria de su natural, siempre anduvo descalza; 
su comida fué un continuo ayuno y rigurosa abstinencia: 
el cilicio ordinario era de asperísimas cerdas, á mas de tres 
circuios de hierro que traia, el uno ceñido, y los dos á 
las piernas; y tomaba disciplina con una cadena de hierro 
llena de punzas de lo mismo. Estos trofeos aun se con- 
servan sobre su sepultura, donde yo los he visto y vene- 
rado, y otros tantos están en la hermita de San Juan Bau- 
tista, donde vivió; y para los que no saben qué es peniten- 
cia ni mortificación, y aun para los que lo han experimenta- 
do, causa pasmo y admiración. 

Ni por estar retirada en aquella soledad y penitencia. 



( 261 ) 
dejaron algunos príncipes \ señores el pensamiento de casar 
con ella; y quien lo deseó con mas veras fué un caballero 
portugués de la casa real, á quien una memoria del mo- 
nasterio de Poblet llama su esposo, y dice que estaba con- 
certado de casar con ella. Este llegó á Monblanc en me- 
dio del verano, y el otro dia que quiso subir á la hermita, 
cayó tanta nieve, que no pudo subir á ella, y mandó que 
con palas y azadas le abrieran el camino, y llegó á las 
puertas de la santa anacoreta, que no le quiso ver ni ha- 
blar, y él se volvió muy edificado de lo que habia visto, 
certificado que quien tal vida hacia, no dejaría el esposo 
del cielo, por él ni otro alguno de la tierra. Murió de 
edad de cincuenta y dos años y en el de Cristo 1430, de 
pestilencia, y su enfermedad le duró del sábado al miér- 
coles; y se cuenta en la vida del santo varón fray Pedro 
Margenet, que luego que fué muerta, vio gran multitud de 
ángeles que subian su alma al cielo, y que viéndola este 
siervo de Dios, la llamó , y le dijo con lágrimas : «Her- 
mana mia muy querida, acordaos de rogar á Dios por mí.» 
En su testamento, que hizo en poder de Pedro Bellicen, 
y hoy está en la notaría de Monblanc, escogió sepultura en 
el monasterio de Poblet, y la pusieron en la capilla de los 
Evangelistas, al lado del altar, á la parte del evangelio, en 
una caja de madera, que yo he visto allá, cubierta con un 
paño de grana , con escudos de Jas armas de Aragón y 
Urgel, aunque todo muy consumido de viejo; y á la pa- 
red están colgados con unos clavos los tres círculos de 
hierro , un ceñidor de cerdas , y unas cadenillas como 
disciplinas. 

La otra hija se llamó doña Cecilia: ésta casó con don 



( i>(5t2 ) 
Bernardo de Cabrera, v estuvo concertada casar con don 
Juan, hijo del conde de Cardona, y los capítulos estaban he- 
chos y firmados, y el dote eran veinte y tres mil florines de 
oro de Aragón; y después no tuvo efecto este matrimonio, 
V estuvo algún tiempo sin casar, y cuando murió el rey 
don Martin de Sicilia, su padre, el rey de Aragón tuvo 
pensamiento de casar con ella, y lo dejó, por no acrecen- 
tar dignidad y pederá don Jaime, su hermano. Después 
de preso el conde don Jaime, el hijo del duque de Car- 
dona volvió á pedirla y quería casar con ella; pero su ma- 
dre doña Margarita jamás vino bien en ello, quejosa del 
conde de Cardona, por haber desamparado á su hijo y ha- 
berse pasado al rey; y solia decir la condesa, que la casaria 
con cualquier hombre que le sacase á su hijo de la cárcel, 
y después casó con don Bernardo de Cabrera, y fué muy 
hermosa y de lindo talle y disposición; vivió algunos años 
mas que el marido, y murió sin hijos. De su hacienda dejó 
herederos, de la mitad á .doña Leonor, su hermana, y fal- 
tando ella, á sus hijos; y de la otra mitad hizo heredera á 
la duquesa de Coimbra, su sobrina, y faltando ella, á sus 
hijos, y de la una parte y de la otra, á don Juan, hijo del 
conde de Prades y de doña Juana de Aragón, su sobrina, 
hija del conde don Jaime de Urgel, y faltando él, á sus 
hijos, y no habiendo hijos de la princesa de Salerno, subs- 
tituye al conde de Prades y á la duquesa de Coimbra, y 
ellos muertos, á sus hijos, in stirpes et non m capita. Vivía 
esta señora en la torre de Bellsguart, junto á Barcelona, y 
en su testamento la dejó, juntamente con una casa en la calle 
de la Cucurella, y los censales tenia en Barcelona, al conde 
de Módica y vizconde de Cabrera. Fué sepultada en el 



( 263 ) 
monasterio de San Francisco de Barcelona, junto á las gra- 
das que suben desde el coro al altar mayor, y mandó se hi- 
ciese su sepultura muy sencillamente. Hizo su testamento 
en la dicha torre de Bellsguart, al último de diciembre de 
1458, y murió á24 de octubre de 1460. Este su testa- 
mento he visto en los papeles del archivo del duque de Car- 
dona, en Arbeca, y le recibió Francisco Mantella, notario de 
IJarcelona. 

La otra hija fué doña Isabel. Esta, ya en vida del padre, 
era monja del real monasterio de Xixena, en Aragón, y á 
ésta dejó su padre cien libras, como parece en el testamento. 

El otro de los hijos varones fué don Jaime, de quien ha- 
blaremos después, y fué conde de Urgel. 

Otro hijo tuvo, llamado don Tadeo: éste murió mucha- 
cho, y fué sepultado en la iglesia de Agramunt, y el conde, 
su padre, ordenó en su testamento, que fuese trasladado á 
la iglesia de Almata, donde mandó se labrasen muy sun- 
tuosos sepulcros para él y sus padres. 

Don Juan fué el otro hijo: á éste dejó la baronía de En- 
tenga y el censal de don Miguel Gurrea, de pensión quin- 
ce mil quinientos diez y seis sueldos y ocho dineros jaqueses, 
y todo lo demás que tenia dentro del reino de Aragón, que 
consistia en lo que arriba queda dicho; y se lo deja en franco 
alodio, y le obliga que haya de dar valenza á los condes de 
Urgel que sucedieren en aquel condado por línea mascu- 
lina, contra cualquier personas, exentos el rey y su primogé- 
nito y la condesa doña Margarita; y si no lo hiciere, le obliga 
á que lo tenga por los condes de Urgel que sucedieren en 
aquel estado por línea masculina, en feudo, y con obliga- 
ción de dar los homenajes según usajes de Cataluña y fue- 



( 204 ) 
ros de Aragón, y declara que el feudo sea honrado, y or- 
dena que su hijo don Juan no esté obligado á dar las te- 
nencias ó potestades de ninguno de sus castillos, ni prestar 
servitud alguna, sino solo con obligación de valer y ayudar 
al conde don Jaime y sus sucesores por línea masculina, con- 
des de Urgel, contra cualquier personas, salvo contra el rey, 
su primogénito y la condesa doña Margarita; y si su hijo 
don Juan y los suyos, requeridos dentro de un año, no con- 
fesasen el feudo, ni dieren valenza y favor, les priva de las 
dichas baronías, y manda que venga todo á su heredero;, y 
asimismo le manda y obliga al dicho heredero que valga y 
favorezca á su hijo don Juan y á sus herederos, y si no lo 
hiciere, quede absuelto de las dichas obligaciones y queden 
sus baronías sin feudo ni otra de las obligaciones puestas 
en favor de don Jaime y de los sucesores suyos, condes de 
Urgel. 

Después ordena y da poder á su heredero y descendien- 
tes de cobrar la dicha baronía de Entenga por setenta mil 
florines de oro de Aragón, y de ellos hayan de comprar 
otras baronías, si las hallaren, y cuando no, sean puestos los 
setenta mil florines á censal, hasta que hallen tales baro- 
nías; y muriendo don Juan sin hijos varones, como murió, 
le substituye el conde don Jaime, y en tal caso quiere 
que las hijas sean dotadas según su calidad; y por no ha- 
ber quedado hijos, todo vino al conde, su hermano. 

Murió don Juan, después de muerto el rey don Martin, 
antes de que se hiciese la declaración de Caspe, y como 
parece en algunas memorias, aun era vivo á 21 de junio de 
1410; porque en dicho dia, estando en el lugar del Almu- 
nia, en Aragón, en. compañía de don Juan, conde de Car- 



( ^6;; ) 

dona, de Andrés de Barutell, su deudo, y de Trislan de 
Luga, licenciado en leyes y canciller del conde don Jaime, 
ratificó la venta que habia hecho el conde, su hermano, 
de la villa de Granollers al magnífico Ramón de Torrelles. 
Era, cuando murió, de edad de catorce años, poco mas: 
está sepultado en Almata, en el mismo ataúd que el conde, 
su padre, y los he visto á los dos enteros. 

Dice el vulgo que el conde don Jaime, su hermano, co- 
dicioso de heredar estas baronías, le dio veneno, con que 
le mató, y por eso permitió Dios le fuese quitada la su- 
cesión de estos reinos, siendo el que, según la común opi- 
nión, mas derecho tenia á ellos: razón que, bien conside- 
rada, no tiene fundamento, porque cuando murió don Juan, 
no estaba el conde don Jaime tan empeñado y falto de di- 
nero, que la codicia ó necesidad le obligara á tan gran mal- 
dad, porque el conde, su padre, le dejó tan grande estado 
V patrimonio, que era el mas rico señor de toda España, y 
el que, después del rey, tenia mas vasallos, señoríos y rentas; 
y en aquella declaración que se hizo en Caspe, lo que menos 
se miró fué á los méritos y deméritos de las personas, sino 
la justicia de ellos, y no por haberse sospechado que el con- 
de hubiese sabido en esta muerte le habian de privar de lo 
que era suyo y de derecho y justicia le pertenecia, porque 
aquel juicio no era criminal, sino civil; aunque, por confir- 
mar esto, dice fray Justiniano Antiste, en la vida de San Vi- 
cente Ferrer, que este glorioso santo, cuando llevaban al 
conde preso á Castilla, que fué en el mes de diciembre del 
año 1413, le sahó al camino, para darle un acuerdo y aviso 
de lo que le convenia, y que el conde, encendido en cólera, le 
dijo que era un hipócrita, y que por sus particulares intere- 



( 266 ) 
ses le habia quitado el reino, como mal hombre que era, 
y el santo le dijo: «Vos, conde, sois mal hombre, que tal 
dia matastes vuestro hermano, y no habia Dios de permitir 
que tan mal hombre como vos reinara en Aragón,» y que 
el conde quedó asombrado de oir esto, por ser muy se- 
creto, y que de allí adelante quedó muy reconocido de lo 
que hasta entonces habia hecho. Estofes lo que dice aquel 
autor; y bien considerado, no pudo ser: es la razón cla- 
ra , porque el santo estaba en Mallorca á los primeros 
del mes de setiembre del año 1413, y estuvo allí hasta 
los postreros de febrero del año siguiente, sin haber salido 
en todo el dicho tiempo de aquella isla; y el conde fué 
llevado á 10 de diciembre de 1413 preso á Castilla, y esto 
es cierto, y así mal pudo salirle el santo en el camino, para 
hablarle, porque el conde después de preso, fué llevado de 
Balaguer á Lérida, y de allá á Zaragoza, y de aquí á Cas- 
tilla, sin pasar á Mallorca, porque ni era camino ni habia 
para qué haber de hacer tal rodeo; y así no sé como puede 
ser lo que dice aquel autor, y mas que en aquella ocasión ya 
no le habia el santo de llamar conde, ni darle titulo, por 
estar privado de él y de todos sus bienes; y aunque el san- 
to estaba en Mallorca cuando le fué confiscado el estado, 
pero ya de todo tenia bastante noticia, que el rey se lo 
habia escrito con carta de 20 de noviembre de 1413, es- 
crita en Lérida, y está en el archivo real de Barcelona, 
en un registro Sigilli secreti regis Ferdinandi primi si(b 
anno 1413, folio 142. Mas; que aunque al conde se le hizo 
cargo en su prisión y en el proceso criminal que el rey 
formó contra él de muchas cosas, pero de esta muerte no 
se habló palabra, que si fuera culpado no es posible, por- 



( 2G7 ) 
que fueron tantos los dichos de los testigos que depu- 
sieron contra de él , y algunos tan poco afectos , que 
no lo hubieran disimulado ni tenido secreto , si tal hu- 
bieran sabido ; y averiguado al origen y fundamento de 
esto , se conoce ser mas invención y calumnia de sus 
enemigos, que otra cosa; y el autor de unos fragmentos 
de la vida del conde don Jaime, dice, que si esto fuera 
verdad, no lo hubieran disimulado los paherés de Lérida, 
en unos razonamientos pasaron entre el rey y el duque de 
Gandía y ellos sobre los sucesos y prisión del conde; y 
Laurencio Valla, autor de estos tiempos, que cuenta muy 
particularmente estas cosas, no dice nada de esto, y es 
cierto que , á ser verdad , no lo disimulara , porque no 
estaba nada afecto á las cosas del conde , ni sintió bien 
de ellas; y lo mismo hiciera Garci Alvar de Santa María 
y otros autores de aquellos tiempos, que no es verosímil 
ignoraran esto. 

Dejó en su testamento, que otorgó á 20 de mayo de 
1408, en el castillo de Balaguer, muchas pias y santas ins- 
tituciones, y en una de ellas mandó que en el monasterio 
de Almata, á mas de las trece religiosas que instituyó en 
él el infante don Jaime, su padre, se añadieran diez mas, 
y les dejó para sus alimentos cien libras de renta, y treinta 
para el vestuario de todas diez. Obligólas que tres dias de 
la semana rogaran á Dios por su alma, y dejó muy encar- 
gado á su heredero alcanzase licencia del sumo pontífice, 
para mudar las veinte y tres monjas en frailes de la mis- 
ma orden de San Francisco, y que las monjas fuesen 
puestas en otros monasterios de su orden del reino de Ara- 
gón, salvo si su hijo y la ciudad de Balaguer ú otras per- 



( 268 ) 
sonas devotas las quisiesen sustentar, y que la renta del 
nuevo monasterio fuese administrada por los mayorales de 
Nuestra Señora de Almata y otros, y la empleasen en el 
sustento de tantos frailes como se pudieran mantener de 
ella, obligándoles á hacer ciertos sufragios por su alma; y 
al conde su hijo manda, que en caso que no se efectué 
esto, haya de pagar quinientos sueldos cada un año, en 
nombre de pena y en enmienda de no haberlo procurado, 
y que sirvan por reparar y reedificar el monasterio. Y pa- 
reciéndole que el monasterio de Almata no estaba en lu- 
gar y puesto conducente, y peligraba mucho ser profanado 
en tiempos de guerras, por no estar murado y servir de 
padrastro al castillo; pareciendo también que si en tiem- 
po de guerra se derribaba, seria cosa indecente é impía 
que los sepulcros en que los cuerpos suyos y del infan- 
te, su padre , y otros que allá estaban sepultados y por 
adelante se sepultarían , quedasen profanados y sin la 
decencia debida, y los religiosos ó religiosas que allá vi- 
viesen, maltratados por eso ; manda sea mudado y de 
nuevo edificado tras del castillo , y dando el orden y 
forma de todo, lo ordena con estas palabras: 



Ideo heredem universalem nostrum predictuní el infrascrip- 
tum necnon patiarios et probos homines dicte civitatis et par- 
ticulares ejusdem efectuóse et ex corda rogamus ut respecta 
servitii divini et pro evitando dictum dedecus et periculum 
quod in dicto casu eis sine dubio evenerit propter honorem 
et reverenliam dictorum sepulcrorum et docorationem civita- 
tis predicle prestent opus et operam per cfectum quod muta- 
lio dicte ecclesie et raonasterii fíat inlus clausuras prediclas 
(esto es, dentro de los muros de la ciudad de BalaguerJ in for- 



( 2G9 ) 
ma sequenti vitlelicel: quod dicta ecclesía edificelur solemriifrf 
cuna capellis ¡n utroque lalere cum vollis el croeratis secundum 
formam ecclesie predicatorum monasterii Barchinone vel ec- 
clesie nionaslerii prediciitorum civilaüs Balagarii predicle in- 
Irans verso palii castri predicü ad latus capelle ibi jam con- 
structe cujus ecclesie capul exislat versus orientcm si la- 
men heres nosler eccleslam ipsam nolebal faceré pulchrio- 
rem: et ¡n ipsa ecclesia volunnis transmulari lumulata noslra 
diclorum paienlum et filiorum noslroium in loco honorabili 
et decenti diclum vero monasleriura edificelur in deserto pa- 
lacii Balagarii ad lalus muri ibi conslructi super torrentem 
qui vocalur Alcarraz ad parlem septentrionalem in cujus 
muri ángulo ad parlem occidentalem est quedam turris vocata 
den Gili: volenles quod diclum monasterium edificelur in dicto 
deserto et in dicto loco ila longe a diclo muro quod infra ip- 
sum murum el diclum monasterium quatuor equiles et de 
fronte simul possint incedere pro pericuio evitando presertim 
tempore guerre. Voluraus insuper quod diclum monasterium 
edificelur ut magis prope poleril versus castrum prediclum et 
flumen Sicoris ul facilius sórores vel fratres dicli monasterii 
possint transiré per murum qui est super pórtale lorrentis 
de Alcarraz ad eccleslam dicíi caslri in qua solemniler el can- 
tando celebratur hora lerliarum vesperorum et completorii et 
dicte misse una malutinalis et alia solemnis alias vero ho- 
ras malulinarum el primam et horam nonam que comuniter 
celebralur posl prandium possint infra diclum monasterium 
vel in dicta ecclesia si maluerinl celebrare quodque dictus mu- 
rus exaltetur compeleuter ul plenius el cum minori labore dic- 
te sórores vel fratres valeant ambulare el dictus murus coo- 
perialur de volla vel taliter quod dicli religiosi cooperti pos- 
sint transiré per ipsam et super ipsa Iransitudine edificenlur 
anlepits et murons ut dictus murus tempore necessilatis faci- 
lius defendalur ipso pasagio non obstante : rogantes insuper 
afectliose paíiarios et probos homines ac presbíteros dicte ci- 
vilatis Balagarii quod reddilus et emolumenta que jam sunt dic- 
te confratrie velint converlere in augmento dicli nionaslerii pro 
merilis aminarum suarum ac decoratione dicte civitalis et 
confratrie predicle. ítem votiimus quod ad lalus dicti monas- 



( 270 ) 
lorii addatiir una ecclesia non multum iiia{rna neo mullum 
sumpluosa cum lignis cooperta in qua quidem ecclesia dicte 
sórores vel fralres possint celebrare horas ul est superius des- 
tinatum. 

Pero nada de esto se hizo, por ser co^a de gran con- 
sideración y gasto, y haber de concordar las voluntades de 
muchas personas que lo desviaron, considerando las difi- 
cultades se ofrecían en esta manda y fundación; y mas, 
dos años después de muerto el conde, murió el rey don 
Martin, y el conde don Jaime, que era el que habia de 
dar el dinero para este gasto , cuidó mas de la sucesión 
del reino, que de esta fundación, y de aquel punto ade- 
lante tuvo tantos trabajos y cosas en que entender, que le 
dieron poco ó ningún lugar de cumplir la disposición del 
conde , y así se quedó todo de la manera que estaba 
cuando murió, como suele acontecer á los que en vida obran 
poco, y en el testamento fundan mucho, creyendo han de 
obrar los otros lo que ellos; pudiendo, en vida, lo dejaron 
para después de la muerte. 

Sin esto dejó fundadas muchas misas perpetuas: en el 
monasterio de Nuestra Señora de Monserrate fundó ciento, 
en el monasterio de Ager otras tantas, celebradoras ca- 
da año el dia que muriese. Edificó á su costa, de labor 
muy curiosa y pulida, mucha parte del claustro del monas- 
terio de San Pedro de Ager, y se conoce en los escudos 
de sus armas, que están en muchas paredes de aquel claus- 
tro: en el monasterio de Almata, donde estaba sepultada 
la condesa doña Cecilia, su madre, y se habia de trasla- 
dar el cuerpo del infante, su padre, que escogió en el se- 
pultura, mandó que cada primer dia del mes se hiciese so- 



( 271 ) 
lemne aniversario por su alma, en esta forma: que se cele- 
brasen trescientas misas, una cantada y las demás rezadas, y 
que acudiesen allá los religiosos de los monasterios de Meno- 
res, de Santo Domingo y de la Santísima Trinidad de Bala- 
guer, y de otros monasterios que de aquel dia en adelante 
se fundasen en los términos de aquella ciudad, y partiendo 
de sus monasterios, con cruz levantada y en forma de proce- 
sión; y que se diese á cada uno de los trescientos sacerdotes 
que celebrasen, doce dineros de Agramunt ó comitales Urgelli, 
y al que celebrase la misa cantada y á los diácono y subdiáco- 
no veinte y cuatro dineros á cada uno, con que estos dos úl- 
timos digan misa por él, y si no la dijeren, les deja diez y 
ocho dineros, y si el primer dia del mes no hubiera trescien- 
tos sacerdotes para celebrar, quiere que las misas que falta- 
ren se celebren ocho dias después, y no pudiéndose cumplir, 
cada octavo dia de cada mes se celebren, ó sino cada seis 
dias, de modo que cada mes queden celebradas las dichas 
trescientas misas, y quesea puesto un túmulo cubierto, y 
esto in represenlaliomm nostri corporis et .sepullure et quod 
desuper apponatur quedam cohoperta sufficiens cum signis 
nostris et super ipsa caxa et túmulo dictorum parenlum nos- 
trorum apponantur panni damasquini auri fini coloris ni- 
gri cum orlis zeytonini cum s¡gnis nostris circumquaque de 
opere brudayrie; y para esto, luminaria, salarios y demás 
gastos necesarios, dejó cuatro mil seiscientos sueldos, á ra- 
zón y fuero de veinte y cuatro mil al millar, y nombra ad- 
ministradores los mayorales de la cofradía de Nuestra Seño- 
ra de Almata, y que hayan de entender en la distribución 
"de este dinero el conde, su hijo, y muerto él, sus he- 
rederos, el guardián de San Francisco, el ecónomo de los 



( 272 ^ 
clérigos de la ciudad de Balaguer, el prior de Santo Do- 
mingo y el ministro del monasterio de las Parrellas, del 
orden de la Santísima Trinidad; y les encargó con gran- 
des veras la ejecución de esta pia institución ; y en caso 
fuera difícil la cobranza del dicho censal, y las costas que 
para la cobranza de él se hubieren de hacer, manda á su 
heredero lo pague, y después lo cobre y reciba de aquellos 
que lo debieren, porque no se dilate el sufragio de cada 
mes, y en caso no lo haga, consigna á los dichos adminis- 
tradores las rentas de Pons, Monmagastre, Uliana, Tiurana 
y Vilaplana; y que en el entretanto que se tardare á ha- 
llar la inversión de las cuatro mil trescientas libras, quiere 
que reciban los administradores antedichos aquellos mil 
sueldos que le prestan cada año la aljama de los judíos 
de Alcolea de Cinca y doscientos la universidad de Ozó, y 
que de estos mil doscientos sueldos se celebren tantas mi- 
sas cuantas celebrarse puedan; y para la fábrica del dicho 
monasterio é iglesia y sustento de los religiosos y religiosas 
y demás instituciones dichas, y otras muchas mandas pias 
que hizo, deja diez mil libras barcelonesas y si estas no 
bastaren, quiere que lo que faltare se supla del censal que 
recibía de don Miguel de Urrea y de las rentas del lugar 
de la Mola, en el reino de Aragón. 

Dejó á Nuestra Señora de Bellpuig de las Avellanas 
dos cirios, de peso de veinte libras de cera cada uno, para 
que ardan en las misas, desde la consagración, hasta que 
el sacerdote haya sumido. 

Manda á su heredero que restituya todo lo que él hu- 
biese recibido de las imposiciones de la ciudad de Bala- 
guer, y otros lugares y pueblos de los condados y vizcondií- 



( 275 ) 
dos, salvo aquello que legítimamente constare haber gastado 
en la fortificación del castillo y otras fuerzas de la ciudad 
y demás pueblos; y lo que no se hubiese gastado en eno 
ó en servicio del rey y defensa de los judíos, manda que 
sea empleado en reedificar y fortalecer los muros de la 
dicha ciudad y demás lugares, por ser instituidas las impo- 
siciones para ese fin. 

Confirma la donación que habia hecho de las quistias y 
otras rentas de la villa de Ager, para la reedificación del 
claustro y de una casa que mandaba labrar en el monas- 
terio de aquella villa, á lo que yo conjeturo, para su es- 
tado y habitación, que el dia de hoy está derribada. 

A todos los de su casa hizo mandas, esto es: 

A Bernardo de Camporell, caballero, seis mil sueldos 
barceloneses. 

A Francisco de la Torre, dos rñil sueldos. 

A Bernardo de Foix, dos mil sueldos. 

A Bernardo de San Martin, tres mil sueldos. 

A Nicolás Domenec, su secretario, dos mil. 

A Berenguer de Casadevall, escribano suyo, mil sueldos. 

A Pedro Mir, su escribano, cuatrocientos sueldos. 

A Pedro Sans, escribano de su casa, seiscientos sueldos. 

A Arnaldo de Isla , escribano de su casa , seiscientos 
sueldos. 

A Pedro Claret, de su cámara, seiscientos sueldos. 

A Pedro Miró, de su cámara, tres mil sueldos. 

A Juan Mir, capellán de su casa y de su cámara, mil 
sueldos no mas, por haberle dado ciertos beneficios ecle- 
siásticos. 

A Ramón de Ciscar, de su cámara, dos mil sueldos y 
TOMO X. 19 



( 274 ) 
otros tantos á Guillen Pedro Galceran, también de su cá- 
mara. 

A Sancho de Boltaya, de su cámara, dos mil sueldos, si 
vuelve en su servicio, y sino, mil. 

A Antonio Sin, hijo de Pedro Sin, que habiasido de su 
cámara y era muerto, mil sueldos. 

A Berenguer Dalos, que era escudero de su casa, mil 
sueldos. 

A Arnaldo Spinell, portero de su casa, setecientos sueldos. 

A Bernardo Forcadell, trompeta de su casa, cuatrocien- 
tos sueldos. 

A Juan Fexuc, también trompeta de su casa, trescien- 
tos sueldos. 

A Bartolomé Metge, su cocinero, doscientos sueldos. 

A Pedro del Grau, también su cocinero, trescientos suel- 
dos, con que pague lo que debe de ciertos arrendamienlLS. 

A Ramón Stevar , su repostero , mil sueldos , y dus- 
cientos á Antonio Despres, con que dé razón y cuenta de los 
vasos de plata le estaban encomendados. 

A Miguel, Fernando y Ramón Spolter, sus botelleros, á 
cada uno doscientos sueldos. 

A Pedro Pausader, su correo", doscientos sueldos, y que 
sean celebradas cien misas por el alma de Bernardo Pay- 
les, correo de su casa, por lo bien habia servido á la condesa 
doña Cecilia, su madre, y á él. 

A la condesa doña Margarita, su mujer, dejó el usu- 
fruto de los castillos y villas de Castelló de Farfanya y de 
Algerre, y todos los vasos de plata, colgaduras y tapices 
en que fueren las armas de los marqueses de Monferrat, 
y. odos sus vestidos, quitados empero de ellos las perlas 



( 275 ) 
y piedras preciosas, que esas reserva para su heredero, y 
le manda una joya con estas palabras: ítem dimitlimus dicte 
comorti nostre unum fervayl cum quadam smaragde in medio 
€t sex margaritis et sex halaix circumcirca; y que le sea pa- 
gado el dotario (así llama el screix), y por él cinco mil 
florines, pues no recibió de ella mas de la ciudad de Aque 
en Lombardía, por diez mil florines, como queda dicho; 
pero estas mandas fueron con condición que la condesa 
diese razón y cuenta de lo que quedaba debiendo del 
precio de la baronía de Antillon, que habia entrado en 
mano de ella, y jamás pudo el conde acabar, ni que le 
diese cuenta , ni que le volviese el dinero. j El caso fué, 
que el conde vendió los lugares de Antillon, Orviego, Las 
Ceylles y otros á don Miguel de Gurrea, en precio de 
ciento y ochenta seis mil y doscientos sueldos jaqueses, 
que recibió la condesa, y se quedó con ellos. Sin esto, 
recibia el conde del mismo don Miguel y de doña María 
Alvarez de Mendoza, y de las universidades y singulares de 
Antillon, de Orviego, de Las Ceylles, de Poncano, de San 
Garren, de Roures, de Sasa, de Olvieto, de Cascallano y 
de Artesona, un censal de pensión quince mil quinientos 
diez y seis sueldos y ocho dineros jaqueses, pagados el pri- 
mer dia del mes de junio , y de precio ó propiedad diez 
y nueve rail y seiscientos florines de oro de Aragón. Es- 
te censal habia empeñado el conde á la ciudad de Bala- 
guer y villas de Arbeca, Castelló deFarfanya, Algerre y 
Menargues, que, según conjeturo, fué para comprar los lu- 
gares de Granollers, San Vicent y Caldes, que compró de 

don con pensamiento de quitar el dicho censal 

del precio de la venta habia hecho á don Miguel de Gur- 



( 27G ) 
rea; pero la condesa se quedó con aquel dinero, y jamás 
pudo el conde alcanzar de ella que se le volviese, y quitó 
el censal del dinero del dote de la infanta , , pues no 
pudo sacar lo que habia entrado en poder de la con- 
desa ; y así en su testamento la obliga á volver y dar 
cuenta de él , y cuando no lo haga , la priva del usu- 
fruto de los dichos castillos y lugares de Albesa y Cas- 
telló de Farfanya, y de los cinco mil florines de screix; 
pero las cosas sucedieron de manera, que la condesa se 
concordó con el conde, su hijo, y entró en posesión de 
los dichos lugares y castillos. 

Nombró heredero á su hijo don Jaime, y no teniendo 
liijos, le sustituye á don Juan, su segundo hijo, y manda 
que las hijas, si quedaren, de don Jaime, sean sustentadas 
y dotadas según su calidad, casando dos de ellas, y me- 
tiendo á religiosas, en monasterios de la corona de Aragón, 
á las demás. 

Encarga mucho al conde don Jaime, que cobre la ba- 
ronía de Entenca de don Juan, dando por ella los setenta 
mil florines; y porque con mayor facilidad lo haga, le da 
camino y traza de donde pudiera sacar dinero para ello, 
aplicándole el dinero que quedaba del dote de la infanta 
doña Isabel, y del precio del censal recibian sobre la ciu- 
dad de Gerona , y de aquellos once mil noventa y un 
sueldos agrimontenses que recibian del derecho llamado el 
Morabatin, que le pagaban los pueblos del condado, y de 
aquellos dos mil y quinientos sueldos le habian de dar 
los judíos de Agramunt, que se eran gravados en esa can- 
tidad, y del dinero que quedó en poder de la condesa 
de la venta de los lugares de Antillon y demás; pero por 



'» 



(277 ) 
morir don Juan, presto el conde , su hermano, cobró la 
baronía y demás lugares, sin haber de pagar cosa al- 
guna . 

Muriendo su hijo don Juan sin hijos varones, quiere 
que los condados de Urgel y vizcondado de Ager vuelvan 
al rey don Martin, su primo, ó á su heredero universal 
que fuere rey de Aragón y conde de Barcelona, según 
estaba ordenado en dicho caso en el testamento del 
conde don Armengol de Cabrera, y en la donación que 
el rey don Alfonso habia hecho al infante don Jaime, 
padre del conde; y en la demás hacienda que le quedaba, 
que consistia en la baronía de Entenca, en Aragón, en 
los lugares de Algerre, Monfalcó, el feudo de Balaguer, 
de Agramunt, Albesa, Castelló de Farfanya, baronía de 
Linyola, y en las jurisdicciones que habia comprado del 
rey, del castillo de Pedra y las baronías de Castellvell 
de Cervelló, y villas de San Vicens, Caldes, Granollers y 
Piera y todo lo demás, no quedando hijos de don Juan, 
lo deja á doña Leonor, y lega á doña Cecilia, y declara, 
que la deja hace del condado y vizcondado al rey don 
Martin, se entienda y haya lugar en caso que de derecho y 
según las donaciones y testamento ya dicho le pertenezcan, 
y no perteneciéndole, quiere que sf>a de sus hijas, y fal- 
tando hijos é hijas, deja el usufruto á la condesa doña Mar- 
garita, su mujer, no casando ; y casando, le deja cinco 
mil florines de oro de Aragón; y después quiere que de sus 
bienes sean fundadas ciertas causas pias, hasta cantidad de 
dos rail libras de renta, y lo demás vuelva al rey don 
Mavtin de Aragón ó á sus hijos, reyes de Aragón y con- 
des de Barcelona. Pero los sucesos de las cosas fueron 



( 278 ) 
tales, qoo lo que menos se pensó fué lo contenido en 
este testamento, el cual está en el archivo real de Bar- 
celona. 

Está sepultado en Nuestra Señora de Almata, en una 
caja de madera, alta, al entrar, á la mano derecha de la 
puerta que mira al rio: está su cuerpo entero, y allí está 
también e! de don Juan, su hijo, ó de don Tadeo; pero 
según la disposición del cuerpo, que también está entero, 
tengo por cierto ser el de don Juan. Está la caja pin- 
tada de color verde, con algunos escudos pequeños de las 
armas de este conde, que eran, á la mano derecha, dos 
palos de las armas reales de los rejes de Aragón, y á 
la izquierda, algunos jaqueles de oro y negro, de esta 
manera: 




x\unque todos los que escriben historias generales ha- 
cen memoria de las cosas que en tiempo del conde don 
Pedro acontecieron en el mundo dignas de admiración 
y memoria, pero no puedo disimular dos, por tocar á nues- 
tra historia: la una fué el cisma que en estos tiempos 
se levantó en la Iglesia de Dios, que puso el mundo á pique 
de perderse , y estuvo cerca de cuarenta años en duda 
cuál de los pontífices era el legítimo y verdadero , sin que 
los hombres mas doctos del mundo pudiesen dar parecer 



( 279 ) 
y voto cierto en ello, que no tuviese una infinidad de 
contrarios. Llegó la Iglesia en un mismo tiempo á tener 
tres que se llamaban pontífices , y cada uno defendia 
tan valerosamente su partido y derecho, que casi todo el 
mundo estaba suspenso. Uno de los pontífices fué nuestro 
don Pedro de Luna , que comunmente llamaban el car- 
denal de Aragón ; y este era obedecido en estos reinos 
de España, y fué fama que, por asegurar en su obedien- 
cia los reinos de Castilla , que gobernaba don Fernando 
llamado comunmente de Antequera, le valió y favoreció 
en la pretensión del reino de Aragón , con nuestro don 
Jaime conde de Urgel y demás pretensores , con espe- 
ranza, que si el infante era rey de la Corona, la conser- 
varia en su devoción, como se habia conservado hasta aquel 
punto; y aun afirman algunos, que se lo prometió; pero des- 
pués de hecha la declaración de Caspe en favor de don 
Fernando, mandó mirar el negocio y justicia de los pon- 
tífices con gran cuidado, y obedeciendo á la declaración 
de! concilio de Constancia, le alzó la obediencia , y aun 
lo* compelió á que renunciase el derecho tenia (si alguno 
era) á la silla apostólica; y el papa le defendió tan te- 
nazmente , que jamas dejó de tratarse y llamarse papa, 
sin que acabasen nada con él las censuras eclesiásticas, 
ni otros medios se buscaron porque desistiese de su opi- 
nión, y se conformase con lo decretado en aquel concilio; 
y así le dejaron como á cismático é incorregible, y se re- 
tiró en Peñíscola, del reino de Valencia, y allá, con al- 
gunos cardenales," amigos suyos, acabó su vida, que des- 
pués de puesto en la silla pontifical duró mas años que la 
de san Pedro, argumento para algunos curiosos, con (juc 



( 280 ) 
probaban no haber úáo legítimo pontífice, porque ningu- 
no que lo fuese vio los dias de San Pedro. Originóse de 
esta tenacidad, en Cataluña, un refrán muy vulgar y or- 
dinario, para dar á entender la porfía y pertinacia de un 
hombre, decir: esíá en sos íreíse, y otro, trelse son tretse, 
porque jamás este buen hombre dejó de llamarse Bene- 
dicto decimotercio , que era el nombre que tomó cuan- 
do fué hecho papa. De lo demás que pasó en este cis- 
ma y trabajos padeció la Iglesia santa y los fieles, cuentan 
lo3 autores que escriben vidas de pontífices, y nuestro Ge- 
rónimo Zurita y otros muchos. 

La otra cosa notable que aconteció en el mundo fué el 
uso de la artillería, y la primera de que sabemos en Ca- 
taluña, fué la que llevó el conde de Foix en la entrada 
que hizo para tomar el reino de la Corona de Aragón, 
cuando murió el rey don Juan, y con ella, salido de Ca- 
taluña, dio combate h la fuerza ó castillo de Balbastro, 
como queda dicho; y con ser esta invención la que mas 
admiración ha causado al mundo de todas cuantas especies 
y géneros de máquinas y armas ha habido, es el primer 
inventor de ella el que menos se conoce, por relación de 
autores dignos de fe y crédito; y de aquí ha procedido la 
variedad de opiniones que en esto hay, atribuyéndolo los 
mas, no á ingenio de hombres ó fruto de alguna cien- 
cia, como muchas ó casi todas las invenciones admirables, 
sino á traza y artificio infernal , y imaginada á ofender 
y á abreviar nuestras vidas. Conocióse , por nuestros pe- 
cados, en Europa en el año 1380, ó poco antes, y el 
primero que la sacó á luz fué un alemán, cuyo nombre 
í^c ignora Algunos autores toman esto de mas atrás, y dan 



(á81 ) 
por inventor de esto á Arquímedes siracusano, de cuyas 
admirables invenciones tratan algunos autores: este hom- 
bre, dicen que inventó un instrumento de hierro , que 
arrojaba y despedia de sí gruesas piedras, con mucho rui- 
do y gran estampido , semejante al que hace una pieza 
de las nuestras al punto que la disparan; infiriendo que 
aquello era causado ó de pólvora, como la que nosotros 
usamos, ó de otro material que tuviese igual fuerza ó vir- 
tud; y en la entrada que hizo el rey de Granada en el 
reino de Valencia el año 1331, hace mención Zurita de 
otra invención de fuego semejante áesta. Sus palabras son: 
«Y puso en aquel tiempo grande terror una nueva invención 
de combate, que entre las otras máquinas que el rey de 
Granada tenia para combatir los muros , llevaba pelotas 
de hierro, que se lanzaban con fuego;» y fray Juan Gon- 
zález de 3Iendoza, en lo historia de la China, dice que 
los de aquel reino se glorian de haber sido los primeros 
inventores de la artillería, y que cuando los portugueses 
pasaron allá, hallaron el uso de ella tan puesto en arte 
y razón, como lo estaba en Europa, y buscando el prin- 
cipio de ella, les decian, que Vitey, su primer rey, la ha- 
bia inventado para ofender á los tártaros, con quien traia 
guerra, ayudado del demonio, con quien tenia particular 
trato, y lo publicaban los grandes hechizos y otras obras 
espantosas que hacia; y se halla en historia de ellos, que 
pasando los chinos al reino de Pejuy á conquistar la In- 
dia oriental, que ha mas de mil quinientos años, llevaron 
á esta jornada estos instrumentos, y así dicen que el ale- 
mán, á quien se da la gloria de esta diabólica invención, 
solo merece el nombre de descubridor, v no de inven- 



( 282 ) 
tor , pues otros hubo que la usaron antes del año 1380. 

Prosiguiendo el catálogo de los obispos de Urgel que 
fueron después de don iVrnau de Lordat, hasta la muerte 
del conde don Jaime de Aragón, hallo en los episcopo- 
logios de aquella iglesia á don Pedro de Narbona. Á éste 
sucedió don Hngo Desbac , monje claustral del orden 
de San Benito, y habia sido antes abad de Kipoll, y es 
el vigésimoquinto de los abades de aquel ilustre monas- 
terio, como lo dice fray Antonio de Yepes, en su historia 
del orden de San Benito, tomo cuarto; y entró en el obis- 
pado en el año 1361 . 

Don Arnaldo de Patau es el sucesor del precedente: 
hallo memoria de este prelado en la traslación del con- 
vento de predicadores de la Seo de Urgel, del lugar y 
puesto donde se fundó primero, al lugar donde hoy está, 
que por evitar que el vizconde de Castellhó y otros que 
traían guerra con el obispo no se fortificarán eii él, fué 
conveniente se edificase dentro de la ciudad. 

Sucesor suyo fué don Pedro de Luna , y después don 
Berengario de Eril, y tras este don Galceran de Vilano- 
va, de quien quedan fundados dos beneficios en la ca- 
pilla de la Concepción de Nuestra Señora, que él edificó 
y dotó, en el claustro de la iglesia mayor de la Seo de 
Urgel. Este asistió en el parlamento que juntaron en Ca- 
taluña , cuando murió el rey don Martin ; fué gran de- 
fensor de los derechos de su iglesia y mensa. Tuvo este 
prelado muchas contenciones con el conde de Pallars, que 
dieron harto que entender al parlamento, y eran gran es- 
lorbo para la buena dirección de lo que se trataba en 
esto; y aunque fueron requeridos que suspendiesen sus pre- 



( 285 ) 
tensiones, jamas lo pudieron acabar con ellos; antes undia, 
cuando pensaban todos que estarian mas sosegadas las ar- 
mas del obispo y del de Pallars, por haber entre los dos 
treguas, cierta gente del obispo entró por fuerza el lugar 
de Eróles, que era de un caballero de casa del conde, y le 
saquearon; y por esta ofensa, el conde y su hijo juntaron gen- 
tes, y entró de Francia el vizconde de Cosserans, con gente 
para valerles; y el parlamento se sintió mucho de esto, y die- 
ron toda la satisfacción que fué posible al señor de aquel 
lugar; y al obispo, que en este hecho tenian por muy culpa- 
do, obligaban á poner su persona y el lugar de Tremp en po- 
der del arzobispo de Tarragona, y á los que hicieron aquel 
insulto, en poder del gobernador de Cataluña, y ordenaron 
al veguer de Lérida y Pallars subiese á Tremp á castigar 
los malhechores; pero venerando la dignidad del obispo, no 
se jfrosiguió contra su persona, y los bandos se sosegaron. 

Fué este prelado uno de los embajadores que por parte 
del parlamento fueron al conde de ürgel, para persua- 
dirle diera la obediencia al rey don Fernando, y murió 
el año de 1414. 

Sucesor de este fué don Francisco de Tovia, que vivió 
veinte y dos años y murió el de 1436; y por haber muer- 
to en su tiempo el conde den Jaime y acabar esta his- 
toria, acaba también aquí el catálogo de estos obispos, de 
quien, aunque haya mucho que contar, pero por andar 
los episcopologios que han llegado á mi noticia tan remisos 
y breves , es mucho lo que he dicho, aunque poco res- 
pecto de lo que se ignora y yo he deseado hallar. 

El uso de la moneda, tan necesario en el mundo para 
el común comercio y remedio de las necesidades humanas, 



( 284 ) 
es tan antiguo como las ventas y compras, que no se pue- 
den bien hacer sin ella; y aunque los primeros hombres, 
ignorando el valor y precio que dieron después á los me- 
tales, usaron cambiar unas cosas con otras, dando trigo por 
carne , lino por pan, vino por aceite, ó, como dice Ho- 
mero de aquellos que por rescate de los caballos daban 
cueros de bueyes, ó hierro; pero estos y otros truecos 
eran con descomodidad, por no hallarse fácilmente la equi- 
valencia de las cosas, y con mucha dificultad la guardia 
y disimulación de las haciendas ó riquezas, ó particulares 
ó comunes; pues nadie podia esconder lo suyo, por ser los 
haberes de los hombres frutos y ganados, que ni pueden 
conservarse secretos, ni por largos tiempos. Estas inco- 
modidades, y no poder esconder el amigo al amigo, y el 
vecino al vecino , y disimular cuando convenia la riqueza 
y pregonar pobreza, porque todo se sabia, vino á dar *pre- 
cio y estima á los metales, y mas por la duración y perpe- 
tuidad de ellos. 

Al principio se labró moneda de metales bajos, y en 
el imperio romano pasaron muchos años que no tuvieron 
otras monedas mas que de cobre y hierro, y de aquí ob- 
servan los anticuarios, que las mas antiguas y verdaderas 
medallas son de estos metales; y dice Plinio, que el pri- 
mero que hizo cuño para esculpir moneda fué Servio Tu- 
bo, rey de los romanos, y esculpió una oveja y otros ani- 
males del campo, de los que en latin llaman pecuSy y de 
aquí vino á llamarse el dinero pecunia y numus ó num- 
mus, en memoria de Numa Pompilio , de quien dice San 
Isidoro, qui eos primum apud latinos imaginibus notavit et 
titulo nominis suiprescripsit; y después la llamaron moneía 



i* 



( 285 ) 
ó monemh, porque con ella acuerdan los príncipes y avivan 
su memoria en los siglos venideros, como lo experimenta- 
mos en las medallas, que dan noticia de muchas cosas que 
sin ellas quedaran sepultadas en olvido. A estas monedas 
de cobre ó latón llamaban comunmente moneda de vellón: 
Antonio de Nebrija las llamó de \ ilion, quasi vilis, y los 
romanos la llamaron aes grave y por otro otro nombre aes 
confusaneum, pecunia aerosa cid plurima aeris portio est: y 
adviertan, que los romanos, como dije, en la moneda de 
cobre estampaban una oveja, llamándola por eso pecunia 
á pecude; y porque la oveja tiene el vellón lanudo, quedó 
esta antigüedad, que la moneda de cobre, porque en ella 
se estampaba la piel de la oveja, se llamase moneda de ve- 
llón, y los franceses la llaman de hillon, y esto es opinión 
de muchas personas eruditas. De aquí vino á labrarse de 
oro y de plata, y la primera que se labró de estos me- 
tales en Roma, fué en el año de su fundación de 448, 
en tiempo de Scipion Africano, y á imitación suya la ba- 
tieron en la ciudad de Huesca, que, como queda dicho, 
era de los pueblos Ilergetes, y Plinio la llama moneda 
oséense, y de ella entraron gran cantidad en sus triunfos, 
para el erario público de Roma, Marco Helvio, Quinto Mi- 
nucio y Marco Porcio Catón, capitanes romanos que fue- 
ron en España, ciento noventa años, pocos mas, antes de 
la venida del Hijo de Dios al mundo. A esta moneda os- 
éense llama Livio higalos: á la una parte llevaba impreso 
un carro con dos caballos, y por esto la llaman bigatos^ 
derivativo de hige ligatus, que quiere decir yugo de dos 
caballos; y de esta moneda hace memoria Livio en al- 
gunos lugares de su historia; y donde habia pocos de estos 



( 286 ) 
metales, oro y plata, mezcláronles con los bajos, y hacien- 
do liga de ellos, labraban diversas monedas, unas de mas 
y otras de menos valor; y con la abundancia se facilitó 
la correspondencia de unos tratantes con otros, y cada rey 
ó príncipe labraba la cantidad de moneda y de los me- 
tales que le permitían su posibilidad y riqueza, de donde 
vino, que no soio cada reino hacia su moneda, pero en 
una misma provincia la batian diversos señores y pueblos, y 
la esparcían en su estado y entre los suyos, porque uno 
solo no era poderoso y tan rico que pudiese labrar loda la 
moneda necesaria en el reino ó provincia. Donde se la- 
bró y conoció primero el dinero, tratan los historiadores; 
pero por no ser de nuestro intento, lo dejo, diciendo, 
que la primera noticia que hubo en España de dinero, fué 
la que dieron los de Rodas, en el condado de Ampurias 
y Rosellon, en Cataluña, cuando después de la seca vinie- 
ron á poblar en ella; y entre otras cosas que enseñaron, 
fué el uso de la moneda, y esta era de cobre y causó gran 
risa y maravilla á los naturales, que con un poco de me- 
tal de poco ó ningún provecho, comprasen las cosas ne- 
cesarias Esto pasó mil años, poco mas ó menos, antes de 
la \enida del Señor al mundo. Dejaré las costumbres que 
en esto habia en diversos reinos, porque no pienso salir 
de las costumbres de Cataluña y condado de Urgel; y así 
solo daré noticia de lo que he hallado en orden á lo que 
digo, poique no es otro el intento de este. 

El derecho de batir moneda es regalía del príncipe y 
á él solo toca, pero es de aquellas que pueden ser con- 
cedidas y comunicadas y separarse de su persona, ó por 
privilegios y gracias particulares, ó por prescripción, ó por 



( 287 ) 
olró legítimo y justo título; y por esto todos los condes 
antiguos de Cataluña y algunos pueblos de ella, como Lé- 
rida, Gerona, Bañóles, Perpiñan, GranoUers y otros, la 
batian púbücamenle, y aun algunos el dia de boy; y esto 
por especial prerogativa y preeminencia de ellos, aunque 
después se vino á perder > meni:uar, ó por haberse pro- 
hibido por justas causas, ó por haber vuelto los estados 
de aquellos condes á la corona real v estar incorporados 
en ella, ó por haber ellos cesado de fabricarla por como- 
didades propias, ó por otras causas y razones; y el dia de 
hoy, como dijo Bovadilla, refiriendo á Juan Guardiola, el 
duque de Cardona en su estado la puede batir, así como 
la batian los condes de ürgel, Ampurias, Rosellon y otros, 
con ciertas limitaciones; y l)or eso el rey don Pedro el III, 
que llamamos del Punyalet, entre otras quejas que tuvo del 
rey don Jaime de Mallorca, que era conde de Rosellon, 
una era que batia moneda en aquel cond^o, á la liga y 
quilate de la de Barcelona; y aunque él daba por descargo 
que lo habian hecho así los antiguos condes, sus antece- 
sores, no le bastó aquella satisfacción, porque aunque á 
aquellos les fué lícito, pero no á él, por estarle prohibido 
cuando aquellos condados fueron enfeudados por el rey de 
Aragón al de Mallorca, como dijimos en otro lugar; y así 
aquella prerogativa le fué abdicada; y el rey nuestro señor, 
cuando da títulos de condes ó otros en particular, les pro- 
hibe el hacer moneda, por excusar la gran confusión ha- 
bria en la república, corriendo muchas especies de ella, 
porque no siendo de un mismo valor, peso y señal, es 
fuerza que en los pueblos, al esparcir aquella, haya discor- 
dias. Esto entendieron bien los reyes pasados que, por dar 



( 288 ) 
buen asiento á cosa tan útil y necesaria, hicieron sobre 
ello diversos y varios estatutos, y á la postre conocieron 
que convenia al bien común una sola moneda , de plata y 
de vellón, y á esta llamaron de terno, confirmándola por 
perpetua é inconmutable, por haber salido mal labrar cada 
rey la suya. 

Antes que usara esta moneda de terno, que es la que 
tenemos el dia de hoy en Cataluña, corrieron diversas mone- 
das, que el dia de hoy son incógnitas, y solo el nombre de 
ellas se conserva. Referiré las que han venido á mi noticia, 
que no es poco en cosa tan antigua y olvidada decir algo. 

La primera moneda que hallo del tiempo de los condes 
de Barcelona, me envió de Zaragoza don Francisco Xime- 
nez de Urrea, Coronista de aquel reino, á quien la dio por- 
que me la enviase don Gaspar Galceran de Urrea y Aragón, 
conde de Guimeran, personas eruditísimas y grandes anti- 
cuarios. Es estg moneda de metal, del tamaño de medio 
real, poco menos: en la cara hay una cruz como las de 
los templarios ó de san Juan, que los que tratan de arme- 
ría llaman forcea, y está encima de un pilar ó coluna, y 
al lado de esta coluna hay dos róeles abiertos por el me- 
dio como arandelas de lanzas, y al derredor unos caracteres 
góticos antiquísimos, que dicen: Barcino. Al reverso hay 
una cruz como aspa, algo estendida en los remates , como 

las cruces que llaman pateas y al derredor una "'^^x^ 

en medio de cuatro puntos y esta palabra CIVFRE; de ma- 
nera , que denota claro ser aquel dinero del conde Gui- 
fre, de Barcelona, á quien llamaron Guifre, Wifre, Go- 
dofre, Cifredo, etc., y entiendo ser de aquellos numismas 



( á89 ) 
que llamaron denarios , porque eso designa la X , por la 
cual era significado el denario , y por ser esta la primera 
moneda que hallamos de los condes de Barcelona, la pon- 
go aquí. 




Después , en el año 1137, Ramón Berenguer , conde de 
Barcelona, dio principio á otra moneda que llamaron man- 
cuso , y valió al principio nueve dineros barceloneses, y 
después llegó á doce : de estos habia de dos maneras, unos 
del dicho valor, y otros que valian siete sueldos, moneda 
de Zaragoza , y de ellos habla Blancas en sus Comentarios, 
folio 127, y eran de oro: sus palabras son estas: Convenit 
enim Almutadir daré regi Sanctio 1200 mancussos auri vel 
argenti , ita quod , si vult argentum , accipiat septem solidos 
monete Cesarauguste pro mancusso; de donde infiero ser estos 
mancusos de oro , pues fué necesario, no dácdose de este 
metal, especificar qué tanto se habia de dar en plata por 
cada uno. Bien es verdad que en tiempo del rey don Pe- 
dro el III corrian en Cataluña unos mancusos que llama- 
ban de oro de Valencia, y cada uno de ellos valia diez y 
seis dineros barceloneses de terno, y de estos habla la 
constitución 2/, en el título De nwneda, valor y forma de 
aquella, en las constituciones de Cataluña ; y cuando el 
conde Ramón Berenguer dio principio á los mancusos, va- 

TOMO X. 20 



( 290 ) 
lia el marco de la plata cincuenta sueldos de esa mo- 
neda. 

En el año 1185, el rey don Alfonso de Aragón hizo 
otra moneda , que llamaron hussana , y el marco de la 
plata valia cincuenta y un sueldos de esa moneda , y duró 
solos tres años y medio, y no se sabe la forma y señal 
de ella. 

En el año 1200 batió.¡el rey don Alfonso una moneda 
llamada bruna, dicha así, por ser negra en el color y de 
baja ley, como la que en Castilla llamaban moneda negra, 
porque tenia mucho metal, diferenciándola con este nom- 
bre de la mejor y mas fina, que por tener mucha plata, 
llamaban blanca, porque esta palabra bruna es derivativa de 
hru , que es vocablo catalán y valenciano antiguo , y suena 
lo mismo que oscuro y negro, y en esta significación la 
toma Jaime Roig, cuando en su poema dice: 

Del vert fan bru, 
folio 50: y esta moneda' duró solos nueve años, y valia el 
marco de la plata sesenta y tres sueldos de esta moneda. 

A 11 de las calendas de abril de 1212, el rey don Pe- 
dro dio principio á una moneda llamada de quart , dicha 
así, porque en doce marcos de ella habia cuatro de plata 
y ocho de metal, y valia el marco de la plata noventa y 
un sueldos de esa moneda. 

En el año 1220, el rey don Jaime batió otra moneda 
llamada dobleva ó doble , ó de duplo , porque en doce mar- 
cos de ella habia dos de plata y diez de metal, y el marco 
de la plata valia cuarenta y cuatro sueldos de esa mo- 
neda. 

Estas diversidades de monedas , y otras que se ignoran. 



( m ) 

eran muy dañosas á la tierra y al comercio , y cada dia se 
falsificaban, de donde vino haberse de buscar nueva forma 
y ley de ella, que fuese perpetua y duradera, como lo era en 
Aragón, que por estos mismos inconvenientes, en las cortes 
generales de Monzón, que celebró el dicho rey don Jai- 
me en el año 1236, se hizo fuero que no labrase en lo 
venidero cada rey su manera de moneda , como habia 
usado hasta aquel punto, sino que siempre fuese de la fi- 
gura y ley que la habia labrado el rey don Pedro, su padre, 
señalada con la cabeza real á la una parte, y á la otra con 
una cruz patriarcal ó doble, que son dos cruces en una; 
y á esta moneda llamaron jaquesa , en honra de la ciudad 
de Jaca, porque en ella fué batida primeramente. Este 
estatuto y perpetuidad de moneda salió muy bien en aquel 
reino , y la experiencia enseñó ser necesario lo mismo en 
Cataluña; y recogiendo todas las diversidades de monedas 
que corrían entonces, se tomó acuerdo de batir otra de 
nueva ley y valor. Obstaba mucho el juramento que habia 
prestado el rey don Jaime, confirmando la moneda de du- 
plo que corria entonces , y por salir del escrúpulo podia 
haber en quebrar este juramento, pidió dispensación y ab- 
solución de él al papa Alejandro, representándole 'la utili- 
dad pública en la mudanza de moneda se habia de hacer; y 
él con su bula dirigida á los obispos de Barcelona y deTor- 
tosa, les dice, que siendo utilidad común, habiéndole rela- 
jado el juramento, le den facultad de hacer lo que él pide, 
pues era cierto que si no hubieran falsificado la primera 
moneda que él habia jurado no mudar, no hubiera ahora de 
hacer otra de nuevo; y los dos obispos, al pié de la misma 
bula, hicieron esta provisión: Nos autem altendentes causas 



( 292 ) 
in ipsa liltera domini pape contenías omnímoda veníale ful- 
ciri et videntes apertissime id non solum expediré vobis domi- 
no regi imo plurimum fructuosiim aucloritate domini pape 
nobis concessa vobis excellenlissimo domino Jacobo divina dis- 
positione regi Aragonum siipradiclo ad peíitionem veslri jura- 
mentum per vos prestitum de non mutanda ipsa moneta pri- 
milus relaxantes damus vobis plenam licenliam novam cudendi 
monetam. Data Ilerde quinto kalendas Oclobris anno incar- 
nalionis Christi M.CC.LVII; y entonces, tomando el medio, 
no la batieron doble, por ser baja, ni de quart, por ser 
demasiadamente fina, sino otra que llamamos de tcrno, 
y cada doce marcos de ella tienen tres de plata y nueve 
de cobre, y el marco de ella valia sesenta y dos sueldos 
de esa moneda ; y estableció aquel rey, que esta moneda 
fuese perpetua, como lo es el dia de hoy, según parece 
con su privilegio hecho kalendas augusti anno M.CC.LVIII, 
en que, entre otras cosas, ordena y manda, que esta mo- 
neda se tome en toda Cataluña, y que en los condados de 
Rosellon y Cerdaña, Conflent y Vallspir , de aquella hora 
adelante no corra la moneda que llamaban melguyrense, 
que era moneda francesa y usaba mucho en estas tierras, 
por ser tan vecinas á aquel reino ; y aun he yo visto en 
el testamento del rey don Alfonso el primero, hijo de la 
reina doña Petronila, que todas las mandas que hace á 
las iglesias de la Prohenza, de donde él se intitulaba mar- 
qués, las hace de esta moneda, y las que hace en Catalu- 
ña y Aragón, las hace de morabatines; así que, esa moneda 
melguyrense, que era de Francia, la destierra y saca de 
toda Cataluña y tierras ya dichas, y confirma y jura por 
perpetua la de terno; y aun ruega al papa que descomulgue 



( 295 ) 
á él mismo y sus sucesores, si )a mudaran, y que todos los 
sucesores, cuando empiezen á reinar, la juren y la confir- 
men; y luego en el mismo privilegio la jura el infante don 
Pedro, su hijo, asistiendo en todo don Ramón, vizconde 
de Cardona, G. de Cervelló, Galceran de Pinos, Ramón de 
Guardia, Galceran, vizconde de Cabrera, Arnaldo Guillen 
de Carcayano y Arnau de Vilamayor. Marquilles, doctor 
catalán, en el usaje solidus aiireus, declarando el valor de 
los dineros de estas monedas, dice estas palabras: ñola nono: 
quod he monete computantur isto modo, nam moneta de qua- 
terno valet in duplum] magis quam maneta de duplo, ita quod 
unus denarius de quaterno valebat dúos de duplo . Ilem: moneta 
de quaterno valet in quarta parte magis quam de terno, ita 
quod tres denarii de quaterno valent quatuor denarios de terno. 
Moneta vero de duplo valet in tertia parte minus quam mo- 
neta de terno, ita quod unus denarius de terno valet óbolos 
tres de duplo. Nota décimo: quod secundum istum valorem, sic 
compensando dictas monetas cum moneta de terno pra^dicta, 
decem soUdi de quaterno valent terdecim solidos et quatuor» de- 
narios de terno, cum moneta de quaterno valeat in quarta 
parte magis quam moneta de terno. Y mas abajo dice: velhre- 
viíer computando, computa ita: valor prcedictarum monetarum 
est quod duodecim denarii de dupleto valent octo denarios prce- 
senlis moneto} de terno Pra;dicla vero ita existere in veritate, iit 
refert Jacobus de Vallesicca, et reperta fuerunt cum monetariis 
Barchinonce, et dicta moneta de terno, tam de denariis minutis 
quam de argento sive croats, perpetuo stahilis est et incom- 
mutahlis in lege et signo, ut patet in constitutione Sanament 
JATSIA in curia Dertusw, reginw Eleonoris, et in prima Bar- 
chinoncB regís Jacobi sccundi Confirmaji e atorgaji. Y des- 



( 294 ) 

pues de esto, trae este doctor una sentencia del rey don 
Jaime el segundo, hecha en Barcelona, sexto kalendas jtüii 
armo MCCLX, que yo he visto en folio 140 de un registro 
vermejo, intitulado regís Alfonsi, en que declaró que siete 
sueldos de moneda doble ó de dupleto valian cuatro sueldos 
y ocho dineros de temo, y dando sobre esto una regla ge- 
neral, manda que en las pagas de los censos y censales, 
por sendos tres sueldos y tres dineros de la dicha moneda 
de duplo, se hayan de pagar dos sueldos y dos dineros de 
moneda de terno. 

La fábrica de la moneda real de vellón, plata y oro, to- 
da está encomendada en Cataluña por los señores reyes á 
la ciudad de Barcelona, en cierta forma, y el rey nombra 
sus oficiales y la ciudad los suyos, y labrándola los unos y 
mirándola los otros, sale de sus manos con la ley, peso, 
señales y forma debida; y de tiempos antiguos queda esto 
tan bien asentado, que apenas se ha mudado en lo esencial 
cosa alguna, y es tan propio de la ciudad de Barcelona esto, 
que el rey don Pedro, quejándose en su crónica del rey de 
Mallorca, por haber batido moneda, dice estas palabras: 
Com no sia legut á ningu sino á Nos solament batre moneda 
en Catalunya, e que sia moneda barcelonesa e ques bata dins 
la ciutat de Barcelona, la qual moneda es apellada de tern, e 
es perpetual per coneessio e privilegis deis reys passats, e en- 
cara aquella fer batre no podem sens consentiment e voler de 
la dita ciutat, á la cual es encomanat per tot lo principal de 
Catalunya e per avinences antigás. Estas son las palabras de 
aquel rey. 

Con esta ordinacion y forma de nueva moneda, quedó 
abatida y con poca estima la de los condes de Catalunya, 



( 295 ) 
por ser la que ellos batían de metal bajo y sin plata; y ya 
no corría sino en sus tierras, y aun sus mismos vasallos la 
aborrecían, porque sacándola de los límites de sus señoríos, 
todos la menospreciaban como á cosa de poco valor y qui- 
late. De aquí vino que acordaron labrar otra que aventa- 
jase á la de terno, según les era lícito, ó por consuetud, ó 
por privilegios, ó por derecho, y la labraron de cuaterno, 
esto es, que en doce marcos había cuatro de plata y ocho 
de cobre, y así vino á tener mucho valor y ellos facilidad 
en esparcirla, porque el valor era intrínseco y no extrínse- 
co, esto es, que valía la moneda aquello por que se daba; 
y esta es la causa porque hallamos dos maneras de moneda 
de los condes de Urgel, una de metal solo y poco mayor 
que un real catalán, y otra muy pequeña, delgada y fina, 
en que manifiestamente se echa de ver y descubre mucha 
plata, y esta se batió después de la de terno; y el conde 
de Ampurías hizo lo mismo, y he yo visto y tengo algún 
dinero suyo, que es casi todo plata, y á la una parte tiene 
una cruz de las que llaman pateas, y entre dos brazos de 
ella hay un arandel de lanza, quedando sin nada el espacio 
queda entre los demás brazos, y al derredor dice: UGO 
COMES )^ , y á la otra parte hay un puñal, y al derredor 
dice: IMPURIARUM: será de peso de poco mas de cuatro 
granos de plata. Esta finura y buena liga en la moneda 
eran trazas de los que la batían, ordenadas todas á que se 
esparciese y sin dificultad fuese tomada, y es cierto que 
aunque tan fina y buena, siempre quedaba alguna ganan- 
cia para el dueño de ella. 

La moneda pequeña de que hablamos arriba era ' cor- 
riente y muy ordinaria en el condado de ürgel y vizcon- 



( 296 ) 
dado de Ager, por la vecindad hay con el reino de Aragón, 
y por la bondad de ella y mixtura de plata que en sí tenia; 
y esto obligó á los condes de Urgel, que la suya fuese en 
valor y bondad igual á la de aquel reino, porque á no 
haberlo hecho de esta manera, quedaba difícil la expendi- 
cion de ella. Batíanse estos dineros de los condes de Urgel, 
unos en la ciudad de Balaguer, y los llamaban denarios co- 
mitales, que es como si dijéramos dineros condales, ó dine- 
ros de los condes; y otros en la villa de Agramunt, y á 
estos llamaban dineros acrimonteses, y unos y otros eran de 
una liga y valor, aunque algo diferentes en los señales, 
pero en el valor iguales; y todo era uno pagar en dineros 
de Agramunt ó en dineros condales ó de los condes. Y por 
eso el conde don Pedro, en su testamento, ordenando la 
caridad y limosna de fundaciones pias dice: et dentur cuili- 
bet diclorum preshilerorum qui fuerint in celehratione dkta- 
rum missarum et unam de ipsis dixerit ob Dei reverentiam 
duodecim denarii Acrimontis vel comitales Urgelli, de donde, 
y de la combinación he hecho de unos dineros y otros, in- 
fiero ser todos una misma cosa. 

Eran estos dineros de Agramunt y comitales Urgelli del 
mismo valor que los jaqueses, y consta de muchas escritu- 
ras antiguas. En un auto hecho á 19 kalendas septembris 
MCCCXV, folio 129 de un registro del archivo real de 
Barcelona, intitulado Comitatus Urgelli anni MCCCXIV us- 
que MCCCXXVII, dice el infante don Alfonso, conde de 
Urgel, que después fué rey de Aragón, estas palabras: et 
ideo retinuit sibi dictus dominus rex in solutum et satisfactio- 
nem predictorum dictam monetam jaccensem pro dicta moneta 
acrimotensí cum tantum valeat moneta acrimontensis quantum 



( 297 ) 
valel moneta jaccensis; y en el mismo registro, folio 127, 
hay otro auto hecho el mismo dia, en que se leen estas 
palabras: et ideo retinuimus nohis predictas quadraginta milk 
libras acrimontenses de predictis quinquaginta mille sexcentis 
quinquaginta lihris acrimontensibus in solutum et satisfactionem 
diclarum quadraginta mille librarum jaccensium cum tantum 
valeat moneta acrimontensis quantum valet moneta jaccensis; y 
ya en otro auto hecho pridie idus julii del mismo año, que 
es en dicho registro, folio 126, dice: concedimus vobis red- 
piatis et recipere possitis et retiñere in solutum et compensa- 
tionem quadraginta mille librarum jaccensium de predicto de- 
bito quadraginta mille librarum acrimontensium de illis pecu- 
nie quantitalibus etc. Diferenciábase esta moneda de la de 
Barcelona, porque el dinero jaqués y el de Agramunt y el 
de los condes era de mas valor que el de Barcelona, por 
ser de mejor metal, y por eso el sueldo jaqués valia ca- 
torce dineros y aun mas que el de Barcelona, y esta subia y 
bajaba, según las ocasiones y tiempos, y en el año 1322, 
en una época que firman los marmesores del testamento 
del conde Armengol, el rey don Jaime, reduciendo la una 
moneda á la otra, dice, que aquel año, en Lérida, el 
sueldo jaqués habia valido catorce dineros barceloneses y 
una pugesa; y antes, en el año 1315, catorce dineros de 
Barcelona vallan doce dineros y tres pugesas jaquesas; y en 
el año 1327, el sueldo jaqués vino á valer diez y seis dine- 
ros barceloneses; y de esta manera subian y bajaban estas 
monedas, y aun en el dia de hoy vale el sueldo barcelonés 
once dineros de Jaca y el ducado veinte y cuatro sueldos 
barceloneses y veinte y dos jaqueses, y de esta manera se 
reducen y cuentan estas monedas en el Racional de Cataluña, 



( 298 ; 
donde se toman las cuentas de las rentas reales de algunos 
vecinos de la Corona de Aragón. Bien es verdad que en 
nuestros dias los dineros de Barcelona y jaqueses no son 
en la bondad y mixtura de los metales lo que eran en 
aquellos tiempos; porque todo se ha alterado, y yo no en- 
tiendo hablar de la moneda que ahora corre, sino de la 
que corria en tiempo de los condes de Urgel. De estas 
monedas de los condes solo han venido á mis manos dos 
maneras ó especies de ella, una de cobre, y es del tamaño 
de un real catalán, antes mas que menos: á la cara son los 
cuatro palos de las armas reales, y al reverso los escaques 
de Urgel de esta manera, sin conocerse letras algunas: 





la otra especie es de mejor metal, y se conoce que de 
las doce partes de él la tercera es plata. De estas he visto 
de los condes Armengoles, y del conde don Pedro, y tie- 
nen á la una parte una cruz de las que llaman pateas, 
con cuatro puntos ó róeles entre los cuatro brazos de la 
cruz, y al reverso hay un cayado de pastor en medio de 
unas yerbas y flores, como por significar la fertilidad del 
condado de Urgel y vizcondado de Ager , así en diversidad 
de granos, como ganados, y al rededor se leen estas pala- 
bras: en unas, ERMENGAUDUS COMES URGELLI; en 
otras, PETRUS DEI GRATIA COMES URGELLI. 
Otras habia, á la cara, con la cruz del modo que en las 



( 290 ) 
otras, y al reverso las armas del conde don Pedro, y al der- 
redor: PETRUS DEI GRATIA COMES URGELLI VI.... 

(por faltar lo demás, que es : CECOMES AGERENSIS); y 
eran del tamaño de un ardite catalán, aunque muy delgados, 
y pesa cada uno de estos dineros cinco granos de plata. 

Otros dineros habia del mismo peso y tamaño: á la cara 
la cruz, y al reverso una V con un cayado de pastor en me- 
dio de ella, y al rededor unas letras, que leídas con tra- 
bajo, dicen: ACRIMON. URGE. ERMENG. COM. 

Sin estas habia otras de hoja de latón , delgado como 
fuslera, y del talle de los dinerillos con que los clérigos en 
el coro pagan sus distribuciones, y propiamente no se pue- 
den llamar moneda, porque no es señalada sino á la una 
parte: es del tamaño de los otros dineros, pero el peso es 
poco y solo llegan á dos granos, y creo que debian ser 
mallas ó pugesas, y por tales corrían ; y las que yo he 
visto, todas son del tiempo de la infanta doña Teresa, por- 
que al rededor se ven estas letras: TE. COM., y en otras, 
TER. COM.; y de estas aun hay algunas, porque como 
en ellas no había mas de la hoja de latón, y aun esa muy 
delgada, no podían aprovechar á nada, como las otras en 
que había mucha plata; y solo tenían cara, y no reverso, 
porque con un punzón de acero quedaban señaladas. Estas 
eran las monedas que hacían los condes. A mas de ellas 
corrían también pugesas, y de estas había en muchas ma- 
neras: las mejores eran las de la ciudad de Lérida: estas 
eran de metal, de peso cada una de catorce dineros de 
plata; á la cara estaban las tres' flores de lis de Lérida, 
que vulgarmente llaman los ramilletes, sin letras algunas, 
y á la otra las mismas llores, y al rededor dice: PUGESA 



( 500 ) 
DE LEYDA. Cada una de ellas tenia el valor de la 
cuarta parte de un dinero, el cual en Cataluña se divide en 
mallas, que llaman oholus en latin, y las mallas se dividen 
en pugesas, y estas en latin las llamaban pktas, y usaban 
mucho por aquella tierra: yo he visto muchos privilegios 
y concesiones de batirlas, y por ejemplo traigo uno del in- 
fante don Alfonso, que, siendo rey de Aragón, le concedió 
á Ramón de Cortit, v era de esta manera. 



Nos Alfonsus Dei gratia rex Aragonum Valentiíe Sardiniae et 
Corsicae ac comes Barchinonae dignum arbitramur et congruum 
quod beneméritos qui jugiter in iiostris adherent serviliis et in 
eisdem laborare niluntur fideliter noslris regiis favoribus pro- 
sequamur: Considerantes igitur quamphirimis servitiis nobis per 
vos fidelem oostrura Raimundum Cortiti exhibitis et que exhi- 
bere nitimini incessanter neo minus probilalis vestre meritis con- 
templatis cum praesenti caria noslra concedimus vobis dicto Rai- 
mundo quod quamdiu nobis placuerit possitis cudere seu cudi 
faceré in villa et valle Ageiensi monetam pictarura sive puge- 
sas de metallo aeris dumtaxat ad figuram sive sigillum veslrura 
io eisdem impressum prout alii quibus in comilatu Urgelli po- 
testatem cudendi pictas conluUmus cudunt seu cudi faciunt ac 
fecerunt easdem. Vos vero tenearaini antequam dictas pictas 
sive pugesas incipiatis cudere seu cudi faceré assecurare idonee 
in posse bajuli ejusdem villa3 Agerensis per idóneas cauliones 
quod quandocumque dictaB pugesiae ab earum valore niinuenlur 
seu ab aliquibus recipi comuniter recusentur ipsas pugesias 
juxta earum valorem et extimationera recipialis a personis quae 
ipsas tenuerint et per vestros successores recipi in posterum 
faciatis. Mandantes per praísentem eidem bajulo nec non uni- 
versis et singulis officialibus nostris praesentibus et qui pro tem- 
pere fuerint quod concessionem nostram hujusmodi firmam ba- 
beant et observent et faciant ab alus invioiabiliter observari 
dum de nostro processerit beneplácito voluntalis et non contra- 
veniant nec aliquem contra venire permiltanl aliqua rationc. In 



( óOl ) 
ciijus roi toslimonium prftsenlem carlam nosliam indo fieri jus- 
siinus nostro pendenli sigillo munitam. Dala llerda; décimo ka- 
IcDdas decerabris anno üomini MCCCXXVIII. 



Y después en Tortosa, lerlio idus septemhris MCCCXXXÍ, 
concedió lo mismo á Pedro Ferrer de Agramunt : y sin 
estas hay otras muchas concesiones, que eran en aquel tiem- 
po necesarias en el condado de Urgel para el común co- 
mercio, por haber entonces poco dinero, de donde nacia 
también otra comodidad , y era ser todas las cosas mas 
baratas que ahora, que hay tanto, porque es cierto que la 
abundancia lo encarece todo y la falta lo hace barato. 

Eran los condes muy celosos de su moneda, y no su- 
frian fuese recusada en los lugares y pueblos donde solia 
correr, en las compras y ventas. Sobre esto tuvo el rey don 
Alfonso algunos disgustos con don Arnaldo de Lordat, que 
habia hecho alguna ordinacion en perjuicio de esta mo- 
neda, y le envió una carta que decia: 



Alfonsus Del gralia rex Aragonum ct comes Barchinone vc~ 
nerabili ín Christo paírl A. divina providenlia Urgellensi cpis- 
copo sahitcm. Ad nostrum noveritis pervenisse audilum quod 
vos auctorilate propria ordinaslis quod in loco de Sanahuja in 
quo raoneta acrimontcnsis currebat et perciplebalur in veudi- 
tionibus et emptionibus et alus quibuscumque contractibus a 
tanto tempore citra quod horainum memoria in contrarium non 
existit currit nunc et percipitur raoneta barchinonensis el ins- 
trumenta quoruncumque contractuum fiunt ad monetam barchi- 
nonensem supradiclam. Sane cum predicta ordinatio si ¡la est in 
prejudilium comitatus Urgelli redundare noscatur: ideo jura et 
libértales conservare volentes utconvenit iliibatasrequirimus et 
monemus vos quatenus ordinationem prediclam revocare curetis 



( 302 ) 

alias nos ad conservationem juris dicli comitatus provideremus 
in prediclis suadente justilia prout fuerit facienduni. Dala Valen- 
tie V kalendas februarii anno Domini MCCCXXXII. 



Y el obispo revocó todo lo que habia hecho en perjuicio 
de la moneda acrimontense. 

Corria asimismo en el principado de Cataluña y en ei 
condado de Urgel moneda de plata del mismo quilate, valor, 
peso y hechura que son los reales catalanes que usamos el 
dia de hoy, y se echa de ver en los que han quedado y se 
conservan de los reyes Alfonsos, Jaimes, y Pedros: llamá- 
banlos, no reales como hoy, sino croats, por la cruz que ha- 
bia en ellos, y tuvieron diversos valores y precios, y de quin- 
ce dineros y aun menos que habian valido en tiempo del rey 
Alfonso el sabio y sus antecesores, han venido á valer veinte 
y cuatro dineros. Corrian asimismo medios reales , que 
llamaban sueldos ó medios croats, por valer la mitad del 
real ó croat, y esta era la moneda mas usada en los con- 
tratos, ventas y compras, de suerte que como hoy contamos 
por libras, en aquellos tiempos todo era contar por suel- 
dos, como en Castilla por maravedises; porque como ha- 
bia tanta penuria de moneda, hacia tanto uno con un suel- 
do en aquel tiempo , como en el nuestro con una libra. 
Ya en otra parte de este libro traigo un arancel del valor 
de las aves y del trigo y del vino en Castilla y en Cataluña, 
en que se echa de ver que era tan rico uno con diez 
sueldos, como el dia de hoy con diez escudos. 

Toda esta moneda barcelonesa , así de plata como de 
metal, y la del condado de Urgel, tiene cruz, como la suele 
tener toda suerte de moneda de cristianos, los cuales es 



( 305 ) 
muy justo que con tan divino y salutífero carácter seña- 
len todas sus cosas, y mas la moneda que tanto traemos en 
las manos, y por quien muchos olvidan y aun desconocen 
aquel Dios y Señor nuestro que santificó y dio valor á 
la cruz, cuya virtud es tanta, que hablando de esta materia 
dice un autor: fieri enim non potest, quin ex tot millihus qui 
monetam crucigeram quotidie versant ac reversant, qucerant aut 
secum reputenl, quid crux sihi velit? Quale sil simholum? Cujus 
misterü misterium? Quce crucis virtus? Quce potentia? et id ge- 
nus alia; y esto es muy antiguo en la república cristiana, 
y el emperador Constantino fué el primero que la puso en 



t- 



sus monedas en esta manera If^ ; y aunque ya antes de él 

habia emperadores cristianos, pero no hay memoria que en 
sus monedas esculpieran este sacrosanto y divino señal, aun- 
que sus sucesores lo usaron, como parece en las medallas 
de Crispo, de Constantino, de Contancio y de Constante, 
sus hijos, de Magnencio y Decencio, tiranos, de Galo Cé- 
sar, hermano de Juliano Apóstata, de los emperadores Va- 
lentiniano y Valente, Teodosio jMagno y sus dos mujeres 
Elia Placila y Gala Placidia, de Arcadio y Honorio, del 
otro Teodosio, de Elia Eudoxia, su mujer, de Valenticiano 
tercero, de Licinia Eudoxia, su mujer, Gala Placidia, su 
madre, y Honoria, su hermana, de Marciano, de Elia Pul- 
cheria, su mujer, de León, emperador del Oriente, y de Ma- 
yorino , del Occidente, de Anthemio, de Julio Nepote, de 
León el Mozo, de Zenon, de Basilisio, de Anastasio, de 
Justino el Viejo, de Justiniano (y este fué el primero que 
puso la cruz sobre el globo, ó bola ó mundo que llevan los 



( 304 ) 
emperadores en las manos), de Mauricio, de Focas, de He-^ 
radio, de Juan Paleólogo, de Teófilo, de Basilio Macedo- 
nio y de otros muchos, y de otros cesares y emperadores, 
sus sucesores, según parece en Grazerio Bossio, y otros que 
tratan de cruces; y en los Diálogos de don Antonio Agus- 
tin, arzobispo de Tarragona, y en aquella historia de los 
siete durmientes se prueba cuan ordinaria era en aquellos 
tiempos la cruz en los dineros, porque habiendo salido uno 
de ellos de la cueva, donde habia dormido mas de ciento 
setenta años, para comprar el sustento, fué preso por gentil, 
porque pagaba con moneda de gentiles, ó porque se sospe- 
chó que habia hall?ido algún tesoro antiguo y pretendia el 
fisco ser suyo; y él dio por defensa (porque ignoraba haber 
dormido tanto), que aquella era moneda muy ordinaria. Al 
comprobarla con la que usaba en el tiempo que despertó, 
halló en toda la señal de la cruz, y con esto se descubrió 
lo que pasaba. Esto fué el año 430 dle Cristo Señor nues- 
tro, é imperaba Teodosio;y desde aquellos siglos hasta nues- 
tra edad, se ha conservado esta buena costumbre, y como 
dije, apenas hay moneda de cristianos que esté sin esta se- 
ñal; y aunque cada príncipe y república pone en las mo- 
nedas sus armas, señales ó empresas, pero en todas hay cruz, 
y cuando no, imagen de algún santo ó palabras de la sa- 
grada Escritura, en que se echa de ver la religión y piedad 
de los que batieron la tal moneda; y por eso los reyes ca- 
tólicos don Fernando y doña Isabel, en los reales de plata 
que batieron, antes de aquellos en que vemos el yugo y sae- 
tas (empresa propia de ellos), ponian á la una cara la águila 
del Evangelista san Juan, con una diadema ó patena en 
la cabeza, y al pecho las armas de Castilla, y á la otra las 



(. 305 ) 
de Cataluña y Sicilia, con un mote que decia: DOMINUS 
MIHI ADJÜTOR; y lo mismo hacían en los doblones que 
llamaban de á dos ó dedos caras, y nosotros hoy llamamos 
trentines, por valer treinta y tres reales catalanes, en que 
está el águila con la misma corona, y un mote al derredor 
que dice: SUB UMBRA ALARUM TUARUM PROTEGE 
NOS; y aunque generalmente todos ponen cruz, pero unos 
la forman de una manera, otros de otra. Los reyes cató- 
licos de España en sus doblones de oro la ponen como la 
de Jerusalen, que Casaneo llama Pontemiata, y por esto 
en Cataluña los llamaban creuhets ; los reyes de Portugal 
hacían lo mismo en sus festones, y los de Navarra no la 
olvidaron en sus monedas. 

Enrique, rey de Inglaterra, hizo unos doblones de oro, á 
la una parte un san Miguel y á la otra una nave , con sus 
armas en medio de ella, y por timbre de ellas una cruz muy 
grande y vistosa (no dice qué Enrique era), y al derredor 
un mote que decia : PER CRUCEM TUAM SALVA NOS 
CHRISTE REDEMPTOR; y dice Polidoro Virgilio; lib. 16 
de la historia de Inglaterra : « era ley de aquel reino, que 
las monedas de plata habian de tener una cruz tan grande, 
que llegasen los brazos de ella al extremo de las tales mo- 
nedas ; y por eso Eduardo , rey de Inglaterra , ó la ciudad 
de Londres , á la una parte puso su rostro , y á la otra una 
cruz, con unas letras al derredor, que dicen: POSUI DEUM 
ADJUTORIUM MEÜM. LONDON CIVITAS; y en las his- 
torias de Escocia , hallamos que Donaldo , que fué el pri- 
mer rey cristiano de aquella isla , batió monedas de oro y 
de plata , que tenian á la una parte la santa cruz y á la 
otra su rostro , acordando con esta señal á sus sucesores ha- 
TOMO X. 21 



( 306 ) . ' 

ber sido él el primero que tomó la religión cristiana. 

El rey don Fernando el primero de Aragón hizo unos 
reales, que á la una parte puso su rostro, y a la otra una 
cruz con unas le Iras que decian : INIMICOS EJUS IN- 
DUAM CONFUSIONE ; y cuando no habia lugar de me- 
ter en la parte mas principal de la moneda la cruz , la po- 
nian al derredor , antes del nombre del príncipe ó del mo- 
te que habia de haber. Así lo hizo el rey don Pedro de 
Castilla en sus reales , que ponia su rostro y nombre , y al 
reverso una P. con una corona real como por tilde , y so- 
bre ella una cruz, y luego unas letras que decian: DÓMI- 
NOS MIHI ADJÜTOR ET EGO DESPICIAM INIMICOS 
MEOS. Así lo hizo también el rey don Martin de Sicilia, 
que en los reales puso á la una parte una águila, y á la 
otra las armas de Cataluña , y al derredor , á la parte del 
águila : ^ MARTINUS DEI GRATIA REX SICILIE ; y 
á la parte de las armas : )$^ AC ATHENARUM ET NEO- 
PATRIE DUX : así que antes de poner su nombre y títu- 
los, antecedía la Santa cruz; y lo mismo observaron el rey 
don Juan, que sucedió en aquel reino, y el rey don Enrique 
el cuarto de Castilla y otros que dejo. Pero ¡qué nos ma- 
ravillamos que estos príncipes tan católicos honraran sus 
monedas con tan divina señal , divisa y arma propia del , 
cristiano y en que está nuestro bien y salud, si los enemi- 
gos de ella , de quien dice san Pablo , que su fin será ma- 
la muerte y su Dios es su vientre, y su iglesia confusión, y 
su sabiduría no pasa de cosas terrenas, la honran y vene- 
neran , y no pueden negar lo bueno y santo que hay en 
ella , como vemos en unas medallas que trae el padre Gri- 
zerio, déla Compañía de Jesús, en el libro de Santa Cruz, 



( 507 ) 
que á la una parte está la Santa cruz , con unas letras al 
derredor que dicen : CRUX CHRISTI MEA SALUS , y á 

la otra el rostro del impío y malvado heresiarca Lutero, 
autor de aquella medalla (en lo que se verificó el refrán 
castellano que dice: tras la cruz está el diablo)! que sien- 
do aquel sacrilego hombre el mayor enemigo de ella , no 
pudo disimular , que en ella está nuestra salud y biena- 
venturanza ; Y aunque hay algunas monedas de católicos en 
que los dueños de ellas no la pusieron , pero en lugar de 
ella ponian la imagen de algún santo , como el pontífice 
romano san Pedro , el reino de Hungría la Virgen nuestra 
Señora con su hijo en los brazos, la ciudad de Bolonia san 
Petronio , Venecia el león de san Marcos , los duques de 
Saboya la Anunciación de Nuestra Señora, y así otros , se- 
gún las devociones de cada uno. 

Estas cruces que están en las monedas están adornadas 
de diversas maneras , ya con flores en los remates , que 
Casaneo por eso las llama cruces florenciatas , como las de 
los reales de los archiduques Alberto é Isabel ; ya anchas 
y extendidas en los remates , como las de los reales ca- 
talanes y de los reales que dije del rey don Fernando el 
primero y del rey de Navarra y del rey de Inglaterra ó de 
la ciudad de Londres, y otras que Casaneo llama cruces pa- 
teas , como la de Jerusalen ; ya de otras maneras , según 
la invención y sentir de cada uno: y al derredor de ellas, 
porque estén mas vistosas y acompañadas y con mejor ador- 
no , ponen ó cruces pequeñas , como las de Jerusalen , ó 
róeles , ó flores , ó arandelas de lanzas , como lo vemos en 
las cruces de los reales y monedas catalanas , que al derre- 
dor de la cruz están seis róeles y dos arandelas de lanzas, 



( 308 ) 
no como el vulgo dice, en memoria del pan y hogazas de 
Barcelona, que cuenta Desciot en su historia, sino por 
adorno y galantería; y así el rey Fernando metia entre los 
brazos de la cruz cuatro róeles , la ciudad de Londres 
doce, y el rey de Navarra dos coronas, una flor de lis y 
un carácter gótico que parece una I, como se echa de ver 
en los róeles del rey don Juan; y con estos y otros ador- 
nos, no quedan vacíos los espacios que hay entre los bra- 
zos de la cruz; y siguiendo esto los condes de ürgel, hacian 
cuatro puntos ó róeles entre los brazos de la cruz, y en los 
dineros de Agramunt unos florones pequeños. 

Esto es en cuanto á las monedas de vellón y plata que 
corrian en el condado de Urgel y Principado de Cataluña; 
pero sin estas habia otras de oro, y eran tantas las espe- 
cies de ella, que habia muchos mercaderes , que llamaban 
cambiadores, que no entendian en otra cosa, sino en cam- 
biar unas monedas con otras; y en Barcelona habia tantos, 
que dieron el nombre á una calle donde vivian , que aun 
el dia de hoy llaman los Cambios, por lo mucho que se 
cambiaba en ella ; y por algunos abusos que sobre esto 
habia , erigieron en aquella ciudad, en el año 1441, la 
tabla cuyo nombre propio es Tabla del cambio y depósito, 
por lo mucho que se cambiaba en ella y depositaba ; y 
con todo no bastó esto para remediar las grandes confusio- 
nes que babia con tantas monedas de oro, traidas de di- 
versos reinos del mundo, por razón del gran comercio y 
negociación habia entonces en Barcelona y demás tierras de 
la Corona de Aragón. Y por eso los reyes católicos, reco- 
giendo toda esta moneda, batieron los doblones de á dos 
y sencillos, que, como dije, llaman el dia de hoy trentines; 



( 509 ) 
Y con esto quedó el pueblo libre de los cambios é intere- 
ses que padecia con el trueco de las monedas, y de la con- 
fusión y necesidad de conocer tanta diversidad de ellas 
y hacer las reglas de reducción de las unas á las otras, en 
que padecían los ignorantes gran daño y pérdida; y porque 
no queden del todo olvidadas, traigo aquí un arancel de 
las que han venido á mi noticia, del peso, quilate, señales 
y demás que he podido averiguar, sacándolo de escrituras 
auténticas, y aun de la comprobación que he hecho de al- 
gunas de ellas que han llegado' á' mis manos. 

Tratando de las riquezas del 'conde don Pedro, refiere 
Laurencio Valla, autor casi contemporáneo suyo, que tenia 
en su tesoro monedas de diversas regiones y tierras, y en 
tanta abundancia, que admiraba á los que las veian; y juzga 
aquel autor, que seria dmero muerto y sin provecho, por 
ni) ser todo moneda corriente; pero no era así, antes era 
moneda muy ordinaria y usada en Cataluña, y habia en oro 
mas de cincuenta maneras y especies de ella, que aunque 
generalmente eran de este metal, pero diferenciábanse en 
muchas cosas las unas de las otras;' y un hombre que alle- 
gase tesoro, como el conde don Pedro, era forzoso reco- 
giese de todas, según le venian á la mano; y así, tomando 
ocasión de esto, he querido meter aquí el arancel de ellas, 
cierto que hasta hoy no ha salido á luz dándose á la im- 
prenta. 

La moneda mas frecuente y ordinaria y propia de esta 
tierra eran los florines, que llamaban de oro de Aragón: 
estos batian los reyes, y llamábanse florines, ó por razón 
de una flor de lis habia en ellos, ó por haber tenido su 
principio en Florencia, ciudad de la Toscana, cuyos natu- 



(-510) 
rales en aquellos tiempos habian tenido gran comercio 
con los pueblos de la Corona de Aragón, donde estaban 
expatriados muchos de ellos, y apenas habia ciudad de con- 
sideración donde no tuviesen numerosas cofradías ó cole- 
gios, en que se juntaban á tratar sus cosas. En Barcelona 
aun queda rastro de esto en el monasterio de San Agustin, 
donde tenian la capilla de San Juan Bautista, que es de 
las mas grandes y capaces de todas las de Barcelona: y des- 
pués de salidos ellos de aquella ciudad, por conveniencias 
públicas, la dieron los religiosos de aquel monasterio á la 
familia y linaje de Cassador, que siendo dueños de ella, qui- 
taron todas las armas de los florentinos y metieron las suyas, 
salvo en dos ladrillos del altar, donde el sacerdote tiene los 
pies, que esas quedan, y en ellos una flor de lis, como la 
que estaba en los florines de que tratamos, que por usar 
tanto, los mas de los contratos se hacian con ellos: en la- 
tin los llamaban áureos, y por este vocablo eran ellos, por 
antonomasia, entendidos; y aunque habia otra mucha mone- 
da de oro, pero esta era la mas corriente y usada y casi 
propia de la tierra, y tan propia, que estando ya acabados, 
y, si no es por reliquias , no hallándose uno , todas las 
penas que pone el rey por observancia de sus privilegios y 
mandamientos son de florines, y esto lo vemos á cada paso, 
y es muy ordinaria la de los quinientos florines aplicadores 
á los cofres reales. Era el peso de ellos sesenta y ocho gra- 
nos, y el oro de ley de diez y ocho quilates. A la cara ha- 
bia un san Juan Bautista, y al reverso una flor de lis. Han 
tenido diversos valores y precios: en tiempo del rey don Pe- 
dro el Ceremonioso, en las cortes que se celebraron en la 
ciudad de Tortosa, se ordenó que el florin valiese once 



( -'ll ) 

sueldos, y por ese valor corriera y fuera recibido en todos 
los contratos y pagas, compras y ventas, y que los cambia- 
dores hubieran de dar, en trueco de cada florin de mone- 
da barcelonesa, diez sueldos y once dineros, y no menos, 
y esto so graves penas, según parece en una provicion ó 
prácmatica real, hecha en Tortosa á 15 dias del raes abril 
del año 1365; y de esta manera se entretuvo mucho tiem- 
po; y en el año 1410 , que murió el rey don Martin, 
valia lo mismo: después valió trece sueldos barceloneses, y 
en el año de 1490 diez y siete sueldos, y así se quedó, y 
el dia de hoy lo cuentan de esta manera; y aunque no los 
hay, pero en las penas y derechos se han de pagar con flo- 
rines, los cuentan á dicho precio. 

Noble de nave viejo era otra moneda de oro, y á la una 
parte tenia señalado un hombre noble, dentro de una nave, 
con una espada en la mano y un escudo en la otra, con 
flores de lis y leones dentro del escudo: es su peso de dos 
florines y trece granos; su ley es de veinte y tres quilates 
y tres cuartos; su valor, siendo del dicho peso, es de treinta 
sueldos, y si falta algo, se quita á razón de tres dineros 
por cada grano que falta. 

Otros hay de Inglaterra y tienen el mismo señal, pero 
eran moneda mas moderna, y el peso era dos florines no 
mas, y su valor veinte y ocho sueldos, siendo del dicho 
peso. 

Doble cursada vieja de Castilla se conocia que- de la 
una parte tenia un rey coronado, y de la otra parte dos 
leones y dos castillos, el uno contra del otro: su peso era 
un florin y veinte y siete granos; era á ley de veinte y tres 
quilates y tres cuartos. 



( 312 ) 

Doble castellana de la banda se conocía, porque á la una 
parte tenia una barra que estaba de travieso como banda, y 
á cada cabo de ella una cabeza de dragón, y de la otra 
parte dos castillos y dos leones, como la doble cursada: su 
peso era un florín y veinte y dos granos, y valia quince 
sueldos cuatro dineros, y era á ley de diez y nueve quilates. 

Doble morisca vieja tenia á la una parte ciertas letras 
moriscas, y á la otra ciertas señales, para nosotros incóg- 
nitas: su peso era un florín y veinte y dos granos, y era á 
ley de veinte y un quilate: valia quince sueldos, ocho di- 
neros. 

Doble baladina á la una parte tenia letras moriscas, y 



^ 



á la otra ciertas señales, y ente ellas esta X X • Es de ley 

de veinte y un quilates: el peso era un florin y veinte y 
dos granos, y valia quince sueldos. 

Doble forcia tenia á todas partes caracteres moriscos: era 
del tamaño y ruedo del florin de Aragón, pero mas gruesa: 
había de muchas leyes, y no se podían conocer, sino era 
dándoles un toque: había de ellas que llegaban á veinte y 
dos quilates y medio, pesaban un florín y veinte y cuatro 
granos, y valían las mejores diez y seis sueldos, seis dineros. 

Escudo viejo tenia á la una parte un escudo con tres 
flores de lis dentro de él, y sobre el escudo había una 
corona, y á la otra parte había una cruz grande: pesaba 
un florín y nueve granos, y valía, siendo del dicho peso, 
quince sueldos y nueve dineros. 

Escudo nuevo de Tolosa, llamado así, aunque impro- 
piamente, por ser propio nombre Escudo de Mompellcr, 



( 313) 
tiene á la una parte un escudo con tres flores de lis, y á 
la otra una grande cruz, ^ al lado hay una corona que lla- 
maban de Tolosa, de do vino llamarlos escudos deTolosa: 
eran á ley de veinte y dos quilates y algo mas; valian quince 
sueldos dos dineros, y pesaban un florín , y habia algunos 
de ellos que j^nian dos coronas junto al escudo. 

Otros escudos habia que eran propios de Tolosa, y á la 
una parte habia un escudo con tres flores de lis, con corona, 
y á la otra parte habia una cruz grande: pesaban un florin 
y seis granos, y valian quince sueldos, dos dineros. 

Escudos de Tornay, á quien llamaban torneses, y habla de 
ellos Desclot, en su historia, lib. 2, cap. 9: á la una parte ha- 
bia un gran escudo, y á la otra una grande cruz, y era su qui- 
late de mal conocer: los mejores eran á ley de veinte quilates; 
pesaban un florin y cuatro granos, y valian trece sueldos. 

Escudos de Niza eran como los Tornay: el oro era como 
el de los escudos que decian del molton ó del carnero; va- 
lian once sueldos, y eran á ley de diez y ocho quilates: no 
hallo qué peso. 

Ducados de Venecia á la una parte tenian al Padre Eter- 
no, con estrellas al derredor, y á la otra parte san Marcos, 
con un ángel arrodillado: era su peso un florin y un grano: 
valian quince sueldos cinco dineros, y el oro era de ley de 
veinte y tres quilates y tres cuartos. 

Ducado romano tenia á la una parte el Padre Eterno, 
como los venecianos, con un ángel que está arrodillado, con 
una verónica en las manos, y á la otra parte san Marcos, y 
hay unas letras que dicen; Roma caput mundi; su peso es 
un florin y un grano, á ley de veinte y dos quilates: valia 
quince sueldos. 



( ol^ } 

Ducado del rey era como el veneciano, y valia quince 
sueldos, cuatro dineros. 

Ducado de Rodas: á la una parte es san Marcos y á la 
otra el Padre Eterno, y san Marcos tiene debajo los pies 
una cruz como la de los caballeros de San- Juan: 63 su 
peso un florín y un grano, y vale doce suelfios y ocho di- 
neros, á ley de veinte quilates. 

Ducado turco: á la una parte es Dios Padre, y á la otra 
san Marcos, así como el veneciano; su oro es muy blanco 
y llamábanle oro cato; valia diez sueldos cuatro dineros, y 
su peso era un florin y un grano. 

Florin de Florencia: á la una parte habia un san Juan 
Bautista, y á la otra una gran flor de lis, así como los de 
Aragón, y los habia grandes y pequeños: era su peso un flo- 
rin y un grano, á ley de veinte y tres quilates y tres cuar- 
tos, y valia quince sueldos, seis dineros. 

Florin de Genova, que llamaban genovés: habia á la una 
parte un castillo, y á la otra una cruz: su ])eso era un flo- 
rin y un grano, á ley de veinte y tres quilates, y valia 
quince sueldos y seis dineros. 

Florin de Sena: á la una parte habia una grande S, y á 
la otra una cruz, como el de Genova, á ley de veinte y tres 
quilates y tres tercios. 

Florin de Carabré: á la una parte hay un duque armado 
que sube á caballo, y á la otra un yelmo sobre un escudo, 
y en él una sierpe que se traga un dragón: su peso era 
un florin y un grano, valia catorce sueldos y seis dineros, 
y es á ley de veinte y dos quilates y tres cuartos. 

Florin del Rin: de la una parte es san Juan, y de la 
otra un escudo con palos; y de estos hay de muchos cuños, 



( 515 ) 
y aunque todos á la una parte tienen á un san Juan, |3ero 
á la otra habia diversos señales: su peso era un florín y 
un grano, y habia de ellos de diversos quilates: los mejores 
eran de veinte, y valían doce sueldos y seis dineros, y algu- 
nos de ellos tenian el señal de Flandes. 

Florín de Bolonia: á la una parte tenia un león, con 
una bandera á los pies, y á la otra la imagen de san Pedro 
con la llave en la mano: era su peso un florín y un grano, 
valia catorce sueldos seis dineros, y era á ley de veinte y 
dos quilates. 

Florín del papa Martin, que llamaban de Cambré: tenia 
á la una parte una corona, y sobre ella otra, y á la otra 
parte san Pedro con las llaves en las manos: su peso era un 
florin y un grano, valia catorce sueldos, seis dineros, y era 
á ley de veinte y dos quilates. Otros habia del mismo peso 
y quilate y á la una parte era San Juan, y á la otra una 
pierna en medio de un escudo. Otros habia del mismo peso, 
que llamaban de Cambré: valian lo mismo; el oro era de 
veinte y un quilate, y á la una parte era san Juan Bautista, 
y á la otra una flor de lis. 

Florin de Pisa: á la una parte tenia una imagen de la 
Virgen nuestra Señora, con su hijo en los brazos, sentada 
en una silla, y á la otra una águila coronada, con las alas 
extendidas: su peso era un florin y un grano, valia catorce 
sueldos seis dineros, y era á ley de veinte y dos quilates. 

Florin de Madama: era del mismo peso, valor y quilate, 
y á la una parte habia san Juan, y á la otra una cruz gran- 
de, con tres mas pequeñas al derredor. 
' Florin de Santa Elena: á la una parte hay una cara de 
hombre, y al reverso un ángel con una cruz en la mano: 



( 316 ) 
era su peso un florip y un grano, valia diez y seis sueldos, 
seis dineros, y era de ley de veinte y ^ tres quilates y cuatro 
cuartos. 

Florin de Luca: en la una parte tenia san Pedro, con las 
llaves, y á la otra una testa de rey: valia catorce sueldos, 
seis dineros, y era de la ley de veinte y tres quilates y un 
cuarto. 

Florin del papa Alejandro: á una parte habia un sol con 
rayos, y á la otra san Pedro: su peso era un florin y un 
grano, valia catorce sueldos dos dineros, y era de veinte y 
tres quilates y tres cuartos. 

Florin de Bohemia: á la una parte habia un rey con co- 
rona, con una vara en la mano derecha, y un globo á la 
otra, con una cruz pequeña sobre ella, y á la otra parte un 
león con una cola que remata en dos ramales ó dos colas: 
su peso era un florin y un grano, valia catorce sueldos seis 
dineros, y era su ley de veinte y tres quilates y dos ter- 
cios. 

Florin de Riga: á la una parte estaba la Virgen nuestra 
Señora, con su hijo en los brazos, y á la otra parte un 

mundo de esta hechura r j : era su valor doce suel- 
dos, el peso un florin y un grano; su ley era de veinte qui- 
lates, y de estos habia algunos que á la parte donde está la 
imagen de Nuestro Señor habia un obispo. 

Franco á pie: á la una parte habia un hombre á pie, 
armado, y á la otra una cruz: valia quince sueldos seis di- 
neros, y pesaba un florin y seis granos y era de ley de veinte 
y tres quilates. 

Franco á caballo: era del mismo valor, ley y quilate: á 



(317 ) 
la una parte habia un hombre armado á caballo, y á la 
otra una gran cruz. 

Franco de á pie de Francia : tenia á la una parte una 
gran cruz y á la otra un rey coronado, sentado en una silla: 
á la una mano tenia una espada, y á la otra un escudo sem- 
brado de muchas flores de lis: es á ley de veinte y tres 
quilates, pesa un florin y veinte y dos granos, y era su valor 
quince sueldos, seis dineros. 

Real de Francia: tiene á la una parte una cruz, y á la otra 
un rey, que tiene en la mano una pierna de hombre: pe- 
saba un florin y seis granos, valia quince sueldos, y era á 
ley de diez y siete quilates y medio. 

Real de oro de Mallorca: á la una parte habia un rey 
coronado, con una espada en la mano, y en la otra una 
bola ó globo, con una cruz pequeña encima de él, y á la 
otra parte hay una cruz con dos palos: era su peso un flo- 
rin y cuatro granos, valia doce sueldos, y era á ley de veinte 
quilates. 

Ducado de Saboya : á la una parte estaba la imagen de 
san Miguel , con un duque que estaba arrodillado á sus 
pies, y á la otra un timbre (llamaban timbre el yelmo ó 
celada que ponen los caballeros sobre sus armaduras): era 
su peso un florin y un grano , á ley de veinte y tres quilates 
y medio , y valia catorce sueldos , cuatro dineros. 

Doble blanquilla morisca: tiene á todas partes unas le- 
tras moriscas , y en el color tiene mas de blanco que de 
amarillo : era el peso un florin y veinte granos, y valia diez 
sueldos. 

Molton de Mampeller : tenia á la una parte un ángel con 
una bandera en la mano , como la del cordero pascual , y 



( '"^i» ) 

á la otra parte una cruz : su peso era medio tlorin y cincií 
granos, era á ley de diez y ocho quilates, y valia ocho suel- 
dos , ocho dineros. 

Otros moltones habia , que llamaban de San Andrés , y 
tenian los mismos señales que los precedentes , y solo se 
conocian en la color del oro : era el peso medio florin y 
quince granos, valian seis sueldos y seis dineros, y eran h la 
lev de diez y seis quilates. 

Timbre de Perpiñan : habia á la una parte un rey con 
vestiduras largas hasta los pies , con cetro y globo en las 
manos , y sobre el globo una cruz pequeña : á la otra par- 
te habia un escudo con un yelmo que , como dije , llama- 
ban timbre , y sobre él , como por cimera , una cabeza de 
dragón : pesaba un florin y once granos , valia quince suel- 
dos , seis dineros, y era su ley de veinte y dos quilates. 

Timbre de Valencia , de quien hace mención Jaime Roig 
en sus poesías : á la una parte tenia un escudo con un 
velmo y una cabeza de dragón sobre él , y á la otra parte 
las armas reales de Cataluña , que el vulgo llama de Ara- 
gón , que son los cuatro palos : era su peso medio florin y 
catorce granos , valia ocho sueldos , seis dineros , y era de 
ley de veinte quilates. 

Costara de Sicilia : habia en la una parte una águila co- 
ronada, con las alas extendidas, y á la otra parte las armas 
reales de Cataluña , que son los cuatro palos. Estas mone- 
das no tenian peso ni ley cierta , y así se tomaban por lo 
que pesaban y por lo que valia el oro. 

Salvis ó Salvos eran unos escudos de oro, llamados así, 
porque á la una parte estaba la salutación de la Virgen 
nuestra Señora , v debajo de ella un escudo , con flores do 



( 5Í9 ) 
lis , y á la otra parte una cruz con un león y una flor de 
lis : era su peso un florin y un grano , valia catorce suel- 
dos , seis dineros, y era de ley de veinte y seis quilates. 

Morabatin de oro, que llamaban de tabla , nuevo, tenia 
de todas dos partes una cruz con letras y caracteres góti- 
cos : pesaba un florin y ocho granos , valia catorce sueldos, 
diez dineros , y era de ley de veinte y dos quilates. 

Morabatin de oro , que llamaban de tabla , viejo , tenia 
asimismo á la una parte y á la otra una cruz con letras y 
caracteres góticos , y pesa también un florin y ocho granos: 
era á ley de veinte y dos quilates, y valia quince sueldos, 
cuatro dineros. 

Morabatin Alfonsino de oro : á la una parte tiene un rey 
armado, á caballo, con la mano alta y la espada en ella, 
y al derredor hay unas letras góticas , y a la otra parte hay 
un escudo , dividido en cuatro , que tiene cá la parte dere- 
cha alta é izquierda baja dos cruces, y á la parte izquierda 
alta y derecha baja las armas de los reyes de Aragón : 
pesaban un ducado y medio, y valian veinte y tres sueldos, y 
eran de veinte y tres quilates. 

Raudill de Flandes : tenia á la una parte un hombre ar- 
mado , á caballo , y tenia en la una mano una espada y en 
la otra un escudo , y bajo del caballo tenia tenia cuatro le- 
tras , y á la otra parte tenia el señal de Flandes , con flo- 
res de lis , compuestas en forma de cruz : valia quince 
sueldos , seis dineros , pesaba un florin y tres granos , y era 
de ley de veinte y tres quilates y medio. 

Besant de Alejandría : tenia de la una parte y de la otra 
ciertas letras ó caracteres moriscos , como las dobles mo- 
riscas , pero eran mas formados y bien hechos que los de 



( 320 ) 
aquellas : pesaban un florín , eran á ley de veinte y clos 
quilates, y valian trece sueldos seis dineros. 

Cuarto de noble : habia á la una parte flores de lis , y á 
la otra las armas de Inglaterra , y valian siete sueldos. 

Escudos de Castilla , llamados Enriques: tienen á la una 
parte un rey coronado , sentado en una silla y la espada en 
la mano , y á la otra parte las armas de Castilla y León, 
en escudo cuartelado: pesaban un florin y veinte y cuatro 
granos , eran á la ley de veinte y dos quilates , y valian 
treinta sueldos. 

Sin estos habia también otros que á la una parte tenian 
un rey coronado , á caballo , con la espada en la mano, y 
á la otra parte las armas de Castilla y León : pesaban lo 
mismo, y eran del mismo valor y quilate. 

Aguilochas ó Aguilotxas: tenian á la una parte un rey co- 
ronado , sentado en una silla con unas águilas por remate 
de ella , y tenia cetro en la una mano y bola ó globo en 
la otra , y á la otra parte habia una águila , con las alas 
abiertas: pesaban un florin y doce granos, eran de ley de 
veinte y cuatro quilates, y valian veinte y seis sueldos. 

Pacíficos eran moneda que batian los reyes de Aragón, 
en Cataluña ; y á la una parte habia un rey coronado, has- 
ta la cintura , y con cetro en la mano , y á la otra las ar- 
mas reales de Cataluña : de estos se batieron muchos en 
tiempo del rey don Juan el segundo , de Aragón , en nom- 
bre de don Pedro de Portugal, y valian, en tiempo del rey 
don Juan, veinte sueldos, y pesaban un florin de oro y eran 
á ley de veinte quilates. 

Sin estas monedas de oro que tengo dichas y de que 
abundaban mas estos reinos , corrían otras que eran tenidas 



( 521 ) 
por falsas , como unos florines que eran hechos como los de 
Aragón , y á la parte de la flor de lis se leia Navarra, y 
se tomaban por ocho sueldos , por ser en el peso y quilate 
muy bajos. 

Habia unos florines que llamaban auprohers enricats , y 
estaban picados y mal hechos, y valían seis sueldos. 

Otros habia de la misma manera, y los llamaban de al- 
quimia, y eran muy blancos, y vahan cinco sueldos, ó cinco 
sueldos , seis dineros. 

Habia florines dichos de Foix, y tenian una imagen de 
San Juan , con una espada sobre la cabeza del santo , y los 
bueyes tenian vueltas las espaldas al santo , y valian seis 
sueldos. 

Estas son las monedas de oro que corrian en tiempo del 
conde don Pedro , según las he podido rastrear, así de es- 
crituras antiguas , como de algunas de ellas que han venido 
á mis manos , y se conservan , por memoria , en la tabla 
de la ciudad de Barcelona , donde estaban recondidos los 
pesos propios y particulares de cada una de ellas, que co- 
mo en aquellos tiempos que se instituyó aquella tabla eran 
tan ordinarias, era necesario tener los ministros de ella muy 
á mano el peso y conocimiento de cada una de ellas, para 
el buen regimiento del cargo les era encomendado. 

Sin estas monedas de oro, se corrieron muchas de plata, 
cuya memoria está el dia de hoy casi olvidada; y para dar 
fin á este discurso de ellas, diré de algunas, según la no- 
ticia he tenido de ellas. 

Mancusos: eran una especie de moneda muy usada en 
tiempo de los condes de Barcelona, y valian doce dineros: 
Usaban en los censos de las casas, que muchos de ellos con- 
Towo X. 22 



(522) 
sistian en esta moneda, así como después en morabatines: 
otros habia que valian siete sueldos, y de ellos queda \a 
dicho arriba. 

Masmodinas Jusefinas: era moneda valenciana, y se lla- 
maban así, por haberlas hecho un rey moro llamado Jusef, 
y valian cuatro sueldos: de estas masmodinas suelen dejar, 
en los testamentos, una en Lérida los eclesiásticos al obis- 
po de aquella ciudad, por los derechos pudieran tocarle en 
los bienes de ellos. iVlgunas habia que eran contrahechas 
y valian tres sueldos, seis dineros, y habla de ellas Beu- 
ter, lib. 2, c. 41. 

Besant: era moneda que corria en las partes de Levante, 
y mas en el reino de Chipre, y era de plata: valieron tres 
sueldos, y por tantos les tomó el rey don Jaime, el se- 
gundo, cuando casó con doña María, hija del rey de Chi- 
pre, que le pagó el dote con esta moneda, que después vino 
á valer tres sueldos, cuatro dineros. 

Agostat: era una moneda de plata, y corria en el reino 
de Valencia: su valor era de doce dineros abajo, y corria 
en tiempo del rey don Pedro cl segundo de Aragón. 

Habia otra moneda muy antigua llamada masmodina de 
oro, y de estas hay memoria en un cabreo está en el ar- 
chivo real de Barcelona, del marquesado de Camarasa, en 
que algunas tierras pagan por censo una masmodina de oro. 
Yo no he podido averiguar qué valia, y según conjeturo, 
era moneda de plata, con alguna mezcla, aunque muy po- 
ca de oro. 

Las mas usadas ahora son, lasque llamamos reales, voca- 
blo propio de Castilla, dichos así por estar en ellos las ar- 
mas y empresas ó divisas reales, como el yugo y saetas de los 



( 525 } 
reyes Católicos, las colunas y Plus ultra del emperador Car- 
los V, los palos, eslabón y pedernal del archiduque don Fe- 
lipe, y otros: y esta moneda antiguamente llamaban en Ca- 
taluña croáis, por haber en ellos unas cruces que tomaban 
toda la moneda; y ahora han dejado del todo el nombre 
antiguo y les llamamos real, y no impropiamente, porque 
aunque no lleven las armas de los reyes, pero sí sus rostros, 
efigies y nombre; y así pueden tener el un nombre y el otro. 

Sueldo era otra especie de moneda mas usada en aque- 
llos siglos que otra alguna de plata, y baja de solidus, que 
entre los romanos era cierta especie de moneda de oro, con 
ciertos y particulares peso y señales, de donde deriva tam- 
, bien el vocablo soldada, como cosa que se pagaba ó con- 
certaba con sueldos. En Castilla los llaman ahora medios 
reales, y en Cataluña los llamaron medios croáis: habia de 
estos muchos, así por ser mas usuales, como fáciles de la- 
brar: y en todos los contratos antiguos contaban con ellos, 
así como contamos por escudos ó libras, y á los soldados les 
pagaban con ellos, de do quedó llamar el salario de ellos 
sueldo, asi como minerval al de los maestros y preceptores, 
derivado de la diosa Minerva, que lo era dejas artes y 
ciencias entre los gentiles; y á los soldados quedó estí nom- 
bre como gente que sirve por el sueldo que les dan, como 
si dijésemos gente asoldadada. 

A mas de las monedas de oro, plata y cobre, hay otra 
que se hace de cuero 6 pergamino ú otra materia semejante, 
sellando con las armas del príncipe ó capitán algunos pe- 
dacitos de ello, y corre como si fuese moneda de oro ó de 
plata, y dura tanto cuanto dura el aprieto ó necesidad que 
obliga á hacer tal moneda^ y salidos de él y acabada la nc- 



( 524 ) 
cesidad, los que la sellaron la cobran, y dan por ella mo- 
neda real y verdadera. Esto ha sucedido muchas veces, y de 
esta manera se remedió don Iñigo López de Mendoza, conde 
de Tendilia, estando cercado de los moros el Alahama, y 
otros; y no ha muchos años, que en estos reinos aconteció 
pagar alguna ciudad con papeles sellados, en vez de di- 
nero, y corr an en aquella y aun en todo el reino, como si 
fueran plata ú oro, y duró hasta que hallaron forma como 
recogiendo aquellos papelitos, diesen por ello moneda bue- 
na y corriente. A mas de esto, es uso de las casas de juego, 
los dueños de ellas hacer monedas de estaño ó plomo, que 
dan á los jugadores que acuden á ellas, y por falta de di- 
nero dejan de jugar; y aquella tal moneda ellos la cobran y 
dan moneda corriente, con que acreditan sus casas; y algu- 
nas veces acontece hallar con las tales invenciones de mo- 
neda pan y vino, porque el que las da es puntual y cuida- 
doso en tomarlas y dar oro ó plata por ellas, y si algunas 
se pierden ó salen fuera reino, es ganancia para él, pues 
saliendo su estaño ó plomo, el se queda con el oro y plata. 
También he visto otra moneda de hoja de latón que usan 
algunos pueblos en las grandes necesidades y corre entre 
ellos, y en particular en el campo de Tarragona, que duró 
algunos años, y á la postre fué necesario recogerla antes de 
tiempo, y multiplicó de suerte, que el pueblo que habia es- 
parcido mil escudos, al recogerla, halló tres mil, porque 
hubo muchos que ayudaron á la multiplicación de ella, 
aunque no se supo quienes fueron los tales ayudantes , y 
algunos que fueron descubiertos, lo pagaron con la vida, 
que es la pena que dan en Cataluña á los que la falsifican ó 
trasquilan. 



( '"25 ) 



CAPÍTULO LXIII. 



En que se cuenta la vida de don Jaime de Aragón, XX y último conde de 
Urge!, llamado el Desdichado.— Be la muerte del rey don Martin de Sí- 
cilla, y casamiento del rey su padre.— De las embajadas que tuvo el rey 
del rey de Ñapóles, y del derecho que pretendían tener algunos á la 
corona, si el rey no tenia hijos, y de su muerte.— De lo que sucedió des- 
pués de la muerte del rey: quiere el conde usar del cargo de lugarte- 
niente y gobernador general, y no se lo consienten.— El gobernador juntó 
parlamento en Barcelona, y las embajadas que vinieron de parte de los 
pretensores.— De algunas gentes de Francia que querían entrar en Cata- 
luña con armas, y de las quejas que dio la condesa de Ampurias contra 
del conde de Urgel, sobre el casamiento de doña Magdalena de Angleso- 
la.— Embajada del parlamento á la reina doña Violante y al conde de 
ürgel, para que se aparten de Barcelona, y el conde se fué á su ciudad 
de Balaguer.- Decláranse las sospechas se dieron por parte de la reina 
doña Violante, y muerte del arzobispo de Zaragoza.— De lo que hizo el 
infante don Fernando, cuando supo la muerte del arzobispo, y cómo el 
conde procuraba quitar el oficio de gobernador á don Guerau Alemany 
de Cervelló.— De la respuesta dio el infante á una embajada del parla- 
mento. — Como don Antonio de Luna se salió del reino de Aragón y vino 
á Aytona, y del favor que el infante don Fernando daba al conde de 
Prades, y lo que sobre esto hizo el parlamento.— Como el conde se quiso 
poner en campaña, y el parlamento lo impidió.— De las respuestas se 
dieron á las embajadas ó escrituras del conde de Urgel y del infante 
don Fernando.— Procura el infante reducir á su servicio los del linaje de 
Sese, y se queja del infante que se quería valer del rey moro de Granada. 
—De la presa de Castellví de Rosanes, y cómo el conde de Urgel quiso 
venir á echar de él al conde de Foix, y de la respuesta que llevó el abad 
de San Juan de las Abadesas, que había llevado una embajada del parla- 
mento al conde, que estaba en Balaguer. — De como el conde, instado 
por el parlamento, dio libertad á Francisco de Villamarin; muerte del 
gobernador de Valencia, y derrota tuvieron la gente del conde. — De la 
nominación de las nueve personas, derecho de los pretensores, votos y 
sentencias que dieron.— Del cuidado que tuvieron los del parlamento de 
consolar al conde, ofrecimientos le hicieron, y venida del rey. — Del ju- 
ramento de fidelidad que el conde, por medio de sus embajadores, pres- 



( '"^2(5 ) 
tó al rey, y de las mercedes le ofreció para reducirlo á su servicio.— De los 
movimientos y aparatos de guerra hacia el conde contra del rey.— De co- 
mo el conde desaGó al de Cardona, y como quiso, por empresa, tomar á 
Lérida. — Tiene el rey noticia de lo que hace el conde, y lo que hizo por 
remediarlo.— De como el conde se hizo fuerte en la ciudad de Balaguer, 
y como el rey le puso cerco.— Combate'el rey la ciudad de Balaguer, y ha- 
ce proceso criminal al conde, el cual no pudo ser socorrido, como es- 
peraba. — De lo mucho se padecía en Balaguer, y como el conde se quiso 
entregar al rey.— Continúa el rey las baterías, y pónese el conde en poder 
del rey y es llevado á Lérida. — Entra el rey á Balaguer, y saco de la casa 
del conde, y ia el rey á Lérida. — De la sentencia en la causa del conde. 
— De la pesadumbre tuvo de esto el duque de Gandía, y del proceso se hizo 
contra doña Margarita, madre del conde, y doña Leonor, su hermana. — 
De las imprudentes diligencias hacia la condesa, para dar libertad á su 
hijo. — Sabe el rey lo que hacia la condesa. — Lo que hizo el rey cuando 
supo lo que hacia la condesa, y lo que hizo contra ella y cómplices. — De 
las cosas del conde, después de muerto el rey, hasta que fué llevado á 
Játiva. — Como la hija é yerno del conde trataban de que se le diese li- 
bertad, y de la muerte del rey.— De la descendencia y linaje dd conde de 
ürgel. — De las donaciones y ventas que hicieron los reyes Fernando y 
Alfonso de las cosas del conde. 

Pasado habia poco mas de un año después de la muerte 
del conde don Pedro, cuando sucedió para esta corona de 
Aragón uno de los mas infelices sucesos que jamás hubie- 
ran sucedido, que fué la muerte del serenísimo rey don 
Martin de Sicilia, hijo único y sucesor del rey don Martin 
de Aragón. Falleció este príncipe en la isla de Cerdeña, de 
edad de treinta y tres años, á los 25 de julio de J409, 
después de haber alcanzado una notable victoria de los 
sardos. No acaban los autores de referir el pesar y sufri- 
miento que tuvo el rey su padre, y todos sus vasallos, de 
tal pérdida, por ser el rey dotado de singulares virtudes, y 
quedar su padre sin otros hijos, y de edad de cincuenta y 
un año, y tan pesado y entorpecido de su persona, que te- 
man por imposible, aunque casara, que jamás los tuviera. 



( 327 ) 
Esla muerte tan impensada inquietó mucho á todos los pa- 
rientes de la casa real de Aragón, y mas en particular á 
don Jaime de Aragón, conde de Urgel, que de aquel punto 
hasta que murió, no tuvo ni experimentó otra cosa sino pe- 
sares, trabajos, inquietudes y molestias de tan pésima cali- 
dad, que á la postre infelizmente le acarrearon el fin y 
consunción de su hacienda, persona y linaje. 

Antes que muriera el rey de Sicilia, poco se pensaba en 
el caso que sucedió, ni menos en la sucesión del reino, y 
parecia imposible que en aquel príncipe mozo, lozano y fuer- 
te, feneciera la descendencia y línea del primer Wifredo, 
conde de Barcelona, que duró hasta pocos años mas del 
tiempo en que ahora estamos; pero fueron tantas las dili- 
gencias que muerto él se hicieron para saber cada uno el 
derecho que le competia, que ni se hablaba de otra cosa, 
ni los letrados estudiaban otras materias. La infanta doña 
Isabel, hermana del rey y mujer del conde, y la condesa 
dona Margarita, su madre, eran las que mas solícitas eran 
y cuidaban de este negocio, porque la condesa moria por 
verse madre de rey. Estaban los señores de España, reyes 
de Francia y Ñapóles, y otros muchos príncipes de la cris- 
tiandad, suspensos, aguardando ver el rey qué baria y có- 
mo dispondria de sus reinos, habiendo tantos pretensores, y 
teniendo ó pensando cada uno de ellos tener muy clara y 
fundada su justicia y derecho. Los privados del rey, por 
adularle, aunque le velan impedido y con poca salud, le 
aconsejaban que se casase; porque á mas de las esperanzas 
habia de sucesión, le prometían el resto de su vida con re- 
galo y contento tan grande, que le haria olvidar la pérdi- 
da pasada, y también que confiaban ellos que si del tal ca- 



( 5^J8 ) 
Sarniento quedaban hijos, presto habian de verse huérfanos, 
y ellos con el gobierno de la corona, rigiendo por el nuevo 
rey pupilo, así como habia sucedido en Castilla. El rey no 
era tan ignorante que no conociera su impotencia, y estaba 
tan pesado, que del todo era inútil para el matrimonio; y 
procuraba ver cómo tomarian que sucediese don Fadrique, 
su nieto, hijo natural del rey de Sicilia, habido en una don- 
cella llamada Tharsia , que tenia mas de siete años y le 
estimaba como si le fuera hijo; y solia decir el rey, que era 
mas apto su nieto para la sucesión y gobierno de la Coro- 
na, que no los hijos que esperaban que él tendria, que ni 
aun eran nacidos ni conocidos, ni habia esperanza cierta 
que hubieran de nacer. Pero poco aprovechó la resistencia 
del rey y razones que daba, porque todos le decian que 
mas valia que la corona cayera en manos de hijo suyo le- 
gítimo, aunque niño, que no en un nieto bastardo; porque 
era cosa que nunca se habia visto desde el primer Wifre- 
do hasta aquel punto, que. bastardos heredaran, y no era 
justo que tal se introdujera, porque era dar ocasión á los 
de la estirpe real que tal no sufrieran. Dábanle todos espe- 
ranza, que si casaba, habia de dejar muchos hijos y suceso- 
res, y esto con tanta seguridad y certeza, que creyendo el 
rey que sucederia lo que ellos le anunciaban, resolvió el 
casarse, y escogió dos doncellas, para elegir una de ellas. 
Estas eran del linaje real y deudas suyas muy cercanas, y 
criadas en su palacio en compañía de la reina doña Ma- 
ría, su mujer, que habia muerto el año de 1407. La una 
era doña Cecilia, hija segunda de don Pedro, conde de 
Urgel, y la otra doña Margarita, hija de don Pedro, conde 
de Prades, que también era descendiente por línea legí- 



( oá9 ) 
lima (Je la casa y linaje de los reyes de Aragón, porque don 
Pedro, su padre, era hijo de don Juan, éste de otro don Pe- 
dro, y éste del rey don Jaime el segundo. Eran las dos 
muy hermosas y de linda disposición y talle, merecedoras 
de la dignidad real: el rey estuvo un tanto dudoso cuál de 
estas dos tomaria, y á la postre escogió á doña Margarita; 
no dejó á doña Cecilia porque le faltara nada de lo bueno 
que tenia la otra, sino que estrañó la fuerte y recia con- 
dición de la condesa doña Margarita, su madre, suegra que 
habia de ser suya, y no queria que con este casamiento se 
acrecentara autoridad y poder al conde de Urgel, su her- 
mano, de quien temia que ya en vida suya no se quisiera 
levantar con el reino, que tenia ya por tan suyo, como el 
mismo rey que lo poseia. Los médicos también ayudaron á 
la conclusión de este matrimonio, asegurando que, según 
lo que ellos en su ciencia podian alcanzar , era mas idó- 
nea para la generación doña Margarita que doña Cecilia, y 
así el matrimonio se concluyó con ella, y á 16 de setiem- 
bre de 1408, en la torre de Bellsguart , que dista sola 
media legua de Barcelona: les desposó el papa Benedicto 
de Luna, y dispensó en el parentesco, y les dijo la misa de 
bendición el glorioso san Vicente Ferrer, que ya por estos 
tiempos florecía en santidad y copia de portentosos mdagros. 
Halláronse presentes cinco cardenales, muchos prelados, el 
conde de Urgel, la reina doña Violante, mujer del rey don 
Juan, el vizconde de Castellbó, hijo del conde de Foix, y 
muchos caballeros y personas de lustre. Fué este mes de 
setiembre muy notable para la ciudad de Barcelona, pues 
entró por el portal de San Antonio, á 29 dias de él, que 
era la fiesta de San Miguel, el papa con cinco cardenales 



( 330 ) 
en ella. Estaba el rey muy contento con la novia, y no de- 
seaba otra cosa que verla preñada; y con la esperanza de 
los hijos que pensaba haber en ella, habia olvidado todos 
los infortunios y pérdidas pasadas. 

No habia aun un mes que el rey era casado, cuando lle- 
garon los embajadores del rey Luis de Ñapóles, con una 
embajada, que en algunas cosas era harto escusada é imper- 
tinente. El principal de los embajadores era el obispo de 
Coserans, varón de gran doctrina y elegantísimo, y habia 
pocos en aquellos tiempos que le igualaran. Propuso al rey 
su embajada, y la oyó con gran atención; fué largo el razo- 
namiento y se tocaron en él materias de poco gusto para 
el rey, y las oia con gran atención: tenia los ojos cerrados 
y la cabeza baja, como si durmiera; pensóselo el obispo, y 
paró algunas veces el razonamiento: conocía el rey el por- 
qué se detenia, y le dijo, que continuara su discurso, que 
aunque estuviese de aquella manera, pero bastaba que las 
orejas estuviesen abiertas y el corazón dispierto y atento a 
lo que decia, y lo conoceria muy bien cuando después de 
acabado el razonamiento le daria la respuesta. Acabó el 
obispo su embajadi, y luego el rey resumió todo lo que le 
habia dicho, que consistió en cinco puntos, y respondiendo 
á cada uno de ellos, le dijo: en cuanto al primero, que 
agradecía al rey de Ñapóles el amor y buena voluntad con 
que le habia enviado á visitar; al segundo, que holgaba 
mucho de las buenas nuevas le daba de la victoria habia 
alcanzado de Ladislao; al tercero, que estimaba mucho el 
haberle enviado un tal embajador y tan elegante, para con- 
solarle de la muerte del rey su hijo, asegurando que por 
haber sido tan grande le pérdida, necesitaba de una tal con- 



( -531 ) 
solacion: á los otros dos puntos, en ^ue pedia que en caso 
que la sucesión del reino no perteneciese á doña Violante, 
mujer del rey Ludovico é hija del rey don Juan, hermano 
del rey, sino á Ludovico, su hijo, tuviese á bien que viniera 
en estos reinos y se criara en ellos, aprendiendo sus cos- 
tumbres y gobierno, conociendo los naturales de él, se mos- 
tró el rey sentirse algún tanto de semejante demanda, pa- 
recióle no era á propósito tratar de tales materias, en oca- 
sión que aun no habia un mes que estaba casado, y le dio 
muy secamente por respuesta las palabras del Evangelio: 
Quodjuslum fuerit dabo vobis; y declarándose mas, le dijo, 
que si condescendiendo con la petición del rey de Ñapóles, 
llamaba á su hijo Luis, eso era declararse ya por él y re- 
dundaba en perjuicio de otros que él entendia que tenian 
mayor derecho en la corona que él, y pareciera mal, que 
si la reina paria, ú otro tenia mas derecho á la corona, 
él se hubiera de volver á Ñapóles y salirse de estos reinos, 
después de haber estado en ellos con esperanzas de ser rey 
y señor, después de haber sido respetado como á tal; y que 
habian de estar ciertos de dos cosas, la una era, que habia 
otros que tenian mejor derecho, y la otra, que él y la reina 
su mujer, que á todo esto estaba presente, tenian confian- 
zas de tener hijos, porque según los físicos le habian dicho, 
era mas cierta la generación en hombre viejo y mujer moza, 
que no si ambos eran mozos, y habia de tener por mal agüe- 
ro ver en su casa hijos adoptivos que esperasen heredar por 
falta de naturales, y que aquello no era á propósito, sino en 
ocasión ó que él no quisiese casar, ó casara con mujer de 
tal edad que no pudiera concebir; y finalmente le decia, que 
si no le quedaban hijos, su gusto era que fuera rey aquel 



( '-52 ) 
íjue ¿4 dejarla ordenado en su testamento; y respondiendo 
al quinto punto, dijo, que á 61 le estaba muy bien que se 
tratase del derecho de doña Violante, su sobrina, reina de 
Ñapóles, y de su hijo y de los demás que pudieran suceder 
en la corona, que aunque era materia no muy gustosa, pero 
decia, que quien habia tenido paciencia en la muerte del 
hijo, no dejaria de tenerla en oir disputar el artículo de la 
sucesión; y estimaba mas que se decidiera viviendo él, se- 
gún las disposiciones del derecho, que si, muerto él, se hu- 
biera de averiguar con las armas; y que todo el tiempo que 
podria presidiría de buena gana en la tal disputa, porque 
deseaba saber lo que habia en esto, porque enterado de ello> 
mejor descargara su conciencia, dando á cada uno lo que 
era suyo. 

Con esta respuesta se despidió el embajador; y como ha- 
blan entendido que el rey gustaba que el negocio se plati- 
case, hubo sobre esto muchas juntas, y el rey holgaba de oir 
el derecho de cada uno de los competidores ó pretensores. 
Por la reina de Ñapóles y Ludovico, su hijo, informaban 
Guillen de Moneada y el obispo de Coserans; por el conde 
de ürgel, Bernardo de Centelles; por el duque de Gandía, 
Bernardo de Vilaritg: pero el rey, después de haberlos oido 
á todos, tuvo siempre por mas clara la justicia del infante 
don Fernando, que como estaba cierto que el rey favorecía 
su causa, tardó mas á enviar embajadores que hablaran por 
él, aunque á la postre, no con título de disputar de su de- 
recho, sino de visitar al rey, envió á Fernán Gutiérrez de 
la Vega, gran privado y repostero suyo, y á Juan González 
de Acevedo, famoso letrado de su consejo, á quienes les ba- 
hía mandado, que en secreto le informaran, en caso que el 



( 533 ) 
rey muriese sin hijos, á quién pertenecia la corona. El rey 
(leseaba que su nieto don Fadrique le sucediera , ya que 
no en los reinos de Aragón y demás, á lo menos en el de 
Sicilia; y sobre esto mandó juntar muchos letrados y perso- 
nas doctas; y cuanto mas se discurria sobre esto, mas du- 
doso y perplejo estaba el rey, y mas indeterminado su áni- 
mo: parecíale que para alejar tales disputas, lo mejor era 
asegurar la sucesión en hijos suyos y ayudar á naturaleza. 

La reina deseaba verse madre, y por esto no dejó de 
aplicar al rey todos los remedios posibles, aunque violentos; 
pero era en vano, porque no habia en el rey sujeto ni fuer- 
zas para sufrir la fuerza de ellos, y estaba tan pesado de 
cuerpo, que apenas podia moverse, ni acomodarse al acto 
de la generación: usaron para esto algunas trazas: no las 
diré en romance, pero referiré lo que dice Laurencio Valla, 
por estas palabras: Sunt enim qui dicant millo pacto, nec me- 
dicorum arte, nec multifariis machinis, potiiisse eum, vel con- 
cuberc cum midiere, vel puellcB virginkatem dcmere, licet ma- 
ler aliaque nonnullw fceminw, velut minisírcv, puelloe adessent, 
licet viri qiioque aliquot auxilio regí essent, qui ventrem, quasi 
appensum , per fascias á lacunari pendentes , quibus tumor 
proni ventris cohitjerelur, dimilterent eum sensim in gremium 
piiella>, ac sustinerent; sed hwc verecundius forsitan in silentio 
reponuntur. Pero nada de esto bastaba: ;si esto sucediera 
en tiempo de Marcial, qué de epigramas añadiera en, su li- 
bro! 

El conde de ürgel, mientras el rey tardaba á declararse, 
no dejaba de hacer todas las diligencias posibles en po- 
nerse á punto, con pensamiento, que si aquello se habia 
de llevar por armas, pudiesen prevalecer las suyas. Pare- 



( 334 ) 
cíale que en Cataluña ninguno de los pretensores era tan 
poderoso como él, por ser natural de la tierra y tener en 
ella muchos parientes y amigos, que lo habian ya sido de su 
padre y estaban apasionados por él. En el reino de Valen- 
cia era- lo mismo, y los habia granjeada con beneficios les 
había hecho; y aunque estaba aquel reino dividido en dos 
parcialidades, que eran Vilaragudes de una parte, y Cente- 
llas de otra, pero los tenia tan de su parte el conde, que 
aunque habia bandos entre ellos, pero en lo que era valerle 
y ayudarle, todos eran unánimes y hacian un cuerpo. En 
Aragón, aunque los del linaje de Luna eran de su parte, 
pero habia otro linaje, que era el de los Urreas, que no es- 
taba bien con las cosas del conde, y se habian ya decla- 
rado por Ludovico, hijo de la reina de Ñapóles; y el que 
mas se mostraba por él, era el arzobispo de Zaragoza, don 
García Fernandez de Heredia, qne habia sido obispo de 
Vique, en Cataluña, y era fama que recibia algunas rentas 
del rev Carlos de Francia, y era muy poderoso en el reino 
de Aragón, y don Gil Ruiz de Liori, regente el oficio de 
gobernador general del reino, era cuñado suyo, y todos eran 
muy contrarios del conde y poderosos en el reino. El conde 
buscaba traza como quitarle el oficio, pero no era poderoso 
para ello, ni para reducir á su opinión los de aquel linaje; 
y por esto y por otros respetos que á él pareció, pidió al 
rey que le diese el oficio de procurador general y goberna- 
dor de los reinos, diciendo competirle como á legítimo su- 
cesor en ellos, mientras el rey no habia hijos. El rey, cuanto 
á lo exterior, se lo otorgó muy liberalmente, estando en la 
torre de Bellsguart, á 25 de agosto de 1409, y era ge- 
neral para todos los reinos de la corona de Aragón, hasta 



( 335 ) 
que el rev tuviese hijos de edad de cuatro anos cumpli- 
dos: V le dio facultad de tener viceregente de lo goberna- 
ción, lo que no le era permitido sin expreso privilegio del 
rev. Quedaron el conde y la infanta y condesa, su madre, 
con esto muy contentas, porque les parecía que tenian ase- 
gurada la sucesión; pero no veian lo que había en el cora- 
zón del rey, el cual habia muchos años que aborrecía y 
deseaba ver lejos de sí al conde, y le habia ya dicho, que 
lo que le pedia no le convenía, porque sabia el rey que era 
con intento de quitar el cargo á don Gil Ruiz de Liori y 
hacerse paderoso en Aragón; y por estorbarle, escribió el 
rey al arzobispo y al mismo don Gil, que no le admitiesen 
en el cargo que él le habia dado, sino usasen de los reme- 
dios ordinarios contra de él, y que tuviesen secreta esta su 
orden. Ignorante el conde de esto, partió de Barcelona, y 
muy acompañado de los del linaje de Luna y de otros mu- 
chos caballeros entró en Zaragoza, y pidió que le diesen 
posesión, y requirió á Juan Jiménez Cerdan, Justicia de 
Aragón, que le tomara el juramento. Pero las cosas estaban 
de tal manera ordenadas, que los cuatro brazos de aquel 
reino firmaron de derecho ante el justicia, afirmando que 
el conde no habia de ser admitido al oficio de la procura- 
ción general, por obstar algunos fueros del reino, y dieron 
las mismas razones que alegaron cuando el rey don Pedro 
quitó el mismo cargo á los infantes don Hernando y don 
Jaime, y las que alegaron contra don Pedro, padre del 
conde, una vez que, como á lugarteniente del rey, habia en- 
trado en aquella ciudad y no le quisieron admitir; y para 
mas imposibilitar al conde de Urgel, el justicia de Aragón, 
ante quien, según fueros, habia de jurar, se salió de la ciu- 



( 33G ) 
dad, y se vino á un lugar llamado Pinsec, de lo que se sin- 
tió mucho el conde, y le fué á rogar y requerir que vol- 
viese á Zaragoza y le tomara el juramento; pero el justicia 
siempre se excusó, alegando que la causa de la firma de de- 
recho estaba indecisa, y no habia lugar de hacer cosa de las 
que el conde pedia, antes de la declaración. Conoció que todo 
aquello era para entretenerle, y supo que el rey lo habia 
así ordenado para apartalle de sí y dalle en que entender. 
Moviéronse sobre esto algunos rumores, y llegó el negocio 
á las armas, y cada dia habia en la ciudad peleas y com- 
bates, que era ya principio de una gran guerra civil; y el ar- 
zobispo y gobernador estaban muy apretados, porque pre- 
valecian los amigos y del bando del conde, y cada dia se 
aguardaban nuevos rumores y escándalos. Don Juan Fer- 
nandez de Heredia, que era tio del arzobispo, mientras esto 
pasaba, juntó muy gran número de gentes de á pié y de 
á caballo, y vino con toda prisa á ayudar al arzobispo, su 
tio, y gobernador, su padre, y movióse con su entrada un 
gran tumulto, y entonces todos los amigos suyos tomaron 
las armas y fueron á combatir la casa del conde, y él, sin 
aguardar combate, porque estaba fallo de gente y en me- 
dio de sus enemigos, se salió con todos los que estaban en 
su compañía por un postigo que salia al rio (díjose que á 
pié y difrazado), y se fué al lugar de la Almunia, y de allí, 
según dice Valla, á Balaguer, y no vino á Barcelona, por 
estar corrido de lo que en Zaragoza le habia sucedido y de 
que el rey le tratase de aquella manera, y también porque 
habia peste en Barcelona. 

Cuando esto pasaba en Aragón, se trataba con gran secre- 
to la legitimación de don Fadrique, nieto del rey, y habia 



( '"^ST ) 
de hacerla el papa Benedicto XIII, que estaba \a en Bar- 
celona, y el rey bajó al monasterio de Valldonzella, por 
estar mas cercano de la ciudad. Los de Sicilia habian en- 
viado sus embajadores al papa, y los aragoneses habian he- 
cho venir al gobernador para que lo facilitara y que se dis- 
pensase en la ley que hace incapaces de la corona á los 
bastardos; y aunque esto pasaba en secreto, no lo era tanto, 
que el conde no tuviera noticia de ello, porque su mujer 
y madre estaban siempre en palacio y eran muy queridas 
de la reina, que deseaba, pues ella no tenia hijos, que la 
sucesión fuese del conde, y por eso daba aviso de todo. 
Como el conde entendió que se trataba de legitimar á don 
Fadrique, y que los aragoneses venian bien en ello, perdió 
las esperanzas que tenia de la sucesión, y se persuadió que 
el rey lo dejaria todo al nieto. Estaba señalado el primero de 
junio para hacerse la legitimación, y habia de ser con muy 
grande solemnidad, y el rey bajó por esto de Bellsguart al 
monasterio. Estando aquí, sucedió que jueves, que era á 29 
del mes de mayo, las damas que estaban con la reina die- 
ron á cenar al rey un pato asado, que habia muchos dias 
le criaban a pasto, persuadidas que aquella comida habia 
de mover la impotencia del rey, que estaba cuartanario y 
muy grueso, y hacerle apto para la generación; pero á los 
primeros bocados que comió, luego se quejó del estómago 
y se encendió una calentura pestilencial, que al segundo dia, 
que era sábado, último de mayo, falleció. Atribuyeron esta 
su dolencia á pestilencia, porque la habia en Barcelona, y 
cada dia morian muchos, y luego después de muerto, le 
salieron por el cuerpo ciertas señales que dieron indicio ha- 
ber muerto de ella; pero la mas cierta v común opinión 
TOMO X. 23 



( 358 ) 
fué que murió de comidas y unciones que le daban las 
mujeres sin consejo de los médicos, para incitarle al acto 
de la generación; y certificóse esto, porque después de muer- 
to, hallaron en su aposento una arquilla llena .de semejan- 
tes ungüentos y confecciones. 

Pasó el rey en su enfermedad la primera noche muy in- 
quieta, ya cansado de la enfermedad, ya del calor grande 
que hacia, y en toda ella no pudo dormir un punto. El 
dia siguiente y en el viernes lo pasó peor. 

Celebrábanse en aquella ocasión cortes en Barcelona, y á 
la ciudad y á los brazos, que entendieron la dolencia del 
rey, pareció que le fuese hecha una embajada, para saber 
qué mandaba que se hiciese, si él moria. Fué la embajada 
á las once del mediodía: iba de embajador Ferrer de 
Gualbes, conceller en cap de Barcelona, que llegó allá con 
gran acompañamiento. Estaban con el rey el obispo de 
Mallorca, don Guerau Alamany deCervelló, gobernador de 
Cataluña, Roger de Moneada, gobernador de Mallorca, ca- 
mareros del rey, Pedro de Cervelló, su mayordomo, Ra- 
món de Sentmenat, su camarero, Francisco de Aranda, do- 
nado de Porta-Coeli, del orden de la Cartuja, todos de su 
consejo, y Luis de Aguiló y Guillen Ramón de Moneada: la 
suma de la embajada fué suplicarle que exhortase á todos 
sus vasallos, después de su muerte, á toda amor, paz y con- 
cordia; y la otra si queria que después de su muerte fuesen los 
reinos de aquel á quien de justicia -perteneciesen; y el rey 
respondió que si. Estando en esta visita la infanta doña Isa- 
bel y la condesa doña Margarita, madre del conde, le insta- 
ron, que ya que Dios queria que hubiese de morir, nom- 
brase al conde, su marido é hijo, por rey y sucesor suvo; 



( 559 ) 
y el rey no respondia á eslo palabra, porque estaba casi 
dormido: entonces la condesa le asió la ropa de los pechos, 
y con grandes voces dccia, que la sucesión de la corona 
era del conde, su hijo, y que él contra toda razón y justi- 
cia se la queria quitar, privándole de ella; el rey abrió los 
ojos y se la miró, y dijo que él no lo entendia así ni creia 
tal cosa. A Guillen de Moneada y Ferrer de Gualbes, con- 
celler de Barcelona, pareció que aquello era desacato, y 
exhortaron á la condesa que tocara al rey con mas respeto 
y veneración. El dia siguiente pareció á los médicos que 
sacaran al rey de la cama y le sentasen en una silla, cu- 
bierto de una vestidura muy lijera, aunque desabrochado, 
porque hacia gran calor y él se ahogaba del todo, y le te- 
nian ya por muerto. Estando así, los embajadores de Sicilia 
le pidieron con lágrimas, que les diera por rey á don Fa- 
drique, su nieto; y él estaba tan indeterminable, que ni aun 
en esto sabia tomar resolución, y la respuesta que les dio 
fué encomendarles que mirasen por él: como si hubiera de 
ser mayor el cuidado de ellos que el suyo, que era rey y 
abuelo, y le tenia por nieto. 

Entonces pareció á la corle y á los concelleres de Bar- 
celona, por quitar todos escrúpulos y dificultades, que en 
presencia de escribano y de los mismos testigos del dia an- 
tes, le fuesen á visitar y preguntasen si queria que sus rei- 
nos fuesen de aquel á quien por justicia pertenecían, y si 
queria que de la respuesta que él daria se hiciese auto, y 
él dijo que si; y luego Pedro de Comes, su protonotario, 
se lo volvió á ^decir, y el rey le respondió lo mismo; y de 
todo esto, que pasó el sábado siguiente, á las tres de Id tar- 
de, se hizo auto auténtico, cuyo traslado es el que se sigue: 



( 540 ) 
Hoc esl trauslalum fiUelUer sumptum a ñola cujusdam inslru- 
menti inferius inserli quod fuit per me Raymundum de Cuinbis 
olim profonotarium et nolariiim subscriplum receptum die el 
anno in eo contenlis scripta et continúala in prolocollo sive ca- 
pibrevio nolularuní mei dicli nolarii el in fine cujus nole niajor 
parsieslium qui ad confeclionem dicli inslrumenli presentes fue- 
runt se eorum manibus subscripserunt cujus tenor lalis esl. — Pa- 
teal universis quod die veneris que computabalur XXX madii 
anno a nativitate Domini MCCCCX circa undecimara horam noc- 
tis dicli diei existente coraní serenissinio domino domino Marli- 
no üei gralia rege Aragonum Sicilie Majoricarum Sardinie et 
Corsice comité Barchinone duce Athenarum el Neopatrie ac etiam 
comité Rossilionis <>t Cerilanie Fcrrario de Gualbis conciliario 
Jioc anno ac cive Barchinone ad subscí ¡pía ut dixit per cu- 
riam geueralem quam diclus donñnus rex de presentí calalanis 
celebrat in ri vita le prcdicla simul cum alus de dicta curia ibi- 
bem cum eo presenlibtis electo in presentía mei Raymundi de 
Cumbis protonolarii dicli domini regis et nolarii subscripli ac 
lestium subscriplorum dixit coram diclo domino rege exislente 
infirmo in suo lamen sensu cum loquela in quadara camera mo- 
nasterii A^allis Domicelle vocala de la Abadesa hec verba vel si- 
milia in effectu: Senyor nosaltres elets per la cort de Catalunya 
som assi devant la vostra Magestat humilment suplicantvos queus 
placia fer dues coses les quals son c redunden en sobirana utili- 
lat de la cosa pública de tots tostrcs rcgnes e ierres: la primera 
quels vullats exortar de haver entre si amor pau e concordia 
per co que Deus los vnlla en tot be conservar: la segona queus pla- 
cia de present manar en tots los dits regnes e Ierres vostres que 
per tots lus poders e forccs fassen per tal forma >' manera que la 
successio deis dits vostres regnes e ierres aprcs obte vostrc pervin- 
ga a aqtiell que per justicia deurá pervenir como asso sia molt 
plasent á Deu e sobiranamcnt profitos á tota la cosa pública e 
molt honorable e pertinent á vostra real dignitat. Et hiis dictis 
diclus Ferrarius de Gualbis repetcns verba per eum jam prolata 
dixit hec verba vel similia in effectu: Senyor plauvos que la suc- 
cessio deis dits vostres regnes e ierres apres obte vostre pervinga 
d aquell que per justicia deura pervenir? et diclus dominas rex 
tune respundens dixit: Hoc; de quibus ómnibus peliil el rcqui- 



( ~^1 ) 

sivit dicUis Ferrarius pubüciim fieri instriimentum per me pro- 
tonotarium et notarium supradictum. Que fueriint acta die hora 
loco et anno prediclis presente me dicto protonolario et notario 
ac pro tt'stibus reverendo in Chrislo patie Ludovico episcopo Ma- 
joricensi nobilibusGeraldo Alemanni de Cervilione gubernatore 
Catalonie Rogerio de Monte Galeno gubernotore regni Majorica- 
rum camarlengis Petro de Cervilione majordomo Raymuudo de 
Santo Minato camarerio militibus Francisco de Arauda donato 
Porte-Coeli consiliariis dicti domini regís et Ludovico Aguüo do- 
micelio ac nobili Raymuudo de Monte-Cateno coperio jam dicti 
domini regis. Postea die sabbati XXXI madii anno prediclo circa 
horam tertie dicti diei Ferrarius de Gualbes prediclus coustitutus 
personaliter ante presenliara dicti domini regis in camera supra- 
dicta símul videlicet cum alus de dicta curia cum eo electis re- 
ducens ad memoriam dicto domino regí verba per eum jam su- 
pra eidem domino regi prolala dixit presente me protonolario 
et notario ac testibus supradictis hec verba vel similia in effec- 
lu: Senyor: plauvos que ¡a successio de vostres regnes e ierres 
apres obte vostre pervinga a aquell que per justicia deura per- 
venir e quen sia feta una carta publica? et dictus dominus rex 
respondens, dixit: Hoc; et ego etiam dictus prolonotarius et no- 
tarius interrogavi dictum doralnum regem dicens ei hec verba: 
Plauvos donchs senyor que la successio de vostres regnes e ierres 
apres obte vostre pervinga a aqtiell que per justicia deura pervc- 
nir e quen sia feta carta publica? qui quidem dominus rex res- 
pondens dixit: Hoc; de quibus ómnibus dictus Ferrarius presen- 
libus alus de curia supradicta cum eo electis petiit et requisivit 
publicum fieri inslrumenlum per me prolonotarium et notarium 
supradictum. Que fuerunt acta die loco hora et anno predictis 
presente me dicto prolonotario et notario ac testibus supradictis. 
— Yo Guillem Ramón de Moneada qui fui preseul a les dites 
coses me sotscriu.— Yo Guerau Alemany de Cervelló qui fui pre- 
sent a les dites coses me sotscriu.— V^o Pere de Cervello qui pre- 
sent hi fui sotscriu.— Yo Luis Aguiló qui present hi fui me sots- 
criu.— Francesch Daranda qui present hi fui me sotscriu. 

Sig)$(num Bernardi Mathei auctoritate regis uotarii publici 
Barchinone testis. — Sig^num Anlonii Brocard auctoritate regia 
nolarii publici Barchinone testis. 



( '-'^^ ) 

Sig^-<num Ginesii Almogaver regentis vicaiiam Barchinone 
Aqualale Vallensis Modiliani el Modilianensis qui huic transía- 
lo a suo originan fideliler sumplo el cura eodem veridice com- 
probalo ex parle doniini regís el auclorilate officii quo fungi- 
niur aiiclorilalem impendimus el decreliim el ul eidem Iranslato 
tanquam suo originali in judicio el exlra plena fides ab ómnibus 
habealur apposilum nianu mei Anlonii Caplana aucloritale re- 
gia nolarii publici Barchinone el scribe curie vicarie dicle oivi- 
taíis in cujus posse dictus honorabilis regens vicariam Barchi- 
none hanc flrniam fecit XXVIIII die julii anno a nativilate Do- 
inini MCCCCXI presentibus leslibus Arnaldo de Millars el Pelro 
Maloses nolariis el ideo nolarius el scriba prediclus hec scripsi 
el hoc meum hic apposui sigí<num. 

Sig>í<num meum Raymundi de Cumbis prolonolarii dicli do- 
mini regís auclorilaleque regia nolarii publici per tolam lerram 
el dominalionem ejusdem qui hoc Iranslalum a diclo suo ori- 
ginali fideliler scriplum el cum eodem veridice coraprobatum 
scribi feci poslque decrelalum per dictum honorabilem regen- 
lem vicariam Barchinone ul supra patet clausi. 

Estaba el monasterio de Valldonzella, y mas el cuarto 
donde el rey estaba, todo alborotado, y todos atónitos y 
como fuera de sí, porque veian la muerte del rey tan cer- 
cana (que murió el mismo dia en la. tarde), y conocian que 
tal liabia de ser la confusión se había de seguir después de 
su muerte. 

Cuando sucedió la muerte del rey, estaba en Barcelona 
Gil Ruiz de Liori, gobernador de Aragón, enemigo capital 
del conde de Urgel, y luego que supo la muerte del rey, 
dio cobro á su persona, porque tenia muchos enemigos y 
el conde de Urgel habia dado orden que le prendiesen y 
matasen, y habian parado muchas celadas por los caminos 
por donde habia de pasar, y habia algunos en las puertas de 
la ciudad, que á todos los que venian de Valldonzella les 



( 5i3 ) 
preguntaban de la vida del rey y dónde estaba el goberna- 
dor, el cual estaba escondido en una casa y podia fácil- 
mente entender el cuidado grande que tenian los amigos del 
conde de saber donde él estaba, y tenia harto temor no le 
sucediera algún pesar; y así un dia, al amanecer, se salió 
de la ciudad y se embarcó en un navio para Peñíscola. Los 
médicos embalsamaron el cuerpo del rey y le tuvieron en 
lugar público y con la decencia debida por espacio de 
treinta dias, porque todos se certificasen de su muerte. 

El conde de Urgel, luego que el rey fué muerto, man- 
dó poner guardas á la reina, y era con tanto rigor, que no 
la dejaban salir del aposento, porque decian haber dicho 
que estaba en duda si estaria preñada del rey, y no queria 
el conde que la perdiesen de vista, porque es cierto que 
puede un preñado dilatarse hasta once y trece meses, se- 
gún «e lo habian afirmado los médicos y letrados. Nombrá- 
ronse por esto ciertas dueñas muy principales, que deseosas 
de complacer al conde de Urgel, cuidaban con gran dili- 
ligencia de lo que se las habia encomendado; y después, á 16 
de febrero de 1411, compareció en el parlamento por ellas 
micer Juan Sirvent, que refirió los trabajos y disgustos que 
habian padecido en tal guarda, y pedia la paga de lo que 
habian trabajado en esto, y el parlamento lo cometió á do- 
ce personas que estaban nombradas para cuidar de los ne- 
negocios de justicia, para que dijesen lo que se habia de ha- 
cer en esto. Pensar puede cada uno que tales quedarian 
estos reinos y corona en tal estado, porque en Aragón ha- 
bia grandes bandos entre los Lunas y Urreas, en Valencia 
entre los Vilaragudes y Centellas, en Cerdeña el estado de 
aquella isla era turbulento é inquieto, y en Sicilia no fal- 



( r>/,i ) 

(aban liarlas novedades y rumores entre la reina doña Blan- 
ca y los barones del reino: en Cataluña, aunque habia al- 
gunos bandos entre los barones de ella, pero lo pasaban 
mejor que los otros reinos de la Corona; y en fin, todos 
estaban suspensos y temerosos de que el que habia de rei- 
nar estarla, no á lo que las plumas de los letrados escribi- 
rian, sino á lo que podrían las lanzas de los soldados, y 
que el derecho consistiria en las armas y prevaleceria el del 
mas poderoso de los competidores. 

El conde de Urgel que, según la opinión mas común, 
era el que tenia mejor derecho, estaba muy contento que 
no se hubiese efectuado la legitimación de don Fadrique y 
que le faltase el abuelo: del duque de Gandía se le daba 
poco, porque estaba ausente y tan viejo, que ya no era de 
este mundo; Luis de Ñapóles, y Fernando estaban lejos, y 
éste muy ocupado en los reinos de Castilla, que gobernaba 
como tutor de su sobrino el rey don Juan II; y así el con- 
de se juzgaba vencedor de todos, y mas del infante don 
Peinando, por quien nadie se demostraba públicamente. In- 
clinábase el conde á tomar insignias y título de rey, y mu- 
chos de sus amigos se lo querían aconsejar; publicaron estos 
sus pensamientos, para ver como lo tomarían las ciudades y 
pueblos de la Corona, pero no les salió como pensaban, por- 
que aunque, según la común opinión y sentir de todos, la 
corona le pertenecía, pero no querían sufrir que él ni otro 
se la lomaran, sino que la justicia se la diera, y estimaban 
mucho los reinos de Aragón, Valencia y principado de Ca- 
taluña, que hubieran ellos de ser ó nombrar jueces- para 
declarar este punto tan grave y considerable, en que Cata- 
luña sola no quiso determinar nada, sin el parecer de Ara- 



( r,45 ) 

gon y Valencia, que tan sentidos quedaron cuando, por 
muerte del rey don Juan, solos los de Barcelona, sin con- 
sultarlo con nadie, aclamaron por reina á doña María, mu- 
jer del infante don Marlin, duque de Monblanch, que es- 
taba en Sicilia; y no querian hacer otro tal en está ocasión, 
y también que el derecho de sucesión lo tenian por mas 
dudoso ahora que no lo fué entonces, aunque quedase una 
hija del rey muerto. 

Quedaron las cortes, por muerte del rey, imperfectas, y 
los que se hallaron en ellas nombraron doce personas que 
representaran el Principado, porque estos dispusieran lo que 
importaba para el buen regimiento de él; y don Guerau 
Alemany de Cervelló, gobernador de Catalunya, Ferrer de 
Gualbes, Antonio Bussot, Berenguer Descortey, Juan Ros, 
y Arnaldo Balaster, concelleres de Barcelona, hacian por su 
parte las provisiones y todo aquello que se conocía conve- 
nir para el buen gobierno y paz de la tierra. 

El conde de Urgel, cuando murió el rey, estaba en el 
lugar de Almunia, que es de la orden de san Juan, en Ara- 
gón, y usaba el título de gobernador general; y por esto le 
valian fray Pedro Ruiz de Moros, de la dicha orden, señor 
de aquel lugar, y don Antonio de Luna, que era muy po- 
deroso en aquel reino y señor de gran parte de él, y podia 
pasar de Casíjila á Francia siempre por lugares y tierras 
suyas, y fué el mayor valedor que tuvo el conde de Urgel, 
aunque de tan desacertados consejos, que por seguirlo* el 
conde, tuvo el desgraciado fin que veremos. Luego que las 
doce personas supieron esto, les pareció no debia tolerarse, 
por los inconvenientes que se podian esperar, y porque era 
en perjuicio de los otros pretensores; y luego le enviaron í\ 



( 540 ) 
Ramón Cavall, caballero, para queden nombre de los doce, 
le rogase que sobreseyese en usar de aquel cargo, y que 
hiciese derramar la gente de guerra que tenia junta en 
Aragón, y que si no lo] hacia, ellos proveerian de remedio. 
No fué esta embajada muy gustosa al conde; pero como 
vio la resistencia se le habia hecho en Aragón y que aque- 
lla embajada se le hacia de parte del principado de Cata- 
luña, que era de quien él mas confiaba, así por la afición 
que todos le tenian, como por la naturaleza que tenia en 
ella y favor que de ella aguardaba, otorgó lo que se le 
pedia, con pacto que don Guerau Alamany de Cervelló, que 
tenia por enemigo, no usase del oficio de lugarteniente de 
gobernador; pero los doce no se contentaron de la respuesta, 
y volvieron á enviar á decir lo mismo, pero el conde siem- 
pre perseveró en lo que habia dicho, absteniéndose 
empero del ejercicio de gobernador general. 

En el entretanto que'^esto pasaba, se hicieron al rey las 
exequias en el monasterio de Poblet, porque habia elegido 
sepultura en aquel real monasterio, donde habia ya cuatro 
reyes ascendientes suyos sepultados, y habia mandado que su 
cuerpo fuese sepultado en tierra, en el claustro, delante de 
la capilla de san Gerónimo, con una piedra encima, por- 
que fuese pisado de todos los que entraran y salieran de la 
iglesia, y estuviese allá hasta que sus carnes fuesen consu- 
midas, y de aquí fuesen sus huesos trasladados dentro de la 
iglesia, y puestos en un sepulcro en el arco real, junto á la 
sepultura del rey don Pedro, su padre; pero nada de esto 
se hizo, sino que le depositaron en la Seo de Barcelona y 
estuvo en el altar mayor de ella, hasta el año 1460, que 
el abad don Miguel Delgado fué á Barcelona y lo pidió, y 



( -'^'' ) 

con treinta monjes se lo llevaron á Poblct, con muy poca 
ceremonia, y allá le han puesto en una tumba de madera, 
que es la primera de la parte del Evangelio; y no le pusie- 
ron en el arco real junto á su padre, como él habia manda- 
do, porque aquel lugar habia ya tomado el rey don Fernan- 
do, y así su cuerpo se ha quedado en dicho lugar; y si no 
fuera por la buena diligencia del abad de Poblet, aun se 
quedara en Barcelona, sin que mas se pensara en él; pero 
no era mucho se descuidaran los otros de quien tan descui- 
dado fué de sí mismo, y tan indeterminable en lo que debia 
hacer. Juntamente con su cuerpo se llevaron el de la reina 
doña Violante, mujer del rey don Juan, y le pusieron en el 
mismo sepulcro y compañía del rey, su marido, que es la 
del medio de las tres sepulturas que están en el arco real, 
á la parte de la Epístola, en aquel ilustre monasterio. 

Acabadas ya las exequias del rey don Martin, á 22 de ju- 
lio de 1410, el gobernador, desde Barcelona, convocó par- 
lamento general del Principado para la villa de Monblanch, 
para el último de agosto; y allá se juntaron muchas per- 
sonas de las que eran llamadas en la iglesia de san IMiguel, 
y en conformidad de la mayor parte de los que allí se ha- 
llaron, á 10 de setiembre se deliberó mudar el lugar del 
parlamento, porque habia muchos lugares que estaban infi- 
cionados de peste, y prorogóse para la ciudad de Barcelona 
para 25 del mismo mes de setiembre, que se hallaron en la 
sala grande del palacio del rey el mismo gobernador, el 
arzobispo de Tarragona, don Pedro Cagarriga, con cuatro 
eclesiásticos, cinco síndicos de Barcelona, dos de Perpiñan 
y uno de Figueras, sin njngun militar ni otra persona al- 
guna; y así le prorogaron para 30 del mismo mes, para 



( 348 ) 
dar tiempo á los que hablan de venir, y en el mismo dia, 
habiendo en el parlamento catorce eclesiásticos, treinta y 
cinco militares, once síndicos v dos diputados, propuso el 
j^obernador la causa porque habia convocado aquel parla- 
mento, que era á fin de buscar el mejor y mas seguro ca- 
raino por donde viniesen estos reinos y Corona en mano de 
aquel á quien por justicia perteneciesen, exhortándoles á to- 
dos á paz, amor y concordia, según se lo habia encomen- 
dado el rey don Martin, estando para morir: y esto lo fué 
dilatando con un muy largo y bien concertado razonamiento, 
que á mas de estar continuado en el proceso del parlamento, 
lo refiere casi todo Gerónimo Zurita; y el arzobispo de Tar- 
ragona le respondió muy largamante, y el brazo millitar y 
real se ajustaron á lo que él habia respuesto, declarando 
el deseo grande que todos tenian que se encaminara todo 
de suerte que fuese á honra y gloria de Dios nuestro Señor, 
paz y provecho de todo este Principado y Corona. Pero Ro- 
ger Bernat, hijo mayor de Hugo, conde de Pallars, declaró 
que él V otros muchos de su opinión , aunque afirmaban 
que lo que se habia de tratar en aquel parlamento les es- 
taba bien, pero disentian á la mudanza se habia hecho de 
Monblanc á Barcelona, por no ser á propósito aquella ciu- 
dad ni haber ellos estado en Monblanc, cuando se deliberó, 
ni aun habia parecido bien á todos los que allá se halla- 
ban, porque, según dijeron después con escritura que á 2 de 
octubre presentaron al gobernador, á la que salia de la 
casa de los comendadores de san Juan, donde tenia su po- 
sada, que aquella ciudad habia siempre tenido costumbre 
de hacer gran perjuicio á las preeminencias y pierogativas 
de los barones y nobles de Cataluña, y lo habia de hacer 



( 349 ) 
mas que nunca en aquella ocasión que estababan sin rey y 
señor, v habia de mirarse mucho de juntar parlamento en 
una población tan grande como era aquella, donde cada 
dia acudia mucha gente y habia gran peligro de ponerse 
todas las cosas en gran tribulación , y mas que no po- 
dian sufrir la gran superioridad y preeminencia que los 
concelleres de ella pretendian tener en todos los parla- 
mentos del Principado, y sobre todo se sentian mucho de 
unos pregones que habia hecho el gobernador, de orde- 
nación de los concelleres, prohibiendo el porte de las armas 
con graves penas, v decian que era con intención de cau- 
sar terror á los llamados al parlamento, el cual era mejor 
que se juntara en otra parte de Cataluña, mas cercana á 
Aragón y Valencia, para mejor poder tratar y conferir y to- 
mar consejo sobre lo que habia de ser mas conveniente á lo 
por que estaban congregados; y esto mismo pedia también el 
síndico de Tortosa, porque los de aquella ciudad desea- 
ban ver en ella el parlamento. Pero el conde de Cardona, 
don Pedro y don Roger de Moneada y otros muchos mag- 
nates y nobles, amigos del conde de Urgel, defendian con 
grandes veras la mudanza se habia hecho de Monblanc á 
Barcelona, y sobre esto habia gran disensión en aquel par- 
lamento; y á 26 de octubre dieron sobre esto un gran me- 
morial fundando con muchos derechos esta su opinión, v lo 
mismo hicieron Dalmau Cacirera, Galceran de Resanes v 
Marc de Avinyo por los caballeros y hombres de paraje; y 
el arzobispo y estado eclesiástico y brazo real se conforma- 
ron con ellos, porque todos habian aconsejado la mudanza 
del parlamento, y deseaban se nombrasen arbitros para de- 
clarar sobre esto v sobre la división habia entre los barones 



( 550 ) 
y nobles, de una parte, y los caballeros y hombres de para- 
je, de otra, porque estos últimos querían hacer un brazo de 
ellos solos, separándose de los barones y nobles, y era sus- 
citar una pretensión muy antigua y vieja, y siempre con- 
tradijeron á ella los brazos eclesiástico y real, porque con- 
sideraban muchos daños hablan de salir de tal división y 
discordia, y mas en esta ocasión, y les desengañaron que 
por la vida no lo sufrirían; y así sobre esto y sobre los pre- 
gones que hablan hecho los concelleres de Barcelona fue- 
ron nombrados arbitros, y estos á 19 de diciembre de este 
año dieron su sentencia, y aunque en algunas cosas discor- 
daba, pero la conclusión de ella era: Que el parlamento, sin 
hacer mudanza de lugar, se continuase por entonces en Bar- 
celona, y que cesase el ejercicio de aquellas doce personas 
que se nombraron cuando murió el rey don Martin, y que 
lo que ellos hablan de hacer lo hiciera el parlamento, y 
que sobre la división del brazo militar se guardase lo que 
se habla observado en el parlamento que tuvo la reina doña 
María, mujer del rey, y que no causasen perjuicio á los 
militares los pregones habian hecho los concelleres de Bar- 
celona; y con esto quedó el parlamento mas libre y sin 
estorbo para poder entender en buscar forma para venir 
al fin para que se habla juntado, que era hallar y saber de 
cierto la persona á quien, según justicia, debian prestar el 
juramento de fidelidad. 

Cuando estas cosas pasaban en el parlamento, llegaron á 
6 de octubre á la ciudad de Barcelona, antes del medio- 
día, los embajadores del conde de Urgel , qne eran fray 
Juan Exemeno, maestro en teología, del orden de san 
Francisco, electo obispo de Malta, su confesor, don Dalmau 



( s;íi ) 

de Queralt, Mateo Vidal y Domingo Senart, doctores en 
derechos, y llevaban carta credencial del conde, hecha ú 
24 de diciembre en el monasterio de Bellpuig de las Ave- 
llanas, de religiosos premostratenses, en el vizcondado de 
Ager. El dia siguiente, el arzobispo propuso *en el parla- 
mento sobre la audiencia se habia de dar á estos embaja- 
dores y á los del rey de Francia, que ya habia dias que 
aguardaban audiencia, y no parecia bien se dilatase: tratóse 
el negocio; v como á cada cosa que se proponía habia di- 
visión entre los del brazo militar, tardaban á tomar reso- 
lución, porque todo el tiempo era menester para concordar 
los de aquel brazo; y después de haber pasado sobre esto 
muchas razones y protestas, que por no hacer al caso dejo, 
se vino á diferir la audiencia para 1 1 de octubre, sábado, 
que se dio á los del rey de Francia, y el lunes siguiente, 
que era á 13 octubre, se dio á las ocho de la mañana á 
los del conde de Urgel, y habló por ellos el obispo de 
Malta, que era hombre muy docto y elegante, y tomando 
por tema aquellas palabras que dicen: Inlende m caiisam 
meam, prosiguió su razonamiento, probando que por ser don 
Jaime de Aragón descendiente por línea masculina de la 
casa y linaje de los reyes de Aragón, le pertenecia el reino, 
y esto lo confirmó con lugares de la Sagrada Escritura, de 
los derechos canónico y civil é historias antiguas. 

Por razón de la división habia entre los del estamento 
militar sucedían cada dia dentro del parlamento inquietu- 
des, y pasaban cosas que, sabidas de los de fuera, desauto- 
rizaban mucho aquella junta tan grave; particularmente á 
8 de octubre estuvo á punto de desunirse del todo, porque 
los caballeros y hombres de paraje quisieron tener notario. 



( 3r)2 ) 

y nombraron á Francisco Fonolleda, que habia sido escri- 
bano del rey don Martin, y le habian dado lugar y asiento, 
así como lo tenian los escribanos del brazo eclesiástico, 
militar y real, y no querian que se saliese de allí, porque 
decian que pues habia cuatro brazos y ellos hacian de por 
sí el suyo, querian meter escribano, así que, habia de ha- 
ber cuatro, uno por cada brazo; y aunque los del eclesiás- 
tico y real lo contradijeron, no pudieron acabar cosa, y se 
salieron del parlamento, y faltó poco que todos no se vol- 
viesen á sus casas, sin hacer este dia otra cosa sino dar 
pretestos los unos á los otros; y como habian de llamar por 
testigos á personas que no eran del parlamento, estos lue- 
go que sallan publicaban lo que pasaba dentro,' de donde 
nacia el desautorizarse mucho aquella junta; y por eso hicie- 
ron después, á 17 de octubre, una determinación de que los 
testigos instrumentales fuesen del mismo parlamento, y no 
fuera de él, porque así se guardase mejor el secreto. 

A 31 de este mes llegaron al parlamento los embajado- 
res del infante don Fernando de Castilla, llamado vulgar- 
mente el infante de Antequera, hijo de doña Leonor, que 
fué hija del rey don Pedro de Aragón y hermana predi- 
funta del rey don Martin: no hallo estos embajadores quie- 
nes eran, porque por descuido del escribano del proceso 
quedó su nombre en blanco. La suma de la embajada fué: 
si aquel parlamento pensaba estar en la ciudad de Barcelo- 
na y entender aquí á quien de los competidores pertenecía 
el derecho de la sucesión, porque en tal caso, ellos estaban 
aparejados, las horas que les serian asignadas, de probar co- 
mo era del infante don Fernando; y si no pensaban entender 
en esto en la ciudad de Barcelona, rogaban de parte de su 



( 553 ) 
señor dos cosas: la' primera, que lo abreviasen todo lo po- 
sible, por el daño que había en la tardanza; y la otra, que 
tuviesen por encomendada la justicia no solo del infante, 
pero aun de los demás que pretendían tener derecho en 
aquella sucesión; y el arzobispo les respondió, que no pen- 
saban entender en ello sin los demás reinos, y que lo mas 
presto les seria posible entenderían en la expedición de 
aquel negocio, á fin de dar el derecho á aquel á quien to- 
case; y presto deliberaron, después de haberse tratado mu- 
chos días, que fuesen nombrados doce embajadores, seis pa- 
ra Aragón y seis para Valencia, para tratar lo que se debia 
hacer en este negocio y buscar modo como llegar al fin que 
todos deseaban, que era saber á quien se habia de prestar 
el juramento de fidelidad, y también para concordar y poner 
treguas en las discordias y bandos habia entre los particula- 
res de Aragón y de Valencia, que confiaban que, á imitación 
de k)s catalanes, lo harían así como ellos, que habían deju- 
do todas sus pasiones y comodidades propias para entender 
lo que convenia al bien público y servicio de Dios y del que 
habia de ser rey; y á 8 de noviembre fueron nombrados 
estos embajadores, cuyos nombres traen otros autores. 

Por estos tiempos salieron del condado de Comenge al- 
gunas gentes de armas en los valles de Aran y Andorra, y 
aunque el parlamento proveía lo necesario para hacerles 
poderosa resistencia, no por eso dejó el conde de Urgel á 
20 de diciembre de enviar sus embajadores, que eran el 
obispo de Malta y micer Macian Vidal, al parlamento; y di- 
jeron haber venido por tres cosas, la primera, por hacerles 
sabedores de la entrada que gentes forasteras habían hecho 
en Cataluña; la otra, que entendieran en la defensa del Prin- 
joMo X. 24 



( 354 ) 
cipado, y la última, que ofrecía su persona y estados por 
la defensa de la tierra; y esto lo hacia el conde para ver si 
se le encargaría á él el resistir á estos, porque con ese co- 
lor hubiera él juntado gentes de armas y se fuera hecho 
poderoso; pero el parlamento nunca se lo quiso conceder, 
y así le respondieron, que agradecían el aviso y ofrecimien- 
to les hacia, y que en su lugar y tiempo le aceptarían de 
buena gana. 

Mientras los del parlamento aguardaban que las cosas de 
Aragón y Valencia y los bandos había en aquellos reinos 
tomaran algún buen asiento con la diligencia de los seis em- 
bajadores que habían enviado á cada uno de estos reinos, 
sucedió á 29 de enero de este año lilt, estando junto 
todo el parlamento en la sala del palacio real, que llegó 
allá doña Juana, condesa de Ampurias, y don Pedro de Fo- 
nollet, vizconde de Illa y Canet, que hablando por ella, 
dijo estar muy quejosa de don Jaime de Aragot», conde de 
Urgel, por haber con mana y artificio procurado que doña 
Electa, su hermana, que había sido mujer de don Hugo 
de Anglesola y entonces de Jorge de Caramany, y una hija 
que tenia del primer matrimonio vinieran en poder suyo, y 
quería por fuerza, contra la voluntad de la" doncella y de 
su madre y de sus amigos y parientes, casarla; y por ser co- 
sas estas de tal naturaleza y que no era bien tolerarse, acu- 
dían al parlamento, porque proveyera lo que mas justo pa- 
reciese; y dicho esto se salieron fuera. Tratóse el negocio, 
y deliberaron que Guillermo Carbonell, canónigo y sacris- 
tán de la Seo de Barcelona, y Guillermo Domenech, síndico 
de Gerona, fuesen de parte del parlamento al conde para 
saber é informarse de lo que había en esto, y si hallaban 



( 5oo ) 
ser verdad lo que se habia representado en aquel parla- 
mento, rogasen y persuadiesen al conde se llevase en aquel 
negocio de tal manera, que de allí adelante no se hubieran 
de quejar de él, v por esto dieron á los embajadores su le- 
tra credencial. 

El dia siguiente, que era á 30 del mes de enero, vol- 
vieron los embajadores al parlamento, y dijeron que el con- 
de decia que él no habia tenido ni tenia detenida á doña 
Elceta, antes bien estaba en libertad de ir donde quisiese, 
y que era verdad que á su hija se la habian encomendado 
su misma madre y otros parientes y amigos suyos, v que 
siendo él medianero, habia casado con el hijo de don Pon- 
ce de Ribelles, servidor suyo, muy querido y amado, y se 
habian ya hecho los capítulos matrimoniales, v habia uno 
entre ellos, que contenia, que si acaso sobre lo pactado en 
aquellos sucediera haber alguna duda, quedaban nombrados, 
por parte de don Ponce, Bernardo de Vilagayá, y de doña 
Elceta, AymonDalmau, para que. declarasen la tal duda, y 
que doña Elceta habia mudado de parecer y no queria que 
se hiciese aquel matrimonio, y pocos dias habia que se habia 
llevado á su hija, sacándola de casa del conde, de lo que 
estaba muy ofendido, por pareccrle que habia sido mengua 
suya, y por enmienda de ello procuró que volviese ásu casa 
y palacio, donde estaba tratada y respetada según su cali- 
dad y sexo requeria, y deseaba en esto proceder tan justifi- 
cadamente, que pedia al parlamento nombrase algunas per- 
sonas que mirasen los capítulos y se informasen del negocio, 
que él estarla á todo lo que las tales personas declarasen 
sin apartarse de ello. Entonces el parlamento, á mas de 
los dichos embajadores, nombró á Ronanat Pere, síndico de 



( 55G ) 
Barcelona, y á Juan de Prats, síndico y canónigo de Tor- 
tosa, para que, informados del caso, hicieran relación al par- 
lamento y él proveyese lo que fuese justo; pero el dia si- 
guiente el parlamento recibió una carta del conde , que 
daba razón del hecho, y decia así: 

Ais raolt reverent nobles e honrats que son residents en lo 
parlament de la ciutat de Barcelona. 

A la gran saviesa de vosallres certificara que es vingut a nos- 
Ira oyda que alguns quis dien parents de Na Magdalena de An- 
glesola han dit devant lo parlament essent ajiistat que per qui- 
na causa leniam nos la dita Magdalena e ab gran colp de páran- 
les esplicant les quals paria no isquesen de bomens rahonables 
mesvoluntaris: de que notificara a la vostra saviesa de vosaltres 
que nos lenim la dita Magdalena perqué nos fonc comanada per 
lo noble raossen Pons de Ribelles que ere son tudor ab benivolen- 
cia de sa mare. E axi raateix con son avi e son pare fosen araicbs 
e servidors del iofant noslre pare ais quals Deus do santa gloria 
e reberen de grans beneficis deis dils senyors e la avia de la dita 
donzella isque de la casa de Ribelles que son poblats en lo corap- 
tat de Urgell que ere deis senyors damunt dits e niorinl lo se- 
nyor rey en Marti qui Deus perdo e lo dit mossen Pons qui ere lu~ 
dor de la dita noble donzella romanent en casa nostra vehenque 
Ja successio del regne pertanyia a nos e erora gobernador ge- 
neral per sguart de les coses damunt dites e de aquelles altres 
quey han specifical de vostra part los erabaxadors quins haveu 
trames c per aquesl sguart tenim la dita pubilla e tendrem tant 
com raho dictara e scoUarem a lots aquells quins demanaran res 
per justicia: cerlificantvos que alguns nos han dit ques diuhen al- 
gunes paraules devant la saviesa de vosaltres dient que les diuhen 
en favor de la damunt dita: vulla guardar vostra saviesa que los 
dits lurs son per lur propri interés no per profit de la dita pubi- 
lla pero veurots en nosíres obres qual profit se seguirá de aque- 
lla per moltes rahons que al present non cal specificar. Data en 
San Boy sots lo sagell de nostre anell a 30 de janer del any 1411. 

Jayme Barago. 
Jaime. 



(357 ) 

No dejó esta carta de alterar á algunos del parlamento 
que eran mal afectos á las cosas del conde de Urgel y no 
ponderaban las palabras de ella según debian, antes inter- 
pretaban que diciendo el conde que escucharla á todos los 
que pedirían algo por justicia, era quererse hacer juez de 
esta causa; y esto era interpretación torcida y ajena de la 
intención del conde, cuyo pensamiento era decir, que si 
alguno quisiese lo que él habia hecho pedírselo por justi- 
cia, escucharla y pasaria por lo que fuese según ella, que 
bien cierto era que ni el conde era juez, ni le tocaba serlo 
de esta causa, pero como habia muchos émulos en el par- 
lamento, le achacaban aquello que no le habia pasado por 
la imaginación, y por hacerle odioso decian lo que no era. 

En esta ocasión también compareció en el parlamento 
Bernardo Gallac, procurador de la reina doña Violante, 
viuda del rey don Juan, madre de otra Violante que casó 
con Luis, duque de Anjou, que llamaron rey de Ñapóles; 
y esta doña Violante era hija del duque Roberto de Bar y 
de María, su mujer, que era hermana de Juan, rey de 
Francia, y el rey Carlos, que reinaba en este tiempo en 
Francia era hijo de otro Carlos y nieto del dicho Juan, y 
defendía con grandes veras á la reina Violante de Ñapóles, 
porque eran hijos de primos hermanos y deseaba el reino 
para su marido, y les pesaba que el conde de Urgel fuese 
tan querido en Cataluña y tuviera dentro del parlamento 
tantos amigos, y para echarlos de él, acordaron que la reina 
doña Violante pidiera que fuesen echados del parlamento 
aquellos que ella ó su hija tenían por sospechosos, que eran 
los amigos y deudos del conde y muchos caballeros que 
estaban poblados en aquel condado y tiraban sus gajes y 



( 558 ) 
eran sustentados de su hacienda, como eran fray Guiller- 
mo, abad de nuestra Señora de Bellpuig de las Avellanas, 
del orden premostratense, fray Vicente, abad de Ager, del 
orden de canónigos reglares de san Agustin, el conde de 
Cardona y don Antonio, que eran deudos suyos, mosen 
Bernat de Forciá, Galceran de Rosanes, Dalmau de Caci- 
rera y otros muchos que intervenian y podian intervenir en 
aquel parlamento; y el Bernardo de Gallac no dejaba esto 
de solicitarlo cada dia, tanto, que los del parlamento se ha- 
llaban muy turbados sobre esto, porque si aquello tenia 
lugar, habían de salirse muchos de él, unos por ser parien- 
tes y otros por estar heredados en el condado de Urgel y 
vizcondado de Ager. El conde, que no queria que sobre esto 
se declarase nada, mandó á 10 de febrero á Antonio Vila, 
escudero de su casa, que diera una escritura, cuya suma 
era, que no tratándose aun de la sucesión, no habia para 
que haber de excluir de ella á los sospechosos, ni se habia 
de decir ni aun pensar que la amistad y deudo que tenia 
el conde con algunos de aquella congregación les obligara 
á hacer cosa que no fuera muy debida v justa, y aunque 
pudiera poner sospechas contra muchos de los que allí con- 
currian, pero lo dejaba en aquella ocasión, por no dilatar y 
entretener aquel parlamento, y porque mas presto se acu- 
diera á la declaración de la persona á quien de justicia 
perteneciese la corona; y así, que no se diese lugar á la 
pretensión de la dicha reina, ni oidas las razones que en 
orden á dichas sospechas habia propuesto el dicho Gallac. 
A los 13 de febrero, después de haber tratado de lo que 
se habia de hacer sobre las sospechas alegadas por parte 
de la reina de Aragón, se ordenaron dos embajadas, una 



( 5o0 ) 
á la reina y otra al conde. Fueron los embajadores, Gui- 
llermo Carbonel, canónigo y sacristán de la Seo de Bar- 
celona, y Mateo Cardona, caballero, y micer GujUen Do- 
menge, síndico de Gerona, para exhortarles y aconsejarles 
que se apartaran una jornada de Barcelona, por convenir 
así, para quitar los inconvenientes y sospechas que pudiera 
haber, estando ellos cercanos á esta ciudad; porque, según 
decian los del parlamento, querian lejos de sí á dos perso- 
nas de tan gran autoridad, cuya vecindad era de gran es- 
torbo para los buenos intentos que aquel parlamento lleva- 
ba; y el dia siguiente, por quitar todo genero de sospechas, 
el gobernador y arzobispo juraron de dar en todo buen con- 
sejo, sin amor, odio ú otra cualquier pasión; que guarda- 
rian secreto; que quitarían los estorbos que hubieran de 
dilatar aquel parlamento, y que todos los que asistían en él 
hubieran de prestar tal juramento, y que el que se escusase 
no fuese admitido en él, como á persona sospechosa y de 
no buenos intentos: y así á 15 del mes juraron todos, y ya 
en el mes de octubre hablan hecho que los testigos instru- 
mentales fueran del mismo parlamento, por el inconveniente 
que habia de haberles llamado fuera de él, por el poco 
secreto que guardaban. 

A los 16 de febrero llegó embajada del conde: eran los 
embajadores el obispo de Malta y fray Juan Cesclergues, ca- 
ballero del orden de san Juan, y dijeron que el conde era 
bajado á Valdonzella, y tenia algunas cosas que decir al par- 
lamento sobre el estado de las cosas de Cerdeña y otras, y 
les rogaba que fuesen allá, que les deseaba hablar: y el 
parlamento ordenó que el arzobispo, con veinte y cuatro 
personas de las que eran nombradas para la defensa del Prin- 



( 360 ) 
cipado, con las que quisiesen ir con ellos, fuesen á Vall- 
donzella á hablar al conde y ver lo que quería; y llegados 
allá, solo les dijo, que ofrecia su persona, estado y vasallos, 
por la conservación del reino de Cerdeña, cuyos negocios 
en aquella ocasión estaban en muy mal estado; y le agra- 
decieron mucho aquel ofrecimiento, y le dijeron que el par- 
lamento acordaría sobre ello. 

Volvieron también los embajadores que habían ido de 
parte del parlamento al conde sobre la queja de doña El- 
ecta y doña Magdalena, su hija, y dijeron haber tenido di- 
versos coloquios con Aymon Dalmau y Bernardo de Vila- 
gayá; y el parlamento, á 17 de febrero, resolvió que todos 
juntos se vieran con la vizcondesa de Rocabertí, abuela, y 
con doña Elceta, madre de doña Magdalena, y fuesen me- 
dio para que el matrimonio, que de principio habían que- 
rido, se efectuara, é hicieran relación al parlamento de la 
respuesta de ello. 

Este mismo día se despidieron los embajadores para el 
conde y reina doña Violante, y se dudó qué título se de- 
bía dar al conde de Urgel en los sobrescritos de las cartas, 
y fué acordado que dijesen: al muy egregio señor don Jaime 
de Aragón, conde de Urgel. Estrañó algún tanto esta emba- 
jada, y le pesaba de haberse de apartar de la ciudad de 
Barcelana una jornada, y estuvo muchos días que no se 
movía del lugar de San Boy; y esto causó sospechas y celos 
al infante don Fernando, que, aunque ausente, tenia bue- 
nos avisos de lo que pasaba, y envió sus embajadores, que 
llegaron al parlamento á 11 de abril, y eran Fernán Car- 
ees de Berga y don Juan González de Acevedo, con su le- 
tra credencial; y estos dijeron que la intención y voluntad 



( 561 ) 
del infante no era entrar en estos reinos, ni hallarse en e! 
parlamento , como lo habian publicado algunas personas; 
pero que cuando alguno de los otros competidores hiciese 
tal cosa y el parlamento lo tolerase, él certificaba que ba- 
ria lo mismo, y que parecía muy mal que sufriesen que el 
conde de Urgel estuviese á una legua de Barcelona, pu- 
dicndo así con medios no lícitos inducir en su favor algu- 
nos de aquel parlamento, y lo que mas malo parecia, era 
que se acercase tan junto á la ciudad, como era el monas- 
terio de Valldonzella, do sabia que habia venido dos veces, 
y que esto no habia de permitirlo aquel parlamento. El 
arzobispo les dio respuesta de parte de todos, y fué tal, que 
se fueron muy contentos aquellos embajadores. 

A 18 de este mes respondió también el conde á lo que 
habian dicho los embajadores del infante , y con escri- 
tura presentada en el parlamento, mostró estar muy senti- 
do de lo que de él se habia dicho, y que eran muy escu- 
sadas las, razones de los embajadores del infante, y que la 
nación catalana y demás de la corona eran de tal condición, 
que con medios ilícitos no se habia de acabar cosa, pues 
sola verdad y justicia podian con ellos; y porque sabia que 
los del parlamento gustaban que se ausentara de Barcelona 
y él deseaba darles gusto, por confiar de ellos y de Cata- 
luña todo favor, se apartó de Barcelona y se vino á Bala- 
guer, donde no hacia falta en el parlamento, por tener en 
él buenos amigos y parientes, y no le faltaban trazas para 
saber todo lo que en él pasaba. 

Perseveraba Bernardo Gallac, de parte de la reina doña 
Violante, pidiendo que se declarara sobre las sospechas que 
él habia propuesto contra los que eran sospechosos ; y el 



( '"562 ) 
parlamento venia muy mal en haberlas de admitir, pues no 
era caso, aunque debieran haber lugar, no embargante que 
habia en él (según decia con una escritura que dio) los pro- 
curadores de la condesa doña Margarita, madre del conde, 
y de don Juan, su hermano, y otros muy aficionados su- 
yos, el abad de las Avellanas, el de Ager y muchos caba- 
lleros que estaban heredados en el condado de Urgel. Tra- 
tóse este artículo muchas veces en el parlamento, y á 23 
de mayo de 1411 respondieron, como aquel parlamento 
no se habia juntado para ser juez de la causa de la suce- 
sión á la corona, sino para buscar y escoger los medios y 
modo como se pudiera venir á ella, y que aunque habia 
dentro de él muchos deudos, vasallos y amigos de los com- 
petidores, no por eso habian de preferir á los parientes se- 
ñores y amigos, al que habia, según justicia, de ser su rey 
y señor, por obligarles á ello la fidelidad de la nación ca- 
talana: y con esto despidieron al procurador de la reina 
doña Violante. 

Aunque estaba el conde retirado en la ciudad de Bala- 
guer, no dejaban sus cosas de estar en gran reputación, 
y á común opinión era tenido por mas legítimo sucesor 
que los demás competidores y á mas de eso era el que 
mas amigos y valedores tenia; y aunque habia ya muchos 
que se declaraban por él, pero eran muchos mas los que 
de secreto le favorecian y deseaban verle con la corona, 
pareciéndoles que no habia de haber razón tan justificada 
que se la quitara, porque tenian por cierto debérsele á él 
solo. Pero estando las cosas en el estado y punto que digo, 
sucedió, sin culpa si ciencia del conde, un caso tan atroz 
y feo, que de tal manera desautorizó y trocó sus cosas y 



( oG3 ) 
suerte, que de aquel punto adelante fueron en tanta dis- 
minución Y descrédito, que dio ocasión al infante de Cas- 
tilla de meter en Aragón y Valencia mucha gente de ar- 
mas del reino de Castilla, cosa que hasta aquel punto no 
habia osado intentar. v 

El caso fué que en el reino de Aragón habia dos bandos 
ó parcialidades, que eran los Urreas, cuya cabeza y caudi- 
llo era don Pedro Giménez de ürrea, y los Lunas, cuya 
cabeza era don Antonio de Luna, y estos eran muy apa- 
sionados por el conde de Urgel, porque siempre aquel li- 
naje de los Lunas habia sido muy valedor de la casa de los 
de Urgel, y en tiempos pasados es fama haber emparenta- 
do estas dos casas, y de aquí les quedó hacer los Lunas por 
armas v divisas una luna jaquelada de oro y negro, á imi- 
tación de los de esta casa, que traían los jaqueles de oro y 
negro; y era este don Antonio, como se dijo, de los mas 
poderosos y ricos señores del reino de Aragón, y estaba tan 
apasionado, que moria por ver rey al conde, y siempre fué 
el principal consejero suvo v el que á la postre lo echó á 
perder. Los del bando de los Urreas estaban apasionados, 
los unos por el infante don Fernando, y los otros por Luis, 
hijo del rey de Ñapóles: el arzobispo de Zaragoza esforzaba 
mas que todos la justicia del infante. Hablan tenido en el 
reino de Aragón su parlamento en la ciudad de Calatayud, 
y aunque se hablan ofrecido muchas dificultades y estor- 
bos, pero el negocio habia llegado á tal estado, que todo 
lo que se habia de hacer en aquel parlamento se habia co- 
metido á nueve personas, que habian de buscar y proponer 
los medios para llegar á tratar del derecho de la sucesión. 
Estos nueve eran el arzobispo de Zaragoza, don Juan de 



( 364 ) 
Valtierra, obispo de Taracona, hombre celoso en extremo 
de sus preeminencias y honras, micer Berenguer de Alme- 
nara, Juan Cid de Calatayud, Juan Fernandez de Sayas y 
Gil del Vayo, Ramón de Torrellas y Antonio del Castillo, 
y micer Berenguer de Bardají, de quien se hacia gran caso 
en aquel reino; y estos, usando de la facultad y poder les 
habia sido dado, acordaron muchas cosas convenientes para 
el fin porque aquel parlamento se habia juntado; y porque 
se tuvo cierta junta de letrados sobre una respuesta que ha- 
bian de dar á los embajadores de Cataluña, que estaban 
en Calatayud, y en la tal junta no fué llamado este obispo, 
tuvo de esto tal sentimiento, que aunque fué requerido de 
los demás, se partió de aquella ciudad, declarando que en 
nombre suyo y de su iglesia disentia á todo lo que se ha- 
bia acordado; y aunque al primero de junio se habian con- 
gregado los ocho en la iglesia de san Pedro, y estando allá 
le rogaron que volviese, no hubo remedio de reducirle, sino 
que se partió de aquella ciudad y quedó aquel parlamento de 
Aragón desbaratado y deshecho, y cada uno se volvió á su 
casa, quedando todas las cosas en peor estado que nunca. 
El arzobispo de Zaragoza se salió, como los demás, y to- 
mó el camino de Zaragoza, y llegó aquella tarde al lugar 
de la Almunia de doña Godina, donde hizo colación, por- 
que ayunaba aquel dia, y aquí aguardó á don Antonio de 
Luna, porque quedaba concertado entre ellos verse en el 
camino. Estando aquí el arzobispo, llegaron á él Francisco 
de Belcayre y Miguel Mazas, notario, de parte de don An- 
tonio, suplicándole que saliese al camino, porque tenia que 
tratar con él algunas cosas de las materias corrientes, se- 
gún ya quedaba concertado entre ellos. El arzobispo, que 



( 565 ) 
no sospechaba violencia alguna, ni el sacrilegio y desacato 
que sucedió, por confiar de las treguas había entre ellos, 
confirmadas con juramentos, y también porque después de 
hechas habían pasado entre los dos muchos ofrecimientos 
y cortesías, salió al camino, á caballo en una muía y de- 
sarmado, en compañía del sacristán mayor de Zaragoza y 
de Juan Bonet, rector de san Martin, y de algunos cléri- 
gos y de cuatro ó cinco escuderos, todos desarmados; salu- 
dáronse con grandes cortesías y demostraciones de amor y 
voluntad; apartáronse en el camino que va del lugar de la 
Almunia á Almonacir, donde hablaron muy largamente del 
derecho de los competidores; y de unas razones en otras 
vino á decir don Antonio, si seria rey el conde de Urgel, 
y el arzobispo, que en esto no se mostró tan prudente co- 
mo debía, dijo que no, mientras él viviese; y don Antonio, 
encendido en cólera, dijo que lo había de ser, ó muerto el 
arzobispo ó preso; y el arzobispo dijo, que muerto bien 
pudiera ser, pero preso nó; y dicho esto, revolvió la muía 
y don Antonio le dio un bofetón, y con la espada un golpe 
en la cabeza: salió mucha gente de la que llevaba don An- 
tonio, que estaba escondida, y uno de ellos dio á la muía 
un golpe en la cabeza, y con esto detuvo que el arzobispo 
no se escapara, y otro, que llevaba la lanza de don Anto- 
nio, díó con ella al arzobispo, debajo del brazo, y le der- 
ribó de la muía, y estando en el suelo le acabaron de ma- 
tar y cortaron una mano: al rector de san Martin y al sa- 
cristán de Zaragoza les dejaron muy maltratados y heridos, 
y mataron algunos de los que iban con el arzobispo. 

Esto es lo que comunmente se cuenta de este caso: pero 
don Antonio de Luna, en una carta que á 6 de junio es- 



( 3GG ) 
cribió al parlamento de Cataluña, dándole razón de este su- 
ceso, carga toda la culpa al arzobispo, por ser hombre bu- 
llicioso é inquieto, y que le queria matar y lo habia mu- 
chas veces mtentado, y mas ahora últimamente, y con in- 
tención de esto habia salido de la ciudad de Calatayud para 
ir á la de Zaragoza, que tenia tiranizada y oprimida, y que 
estando en la Almunia de doña Godina con mucha gente 
de armas, le hizo requerir que se vieran y trataran de di- 
versas cosas, y no dice ni declara qué eran, sino que des- 
pués de haber hablado buen rato, vinieron á las manos y 
se encendió brega entre ellos, y que él se halló con solo 
un hombre de á caballo, y con el arzobispo eran mas de 
treinta de á caballo y diez de á pié, y que su intención 
solo habia sido prenderle y no hacerle otro daño, y que 
haciendo lo posible por tomarle, su gente le hirió en el 
cuello con un golpe de espada, aunque fué poca aquella 
herida y él presto estuvo sin peligro, y que mientras esta- 
ban peleando, llegaron siis gentes que se habian quedado 
atrás y la pendencia se encendió de manera, que el arzo- 
bispo fué vencido con todos los demás de su compañía, y 
nunca se quiso dar á don Antonio y quedó muerto en la 
plaza, junto á las puertas del lugar; y en esta carta afir- 
ma ser esto la verdad, y que si algún barón ó caballero ó 
otro igual suyo lo contradijera, le desafia, y se obli- 
ga á hacerle otorgar ser esto verdad del modo que queda 
dicho. El fruto que nació de este hecho fué quedar don 
Antonio tan aborrecido de todos, que cuando querian mal- 
decir á uno, le decian: con don Antonio te topes; por juz- 
garle tan malo, que solo el encontrar con él tenían por cosa 
execrable, triste y de mal agüero; y este refrán dura aun 



( 3G7 ) 
en aquel reino, y de aquí se puede inferir qué buena disposi- 
ción podian hallar las cosas del conde en aquel reino, cuyo 
mayor amigo que sustentaba su causa era tan odioso á to- 
dos. Sucedió esto un lunes, primer dia del mes de junio 
de este año, y luego se supo por toda la Corona, aunque 
en el parlamento no se publicó hasta 8 del mes, que se leyó 
una carta de los embajadores, escrita á 3 de! mes, y que- 
daron todos admirados de tal caso. Acabóse entonces de 
determinar, según ya se habia tratado á 12 de mayo, que 
aquel parlamento se prorogase para la ciudad de Tortosa, 
por estar mas cercano á los reinos de Aragón y Valencia, 
y facilitar todo lo posible la declaración de la sucesión, por- 
que todos estaban muy temerosos que cada dia sucederian 
semejantes novedades. Moviéronse á hacer esta prorogacion 
por otra carta que recibieron á 12 del mes, de don Anto- 
nio, en que daba razón al parlamento del caso, cargando 
también la culpa de todo al mismo arzobispo, y certificaba 
que el infante de Castilla venia con poderoso número de 
gente; y así, á 12 de julio , se escribió á todos aquellos á 
quien parecia que se debía notificar, que el parlamento se 
prorogaba para la ciudad de Tortosa, exhortándoles que 
para 16 de agosto acudieran á ella. 

Llegado este dia de 16 de agosto, se juntaron en el ca- 
pítulo de la catedral de aquella ciudad, aunque la gente 
acudia muy de espacio y fué necesario que se les escribiera 
muy apretadamente, y se valieron del favor del papa Be- 
nedicto, que estaba en la villa de San Mateo, del Maes- 
trazgo de Montesa, en el reino de Valencia, el cual lo es- 
cribió á muchos eclesiásticos, y les representó el gran daño 
que se seguia de no congregarse aquel parlamento; y con 



( 368 ) 
todo, pasaron muchos meses antes que no acudió igual nú- 
mero de personas al que solia haber en Barcelona, lo que 
era de mucho daño para la expedición de los negocios; pero 
aunque pocos, no dejaban de trabajar todo lo posible, y 
fueron disponiendo las cosas de manera, que no se perdió 
el tiempo en vano. Presidió mucho tiempo en él el abad 
Vicente, de Ager, que era del consejo del conde de ürgel 
y hombre de gran prudencia y saber, y todo el tiempo que 
presidió en aquel parlamento se llevó tan neutral y con 
tal prudencia, que quedando contento el conde de Urgel, 
ninguno de los otros pretensores se quejó de él ni de lo 
que se hizo en aquel parlamento en todo el tiempo que pre- 
sidió, que fué desde 3 de setiembre hasta 5 de octubre, 
aunque las provisiones eran expedidas con el sello del vica- 
riado de Tortosa, cuya iglesia era sede vacante. 

Mostró mucho sentimiento el infante de Castilla por la 
muerte de su buen amigo el arzobispo de Zaragoza, por 
haber perdido en él un buen valedor, y tomó muy á pe- 
chos de vengar su muerte, y quisiera que todos los reinos 
de la Corona entendieran en el castigo de los matadores, 
y dio quejas al parlamento de Cataluña porque se proce- 
día en esto con flojedad, hasta amenazar que si no lo to- 
maban con mas veras, le obligarían á haber él de vengar 
aquella muerte; y cada dia con este título juntaba gentes 
de armas para entrar en Aragón, donde sabia que seria bien 
venido, porque habia muchos que le valían, y mas los Ur- 
reas, que eran parientes del arzobispo y estaban llenos de 
temor; y aunque los mas de ellos hasta aquel punto habían 
estado declarados por Luis de Anjou, hijo del rey de Ña- 
póles, pero viéndose apretados de los del bando de Luna, 



( 3(W ) 
pidieron favor al infante, que les era mas vecino, y él no 
deseaba otra cosa sino que le llamaran en su favor, porque 
así tuviera buena escusa y honesta de meter gentes de ar- 
mas en el reino; y decian los que venian de Castilla, que 
eran llamados de los parientes del arzobispo para resistir 
á don Antonio de Luna, de quien publicaban que queria 
perseguir y acabar los deudos del arzobispo. Esto era cuanto 
al exterior; pero la intención principal no era vengar la 
muerte de aquel prelado, sino resistir al conde de Urgel y 
demás competidores, si quisieran de hecho ocupar los rei- 
nos y pueblos de la Corona; porque cada dia se publicaba 
que el conde hacia venir gran número de gentes estrañas, 
y que trataba de enviar á Gispert de Guillaniu , caballero 
de su casa, á Francia, para tratar con Fortun de Luziers, 
capitán francés, que entrara en Cataluña con trescientos ca- 
ballos, cien pillarts y cuarenta ballesteros y bagajes, y mas 
si mas pudieran venir; aunque su partida no fué hasta 9 de 
setiembre de este año. Decíase también que don Antonio 
de Luna habia de entrar con mas de mil caballos de Gas- 
cuña, para perseguir todo lo posible á los amigos y parien- 
tes del arzobispo; y era cierto que si don Antonio, después 
de muerto el arzobispo, se metiera dentro de la ciudad de 
Zaragoza, se quedara con ella, y érale fácil, según la tur- 
bación que entonces habia en ella; pero como su intención 
y obras no eran con fin de buscar el servicio de Dios, mas 
arrojado y temerario, siempre le faltó el consejo, y mas 
cuando mas lo habia menester. 

Estábase el conde en la ciudad de Balaguer, deseando 
se llegara á la declaración de su pretensión, y no usaba del 
título de gobernador general, por habérselo impedido el par- 
To:«io X. 2;> 



( '>70 ) 
lamento , ni tenia apenas gentes de armas , por haberlos 
despedido por complacer al parlamento. Toda Cataluña era 
gobernada de don Guerau Alamany de Cervelió, que era 
gobernador; y entre los dos habia mala voluntad, y estaba 
cierto el conde, que no habia que esperar cosa buena en 
favor suyo, siendo él gobernador, pues se declaraba mucho 
por el infante; y por esto deseaba que le fuese quitado aquel 
cargo y dado á otro que fuese mas afecto á sus cosas, lo 
que ya otra vez habia intentado, y no habia salido como 
él pensaba. Juntó algunos de sus amigos y consejeros, para 
buscar qué medio habria para acabar esto; y fué probar los 
ánimos de los del parlamento, y hacer según hallaria en ellos: 
pero hallólos á todos mas firmes de lo que él pensaba, y le 
decian que no habia causa bastante ni razón alguna para 
hacer lo que él quería; y así buscó otro medio, que tenia 
algo de violencia, y no salió como él pensó; y era que el 
1° de julio de este año, Bernardo de Rosanes , caballe- 
ro, como á procurador del conde, presentó una escritura, 
refiriendo en ella, que cuando murió el rey don Martin se 
hallaba el conde gobernador general, por ser él el mas cer- 
cano pariente de aquel rey, y por no tener hijos pcrtene- 
cerle la corona; y aunque esto era muy fundado, dejó de 
usar de aquel oficio y cargo, por habérselo pedido la ciu- 
dad de Barcelona y los concelleres de ella, con pacto que 
Guerau Alamany de Cervelió, gobernador de Cataluña, no 
usara del cargo y oficio, lo que jamas se cumplió, y á mas 
de esto era muy sospechoso al conde, por lo que requeria, 
que el dicho gobernador no usase del dicho oficio en nin- 
guna parte de Cataluña, y mas en particular en la ciudad 
4e Tortosa, donde habia de estar el parlamento y se habia 



( -74 ) 
de tratar del artículo de la sucesión, por no ser justo que 
hombre a su principal tan sospechoso, se entremetiera ni 
tuviese parte en aquel negocio tan grave y de tanta consi- 
deración, ni en cosas de los servidores, domésticos y vasa- 
llos del conde de Urgel, y que no proveyendo el parlamento 
en esto, él usaria del dicho cargo y oficio, y haria aquello 
que le pareceria justo y conveniente. 

La respuesta de la escritura se dio á 4 de julio. No fué 
otra, sino que el parlamento proveería según hallaria ser 
justo y razonable; y el negocio se quedó así, y el conde 
estaba muy sentido de que cada dia entrase en Aragón 
gente de armas que venia de Castilla, y lo que mas le pe- 
saba era haber él despedido la suya, cuando por parte del 
parlamento le fué pedido con solemne embajada que le ha- 
bia hecho, y prometido, según él decia, que si gentes es- 
trañas entraban, ellos proveerían sobre ello; y en esta oca- 
sión, que fué á 15 de setiembre, lo volvió á escribir otra 
vez desde Balaguer, quejándose del parlamento que tal su- 
friera, habiendo él hecho por él lo que le habia pedido, y 
sobre todo mostraba pesarle que no le hubiesen dado lugar 
á que él saliera á resistir á aquella gente que entraba, por- 
que á su costa lo hubiera hecho de buena gana Pero el 
parlamento, en tanto número de pretensores, no quiso dar 
mano ni poder á ninguno de los pretendientes , temiendo 
que con la gente y hacienda del común se alzaran con 
todo. 

Este mismo dia que recibieron ¡a dicha carta, que era íi 
19 de setiembre, llegó otra del conde, en que pedia que 
fuese escrito á Juan Fernandez de Heredia, que quitara el 
cerco que tenia puesto en el castillo de Albarrazin, donde 



( 572 ) 
estaba José Ruiz de Moros, servidor suyo; y aunque el par- 
lamento una vez se lo habla escrito, no habia alcanzado co- 
sa, antes perseveraba en apretar aquel castillo; y también 
les encomendó que procurasen la libertad de don Francisco, 
obispo de Tarazona, por quien ya habia el parlamento es- 
crito y encomendado á Arbert Catrilla, caballero y emba- 
jador del parlamento de Cataluña al de Aragón, en Alca- 
ñiz, que tratara con el gobernador y otros que le pareciese 
á propósito, que le libraran de la cárcel y remitieran al 
papa, que conociese de él, si causa habia para haber de 
ser castigado, y ya lo hablan también escrito al infante don 
Fernando; pero no se habia hecho nada, y este prelado y 
José Ruiz de Moros eran muy amigos del conde, y por eso 
él hablaba por ellos. 

A estas cartas y demandas del conde se dio satisfacción 
y respuesta á 21 de setiembre, y le dijeron claro, que no 
gustaba ni queria el parlamento que él ni otro de los com- 
petidores saliera con gente á resistir á los que venían de 
Castilla, y que en lo demás que pedia ya habian escrito al 
reino de Aragón, y tenian por cierto que se cumplirla lo 
que pedia; v porque el conde en la carta de 1 5 de setiem- 
bre habia dicho que bien sabia el parlamento ser los reinos 
de la Corona de Aragón suyos por justicia, le respondieron, 
que después de la muerte del rey don Martin, no entendian 
ni sabian quien era verdadero sucesor, aunque lo habian 
mirado y buscado con cuidado, y que la resolución sobre 
esto no la pensaban tomar sin el consentimiento de los 
demás reinos de la corona. Sentia mucho el conde todo esto, 
y conocía que sus cosas iban en alguna declinación des- 
pués de la muerte del arzobispo de Zaragoza, porque casi 



, ( 575 ) 
todos los del reino de Aragón y muchos de los de Valencia 
se inclinaban al infante de Castilla, y los de Cataluña es- 
taban tan neutrales y secretos y trataban las cosas con tanta 
severidad, que no podia prometerse de ella el conde otra 
cosa, sino solo lo que seria pura y mera justicia; y es cierto 
que si luego que el rey murió, el conde tomara voz y título 
de rey y no quisiera conteraporizarse y respetar el parla- 
mento, y gastara entonces aquel gran tesoro que gastó des- 
pués de hecha la declaración, cuando ni era tiempo ni á 
propósito, es cierto ó que quedara con la corona, ó saliera 
mejor de la empresa de lo que salió después, cuando se 
encerró en Balaguer y quiso resistir al rey, cuando se le 
habia hecho el juramento de fidelidad; y era ocasión, cuan- 
do murió el rey, que el infante estaba harto ocupado en la 
toma de Antequera y guerras con los moros, y aun no ha- 
bia grangeado tantos amigos como ganó después, y tal ha- 
bia qne estaba á la mira y disimulaba la afección que te- 
nia al conde, que si le viera puesto en armas, se declarara 
por él, y pocos hubiera en Cataluña que en tal caso le osa- 
ran contradecir, porque era amado y emparentado con ella, 
y era el mas rico señor de la corona; pero como siempre 
le faltaron buenos consejeros, casi en todas sus acciones 
erró y jamás hizo cosa que fuera ensu tiempo y sazón; y 

así le dijo don de Corella haberse perdido 

el conde por falta de ánimo, y fué verdad, porque aunque 
le tuvo cuando se metió en Balaguer, pero faltóle en la 
mejor ocasión, que era cuando murió el rey don Martin. 
Pesaba al conde haberse sujetado tanto á la voluntad de 
aquel parlamento y que pudiese tan poco con él, y así á 
24 y á 26 de setiembre les escribió, desde Balaguer, dos 



( '"5"^ ) 
cartas, y la una de ellas era volverles á la memoria, que 
por respeto de ellos había dejado de ejecutar cosas que 
podian ser en gran daño suyo y de su pretensión (y en 
esto no erraba); pero que pues aquel negocio estaba puesto 
en justicia, no pedia que se la diesen, pues era suya, 
sino que se apresurase la declaración de ella, y que en el 
entretanto hiciesen de manera que gentes estrañas no en- 
traran en la Corona, pues no querian que él saliese á re- 
sistirles; y aun les dijo que no hacian bien en eso, porque 
le prometieron que si tales entradas se hacian, el Principado 
con él saldria á resistirles, lo que no se era hecbo, y así se 
contentó, y pues no querian que él saliese, á lo menos hi- 
ciesen de manera que se impidiesen las entradas de caste- 
llanos en Aragón, se alzase el sitio del castillo de Albar- 
razin, y se diese libertad al obispo de Tarazona. Sin duda 
que debia ser grande la autoridad de aquel parlamento, 
que tanto le respetara un señor como el conde de Urgel, 
que después no pudo sufrir la soberanía del rey don Fer- 
nando. 

A 7 de octubre volvieron Ponce de Parellos y Guillen 
Domenech, embajadores del parlamento, que habían ido á 
Castilla y dado al infante una solemne embajada, que con- 
sistía en dos puntos: el primero era reducirle á la memoria 
el ofrecimiento que habia hecho por medio de sus emba- 
jadores, de proseguir su pretensión por justicia, favorecien- 
do el derecho de aquel á quien perteneciese la corona, y 
que seria contrario y se opondría con veras á cualquiera 
que dejados los medios de justicia, quisiese con audacia y 
de su propia autoridad ocupar la diadema ó corona real, que 
estaba sin cierto y verdadero rey y señor. 



( -'To ) 
El otro punto era, que como ú píncipc justo y de sin- 
gular virtud, y como aquel que habia ganado singular re- 
nombre y fama entre todos los príncipes cristianos del mun- 
do, mandara salir del reino de Aragón las gentes de armas 
que habian entrado en él y venido del reino de Castilla, por 
redundar de ello gran daño á la república, y ser embarazo 
y embargo para proceder á la declaración de la sucesión, 
por no poderse bacer buen juicio allá donde interviniere 
terror de armas, temor ó fuerza. A esta embajada, des- 
pués de haberla escuchado con gran atención el infante, 
mandó dar una respuesta que decia: que le acordaba lo que 
habia ofrecido con sus cartas y embajadas, y perseveraba 
en enderezar los dichos reinos y tierras en venir á verda- 
dero conocimiento de su rey y señor, impugnando y persi- 
guiendo á todo hombre que por su propia autoridad, osadía 
y poderío, quisiera ocupar la corona y cátedra reales, viu- 
das, por obra de algunos malos, de su verdadero rey y 
señor; y que en tiempo del rey don Martin, su tio, se puso 
á reconocer quien debia suceder en sus reinos y tierras, y 
después de la muerte del dicho rey, el rey su tio, el dicho 
señor infante hizo reconocer los testamentos y otros re- 
caudos de los reyes pasados y de la reina doña Petronila, 
y lo hizo ver todo, no solamente á los letrados de Castilla, 
mas á diversos otros letrados de Italia y Francia v de otras 
partes, si por virtud de los dichos testamentos y otros re- 
caudos, ó en otra manera por justicia, si le pertenecia la 
sucesión de dichos reinos y tierras por muerte del dicho 
rey, su tio, que murió sin testamento y sin hijo legítimo y 
natural, y no dejó pariente varón legítimo, tan cercano á 
él como el dicho señor infante, y que hubo de todos con- 



( 57(1 ) 
sejü, que le pertenecia claramente el derecho de la dicha 
sucesión y que debia tomar la posesión de los dichos reinos 
y tierras, lo qual todo dijo que no lo habia dejado de hacer 
por falta de justicia ni de poder, sino solamente confiando 
de su clara justicia y de la grande lealtad que siempre se 
habia hallado en los subditos á la real Corona de Aragón, y 
presumiendo que brevemente le prestarian el deudo de fide- 
lidad que debian prestar á su señor verdadero. Dijo mas el 
dicho señor infante; que su propósito é intención habia sido 
y era tal como lo habia escrito por sus cartas, y por sus 
embajadores les habia sido explicado, con que el reconoci- 
miento de la justicia por los subditos á la Corona real se 
hiciese brevemente, y se desechasen favores desordenados 
que algunos habian procurado y procuraban dar á algunos 
de los competidores; y que bien se debia presumir, que si 
acerca de este tan arduo negocio, que tocaba á tan grandes 
personas, se ponia algún embargo ó alguna dificultad, así 
en los preparativos como en el punto principal, que no lo 
podria sufrir pacientemente. 

En otro capítulo propuesto al dicho señor infante por los 
dichos embajadores, se contenia, que le pluguiese al dicho 
señor infante echar y mandar salir fuera de todos los rei- 
nos y tierras de la Corona de Aragón algunas gentes de ar- 
mas de la nación castellana, las cuales, no sin grandes y 
reparables daños de la cosa pública de Jos dichos reinos y 
tierras y embargando el reconocimiento que se habia de 
hacer de la sucesión de los dichos reinos y tierras, estaban 
en el reino de Aragón; proveyendo que de aquí adelante no 
entrasen otras. 

A este capítulo dijo el señor infante: que bien sabian lus 



( "' ) 

del dicho parlamento y principado de Cataluña, como el 
arzobispo de Zaragoza, que era uno de los que por el rei- 
no de Aragón con algunas otras personas eran diputados y 
trabajaban continuamente con los mensajeros de Valencia y 
de Cataluña, así sobre los preparativos del parlamento en 
congregación general, como porque aquella se abreviase y 
se llevase á cabo la declaración del rey; como el dicho ar- 
zobispo, dando obra á esto, últimamente habia sido muerto 
tan malamente como todos sabian; y que como aquel fuese 
tan insigne persona, y porque tenia muchos parientes y ami- 
gos en Cataluña y en especial en aquella frontera de Ara- 
gón, por tener su naturaleza en Castilla, ,y que algunos ca- 
balleros y escuderos parientes y amigos del dicho arzobispo 
residian en la dicha frontera, requeridos por los dichos pa- 
rientes del dicho arzobispo, entraron en Aragón, para hacer 
valenga á los parientes del dicho arzobispo y vengar la muer- 
fe de aquel y ayudar á sus parientes, que no los matasen 
los xiichos matadores, como habian muerto á aquel; y que 
en semejantes casos siempre habia sido costumbre de los 
reinos de acá y de allá de entrar de una parte y de otra 
valedores á ayudar sus parientes y amigos, y que nunca los 
reyes de acá ó de allá habian vedado las tales cosas ni bue- 
namente las hubieran podido vedar. Y que siendo esto así, 
tanto por ser el dicho arzobispo tan insigne persona, como 
por ser uno de los diputados por el reino de Aragón para 
dar obra al negocio de que la general congregación se jun- 
tase, que era cosa tan conveniente para el bien público 
de los de la Corona de Aragón, que el dicho señor infante 
y aun todo el mundo esperaba que los del reino de Ara- 
gón y de Valencia y de Cataluña habrian sentimiento de 



( ^78 ) 
cosa de tan mal ejemplo como esta, y proveirian sobre ello 
rigurosamente, así como tan gran delito y exceso lo re- 
querían, el cual hizo turbar y dilatar los dichos negocios de 
la general congregación; y que á lo menos á los malhecho- 
res los habrian echado fuera de los reinos como á turba- 
dores del bien público de la Corona de Aragón; pero que 
sobre esto no habian hecho cosa alguna, antes, lo que era 
de maravillar, se habia consentido que algunas gentes de 
algunos de los competidores se uniesen y estuviesen noto- 
riamente con los matadores del dicho arzobispo y en su va- 
lenza. Y visto esto, y recelando que los dichos matadores, 
con valenza de las dichas gentes, no acabasen de matar y 
de destruir á todos los parientes y amigos del dicho arzo- 
bispo y á los otros que habian entrado en su ayuda, algu- 
nos otros parientes y amigos del dicho arzobispo (y á los 
otros que habian entrado en su auxilio, algunos ciertos pa- 
rientes y amigos suyos), entraron también en Aragón á ayu- 
darles y defenderles. Y dijo mas el dicho señor infante, 
que viendo que ellos no habian cuidado hacer provisiones 
algunas sobre tanto y tan detestable maleficio, y que ha- 
bian consentido que las gentes susodichas diesen favor y 
esfuerzo á los malhechores, según estas cosas pudieron acae- 
cer por favores desordenados de algunas personas parciales 
de la valen(:a susodicha, y que causarian los embargos é im- 
pedimentos que podrian á los que con buenas y derechas 
intenciones quisiesen hacer algunas provisiones, que porque 
se excusase que mas males y daños los dichos malhechores 
y sus valedores no hiciesen, se hizo primero la entrada de 
las otras gentes en ayuda de los parientes del dicho arzo- 
bispo, para ayudar á vengar la muerte mediante justicia y 



( 379) 
para su defensión de aquellos. Dijo también el dicho señor 
infante: que manifiestamente parecía que la entrada de 
la dicha gente habia sido de gran provecho en el reino 
de Aragón, así para el bien de la tierra, cerno para el 
ayuntamiento de la general congregación, pues si aquella 
gente no hubiese entrado, los dichos malechores con la va- 
lenga susodicha hubieran andado destruyendo y matando 
por todo el reino y poniendo estorbos é impedimentos para 
que la general congregación no se juntase, la qual aque- 
llos quisieron y querian embargar si pudiesen, y que la 
gente que allí entró, según las relaciones que de allá ha- 
bían venido, no habian hecho cosa no debida ni cosa que 
no se pudiese y debiese hacer por valedores, así en estos 
reinos como en aquellos, según costumbre antigua de los 
unos y de los otros. Dijo mas el dicho señor infante: que 
no se debia ni podia presumir por la entrada ni esta- 
da de la dicha gente, que él tuviese voluntad, como no la 
tenia, de proceder á cosa no debida, salvo ayudar á que 
se hiciese la discusión de la justicia; que cuando tal cosa 
hubiera de hacer, él la haria públicamente y poderosa y 
honesta, según que su linaje, poder y estado lo requerían. 
Además, que aunque la entrada de gente se habia hecho 
con ocasión de los matadores del dicho arzobispo, y por la 
negligencia de aquellos que sobre la dicha muerte hubieran 
debido proveir, no permitiendo que á los malhechores fuese 
dado favor y valimiento para ser defendidos, y con esto 
oportunidad para . hacer y acometer mas maleficios, con 
todo, para mostrar la buena y santa intención que el dicho 
señor infante tenía en estos hechos, el dicho señor infante 
ofrecía, que si algunos de los castellanos que habían entra- 



( 580 ) 
do á hacer la dicha valenza habian causado alg-unos daños 
ó injurias á personas algunas ó en bienes de otros que no 
fuesen de los dichos matadores y valedores, que haria bue- 
na y pronta justicia, y mandaria hacer enmienda á los dam- 
nificados. 

Dijo por último el señor infante, que le parecía que se- 
gún rigor de justicia, y aun según lo que á la seguridad 
de la tierra cumplía, para que otros escándalos en ella de 
nuevo no recreciesen por obra de los dichos matadores ó de 
sus valedores, que él no debía, hasta que otra provisión en 
ello fuese hecha, hacer volver á Castilla los castellanos que 
eran entrados en Aragón por cansa de la dicha valenza, por 
cuanto, salidos los castellanos del reino, quedarla en ma- 
yor escándalo que primero, pues la potencia de los dichos 
matadores y turbadores del bien público y de sus ayudan- 
tes se aumentarla, y los escándalos y turbaciones crecerían 
en el reino de Aragón, y con ello se turbarla el conoci- 
miento de la justicia de la sucesión. Pero que deseando 
brevemente venir á fin debido de estos negocios , sobre 
lo explicado por los dichos mensajeros el dicho señor in- 
fante enviarla prestamente sus embajadores á los parla- 
mentos de Aragón y de Valencia y principado de Cata- 
luña, y les haria con los dichos sus embajadores tal res- 
puesta, que razonablemente se deberían tener por conten- 
tos, y reconocer que quería, según lo habia ofrecido por 
su parte, evitar toda cosa que pudiese traer escándalo y 
desviamiento de la justicia. 

Con esta respuesta dada á los embajadores del Principado, 
quedaron suspensos y conocieron la confianza que tena el in- 
fante con la gente que habia metido en Aragón, pues antes 



( 581 ) 
no hablaba tan largo ni tan determinadamente con el 
parlamento de Cataluña, á quien todos los competidores 
respetaron mucho , reconociéndole cierta manera de su- 
perioridad mas que á ios de Aragón y Valencia, por la 
mucha concordia y unión habia en él, y considerarle libre 
de pasiones y que solo atendia á la justicia y paz de la tier- 
ra. Los amigos del conde no se alegraron de ella, porque 
entendieron que aquellas razones do querer defender los 
amigos y parientes del arzobispo y resistir á los malechores 
que le habian muerto eran aparentes, y solo el fin del in- 
fante era estar tan poderoso, que si la declaración ó senten- 
cia de los parlamentos no saliera por él, pudiese de hecho 
meterse en posesión de la corona y ocuparse la tierra que 
pudiera , porque daba por asentado que la justicia era 
suja, sin género alguno de duda, y estaba muy animoso y 
contento, por pasar los aragoneses por ello, y no les pe- 
saba que entraran gentes de armas de Castilla y estuvie- 
ran entre ellos, porque siempre estimó mas aquel reino 
al infante castellano por rey, que no al conde catalán, el 
cual confiaba tanto de su justicia y derecho, que toda di- 
lación le parecia dañosa, y cuidando poco de las razones 
del infante, solicitaba la declaración, y para esto envió á 
micer Pedro Farrer, que entendiese por su parte en rema- 
tar y dar fin á la declaración. 

Con la venida de la gente de Castilla se salió don An- 
tonio de Luna del reino de Aragón y se vino á Aytona, y 
llevóse consigo toda la gente que tenia suya, y se alojaba 
en los lugares de don Guillen Ramón de Moneada vecinos 
de Aytona, que eran Seros, Mequinenza, Saydi y otros, y 
allá se le hacia buen acogimiento, porque don Guillen era 



( 382) 
sobrino de don Antonio, porque doña Elfa de Luna, su her- 
mana, casó con don Ot de Moneada, y de este matrimonio 
salió don Guillen Ramón; y estando aquí, juntaba gentes para 
valer al conde de Urgel, y con ellos ir donde él le man- 
dase. Los de la ciudad de Lérida, que está entre el con- 
dado de Urgel y estos lugares donde estaba la gente de don 
Antonio, estaban en gran cuidado y temor de lo que ha- 
rian estas gentes; y como ellos no eran muy afectos al con- 
de de Urgel ni á don Antonio, estaban en continuo temor; 
y para hacerle salir de allí, enviaron á Ramón Caserres, nota- 
rio de aquella ciudad que cuidaba de la guarda de ella, y dio 
razón de las juntas de gentes que en aquellos lugares hacia 
don Antonio, y pidió consejo qué debia hacer, y que pro- 
veyera el parlamento de manera, que por aquellas juntas 
de gentes no viniese algún daño á la ciudad y principado 
de Cataluña, y que mandaran reparar el castillo, que en mu- 
chas partes estaba gastado y abierto; y el parlamento le 
dijo, que les encomendaba" la custodia y guarda de aquella 
ciudad, y que cuidaran que ninguna de aquella gente de don 
Antonio entraran en ella, y que en lo de reparar el castillo 
entonces, se baria cuando se fortificasen las demás plazas 
y fuerzas de Cataluña y se pusieran en forma de defensa. 
Don Juan, conde de Prades, hijo de don Pedro, conde 
de Bibagorza, que fué hijo del rey don Jaime de Aragón, 
continuaba las discusiones y discordias que tenia con doña 
Sancha Giménez de Árenos, su mujer, y fueron tales las 
cuestiones que hubo entre ellos, que las entendieron todos 
los príncipes de España, porque como eran personas del li- 
naje real y emparentadas con lo mejor de ella, eran muy 
conocidos y había llegado á tal punto, que la condesa se ha- 



( 383 ) 
bia apoderado de muchas rentas del condado con título que 
eran cosa dotat, y la defendían sus deudos y parientes, y el 
conde parece se valia de la gente del infante de Castilla 
que habla entrado en Aragón, y el infante don Fernando 
■venia bien en ello, porque el conde fué muy servidor del 
rey don Enrique el mayor de Castilla, y gustaba mucho el 
infante tener en Cataluña de su parte á un varón y señor 
tan principal como era el conde de Prades. Pero el de Ur- 
gel, luego que supo esto, lo hizo saber al parlamento, por- 
que proveyera sobre ello é impidiera tales valenzas. Al par- 
lamento no le pareció bien lo que hacia el conde de Prades, 
y le enviaron á Galcera»! de Rósanos, caballero, que le de- 
clqró cuan mal parecía lo que él habla hecho de valerse de 
gente del infante, y que si era que lo hubiese hecho para 
remediar sus quejas y las sinrazones que se le hacían, que 
habla de acudir á los oficiales reales que habla en Cataluña, 
de quien habla de haber justicia y favor, y no de los pre- 
tensores, y que si él perseveraba en aquello, le hacia saber 
que el parlamento no admitirla sus procuradores, y se pro- 
cederla contra sus castillos y villas por via de huestes y de 
la manera serla justo, hasta volver las cosas á su estado y 
cobrar los gastos y costas se hiciesen y daños que por su 
causa sucediesen. Para responder á esto y dar la debida sa- 
tisfacción, envió el conde de Prades desde Mora, donde es- 
taba, á mlcer Juan Munter , asesor suyo, con su carta cre- 
dencial, hecha á 22 de octubre 1411, y esplicándola, dijo, 
como ya el conde de Prades, su señor, se habla quejado al 
rev don Martin de las sinrazones y ofensas le habla hecho 
la condesa su mujer, hasta apartarse de él y vivir como en 
divorcio, sin proceder causa legítima ni razón bastante, 



( 3.S4 ) 
sino de sola su autoridad; y que habia veinte y un años 
que duraba, y se habia usurpado las rentas y bienes dótales, 
quitando aquellas al conde su marido, sin proceder medio de 
justicia, y que él la habia rogado y amonestado muchas ve- 
ces, y puesto por medianeras personas religiosas y seglares, 
y no habian acabado cosa, ni él habia hallado en el rey y 
ministros de justicia el favor y amparo que era justo, y co- 
mo aquel que no sabia qué otro medio tomar, se habia va- 
lido del infante y su gente, no con pensamiento de reputarlo 
por rey, que en eso él no se metia, sino que quería estar 
á lo que la justicia declararia, sino solo para recuperar con 
tal medio su honor y valerse de afuel príncipe, con quien 
y con el rey su padre habia tenido singular amistad. Pero 
que por honor del parlamento, cesaria de lo comenzado y 
pondria en sus manos su causa, para que hiciese justicia 
entre él y la condesa, pidiendo con grandes veras que abre- 
viasen el conocimiento y declaración de aquella persona que 
habia de ser por justicia nuestro verdadero rey y señor, por 
evitar los daños que de la sobrada dilación podian nacer. 

El mismo dia que se leyó este papel ó escritura, que 
fué á 26 de octubre, respondió el parlamento al conde de 
Prades, agradeciendo sus buenos deseos y certificándole que 
aquel parlamento no tenia poder para conocer por via de 
justicia de las discordias eran entre la condesa y él, por 
falta de jurisdicción; pero prometieron interceder con la 
condesa, para que hiciera lo razonable, y si no lo hacia, ó 
proveerían ó harian proveer en ello; y si con esto no qui- 
siese hacer lo que debía, el parlamento seria parte é instan- 
cia para alcanzar de ella la razón y lo que de justicia le 
perteneciese: y con esto despacharon el mismo dia íí Juan de 



( 385 ) 
Ribasaltas, síndico de Perpiñan, para la condesa, para que 
viniera bien en dejar sus pretensiones y justicia al parla- 
mento. 

Aunque era cierto que los jueces que habian de decla- 
rar el verdadero sucesor habian de ser muy justificados y 
dar el derecho á aquel cuyo seria, pero el conde de Urgel 
y sus valedores se habian persuadido, que cuando el con- 
de viniera á ser rey, le habia de costar mucho echar á los 
castellanos de Aragón y poner en su servicio aquel reino, 
donde después de la muerte del arzobispo le quedaban po- 
ces amigos y le faltaba don Antonio de Luna, que era de 
quien él mas confiaba , el infante daba por espedito ser 
suya la corona y no podérsela quitar nadie , y de este voto 
eran muchos de los mejores letrados de estos tiempos 
x\.consejábase el conde cada dia qué habia de hacer , y no 
podia tolerar que estuviese el infante armado y poderoso en 
Aragón, y él, por contemplación del parlamento, estuviera 
mano sobre mano sin osarse menear ; y lo bueno era que 
ni aun el parlamento podia acabar con el infante que des|>i- 
diera aquella gente , aunque sobre esto le habian hecho sus 
embajadas. La condesa doña Margarita, madre del conde, 
cuyo espíritu era mas belicoso que el de su hijo y era su 
principal consejero , le persuadía que díjase tantos respetos 
y miramientos con el parlamento, y que tomase las armas y 
se juntase con la gente de don Antonio y otros que habian 
de venir de Gascuña y demás partes de Francia , valiéndose 
de naturales y extranjeros, y saliera con ellos antes que el 
infante se hiciese mas poderoso; y habia muchos que les do- 
lia que esto no se hubiera hecho mas en tiempo , juzgando 
toda dilación notablemente dañosa, y decían haber sido e<~ 
TOMO X. * 26 



( 380 ) 
pecie de cobardía no haberlo hecho luego que el rey don 
Martin falleció , pues aquella fué la mejor ocasión de todas, 
y la turbación era tan común, que con facilidad pudo em- 
prender el conde y salir bien de este hecho y empresa, y 
antes que los parlamentos de la corona fueran juntados po- 
día él ser dueño de todo. No pareció bien á los" del conse- 
jo del conde que tomara nombre y título de rey , porque 
era demasiada empresa , sino que saliera como á goberna- 
dor general , y después tomara título de rey , confiando 
que muchos que estaban á la mira , luego que estuviese 
puesto en campaña se declararían por él, y fuera muy con- 
tingente que ios jueces declarasen por aquel que estuviese 
mas poderoso, pues en casos semejantes el derecho es de las 
armas; y que cuando su empresa no saliese felizmente, á lo 
menos tendría mas razón de haber tomado las armas antes, 
que si las tomara después de la declaración de Caspe. Man- 
dó hacer vestiduras , insignias y banderas reales con tanta 
publicidad, que luego fué- notorio á toda la Corona , y mas 
al infante don Fernando, qoe todas las cosas, por mínimas 
que fuesen, observaba, y se alteró mucho, y mandó al doc- 
tor Juan González de Azevedo, que residía en Cataluña , que 
se quejase al parlamento que tal sufriera , sin impedirlo y 
considerar el daño que de tales prevenciones podian seguir- 
se,, en notable descrédito de la justicia y de aquella con- 
gregación. Pidió también este letrado que fuesen repelidos 
del parlamento como á sospechosos algunos que eran del 
consejo del conde de Urgel y tiraban su gaje , y era muy 
l>erjudicial la entrada de ellos á los otros competidores , y 
esto lo cumplió muy á la letra aquel letrado , pero no se 
dio á este su requirimiento ninguna respuesta , porque pa- 



( 387 ) 
ra darla en negocio tan grave aguardaban que viniera el 
arzobispo de Tarragona, que llegó aquella misma tarde, y el 
dia siguiente , que fué el de los apóstoles San Simón y Ju- 
das, prorogaron el parlamento para el jueves siguiente, que 
era á 29, y este dia llegó á él micer Pedro Ferrer, del con- 
sejo del conde de Urgel , y dio su carta credencial , hecha 
en Balaguer á 25 de octubre , y explicándose, dijo dos co- 
sas : la primera, que el conde , su señor , en proseguir su 
justicia observaba aquella modestia y cortesía que era me- 
nester ; la otra, que el parlamento diese forma en impedir 
la entrada de los cas te llanos , porque no impidiesen la libre 
declaración de la j usticia , usurpando los reinos con violen- 
cia y tiranía. 

Oida esta embajada y antes de responder á ella, pareció 
responder á la del infante ; y como el embajador se habia ido, 
le enviaron á Juan Pujol, que era uno de los secretarios de 
aquel parlamento, para que aquello que habia dicho de pa- 
labra lo diera por escrito, para poder mejor responder á ello 
y continuarlo en el proceso del parlamento, y él les envió 
un papel que decia de esta, manera : 



Muyt reverendos nobles e honorables senyores: a las vues- 
tras reverencias certifico que a mi senyor el infante don Fer- 
rando nieto del muy noble rey don Pedro de Aragón que Dios 
aja es notificado por personas fidedignas en como el Comple de 
Urgel ha fecho e faze de cada dia algunos preparatorios muy 
scandalosos ayuntando gentes de armas assi de fuera del regno 
como de la tierra e fayziendo banderas e otras insignias reales 
para cavalgar poderosamente por estos rcgnos de la scnyoria 
de Aragón e usar de los ofücios de vizrey e de gobernador ge- 
rioral lo cual segunl las vuestras reverencias saben mejor óc 
mi es contra derecho e conlra razón por cslas razones. Prime- 



( 388 ) 

ramente por quanlo se pode dezir que los dichos offidos sor 
extinctos e spirados en persona del dicho conde por spiracion 
del senyor rey don Martin que Dios aja de la persona del qual el 
dicho conde affirma que emanaron los dichos ofGcios e se cííu- 
saron en el. Otro si por quanto según fuero del regtio de Ara- 
gón ninguna persona de quanta quier preheminencia sea non 
puede haber los dichos offlcios ni usar de ellos salvo aquel que 
fuese fijo primogénito del rey de Aragón e si otra persona de 
nualquier stado sea quisiere alentar de usar de dichos officios 
los del regno le pueden fazer resistencia e contraste sin pena 
alguna. Otro si por cuanto el dicho conde es uno de los compe- 
tidores que se pretenden haver drecho a la succession de estos 
regnos e la demanda según es notorio la cual cosa es incom- 
patible con los dichos offlcios ca usando dellos el dicho conde 
Iraheria a su opinión las universidades e gentes de los dichos 
reinos oprimiéndoles con poder de los dichos oficios lo cual se- 
ria muy gran perjuicio e por aventuras damno irreparable a los 
otros competidores o causa de muy grandes peligros e damnos 
de los dichos regnos e de los naturales dellos. Por ende a las 
vuestras reverencias requiero de parte del dicho senyor infante 
con quanta instancia puedo que postpuesta toda tardanza vos 
plega proveher en el tal caso c desviar en el dicho prejuizio e 
peligros c damnos los quáles pueden ser dichos eminentes 
considerado el estado de los dichos regnos e las personas de 
los dichos competidores non consentiendo ni dando lugar al di- 
cho conde para que use de los dichos officios nin faga los dichos 
¿cándalos e movimientos como esto sea cosa justa e razonable c 
reposo o tranquiliidat de los dichos regnos e de los naturales 
dellos c desviamento de los dichos peligros e damnos eminentes 
en la qual yo non dubdo que las vuestras sabidurías e pruden- 
cias proveheran muy notablemente a conservación de la paz de 
ios dichos regnos e <le los naturales dellos e a buen spacha- 
miento de la justicia de la dicha succession acatando la vuestra 
^nan fama c renombre que corre por todo el mundo de gran 
i'orlaleza prudencia temperancia constancia justicia lealtad 
e otras muchas virtudes que todos tiempos se fallaron en vos e 
en vuoslios progenitores ca vos certifico que si en ello no pro- 
vchedcs lo qual yo no creo que mi senyor el infante por con- 



( 389 ) 
servacion del bien publico do los dichos regnos an los qualcs 
el ha muy gran naturaleza csso mesmo por conservación de su 
justicia hy provehirá de derecho e de fecho en tal manera que 
a aquellas quier gentes que sean fazcdores e promovedores de 
los dichos scanílalos o movimientos sea puesto contraste e re- 
sistencia como se pertcnesce lo qual Dios sabe sera a el muy 
dcsplezente por muchas razones que las vuestras reverencias 
mejor de mi pueden entender. 

Otro si : a mi es notiOcado que el abat de Ager entra e esta 
en el parlamento al qual las vuestras reverencias non deven 
recebir por quanto a vos es manifiesto que es del consejo de 
dicho conde de Urgel : por ende yo vos snplico con aquella re- 
verencia que le pertenesce que vos plega de proveher en ello 
prestamente en tal manera que el dicho abat ni otra persona 
que sea del consejo de alguno de los dichos competidores no sea 
recibido en el dicho nuestro parlamento porque los otros com- 
petidores non ajan razón de se clamar de vos. 



Esto pasó á 3 de noviembre ; y luego tuvo noticia de 
ello micer Pedro Ferrer , embajador del conde de Urgel, 
el cual el dia siguiente llegó al parlamento y pidió que 
aquello que á 29 de octubre habia dicho de palabra lo lo- 
masen en escritos y dio en un papel lo que se sigue : 



Molt reverents molt nobles e raolt honorables senyors de 
gran e reverencial auctoritat e soberana saviesa insignits e do- 
táis. Nostre Senyor Deus per qualsevol raho ha permes que ais 
sotsmesos de la real Corona no es estat nomcnat publicat e 
manifestat lur ver e legilim princep rey e senyor natural dins 
spay de desset raesos que son passats despuix que lo molt alt 
senyor rey darrerament deffunt falli los quals sotsmesos ab 
gran e continuo desitg speran aquella beneventurada jornada en 
la qual lur indubitat senyor los sia manifestat sots tal e tant de- 
guda forma que lengua stranya e privada de qualsevol nació 
amiga o emula aja a testificar affirmar e manifestar segons es 



( 590 ) 

o.stal acoslumat fitis en ío present dia la soberana leallal delií- 
vassalls de la dita corona la qual tots temps ha florit e resplan- 
dit c vuy floreix e resplandeix entre los altres vassalls de totes 
les reals coronas de crestians: et jatsia que en lo punt que dit 
senyor rey darrorament defnnt fallí lo molt alt senyor don Jay- 
me de Aragó sabia certament que la successio de la dita corona 
pervenia a ell e era sua pero cogitant attenent e pensant lo dit 
senyor don Jayme la pura e loable intencio deis vassalls de la 
dita corona lia conformada la sua volunlat ab la lur: cor axi com 
los dits vassalls han voler que al princep e senyor al qual ells 
per justicia obeiran no puxa esser posat si ni laca de inlrusio ni 
tirannia en sa vera indubitada e natural senyoria axi mateix lo 
dit senyor don Jayme ha voler que en la feeltat e obediencia 
que ell infalliblament per justicia spera deis vassalls de la dita 
corona no puga esser posada taca niga ne macula en lur innata 
llealtat e per aquell sguart benignament ha sostengut e soste lo 
raolt gran passament de temps qui ses despes es despeo per do- 
nar bona e deguda fl a tant a tant arduo e tant salubre negoci 
com es lo article de la dita successio e de asso fan al dit senyor 
don Jayme testiraoni ses obres e feits notoris car cert es e no- 
tori que en la ora que lo dit senyor rey falli lo dit senyor don 
Jayme era en Arago poderos e podia legitimament e licita en- 
trar en castells ciutats e viíes sens fer injuria ne tort a algu com 
sabes c sab certament que per justicia eren e son sues : la qual 
cosa fer no cura ans pregal suplicat et consellat per los missat- 
gers deis dotze qui lia donchs affermaven representar lo mag- 
nific principal de Catalunya e de la noble ciutat de Barcelona 
desaplega la notable gent natural del regne e no pas estrangera 
qui lia donchs habia ab si : hoc mes sen vene en lo dit principal 
hont ell c los seus son nats e nodrits e hont es principalmení 
heretat: hoc mes sobresegue en exercir son offici de gobernador 
general : les quals coses e moltes altres ha feytes lo dit senyor 
per conformar r¡ mar reglar e limitar la sua voluntat ab la vos- 
Ira e tots temps ha instat insta e instará lo bon e degul spatxa- 
ment del negoci e tots temps ha offert offer e offerrá per lo be 
del public persona e bens per ell de present posseits: per les quals 
coses pot cascun veurer que lo dit senyor ha squivats íins vuy e 
squivará de aqui avanl tots camins e vies habents color olor ne 



( 391 ) 
sabor de intrusio damnada lirannia c ha squivals camins liavents 
color olor ni sabor de haver (mi meiiyspreu no poca amor les 
Ierres sotsraeses a la dita corona ni los pobláis en aquelles ans 
ha encercats camins per los quals casen pot veurer que ha en 
oy e abominacio intrusio y tirannia forsa e impressio. Hoc mes 
ha encercats camins per los quals cascu pot veurer que ha en 
deguda e cordiar honor e amor les terres sotsmeses a la dila 
Corona e los pobláis en aquellas e si no ho feya no ressemblaria 
ais gloriosos princeps e reys deis quals per vera e dreta linea 
devalla e es derivat los quals han amada justicia e han abomi- 
nada intrusio e tirannia e assenyaladament aquell glorios rey 
qui de mans de iníels conquista los regnes de Valencia e de 
Mallorca lo qual rey hac en gran amor dretura veritat e justi- 
cia e subirán oy e abominacio tirannia e intrusio e per so ab bo 
c sant títol conquista gran ierra de pagans la guerra de aquells 
james lexant per ocupar ni offendrer térra de cristians. E no es 
maravella si lo dit senyor don Jayrae ressemble al dit glorios 
rey en amor justicia e abominar intrusio e tirannia car en mol- 
tes altres coses loy trob scmblant co es que ha nom Jayme axi 
com havia aquell y es fill de Pera axi com fou aquell e esli fet 
debat a sa clara e indubitada successió axi com feu a aquell ese 
1¡ fet debat per Ferrando axi cora fou a aquell y es benigní! axi 
cora ere aquell e franc e liberal axi com ere aquell e es sencer 
e vertader axi cora ere aquell y es de bona c de gran e bella sla- 
tura axi cora ere aquell e en totes les dites coses e molíes altres 
que de present me cali per no esser prolix li es semblant: per lo 
que los sotsraesos a la dita Corona poden star en ferma confian- 
sa e speransa que la divinal gracia mijensant sera axi virtuos 
glorios e victorios com fonc aquell e si lo dit senyor don Jayme 
no abominave tirannia e intrusio no parria devallas e derivas 
del glorios bellicos e victorios rey En Pere dit comunament deis 
francesos lo cual doma e calsiga e castiga intrusio e tiranía e 
desliura de aspra e tirannica senyoria moltes gens de regnes e 
terres de crestians foragiíant e exterminant Jos tiraos segons es 
notori e en gestes e conquestes se amostra e feu molts actes so- 
biranaraent virtuosos la expressa recitacio deis quals seria lar- 
ga e ometla perqué es notoria. Recitar ¡particularment e sin- 
gular del glorios rey En Pere pare de la illustrissiraa scny(»ra 



( 392 ) 
infanta louller del dit seuyor don Jaynie o deis allres gloriosos 
reys e deis lurs streiius e nobles sotsmesos com han domados 
genis e nacions tiraoniques seria larga gesta la qual leix porque 
es notoria e manifesta: e per amor de asso lo dit senyor don Jay- 
me axi per sa propia e natural inclinacio com per ressemblar ais 
gloriosos reys dessus expressats axi com aquel que porta e rete 
lur ver e propri nom e senyal axi com aquell qui es de lur ve- 
ra e propria casa e axi com aquell qui es de lur vera legitima 
e propria gent e familia viceralment ama e afifecta la gloria 
honor salut e repos de la dita Corona e deis sotsmesos a aquella 
per la deffensio guarda e proteccio deis quals sos antecessors 
james recusaren exposar si mateix a raort e abominar tiran nia 
intrusio forsa e impressio e desija venir prest a deguda pura 
e justificada fi del article de la dita sucessio en lo qual article 
penja la fe e bon stament de tots los sotsm esos a la dita Coro- 
na axi en universal con en particular e en singular. Hoc mes de- 
sija lo dit senyor que tota inquietado perturbacio dilacio e for- 
sa sian resecades stirpades denejades e squivades de la salubre 
expedido del article de la dita successio e pensa lo dit senyor e 
li par que attesa la qualitat del teraps e la natura del article de 
la dita successio e les circunstancies íncidents e emergents cas- 
cun jorn notoriament imminents gents darmes strangera e a 
stranya senyoria sotsraesa noestiga be en lo regne. E per co 
instantment c affectuosa a les reverencies e nobleses prega que 
vullats adibir tots prests e congruus partits e remeys per pur- 
gar e denejar lo regne de tal gent e asso a fi que justicia sia re- 
verentraent e reposada colta e manejada e que forsa e impressio 
malignes e abundoses nodrices de tirannia e intrusio sien res- 
secades e extirpades toltes lunyades e squivades : e regracia be 
molt lo dit senyor la notable justa savia e graciosa resposta per 
vosaltres senyors feyta a les coses en dies passats en aquest sa- 
lubre e raagnific parlament per part del dit senyor per mi a les 
vostres reverencies e nobleses proposades e explicades. 



Aun((uc por parte del conde se decía esto , pero publi- 
cábanse por todo el Principado los preparatorios que hacia 



( 395 ) 
para salir con gentes de armas y banderas , y todos veraii 
que de esto no se podian aguardar otra cosa que escánda- 
los y desdichas , y encenderse una guerra civil é intestina, 
mayormente si estos se encontraban con los del infante , se- 
gún era contingente ; y los concelleres de Barcelona eran 
los que mas temian estas cosas , por estar todos los de 
aquella ciudad , y mas los del pueblo y gente vulgar, afi- 
cionadísimos por él , y le deseaban ver rey, y sabian que el 
dia que él tomase las armas y se metiese en campaña , to- 
do el pueblo de aquella ciudad habia de hacer lo mismo, 
y los del gobierno de ella , que hasta aquel punto le habian 
conservado en paz y quietud , deseaban perseverar en ella, 
hasta que se declarase el verdadero rey y señor ; y luego 
escribieron á micer Bernardo Guaibes , su síndico, para que 
hiciese sabedor de esto al parlamento é instase que se ob- 
viasen tales novedades ; y á 9 del raes nombraron embajador 
para el conde á fray Arnaldo , abad del monasterio de San 
Juan de las Abadesas , que era del orden de San Agustin, 
para que fuese con embajada al conde, á exhortarle y reque- 
rirle que no intentara cosa alguna de las que el síndico de 
Barcelona y otros decian queria hacer, por evitar los da- 
ños y escándalos pudieran venir de ello. Pero ya luego tu- 
vo noticia de todo el conde de Urgel , y antes que se par- 
tiera el embajador , que no salió de Tortosa de algunos 
dias , escribió, á 11 del mes, una carta al parlamento, 
pidiendo que oyesen al dicho Pedro Ferrer , su embajador, 
10 que de su parte les diria , y á 18 se le dio audiencia, y 
dio por escrito lo que se sigue : 



( 594 ) 

Molt reverenls raolt egregis raoU nobles molt honorables 
senyors de gran e reverencial autoritat e soberana saviesa in- 
sígnits e dotats. Be han a memoria les vostres reverencies no- 
bleses e soberanes sabieses cor á 8 del mes de octubre prop 
passat fonc per mi explicada en lo present parlaraenl una pro- 
posicio per la qual vos foren extesament e per menut narráis 
e recomíais los grans intolerables e irreparables carrechs en- 
goxes greuges inconvenienls e sinistres que les Ierres sols- 
meses a la real Corona e los sotsmesos a aquella han sosten guts 
e sostenen por co com dins spay de tant larc temps com ere pas- 
sat despuix que lo molt alt il lustre excellent senyor rey der- 
rerament defunt falli ais dits sotsmesos no es slat publicat e 
raanifestat lur ver e legitim princep rey e senyor natural al 
qual per justicia e per deute de lur Iceltat e naturalesa son 
tenguts obeir e lo qual es cap salut defensio e pare del ben 
public e per lo qual vos foren recitáis les coses en les quals 
en los temps passats es stat feyt dábala aquells qui eren vostres 
reys e legitims successors en lur vera e legitima successio en les 
quals coses per vosaltres e per los vostres lohables antecessors 
fonc donada molt bona loable e molt presta fi e la térra fonc 
mesa e posada en bona presta e segura deflensio : e fonc vos 
per raí en nom e per part del senyor don Jayme de Arago en 
virtut de la letra de crehensa conclos en la dita proposició que 
com lo present cas que vuy es sobre lo article de la successio 
de la dita Corona no fos ne sia menys cía»" e indubitat que eren 
aquells que lo dit cordialment instant e fructuosa vos pregave 
que ab svelada pensa volguesseu cercar toís prests e legitims 
eongruus licits e deguts parlits e remeys per los quals vosal- 
tres mijensant ab aquella millor veritát e concordia que fos 
possible lo article de dita sucessio prengues deguda bona e 
presta fi e tal com vosaltres e los altres sotsmesos a la dita Co- 
rona havets acostumada donar a grans e ardus feits major- 
raent tais e de tant gran pes e de tal natura e qualitat com es 
aquest e subjungint que lo dit senyor don Jayme conflave e 
confia que axi com mijensant vosaltres eí los altres sotsmesos 
a la dita Corona les dites coses prengueren bona e deguda fi 
que sis faria c fara la divinal gracia mijensant en aquest qui 
no es menys ciar e indubitat segons dit he que aquells c que 



( 595 ) 
porlaul com lo tlil senyor sabia o sab cerlament ciar c liquida 
mauifesta e indubitada que la dita sucessio es sua per justicia 
o veja e veu la triga del fet engenrave e engenra gran dan al 
public lo qual ne caya c ne cau en eil per so segons dit he 
vos pregave aíTectuosament e instan tment vos exortave e requi- 
rie que en lo spatxament de tant salubre negoci enteressessets 
curosaraent com ley de natura e seriptura vuUan e mostren que 
axis degues e deja fer c vostres faeltat naturalesa e lealtat vos 
hi strenguessen eus y strenguen. ítem raes cree que ajats en 
memoria com a 29 de dit mes de octubre per mi fonc feta una 
altra proposicio en aquest salubre e magniíic parlament per 
lo qual a les vostres reverencies nobleses e soberanes savieses 
íbren per mi commemorats e recitáis los actes e coses feytes 
per lo dit senyor don Jayme en lo temps passat per les quals 
se deraostrave e podía cascun veurer com lo dit senyor avia 
conformada rimada reglada e limitada la sua voluntat ab la 
vostra e havia squivals tots camins de forsa e impressio e ha- 
via squivats e squivaria tots camins de damnada tirannia e de 
intrusio. ítem fonc per mi narrat e recital com los gloriosos 
reys deis quals per dreta e vera linea lo dit senyor devalla es 
deriva e lurs strenus e nobles sotsmesos han donades e svaides 
gents e nacions tiranniques e fonc per mi conclos en nom c 
per part del dit senyor don Jayme de Arago en virtut de sa le- 
tra de crehensa que attenent que gent de armes strangera e a 
stranya senyoria sotsmesa uo stave be en lo regne lo dit se- 
nyor aíTectuosament e instant pregave á les vostres reverencies 
e nobleses que volguessets adhibír tots prests e congruus par- 
tits e remeys per purgar e denejar lo regne de tal gent. ítem 
raes avant pens que les vostres reverencies nobleses e sobira- 
nes savieses han plenament a memoria com a i6 del present 
mes de nohembre per mi fonc feta e explicada en lo dit parla- 
ment una proposicio en la qual fonc mencionat com lo infant 
de Castella ha en lo present parlament fet proposar afirmar e 
explicar una opinio molt novella e molt aspra e squiva james 
oida pensada cogitada ne somniada : la qual opinió es que lo 
dit infant senyor de altra gent e de altra casa engendrat nat 
e notrit en Castella usitat e acostumat a viurer segons les leis 
tí praliqucs de aquella deu esser segons affirma el voslre prin- 



( 396 ) 
cep vostre reg:¡(lor vostre govcrnador c voslre senyor c fonc 
per mi affirmat cora la dita novella opinio es derogatoria ab- 
rogatoiia e de directo contraria a la antiga inveterada conrlu- 
sio en los cabbreus e de vostres pares antichs situada e im- 
prentada e per vostres princeps e senyors naturals preicada e 
afñrmada publicada e manifestada segons es cosa notoria e 
per molts acfes solemnes passats e arduus manifests e notoris 
corroborada confortada e confirmada e fonc per mi tocat e de- 
mostrat com lo egregi comdat de Urgell situat en aquest mag- 
nific principal fonc e es joya per tant de teraps que no es 
memoria de homens en contrari singularment stojada ais filis 
segons nats de vostres princeps e senyors naturals los quals fo- 
reu aguts per primogenits mentres que lo lur frare reynant no 
habia fill legitim e rcascle e axi com a primogenit o exercint 
ofíici de governador general e semblants actes a primogenits 
pertanyents segons havem tuit notoriament vist en lo dit senyor 
don Jayme apres mort del molt excellent senyor rey de Sicilia 
dont romas lo dit senyor don Jayme governador general e tenint 
loe de primogenit tant com sobrevisque lo dit senyor rey que 
darrerament falli exercint lo dit offici axi en actes jurisdiccio- 
nals com ceremonials exercicis del qual offici de governador ge- 
neral segons toqui e reciti lo dit senyor don Jayme condescents 
sots certa forma a vosaltres senyor notoria ais prechs e consell 
deis XII que en lo íemps passat affirmaven representar lo 
raagnific principal de Catalunya e de la insigne , regia e noble 
ciutat de Barcelona sobresigue sperant e pensanl lo dit senyor 
ab sana considerado esser salut e repos a ben avenir de la 
cosa publica per amor sguarl e conlemplacio de la qual ha fey- 
tes molles coses conformant rimant reglant e limitan t en 
aquells la sua voluntat ab la vostra segons proposicio e apres 
mort del qual fonc indubitat e notori al dit senyor don Jayme 
ell esser ver e legitim princep e senyor natural en lo regne. 
Hoc mes es joya lo dit comptal en lo qual tot temps es slat po- 
sat e carament stojat axi com a reliquia legitima e molt pre- 
ciosa de vostres princeps e senyors naturals^lo fill legitim se- 
gon nal de aquells perqué ell ab la sua vera legitima e dreta 
linea fos columna scalo e recolsador de la dita corona en* lo 
cas que defallissen los primogenits deis dits princeps c la íur 



( S97 ) 
vera legitima c dreta linea cxplicantvos com diverses vegades 
la dila corona ses reposada en ia dita columna per deílalliment 
de la vera legitima c vera linea deis primogenits deis dils 
vostres princeps e senyors naturals explicantvos per avant la 
magnificencia e excellencia que la dita joya havia tots temps 
demostrada e vuy demostra en aquest magnific principat com 
sia cosa certa que las molt insignes e molt nobles regions de 
Arago e de Valencia e de Mallorques e de altres sotsmesos a 
la dita Corona diverses vegades han cereal e trobat lur ver rey 
princep e senyor natural en la dita joya situada en lo dit prin- 
cipat e no pas en Franca ni en Castella e alli han trobat lur 
ver e legitim senyor e protector e deffensor. Tractant e recitant 
commemorant vos mes avant com dins lo temps de desset me- 
ses e pus que eren pissats despuis que lo molt alt senyor 
rey darrerament deCfunt falli lo dit senyor don Jayme ab 
gran et svellada diligencia no solament per sos missatgers mes 
encara personalment havia instantment e affectuosa pregat so- 
licitat exortat e request lo present parlament sobre la bona 
presta e deguda expcdicio de tant arduu tant necessari e tañí 
saludable negoci com es lo arlicle de la dita sucessio dins lo 
qual temps segons recita per lo dit senyor ne per causa sua 
ne per gent que sia stada a sua ma ne a son regiment les Ier- 
res sotsmeses a dita corona ne los poblats en aquelles no han 
sostenguts carrechs congoxes forces impressions no inconve- 
nients ne siuistres segons a tot lo mon es manifest e noto- 
ri : car segons toqui e recito a notori es manifest qui son 
aquells per los quals les dites Ierres e pobláis en aquelles 
han sostengut e sostenen carrechs e congoxes greuges forces 
impressions inconveniens c sinistres e que no res menys es 
manifest e notori sots ma regiment e senyoria de qui son. No 
res menys reciti com poden veurer les vostres reverencies no - 
bieses e soberanes savieses si es cosa de mirar ne de sostenir 
no que vol dir que de una part la dita regio de Arago sia ple- 
na c constipada do gent darmes de nació castellana e de altra 
part lo dit iufant aja fet cominar en lo present parlam.ent que si 
per vosaltres no es provehit en certes coses per ell menys legi- 
limamení e congruament demanades que el h¡ proveira por re- 
méis de drv't e de fot prcnent color en amor de la cosa pública 



( 598 ) 

e preservació de sa asserta justicia pero mo curant ni offerinl- 
se de fer exir los caslellans de la dila regio de Arago segons 
que fer devia no havent sguart que per vosaltres senjors e per 
voslres niissatgers ne ere stat request legilimament e deguda: e 
íonc per mi cencíos en la dita proposicio en nom e per parí del 
dit senyor don Jayrae paregues que de tais coses no solament 
ell mes encara vosaltres vos ne deviets greument sentir ey 
degues esser ja proveit que per lo dit senyor habia a mi raanaf 
que de sa part de sa senyoria o a les vostres reverencies no- 
bleses c savieses significar e dir e sabets be senyors que per 
vosaltres rae fonc demanat per scriptura la segona proposicio 
per mi de part dessus en effecte commemorada la qual per sa- 
tisfer a voslra voluntat vos íonc per mi donada prestament e 
volenterosa. E aximateix vos pregui queus fos plazent donar a 
mi per scriptura la resposta que lo reverent senyor archebisbe 
de Tarragona de part vostra en lo present parlament ne ha- 
via feta la qual cosa per vosaltres senyors me fonc graciosa- 
ment atorgada : e jatsia divereses vegades jo aja dit e fet dir a 
vostres honorables promovedors que fessen que jo agües la 
dita resposta en scrils redigida encara no la he aguda e son 
XV jorns passats despuis que fonc per vosaltres senyors atorga- 
da. Perqué altenent que lo dit senyor don Jayme sab certamen t 
que son alguns dies passats que jo he dada a vosaltres senyors 
la dita segona proposicio en scrits redigida e que encara no he 
aguda la dita resposta e que per conseguent no la he poguda 
reportar ni Irametrer al dit senyor; per amor de asso molí re- 
verents molt nobles e molt honorables senyors jo volent per 
nion poder squivar e lunyar que no pugui esser notat en tanl 
grans ardus e poderosos afl'ers de negligencia alguna per Iíj 
qual pugnes haver c reportar carree e reprehensio de dit se- 
nyor com sia cert que es maravellat com he trigal a trameteili 
la dita voslra resposta en scrits por ro present a les voslres 
reverencies la present scedula iustant e requirint a Iota deguda 
permesa e licita forma e manera que sia inserta en lo proccs 
del present parhimenl e que me sia feyta apart carta scriplura 
publica y autentica una e multes per los nolaris assi presentí'. 



( 590 ) 
Muchos dias habia ya que el parlamento tenia apareja- 
das las respuestas á las escrituras del conde y del infante, 
y lo iban dilatando y escusaban de darlas ; pero los emba- 
jadores de ellos lo instaban con tantas veras, que no pudie- 
ron hacer otra cosa , y así á 18 de noviembre de este año 
1411 las dieron. La del conde decia : 



Lo parlaraent oida la proposicio feta per lo honorable micer 
Pere Ferrer doctor en leis missatger per lo molt egregi senyor 
don Jayme de Arago compte de Urgell a aquest parlament ab 
lleUa de crehensa trames diu e respon que lols temps que lo 
dit senyor don Jayme ha triat lo cami de vera justicia extir- 
pada tota via de intrueio e tiranía e ha volguda haver confor- 
mitat ab los parlaments deis regnes e Ierres de la corona real 
seguint lo dit cami'de justicia e ha complagut a aquest princi- 
pal e a la ciutat de Barcelona sobreseint en lo exercici de go- 
vernador general e ha squivals niijans sabents forca en los 
regnes e Ierres de la dita corona e aquells ha hauls en cordial 
amor e honor e se es haut vers los dits regnes e Ierres a la di- 
la real corona pertanyents saviament e be segons es en la pro- 
posicio conlengut (ant pus ubertament mostra la alia natura e 
magnifica de hont devalla e lant lo dit parlament nc ha gran 
consolacio pensant que tant com lo dit senyor e los allres 
competidors se portaran en demanar la justicia que prelenen 
haver en dita successio pus saviament ab amor quielut e re- 
pos olvidada tola oppressio e mijas no deguts tanldins pus breu 
spay de temps e sens lol scandol pora aquest parlament ab los 
allres a quis pertany veurcr pensar deliberar e conexor qui 
es son ver rey princep y senyor justicia mijencant e a aquel re- 
Irer son deule a la cual conexensa desija lo dit parlament mi- 
jensant la gracia de noslre senyor Deus no planyent despeses ni 
treballs pervenir. E al darrer e principal cas de la dita propo- 
sicio responent diu lo dit parlament que el fins assi per son em- 
baxador lo qual es en lo parlament de Arago e per lelresha so- 
biranament Ireballal lant com ha pogul ne sabut que la geni 



( 4(K) ) 

durmes de Castella la cual es en lo dit regne de Arago se isque 
de aqucll e sen lorn c sens cansar hi cnlen Ireballar lant com 
puxe ey fara tot son dente. E si lo dit parlamenl de páranla 
primerament e ara en scrits fa la present resposta lo dit parla- 
ment fa co que dell se perlany e la natura del fet reqner e es 
molt contení lo dit parlament com plau al dit senyor aquell re- 
graciar. La cual resposta etc. 



Dióse también lo respuesta al embajador del infante, y 
era está. 



Lo parlament general del principal de Catalunya oyda e con- 
siderada la proposicio feta per lo molt honorable micer Joan 
Gonsalez de Azebedo doctor en leis com a missatger del senyor 
Infant de Castella e vista e entesa e pus plenament considerada 
aquella apres per lo dit missatger en scrits redigida diu y 
respon a aquella que lo dit parlament creu e repula juridic e 
íundat en rabo que algún deis compelidors los quals preleneri 
haver drel en la successío do la Corona real de Arago no deje 
anar ne cavalcar per alguna parí del dit regne o fer cavalcar 
algún altre ab quaisevol exquisides colors ab potencia de geni 
de armes ne usar de alguna preheminencia de offici o jurisdic- 
cio flns sia conegul a qual deis dits conpelidors perlany lo dret 
de la dita sucessio per justicia e aquells qui sesforcen a fer lo 
que lo dit parlament ab prechs jusls e degudes requestes La 
assajat de obviar e assajara de usar si necessari sera dé altres 
jusls reméis lant com pusca e a ell se perlanga e per la dita ra- 
bo ha traraesos sos missalgers e al senyor infaut de Castella per 
parí de qui es feta la dita proposicio e al senyor don Jayme 
comple de Urgell e fins aci no ven que lo dit senyor Infant baje 
proveit en la geni de armes la qual del regne de Castella ell 
sabeul es entiada en la regne de. Arago e es e sta en aquell 
es diu que ni deuhen entrar en major nombre les quals genis 
fora lot diipte sens son voler e consenliment noy foren enlrades 
e si ho fosscn per lo dit senyor infaul en fer exir aquelles del 



( 401 ) 
^it regne de Arago bi poguera osscr del tciups do la cmbaxada 
a ell tramesa per aquest parlamont a euca degiidament proveit 
o complaent a aquest parlamont sobre lo dil cas hagucra fet 
parlant ab aquellos honors e reverencia ques pertany co que 
deu c la proposicio ara novellamenl feta per lo dit molt hono- 
rable missalger e la requesla feta a aquest parlamont e per 
aquell exequida no porien esser en alguna parí per disparitat 
rahonablement elididos allegant que la condicio deis competi- 
dors deuria igualment raililar : porque lo dit parlament conti- 
nuant son treball e loable costum prega cxorta e requer lo dit 
missatger que ell doga scriurer al dit senyor infant e en altra 
manera inlerpos tota diligencia fructuosa que les ditos gonts 
darmes isquen del dit regne de Arago e que pus no ni entren 
cora sie cosa de mal eximpli ais alíres compolidors e fort pro- 
judicial ais rognes e torres de la dita Corona com en los caps cu 
la proposicio feta per lo dit molt honorable missatger conten- 
guts lo dit parlament hi fara e treballara tant com a ell se per- 
tangue frucluosament e doguda per manera que axi com envers 
Deu e son senyor e rey que sera por justicia ne es tant scusat 
fins assi ho sera per avant e no sera a sa negligencia per sa part 
imputat. E par al dit parlament esser just e rahonable que cas- 
cun competidor vuUa haver sa justicia per vies degudos licites t- 
honestes cessant tota potencia de gents de armes e qualsovulla 
impressiva manera do la qual no cal algu del compolidors con- 
fiar : ans be se poden teñir be per dit que totes vies illicilos p 
fora de justicia e raho oblidades lo parlament ja dit ensemps ab 
los allres a quis pertany se haura en veurer e conexer qui es 
son ver rey e senyor per via jurídica honeslament e deguda e 
contra aquells qui contrafaran enten a protestar e ara tant com 
pot protesta de totes penes per dret contra axi proccinls pro- 
mulgados e que per lo dit parlament e allres a quis porlanga 
hi puxe esser juslament proveit. Roquirent la presonl resposla 
esser continuada per vos notari a la fi de la dita proposicio << 
feta e a ell liurada carta publica com Icn vulla. 



Estas fueron las respuestas <iue dió el parlamenlo á la& 
TOMO X, ^7 



( 402 ) 
<[iiejas de los dos competidores, y mandaron á los escribanos 
que no diesen copia de las embajadas sin las respuestas se 
habían dado á cada una de ellas. El fruto que nació de aquí 
fué, que ni el infante sacó la gente que tenia en Aragón, 
ni el conde osó tomar las armas y juntar gente, como habia 
pensado y le aconsejaban ; y confiando de lo que le prome- 
tía el parlamento de hacer salir la gente del infante , estu- 
vo á la mira por no descompíacer aquella congregación, de 
quien él confiaba , y cuando quiso tomar las armas y co- 
brar con ellas lo que con título de justicia decia serle 
quitado , se halló solo y desamparado de todos y del todo 
perdido; y muchos atribuyeron el buen suceso del infante, 
no á su justicia , sino al poder y gente de guerra que ha- 
bía metido en Aragón , que obligó á los jueces á no hacer 
otra cosa , por escusar las guerras anunciaba, si aquella sen- 
tencia no hubiera salido á su gusto ; asi que , según decian, 
no venció la justicia , sino el poder y las armas. 

Los del parlamento de Cataluña y el de Valeíicia , que 
pstaba en Vinalaroz , hicieron grande instancia á los del 
parlamento de Alcañiz para que mandaran echar de aquel 
reino la gente de Castilla que habia entrado ; y aunque al 
principio se escusaban con decir que no habian entrado con 
orden de ellos , sino que los parientes del arzobispo muer- 
to los habian llamado para reprimir la osadía de los mata- 
dores de aquel prelado , y que se habia hallado gran reme- 
dio con la entrada de ellos y habian cesado muchas muer- 
tes , robos Y otros maleficios que hacia la gente que anda- 
ha desmandada por aquel reino , confiando del favor y aco- 
gida que hallaban en los dichos matadores; pero para com- 
plater á los parlamentos de Valencia y del Principado, lo 



( 405 ) 
prometieron; y esta promesa no fué sin consentimiento del 
infante , ' á quien todos los de aquel parlamento deseaban 
servir v ver rey , el cual les ordenó lo hiciesen así , por es- 
torbar las entradas hablan de hacer algunas gentes de Fran- 
cia en favor de don Antonio de Luna. Pero pidieron los 
de Alcañiz dos cosas : la primera , que los que hablan ca- 
bido en la rcuerte del arzobispo saliesen de aquel reino y 
no entrasen en él hasta que fuese hecha la declaración; la 
otra era, que , por cuanto sabian que don Antonio de Luna 
hacia venir en su defensa gente de armas de Gascuña, 
para defenderse de los que le perseguían y querían tomar 
sus castillos y lugares , hiciese el parlamento que cesase de 
hacer venir tales gentes , pues saliendo la de Castilla de 
Aragón , no habría de haberse de guardar de nadie ni do 
quien temer ; y de esta manera el infante , por medio do 
los de Alcañiz, y el conde, por medio del parlamento, pro- 
curaban impedir el uno al otro que no hiciesen juntas de 
gentes de armas ; y solo habla esta diferencia , que los del 
infante ya eran entrados en Cataluña, y los del conde, que 
venían en nombre de don Antonio de Luna, hablan de en- 
trar , y todos llevaban color y motivo , los del infante , de 
defenderse de los enemigos del arzobispo , y los del conde, 
de defenderse de los amigos y deudos de este prelado. 

En el entretanto que esto pasaba en los parlamentos, su- 
po el infante que Garci de Sese, hijo de Garcí López de 
Sese, era ido á Francia para hacer venir las gentes que de 
aquel reino aguardaban el conde y don Antonio : y luego 
que lo supo , buscó medios para reducir á su servicio aque- 
llos dos caballeros y los de su linaje, que eran muy princi- 
pales y poderosos en el reino de Aragón , y eran los mejo- 



( 404 ) 
res valedores que tenia el conde de Urge! en aquel reino y 
los que acogieron á don Antonio después de la muerte del 
arzobispo , y aun por eso les habia descomulgado ; pero 
fueron tan firmes y leales servidores suyos y tan constantes, 
que jamas le desampararon , antes siempre le siguieron en 
toda su próspera y adversa fortuna. No les pidió de parte 
del. infante que le siguiesen á él y le valiesen , sino que si- 
guiesen la justicia , porque este era el lenguaje de los afi- 
cionados y servidores del infante , que no decian ser amigos 
ó servidores suyos , sino que seguian la opinión de la justi- 
cia y favorecerian aquella , como si los del conde dijesen 
lo contrario. Con este motivo y apellido tan modesto redu- 
cía á su servicio mucbos de los amigos del conde de Urgel, 
dándoles á entender que él era el amparo y sustento de la 
justicia y razón, que tan caida y postrada estaba entonces, 
y tan perseguida de don Antonio de Luna y demás amigos 
del conde de Urgel. Hizo el infante, por medio de Diego 
Gómez de Fuensalida, abad de Valladolid, muchas promesas 
y ofrecimientos á Garci López de Sese , si hacia dos cosas; 
la una era reducirse él y Garci de Sese y Juan de Sese, 
sus hijos , y todos sus deudos y amigos , que eran muchos, 
á la opinión de la justicia ; la otra dar libertad á ciertos 
capitanes que tenia presos , y por esto le prometia una en- 
comienda de las órdenes de Santiago ó Alcántara ó Cala- 
trava , que rentase 800 florines, y mientras tardase á dár- 
sela , le prometia de renta cada un año 500 florines ; á 
Garci de Sese , su hijo mayor , que era en Gascuña , tier- 
ra para veinte lanzas , y á Juan de Sese , su hijo menor, 
tierra para diez lanzas ; á Juan de Sese de Cayana , á Gar- 
cia de Sese , á Gonzalo de Sese , á Antonio de Sese v á 



( 405 ) 
otro Antonio de Sese , á Miguel de Ayssa , á Lope do AI- 
bero , al bastardo de Sese , á Martin López de Maja , á 
Juan Dasso , á Pedro Rodriguez , á Alfonso Rodriguez á 
Fernando de Sese y á Juan Galindez de Sese , á cada uno 
de estos tierra para dos lanzas; pero todo aprovechó muy 
poco , porque fueron muy firmes y leales servidores del 
conde, y no hicieron caso de dádivas , antes bien se lo hi- 
cieron saber al conde, y aun le enviaron copia de los capí- 
tulos ú ofrecimientos que el abad les hizo , el cual les en- 
vió á micer Pedro Ferrer , y á 24 de noviembre del dicho 
año los presentó en el parlamento de Tortosa , donde se le- 
yeron públicamente , y todos afearon el hecho ; pero sobre 
esto no se tomó resolución alguna , mas de insertar estas 
capitulaciones en aquel proceso. 

Poco después de esto sucedió que la gente del infante 
tomó un correo del conde de Urgel , que iba á Granada; 
fué desbalijado , y le hallaron cartas para Jucef , rey de 
aquel reino. Pareció en ellas que el conde , ya en vida del 
rey don Martin y después , traia pláticas y habia firmado 
confederación con aquel rey , y le habia enviado diversos 
mensajeros y hecho grandes ofrecimientos , por medio de 
un moro y de un caballero castellano qne se vieron con el 
conde , cuando estaba en el castillo de San Boy , junto á 
Barcelona ; á mas de que un caballaro de aquel rey habia 
ido á Balaguer á ofrecer al conde gente y tesoro , y se su- 
po que habia enviado á Francés de Calonge á Granada , á 
informar á aquel rey de su justicia y derecho , y para que 
le enviara dinero para pagar mil bacinetes y mil pillartes 
para medio año , y para que hiciera poderosamente guerra 
al infante de Castilla , porque á 10 de abril de 1412 acá- 



( 40í) ) 
baban las treguas habia entre los reyes de Castilla y Gra- 
nada; y le dio aquel embajador al rey moro esperanzas que 
el conde baria con todo su poder guerra contra las tier- 
ras y estado del infante , y le pidió la libertad de los bi- 
jos de Pedro Marradas y de Arnaldo de Romaní, que es- 
taban cautivos en aquel reino. Toda esta confederación, 
firmada de mano del conde, llevó al abad de Valladolid al 
parlamento de Alcañiz , y á 2 de enero de 1412 la leyó 
públicamente en él ; y como no habia allá quien hablara 
por el conde , fué muy grande la admiración que hicieron 
de ello, y les pareció muy mal, y de aquella hora en ade- 
lante se juzgó ser la justicia del conde poca , pues para 
alcanzarla se valia de medios tan ilícitos y malos , indignos 
de personas que profesaban la religión cristiana. El infante, 
para mejor asegurar sus cosas , concertó treguas por algún 
tiempo con aquel rey , porque estando ocupado en la Coro- 
na de Aragón no le inquietara sus tierras de Castilla , y fir- 
máronse para diez y siete meses , que comenzaron á 10 de 
abril de 1412, y con esto quedó el conde del todo des- 
confiado del favor que aguardaba de aquel rey , que al prin- 
cipio se le era mostrado tan liberal y complacido. 

No se descuidaba don Guerau Alamany de Cervelló de 
proveer lo necesario en todos los castillos y fuerzas del Prin- 
cipado, fortificando aquellos , para resistir á cualquier su- 
ceso pudiera venir , nombrando capitanes y otros oficiales: 
de esto se quejó el conde de Urgel , y por medio de mi- 
cer Pedro Ferrer , á 1 de diciembre , dio un requirimien- 
to en el parlamento , pretendiendo no poder hacer el go- 
bernador tales nominaciones ; pero el parlamento no resol- 
vió nada. Como el conde y el gobernador estaban encon- 



( 407 ) 
trados , cualquier acción de éste reputaba el conde perjudi- 
cial á su justicia. 

Trabajaba , aunque en vano , el parlamento de Cataluña 
para que saliesen del reino de Aragón las gentes da Castilla 
que habían entrado , y habia dias que habian enviado á 
Macian Despuig al infante de Castilla , y no acabó nada, 
porqué siempre perseveró en decir que aquella entrada so- 
lo habia sido en defensa de los deudos del arzobispo , y por 
estorbar no se cometiesen otros mayores males , según él 
lo enviaria á declarar al parlamento ; y con esto despidió 
aquel embajador , que de todo llevó auto , y lo que pasó 
cuenta largamente Zurita. 

Como esta Corona estaba sin rey y con hartos trabajos 
y molestias , no dejaban algunos de probar empresas que 
no osaran , si vieran en ella cabeza y rey. Tomando esta 
ocasión , sucedió que Mateo de Fox , vizconde de Castellbó 
y nieto de Gastón Phebus , que fué yerno del rey don Juan 
el primero y pretendió por su mujer heredar estos reinos, 
excluyendo al rey don Martin , como vimos en la vida del 
conde don Pedro , por medio de Arnaldo de Santa Colo- 
ma , su capitán, se apoderó de Castellví de Rosanes, con 
pensamiento de tomar la baronía de Martorell , que habia 
sido de sus pasados , y el rey don Martin la habia confis- 
cado , por los excesos é invasiones que hizo el dicho Ma- 
teo , cuando murió el rey don Juan. Los concelleres de la 
ciudad de Barcelona procuraban , todo lo que podian, 
echar de allí aquella gente, que por ser tan vecinos de 
Barcelona , y acudirles cada dia muchos franceses de socor- 
ro , se prometían mil pesadumbres, y mas en aquellos tiem- 
pos. Parecióle aquella ocasión buena al conde de Urgel, 



( 408 ) 
pues con motivo de echar los franceses que allá habian ve- 
nido , podria meterse en campaña ; pero no osó intentar 
cosa sin primero consultarlo con el parlamento y ciudad 
de Barcelona, y por eso, á 22 de diciembre de 1411, 
hízoles saber como habia enviado á Francisco de Latorre, 
escudero de su casa, al vizconde de Castellbó, para que de- 
sistiera de aquella empresa , y pues no lo hizo , ofreció de 
salir contra los franceses , y pidió que para esto le diesen 
favor el parlamento y ciudad de Barcelona ; pero no les 
pareció bien , por algunos inconvenientes , y así se lo es- 
cribieron, de que él quedó muy desconsolado, y les respon- 
dió , que así como le daban consejo y requerian que no to- 
mase las armas, en aquella ocasión gustaría saber qué con- 
sejo tomarian para obviar en Aragón y Valencia los daños 
y entradas de las gentes que cada dia venian de Castilla y 
estaban en aquellos reinos , cuya presencia dilataba la de- 
claración que todos aguardaban del verdadero rey y señor. 
El abad de San Juan de- las Abadesas , que de parte del 
parlamento habia ido á Balaguer, era vuelto, y refirió en el 
parlamento como habia hallado al conde muy enojado del 
requirimiento y embajada le habia enviado el parlamento, y 
que después de muerto el rey don Martin , su cuñado , hu- 
biese hallado tan poco favor en la nobleza del Principado y 
que dudasen de su justicia , habiendo él y sus pasados y 
todos los catalanes siempre entendido y dicho que , si fal- 
taba la línea masculina de los condes de Barcelona y reyes 
de Aragón , habian de ser suyos estos reinos y Principado; 
y se quejó mucho que , habiendo venido el caso, se metie- 
se la discusión de su justicia y conocimiento de su derecho 
en manos de jueces y censura de letrados , y le hubiesen 



( 409 ) 
estorbado el designio y pensamiento que tenia de apoderar- 
se por armas de la tierra , como de cosa suya y de sus 
abuelos y mayores ; y no solo esto , pero que habia espar- 
cido y derramado las gentes de guerra que tenia después 
de muerto el rey don Martin , solo por dar gusto al parla- 
mento y complacer á la ciudad de Barcelona , que se lo 
habían pedido , lo que no hubiera él hecho , si no pensara 
que todos le habian de ayudar , sin hacer caso , ni del in- 
fante de Castilla , ni de los otros competidores ; y que si 
los catalanes le hubieran aclamado rey luego que murió 
el rey don Martin , los aragoneses y valencianos y los de las 
islas hubieran pasado por ello , así como lo hicieron cuando 
murió el rey don Juan , que aunque quedaban hijas y es- 
taba ausente de estos reinos el infante don Martin , porque 
así lo quisieron los concelleres de Barcelona y el arzobispo 
de Tarragona y otros, levantaron por reina á la infanta do- 
ña María , su mujer , sin aguardar el consentimiento de los 
demás reinos , y después todos pasaron por lo hecho , sin 
hacer caso de las hijas que quedaban de aquel rey : y si 
ahora hubiesen hecho lo mismo , todos pasaran por aquí, y 
ya que no querian hacer ahora lo que entonces , no debian 
^estorbar el pensamiento que llevaba de salir por, el reino 
con gente , y hacerse poderoso en él , é impedir las entra- 
das que los castellanos habian hecho en Aragón y Valencia, 
donde se estaban muy poderosos , pues no habia nadie que 
les resistiera ; y lo que sobre todo sentía mas , era que ha- 
llase mas favor el infante en aquel reino , siendo forastero, 
que no él en Cataluña , siendo natural de ella y emparen- 
tado con los mas barones y caballeros de ella , que erun 
los que mas á pechos habian de tomar su causa, y no me- 



( 410 ) 
terla á juicio de letrados. De esta y otras razones que dijo 
el conde al abad , se hizo auto , y se leyó en el parlamen- 
to , el cual respondió á ellas á 3 de febrero , y mandó al 
escribano la continuara en el proceso , y la respuesta fué 
la misma que se dio á otras embajadas del conde. 

Dióse l^tambien á 8 del mismo mes respuesta á lo que el 
infante habia respondido á Macian Despuig , embajador 
del parlamento , sobre que mandase salir de Aragón y Va- 
lencia los castellanos habian entrado ; y en suma contenia, 
cuan mal parecia lo que él hacia y que pretendiese alcan- 
zar por aquel medio su justicia , siendo en gran daño de la 
Corona ; pero ni de estas respuestas , ni de los requirimien- 
tos é instancia del conde de Urgel , jamas hizo caso , pues 
mientras estos estaban requiriendo y dando sus escrituras y 
protestos , él se fortificaba de manera , que en caso no 
le diesen el reino , se lo pudiese tomar antes que ni el con- 
de de ürgel ni el principado de Cataluña estuviesen tan 
poderosos como él en esta ocasión. 

Habia muchos dias que el conde de Urgel tenia preso en 
la torre de Ager un caballero llamado Francisco de Villa- 
marin , que habia mandado prender con algunos muebles 
que llevaba , y le habia pedido el parlamento muchas veces 
le diese libertad , porque , por ser militar , no le era lícito 
al conde detenerle ; pero el conde, por pasiones habia entre 
ellos , le detenia. Entonces Raimundo de Corbera , su so- 
brino , y Juan de Villaraarin , su hermano , acudieron al 
gobernador y al parlamento , por via de recurso , pidiendo 
la libertad del preso y los bienes le habian sido tomados, 
exagerando haberlo hecho el conde muy mal , pues usurpa- 
Í3a las regalías , en notable daño del brazo militar y ofensa 



( 411 ) 
de la corona real , protestando que si no se les hacia justi- 
cia en lo que pedían , recurrirían al futuro rey , de quien 
confiaban alcanzarla de aquel agravio y opresión. Sobre es- 
to le escribió el parlamento , y á 15 de marzo escribió 
que no había lugar á lo que se le pedia , por algunas ra- 
zones que él sabia y no era bien publicarlas ; pero que él 
en su tiempo haría lo que debiese , por, complacer al par- 
lamento , el cual á 27 del mismo raes le envió á Dalmau 
de Cacirera para pedir lo mismo , y el conde á los prime- 
ros de abril , le sacó de la torre de Ager , donde le tenia, 
y á 6 de abril recibió el parlamento carta en que le daba 
noticia de ello : verdad es que le tuvo detenido por la vi- 
lla de Ager y no le dio perfecta libertad , hasta que fué 
hecha la declaración de Caspe. 

A 11 de febrero vino nueva al parlamento de Tortosa, 
que Ramón de Perellos , con muchos caballeros y gentiles 
hombres , amigos del conde , y por su orden , pasaban ar- 
mados al reino de Valencia , para favorecer á Guillen de 
Bellera , gobernador de aquel reino y uno de los mayores 
amigos que tenia en él. La ocasión de este socorro fué, 
según cuenta Laurencio Valla, que este gobernador era tan 
apasionado por los del bando de los Vilaragudes , contra los 
del bando de los Centellas , que saliendo los límites de su 
jurisdicción y oficio , les hacia , con capa y titulo de justi- 
cia , mil agravios , y por causas bien lijeras condenó á 
muerte, de los de aquel linaje y sus valedores , hasta cua- 
renta personas honradas , cortando las cabezas de los unos, 
y ahorcando á los otros. Eran los de estos dos bandos to- 
dos muy servidores del conde de Urgel , y tan poderosos, 
que por ellos tenia el conde en su mano toda la nobleza de 



( 412 ) 
aquel reino , y por otra parte estaban también apasionadí- 
simos por él toda la gente común y ordinaria , cuya cabe- 
za era el dicho gobernador ; y aunque entre estos dos ban- 
dos había particulares odios y rencores , pero en lo que 
tocaba á valer al conde , todos hacían un cuerpo y se unían. 
Este gobernador, con el favor de los Vilaragudes y del pue- 
blo, era en extremo insolente y cruel con los Centellas, y 
estos , persuadidos que el conde de Urgel había de ser rey, 
por medio de Bernardo de Centellas , se le quejaron de los 
excesos del gobernador y continuos agravios recibidos de él, 
y quisieron que el conde, por su medio, hiciese cesar los 
odios eran entre aquellos dos bandos, confiando que de esta 
manera gozaría el reino de Valencia de una paz y quietud 
igual á la de que Cataluña gozaba , en un tiempo tan des- 
dichado y calamitoso. El conde , que en todo tuvo falta 
de consejo y varones prudentes que le encaminaran, no tuvo 
ni traza ni cordura para saber meter paz entre estos dos 
bandos , antes bien quiso favorecer descubiertamente á la 
una de las dos partes , y le pareció inclinarse á la de los 
Vilaragudes , cuya cabeza era el gobernador, á quien pare- 
ce que no temía disgustar , para ganar el pueblo, que en la 
ciudad de Valencia era el todo , y el gobernador podía 
mucho en ellos, y pensaba el conde que , juntados los Vi- 
laragudes y el pueblo , sería tan poderoso en el reino, que 
no necesitarla del favor de los Centellas , y este fué su 
pensamiento , aunque muy desacertado. Los del linaje de 
los Centellas quedaron de esto muy sentidos , y tuvieron á 
mal que el conde , que debía ser neutral , se señalara mas 
por los Vilaragudes que por ellos, y así luego se declararon 
por el infante don Fernando , pidiéndole que les favoreciese 



( 413 ) 
en aquella ocasión , y que no sufriera que fuesen agravia- 
dos de los Vilaragudes , amigos del conde , y lo hiciese con 
ellos así como lo habia hecho en Aragón , favoreciendo los 
Urreas contra los Lunas que los perseguían : y esto no lo 
estimó poco el infante , pues de aquella hora adelante 
tuvo título colorado y honesto de meter gente en el reino 
de Valencia , como la habia metido en Aragón. Vivia en 
Valencia la reina doña Margarita , mujer que fué del rey 
don Martin , que estaba muy mal con el conde y sus cosas, 
acordándose del agravio le hizo cuando murió el rey , de 
ponerle rigurosas guardas y tenerla casi como en cárcel, 
como si hubiera de suponer parto ; y holgó mucho de las 
mudanzas que hacian las cosas del conde en aquel reino. 
Confederáronse los Centellas con los Urreas de Aragón, v 
valiéndose de la gente del infante , se pusieron en talle de 
resistir al gobernador y aun de vengarse de los agravios que 
la familia y amigos habian recibido de él. 

Gilberto de Centellas, hermano de Bernardo de Cente- 
llas , acoiiipañado de muchos de su parcialidad , corrió el 
campo de la ciudad de Valencia y se llevó 6000 cabezas 
de ganado, que eran de Juan de Vilaragut, teniente de go- 
bernador , y decia que aquel ganado todo era de cohechos 
y lo habia habido de los lugares y vasallos de los Centellas. 
Como los Vilaragudes vieron que los Centellas se hacian po- 
derosos y que cada dia les acudia socorro de gente de Cas- 
tilla , y que continuamente con mucha y buena caballería 
les corrian la campaña , acudieron , en nombre del gober- 
nador y del reino , al conde de Urgel , para que les enviara 
400 caballos , de que ellos tenian mucha necesidad , y el 
conde les juntó entre sus amigos y algunos gascones , y les 



( 414- ) 
envió á Valencia. Era capitán de ellos Ramón de Perellos. 
Salió esta gente del condado de ürgel, y por las riberas del 
Segre , marquesado de Aytona y ribera de Ebro, llegaron á 
Cberta, que está á la orilla de aquel rio, una legua de Tor- 
tosa. Estando aquí á los 13 de febrero, envió el parla- 
mento al abad de Estañ por embajador al conde de Urgel, 
para que les mandase volver y alzase la mano en dar favor 
á los bandos de Valencia , y al infante escribieron que hi- 
ciese salir del reino de Valencia la gente que tenia en el 
llano de Burriana , y á don Francisco de Erill enviaron á 
Cherta, para requerir á don Ramón de Perellos que no en- 
trase en Valencia, sino que se volviese con su gente, y en- 
tendiese que aquel parlamento estaba muy ofendido que á 
vista de Tortosa llegara aquella gente , y lo juzgaban por 
gran desacato ; y él respondió que ni él ni aquella gente 
irian al reino de Valencia por ofender á nadie , sino para 
socorrer á los amigos del conde, que allá estaban oprimidos 
de sus enemigos , y que siendo su viaje por ese fin , no ha- 
bian de dejar el camino comenzado , pues la defensa era de 
derecho natural , lícita y permitida á cualquier ; y envió el 
Ramón de Perellos á Juan Jover al parlamento , de parte 
suya y de los nobles y gentiles hombres de su compañía, 
para que les dijese que todos ellos habian salido del condado 
de Urgel , y por orden del conde pasaban á Valencia , al 
lugar de Castelló de Burriana , y que el parlamento que lo 
escribiese al conde , porque si él se lo mandaba , luego se 
volveria con toda la gente que llevaba ; y porque tuviesen 
lugar de escribírselo , él iria poco á poco , sin apresurar de 
ninguna manera su camino. En el entretanto llegó Ramón 
■le Perellos á Castellón de Burriana, y Juan Fernandez de 



( 4i5 ) 
Heredia , con 700 de á caballo , llegó á Murviedro , que 
era del bando de los Centellas , y con estos caballos y ve- 
nida del Heredia , quedaron muy reforzados , y luego en- 
viaron un buen número de gente para impedir que aquellos 
400 caballos no se juntaran con la gente del gobernador, 
como en efecto sucedió , y sobre ello á 27 de febrero se 
trabó batalla , y el gobernador quedo .vencido y muerto en 
ella , sin que jamas ni Ramón de Perellos ni su gente le 
pudieran socorrer , ni aun juntarse con él , porque los Cen- 
tellas les tenian preso el paso; y con esta victoria , que fué 
muy grande , quedaron los amigos del conde muy espan- 
tados , y de aquel punto adelante siempre fué prevaleciendo 
la parte del infante ; y refiere Laurencio Valla , que dijo 
Ramón de Perellos, que con aquellos sucesos conoció ser 
poca la ventura del conde, la cual le habia faltado en dos 
ocasiones , la primera fué cuando, muerto el arzobispo , los 
Lunas no supieron acometer á los Urreas , que si lo hicie- 
ran, los acabaran y quedaran señores en el reino de Aragón; 
la otra , que si el gobernador escusara aquella batalla y 
aguardara que los 400 caballos se juntaran con él , no le 
sucediera la muerte y pérdida de aquella batalla. No que- 
ria Dios que aquella corona fuese para la cabeza del con- 
de , y así erraba en cuanto hacia , faltándole ventura en 
todo. Cuando de esto tuvo nuevas el infante , quedó tan 
contento como si con aquella victoria quedara por él de- 
clarada la justicia , y á 14 de marzo , escribió al parlamen- 
to , que pues cesaban en Valencia los bandos y quedaban 
vencidos los que con color y capa de justicia la impedian, 
procurasen lo mas presto que pudiesen se declarase el artí- 



( 416 ) 
culo de la succesion , pues veían cuantos daños resultaban 
de la dilación. 

Estaban ya los parlamentos de Cataluña y Aragón muy 
á punto para nombrar y elegir personas para ser jueces de 
esta causa , y sobre esto cada dia se juntaban para hallar 
alguna forma y modo , para acertar en aquel punto. El 
conde de Urgel envió entonces á Sperandeu de Cardona, 
célebre jurisconsulto , que á 24 de febrero entró efi el par- 
lamento , y después de haber informado , remató en exhor- 
tar que se nombrasen personas al conde no sospechosas, re- 
servándose, si tal se hacia, el derecho de dar las causas de 
tales sospechas , protestando que no por eso que decia en- 
tendía someterse á tales personas , sino en cuanto fuese jus- 
to ; y también les leyó algunas cartas de algunos del reino 
de Aragón que escribían á algunos amigos suyos , dando 
por constante y expedito que el infante había de ser rey, y 
no otro : y el parlamento en aquel dia no resolvió nada so- 
bre esto. 

A 1 de marzo de este año volvió el dicho Sperandeu de 
Cardona á protestar lo mismo , pidiendo ser levantado auto 
de lo que decia é insertado en el proceso ; y la respuesta 
le dieron fué, que debia tanto confiar el conde y los demás 
competidores de la lealtad y buena conciencia de los de 
aquel parlamento , que así como hasta aquel punto habían 
hecho todo lo posible para el bien y servicio de la Corona 
y justicia de los pretensores , harían de aquella hora ade- 
lante lo mismo, y de eso habían de quedar todos muy sa- 
tisfechos y contentos. ' 

Con todo , á 13 de marzo díó en el parlamento un me- 
morial de las personas que eran sospechosas al conde, y le 



( ^*i7 ) 
respondieron que acerca de ello harían lo que seria justo; y 
lo que hicieron fué que no tomaron ninguno de aquellos que 
el conde habia nombrado , deseando darle gusto en esto. 
Por parte del rey de Francia se dieron por sospechosas al- 
gunas personas; pero el parlamento, sin hacer caso de las sos- 
pechas que por parte de aquel rey se propusieron, no provejó 
nada , teniendo siempre ojo á escoger personas que parecian 
mas justificadas , útiles y provechosas á los reinos y Princi- 
pado. » 

Estas eran las diligencias que hacian el conde de Urgel y 
los demás competidores, cuando los parlamentos de Catalu- 
ña y Aragón procuraban en hallar algún buen modo y forma 
como unidos con Valencia se entendieran en esta declaración; 
pero los bandos que habia en estos dos reinos estaban tan 
encendidos, que lo impedian del todo. Tratábanse de juntar 
los parlamentos en un lugar acomodado para todos; pero es- 
to no tuvo efecto, porque no podian concordar sobre quién 
habia de presidir en aquella junta ó congregación, y querían 
que fuese en Aragón, y el gobernador de aquel reino preten- 
día pertenecerle á él la presidencia. Pasaron sobre esto mu- 
chas cosas, y á la postre no se concluyó nada y se espar- 
cieron todos. En el principado de Cataluña se hicieron mu- 
chas juntas en la ciudad de Barcelona , y aunque en lo que 
tocaba al bien común todos estaban unidos y concordes , pe- 
ro no fué poco lo que trabajaron en apaciguar algunos ban- 
dos y parcialidades que cada dia se suscitaban entre particula- 
res, por propios intereses. En el reino de Valencia era ma- 
yor la discordia y estaban mas vivas las pasiones , porque el 
gobernador y otros ministros de justicia abusaban del cargo v 
poder que tenian. Estando las cosas en este estado , sucedió 
TOMO X. 28 



( AÍS ) 
la muerte del arzobispo de Zaragoza, y fué tal el escándalo 
que causó, que todos deliberaron (á lo menos los bien inten- 
cionados) de esforzar que tuviera fin el artículo y duda de es- 
ta sucesión , porque no se podia ya esperar cosa buena, 
habiendo osado poner sacrilegamente las manos en aquel 
prelado , matándole sin causa ni razón. Entonces el parla- 
mento de Cataluña , que había estado en Barcelona hasta 
aquel punto, se prorogó para la ciudad de Tortosa , porque 
era mas vecina á Aragón y Valencia. Los aragoneses , des- 
pués de haber costado á los bien intencionados y amigos de 
justicia mucha fatiga y trabajos, á la postre se convocó el 
parlamento para el 2 de diciembre de 1411 , para la villa 
de Alcañiz, que por ser cercana á Cataluña, era fácil el co- 
municarse los dos parlamentos; y después de varios tratados, 
el parlamento de Cataluña envió seis embajadores á Alcañiz, 
para concordar el modo y forma se habia de tener en nom- 
brar las personas que habian de juzgar esta causa y pleito. 
Llegaron un sábado , á 16 de diciembre de este año, y tu- 
vieron varios tratos : todo lo que pasó refiere Gerónimo Zu- 
rita , que lo sacó de los procesos originales de estos parla- 
mentos; y á la postre se levantó auto del concierto á 15 de 
febrero de 1412, que después el dia siguiente lo aprobaron 
con auto particular los síndicos de Valencia. La suma de lo 
contenido en él, era: 

Que toda aquella causa se cometiese á nueve personas de 
pura conciencia y buena fama, y tan constantes, que pudie- 
sen proseguir tan arduo y señalado negocio hasta la fin , y 
que eslos hubiesen de declarar y nombrar la persona á quien, 
según justicia, se debia prestar el juramento de fidelidad ; y 
se les señaló el castillo de Caspe, del orden de San Juan, dan- 



( ^»^> ) 

•Joles y concediéndoles ampliamente la jurisdicción y pose- 
sión del castillo y pueblo , con autoridad del Sumo Pontífi- 
ce, que para esto dio su consentimiento y plena voluntad. 

Que estas nueve personas fuesen graduadas de esta mane- 
ra : tres en primer grado , tres en el segundo y tres en el 
tercero ; y que no pudiesen llevar mas de cuarenta personas, 
con armas ó sin ellas. A estas nueve personas cometieron los 
del parlamento de Alcañiz y los embajadores del de Torto- 
sa, y dieron el poder que dárseles podia , para entender en 
este negocio, y que lo que los nueve ó seis de ellos decla- 
rasen, con que en estos seis hubiese de cada nación, se tu- 
viese por verdadero v firme. 

Que el tiempo en que se habia de hacer esta declaración 
durase desde 29 de marzo á 29 de mayo , y si parecia á los 
nueve, se pudiese prorogar este tiempo, con que no pasase 
de 29 de julio de este año 141 2. 

Que volasen á nuestro Señor y jurasen con gran solemni- 
dad , después de haber confesado y comulgado públicamen- 
te, que procederían en aquel negocio lo mas presto que po- 
drian, y que, según Dios, justicia y buena conciencia, publi- 
carían el verdadero rey y señor, pospuesto todo amor y odio, 
y que no revelarían antes de la publicación su intención ni 
voto , ni el de los otros. 

Que los competidores fuesen oídos así como vendrían , y 
llegando dos juntos, oyesen al que les pareciese. 

Que estando alguno de los nueve impedidos , los ocho 
nombrasen, en su lugar, otro de la misma nación. 

Que porque estuviese guardado el castillo, fuesen nom- 
brados dos capitanes , uno aragonés y otro catalán , v estos 
tuviesen la jurisdicción y regimiento de la villa ,, en nombre 



( 420 ) 
de los nueve., haciendo juramento de guardarles y obedecer- 
les. A cada capitán señalaron cincuenta hombres de armas y 
cincuenta ballesteros, y que nadie pudiese acercarse de cua- 
tro leguas, con gente de armas, de veinte hombres de á ca- 
ballo arriba , sino los embajadores de los competidores, y es- 
tos no podían llevar por cada embajada mas de cincuenta 
personas y cuarenta cabalgaduras; y que los pailamentos du- 
rasen hasta la publicación de rey , y que no revocarian el 
poder dado á los nueve, y que todos tendrían por rey al que 
los nueve en la forma susodicha publicasen. 

El mismo dia que fué firmada esta concordia, se despidie- 
ron letras de aviso ó de llamamiento á todos los competido- 
res, no por via de citación jurídica, sino de cortés notifica- 
ción: eran estas casi de un mismo tenor. La que se envió 
ú don Jaime, conde de Urgel, decia de esta manera. 

EGREGIO DOMINO JACOBO COMITI URGELLI. 

Parlamentum generala regni Aragonum el ambaciatores par- 
lamenli generalis Cathalonie principatus ipsum parlamentum 
representantes el ab eodem habentes plenariam poteslalem in 
istis honorcm debilum cum salule. Vobis qiii in successione reg- 
norum el lerrarum regle corone Aragonum subditorura jus ha- 
bere asseritia el prelendilis parlamentum el ambaclalores pre- 
dicU pro so el diclis parlamenlis adherentibus notiGcant in- 
limant sen denuucianl per présenles quod cerfe notabiles per- 
sone ab eisdein parlamenlis super biis pleniim posse habenles 
in villa de Casp prope flamen Iberi in Aragonia conslilule pro 
invesligando ¡nsliluendo se el informando noscendo el publican- 
do cm predicta parlamenta ac subdili ac vassalli dicte Corone 
debilum prestare el quem in eorurn verum regem el dominum 
sec (indum Deum et eorum cousciencias habere debeant el te- 
neant hinc ad vigessimam nonam diein marlii próximo fuluri 



( 421 ) 
continué erunt personaliter congregali processuro ab indo ad 
investigationem ¡nstructionem informationom el pubücaiionem 
predictas. Data in villa Alcanicü sub sigillis rcvorendissimi in 
Chrislo patrís domini Episcopi Oscensis quo dictum parlamen- 
lum Aragonense et reverendissimi in Christo patris domini Ar- 
chiepiscopi Tarracone quo dicti ambassiatores uluntur hic ap- 
positis in pendenti XVIIl die februarii anuo a nativitate Domini 
M.CCCC.XII. 

Parlamentum genérale regni 
Aragonum et ambaciatores par- 
lamenti Cathalonie Principatus 
honoribus vestris prompti. 

Estaban estas letras en pergamino, y de ellas pendientes 
los sellos del obispo de Huesca, por el parlamento de Ara- 
gón, y del arzobispo de Tarragona, por los embajadores del 
Principado. Diéronse a un caballero llamado Guillen de 
Montoliu , para que con título de embajador las llevase al 
conde de Urgel , junto con otra que también se escribió 
á todos los demás competidores , exhortándoles que los 
embajadores que enviasen á Caspe viniesen con hábito ho- 
nesto , decente y de paz. Llegó á Balaguer martes á 23 
de febrero de este año 1412, y á las tres horas después 
del mediodía , en el castillo de aquella ciudad , le presentó 
las letras en presencia de Miguel Ribas, escribano, que le- 
vantó auto de ello, siendo testigos fray Juan Ximeno, obis- 
po de Malta , y fray Guillen Ramón , abad del Estañ , del 
orden de San Agustín, y otros. El conde recibió las letras, 
y dijo al notario que no cerrase el acto de aquella presen- 
tación sin su respuesta , porque no se las tenia por presen- 
tadas ni intimadas , por estar ausentes sus escribanos. 

Después , á 20 del mismo mes y año , al mediodía , vol- 



( 422 ) 
vio el embajador al castillo para buscar las respuestas , y 
un portero le dijo que entrase en un aposento , donde ha- 
lló al conde sentado en forma de tribunal, y tenia las dos 
letras que se le habian presentado en las manos , y al re- 
dedor su consejo; y un notario requirió al obispo de Mal- 
ta, á Berenguer de Barutell , arcediano de Santa María de 
la mar de Barcelona, Arnaldo de Alberti , caballero letra- 
do, el abad del Estañ. Tristan de Luga , Bernardo Roig y 
Pedro Ferrer , letrados , que fuesen testigos de lo que allí 
pasaria , y fué que el conde le dijo : — Señor Montoliu, 
cuando vos me presentastes estas letras estaban ausentes mis 
escribanos ; ahora que están aquí se hará este negocio mas 
legítimamente , y así volvédmelas á presentar delante de 
ellos y del vuestro , y todos levantarán auto de ello , y vos 
tendréis uno, y yo otro. — El embajador le dijo que aquello 
le estaba bien, con que no engendrase perjuicio á la pre- 
sentación le habia ya hecho el martes pasado; y al conde le 
pareció bien, y dio las letras al embajador, que se las vol- 
vió á presentar. 

Después , el lunes siguiente , á 29 del mes , cerca del 
mediodía y en la plaza del castillo de Balaguer , presen- 
tes el obispo de Malta, don Antonio de Cardona , don Dal- 
macio de Quefalt , Arnaldo Despes y Arnaldo Alberti , le- 
trados, y T. de Copons, mayordomo y del consejo del con- 
de , dio por respuesta una cédula que decía. 



Jacobus de Aragonia Comes Urgelli. Visis el inlellectís litteris 
per GuiUermuin de Montolivo ei presentatis dicit: Qiiod succes- 
sio corono logie Aragoaura est sua et ad eum pertinet el spcc- 
tal el non ad aliuní sibique ul vero el legilimo süccessori venil 



( 423 ) 
el indubilanter est prestanda obedientia per vassallos et sub- 
ditos dicte regie Corone non consentiens presentationi dictarum 
litterarum nec aliquibus aclis lactis el fiendis si et ¡n quantum 
sint vel vertí possint in prejudilium sue indubilate successio- 
nis: et protestatur quod habita pleniori deliberatione et informa- 
ticoe de contentis in dictis litteris possit et valeat illis respon- 
deré et providere quandocumque sibi videbitur expediré pro 
sue regie successionis conservalione requirens posl dictarum 
litterarum presentalionem inserí et contínuari in instrumento 
per notarios presentes. 



Intimáronse también las mismas letras á Luis , hijo pri- 
mogénito de Luis , rey de Ñapóles , y de doña Violante, 
hija del rey don Juan el primero , rey de Aragón ; al in- 
fante don Fernando de Castilla , hijo del rey don Juan el 
primero , rey de Castilla, y de doña Leonor , hija de don 
Pedro cuarto rey de Aragón; á don Alfonso, duque de Gan- 
día , hijo del infante don Pedro , conde de Ribagorza, que 
fué hijo del rey don Jayme el segundo de Aragón ( éste 
murió antes de declararse, y por su muerte fueron preten- 
sores don Alfonso , su hijo , y don Juan , conde de Pra- 
<Jes , su hermano); y á don Fadrique de Aragón , conde de 
Luna , hijo natural del rey don Martin de Sicilia y nieto 
del rey don Martin de Aragón. 

Esto no se intimó ni á la reina doña Violante , mujer 
del rey Luis , hija de don Juan , el primero ; ni á la in- 
fanta doña Isabel, mujer del conde de ürgel , hija del rey 
don Pedro , porque daban por constante no ser capaces 
de la sucesión , habiendo varones del linaje real ; pero á 
los nueve pareció debian ser llamados , y así se les envia- 
ron letras , como á los varones: y porque con facilidad se 



C 424 ) 
pueda ver el grado de cada uno de los pretensores , pongo 
aquí el árbol genealógico de ellos (1). 

Despachadas las letras á competidores , entendió el par- 
lamento en escoger estas nueve personas ; y aunque había 
muchas en esta Corona á quien se podia encomendar este 
negocio , pero después de varias juntas y conferencias, uná- 
nimes los parlamentos de Aragón y Cataluña, concordaron 
en ellas, á 14 de marzo ; y á 16, con auto solemne, las 
publicaron en el parlamento de Tortosa , y eran : por Ara- 
gón, don Domingo Ram , obispo de Huesca, doctor en cá- 
nones , Francisco de Aranda , de Teruel , donado de Porta- 
celi , del orden de Cartuja, y Berenguer de Bardaxí, in- 
signe letrado ; y por Cataluña , don Pedro de Cagarriga, 
íirzobispo de Tarragona , licenciado en cánones , Guillen de 
Vallseca, doctor en leyes, y Bernardo de Gualbes, doctor en 
ambos derechos ; y por Valencia, Bonifacio Ferrer , prior 
general de la Cartuja , doctor en cánones , san Vicente 
Ferrer , del orden de Predicadores , maestro en teología, 
Ginés Rabassa, doctor en leyes, y por su impedimento, Pe- 
dro Beltran. 

Eran estas nueve personas , á juicio y común sentir de 
toda la Corona , las mas idóneas, justificadas y entendidas 
de ella ; y lo que mas era de estimar fué ser entre ellas 
san Vicente Ferrer , luz y honor de España , con cuyo pa- 
recer y consejo tenian por cierto que no se podia errar, 
por ser pública y notoria su gran doctrina y santidad, con- 
firmada con infinitos milagros y obras prodigiosas , que ca- 



(I) Véase el que va continuado al linde las actas del compromiso de 
Caspe , en esta misma Colección. 



( 425 ) 
da día obraba Dios por su mano , y parecía que habíamos 
vuelto á aquel felicísimo tiempo de la primitiva Iglesia, 
pues cada dia hacia maravillas iguales á las que aquellos 
antiguos santos obraron ; y era tanto lo que confiaba de él 
el conde don Jaime y sus amigos , que á 24 de marzo el 
conde de Cardona y otros muchos protestaron al arzobispo 
y á micer Bernardo de Gualbes , que el dia siguiente ha- 
bían de partir para Caspe , no hiciesen nada sin este san- 
to y micer Guillen de Vallseca. 

Luego que fueron publicadas estas nueve personas , se 
les envió á notificar de parte de los parlamentos , rogándo- 
les acudiesen al lugar de Caspe ; y á san Vicente , que es- 
taba en Castilla , enviaron á Miguel Kibes , notario , en- 
cargándole que diese al santo toda la prisa posible. 

Con ser esta nominación tan premeditada y pensada, no 
todos los pretensores vinieron bien en ella , porque Luis, 
duque de Anjou, alegó sospechas contra el obispo de Hues- 
ca , que decia haber alegado en derecho en favor de uno 
de los competidores ; contra Francisco de Aranda , que no 
era letrado en derecho canónico ni civil ; contra Beren- 
guer de Bardaxi , que llevaba de uno de los competidores, 
á quien habia aconsejado en este negocio , una pensión de 
quinientos florines cada mes , á mas de otra que recibia un 
hijo suyo , del mismo competidor ; y que Bonifacio Ferrer 
se era declarado en favor de don Fadrique de Aragón , y 
que él y el Aranda eran enemigos del rey de Francia , ni 
eran para semejante negocio, por ser del orden de la Car- 
tuja y estar mas ocupados en la contemplación de las cosas 
divinas que no en semejantes materias. Estas sospechas se 
dieron á 15 de marzo, que fué un dia entre la nomina- 



( 42G ) 
clon y publicación de ellas , pensando así impedirla ; pero 
luego el dia siguiente declaró el parlamento de Cataluña, 
donde se propusieron , que no procedian y que fuesen pu- 
blicadas las nueve personas. Estas sospechas no dieron mu- 
cho que hacer, ni los que las alegaron insistieron mucho en 
ellas. Lo que dio mas cuidado fué que á 23 de marzo 
Dalmacio Cacirera, gran amigo del conde de Urgel, dio sus 
sospechas contra algunos de los nueve ; y fueron de su pa- 
recer el conde de Cardona , y los procuradores del caste- 
Ilan de Amposta, del conde de Prades , de mosen Beren- 
guer de Cortes , del conde de Quirra , de don Antonio de 
Cardona , de don Guillen Ramón de Moneada, de don Dal- 
macio de Queralt , de don Guillen Despes , de don Juan 
Despes , de don Pedro de Orcau , de don Arnaldo de Or- 
ean , de Dalmacio de Porcia , don Pedro de Moneada , don 
Francisco de Vilanova , Galceran de Resanes y otros mu- 
chos, que eran deudos y amigos del conde de Urgel. Causó 
esto gran alteración y temieron no se desconcertase lo que 
tanto habia costado de concertar , porque perseveraban en 
esta su opinión y sospechas. El parlamento , á 26 del mis- 
mo mes , les respondió , dándoles á entender cuan justa y 
acertada habia sido la nominación de tales personas, en que 
habian concurrido los votos y pareceres de mas considera- 
ción ÁQ los parlamentos , y aunque algunos habian nombra- 
do otros jueces , pero bien sabian que se habia de estar á 
los que la mayor parte habia nombrado , por estar así con- 
cordado antes de hacerse el nombramiento de ellos. Con 
estas y otras razones que dieron se sosegaron algún tanto, 
porque no todos sentian bien de tales recusaciones, y sabian 
que salian del conde de Urgel , que pensaba así mejorar su 



( -^27 ) 
causa y deshacer la del infante ; y aunque á 30 del mismo 
mes de marzo , y á 28 de junio , volvieron á protestar lo 
mismo que habian ó 23 de marzo , pero á 1 de julio res- 
pondió el parlamento de manera , que quedaron desenga- 
ñados de cuan vana y fuera de lugar era aquella su preten- 
sión ; pero los nueve no por eso dejaban de ponerse á pun- 
to para entender en el negocio que les estaba encomenda- 
do , y sin hacer caso de estas recusaciones , se juntaron, lo 
mas presto que les fué posible , en Caspe. 

El primero que compareció para informar fué el conde 
de Urgel , por medio de sus embajadores y letrados , que 
envió con carta credencial , fecha á 4 de mayo , y eran el 
obispo de Malta , don Antonio, hermano del conde de Car- 
dona , Francisco de Vilanova , fray Juan Nadal , del orden 
de Predicadores , maestro en Teología , Sperandeu de Car- 
dona, Arnaldo Alberti , Macian Vidal, y Bernardo Roe, 
insignes letrados, todos de su consejo; y el mismo dia infor- 
maron el obispo de Malta y fray Juan Nadal , á 17 Spe- 
randeu de Cardona y micer Macian Vidal , y el 1 9 el mis- 
mo Cardona , Arnaldo Alberti y Bernardo Roe ; el dia si- 
guiente informaron todos , y los jueces les dijeron que pro- 
curasen abreviar como mejor pudiesen , y diesen por es- 
crito lo que habian dicho, y si mas querían decir, los oirían 
de buena gana. 

Acabadas las informaciones del conde , el otro dia com- 
parecieron Garau de Ardevol, caballero embajador de la in- 
fanta, y Pedro Ferrer, su abogado, y firmaron por ella ; á 
23 otra vez se volvió á informar por el conde, á la maña- 
ha , y á la tarde por la infanta , y á 24 también por el 
conde ; y los jueces les encargaron mucho que diesen por 



( 428 ) 
escrito lo que habian dicho , según ya lo habian ofrecido, 
y que fuese presto ; y así, á 8 de julio lo hicieron, y á 21 
volvieron á dar otras alegaciones que faltaban , y acabaron 
de fundar el derecho de don Jaime ; y porque habian he- 
cho en las alegaciones que dieron á 8 algunas protesta-* 
ciones , el mismo dia 21 los nueve respondieron á ellas, 
diciendo , que no en nombre propio suyo, sino en virtud de 
poder á ellos concedido , habian procedido y procedian y 
pensaban proceder acerca de la investigación , información, 
reconocimiento y publicación de aquel que habian de te- 
ner por verdadero rey y señor , por justicia , y según Dios y 
buena conciencia, y mandaron levantar auto de esto; y des- 
pués de salidos los embajadores , miraron las alegaciones 
que les habian dado últimamente, y hallaron las mismas pro- 
testas y dieron la misma respuesta que babian dado á las de 
"8 del mes , y mandaron levantar auto de ello , y que se in- 
timase á los embajadores. 

A 26 de mayo comenzaron las informaciones del infante 
don Fernando , y á 28 dieron por escrito lo que de pa- 
labra habian dicho ; y lo mismo hizo el embajador y aboga- 
dos del duque de Gandía , en los dias les fueron asignados. 

Disputóse muy á la larga el derecho de los competido- 
res ; fundaba cada uno de los abogados como mejor podia 
su justicia, y la del conde de Urgel, decian consistía en la 
inteligencia del testamento del rey don Jaime I, que dis- 
puso que en ningún caso mujeres pudieran suceder en el 
reino, repeliéndolas del todo de la sucesión, y en esto fun- 
daba también el duque de Gandía su justicia , y daban por 
ejemplo, que cuando el rey don Pedro quiso hacer jurar á 
la infanta doña Constanza, su hija, para que fuese recibida 



( 4i29 ) 
por primogénita y sucesora del reino , por no tener el rey 
hijos varones, se alteraron de suerte estos reinos , que fué 
necesario que el rey revocase todo lo hecho en orden á 
ello , y el infante don Jaime , conde de Urgel , hermano 
del rey , lo contradijo con todo su poder , por pretender y 
ser así la común opinión y voz , que á él pertenecia el reino 
y no á otro , y le dio el rey la gobernación general , que 
solo se daba á los primogénitos y á los que habian de suce- 
der en el reino , y lo mismo se hizo ahora con el conde de 
ürgeí , su nieto , á quien el rey don Martin dio el mismo 
cargo y oficio cuando murió el rey de Sicilia, su hijo, y así 
era visto tenerlos por legítimos succesores , faltando los hi- 
jos varones de los reinos , según la disposición del rey don 
Jaimfr. 

Fundábanse también en que, habiendo de ser llamados á la 
sucesión los varones legítimos , y quedando acabada la lí- 
nea recta masculina del rey don Pedro en el rey don Mar- 
tin , muerto ai) intesLalo , habia de entrar la del infante don 
Jaime , abuelo del conde, y de esta solo habia el conde de 
Urgel, que necesariamente habia de suceder, como pariente 
mas cercano al último rey muerto intestado , y ser todos 
los descendientes del rey don Alfonso y de la infanta doña 
Teresa de Entensa ; y aunque era verdad que el duque de 
Gandía , el viejo , estaba en grado igual con el conde de 
Urgel al rey don Martin , pero era descendiente el de Gan- 
día , no del rey don Alfonso , sino del rey don Jaime, cu- 
yos descendientes no habian de ser llamados antes de ser 
evacuada toda la línea y descendencia del rey don Alfonso, 
hijo del rey don Jayme , y que esto era tan claro y cierto, 
que nadie habia puesto duda en ello , y así lo habian firma- 



( 430 ) 
do muchos letrados de estos reinos y de Francia y de Italia, 
que lo habian estudiado con gran cuidado ; y aunque cuan- 
dq murió el rey don Martin quedó una hija del rey don 
Juan , ésta , ni Luis , su hijo , daban poco cuidado , porque 
estaba ya una vez excluida de la sucesión y le habia sido 
preferido el rey don Martin , y le obstaba la renuncia que 
hizo cuando casó , la cual después aprobó y ratificó, y así 
menos podia ser llamado á la succesion Luis , su hijo , á 
quien ellla no habia podido transferir el derecho que no te- 
nia , y habia ya renunciado en tiempo que su hijo no era 
aun nacido ni concebido ; y que en caso que para la su- 
cesión hubiesen de ser llamadas las mujeres , aquí estaba la 
infanta doña Isabel , condesa de Urgel y hermana del mis- 
mo rey , y mas cercana en parentesco ; y decian que de 
ninguna manera se podia cumplir mejor la voluntad del rey 
don Jaime y demás reyes que quisieron que el reino quedase 
en los sucesores y descendientes por línea masculina , con- 
tinuadamente uno después de otro , que quedando en los 
condes de Urgel , pues los dos eran del linaje de aquel rey 
y descendientes del rey don Alfonso , y así se cumplía el 
general deseo de toda la Corona de Aragón y de los reyes 
de aquella , que quisieron que fuese regido el reino por na- 
turales de estos reinos descendientes de ellos , de padre á 
hijo, y se continuase su memoria, rigiendo el apellido, ar- 
mas, nombradla, honra y dignidad; lo que no tenian el du- 
que de Gandía ni el infante don Fernando, pues á mas de 
descender este del linaje de los reyes de Castilla , que tan- 
to tiempo sustentaron guerra y fueron enemigos declarados 
de los reyes pasados y vasallos suyos , era natural de diver- 
so reino y descendiente de mujer, que, por lo que queda di- 



( 431 ) 
cho, estaba del todo excluida de la sucesión de la Corona, 
y no hacia linaje , ni habían de tomar un forastero por 
rey , habiendo tantos naturales y descendientes, por varón, 
de los reyes de Aragón. 

Pretendieron también que la reina doña Leonor , madre 
del infante , cuando casó , habia renunciado al derecho le 
competía y podia competir en esta Corona , y que supuesto 
esto , no podia tener el infante el derecho que su madre 
habia renunciado ; y esto hizo reparar á los jueces , y man- 
daron que se buscase esta renuncia, y lo cometieron á los 
diputados de Cataluña, y después de muy buscada, á 16 de 
abril de 1412 respondieron que habian hallado todas las 
escrituras que se hicieron cuando casó la infanta con el hijo 
del rey de Castilla , que fué en ocasión de paces q«e hicie- 
ron los reyes , y que por parte del rey de Aragón fueron á 
tratar estos conciertos Ramón de Alamany y Bernardo de 
Monpalau , que aun vivia , y les dijo que se acordaba que 
por parte del rey de Aragón se pidió que renunciase la 
infanta , y el rey de Castilla no lo quiso consentir , y así 
quedó el negocio , y que no habia para que buscarlo , que 
no hallarían nada en orden á esto. 

Representóse también que los condes de Urgel estaban 
en antigua posesión, que siempre que faltaba la línea de los 
reyes , eran ellos llamados á la sucesión , y este condado era 
á manera de joya reservada para los hijos segundos de la 
casa y línea real , de quienes tomaban la sucesión , faltan- 
do los primogénitos , como aconteció cuando murió Vifredo 
sin hijos, y heredó Borrell, conde de Urgel , y por la re- 
nuncia del infante don Jaime á la primogenitura, heredó el 
infante don Alfonso, y lo mismo habia de ser ahora, según 



( 452 ) 
ya se había representado en una escritura que vimos arri- 
ba ; y fundados ios abogados con estas y otras razones, te- 
nian por rey al conde de Urgel ; pero fueron mas eficaces 
las de parte del infante , pues le dieron el reino, quitándo- 
le al conde. 

El punto principal y primero que quisieron los abogados 
del infante averiguar , era saber cómo le pertenecia al rey 
don Alfonso , hijo de la reina doña Petronila , el reino de 
Aragón , si por la donación que le hizo la reina, ó por la 
que hizo el rey don Ramiro , cuando casó su hija, en favor 
de su yerno, el conde de Barcelona, y de sus hijos y des- 
cendientes ; y dieron todos por cierto que el rey don Ra- 
miro , cuando casó su hija , dio el reino al conde don Ra- 
món Berenguer y á sus hijos , por lo que eran vistos ser 
llamados á la sucesión el rey don Alfonso , su nieto , no 
por la madre , ni por donación que ella después le hizo, 
sino por propio derecho y por donación del abuelo, que dio 
por constante que su hija no era capaz para la sucesión del 
reino , por estar prohibido por derecho común , y así ase- 
guró para el nieto, que heredó , no por la madre , sino por 
ser el deudo mas propincuo del abuelo ; que aquella dona- 
ción que después hizo la reina doña Petronila , 14 kalen- 
das juUi anno imarnationis 1164 in archivo regio , in reges- 
tro regis Ildefonsi virmiliis cohoperlis tecto, folio 8 , la tenian 
por cosa de ninguna consideración , porque daba al hijo el 
reino , que era suyo jure proprio , y de necesidad le perte- 
necia, sin que ella se lo pudiese quitar, por ser el mas pro- 
pincuo pariente del rey don Ramiro , así como lo era del 
conde de Barcelona , su padre ; y así decian , que el 'reino 
se hereda por el derecho que llaman de sangro , y que fal- 



( 453 ) 
lando la líne.i de ascendientes y descendientes, que se hayan 
de llamar los transversales ; v entre los tales , puesto que 
sean en un mismo grado de consanguinidad , se debe tener 
consideración al sexo de cada cual y á la edad , á efecto 
que el varón preceda á la hembra , y el mas mozo al de 
mas edad , sin mirar al tronco y á la cepa del cual proce- 
de ; y esto, á mas que decían ser de derecho, se observaba 
en el reino de Aragón , y por esto heredó el dicho rey don 
Alfonso los reinos eran de su abuelo don Ramiro , y no pu- 
do hacer lo que hizo de llamar las hijas, que por esto mu- 
chos letrados tuvieron el testamento por inválido. Confir- 
mábase esto porque la reina doña Petronila , en su testa- 
mento , hecho á 2 de las nonas de abril del año de la En- 
carnación 1152, llamó solos los descendientes varones , ex- 
cluyendo las hembras , diciendo ; si autem filia ex útero meo 
processerit maritet eam honorijice jam diclus vir meus comes 
jam diclus cum honore et pecunia sicut melius ei placueril et 
remaneat viro meo prenominalo solide el libere íoluui supra- 
diclum regnum cum ómnibus sibi perlineníibus ad omnem vo- 
lunlaíem suam perficiemlam; así que, estimó mas que el rei- 
no quedara , no teniendo hijos varones , en mano de su ma- 
rido , que de sus hijos , lo que no hubiera ella hecho , si 
no se hubiese tenido por cosa cxjiedita y cierta ya en aque- 
llos tiempos, que mujeres no eran hábiles para el reino ; y 
así quedaban excluidas la condesa de Foix , hija primogéni- 
ta del rey don Juan , y doña Violante, reina de Ñapóles , y 
lo habia de ser la infanta doña Isabel, y el derecho del rey 
don Martin pasaba al deudo mas propincuo varón que habia 
en su linaje , y este era el infante don Fernando , y esto 
no por su madre , sino por ser el deudo mas cercano del 
TOMO X. 29 



( 454 } - 
último rey , no mirando por qué parte era el parentesco, 
sino en qué grado estaba ; y aunque por repelerle á él de 
ia sucesión , se vahan del testamento del rey don Jaime, 
que tan favorable era á los varones ; pero hallaban en él 
que faltando sus hijos , llamaba á los nietos , hijos de doña 
Violante, reina de Castilla , y faltando ellos , á los de doña 
Constanza, y faltando estos, á los de doña Isabel , reina de 
Francia, y después al varón mas propincuo de su linaje; y 
así si querían seguir la disposición de aquel testamento, es- 
taba el negocio claro para el infante , pues faltando los hi- 
jos varones del rey don Pedro , habian de ser llamados los 
nietos varones de hija que era hermana de padre y madre 
del último rey. 

Estos, y otros que trae el padre Juan Mariana eran los 
discursos que hacian los letrados y embajadores de las par- 
les ; pero también miraban otra cosa los nueve jueces , que 
era bascar una persona de virtud , de valor y cristiana , y 
tal que tuviese las partes y méritos dignos de rey , pare- 
ciéndoles que era lo que mas importaba y habia de corro- 
borar la justicia de la tal persona , y esto solo resplandecia 
en el infante don Fernando ; y era tan grande la opinión 
que todos tenian de él , que no hacian sino publicar sus vir- 
tudes, sobre todo en haber dejado el reino de Castilla, por 
no hacer perjuicio al rey don Juan , el segundo , hijo de 
su hermano. 

El caso fué, que murió el rey don Enrique de Castilla, 
y dejó á don Juan , su hijo , de edad de veinte y dos me- 
ses. Estaban las cortes del reino juntas en Toledo , en la 
iglesia de aquella ciudad , en la capilla del arzobispo doo 
Pedro Tenorio , y estaba presente el infante don Fernanda, 



( 435 ) 
que era entonces duque de Peñafiel, tio suyo: aconsejáron- 
le algunos caballeros y le persuadieron que tomara título de 
rey, pues su sobrino quedaba tan pequeño , ofreciendo ayu- 
darle en ello , porque á los castellanos les parecia no ser 
cosa nueva en aquellos reinos dejar los sobrinos y tomar los 
tios por reyes , y daban en comparación de esto una mu- 
chedumbre de ejemplos. Inclinábanse á esto muchos gran- 
des y caballeros de los que en las cortes se hallaban, por- 
que veian la guerra de los moros en las manos , y no sa- 
bian qué movimientos haria el rey de Portugal en guardar 
ó quebrantar la tregua habia entre los dos reinos ; y así pu* 
sieron los ojos en don Fernando para que reinase , porque 
consideraban que por quedar el sobrino en tan pequeña 
edad , podia en los reinos suceder mayores daños y escán- 
dalos , que no en hacer rey al tio y tomar la línea trans- 
versal real. 

Con estas consideraciones , estando todos los grandes jun- 
tos , dijo en presencia de todos el condestable Ruy López 
de Avalos, que ¿por quién alzarian la voz de rey de Casti- 
lla? y esto lo dijo con acuerdo y concierto de otros caba- 
lleros de su opinión , encaminando las palabras al infante 
don Fernando , el cual , con único ejemplo , muy raro v 
nunca bien alabado , observando al rey , su sobrino , la fi- 
delidad digna de tan alto príncipe , respondió : que por 
quien sino por el rey don Juan , su subrino , unigénito va- 
i-on del rey don Enrique, que en estos dias estaba en el al- 
cázar de Segovia, con la reina doña Catalina, su madre; y 
dando el infante el pendón real al condestable , anduvieron 
por la ciudad , aclamando por rey al sobrino. Con este he- 
cho ganó tan gran crédito de modesto y templado v justo 



( 436 ) 
el infante , menospreciando lo que los otros tan desordena- 
damente codician , que los mismos que insistian á que to- 
mara el reino , no acababan de engrandecer su lealtad , y 
parecia ya que por aquel camino se encaminaba á alcanzar 
grandes reinos é imperios, que Dios, por sus virtudes, le tenia 
reservados ; y decian todos que la gloria de aquel heeho fué 
tanto mas de estimar , por andar el rey , su hermano, antes 
que muriese , con él muy torcido , y no mostrársele muy 
favorable. Esto y el buen gobierno que habia tenido en los 
reinos de Castilla , que gobernó durante la menor edad del 
rey don Juan , le acreditaron de manera que , si hubieran 
de tomar rey, por elección, quedara de aquella vez ele- 
gido. 

Por estas razones fué preferido el infante á los demás 
competidores, y no (como algunos han dicho) por ver al rey 
belicoso, armado y con ejército en campaña, y haber metido 
mucha gente de armas castellanas en estos reinos , y estar 
casi todos los aragoneses y muchos valeiicianos declarados 
en su favor, por lo que los jueces hicieron de grado y con 
color de justicia lo que á la fin se habia de hacer por otros 
medios dañosos á la Corona ; porque ni el ejército que pu- 
diera juntar el infante , aun con el favor del rey de Casti- 
lla, podia ser tal, que con mucha facilidad no fuese resisti- 
do, ni la gente que habia por su cuenta en Aragón y Va- 
lencia era tal, ni tanta, que fuese poderosa á tomar un cas- 
tillo ni sostenerse mucho en la tierra; porque ya los mis- 
mos amigos del infante estaban cansados de ellos , ni los 
aragoneses (fuera los deudos y amigos del arzobispo) esta- 
ban tan apasionados por él, que no lo estuviesen mas por la 
justicia , ni son estos reinos de tal naturaleza , que sufran 



( 437 ) 
que naciones y gentes forasteras los vengan á conquistar, 
y los que han osado intentarlo , aun con fuerzas mayores, 
sin comparación , que ¿las del infante y de los que le po- 
dian ayudar, han salido bien de ello , ni los nueve jueces 
eran personas que tales contemplaciones les obligaran á qui- 
tar á los otros pretensores lo que era suyo. 

Era muy diferente la opinión en que estaba el infante, 
de la que estaba el conde , el cual , á mas de ser muy mo- 
zo, no tenia aquella quietud y sosiego del infante , y des- 
pués de la muerte del arzobispo (en que ni él tuvo culpa, 
ni fué sabedor) quedó tan mal quisto y desacreditado, que 
todos , y mas los aragoneses, le miraban de mal ojo : aña- 
díase el ser su amigo y consejero don Antonio de Luna, 
que era extrañado , como hombre sacrilego é impío. Pare- 
cíales que si el conde reinara con tal amigo y consejero, 
habia de ser su gobierno violento , cruel y lleno de tiranía, 
y publicaban que no habia de hallarse rastro de manse- 
dumbre ni modestia en aquel , cuyo mayor amigo tan mal 
habia tratado á su prelado y pastor ; y daban la culpa al 
conde que le hubiese amparado y recogido con los demás 
cómplices de aquel delito , y que siendo descomulgados y 
anatematizados y perseguidos de todos , solo hallasen am- 
paro y refugio en él y en sus tierras y castillos , y que 
estuviese tan falto de buenos consejeros, que no le dijesen 
cuan mal estaba que favoreciese á un perturbador de la paz 
y sosiego común. Sin estos , los mismos aragoneses, que en 
vida del rey don Martin le hablan hecho contrario, impi- 
diéndole el ejercicio de gobernador general, temian ser cas- 
tigados y perseguidos, si él tomaba la corona. Estas cosas 
los abogados del infante las publicaban para mover los áni- 



C 138 ) 
mos de ios jueces , y aficionarles á las virtudes del infante. 

Ademas , no fué poco el favor que hizo el pontífice Be- 
dicto al infante , para que se mirase con buenos ojos su 
justicia , por quien siempre trabajó, y se decia comunmen- 
te que él era el principal autor y ministro que hablaba por 
él , procurando todos los medios posibles , para que , según 
justicia , fuese dado por legítimo rey de Aragón , haciendo 
así su negocio , por obligar al infante que no se apartasen 
de su obediencia los reinos de Castilla y Aragón , que los 
unos obedecían al infante , como á tutor del rey don Juan, 
y estos esperaba le obedecerian como á rey ; y como este 
su pontificado estaba tan controvertido, hacia lo posible pa- 
ra asegurar en su devoción á los que le tenían por legíti- 
mo pontífice , y sospechaba que si él no favorecía al infan- 
te , le baria quitar la obediencia en los reinos que él man- 
daría, y así le procuró obligar todo lo posible , no cesando 
de le favorecer , hasta verlo declarado rey. Estaban, pues, 
todos los pretensores y sus abogados y embajadores á la 
mira , é inciertos de lo que había de ser. 

Pasaron en aquel cónclave muchas cosas que el secreto 
las ha sepultado , y este se guardaba con gran rigor, según 
lo habian jurado : solo Martin de Víciana , autor valencia- 
no , cuenta que habia sobre esta declaración gran discordia 
entre los jueces, hasta que un día les dijo san Vicente Fer- 
rer : — Mirad no curéis mas de deteneros en acordar la sen- 
tencia , que la justicia da el derecho al infante don Fer- 
nando de Castilla, y esto y no otra cosa se hará, porque de 
lo alto procede, y no de la tierra. — Y como san Vicente 
era persona á todos acepta y puesto en predicamento de 
santo, sus palabras fueron tan eficaces, que no le pudieron 



( 439 ) 
contradecir ; y así, un viernes , á 24 de junio , dia de San 
Juan Bautista , se votó esta causa y decidió este pleito , y 
fué cosa maravillosa el respeto que se tuvo á san Vicente, 
porque siendo verdad, por una parte, que entre ellos habia 
un arzobispo y un obispo, y entrambos muy letrados , y por 
otra, que , según la graduación hecha por los parlamentos, 
tenia san Vicente el octavo lugar , con todo esto , fué el 
primero que dio su parecer , el cual fué de esta manera : 

Ego frater Vincentius Ferrarü ordinis fratrum predicatorum 
ac in sánela theologia magister unus ex predictis deputatis 
dice juxta scire el posse meum quod Ínclito et magnifico domi- 
no Ferdinando infanli Castelle nepoli sive nel foliéis recorda- 
tionis domini Pelri regis Aragonum geniloris excelse memorie 
domini regis Martini ultimo deífuncti propinquiori raasculo ex 
legitimo matrimonio procréalo et utrique conjuncto in gradu 
consanguinitatis dicti domini regis Martini predicta parlamen- 
ta subditi ac vassalli Corone Aragonum fidelitatis debitum pres- 
tare et ipsum in certum verura regem et dominum per juslitiam 
secundum Deum et meam conscienliam habere debent el tenen- 
(ur et in teslimonium premissorum hec propria manu scriboet 
sigillo meo inpendenli muuio. 

Luego firmaron lo propio el obispo de Huesca, Bonifacio 
Ferrer , Bernardo de Gualbes , Berenguer de Bardaxi y 
Francisco de Aranda ; y es cosa de ponderación , que sien- 
do estos cuatro de los señalados y excelentes letrados de 
sus tiempos , con todo eso , ninguno de ellos dio razón de 
su parecer , sino que en todo y por todo se conformaron 
con el del varón de Dios , diciendo cada uno de ellos de 
esta suerte: 



( 440 ) 

In ómnibus el per omnia adherere voló intentioni prcdicli 
doniini inagistri Vincentü. 

De los tres que quedaban , el arzobispo de Tarragona dio 
su voto al que entre el conde de Urgel y duque de Gan- 
día era mas idóneo y útil á la república , diciendo que, se- 
gún su entendimiento y lo que podia alcanzar , era , que 
puesto que creia que consideradas muchas cosas el señor 
infante don Fernando era mas útil para el regimiento de es- 
ta Corona , que otro ninguno de los competidores ; pero se- 
gún justicia , Dios y buena conciencia , creia que el duque 
de Gandía y conde de Urgel , como varones legítimos y 
descendientes por línea de varón de la prosapia de los re- 
yes de Aragón , eran mejores en derecho , y que al uno de 
ellos pertenecia la sucesión de la corona del reino ; pero 
por ser iguales en grado de parentesco con el postrer rey, 
creia que podia y debia ser preferido aquel que fuese mas 
idóneo y útil á la república. Protestaba que por esto no 
pretendía hacer perjuicio al derecho que don Fadrique de 
Aragón , conde de Luna , tenia al reino de Sicilia ; y siguió 
su parecer Guillermo de Vallseca , añadiendo que tenia por 
mas idóneo al conde de Urgel , y que así le parecia en la 
primera vista , porque desde que estuvo en Tortosa , no 
pudo tan enteramente deliberarlo como la cualidad del ne- 
gocio lo requiria , por estar impedido de grave enfermedad 
de gota y otros dolores ; y Pedro Beltran no lo dio á nin- 
guno , por no haber tenido, desde 18 de mayo, que llegó á 
Caspe, bastante tiempo, á su parecer, para desenmarañar las 
dificultades del negocio ; y de esta manera el derecho de 
reinar , (|ue las mas veces se gobierna por la voluntad del 



( AAi ) 
pueblo, fuerza, diligencia y felicidad de los pretensores, se 
gobernó por las leyes y libros de juntas. 

Todo esto pasó el dia de San Juan, secretamente, entre 
los nueve jueces ; y no se publicó entonces, porque así con- 
venia ; é hicieron de esto tres escrituras de mano de Boni- 
facio Ferrer , con su proemio y conclusión : la una se dio 
al arzobispo de Tarragona, la otra al obispo de Huesca, y la 
otra se retuvo el mismo Ferrer , para que cada uno la 
guardase en nombre de su provincia ; y acordaron que el 
otro dia , que era á 25 de junio , se hiciese auto de lo que 
habia prevalecido. 

Pero para quitar todo escrúpulo y dificultad , el mismo 
dia que se habia de testificar el auto de esta sentencia, 
quisieron los jueces que en el proceso se pusiesen, como se 
pusieron , dos autos, en que los del reino de Valencia , que 
aun estaba dividido en dos parlamentos , loaban , aprobaban 
y ratificaban , y en cuanto menester fuese de nuevo nom- 
brabau, las mismas nueve personas que habian nombrado los 
aragoneses y ios catalanes , aprobando en todo la concordia 
hecha en Alcañiz y todo lo que se habia seguido de ella. 

El primero de estos dos autos se hizo en la villa de Mo- 
rdía , á 14 de marzo, que fué el mismo dia que fueron 
nombradas estas nueve personas , y el otro á 21 de junio, 
en la ciudad de Valencia, donde estaba congregado el par- 
lamento de : que se habia mudado á aquella 

ciudad ; con que dieron por concluido el proceso , y poco 
después , en presencia de Domingo de la Naja , Guillermo 
Gaera y Ramón Fivaller , alcaides del castillo de Caspe, se 
testificó un instrumento por seis notarios, dos por cada pro- 
vincia , por el cual se declaraba la sentencia dada en favor 



( 442 ) 
del rey don Fernando , aunque estuvo secreta hasta 28 del 
mismo mes de junio , dia señalado por los nueve para la 
publicación patente. Este auto traen Gerónimo de Blancas 
y Martin de Viciana : á ellos remito al curioso que lo quer- 
rá ver. 

Venido ya el dia de San Pedro , estaba hecho un cadalso 
muy grande y alto de madera , cerca de la iglesia y casti- 
llo : adornóse todo él de paños de oro y seda , y allende 
de él habia otros tablados muy ricamente aderezados, para 
los embajadores de los competidores y otros caballeros. A 
la hora de tercia estaban ya los nueve en la sala del casti- 
llo , y bajaron de él con grande acompañamiento á la igle- 
sia , á cuyas puertas habia un altar adornado maravillosa- 
mente , y cerca de él un escaño ó banco, en el mas alto y 
mejor lugar : sentáronse en medio de él el arzobispo de Tar- 
ragona , y á su mano derecha Bonifacio Ferrer y Guillermo 
de Vallseca y Francisco de Aranda, y a la izquierda Beren- 
guer da Bardaxi , san Vicente Ferrer , Bernardo de Gual- 
bes y Pedro Beltran , y el obispo de Huesca no se sentó, 
porque se estaba vistiendo para decir la misa: díjola del 
Espíritu Santo , y acabada , subió al pulpito san Vicente 
Ferrer , y tomó por tema de su sermón aquellas palabras 
del Apocalipsi ,19: Gaudeamus et eamltemus et demus glo- 
riam ei quia venerunt rrnptiw agni ; y después de haber ala- 
bado mucho nuestra santa fe y religión , y dado á entender 
el cuidado que tuvieron los nueve en enterarse de la justi- 
cia y derecho de sus pretensores , y declarado el punto en 
que consistia la justicia de cada uno de ellos, y después de 
haber invocado el favor y ausilio divino , para que aquella 
nominación fuese próspera , feliz y afortunada , leyó el au- 



( 44J5 ) 
to de la declaración , nombrando al infante don Fernando 
de Aragón , dándole títulos de pió , feliz , vencedor y au- 
gusto máximo. 

Fué grande el contento y muy universal el aplauso con 
que fué recibida esta publicación , de los aficionados y ami- 
gos del infante ; pero los del conde de Urgel , que eran mu- 
chos , y los neutrales no lo tomaron bien , antes se mi- 
raban unos á otros maravillados , como si lo que habian 
oido fuera una representación de sueño , y los mas no aca- 
baban de dar crédito á lo que habian oido , y preguntaban 
los unos á los otros quién era el nombrado, porque apenas 
se entendian los unos á los otros, porque el gozo y el pe- 
sar , cuando son grandes , impiden los sentidos que no pue- 
dan atender ni hacer sus oficios. Luego después de esto, 
sosegado el ruido de la gente , los cantores entonaron el 
cántico Te Deum laudamus, prosiguiendo aquel hasta la fin, 
con gran melodía de voces y solemnidad. 

Tomáronlo mal los amigos del conde, y quedaban admi- 
rados que habiendo tres descendientes de línea masculina 
de los reyes de Aragón y naturales de la Corona, fuese pu- 
blicado por rey un castellano , descendiente por línea fe- 
menina , quedando estos excluidos ; y habia muchos que lo 
tomaban con tanta impaciencia , que osaban públicamente 
llamar á los jueces enemigos de la patria, desmandándose 
con palabras muy descomedidas, tanto que pareció necesa- 
rio que el dia siguiente , que fué el último de junio, pre- 
dicase san Vicente Ferrer y consolase á los amigos del 
conde , por estorbar el daño que anunciaban ; y después de 
haberles propuesto muchas riazones , con aquel celestial es- 
tilo que habia Dios comunicado á aquel apostólico y santo 



( AU ) 
varón , les dijo : — Hermanos , donde se trata del derecho 
de la sucesión , no hay porque hablar de la cualidad de 
la persona , ni porque preferir por eso al conde de Urgel, 
de quien algunos tenéis compasión , que él está tan lejos 
de correr parejas en derecho con el rey don Fernando, que 
mediante juramento y en la conciencia de mis compañeros, 
no las corre aun con el duque de Gandía]: y allende de eso, 
considerando la persona, es natural por parte de su madre 
el rey don Fernando, y el conde no , sino lombardo , y el 
rey es hijo de rey de la misma nación que lo eran los re- 
yes de Aragón , y finalmente de tanta dignidad de su per- 
sona , que parece haber nacido para reinar , porque en el 
valor y ánimo , así entre los suyos , como con los enemi- 
gos , es tan excelente , que si se hubiera de seguir la cos- 
tumbre de algunos pueblos , cuyo gobierno se fundaba en 
mucha prudencia , no menos se hubiera de hacer en él la 
elección de rey de Aragón , que declararlo por juicio de 
la sucesión , y esta alabanza no se puede atribuir al con- 
de. — Pero no bastaron las razones del santo y su buena 
diligencia para sosegar los ánimos de los amigos del conde. 
Los que mas lastimados quedaron de la declaración eran 
la condesa doña Margarita, madre del conde , y el mismo 
conde, y estaban fuera de juicio , llenos de cólera é ira, 
determinados á tomar las armas, y con ellas en la mano, 
morir ó cobrar el reino, que decian ser suyo del conde. 
Atizáronles la cólera, dándoles á entender mil impertinen- 
cias, ó por mejor decir , engañándoles, los que estaban con 
ellos y les aconsejaban , y eran gente que miraban mas lo 
que ellos podian medrar, metiendo el conde en mal , que 
no el fruto que se podia sacar de querer impugnar lo que 



( 445 ) * 
con consentimiento de los reinos y Principado habian hecho 
los jueces y aprobado todos generalmente. 

Estaba el infante , cuando supo la nueva , en Cuenca, 
con harto cuidado del fin y remate que los nueve darian é 
esta pretensión ; acudiéronle embajadores de todas partes á 
darle el parabién del nuevo reinado y alegrarse con él , y 
muchos fueron mas por acomodarse con el tiempo, que por 
aprobar lo hecho ; y después de haber dado debido asiento 
á las cosas del reino de Castilla , se partió para Zaragoza, 
para donde habia convocado cortes , y á 3 de setiembre fué 
jurado por rey de Aragón , y á 7 el infante don Alfonso 
por primogénito é inmediato sucesor , después de los dias 
del rey su padre. Acudieron á prestar el juramento de fide- 
lidad todos los prelados y ricos hombres y demás que te- 
nían obligación , excepto don Antonio de Luna : compare- 
ció también Gispert de Bellmont , como á procurador de la 
condesa doña Margarita , señora de las baronías de Antillon 
y Entenza , y pidió ser admitido á la solemnidad de los ju- 
ramentos que se habian de hacer al nuevo rey. 

Bien sabido y á todos notorio era el sentimiento que te- 
nian el conde , su madre , mujer y hermanas del infeliz su- 
ceso que habian tenido sus cosas, y generalmente todos le 
tenian lástima y deseaban consolar en aquella adversidad, y 
que desterrara de su consejo hombres desatinados y vanos, 
que con sus malos consejos le habian de perder ; y habia 
muchos en el parlamento, que cuidaban de la conservación 
de aquella casa y linaje, que la consideraban ya perdida y 
acabada ; pero no querian que fuese con cargo de ellos, por 
no haber hecho lo posible por su restauración : y á 4 de 
ulio, que se juntó el parlamento para hacer las instruccio- 



( 446 ) 
nes para los embajadores que habian de partir para el rey, 
en particular les fué dado cargo que , por parte del Princi- 
pado , intercedieran por el conde. 
El capítulo en orden á esto dice así : 



ítem mes ab aquelles paraules pus honestes que poran e 
sens denotar alguna particular afifecció tant com puxen recoma- 
naran lo compte de Urgell al senyor Rey suplicantlo que atte- 
ses les grans despeses que lo dil compte ha sostingudes per la 
questio de la successio ab consell de grans doctors e lo gran 
deute de sang que ha ab ell lo vulla haver per recomenaf. 



Sin esto, el mismo dia ordenaron una solemne embajada 
al mismo conde > y la encomendaron á Galceran de Rosanes, 
caballero, y habia el otro dia de partir para Balaguer, con 
instrucción de decir al conde , de parte del parlamento del 
Principado , que pues ya estaba publicado por justicia su 
verdadero rey y señor, se gobernase y rigiese con aquella 
prudencia y cordura que habian siempre tenido sus pasados 
y de él se confiaba , desviándole de cualquier camino ó me- 
dio desordenado y singular, siguiendo el parecer común de 
los reinos y Principado , conformándose con la voluntad de 
Nuestro Señor, aprobando lo que la justicia habia hecho ; y 
que le notificase para mayor consolación suya , como el Prin- 
cipado habia encargado á los embajadores que habian de ir 
al rey , que le encomendasen su persona , casa y linaje, y 
que le rogase muy afectuosamente que se sosegase , olvi- 
dando cualquier empresa ó camino escandaloso é inquieto, 
porque si tal hacia , el Principado alzaria la mano de in- 
terceder por él con el rey , y que le pidiese por amor del 



( 447 ) 
parlamento diese cumplida libertad á Francisco de Vilaraa- 
rin , caballero , que dias habia que tenia preso. 

Partióse el embajador, y halló el conde y toda su casa 
desconsoladísimos y medio desesperados , resueltos á perder- 
se del todo, antes de consentir que les fuese quitada la co- 
rona , estimando aquel su grande estado y demás hacienda 
que Dios le habia dado por cosa de poco momento , res- 
pecto de lo mucho que, según su parecer, le habian quita- 
do. Consolóle el embajador , como mejor supo , pero poco 
aprovecharon su embajada y razones, aunque era hombre ele- 
gante y entendido , y siempre habia sido apasionadísimo por 
él ; y volvióse de su mensajería , sin haber concluido nada. 

El parlamento , visto lo poco que habia aprovechado 
aquella embajada, sospechó que aquel príncipe se habia de 
perder, por estar casi desesperado, y rodeado de consejeros, 
ni muy prudentes , ni muy sosegados, y habiendo todos acu- 
dido á dar la obediencia al rey, solo él faltaba, y era muy 
conocida su falta, por ser persona tan notable ; y así en- 
viaron otra embajada por don Galceran de Vilanova, obis- 
po de Urgel, y don Ramón de Moneada, para persuadirle 
lo mismo que Galceran de Rosanes, y mas en particular, 
para que de buen grado fuese á dar la obediencia al rey y 
hacerle reverencia en la forma que todos los grandes eran 
venidos, y le volvieron á ofrecer que, venido, todos supli- 
carian al rey que le hiciera merced y gracia por los gastos 
que habia hecho en proseguir su justicia, y confiaban de la 
gran virtud y liberalidad del señor rey don Fernando, que 
le haria muchas mercedes y no habria á mal el haber tra- 
bajado en proseguir lo que pensaba que le pertenecía por 
justicia, desengañándole que si no lo hacia , el Principado 



( 448 ) 
alzaría la mano de procurar cosa que le conviniese, como 
ya se lo habian enviado á decir por Galceran de Rosanes; 
pero el conde estaba ya tan turbado, que ni sabia que ha- 
cer ni que responder , y despidió los embajadores y les dijo 
que él volvería la respuesta, y con esto se volvieron á Tor- 
tosa. 

Esta dio por medio de Ponce de Perellos, el cual dijo 
que á todos era notorio , que en vida del rey don Martin 
era opinión de los mas que, muerto el dicho rey, la suce- 
sión de los reinos pertenecía á él, y aun algunos letrados 
se lo afirmaban así, y que por esto él hubo justa causa 
de proseguir la justicia que le decían que tenia, en lo cual 
había hecho muy grandes costas y despesas y había queda- 
do muy pobre y desheredado, y que haciéndose con él por 
manera que su casa fuese tornada en el estado que estaba 
en vida del rey don Martín, su tío, y haciéndole alguna 
enmienda de las despesas hechas por él, y acrecentándolo 
su casa de lugares y vasallos, que él baria lo que debía, 
en otra manera le sería mejor dejar el reino y tomar otra 
vía. 

Los del parlamento, habida esta respuesta del conde, en- 
viáronla al rey, que estaba en Zaragoza , y lleváronla Ponce 
de Perellos y el oficial ó provisor de Balaguer ; y el rey 
les recibió con mucha afabilidad y alegría, y mandó dar á 
Ramón de Perellos dos muías ya destradas, y al oficial le 
preguntó muy en particular de la salud del conde, y él le 
respondió que al presente no sabia nada de ella, por ha- 
ber mucho que no le había visto, pero lo que sabia de 
cierto era que estaba muy triste de lo sucedido, aunque 
estaba en su mano enmendarlo todo; y el rey respondió con 



( 449 ) 
iKiuclia afabilidad, que su intención no era destruir al con- 
de, por ser su primo, antes bien queria que Iwse la se- 
cunda persona del reino, por merecerlo él; y le rogó, que 
pues no fué por él la suerte y ventura, le aconsejaba qno 
no quisiese perderse, antes bien le prestase la debida fide- 
lidad, pues por mucbo que hiciese, no era poderoso de 
quitarle el reino; y le prometió que si acababa esto con 
él, le daria la primera prelacia que vacase en sus reinos; y 
por tomar mejor resolución sobre lo que se liabia de ha- 
cer, juntó todo su consejo, y mandó á Ponce de Perelios, 
que refiriera en él lo que había dicho al parlamento de 
Tortosa de parte del conde; y después de salido del con- 
sejo, el rey pidió de parecer sobre lo que habia de hacer 
y responder, y fué opinión de los mas, que el rey debia 
hacer su proceso contra el conde, por derecho, como con- 
tra desobediente; y como el rey era muy benigno v natu- 
ralmente inclinado á toda virtud, dijo que él queria con 
el conde de Urgel haberse benignamente y probar si con 
mansedumbre y mercedes podria vencer su malicia, y If 
envió por el mismo Ponce de Perelios y don Diego Gómez 
de Fuensalida, abad de Valbdolid, que quisiese venir á le 
obedecer y servir, certificándole que si así lo hiciese, por 
ser de su linaje y por su grandeza, le baria mercedes y le 
daba guiajc para él y para todos los que le acompañasen, 
C/on que no se hubiesen hallado á la muerte del arzobispo, 
en otra manera él procedería contra él, como contra inobe- 
diente V desleal. 

ti 

Llegados los embajadores del rey á Balagucr, el tondr 
Íes hizo mucha honra, y les respondió que á él U^ pla- 
cía mucho de hacer lo (|ue ellos le habian dicho, siendo 
TOMO X. . 30 



( 450 ) 
})r¡mero rertificado de la enmienda y la merced que se 
!e habia de hacer para sostener su estado ; y que esto 
hecho , él haría su deber ; y esto lo dijo en secreto 
al abad de Valladolid , porque diciéndolo en público, 
no pareciese que tenia por rey ni señor al infante don 
Fernando , hasta haber hecho lo por él demandado, 
y que después él baria lo que debia , porque no que- 
na enojar al rey, ni pedir mas sino servirle; y con 
esta respuesta el abad se volvió muy contento para el 
rey. 

Oida por el rey esta respuesta, conoció que eran dilacio- 
nes que el conde buscaba para haber tiempo para aperci- 
birse y poderle resistir; y no iba engañado en esto, porque 
le habian ya algunos aconsejado que saliera junto á Alcolea 
V diera batalla al rey; pero por estar falto de gente, no 
osó, y muchos caballeros á quien el conde lo pidió le ofre- 
cieron salir, y otros lo rehusaron; y el rey, con acuerdo de 
los de su consejo, salió de- Zaragoza con dos mil hombres 
de armas, con intención de castigar al conde, si no le daba 
la debida obediencia. Venian con el rey el almirante don 
Alonso Enriquez, su tio, Diego Fernandez de Quiñones, su 
mayordomo mayor de Asturias, Garci Fernandez de Sar- 
miento, adelantado de Galicia, Juan Hurtado de Mendoza, 
mayordomo mayor del rey de Castilla, Rui González de Cas- 
tañeda, señor de Fuente Dueña, Forran Gutiérrez de Vega, 
su repostero mayor, y don Lorenzo Suarez, comendador 
mayor de Castilla. Del reino de Aragón venian los siguien- 
tes: don Juan de Luna, don Juan de Ixar, mosen Bernat 
de Centelles, mosen Juan de Bardexi, Lope de Urrea ¥ 
otros. 



( ^*'^1 ) 

Entrado en Cataluña, mandó el rey que mil lanzas fue- 
sen á hacer guerra á los lugares que tenia el conde en 
las riberas de Segre y Sió, é iban por capitanes Alvaro de 
Avila, camarero mayor del rey de Castilla, y su mariscal Pe- 
dro Nuñez de Guzman, su copero mayor, Ferran Gutiérrez 
de Vega, Blasco Fernandez de Heredia, gobernador de 
Aragón, y Juan Fernandez de Heredia; y corrieron toda la 
comarca de Balaguer, que es toda muy buena de campear, 
por su gran llanura: tomaron cuatro lugares del conde, y 
después se fueron á juntar con el rey á una legua de Lé- 
rida, y fué recibido en aquella ciudad muy solemnemente, 
con gran alegría, juegos y fiestas. 

Los ciudadanos de Lérida y algunos vecinos del conda- 
do de Urgel, que no eran afectos al conde ni á sus cosas, 
antes cada dia tenian encuentros por razón de los límites 
y jurisdiciones y pasturas de los ganados, holgaron no poco 
de la adversidad suya, y deseaban ver su casa acabada: 
habíanse persuadido que si el conde quedaba en paz con el 
rey, habia de quedar él muy favorecido, así por el paren- 
tesco habia entre los dos, como porque se trataba de casar 
un hijo del rey con la hija del conde, y añadiéndose este 
favor á su casa, habia de vengarse de ellos, que en mu- 
chas maneras le tenian disgustado, por razón de sus térmi- 
nos y pasturas, y temian que si el conde pedia al rey la 
ciudad de Lérida, que ya habia sido de los condes de Ur- 
gel, se la daria, y por eso no deseaban hubiera paz entre 
ellos. Por esto hicierou aconsejar á la madre del conde aca- 
bara con su hijo no prestara la obediencia al rey, pues no 
por esto estaba cierto de lo que el rey le prometia, y fuera 
muy posible que el rey le pcrseguiria por lo que habia he- 



(452 ) 
rho, y destruiría su casa, y que un liombre como él, que 
había de ser rey, no había de sujetarse, y mas le valía de 
una vez aventurarlo todo, que no hacer tal sumisión ni 
contentarse de los ofrecimientos que le hacían. Por otra 
parte, los mismos enemigos del conde fueron á decir á los 
ministros del rey todo lo que sabían del conde, y que no 
era bien le admitiese en su gracia, porque jamas hallaría 
en él buen vasallo; y de esta manera metieron discordia 
entre los dos, porque de la destrucción del conde nacería 
su quietud y aumento; pero el rey, que de su condición era 
manso y enemigo de hacer mal á nadie, y deseaba que así 
lo entendiese toda la Corona, disimuló aquello, aguardando 
á ver el conde qué haría. 

Estaba la condesa tan rabiosa y ocasionada, que no fué 
necesario apretarle mucho para que se alborotara, y me- 
nospreciados los ofrecimientos del rey, quiso que su hijo 
pusiera aquel negocio á las armas, animándole valerosa- 
mente y mas de lo que su sexo le permitía: representábale 
el valor de sus pasados, los condes de Urgel, que en las 
ocasiones que fueron perjudicados en sus preeminencias v 
prerogativas, resistieron valerosamente á los reyes, hasta 
morir ó tomar enmienda de aquello que les había sido qui- 
tado, y que no tenía que buscar sucesos muy antiguos, pues 
aquí tenía los del infante don Jaime, su abuelo y suegro 
de ella, que tan valerosamente se expuso á la fuerza y sin- 
razones del rey don Pedro, y que él no era menos pode- 
roso ni su causa menos justa que la de aquel infante, que 
salió con su intención, y por quien, puesto en armas, se alzó 
toda Cataluña y mucha parte de los reinos de Aragón y 
ValiMuia, aunípie á la postre le hizo quitar el rey la vida 



( 453 ) 
con veneno, por no ser poderoso á resistir á la mucha ra- 
zón y justicia suya; y si él se ponia una vez en campaña, mu- 
chos de los mas poderosos de la Corona se habian de de- 
clarar por él, favoreciéndole con todas sus fuerzas y poder, 
que juntado con las compañías de gascones é ingleses que 
aguardaba de cada día, haria un poderoso y grande ejército 
contra el rey, sin hacer caso de las gentes forasteras que 
habia metido en Cataluña, que estaban ya tan desconten- 
tas, y él tan imposibilitado de sustentarlas, que en breve 
se habia de volver, y mas que en Aragón, donde al prin- 
cipio eran recibidos de buena gana, ahora eran tan abor- 
recidos, que no habia quien los pudiese sufrir, por ser gente 
soberbia y arrogante, que por tener el rey de su nación, to- 
maban mas atrevimiento y osadía que de antes, y todos de- 
seaban sacudirse el pesado yugo de ellos; y que le valiera 
mas y ganara mas renombre morir en defensa de su justi- 
cia y reino, que no dejarlo en manos del infante; y que 
habia de ser ó rey ó nada, y estaba repitiendo de continuo y 
diciéndole: FUI, ó rey ó no res. Enojábase contra él por 
verle algo considerado en meterse en aquella empresa, y 
tratábale con palabras pesadas y descorteses, abusando de 
la licencia de madre, como si fuera el conde hombre villano, 
debiendo ella, si fuera cuerda y sabia, reprimir sus ímpe- 
tus y fogosidades desordenadas, y desterrar del rededor de 
él consejeros violentos y malos, y mas á don Antonio de 
Luna, que estaba perdido y acabado, y solo hallaba reme- 
dio con la empresa del conde. 

Valíase la condesa, para mas animar al hijo, de unos 
vaticinios y profecías de un fray Anselmo de Turmeda, que 
se habia pasado á Túnez y renegado dé la fe, y de fray 



( 454 ) 
Juan de Rocatallada, de quien habla el padre Martin del 
Rio, en dos lugares de sus Mágicas disquisiciones, y del abad 
Joaquin de Merlin y de una Casandra y otros que habian 
compuesto ciertas poesías, y las llamaban profecías, y mu- 
dando los hombres ó las personas que en aquella sazón go- 
bernaban el mundo, como eran al papa, antipapa, reyes de 
Francia, Ñapóles, Aragón y algunas ciudades, decian cien 
mil disparates, con términos y frases amfibológicas y ambi- 
guas, á imitación del oráculo de Apolo; y la condesa te- 
nia cabe sí hombres que le daban á entender ser muy en- 
tendidos en ellas, y hacíanle mil interpretaciones, todas di- 
rigidas á que el reino de Aragón habia de ser de su hijo 
y que el rey habia de vivir poco, y aunque ella se veia en 
trabajos, habia de llegar á un estado próspero y feliz y bien- 
aventurado ; y como esto era cosa apacible á sus oidos, 
se lo persuadía como si se lo hubiera dicho san Vicente 
Ferrer ú otra persona tal, y fundada en esto, no queria per- 
der ocasión, y persuadía á su hijo la tomase, sin aguardar 
mas. 

Estos consejos é importunaciones fueron tan eficaces, que 
añadieron al conde mas ánimo y braveza que hasta allí ha- 
bia tenido, y resolvió de no parar hasta verse rey. No se 
hartaba su corazón con lo que le concedió la fortuna ó el 
cielo; parecíanle bajas y viles las cosas que poseia, porque 
confiaba otras mayores y mas altas. Esperaba le habian de 
venir ciertas compañías de ingleses y gascones, que junta- 
das con las gentes de don Antonio y suyas, habia de ser 
poderoso á quitar al rey la corona, en cumplimiento de di- 
chas profecías; juntó sus consejeros para deliberar lo que 
se habia de hacer, pero á ellos pareció, (jue no dcbia de- 



( 4o5 ) 
clararse que primero no tuviese junta la gente que aguar- 
daba, y que en el entretanto que tardaban, se entretuviese 
como mejor pudiese, dilatando el juramento de fidelidad, 
moviendo conciertos y tratos, sin concluir alguno, y si el 
rey mucho apretaba, aconsejaban que se le hiciese el reco- 
nocimiento y homenaje, pero de tal manera, que hubiese 
en él alguna nulidad notoria. Nombró embajadores á Pon- 
ce de Perellos, Ramón de Perellos, su sobrino, Francisco 
de Vilanova y fray Dalmacio Cacirera; y á 22 de 'octubre 
les hizo la procura, y aconsejado de sus letrados, buscaron 
un notario que estaba descomulgado, llamado Francisco de 
Mongon, y no podia tomar el auto, por obstarle la exco- 
munión. La instrucción que llevaban estos embajadores era 
de tratar de algún asiento en las pretensiones que el conde 
tenia de las mercedes que el rey le habia de hacer, sin 
concluir cosa, por dar lugar á que vinieran las gentes que 
aguardaban de Gascuña é Inglaterra; pero llegados á Léri- 
da, el rey, que sabia cuan malos consejeros tenia el conde, 
les envió á decir por el obispo de Barcelona y Francisco de 
Aranda, que no se pusiesen en otro trato, ni pidiesen cosa 
alguna, sino que hiciesen luego la debida obediencia, que 
en otra manera no podria excusarse de proceder contra el 
conde, como á desobediente á su rey y señor. 

Cuando pasaban estas cosas, pidieron los de la ciudad de 
Huesca al rey, que revocase un privilegio ó gracia, que el 
rey don Martin habia hecho de 1000 florines cada año, por 
tiempo de diez años, al conde de Urgel. El caso fué que 
habia en aquella ciudad muchos bandos y parcialidades, 
cuyo remedio dependia de la presencia del rey ó de perso- 
na de la rasa real, pero como estaba tan pesado de su per- 



( 4o6 ) 
sona, no podia ir allá, y por eso nombró al conde de Uv- 
gel por protector de aquella ciudad por tiempo de dieiz 
años, con salario de 1000 florines cada año, porque du- 
rante el dicho tiempo apaciguara aquellos odios y discor- 
dicis y redujera á paz á los vecinos de ella. Como el conde 
no era muy quisto en aquel reino, deseaban verle fuera 
de él, y con título que habian cesado aquellos bandos, pi- 
dieron al rey revocase la merced hecha al conde, pues era 
superfino aquel gasto y no gustaba el pueblo de tal supe- 
rintendente; y así á 16 de octubre de 1812, en Zaragoza, 
revocó el rey esta concesión y merced hecha al conde, de 
lo que no quedó él muy gustoso, porque le pareció que 
aquello mas lo hacia el rey para echarlo de Aragón, que 
por alivio y favor de los de la ciudad de Huesca. 

Los embajadores, por no enojar al rey, acordaron de 
hacerle la obediencia, sacramento y homenaje, según uso de 
Cataluña y poder les habia dado el conde, especial para 
'esto, aunque luego que ellos se partieron para Lérida, el 
conde le revocó y anuló; pero esto fué mas público que se- 
creto, y aunque en el proceso criminal se le hizo al conde 
cargo de diversos delitos, pero de esto no se habló palabra; 
verdad es que lo dijeron doB testigos, el uno por haberlo 
oido del mismo conde de Urgel, que habia hecho intimar 
la revocación al notario que habia tomado la procura, y el 
otro testigo en su deposición dijo lo mismo, aunque no 
dio otra razón de su ciencia, sino que lo habia oido decir, 
y no dijo á quien. El auto de la pirestacion del sacramento 
y homenaje fué muy solemne: hízose en el altar mayor de 
la Seo de Lérida, á 28 de octubre de 1412, después de 
celebrada la misa mayor, v asistieron el obisjR) de Barre- 



(457 ) 
lona, el abad de Valladolid, el conde de Cardona, el go- 
bernador de Cataluña, Olfo de Proxida, Rodrigo de Liori, 
Francisco de Aranda, del consejo del rey, y otros muchos 
caballeros y nobles de la Corona. Acabado este auto, que 
para todos fue de gran consolación, mandó el rey al abad 
de Valladolid, que se llevase á comer consigo los embaja- 
dores del conde, y que la gente de armas que había ve- 
nido de Castilla, se volviese. 

Los embajadores movieron trato con el abad y otros mi- 
nistros reales, de las mercedes que el conde pretendía al- 
canzar del rey; y antes de pedir ninguna, para mayor sosie- 
go de todos y que el conde se asegurase en el servicio del 
rey, y desengañar á algunos que decían que el rey nunca 
le haría merced, propusieron que el rey casase alguno de 
sus hijos con la hija mayor del conde, que había de here- 
dar en falta de hijos todo su estado, y podía por su cuali- 
dad y sangre ser mujer de rey, por descender por parte de 
padre y madre, por línea legítima, de reyes. Al abad le 
pareció bien, y lo dijo al rey, que lo propuso en su consejo, 
aunque la respuesta no se dio luego, porque el rey estaba 
de partida para Tortosa, para visitar al papa Benedicto de 
Luna, que tanto le favoreció y valió para alcanzar el reino. 
Estuvo en aquella ciudad quince días, hasta 22 de noviem- 
bre. Procuró el papa asegurar al rey en su obediencia y 
devoción, representándole lo mucho que le eslaba obligado, 
por lo que había hecho por él. Desde Tortosa mandó con- 
vocar cortes en la ciudad de Barcelona, para el primer día 
de diciembre, para recibir de los prelados y barones y de- 
mas el juramento de fidelidad y homenaje que, por razón 
de sus y naturaleza, le eran obligados á pres- 

TOMO X. 31 



( 458 ) 
tar, asignando el dia 20 de diciembre. A 26 de noviem- 
bre llegaron el rey, la reina y el primogénito don Alfonso 
al monasterio de Valldonsella, fuera los muros de Barce- 
lona, y aquí se alojaron; á 28 entró el rey en la ciudad, y 
el dia siguiente la reina, don Alfonso y el infante don Pe- 
dro, sus hijos ; y á 9 de enero se dio principio en el mo- 
nasterio de predicadores á las cortes. Estando aquí, los em- 
bajadores del conde, que aun no tenian respuesta de lo que 
habian tratado con el abad, pidieron audiencia al rey y le 
dijeron: — Señor, parece que el conde está en grande recelo 
de vos, é si á vuestra alteza pluguiese que hubiese entre 
vos y él algún buen deudo de matrimonio , seria quitado el 
temor y vendria mejor á lo que pluguiese á la vuestra mer- 
ced; por ende, señor, si á vuestra merced bien visto fuese 
de darle al infante don Enrique vuestro fijo, maestre de San- 
tiago, porque casase con su fija, heredera del condado, seria 
vuestro servicio, pues, señor, sabedes como el conde y su mu- 
jer son de la casa real de Aragón , y su casa es la mejor que 
hay en el reino, y si vuestra merced lo ficiese , el conde 
terna- que habedes voluntad de le allegar á vos é de le fazer 
merced, é devedes lo fazer por el debdo que con vos han 
él é la infanta su mujer, y darle alguna enmienda de lo 
mucho que ha gastado y quedan disminuidos su casa y esta- 
dos. — El rey no gustaba de tal demanda, y le pesaba que qui- 
siese ponerse el conde á trato con él, y mas estando con 
opinión que todo aquello era ficción ; y notaba mucho que 
siendo el conde llamado á las cortes, ni viniese ni enviase 
procurador, y era notada esta falta de todos. Con todo, el 
rey no quiso declararse contra él, sino reducirle á su ser- 
vicio con beneficios y mercedes. Propuso el negocio en su 



( 459 ) 
Ci>nsejo, y dio por respuesta, que el conde en lo que pedia "no 
tenia justicia, porque si se habia pueStb á demandar el fei- 
ho de Aragón y habian hallado los jueces que ho tenia jus- 
ticia, no le habia el rey de pagar las tostas, salvo en caso 
que quisiese hacerle merced. Erales también muy grave lo 
del casamiento del infante don Enrique, que habia ya mas 
de cuatro años que era maestre de Santiago, y era hombre 
de grandes pensamientos y pretendia casar, como casó des- 
pués, con doña Catalina, bermana del rey don Juan de Cas- 
tilia, aunque no muy á gusto de la dama, y se le proponian 
otros grandes casamientos. Con todo, deseoso el rey de traer 
á su servicio al conde, doliéndose que aquel caballero tan 
mal aconsejado se perdiera , acordó que era bien hacer 
lo que pedia, á mas de otras mercedes, y mandó llamar 
ó k)s embajadores, y según refiere Fernán Pérez de Guzman, 
les dijo: — Embajadores, como quiera que yo no haya razón 
de responder á las demandas y tratos que el conde de Ur- 
gel me envia á demandar, pero porque él y vosotros co- 
nozcáis que he voluntad de le hacer merced, y que no 
quiero dar lugar á que se pierda, mi merced es de le dar 
de lo mió y de le otorgar sus peticiones, por el debdo que 
conmigo ha y por ser casado con mi tia, y á mi place de 
le dar en casamiento á su hija á don Enrique, mi hijo, maes- 
tre de Santiago, y que le habrá por propio hijo; y por hacer 
mayor su estado, quiero le hacer merced de la villa de 
Momblanc, con título de ducado, porque se llame duque de 
Morablanc y conde de Urgel, y quiero le dar mas, por re- 
iiacer su casa y enmienda de los gastos que ha hecho, ciento 
y cincuenta mil florines de oro, y por hacerle mas merced, 
quiero que haya de mí cada año él y la infanta, mi tia, su 



( 460 ) 
mujer, y la condesa su madre, cada dos mil ílorines de oro, 
que sean seis mil florines cada un año. 

Esto ofreció el rey , según dice aquel autor ; pero yo 
he hallado , que también le ofreció la villa de Tárrega, 
pueblo muy rico y numeroso y confinante con el condado 
de Urgel , y habia en él muchas casas de caballeros muy 
principales y ricos ; y añade mas Laurencio Valla , que di- 
jo el rey , que le habia de dar tanta honra y preheminen- 
cia , que le daría lugar y asiento en medio de sus cinco 
hijos , con este orden : que el primogénito y el infante don 
Juan estarian primero, y después el conde, y luego don En- 
rique , don Pedro y don Sancho , así que , entre sus hijos, 
el tercer lugar habia de ser del conde. 

Parece que cuanto mas se mostraba liberal el rey con el 
conde y sus madre y mujer , mas esquivos estaban y me- 
nos caso hacian de las mercedes y favores que se les propo- 
nía , y buscaban dilaciones , con ánimo de apercibirse para 
resistir al rey y á sus ministros ; y esto era en ocasión que 
estaban todos tan confiados de que el conde quedaría en su 
servicio , que tenia el rey pensamiento , acabadas las cor- 
tes , de ir á Valencia y de allá pasaría á Castilla , y así se 
decía públicamente ; pero las cosas sucedieron de manera, 
que antes de acabarse las cortes , fué necesario partirse el 
rey para Balaguer, para resistir al conde, que tenia inquieta 
toda aquella tierra , porque después que su madre y conse- 
jeros le dieron á entender que de ninguna manera se so^ 
metiese al rey , buscó todo el favor posible con los otros 
príncipes de la cristiandad , y mas con los reyes de Fran- 
cia y Navarra ; pero ellos se excusaron de valerle , y así en- 
vió á don Antonio de Luna y á García de Sese á Burdeos, 



( 461 ) 
porque en su nombre tratasen y concluyesen confederación 
con Orthomas, duque de Clarencia , hijo segundo de Enri- 
que IV , rey de Inglaterra , y con Eduardo , duque de 
Ayork , que era nieto del rey don Pedro de Castilla , hijo 
de Aymon , conde de Cantobrigia , y de la infanta doña 
Isabel , tercera hija de aquel rey , y entraba con ellos á la 
liga el conde de Orset ; pero esta confianza del de Ayork 
era vana , y poco el deseo que tenia de meterse en esta 
guerra , y lo deniíostró presto , pues aun estando el rey en 
el cerco de Balaguer , le envió sus embajadores para confe- 
derarse con él y hacerse muy su amigo , y esto lo hizo mo- 
vido de otra embajada que el rey le habia hecho cuando 
supo que quería valer al conde de Urgel , enviándole á vi- 
sitar y requiriéndole de muy estrecha amistad y alianza : y 
así desamparó al conde , confiando que por medio del rey 
se le baria enmienda de algunos derechos que pret€ndia 
tener en los reinos de Castilla y León , y confiaba con fa- 
vor y medio del rey alcanzarlos ; pero no le salió como 
pensaba , ni quedó muy medrado de haber dejado al conde 
y haberse confederado con el rey , que le pagó la amistad 
con cortesías le hizo , y buenas confianzas que le dio. 

Dicen que antes que el duque de Clarencia entrara en 
ella , quiso enterarse de la justicia del conde , y que le en- 
vió un famoso letrado que le informó de ella , de manera 
que quedó satisfecho. Concordóse por medio de estos tra- 
tadores, que el duque valdria al conde con tres mil arche- 
ros y mil bacinetes y vendria él en persona , si el rey su 
padre le daba licencia ; y si por algún impedimento dejaba 
de venir , enviaria á costa suya quinientos bacinetes y tres 
mil archeros , pagados hasta San Juan ; y el conde le pro- 



( 462 ) 
raelió dar en recompensa de este socorro al duque el de- 
recho y título de rey de Sicilia , y su hermana por mujer: 
otros decían su hija doña Isabel , y la heredaba del conda- 
do de Urgel y demás títulos , si moria sin hijos varones. 

Concertóse también con Eymerico de Comenge y Juan 
de Malleó , capitanes franceses , que habian de ser en Ca- 
taluña por todo el setiembre de 1413 , con dos mil caba- 
llos , y habia de haber entre ellos ochocientas lanzas y qui- 
nientos ballesteros de á caballo, y quinientos de á pie con 
ballestas de acero, y habian de entrar por la parte de An- 
dorra y vizcondado de Castellbó. Habia también enviado el 
conde á Tolosa , á 21 de agosto de 1413, á Bernardo de 
Llorac y Gisperto de Guillaniu, caballeros de su casa, para 
hacer que Pedro Ramón de Rapistany , señor de Campana- 
cho, hiciese venir toda la gente que pudiese. También dttn 
Antonio de Luna , estando en Burdeos , trató con Basilio 
de Genova y Anglot , y con Gracian de Agrámente ó de 
Vasconia, capitanes de gentes de armas inglesas, que esta- 
ban á gages del rey de Inglaterra en Burdeos , que entra- 
sen con sus gentes de armas en Aragón , é hiciesen en él 
guerra. 

Habíase llevado don Antonio algunas acémilas de mone- 
da y muchas de las joyas del conde, y fuélas vendiendo po^ 
co á poco: de una cadena le dieron 150 escudos, y 4(Í0 
de un collar ; y nunca halló quien le comprase una sun- 
tuosísima y costosa cruz que habia sido del duque de Bar- 
rí , que á mas del oro y piedras que habia en ella , eran 
tantas las hechuras , que nadie entendió en quererla com-- 
prar ; y como él estaba falto de dinero , puso en almoneda 
las demás joyas , y al principio pedia por ellas 25.000 fío- 



(46o ) 
riñes , y después bajó á 10.000 , y después á 6.000, y por 
estos, las vendió, y dio algunas pagas á los soldados , y con- 
certó que no entrasen juntos en estos reinos , sino cada uno 
por su parte , por excusar inconvenientes se podian suce- 
der , si entraran juntos. Hecho esto , se vino don Antonio • 
de Francia , que no debiera , porque por faltar en Francia 
quien diese prisa y calor á la gente que habia de entrar , le 
vino á faltar al conde el socorro que aguardaba de aque- 
llas partes , en la ocasión que mas necesitaba de él , y po- 
díale mas aprovechar don Antonio estando allá , que no 
aquí. Luegá que fué llegado , para autorizar las cosas del 
conde y ganar crédito con aquellas gentes que habian de 
venir , procuraba que en Aragón se tomaran algunas plazas, 
como fué el castillo de Trasmoz , que está en las faldas de 
Moncayo ; y este se tomó mas por descuido de los qne le 
guardaban , que por combate ; y aunque se alborotó toda 
aquella comarca , pero de aquella vez quedó el castillo por 
don Antonio , que mandó alzar banderas por don Jaime y 
aclamarle rey de Aragón , y le tuvo algún tiempo, aunque 
después lo dejó por 50.000 florines que le dieron. Atemo- 
rizáronse los aragoneses de manera con esto y con las nue- 
vas que tenian de los gascones é ingleses que habian de 
entrar , que se tuvieron por perdidos , y <:ada dia daban 
aviso al rey de lo que sabian , pidiendo socorro y favor. 

Sin esto , sucedió á los postreros de mayo , que entró el 
capitán Basilio , y con la gente que llevaba tomó dos luga- 
res de Aragón , que eran Lorbes y Enbun , é hicieron ju- 
rar á don Jaime por rey , y talaron la campaña y dejaron 
presidio en ellos, y se pasó al castillo de Loarre, donde es- 
taba don Antonio, para cobrar el sueldo le habia prometi- 



( 464 ) 
<lo ; y (Ion Antonio , que estaba falto de dinero, le rerailia 
al conde de Urgel , y le decia que fuera á Balaguer, que 
allá seria pagado ; pero Basilio no queria salirse del casti- 
llo de Loarre , que no fuese pagado. Las nuevas que cada 
dia llegaban á Barcelona obligaron al rey que enviara á 
don Francisco de Eril fuese á valer á los de Zaragoza y 
Huesca, que habian puesto cerco á los castillos que don An- 
tonio y Basilio habian tomado , y para que metiese gente 
dentro de Huesca , para defender aquella ciudad , si qui- 
siese apoderarse de ella don Antonio ; y él lo mas presto 
que pudo se partió de Barcelona con algún número de gen- 
te , que serian ciento de á caballo. El conde tuvo aviso de 
su venida , y mandó salir de Balaguer doscientos caballos y 
mas de trescientos ballesteros , que se alojaron en Linyola 
y aguardaban á don Francisco , que ya estaba en Tárrega, 
con harto temor de la gente del conde , porque los de 
aquella villa habian enviado espías y sabian que toda aque- 
lla gente que habia salido de Balaguer le aguardaban que 
saliese de Tárrega , para dar sobre él , y así se lo enviaron 
á decir á 29 de mayo. Estuvo don Francisco y los suyos 
en ella hasta un lunes, que era á 5 de junio, que llegó allá 
Jorge de Caramany , y de parte del rey le dijo , que se 
partiese luego para Lérida , que él se ofrecia llevarle por 
caminos seguros. Salieron á las once de la noche y fueron 
á Bellpuig , y de allá á Vilanova , y de aquí , andando 
fuera camino , pasaron los llanos de Miralcamp , y salieron 
al collado de Bellfort , y al salir el sol llegaron á Torre- 
grossa y de allí á Pradell , y de aquí á Margalef , que era 
lugar despoblado , así como hoy lo es , y está á una legua 
de Lérida. Aquí dejó don Framisco á Jorge de Caramany, 



(46o ) 
ijue se volviese , porque le pareció ya estar fuera del peli- 
gro ; y él , antes de partirse, mandó á dos espías que cor- 
riesen la tierra , y descubrieron los doscientos caballos del 
conde , cuyo capitán era Berenguer de Fluviá , y el estan- 
darte que llevaba era verde , blanco y negro , y sin dar lu- 
gar á que los espías volviesen , dio sobre don Francisco y 
su gente , y le mató tres ó cuatro hombres y prendió casi 
todos los demás , y quedaron heridos muchos , y don Fran- 
cisco de Eril se retiró á Torregrossa , donde ya habia lle- 
gado Jorge de Caramany , y habia hecho abrir las puertas, 
para que se recogiesen allí los que escapasen ; y estaban 
con harto temor que no les cercasen , porque se decia que 
habian enviado á Linyola á buscar los trescientos balleste- 
ros que allá habian quedado , y así lo mas presto que pu- 
dieron pasaron á Juneda , lugar del condado de Cardona, 
y aquí aguardaron orden de lo que el rey mandaba que hi- 
cieran. Holgó la condesa mucho de este suceso, y lo cele- 
braba , haciendo burla de los vencidos ; y de la ropa , bes- 
tias y demás cosas que tomaron , hicieron almoneda en Ba- 
laguer , y el conde llevó la quinta parte , y los presos se 
rescataron por un marco de plata cada uno , y los amigos 
del conde, á quien parecian mal estas acciones, le disculpa- 
ron , diciendo que aquella salida habia sido á contempla- 
ción de Juan Despont, enemigo de don Francisco, para ven. 
gar la muerte de su padre , en que habia sabido. Sucedió 
también , jueves á 8 de junio , que salieron del condado 
de Urgel algunos ballesteros y entraron en el marquesado 
de Camal asa , que ya habia sido de los antiguos condes de 
Urgel , y se llevaron treinta cabezas de ganado. El día si- 
guiente salió el conde de Balaguer y fué á Castellón , para 



( 466 ) 
ver y animar á la gente de guarnición que tenia en los cas- 
tillos del vizcondado de Ager , é iba muy contento del su- 
ceso de Margalef , y confiaba haber de salir muy bien de 
su empresa , con el favor y ayuda de las gentes estranjeras 
que esperaba ; pero habia muchos de los que le servían que 
juzgaban á locura lo que el conde hacia , y lo que era de 
llorar , no habia nadie que se lo osase decir , por temor de 
la condesa , su madre , que aborrecia sobre todas las cosas 
á los que trataban desengaños y decian lo que sentian. 

Habia el conde de Urgel , antes de la declaración de 
Caspe , tomado la palabra á muchos caballeros de Cataluña, 
que le habian de valer y favorecer hasta verle rey ; y co- 
mo la opinión común era pertenecerle á él la corona , mu^- 
ehos se ]& prometieron ; pero después de hecha la declara- 
ción y vista la porfía , y que se iba voluntariamente á dea- 
penar , tod^s le desampararon y aprobaron lo que la justi- 
ticia habia hecho ; y de esto estaba muy quejoso el conde, 
y mas del de Cardona , que por ser deudo suyo y muy po- 
deroso , era de quien mas habia confiado. Envióle un he- 
raldo, que salió de Balaguer á los primeros de junio y en- 
tró en Barcelona en ocasión que la corte estaba junta : éste 
entró por la ciudad , á caballo , vestido de su cota de ar- 
mas , y llevaba un cartel en que estaban escritas las quejas 
que el conde de Urgel tenia del de Cardona , y do quiera 
que habia corrillos preguntaba por él , y les hacia leer 
aqtíel cartel de desafia, y les rogaba que le hiciesen sabe- 
dor de lo que leian, y que el conde de Urgel le desafiaba 
cuerpo á cuerpo. Esta novedad alborotó no poco á la ciu- 
áad de Barcelona y y cada uno hablaba según el amor que 
tenia al conde , y todos aguardaban ver el rey como la to- 



(mi) 

maria ; y fué que mandó prender al heraldo y darle cien 
azotes á caballo , por las mismas calles por do habia pasa- 
do , y después lo envió á su señor. Dicen que fué grande 
el enojo que recibió el rey de este desafio , y lo juzgó á 
desacato , y que tal se hiciese en tiempa que él estaba allá 
y junta la corte , sin licencia suya , y quiso que de esta 
manera quedara satisfecho el agravio que pudiera haberse 
hecho al conde de Cardona , y así se impidió el desafio y 
puso treguas entre los dos condes , y mandó despachar le- 
tras al de Urgel, que se le presentaron, domingo' á 18 diel 
mes ; y dice Valla , que estimó mas al rey que lo' pagara el 
heraldo , que no que se encendiera guerra entre aquellos 
dos príncipes. Discursa también el autor si el rey hÍ20 bien 
en esto , por ser los heraldos , según el derecho de las gen- 
tes, inviolables ; pero á mas de entenderse esto solamente 
en respecto de aquellos con quien tratan, y no de los otros, 
en esta ocasión el castigo del rey dicen haber sido justa, 
porque con descortesías excedió la licencia que el oficio te 
daba. Tomólo muy mal el conde , y de aquí infiere aquel 
autor que tomó- causa de rebelarse ; pero es ciert» que 
muchos meses habia tenia aquel pensamiento^ 

Estaban persuadidos los consejeros del conde , que para 
dát buen principio á su empresa , le conTenia tomar en 
Aragón la ciudad de Huesca , y en Cataluña la de Lérida, 
por ser muy vecinas , ésta del condado, y aquella de las ba- 
ronías de Alcolea y demás de Aragón. Berenguer de Flu- 
viá, que era el inventor de jesto , emprendió apoderarse de 
Lérida , donde habia muchos amigos del conde , particular- 
mente un Bernardo de Toiraprnoreíl y Ti Beker , y no 
aguardaban sino ocasión para declararse por él y entÉregai»^ 



( 468 ) 
le aquella ciudad. Estaba en ella Riambau de Corbera, lu- 
garteniente de gobernador , que la tenia en defensa y an- 
daba muy cuidadoso de la guarda de ella. Sucedió que el 
conde , con motivo de tomar Arbeca y Juneda , lugares del 
conde de Cardona , mandaba juntar muchas armas y muni- 
ciones en la villa de Menargues , que está entre Lérida y 
Balaguer , y esto daba harto cuidado á los de aquella ciu- 
dad , porque sospechaban que todo aquello habia de servir 
para ellos. Ponian de dia y de noche guardas y estaban muy 
prevenidos, y temian que el dia de Corpus, cuando todos 
estarian ocupados en la procesión , no sucediese alguna no- 
vedad ; y no iban en ello fuera de camino , porque sucedió 
que un hijo de Arnaldo Cuco , letrado de Balaguer , con 
ocho ó diez hombres de á pie , quiso escalar el monasterio 
de San Hilario de aquella ciudad, que está fuera de ella 
cuanto son seis tiros de ballesta , y es de monjas Cister- 
cienses ; pero no pudo hacer nada, porque luego fué descu-^ 
bierto , y salieron , aunque sin armas , el veguer y Francis- 
co San Climent, paer ó regidor primero de aquella ciudad, 
con alguna gente de á pie, y todos sin armas , lo que fué 
gran temeridad ; y Riambau de Corbera lo tuvo muy á mal, 
porque no sabian de cierto si habia allá alguna emboscada, 
y por eso mandó cerrar las puertas de la ciudad y poner 
guardas en ellas y gente por los muros ; pero no sucedió 
mas de lo dicho , y el veguer y demás volvieron poco des- 
pués, y dijeron haber visto diez hombres con ballestas, y por 
estar ellos desarmados , no les osaron acometer , y fué 
cierto que el conde no supo en ello , antes le pesó , porque 
aquello no sirvió de otra cosa que de acuerdo para los de 
aquella ciudad. 



( 409 ) 
El dia siguiente se fueron continuando los avisos de qué 
el conde juntaba mucha gente en Menargues , y la conde- 
sa , su madre, y la infanta y hermanas del conde , habian 
despachado cartas á sus vasallos para que cada pueblo en- 
viase cierto número de hombres á Menargues , y estuviesen 
allá la vigilia de San Juan , por importar para una empre- 
sa que habian de hacer muy notable. Acudió mucha gente, 
y eran cuatrocientos de á caballo y dos mil de á pie, y don 
Jaime queria ir con ellos ; pero no fué , porque se lo des- 
aconsejaron , y solo salió hasta Menargues , para concor- 
dar ciertos disgustos tenian los aragoneses y catalanes. Lle- 
vaba esta gente dos capitanes , el uno era Berenguer de 
Fluviá, y era el que puso en la cabeza del conde esta sa- 
lida ; y el otro Juan de Cortit : hízoles aquí un razona- 
miento, encargándoles que hubiesen por capitán á B. de 
Fluviá, y que entrados en la ciudad, ni la saqueasen , ni 
quemasen, y el grito fuese Aragón y Santiago ; y de aquí, 
acompañado de fray Juan Ximeno , obispo de Malta , Al- 
fonso Suarez y Pedro Pérez de Barbones , de Zaragoza , lle- 
garon al amanecer , el dia de San Juan , á Albesa ; y an- 
dando por el camino , hablando de la toma de Lérida , le 
persuadieron que la dejase , porque aunque se tomase aque- 
lla ciudad , habia de ser muy dañoso á él y sus vasallos y 
amigos , y era cierto habian de tener todos muchos disgus- 
tos de ello ; y el conde, algo turbado de lo que le decian, 
respondió : que maldito fuese mosen Fluviá, que le habia 
aconsejado y le habia metido en ello , pero que por estar 
el negocio en el punto que estaba , no era posible dejallo, 
y que presto se veria el suceso con ciertas humadas y 
fuegos que se habian de hacer , si la tomaban. Estaban los 



( 470 ) 
de Lérida en gran cuidado y opinión que todo aquel apa- 
rejo de armas y convocación de gentes se hacia para tomar 
aquella ciudad , y así dohlaron las guardas y toda la noche 
íueron rondando por los muros con un trompeta que con- 
tinuamente tañia , y enviaron por la huerta algunos espías, 
hasta cerca de Noguera. Era la víspera de San Juan, y á 
media noche partió R. Berenguer de Fluviá , acompaña- 
do de Juan de Fluviá , su hermano , Berenguer Arnau de 
JVIorell y su hermano , Luis de Meja , Juan de Olzinelles, 
Juan Cortit, Dalmau de Al entorn , Andrés de Barutell, don 
Pedro de Alaron , Juan de Sese , T. Vilafranca , Bernardo 
de Torramorell , Juan Giménez de Salanova y otros caba- 
lleros y gentiles hombres , con cuatrocientos de á caballo y 
dos mil de á pie , para Lérida , con tan grande secreto, 
que nadie supo donde iba , hasta que hubieron pasado el 
rio de Noguera Ribagorzana. Hallaron en la huerta de Lé- 
rida los espías y algunos hombres de la ciudad que habían 
calido á cortar rama para la fiesta de San Juan, y les pren- 
dieron. Habia ya llegado la gente del conde á la puerta de 
Picavall , en la huerta de Lérida , y aquí les amaneció, y 
•llegó á ellos Antonio Robió , de Lérida, y les dijo que se 
volviesen, que ya eran descubiertos, y valia mas diferir aquel 
hecho para otro dia ; y así lo hicieron , y queriendo atar á 
un hombre que habiau tomado , les escapó , y aunque cor- 
rieron tras él , no lo pudieron prender , y éste dio aviso de 
todo lo que habia visto , y que habian salido algunos de la 
ciudad á decir á Berenguer de Fluviá que se volviesen, de 
lo que quedó Riambau de Corbera muy sentido , y mandó 
luego tomar á seis ó siete que sospecharon saber en el ca- 
so , y entre ellos un Andrés Vilar, que otorgó que sabia en 



( 474 ) 
el negocio , y confesó su delito , y que si pudiera, hubie- 
ra dado una puerta á la gente del conde , y la justicia le 
condeuó á hacer cuartos , y la sentencia se ejecutó delante 
de la casa de la ciudad, que llaman la Paheria; y fué ne- 
cesario que la justicia proveyese de guardas al alguacil y 
ejecutor de aquel auto , porque el pueblo se alborotó mu- 
cho , porque á deshora salió uno con un basalart, y decia 
que muriesen aquellos que entendian en aquella ejecución. 
Riarabau de Corbera estaba en el castillo , y luego que sin- 
tió el alboroto, bajó á la ciudad y mandó que todos los que 
miraban aquella ejecución saliesen de la plaza y fuesen á la 
muralla , y aunque mandó buscar el alborotador , fué im- 
posible hallarlo , por haberse metido entre la gente y ha- 
berse puesto en salvo ; y los amigos del conde, que se vie- 
ron descubiertos , y que se procedia con tanto rigor contra 
Andrés Vilar , se salieron por la puente , porque los minis- 
tros de la justicia no hablan acudido á cerrar aquella 
puerta. Quedó la ciudad, aunque alterada del sobresalto 
que tuvieron , quieta y sin sospecha alguna , porque el cas*- 
tigo de aquel delincuente puso terror á los demás. Afir- 
maban algunos que el aviso que tuvieron los de Lérida de 
la venida de la gente del conde se lo dio micer Tristany, 
y decian haberlo hecho , porque él recibía algunos censales 
y rentas en Lérida , y temia que si la ciudad era tomada, 
no las perdiese ; pero esto no habia fundamento y era ca- 
lumnia , porque siempre fué muy aficionado del conde y 
era cuñado de R. Berenguer de ÍFluviá. 

Retirada ya la gente del conde y llegados á Corbins, an- 
tes de pasar el rio, quiso Berenguer de Fluviá, su capitán, 
por mayor disimulación, que fuesen á Arbeca ó Juneda; 



( /t72 ) 
pero no le quisieron seguir , por estar trasnochados , y así 
tuvo por bien de volverse á Menargues. Estando aquí , les 
vino orden del conde que nadie se moviese sin orden suya 
ó de B. de Fluviá , á quien vino aviso que si querian 
volver á Lérida, podian, que ya no habia peligro y estaban 
descuidados; y así el lunes siguiente, que era á 26 de ju- 
nio, partieron todos , y llegaron antes de amanecer al mo- 
nasterio de nuestra Señora del Carmen, y cubiertos de una 
tapia, pasaron á la casa contigua, que es una iglesia de los 
comendadores de San Juan, y por hallar las puertas cer- 
radas, entraron por una ventana y las abrieron, y se entró 
dentro toda la gente de á pié que pudo caber en ella, tanto 
que por poco se ahogaron, por ser la iglesia pequeña y to- 
dos querian entrar en ella; y uno que se llamaba Nicolás Co- 
reta, por impedir que no entrasen mas, con la espada dio al 
pavés de uno que queria entrar , diciendo que se volviese, 
y los de dentro, que no sabian lo que era, sino que oyeron 
las voces y golpes de espada, se alborotaron y decian que 
se les habia hecho traición, y los que estaban fuera decian 
que ya habian sido descubiertos, y se faltó poco que todos 
no se volvieran. Después de haberlos sosegado, les mandó 
Berenguer de Fluviá que caminasen hacia la ciudad, y te- 
mia que con el rumor que habian movido no fuesen des- 
cubiertos, porque sintieron sonar una trompeta y responder 
otra que estaba en el castillo; y esto les causó no poca 
alteración, y era, según refiere Laurencio Valla, que un 
trompeta, fatigado del calor, habia salido de su casa, y por 
su pasatiempo sonaba la trompeta por aquella parte de la 
ciudad por donde pensaban entrar la gente del conde. 
Habia en el castillo otro trompeta, que luego que sintió 



( -^^70 )■ 
jj primero, le i-espondió, y todos tañían á poríia, cosa j-a 
muy usada en aquella ciudad, y mas en tiempo del verano, 
l.a gente del conde, que no sabia esto qué era, estaba ad- 
mirada, y pensaban ya sor descubiertos é hicieron ruido, v 
con la quietud de la noche fueron sentidos, y con la cla- 
ridad de la luna, aunque poca, descubiertos del trompeta, 
que luego tocó alarma, y el que eslaba en el, castillo hizo 
lo mismo, V con esto toda la ciudad quedó avisada. Dalmau 
de Mur, caudillo de los estudiantes, bajo con ellos v con 
luces á la plaza, y cada uno acudió á su puesto. Dice Valla, 
que cuando lueron descubiertos habian entrado ya cuatro- 
cientos hombres en la ciudad; pero lo cierto es no haber 
entrado ninguno, porque la puerta por donde habían de 
entrar, que era la mas cercana de unos molinos que Kabia 
entre la ciudad y el rio, no estaba abierta, porque la gente 
de mas confianza que el conde tenia dentro estaba presa, v 
los otros atemorizados con el castigo que habian dado al 
Vilar, y así pasaron á otra puerta llamada entonces del Mer- 
cadal, que yo creo seria la (jue hoy dicen del Carmen, y 
tentaron de tomarla; pero no hubo lugar, porque hallartm 
mucha resistencia y el muro lleno de gente que les tiraban 
piedras y saetas, y dispararon una lombarda que estaba so- 
bre aquella puerta, é hirieron el caballo de Juan de Fluviá; 
la gente del conde con ballestas tiraba á los de la ciudad, 
y de esta manera pelearon cinco horas. 

Quedó Berenguer de í'luviá muy sentido que le hubiese 
salido su pensamiento en vano, v mandó meter fuego en uno 
<le los gavilleros que liabia en el Mcrcadal, y fué tan bien 
obedecido, que quemaron todos los demás liabia en aquel lu- 
gar, rompieron los molinos, talaron la vega y quisieion 
JOMO X o 2 



( 474 ) 
quemar otros gavilleros liabia cerca de los monasterios de 
San Francisco y Santo Domingo; pero desde el muro lo im- 
pidieron con lombardas. Como no habian podido tomar la 
ciudad, juntaron consejo y se partieron para Vilanova de 
Sfigriá, que es un pueblo de la priora de Alguayre, y por 
el camino metieron fuego á algunas casas que hallaron, y 
los de Vilanova, que supieron que la gente del conde venia, 
desampararon el lugar y dejaron en él sus haciendas, por- 
que no pudieron recogerlas. Aquí hallaron muchas gallinas, 
ánades, bueyes, vino y mucho trigo, y todo lo sacaron, y 
la condesa habia enviado cabalgaduras para llevarlo á Cas- 
tellón, donde ella estaba, y á Albesa y Balaguer, donde un 
caballero de casa del conde, que se llamaba Dalmau Dcz- 
palau, hizo almoneda de todo lo que se tomó en esta sa- 
lida. Lo mismo hicieron en otro lugar llamado La Portella, 
que es de la misma priora. De aquí fueron á Alguayre y 
quisieron tomar el lugar; pero lo dejaron, porque Dalmau 
de Cacirera alcanzó del pueblo que diese setecientos flori- 
nes,' y así pasaron de largo y llegaron al lugar de Bcnavent, 
y mandaron á los vecinos que jurasen al conde de Urgcl 
por rey, y gritaban todos: Viva, viva el rey don Jaime! Sa- 
quearon el lugar y maltrataron á los vecinos, por haber ju- 
rado al rey, y al cura del lugar dieron tormentos para ha- 
cerle sacar dinero, y valió mas de mil florines lo que to- 
maron en este pueblo. 

De todo lo que queda dicho tenia cada dia aviso el rey, 
porque el lugarteniente de gobernador y Guillermo de Mas- 
dovelles, el veguer y paeres de Lérida le escribian por 
menudo todo lo que pasaba y representaban el daño que 
le aguardaba á toda la tierra, si no se daba pronto reme- 



( 47o ) 
tlio á ello, encarecieiulo la necesidad grande liabia de él 
Kslos avisos lan continuados, y excesos que cada din Corne- 
lia la gente del conde, obligaron á que el rey procediese 
contra de él, y guardando los usos y leyes del Principado, 
aconsejaron al rey que mandase hacer proceso contra del 
conde, como subdito rebelde é inobediente y turbador de 
l^a paz pública. Empezóse este proceso á 3 de junio de 
1413: insertáronse en él las cartas de avisos que el rey 
habia recibido, y tomóse la deposición de algunos testigos; 
y á 21 de junio mandó juntar su consejo y les mahdó leer 
el proceso hecho y lo que habia pasado entre él y el con- 
de, y pidió le aconsejasen qué mas debia hacer, y los le- 
trados dieron por respuesta esta conclusión: 



Posse doniinuní rcgem per jusliliara precederé in vim rcmc- 
dii et pro luilione ipsius reipublice ad piehensionem civilalis 
viUarum castrorum ot locorum comilalus llrgelli ct vicecomiía 
tus ipsius ct quorumcumquc sibi concomitanlinm sou consu- 
l<!n(ium et alioruní de quibns pro tuitione dicío reipublice vi- 
debitur expediré. 



Aunque parecía que esto bastaba para proceder contra 
del' conde y placia al rey; pero para mas justificarle en un 
negocio tan grave, mandó ampliar su consejo, llamando en 
él al arzobispo de Tarragona, los obispos de Barcelona y 
León, don Juan, conde de Cardona, don Guerau Alamany 
de Cervelló, gobernador de Cataluña, Berengucr Arnau de 
Cervelló, Pedro de Cervelló, Francisco de Aranda, donado 
de Porta-Cceli, Olfo de Proxida, caballeros, Bcrenguer dr 
Bardeví, Jaime Desplá, tesorero del rey, Berenguer Coló- 



( mi ) 

ma, Gonzalo (le («aritlell, Francisco Basset, Bernardo Des- 
pont, Pedro Basset, Bernardo Miquel, Ayraon Dalmau y 
V Ícente Pedris , letrados ; y oido el proceso hecho contra 
del conde, fueron del mismo parecer que habian sido los 
demás. 

A 26 del mismo mes mandó el rey juntar otro consejo, 
y llamó en él al arzobispo de Tarragona, los obispos de 
Barcelona y Vich, el abad de Monserrat, maestre Felipe de 
Malla, síndico del cabildo de Barcelona, Pedro Begassol, 
del de Lérida, al conde de Cardona, al de Pailars, al viz- 
conde de Illa, mosen Berenguer Arnau de Cervelló, Pedro 
de Cervelló, Berenguer Doms, Gregorio Burgués, Pedro de 
Sentmenal, el gobernador de Cataluña, Francisco de Aran- 
da, Berenguer deBardexí,el vice-canciller, el tesorero Olfo 
de Proxida, el doctor Juan González, mosen Juan Fernan- 
dez, T. Bisbal, Ferrer de Gualbes, Francisco Busquéis, 
Juan de Ros, Juan Fivaller, micer B. Colom, T. Gralla, 
micer Gonzalo Garidell, T. .Sanceloni, Juan de Kibesaltes, 
el síndico de Cervera, mosen Enrique de Centelles, Ber- 
nardo de Cruilles, Pons de Parellos, P. de Zapata, T. de 
Rexac, Ramón de Vilarasa, Jaime Pallares, T. y T. de 
Cruilles, padre é hijo, micer Bononat, micer Pedro Basset, 
micer F. Basset, Bernardo Despont, micer Vicente Pedris, 
Bernardo Miquel, el síndico de Manresa, micer Juan de 
Mombuy, micer Juan Navarro, el abad de Ripoll, mosen 
Francisco de Vilanova; y esta es la orden que están conti- 
nuados en el proceso. A todos estos refirió el rey lo que 
el conde hacia y todo lo que entre ellos habia pasado, 
y les pidió consejo sobre lo que habia de hacer en este 
caso; y todos unánimes v conformes fueron del mismo 'pa- 



( 477 ) 
recer que hablan sido los de la primera junta. 

El mismo dia en la tarde, estando junta toda la corte 
en el monasterio de Predicadores de Barcelona , y en ella 
P., arzobispo de Tarragona, Alfonso, obispo de Vique. Dal- 
macio, abad de RipoU, Marcos, abad de Monserrat, Juan, 
abad de Poblet, Pedro Regassol, síndico del cabildo de Lé- 
rida, Juan de Prades, síndico del de Tortosa, Felipe de 
Malla, del de Barcelona, Francisco Cacalm, del de Gerona, 
Bliguel Vernet, del deUrgel, Juan Oller del de Elna, fray 
Galceran, síndico del prior de Cataluña, por el brazo ecle- 
siástico; 

Juan Folc, conde de Cardona, Pedro de F'onollet, viz- 
conde de Illa y de Canet, Roger de Pallars, Guillen Ramón 
de Moneada, Antonio de Cardona, Pedro de Cervelló, Ber- 
nardo de Cruilles, Galceran de Cruilles, Bernardo de For- 
ciá, Francisco de Vilanova, Pedro de Galliners, procurador 
del conde de Prades, Juan Miralles, procurador del conde 
de Pallars, Felipe de Aranv, procurador de don Galceran 
de Pinos, Berenguer Doms, Juan de Mombuy, Berenguer 
Dostalrich, Francisco de Vilanova, Jaime Marc, Ramón de 
Rexac, Ramón de Cruilles, Jaime Pallares, Francisco de 
Villamarí, Francisco de Mombuy, Dalmau de Castelibisbai, 
Dalmau de Rocabruna, Juan.de Castellbisbal, por el brazo 
militar; 

Francisco de Gualbes, Juan Ros, Francisco Burgués v 
Juan Fivaller, síndicos de Barcelona, Nicolás Gralla y Be- 
renguer Colom, de Lérida, Francisco San Celoni, de Gerona, 
Gonzalo Garidell, de Tortosa, Pedro Sarta de ... , por 
el brazo real. 

Estando, pues, juntos todos y representando la corte ge- 



( •i'78 ) 
ncial (l(il Principado, el rey les propuso lo misrao que á 
las otras juntas habia propuesto, refiriendo los ofrecimientos 
habla hecho al conde y cuan poco los habia estimado; y 
la corte, oido esto, dio por boca del arzobispo la siguiente 
respuesta. 



Senyor molt cxcellenl: la corl ha sobirana consolaclo que vos 
en aquesl acte hajals proceit e proceiscats axi justament que vu- 
llals ab ella comunicar vostra justificacio: solaraent vos suplica 
que vuUats la justicia acompanyar de clemencia. 



Estas juntas y consultas, y tanto dar razón de lo que 
habia de hacer contra del conde, hacia el rey por des- 
cubrir el ánimo á los de la corte; porque él y los que con 
él habian venido se persuadían que los mas que esta- 
ban juntos en ella favorecían al conde, aprobaban sus he- 
chos y le daban avisos y consejos, porque, sin esto, les 
parecia imposible osara el conde hacer guerra al rey; y 
antes de meterse en campaña, quiso ver como lo tomaba 
!a corte, y ho fué poco el •contento que tuvo cuando vio 
cuan unánimes y conformes estaban todos en su servicio, 
reprobando los hechos del conde; y así no hallando contra- 
dicción en los de la corte, tomó grande ánimo y conoció 
por experiencia cuan buenos y fieles vasallos eran los cata- 
lanes; y prosiguió contra del conde en esta orden y modo, 
que á 27 de junio compareció Dalmao Desbert, baile ge- 
neral del principado de Cataluña, con una muy larga peti- 
ción, concluyendo en ella que mandase ejecutar el rey el 
consejo se lo habia dado, mandando prender la ciudad, vi- 



( 479 ) 
lias y castillos del condado de Urge! y vizcondado de Ager, 
y al mismo conde y á todos los que le daban favor y con- 
sejo. El rev mandó luego al gobernador que fuese á ejecu- 
tallo, juntando la gente necesaria para aquella ejecución. 

Mientras estaban el rey y la corte entendiendo en esto, 
llegó la nueva del combate que habian dado á la ciudad 
de Lérida y lo demás que habia pasado en él, que se lo es- 
cribieron al rey Riambau de Corbera y los paeres de Lé- 
rida, que como aun estaban turbados y no sabian de cierto 
lo que habia pasado, alargaban mucho la pluma, refiriendo 
Jo que sabian solo de oida. Sin esto, sucedió también que 
el conde, estando en Aragón, juntó mucha gente de armas, 
y tomó dos lugares, llamados Rafal y Spluchs, porque ha- 
bian recogido dentro de ellos á cien hombres que habian 
hurtado un pueblo suyo llamado Albalati ; y esta salida ha- 
bia hecho á contemplación de don Antonio de Luna, que 
como hombre bullicioso é inquieto, afeaba mucho al conde 
que estuviese siempre retirado en Balaguer y no saliese á 
correr la campaña, y el conde por darle gusto, quiso hacer 
aquella salida, aunque no se vieron él y don Antonio, por- 
que se habia metido muy dentro de Aragón Este hecho 
y el de Lérida no sirvieron sino de irritar al rey, que á 11 
de julio mandó ser despedidas letras para presentarse al 
conde, á los paeres y regidores y singulares de sus pueblos, 
y á los barones, nobles, caballeros, hombres de paraje y ge- 
nerosos que estuviesen en compaña y servicio del dicho cou^ 
de :á él, para que entregase al gobernador la ciudad, vil- 
las y castillos de sus estados; y á los paeres y regidores, para 
que no lo impidiesen, sino que siendo lequeridos del go- 
bernador, obedeciesen á dichas letras; mandando á los ba- 



( -iSO ) 
roñes, nobles , caballeros , hombres de paragc y generosos, 
que se apartasen de don Jaime y no impidiesen al gober- 
nador la ejecución de lo que iba á hacer, con cominacion, 
que haciendo lo contrario , se procedería contra de ellos y 
sus bienes según daria lugar la justicia. 

Dentro de pocos dias salió el gobernador, acompañado de 
don Simón de Mur, Ramonet de Peguera, Macian Despuig, 
Jaime x\lamany de Bellpuig y otros caballeros. Llevaban en 
su compañía á Luis de Torre Morell, escribano del goberna- 
dor , con sus porteros y demás ministros de justicia, nece- 
sarios para aquella ejecución. Llegaron á Lérida, y de aquí, 
pasando la puente, tomaron su camino por Termens, y lle- 
garon un domingo, á 16 de julio á la mañana, á la huerta 
de Balaguer, acompañados de mucha gente que se les ha- 
hvd juntado. Don Jaime estaba en esta ocasión en Albesa, 
<|ue venia de Aragón; y la condesa, luego que descubrieron 
sus atalayas al gobernador, le despachó un correo, y este le 
halló junto al monasterio de. Nuestra Señora de las Parrellas, 
que dista una milla de Balaguer, que venia, y le avisó como 
hablan descubierto al gobernador con mucha gente de á 
pie y de á caballo y se habia alojado junto á la Rápita, en 
una cruz que hay en el camino, y que él que entrase por 
el portal de Alcoraz , que le hallaria abierto. Estaban los 
de la ciudad muy deseosos de salir y pelear con el gober- 
nador y lo dilataban hasta que el conde llegase; pero el go- 
bernador que debió de conocer la intención de los de Ba- 
laguer, mientras ellos estaban pensando en esto, se desalojó 
y fuese á Lérida, y de allí se partió á media noche para 
Albesa en busca del conde y para darle batalla y prenderle, 
!>i pudiera : pero no le halló , porque ya era en Balaguer. 



( 481 ) 
Algunos de los caballeros que habían venido con el gober- 
nador se quedaron en la huerta de Balaguer, con dos trom- 
petas, un portero y Luis de Torra Morell, escribano del 
gobernador, para intimar á los de la ciudad las letras ó 
fijarlas á la puerta de la puente ; pero no osaron, porque 
habia en una torre , que estaba en guarda de ella , y que 
las avenidas de Segre no han dejado rastro de ella, muchos 
ballesteros, y no dejaban llegar á nadie á ella; y así un 
portero tomó una lanza v la fijó en tierra entre la puente 
y la casa fuerte de la condesa, que estaba donde ahora es 
la capilla de Nuestra Señora de la Horta, y en ella deja- 
ron las letras que iban dirigidas á los paeres y vecinos de 
Balaguer, que las que iban al conde y caballeros no pudo, 
porque salieron de la puente algunos con ballestas y lan- 
zas y les tiraron muchas saetas , é hirieron en las nalgas cí 
don Jaime, á Alemany de Bellpuig, y á un soldado en la 
cabeza i y á otro le escalabraron el caballo. Partidos que 
fueron les del gobernador, salieron de Balaguer dos caba- 
lleros, que eran Asbert de Vilafranca y Juan Despes, y to- 
maron las letras que habian dejado en la lanza, y se las lle- 
varon á Balaguer, y publicaron ser letras del rey, pero 
no dijeron lo que contenian. 

Sucedió en este tiempo la rota de Basilio : éste era ge- 
noves y capitán de unas compañías de ingleses , y les hizo 
venir don Antonio de Burdeos , para ayudar al conde de 
Urgel. Estaba Basilio en Loarre , castillo fuerte de Ara- 
gón , y en compañía de don Antonio , cuyo era aquel cas- 
tillo , y habia ya muchos dias que le daba prisa para que 
fuese á Balaguer , porque el conde necesitaba mucho de él 
y de sus gentes, y también por escusar el gasto que le ha- 



( 482 ) 
tia en Loarre ; y no quería este capitán salir de aquel cas- 
tillo, que primero clon Antonio no le pagase lo que le debia 
de su sueldo y de sus gentes ; pero esto era imposible, 
porque don Antonio no habia de qué , y le desengañó ser 
imposible darle un dinero, que no fuese á Balaguer. Sobre 
eso hubo pesadumbres entre los dos , porque Basilio decia 
que él le habia hecho venir , y don Antonio decia ser ver- 
dad , pero que ya se le habia dicho que su venida era por 
servicio del conde y que él le habia de pagar , y temia 
mucho que si Basilio salia del castillo no le hiciese alguna 
traición , y dio orden que si Basilio se queria ir del castillo, 
que no le dejasen salir , de lo que se sintió muy agraviado; 
pero á la postre se reconciliaron, y el uno se aseguró del 
otro con juramentos, y quedaron amigos , y al partirse don 
Antonio le dio un caballo blanco , diciendo &er pieza que 
mucho preciaba , por haber muerto con él á su mayor enew- 
migo ; y decíalo del arzobispo de Zaragoza. Salido de Loar- 
re, tomó el camino del condado de Urgel y dividió sus gen- 
tes , y la una parte de la compañía fué por el Grado y lle- 
gó á Balaguer doce dias antes que el rey pusiese el cerco, 
y Basilio con la otra parte de la compañía vino por el huer- 
to , y cuando pasaron por Alcoka y Castellfollit , tropeza- 
ron con el adelantado mayor de Castilla y sus gentes, que ya 
les habian tomado el paso : les acometieron bravamente, y 
por venir cansados del camino , fueron vencidos y presos, y 
de doscientos caballos que llevaba y otra mucha gente de 
á pie , lio quedó ninguno que no fuese preso ó muerto : al 
capitán con cuarenta llevaron preso á Lérida ; y el rey dio 
luego , á 13 de julio , aviso al papa y muchas ciudades y 
villas , y al baile general de Valencia , y al duque de Gan- 



( 485 ) 
flia , y á muchos otros , de este suceso , y en Cataluña solo 
lo hizo saber á las ciudades do Gerona y villa de Perpiñan; 
y algunos ingleses que habian quedado en Monte Aragón, 
para venir al condado de Urgel , se retiraron á Loarre , y 
de allí se volvieron á Francia , sin poderlo impedir ni don 
Antonio ni otra persona alguna ; y el conde quedó con 
aquellos pocos que llegaron á Balaguer, y por haber tomado 
otro camino diferente del de Basilio, se salvaron. Estaba 
el conde , cuando esto pasó , dos leguas de Alcolea , donde 
iba para verse con don Antonio ; pero luego que supo esta 
rota , se volvió á Balaguer muy triste y apesarado de aquel 
suceso , no tanto por la destroza hecha , cuanto por lo mu- 
cho de reputación que perdieron sus cosas , porque hasta 
aquel punto habia sido muy grande el temor que todos te- 
nian á estas gentes forasteras que don Antonio y el conde 
metian , pero de allí adelante no hicieron el caso que ha- 
bian hecho de ellos; y luego escribió á don Antonio, que lo 
mas presto que pudiese viniese con la gente que tenia , 6 
hiciese de manera que el de Agrámente y Menaut de Fa- 
vars , que habian de venir, entrasen presto, porque deseaba 
mucho fortificarse y ponerse á punto de guerra , y por esto 
necesitaba así de ellos , como también de otros que habian 
de entrar por los puertos de Andorra , y no osaban por te- 
mor del conde de Pallars y vizconde de Castellbó , que no 
querian darles paso , porque eran muy servidores del rey y 
pcdian hacer mucho daño á la gente que el conde hacia ve- 
nir de Francia é Inglaterra. 

Obligaban al rey las novedades que cada dia sucedian, 
que con mano poderosa fuera á resistir al conde de Urgel, 
antes que le vinieran los socorros que aguardaba y se de- 



( 484 ) 
clararan por él algunos de la Corona, que para esto solo 
aguardaban verle puesto en campaña , y estos eran en gran 
número , sin otros muchos que le habian prometido que es- 
tarian á la mira , y si se apoderaba de la corona ó estaba 
en camino de ello , le recibirian por rey y señor ; y esto 
parecia muy factible , v mas en aquella sazón que el rey 
estaba muv falto de gente de armas , porque toda aquella 
gente que habia venido de Castilla se habia ya vuelto y es- 
taban muy descontentos , porque ni se les habia hecho mer- 
ced ni pagado tan cumplidamente como ellos pensaban , y 
pesábales á los castellanos que hubiese el rey metido en su 
servicio gente de la Corona y despedido los que habia lleva- 
do de Castilla; pero el rey, confiando que puesto en campa- 
ña engrosaria su ejército y no le faltariau socorros de Cas- 
tilla , apresuró su partida. '- ' 
El conde , cuando entendió la deliberación del rey y que 
venia para él , estaba muv dudoso de lo que habia de ha- 
cer , si se pondria con todo su poder en campaña , aguar- 
dando al rev , ó si saldria á darle batalla , ó si se encerra- 
ria en Balaguer con toda su gente. Inclinábase el conde, y 
era lo mejor , á salir en campaña , y juntándose con él la 
gente de don Antonio y franceses que aguardaba , correr el 
campo, defendiendo y socorriendo á los castillos fuertes que 
tenia en su estado, y cuando se viese muy apretado, pasarse 
á Francia v salvar su persona , ya que no pudiese su es- 
tado. Deseaba mucho que don Antonio se juntase con él, 
ó almenos le fuera á ver en Balaguer ; pero no se le pudo 
persuadir ni jamas sacarle de su castillo de Loarre , don- 
de estaba tan fortificado , que , si no era por hambre , era 
imposible rendirle : v aunque él habia sido el que habia 



( 485 ) 
inetido al conde en aquella empresa, pero jamas quiso po- 
nérsele al lado , ni salir de las asperezas de aquellos montes 
cercanos á Loarre , porque conocia el gran peligro en que 
se metía. La condesa , que era la primera y principal con- 
sejera del conde, no qiieria que su hijo saliese al campo, 
sino que se estuviese allá con ella y con su mujer , herma- 
nas é hijas , y decia que en los cercos era donde se prueba 
el esfuerzo y virtud del caballero , y le pesa1)a que las deja- 
ra «lias, y confiaban tanto de la fortaleza de aquella ciudad 
y su puesto, que les parecia imposible pudiese durar el rey 
ni sus gentes mucho tiempo en la campaña ; v no erraban 
en esto, si la ciudad hubiera estado tan abastecida de ar- 
mas , pólvora y mantenimientos, como era menester , por- 
que está de tal manera edificada, que con esto y caballería 
bastante que hubiera tenido para correr el campo, podia 
sustentarse largos años contra todo el poder del rey ; por- 
que siendo señor de la campaña ó pudiéndola correr , po- 
dia confiar de grandes socorros , así de la gente de don 
Antonio , corno de la del duque de Clarencia y otros, que 
le podian venir por tierras de don Antonio , confinantes con 
Francia. 

Mientras estaban en esto , salió el conde de Balaguer con 
veinte y cinco de á caballo, y fué á reconocer el castillo y 
y villa de Ager y su valle, y el castillo de Farfanyá y otros 
habia en aquella comarca ; y no fué esto tan secreto, que 
no lo entendiese el rey , que sospechó que el conde se 
queria pasar á Francia y escaparse, y luego que lo supo, 
escribió, á 1 de agosto, desde Tárrega, al conde de Pa- 
llars y otros , rogándoles tomasen todos los pasos de Francia 
y reconociesen á cualquiera que pasara, ora fuese en há- 



( 486 ) 
hito do i'raile , ó porcgrioo , por la sospecha que tema de 
que el condfr le escapase ; pero no fué menester esta dili- 
gencia , porque siguiendo el parecer de la condesa , que 
era el mas peligroso , se volvió á Balaguer , encerrándose 
dentro de aquella ciudad ; y con esto decia que animaba 
aquella gente que le habia valido , pues mostraba querer 
seguir una misma fortuna con ellos ; pero los mas sabios 
y esperimentados decian que aquella era desesperación, 
porque si el rey se apoderaba de Balaguer , el conde que- 
daba perdido , porque no tenia recurso alguno ni podia sal- 
var su estado ni persona , y era imprudencia encerrarse en 
una ciudad en que , sino era de un socorro dudoso , foras- 
tero y apartado , era imposible poder confiar de otro algu- 
no , y sino eran los lugares del condado y vizcondado y al- 
gunos pocos caballeros que estaban con él en Balaguer , na- 
die se declaraba por él , aunque habia muchos que si le 
vieran vencedor , lo seguirían ; pero era imposible llegar él 
á tan feliz estado , porque, el rey era muy belicoso, y á mas 
de la mucha gente que tenia , aguardaba otra que no le 
habia de hacer falta, y su suerte era feliz , así como decaí- 
da y menguada la ventura del conde. 

Salió á 23 de julio el rey de Barcelona para Monserrat, 
y de aquí vino á Igualada , donde halló á Gil Ruiz de Lio- 

ri ■> y 31^ adelantado mayor de Castilla, 

con compañía de gente de armas, muy escogida y lucida: 
de aquí vino á Tárrega , donde estuvo á 1 de agosto ; y de 
allí , con todo su ejército vino h Lérida , y de allá pasó á 
Menargues , pueblo muy bien murado , con su castillo fuer- 
te y muchas torres al derredor , que era del conde de Ür- 
gel y dista solo una legua de Balaguer , donde deseaba lie- 



( 487 ) 
gar el rey aquella noche , pero no pudo, por ir el rio cre- 
cido , y así se quedó allá. El dia siguiente quiso dar com- 
bate al lugar , pero no fué menester , porque se dio á par- 
tido, y el rey encomendó aquella villa y castillo , con títu- 
lo de capitán, á Hugo de Vilafranca , caballero catalán ; y 
esto fué á 5 de agosto, como parece en un registro del rey, 
iol. 47, Curie úcjdli secreli ; y con esto quedó seguro el 
camino real va desde Lérida á Balaguer : y este mismo dia, 
antes que el rey se partiera para Balaguer , llegó al conde 
un socorro de cien hombres , entre de á caballo y de á pie, 
que enviaba don Antonio de Luna , cuyo capitán era R. 
Berenguer de Fluviá. 

Salido el rey de Menargues , pasó el rio, y así siguió el 
camino real va de Lérida á Balaguer , donde llegó el mis- 
mo dia 5 de agosto , con todo su ejército , y habia ya en- 
viado delante á Juan Castillo , alcalde mayor de Toledo, 
Ruy Diaz de Mendoza, Ruy Diaz de Quadros, Juan Carrillo 
de Ormcssa , Sancho de Leyva , Tell González de Aguilar, 
Aznar de San Felices y Pedro Marc , y estos corrieron e! 
campo hasta Balaguer , donde trabaron una escaramuza 
con alguna gente del conde, que habia salido á resistirles. 
Mandó el rey asentar su campo á la mano derecha de la 
ciudad de Balaguer , como va el camino de Menargues á 
Balaguer , de manera que estaba en la vega , entre el ca- 
mino y el rio. El dia siguiente se reconoció el sitio de la 
ciudad y se asentaron las tiendas del rey y de su meznada, 
en un cerro alto que está á la otra parte de la ciudad y 
á la mano izquierda de ella ; é hicieron un palenque á la 
redonda , porque pensaba la gente del rey que don Jaime 
saldría , porque habia dicho muchas veces que cuando el 



(•488 ) 
rey "llegase á la vega , ó! pensaba salir y acometerle , cou- 
tiando de las lombardas que tenia desbaratarle ; pero no í*f 
movió de la ciudad. 

Está la ciudad de Ba laguer á la ribera del rio Segre, 
cuyas aguas bañaii sus muros, y tendida á la orilla de aquel 
rio y por la parte del poniente tiene una vega , que se es- 
tiende hasta Lérida , poblada de muy hermosas huertas y 
jardines y de muy grandes y espesas alamedas, en campo á 
maravilla fértil y abundoso. En lo mas alto de la ciudad, á 
la parte del oriente, habia un alcázar muy fuerte y de obra 
y artificio muy suntuoso y excelente ; y muy cerca , hacia 
levante, en un alto recuesto, habia un monasterio de mon- 
jas franciscas , y entre él y el castillo una muy honda cava 
que los dividía. El adarve de la ciudad se juntaba con e! 
castillo y se derribaba en una honda valle, donde habia un 
portal , y de aquí subia otra vez por el recuesto arriba , y 
circuia la ciudad por un cerro que la rodeaba toda por !a 
parte del septentrión , y llegaba á una esquina que mira 
hacia el camino de Lérida ; y habia en este discurso de mu- 
ro dos puertas , una que llamaban de la Jueria , y otra que 
está detras la iglesia Mayor. Estaba todo muy torreado , y 
un poco mas alto de la puerta de la Jueria habia una her- 
mosa torre , que hoy llaman la Gironella , por girarse aquí 
el muro , y en la esquina que mira hacia Lérida hay otra 
torre cuadrada : desde ella se derriba el adarve por un re- 
cuesto muy difícil de subir, y llega á la puente do Lérida, y 
de allí se tiende otro muro hasta el rio , que hace una es- 
quina y se tiende hasta la puerta, que estaba guardada con 
dos torres , una á la entrada y otra á la salida ; y aquí aca- 
ba la ciudad, y desde la puerta al castillo no habia muro. 



( 480 ) 
}>(>r ser lodo el recueslo que subia desde la puente al easli- 
llo de peña tajada. De esta manera estaba aquella ciudad y 
está hoy , aunque el castillo del todo dirruido , que solo se 
conoce rastro del muro y torres de él ; y fuera de la puen- 
te habia un monasterio de religiosos de Santo Domingo, 
fundación de don Armengol de Cabrera , conde de Urgcl, 
y tras de él una casa fuerte ó castillo que habia edificado 
la condesa doña Margarita , y por esto la llamaban la Casa 
fuerte de la Condesa , y estaba muy bastecido y pertrecha- 
do ; y cuando llegó el rey á sentar su real , ya los monaste- 
rios estaban desiertos. En el monasterio de las monjas que 
llaman de Almata , que está á la otra parte del castillo, en 
lugar alto , sentaron sus tiendas don Bernardo de Centellas, 
Gil Ruiz de Liori , el mariscal Alvaro de Avila y Pedro 
Alonso de Escalante, y tenian hasta setecientos hombres de 
armas , y estaban expuestos al daño que podian recibir del 
alcázar , por estar muy cercanos é inferiores á él , y su- 
jetos á la caballería del conde , que corria toda aquella 
campaña. El adelantado mayor de Castilla con seiscientas 
lanzas puso sus tiendas cerca de la ciudad , en la valle que 
está junto á la puerta de la Jueria , cercando así la ciudad 
por la parte de los recuestos y montecillos que la circuian: 
por la parte del rio pusieron también sus estancias, defen- 
diendo todas las salidas y entradas de la ciudad. En el en- 
tretanto que se asentaba el real, Juan Delgadillo y Juan Car- 
rillo , con cincuenta caballos , fueron á reconocer el lugar 
de Castelló de Farfanya , que estaba muy fortalecido y en 
buena defensa , y aquí prendieron dos hombres, y supieron 
de ellos, como cu Albesa estaban muchas muías, yeguas \ 
vacíis de los vasallos del conde, y, fueron allá y las prcndie-^ 
TOMO X. 33 



( m) ) 

ron y las llevaron al real , y hallaron cuatrocientas cincuen- 
ta cabezas de yeguas, vacas y muías , y el rey les hizo mer- 
ced de la parte que de aquella presa le tocaba , y corrieron 
los lugares que el conde tenia en aquella comarca. Por otra 
parte la gente del conde hacia gran daño á los que venían 
de Lérida al real, y no osaban venir por el camino va de 
Lérida á Menargues y de Menargues á Balaguer , sino que 
iban por el camino hay desde Lérida á Térraens y de Tér- 
mens á Balaguer, y cuando llegaban no podian juntarse con 
la otra gente del rey . por la dificultad habia de pasar el 
rio; y por esto el rey mandó asegurar el camino hay de 
Menargues á Balaguer , y mandaba que los que venian de 
Lérida fuesen á Menargues , y de allá el capitán de aquella 
villa y castillo tenia cuidado de encaminarles por caminos 
que no recibiesen daño , y á 10 de agosto escribió á la rei- 
na , que era en Lérida , hiciese venir por Menargues la 
gente que le enviaba , y no por otra parte. 

A 19 de agosto llegó don Alfonso de Aragón, duque 
de Gandía, que habia sido uno de los competidores, con 
muchos barones y caballeros del reino de Valencia, á ser- 
vir al rey en aquella jornada. Cuando llegó, ya tenia el rey 
cercada la ciudad. Venian con él trescientos caballos, á su 
costa, y estuvo con ellos todo el tiempo que duró este cer- 
co. La víspera de San Bartolomé mandó el rey al duque 
que pasara de la otra parte del rio y se alojase cerca del 
monasterio de Santo Domingo ; y cuando iba á poner sus 
estancias, le fueron á acompañar don Pedro Maga de Li— 
cana con cien caballeros y don Bernardo de Centellas con 
algunas compañías de á caballo; y á la que estuvieron cerca 
del monasterio, salieron de la ciudad v de las barreras que 



( Í91 ) 
estaban junto ú la puente algunas compañías de á caballo 
y de ballesteros y flecheros ingleses, gascones y de la tierra, 
y le acometieron, y el rebato fué de manera, que los del 
conde le mataron mucha gente. El dia siguiente se juntaron 
con «'•1 don Guerau Alaniany de Cervelló , gobernador do 
Cataluña, don Borenguer Arnau de Cervelló, don Pedro 
de Cervelló, don Antonio, hermano del conde de Cardona, 
V don Ramón de IJages, con seiscientos de á caballc», v 
se alojaron ccixa de! monasterio, que era uno de los pues- 
tos mas peligrosos , porque era muy combatido d(! la gentr 
(juc habia en la Casa fuerte de la Condesa, y de los de la 
ciudad, que sojuzgaba todas aquellas estancias, v les fatigabais 
mucho con las piedras de los trabucos y balas de las bom- 
l^ardas que de continuo Uovian sobre ellos. Entonces quiso 
el duque tomar el monasterio ; pero halló en la gente que 
estaba dentro de él brava resistencia, y el conde le habia 
muy bien fortiticado, y sobre el tomarle hubo muchos he- 
ridos de las dos partes, y por no poderle entrar aquel dia,, 
«juedó el duque alojado á la campaña. El dia siguiente, que 
iMa viernes, á 2o de agosto, al quebrar del alba, mandó el 
duque armar toda su gente y dio un gran combate al mo- 
nasterio, y le entró á fueza de armas, y murieron mucho* 
del conde, algunos del duque, y fueron los heridos muchos; 
y dicen que don Pedro Maca de Li^ana se señaló mucho 
en estos encuentros que tuvieron la gente de! duque y la 
del conde, cuando (|uerian alojarse ; y tomado el monas- 
terio , la gente que estaba dentro de él se acogieron uno? 
á la puente y otros á la Casa fuerte de la Condesa, 

Pasaron muchos dias antes que estuviesen á punto iaí^ 
máquinas, y si no lucra por la gran copia de madera qup 



( 492 ) 
rortaban, tardaran mucho mas. Labráronse muchos trabu- 
cos de estraña fuerza y grandeza en Lérida, y en su reai 
tenia el rey muchos maestros de fundir de artillería , que 
de dia y de noche trabajaban en ello ; y de Barcelona, Va- 
lencia y Aragón llevaron allá gran cantidad de metales, y 
de los pueblos circumvecinos traian leña y carbón, y así con 
mas facilidad era fundida y puesta á punto, que si se hu- 
biera de llevar de Barcelona ó de otra parte , y labrábase 
muy gruesa y de extraordinaria forma. Sin esto, se trabaja- 
ba mucho en hacer gran cantidad de pólvora, y traian el sa- 
litre y piedra azufre de Barcelona, que el infante doa Al- 
fonso y el obispo de León, que estaba con él, cuidaban 
mucho de esto, y eran muy solicitados del rey, y cada dia 
les avisaba de la falta que tenia de semejantes cosas. Sin 
esto, cada dia^ enviaba el rey á buscar cnerdas de cáñamo 
muy fino para los ingenios y máquinas, y con esto se iban 
aparejando todos para el combate de la ciudad. Estaba ella 
toda muy bien murada y toireada, y con muy mucha y muy 
aventajada ballestería, y habia algunas lombardas que tira- 
ban de cinco á siete quintales de bala, y la mayor de ellas 
habian labrado en Castellón de Farfanya, y por su gran- 
deza llamábanla la lombarda mayor. Habia algunas treinta 
de ordinarias, que tiraban una bala mas gruesa que una na- 
ranja, y sin esto habia muchos otros tiros de pólvora, que 
aun el dia de hoy hay muchas de estas lombardas en la 
casa del regimiento de la ciudad de Balaguer, y están en- 
castadas enmadera, y á lo que se vé no estaban como hoy 
en carros, sino que puestas en su lugar, con la mano se 
volvian á la parte que querian, alzándose y abajándose, se- 
gún ora menester para hacer el tiro mas cierto y largo; y 



( 493 ) 
eran hechas de piezas, de manera que una lombarda de es- 
tas era compuesta de muchas piezas, que juntas unas con 
otras, estaban con aros apretadas como si fueran una cuba, 
y así, hechas piezas , podian ser llevadas donde querian con 
mucha comodidad. Todas estas bombardas fueron en la 
mejor ocasión de muy poco provecho, porque le vino á fal- 
tar al conde la pólvora, que tan necesaria era para la de- 
fensa de aquella ciudad, y esto se atribuyó á poco cuida- 
do de él y de Jos que le aconsejaban, porque no hay tier- 
ra en España, ni aun en el mundo, que produzca mas sa- 
litre que los llanos del condado de Urgel y toda aquella 
comarca; y así como el conde tuvo falta de otras cosas que 
para su empresa le faltaron , la tuvo y muy grande de pól- 
vora, y toda aquella artillería quedó antes de tiempo inútil 
y sin provecho. Armaron los ingenieros del rey algunos cas- 
tillos de madera , y los arrimaron al muro que circuye la 
ciudad por la parte del septentrión, y de allí daban gran da- 
ño á los del muro y torres, y aun á los que iban por la ciu- 
dad, por ser ellos mas altos que los muros y torres que la 
cubrian , y por estar superiores , no osaban salir de las ca- 
sas , porque luego que salian , Uovian saetas y piedras en 
inumerable multitud sobre ellos. Púsose á punto la bate- 
ría así de trabucos como de bombardas, y era mas con ím- 
petu y fuerza, que con combates de escaramuzas y peleas; 
aunque los de la ciudad ponian toda la fuerza en dar re- 
batos sobre las estancias , acometiéndolas por diversas par_ 
tes, como gente plática y diestra y que sabian volverse á 
la ciudad sin recibir daño alguno, porque iban siempre ad_ 
vertidos : bien es verdad que el conde no gustaba de esto, y 
temeroso ya de indignar al rey, queria que los suyos no acó- 



( 494 ) 
metiesen, sino que se defendiesen. Pelearon al principio al'- 
giirios diás de esta manera, porque no estaban cansados del 
continuo alan y ejercicio de las armas; y aunque eran com- 
batidos por diversas partes, pero no por eso desmayaran, 
si no vieran que de ninguna parte podian ser socorridos, y 
cuanto mas iba, mas incierto era el socorro que aguarda- 
ban de Gascuña é Inglaterra. En estos aprietos tuvo el con- 
de un alegrón , y fué que supo de cierto que al pie del 
puerto estaban para entrar en su valimiento T. de Monbru, 
Juan Ros y Ramonet de la Guerra, capitanes franceses, con 
mil doscientos hombres de á caballo, y babian ya recibido 
del conde 6000 florines á buena cuenta de lo que habian 
de haber por su sueldo, \ querian que fuese suyo todo lo 
que pudiesen tomar, y á mas de esto pidieron 400 flori- 
nes luego de contado; y esto lo pedian á un caballero de 
casa del conde, que se llamaba Gispert de Guillaniu, que 
era el que los guiaba, y no se los pudo dar porque no los 
tenia , y del pillaje no les quiso prometer sino la mitad, y 
sobre esto tuvieron sus dares y tomares, y á la fin Gispert 
de Guillaniu lo vino á decir al conde, su señor, que le 
mandó luego volver á ellos, y le dio 2000 florines ; pero 
cuando llegó, ya no halló ninguno, y se quedaron con los 
6000 florines que teman recibidos, y decian que se habian 
pasado á servir al conde de Armeñac , y jamás hubo mo- 
do de hacerles venir, aunque fué allá Gispert de Guillaniu, 
y no acabó nada con ellos, ni aun pudo cobrar un mara- 
vedí de los 6000 florines. En estos aprietos y trabajos es- 
taba la condesa tan animosa y confiada, que afirmaba que 
había de hacer á su hijo rey, y estaba muy sentida cuando 
alguno al ejército del rev llamaba real, porque decia, que 



( 49o ) 
donde no hay rey no hay real, porque don Fernando no era 
rey , sino infante de Castilla , y así le nombraba ella y 
queria le nombrasen los demás ; y sobre el poco respeto 
con que trataba y hablaba del rey , habia cada dia disen- 
siones entre ella y la infanta , su nuera , que era mujer muy 
cuerda y sabia, y le pesaba de la imprudencia y desacato de 
la suegra. Habia también un micer Tristany, cuñado de B. 
Ramón de Fluviá, que la animaba, y solia decir que habia 
de trabajar hasta ver el conde rey, y entonces cesaria y 
reposaria. Habia muchos que estaban acobardados y les pe- 
saba haberse metido en aquellos laberintos, y con estos se 
valia la condesa de unas letras fingidas qne escribía un clé- 
rigo de su casa, llamado Pedro Martin : estas se las hacia 
llevaf la condesa, y daba á entender que eran avisos de los 
grandes socorros que le venian al conde , su hijo, y publi- 
caba por cosa cierta é indubitada que don Antonio de Luna 
y el duque de Clarencia habian de entrar con 30.000 (?) 
de á caballo ; y una noche hizo en Castellón de Farfanva 
grandes fuegos y luminarias, para dar á entender que habia 
venido socorro y que así todos se animasen. Publicaba asi- 
mismo que su hijo habia sido veinte y un dias rey , y que 
malas personas le habian quitado el reino ; pero los veci- 
nos de Balaguer conocian muy bien que todo aquello que 
ella decid era mentira , y se dolian de que queriéndoles ella 
engañar , quedasen engañados ella misma y el conde , su 
hijo. Con todo , los paeres de aquella ciudad , por ver si 
era verdad lo que decia la condesa, enviaron sus espías, v 
supieron que no habia rastro de socorro , y se lo hicieron 
saber al conde, para que las vanas esperanzas no acabasen 
de perderle , y le persuadían que tomase con el rey el me- 



( 196 ) 
jor partido que pudiese , pues sus cosas se encaminaban a 
estado infeliz y miserable ; pero él siempre les decia que 
se defendiesen valerosamente en el entretanto que tardaba 
el rey en cumplirle ciertas promesas que le habia hecho, y 
él les prometió alcanzar del rey perdón para todos los que 
estaban con él , y que así no habia para que haberse de es- 
pantar , sino defenderse valerosamente. 

Por el contrario , á los del real cada dia les crecia la 
gente , y los unos sucedian en el trabajo de los otros con 
■gran alivio ; pero los cercados , como no eran tantos que 
pudiesen por muchos dias defenderse de un ejército tan po- 
deroso , ni eran todos soldados , sino los mas gentes de sus 
casas, mas avezados al labor del campo y labranza que á 
hechos de armas , y también que la fatiga de la noche se 
les continuaba en la del dia , perdieron aquel ánimo y fer- 
vor que mostraron en los primeros acometimientos , y lo 
que peor era , dejaban sus estancias y se acogían á lo mas 
seguro , fuerte y menos peligroso , porque el castigo no era 
tan riguroso como requiere la guerra, por el respeto de los 
vecinos de la ciudad , de quien se tenia mayor desconfian- 
za , porque estos comunmente tenian á locura el haberse 
metido el conde en guerra con el rey , y no haberles pedido 
consejo , y estaban lastimados en ver de sus ojos talar sus 
campos y heredades y cortar los árboles de ellos , á mas 
de lo que padecían dentro de la ciudad , en sus casas , que 
con la batería de las bombardas y trabucos se hundian las 
mas , sin que bastase reparo ni invención contra las pie- 
dras que echaban aquellas máquinas , labradas de los árbo- 
les de sus heredades y campos. 

Reconocia el conde el gran peligro en (|uc estaba v la 



( ^^07 ) 
falta de gente que tenia, y acordó de enviar á Menaut de 
Favars , capitán francés , que le había venido á servir , á 
Francia , para que le trajese las mas compañías de gentes 
que pudiera , para que con ellas se pudiera defender y li- 
brar del gran peligro en que se habia metido ; dióle por 
esto muy gran cantidad de dinero ; y esta idea era traza del 
mismo Manaut , para salirse del peligro y llevarse el dine- 
ro del conde. Tenia en aquella ocasión la guardia del real 
Luis de La Cerda , con sesenta de á caballo , y estaba en- 
tre el camino que va de Balaguer á Lérida y el rio ; y co- 
mo los de la ciudad conocieron que era poca la guardia, 
salieron por la puerta de Lérida, y Menaut de Favars por 
otra que llamaban de la Jueria , y eran todos ciento cin- 
cuenta de á caballo , y dieron de im.proviso sobre ellos, ha- 
llándoles desapercibidos , y el mismo Luis de La Cerda, 
desarmado. Lleváronse catorce ó quince acémilas y ocho ó 
diez hombres , que no se pudieron escapar, y los demás se 
retiraron , porque no podian resistir al ímpetu y fuerza de 
los de la ciudad , y murieron algunos de la gente del rey. 
Entonces salieron á este rebato el adelantado mayor de 
Castilla y Juan Hurtado de Mendoza , con hasta mil de á 
caballo, é hicieron retirar á los que habian salido y meter- 
se dentro. Hubo de los de Balaguer siete ú ocho muertos 
y muchos heridos, y de allí adelante se puso mejor recau- 
do en la guardia del campo, de tal manera, que los de Ba- 
laguer pensaban mucho en salir. Menaut de Favars , mien- 
tras estaban los otros en la pelea , se puso en salvo con el 
dinero que el conde le habia dado para hacer gente , y 
jamas volvió ni con ella , ni sin ella ; y después supieron 
que valiéndose de una carta del conde de Urgel, habia co- 



( 498 ) 
bradü del de Fox mil florines que le debia, y se quedó con 
todo este dinero. Aconteció esta huida de Menaut á los úl- 
timos dias de agosto , y el rey luego que lo supo , dio avi- 
so de ella al conde de Pallars y á Roger Bernat de Palláis 
y á Jofre de Labracetola , que estaba en guardan del paso 
de Francia , para que le detuviesen ; pero él fué mas dili- 
gente que el que llevaba el aviso , que cuando llegó allá, 
ya habia pasado y estaba en salvo. 

Publicábase cada dia en el real, que venian al conde gran- 
des socorros, y esto daba mucho cuidado, porque sabian que 
si llegaran y no les faltaran vituallas , se podrian muy bien 
sustentar todo aquel invierno , resistiendo valerosamente al 
rey y á todo su ejército ; y no era poca la pena y cuidado 
que esto daba , porque si aquel cerco se fuera adelantan- 
do , corria riesgo que las cosas no tomaran alguna mudan- 
za y dieran harto en que entender al rey , y así hacia todo 
lo posible por rematar la guerra y tomar la ciudad y al 
conde. Sentia , por esto , mucho la dilación que habia en 
labrar los castillos y máquinas eran menester para aquella 
presa, y la poca abundancia de mantenimientos que habia 
para tan grande ejército , y en que habia tantos y tan prin- 
cipales señores, y todo se habia de traer de lejos; y habia 
alguna dificultad en la provisión de ellos , porque el año era 
estéril y caro, y todos los de aquella comarca habia man- 
dado recoger el conde en sus villas y castillos fuertes , y 
habia ya muchos dias que habia hecho trabajar en esto, y 
los que habian quedado eran ya consumidos ; y así á los 
del rey no les quedaba otra cosa sino ser señores del cam- 
po yermo y desnudo , que las otras incomodidades comu- 
nes, eran así á los del conde , como á los del rev, Y lo ^<^' 



( 499 ) 
bian de ser mayores, si entrara el invierno, por ser aquella 
tierra de su naturaleza muy fria y descubierta, y el aire 
muy húmedo , por unos vapores que salen del rio , que lla- 
man por allá bromas , que de diez pasos no se conoce un 
hombre, por la gran espesura de ellas; y esto es tan ordi- 
nario cada año , que dura todo el invierno , y pasan quince 
dias y aun mas de un mes que no ven el sol ni señal de 
él ; y estas incomodidades y frios los habian de hacer ma- 
yores la falta de leñas, de que aquella tierra es muy esté- 
ril ; y todo esto era malo para los de la campaña, que no 
estaban hechos á ello , y los de la tierra lo pasarían harto 
bien, por estar criados con ello y serles cosa natural; y aun- 
que los mas castellanos que tenia el rey eran soldados vie- 
jos , estaban acostumbrados á pelear con los moros , pero 
no á sufrir las inclemencias de aquel cielo ; y lo que peor 
era, que habia algunos entre la gente del rey , porque eran 
de diversas naciones , y habia en el gobierno y regimiento 
de tanta gente mal orden y gobierno, y á aquellos les do- 
ha que las cosas del conde de Urgel hubieran llegado á tai 
estado , y estaban arrepentidos , que de no , le hubieran 
valido á los principios, y holgaban de las incomodidades se 
padecian y las sufrian de buena gana, con que el conde de 
Urgel , que no podia salir con lo que habia emprendido, 
salvara á lo menos su persona. El rey era soldado y sabia 
todo esto , y conocia que en aquel estado el único remedio 
era la brevedad y conclusión de la guerra, y que toda dila-r 
cion á él le era mala y al conde podia ser provechosa y 
mejorar su estado presente, y así resolvió de tomar la ciu- 
dad por combate y á fuerza de trabucos, y esto lo mandó 
poner luego en ejecución', porque tenia ya á punto todas 



( 500 ) 
las máquiuas y municiones necesarias , y sabia que soló el 
temor y fuerza de la batería habia de acobardar al conde y 
sus valedores; y esta no la quiso dar en solo una parte, si- 
no por todas las que le parecieron á propósito para poder 
rendir aquella tan fuerte ciudad. Por la parte del monas- 
terio de Almata, que estaba al frente del castillo, á la par- 
te del oriente, y era por donde el combate tenia mas fácil 
la ofensa , combatian el adarve del castillo don Bernardo de 
Centellas y Alvaro de Avila , mariscal del ejército; y Pero 
Alonso de Escalante, por otra parte, combatia una torre del 
mismo castillo ; y esta batería se hacia de lugar mas alto 
que el castillo , con una máquina y dos bombardas que ha- 
cian mucho daño en el adarve y torre del castillo ; y con 
otra máquina mayor se combatia una esquina de aquella 
ciudad que mira hacia el septentrión, y era de tal artificio y 
grandeza, que lanzaba una piedra de peso de treinta y cua- 
tro arrobas; y de esta batería y máquina tenían cuenta Juan 
Hurtado de Mendoza , mayordomo mayor del rey de Cas- 
tilla, y don Juan de Luna, y estaba cercada con un palen- 
que, para defender que no saliesen á quemarla, y no habia 
por do entrasen en él. 

■iíJ Habia otro palenque á la parte del camino de Lérida, en 
que habia tres bombardas que tiraban á las torres y muro 
de la ciudad , que están entre el portal de Lérida v el rio; 
y esta batería cuidaba Diego Hernández de Vadillo, secre-r 
tario del rey, y Pedro Alvarez Nieto; y hízose una cava hon- 
da entre el palenque y la ciudad , y entre estas bombardas 
habia una muy grande de fuslera , que mandó el rey labrar 
en Lérida , que tiraba una piedra de cinco quintales y me- 
dio , que aun hay muchas en aquella ciudad en las bodegas 



( 501 ) 
y otros lugares, y algunas de ellas tienen mas de siete pal^ 
mos de rueda; y labróse también en aquel mismo lugar un 
castillo de madera , bien alto , donde se pusieron algunas 
cuadrillas de ballesteros, que liacian tanto daño, que no se 
asomaba ninguno por las torres y almenas, que no fuese he- 
rido. 

A la parte del puente, donde estaba el duque de Gandía, 
se armó en el monasterio de Santo Domingo un ingenio que 
llamaban cabrita, y con ella y una bombarda de cobre que 
habian llevado de Barcelona , que era del general de Cata- 
luña y tiraba bala de cuatro quintales de peso, se batia la 
primera torre del puente y la Casa fuerte de la Condesa, 
que se defendia con mucha ballestería y tenia muy buena 
cava y estaba muy fortificada. Pero todo esto se ponia en 
orden con mucha tardanza y pesadumbre , y pasaban mu- 
chos dias, entretanto que se aumentaban las bastidas y una 
grande escala con que se habia de llegar á dar el combate 
por todo el ejército , y labrábalas un Juan Gutiérrez de 
Enao, gran artífice de aquel menester, que hizo las basti- 
das con que se tomó Antequera. 

Entretanto que se ponían á punto todas estas cosas, 
mandaba continuar el rey el proceso que habia empezado 
en Barcelona contra del conde; y á 10 de agosto mandó 
que se le hiciesen letras y á los paeres de la ciudad y ve- 
cinos de ella, y á los barones y caballeros que estaban en 
servicio del conde , en que mandaba notificarles y referirles 
como habia mandado presentarles otras letras, despachadas 
en Barcelona á los 11 de julio, que llevó el gobernador de 
Cataluña con muchos caballeros y oficiales <(ue le acompa- 
ñaban , V no fueron obedecidos ; y así de nuevo mandaba 



( 30^) 
despedir estas segundas, en que mandaba lo mismo que en 
las primeras. Bien sabia el rey que no liabian de darse ni 
á los que iban dirigidas ; pero cuanto mas justificaba su 
causa con esto , tanto hacia la culpa del conde mayor y se 
le aumentaban los motivos habia de tener para castigarle. 
Despachadas las letras , no hubo portero que las osase pre- 
sentar , porque así como se acercaban á los muros , les ti- 
raban balas y saetas ; y el rey mandó hacer un pregón al 
derredor de la ciudad de Balaguer y publicarlas, para poder 
mejor proseguir contra del conde , como inobediente , se- 
gún la justicia le daria lugar. 

Si las letras de 11 de julio y el gobernador que las lle- 
vó acabaron poco con el conde , mucho menos obraron es- 
tos pregones; pero el rey, que deseaba proceder en esto con 
madureza, mandó , á 22 de agosto, hacer otro, en que- re- 
firiendo lo mismo que habia dicho en los otros , dio per- 
don general á todos y cualquiera delincuentes hubiese en la 
ciudad de Balaguer , con que dentro de quince dias de la 
publicación de aquel pregón saliesen de ella v del todo se 
apartasen del servicio y compañía del conde , y no lo ha- 
ciendo , les declaraba por traidores. Exceptuaba empero y 
no queria ser comprendidos en este perdón los que hubie- 
sen cometido delitos de herejía , sodomía , y hubiesen sido 
presentes y consentido en las muertes del arzobispo de Za- 
ragoza y gobernador de Valencia , porque de los tales deli- 
tos no era su intención conceder perdón; pero dábales guia- 
je de dos meses, con que durante aquel no pudiesen entrar 
en las ciudades de Zaragoza, Calatayud , Da roca , Teruel. 
Albarrazin , ni Valencia , y los que habían sabido en l.¡ 
muerte de Sancho Sánchez Domingo no pudiesen , sin S!i 



( m^ ) 

licencia , entrar en la ciudad de Teruel y sus aldeas, v es-» 
to por quitar escándalos ; pero por esta remisión no se re- 
mitia la enmienda civil que eran obligados y debían hacer á 
aquellos que estaban ofendidos de los tales delincuentes. 
Publicáronse estos pregones junto á los muros de la ciudad, 
en lugares donde podían con mayor comodidad ser oídos, y 
tenían reparo de no ser ofendidos ; y entonces , á 20 de 
agosto, el abad y oficiales del monasterio de Nuestra Seño- 
ra de Bellpuig de las Avellanas se apartaron del conde , y 
el rey les concedió perdón general. 

Entonces fué cuando hizo francos á los de Os de todo lo 
que debían á doña Leonor , hermana de don Jaime , que 
era señora de aquel lugar y otros que le había consignado el 
conde, en pago del legado ó manda le había hecho el con- 
de don Pedro en su testamento , como parece en un re- 
gistro Commie del rey, de los años 1414 y 1415, folio 21. 

Acabado el dicho término , á 5 de setiembre del dicho 
año, mandó hacer en el monasterio de Almata , en parte 
que los del castillo lo pudieran oir, otro pregón en que, de 
gracia, por ser acabados los quince dias, los dilataba y pro- 
rogaba, hasta 10 del mes, que era domingo , que este año 
era letra dominical A. 

Entre tanto que se hacían estas monitorias y se apareja- 
ban las baterías , envió el rey para combatir los lugares y 
castillos del conde á don Pedro Giménez de Urrea , que lle- 
vaba las compañías de don Pedro Nuñez de Guzman , Juan 
Delgadillo, Garcí Fernandez de Herrera y Juan Carrillo de 
Toledo , guarda mayor del rey , y fueron con ellas las de! 
gobernador de Cataluña y de Jtian de Vilarasa; v cada uno 
de estos caballeros iba por su parle á hacerle guerra en el 



( 504 ) 
íístado del conde. Ganáronse por combate muchas fuerzas^^y 
otras se dieron á partido : en Aragón, á 16 de agosto, ^ 
dieron x\lcolea, Almolda, Castellfollit , Albalat, Oso, Rá- 
fols, Puig de Cineu, Estañosa y otros muchos lugares de las 
baronías de Entenza ; en Cataluña se ganaron por combate 
y dieron á partido Albesa, Ivars, Os y las Avellanas : á 20, 
después de ser estado muy combatido y precediendo cier- 
tos tratos y convenciones con el gobernador , se entregó 
Agramunt. Eran estos pactos , entre otros, que quedasen 
ilesos los derechos tenia la infanta sobre Agramunt , que le 
fuesen confirmados los privilegios , que no entraran dentro 
de la villa sino cierto número de soldados, que fuese ca- 
beza de veguería y que no pudiese ser enajenada de la co- 
rona real, salvo en favor del conde de Urgel , mujer é hijos 
suyos , que le diese el rey elongamenl para pagar sus censa- 
les y deudas, y que fuese concedido perdón general, salvo 
en los que sabían en la muerte del arzobispo de Zaragoza, 
sodomitas , herejes y fabricantes de falsa moneda y otros. 
De esto se recibió auto día 13 de este mes, en poder de 
Luis Torremorell, en la iglesia del Santo Espíritu, junto á 
la dicha villa de Agramunt : este auto he visto entre los pa- 
peles del archivo del duque de Cardona. Arbcca , Liñola, 
Gastelló de Farfanya y otras fuerzas se defendieron, y no se 
quisieron rendir hasta que se ganó Balaguer. Los del viz- 
condado de Ager y ribera de Segre arriba, que están ceñi- 
dos de bravas y ásperas montañas, como son Pons , Uliana 
y Tiurana, no se acometieron entonces, hasta ver el suceso 
de Balaguer. En este medio se fué el cerco estrechando ca- 
da dia , de manera que ninguno podia entrar ni salir de la 
ciudad, que no diera en manos de sus enemigos; y los cer- 



( ms ) 

tíados no solo se ponian á la defensa . pero con gran furor 
hacían sus arremetidas y ponian en rebato al ejército. Un 
lunes , 4 del mes de setiembre , acometieron las estancias 
del duque de Gandía y prendieron veinte soldados que an- 
daban desmarrados por el campo , y todo el daño que reci- 
bieron estos resultaba de tener los del conde en defensa la 
Casa fuerte de ia Condesa , que estaba junto á las estancias 
del duque de Gandía ; y parecia mal consejo no haber pri- 
mero combatido aquel fuerte, estando tan cercano á ellos; 
pero en todo lo que se emprendía habia cada día diversos 
consejos y pareceres entre los catalanes y castellanos , v no 
era de mara>illar , habiendo tanta diversidad de personas 
principales y gentes de diferentes naciones, que habian acu- 
dido en servicio del rey en aquella empresa. 

Publicábase cada dia que de Francia venia gente en so- 
corro del conde, y eran mil hombres de armas y mil ba- 
llesteros, y sobre el salirles á resistir y en qué forma y or- 
den, habia diversos pareceres : los aragoneses y catalanes 
querían que de tres mil caballos que tenia el rey en su real, 
salieran mil trescientos , con la gente que se les pudiese 
juntar de la tierra, á resistirles , y que los mil setecientos 
quedasen en el real; los castellanos decían, que no era bien 
se dividiese la gente era sobre Balaguer, antes que enviase 
por mas reforzarse, y que antes que el socorro que venía 
al conde llegase á Balaguer, que el rey saliese á darles ba- 
talla , y seria fácil vencerles, por llegar cansados y con la 
fatiga del camino. En esta diversidad de pareceres y discor- 
dia de naciones, salió don Ramón de Bages, caballero ca- 
talán, y dijo: que el rey les enviase un buen número de ca- 
ballos que viniesen escaramuzeando con ellos, y cansándo- 
TOMO X. 34 



( 506 ) 
les sin dejarlos divertir á ninguna parte , y que les recono- 
ciese y avisasen al rey del número y fuerzas de ellos , por- 
que así cansados, pereciesen por el camino, ó llegasen tales 
que pudiese la gente del rey con facilidad acaballos ; y esto 
agradó al rey y á todos , pero no fué necesario haberse de 
hacer esto , porque ni el socorro vino , ni aun pensaban en 
ello aquellos de quien el conde mas confiaba. 

Tenia el rey muchos albañiles y cortadores de piedra, que 
en Cataluña llaman moleros , porque hacen las piedras de 
los molinos , que llamamos muelas; y estos habian venido 
de Barcelona y de los demás puntos de Cataluña y Aragón, 
los que cada lugar podia enviar, y no entendian en otra co- 
^ sino en cortar piedras y hacerlas redondas para arrojar- 
las con las máquinas y artillería ; y habia mucha falta de 
estas piedras , porque como la batería era tan continua , se 
gastaban muchas, y al tiempo que mas necesidad habia de 
estos , casi todos se fueron huyendo, y el rey lo sintió mu- 
cho, porque se eran idos sin licencia y en ocasión que mas 
necesitaba de ellos , y por su causa hubo de parar la bate- 
ría, y les mandó ir á la zaga y los prendieron hasta veinte, 
y atados con cadenas los volvieron al real ; y envió el rey 
al infante don Alfonso y al obispo de León , que estaban 
en Barcelona , y á muchas universidades , una letra de 20 
de setiembre, en que les encarga le envien los mas albañi- 
les y cortadores de piedra que puedan , por la falta que 
habia de ellos para los trabucos y bombardas, y también 
les pedia á ellos y al arzobispo de Tarragona cáñamos pa- 
ra cuerdas, de que habia mucha falta , para el manejo de 
los trabucos y máquinas. 

Padecíase ya en la ciudad en esta ocasión gran necesidad. 



( o07 ) 
y ios ingleses se quejaban de q(ie don Jaime no les daba la 
comida con la abundancia que solia : ya no se pagaba el 
sueldo á la gente de guerra , porque el conde habia acaba- 
do el dinero , y aquel gran tesoro que le dejó el conde, su 
padre , tan encarecido de Valla , estaba consumido , y era 
lal la falta de provisiones, que habia muchos que las lo- 
maban de los del real, y se las vendian de buena gana, y 
la condesa lo sentia mucho, y decia que ella antes camiera 
ratones y gatos ú otra cualquier inmundicia , que lo toma- 
ra de los enemigos de su hijo. En el castillo y palacio del 
conde se padecia mucho, porque el pan se les era ya aca- 
bado , y se sentia la falta de él ; y llegó á tal punto, que 
una noche llegó el conde solo á casa del oficial ó provisor 
que reside en aquella ciudad por el obispo de Urgel , y le 
pidió que le diese pan para comer , porque en su casa ha- 
bia ya dos días no se habia comido , y el oficial, llorando y 
admirado de los sucesos y reveses de la fortuna, le dio todo 
el pan que el conde pudo llevar consigo, que por no publi- 
car su necesidad y aprieto, él solo fué á buscar , sin fiarlo 
de criado ni nadie; y el dia siguiente el oficial le envió dos 
costales de harina que tenia y una cuba de vino, y un pa- 
je que lo subió al castillo lo contaba después, siendo viejo, 
por cosa notable y muy lastimosa. 

Habían los de la ciudad confiado hasta este punto del 
socorro que decia el conde le habia de venir de Francia é 
Inglaterra, y siempre lo habia dado por muy cierto ; pero 
viéndose sin él y tan apretados del rey , pidieron los pae- 
res de la ciudad hora para hablarle, y se la dio y salió á la 
iglesia de San Salvador. Lo que le dijeron fué, que el rey, 
en virtud de ley de Cataluña que dispone que si algún ba- 



( 508 } 
ron ó magnate hiciese algo contra del rej , en tal caso los 
vasallos no eran obligados á valerle contra del rey , antes, 
siendo requeridos , habian de valer y servir al rey , y si 
no lo hacian eran habidos por traidores , les habia re- 
querido con sus letras reales una y muchas veces y con 
pregones que se habian hecho ; y por esto , y porque toda 
ó casi la mas gente que tenia le dejaban , y de cada dia 
se iban saliendo de la ciudad, le aconsejaban buscase me- 
dio y traza como salvar su persona y la de los de la ciudad, 
y aunque se lo habian dicho y aconsejado muchas otras ve- 
ces , pero ahora mas en particular se lo volvían á decir y 
aconsejar , porque estaban en términos que , si no respon- 
dían á las letras reales , obedeciéndolas dentro del término 
señalado en ellas, serian habidos por traidores, lo que ellos 
querían escusar ; y asi que procurase salvar su persona y 
darles licencia para responder á las letras reales, ó á lo me- 
mos darles licencia para alcanzar del rey mas tiempo de lo 
contenido en dichas letras, y dicen que le enseñaron la cons- 
titución que decia esto, y lo que sobre ella habian escrito 
los doctores. El conde dicen que les respondió : — Vosotros, 
no respondiendo á las letras ó requirimientos que os hoce 
el infante de Castilla , por eso no sois traidores , porque 
bien sabéis que á él no le tenéis por rey, sino á mí, por- 
que el derecho y justicia es mia ; y así ni quiero que le 
respondáis , ni que salgáis fuera , sino que esperéis unos 
quince dias, y dentro de ellos yo tomaré acuerdo de lo que 
debo hacer. — Y los paeres replicaron que esto que el con- 
de queria no lo podian hacer si el rey no les daba tiempo, 
y de esto se levantó auto. 

Pareció á los caballeros que el conde tenia cabe sí y á 



( 300 ) 
los paeres y personas del regimiento de aquella ciudad, que 
se saliera de la ciudad y salvase como mejor pudiese su per- 
sona , porque estaban á punto que era imposible poderse 
sustentar muchos dias, y cada uno le deba traza y modo co- 
mo pudiera escaparse mas á su salvo ; pero Ramón Beren- 
guer de Fluviá , que era el que le habia metido en estos 
laberintos , no aconsejaba que se fuese , porque si le pren- 
dieran, no quería que dijesen que él le habia sido traidor; 
y la condesa , que era del mismo parecer, decia que la vir- 
tud y esfuerzo del caballero se probaba en los sitios, y que 
no era bien desamparara sus estado y familia , huyendo vil- 
mente , sino que muriese con la espada en la mano , de- 
fendiendo su derecho ; y decia que esto lo hacia ella , por- 
que temia que si el conde se salia , la infanta concertaria 
con el rey las cosas á su modo , sin cuidar de ella, y seria 
muy contingente que el rey la castigaria por haber acon- 
sejado al conde aquella rebelión , y toda la ira del rey 
vendria á descargar sobre ella, porque á la infanta nunca le 
habia placido aquello, antes estaban muy encontradas la 
suegra y nuera sobre estas cosas, y cada dia habia disgusto^ 
entre ellas. Sin esto, el conde decia que si él se salia luego, 
se daria al rey la ciudad; y estaba tan agradado de ella, 
que no sabia dejarla. Pero viéndose ya sin remedio y del 
todo perdido , quiso huir , pero tomóle tan gran cariño de 
la infanta , su mujer, madre, hijas y hermanas, que no tu- 
vo ánimo para caminar cuatro pasos , sin volverse á la ciu- 
dad ; y aunque aconsejado de los suyos tentó algunas veces 
de escaparse , nunca lo pudo poner en obra, y le parecia 
que alguna secreta fuerza le impedia su salida : no faltaron 



( oto ) 

algunos que lo atribuyeron á maleficio ó que estaba ojado, 
pero creo que era temor y poco ánimo. 

El rey y los suyos estaban tan de reposo y asiento en 
este cerco, que mandaron rodear el real de muros y torres 
que , aunque dirruidas , aun duran detras de la iglesia de 
Almata , donde estaba el rey alojado , y estaban como si 
hubiesen de hacer allá perpetua morada , y algunos de los 
grandes comenzaron á edificar casas , porque sabian que el 
rey no alzaria aquel cerco, que no tuviese primero al conde 
en su obediencia y poder, porque de aquí quedaba el rei- 
no asegurado para él y sus hijos y descendientes. Salían ca- 
da dia muchos de la ciudad , unos para gozar de la gracia 
del rey y perdón les concedia , y otros , que eran los mas 
culpables , del guiaje que el rey habia otorgado ; aunque al 
principio, porque no le desamparasen, habian publicado los 
amigos del conde , que el salvoconducto publicado no se 
guardaba , y así como salían de la ciudad , los prendían y 
llevaban á Lérida, donde hacían de ellos rigurosa justicia; 
pero Luis de La Cerda , caballero castellano , que tuvo no- 
ticia de este vano temor , por medio de algunos soldados 
.suyos que habian estado presos en Balaguer , tuvo traza con 
que les desengañó de este error , y así salieron muchos y 
dejaron casi desamparado y solo al conde. Jueves, á 14 ele 
setiembre, salió don Artal de Alagon , hijo mayor de don 
Artal de Alagon, señor de Pina y Sástago, que era sobrino 
de don Antonio de Luna, y con él salieron otros cuatro ca- 
balleros. En otra ocasión le vino al rey una compañía de 
trescientos ballesteros y lanceros, que le envió la ciudad de 
Zaragoza. La batería se continuaba oon grande furia, y co- 
mo aquella máquina que batia el castillo lanzaba tales pie- 



liras que pesaban cada una ocho quintales , v liacia lal es- 
trago que á donde daba lo iiundia todo hasta el ¡¡riiner 
suelo , la infarita envió á suplicar al rey que , por su me- 
sura, mandase que no se batiese la parte del castillo donde 
moraba ella y sus doncellas , porque estaba en dias de pa- 
rir ; y el rey , movido de piedad de su tia , doliéndose del 
estado de sus cosas, mandó á Juan Hurtado de Mendoza y í\ 
don Juan de Luna, cuidaban del combate del castillo , que 
no permitiesen tirar donde residia la infanta. Dice Valla 
que el rey se lo concedió ^ con tal que no estuviesen juntos 
ella y el conde , y que la condesa estimó mas pasar por 
cualquier peligro , que aceptar la tal condición. 

Combatíase también la Casa de la Condesa con gran fu- 
ria, y las piedras que tiraba aquella máquina, que llamaban 
cabrita , eran tales, que donde hacian el golpe rompian las 
vigas tan gruesas como dos grandes pinos , y hundian por 
lo alto el primero y segundo sobrado , y de tal suerte eran 
combatidos y atormentados los de aquel fuerte, que de allí 
adelante recibieron de ellos muy poca ofensa los del duque 
de Gandía que tenian las estancias contra la puente. Cega- 
da ya la cava de la Casa de la Condesa, pareció que se ba- 
tiese primero la ciudad; y martes, á 26 de setiembre, pa- 
sando el rey del real á las estancias del duque de Gandía, 
para que se diese orden en apresurar el combate, como iba 
vestido de un balandrán de escarlata , en un caballo blan- 
co, fué conocido de los de la ciudad, y armaron una bom- 
barda para dispararla cuando pasase ; y don Pedro de Cer- 
vellon, que lo supo, dio aviso al rey de esto, y mandó que 
los que iban en su compañía pasasen de diez en diez, por- 
que así fuese mejor disimulado ; y pasó primero cF conde 



<Je Cardona, } los de ia ciudad tenían muy buena cuenta al 
rey, y cuando pasó dispararon la bombarda que estaba en 
una esquina de una barrera de la ciudad , y la pelota pasó 
por encima de la cabeza del rey , y de aquello recibió tan- 
to enojo , que deliberó de entrar la ciudad á hilo de espa- 
da. Valla dice, que á la que el rey pasaba, le tiraron mu- 
chas saetas y con dos hirieron al caballo del rey, que cayó 
en tierra, y luego los de la ciudad creyeron que el rey era 
muerto y á grandes voces lo publicaron, aclamando por rey 
al conde ; pero yo no he hallado nada de esto que dice 
Valla en el proceso se hizo contra del conde , á quien no 
disimularon ninguna culpa de él ni de los suyos. 

La bateria se continuaba con tanta furia, que dice el 
mismo autor, que disparaban las bombardas y demás má- 
quinas todas en un punto juntas, porque así fuese mayor el 
ruido y mas espantoso , como porque el golpe que daban 
las piedras y balas fuese mas terrible; y levantaban tal pol- 
vo de las casas y torres que derribaban , que parecia ser 
todo humo, y no se conocian ni podian divisar los unos á 
los otros ; y estas baterías se continuaban de tal manera, 
que no daban lugar á los de dentro solo un punto; y aquel 
mismo dia hubo muy brava escaramuza entre los del real y 
algunos que salieron de la ciudad. En esta ocasión sucedió, 
que saliendo del real don Pedro Maca de Licana á hablar 
con II. Berenguer de Fluviá , dijo este á don Pedro, que si 
pudiese acabar con el rey que perdonase al conde, saldria- á 
su merced ; y don Pedro lo comunicó con los del consejo, 
y el gobernador de Cataluña aconsejó que no se habian de 
trabar razones con el conde ni los suyos , porque todo aque- 
llo era para detenerlos, sino que se viniese el conde para e? 



( 'Vi-'^ ) 

rey demandándole merced, y que él y los suyos se pusie- 
sen en su poder, porque ordenase de ellos lo que por bien 
tuviese, sin consideración alguna, sin dejarles otra esperan- 
za ni confianza , sino sola la clemencia del rey ; y así pare- 
ció bien á todos, y mandó el rey que esta respuesta se die- 
se á don R. B. de Fluviá, y se la dio don Pedro. En este 
medio, ciertos almogávares de Castilla hacian mucho daño 
en algunos que salian al campo y acometian los reales para 
tomar lo que ppdian para remediar la hambre que se pade- 
cia en aquella ciudad. Hacian también los del real mucha 
fuerza en divertir al agua por debajo de la puente, que no 
llegase al molino que tenian los de la ciudad , porque te- 
nían tanta necesidad de harinas, que sobre el moler habia 
entre ellos muchas peleas, y sobre el quitar el agua hubo 
con los de la ciudad muchas escaramuzas. Sucedió enton- 
ces, que viniendo á cierta habla algunos caballeros catala- 
nes con los de Balaguer, dijeron los de dentro, que si no 
estuviesen allí los castellanos , ellos los harían apartar de 
ks estaciones y puesto en que estaban, y saldrían á pelear 
con ellos ; de donde nació que se desafiaron , para pro- 
barse en hecho de armas , ofreciéndose los catalanes que 
pasarían á quitarles un palenque que tenían los de Bala- 
guer, cerca de una torre que estaba en lo postrero, cerca 
de la Jueria, arrimada á un recuesto, en lugar muy opor- 
tuno para defenderse. Tomaron esta empresa, que fué de- 
masiadamente arriesgada y atrevida, un sábado, á 7 del mes 
de octubre, cuarenta hombres de á caballo, y había entre 
ellos muchos caballeros y gente noble. Los de Balaguer 
pusieron delante de la ciudad mas de doscientos hombrea 
de armas, entre baUesteros y lanceros, v hubo entre ello;» 



( '>14 ) 
tina muy brava escaramuza ♦ peleando los unos por desha- 
cer el palenque y los otros por defenderle , y el rey se lo 
estaba mirando desde un cerro , y sin duda lo llevaran 
mal los del rey, si no mandara á Alvar Rodriguez de Es- 
cobar y á don Jaime de Luna que los fuesen á socorrer, 
y estos con su caballería ari emetieron á los de Balaguer y 
sacaron á los otros del peligro en que estaban , y salió he- 
rido don Jaime de Luna y el caballo de Alvar Rodriguez 
de Escobar. 

Mandó el rey un miércoles , á 1 1 de octubre , que se 
diese un combate general á la ciudad por seis partes , y 
que después fuese combatida por todo el ejército junto , y 
era en ocasión que la bombarda mayor que habian labrado 
en Lérida habia hecho tal batería, que las pelotas pasaban 
el adarve de parte á parte , de tal suerte que en dos dias 
derribó del adarve del muro dos lienzos de torre á torre, 
hasta el suelo ; pero como la ciudad en aquel lugar estaba 
mas alta que la parte de donde se batia , y tenia sus ca- 
vas, no se podia entrar. Sin otros pertrechos, tirábase de la 
ciudad con bombardas mas pequeñas, que eran como tiros 
de campo , y hacian harto daño en el real ; y el viernes 
siguiente , que era á 13 de octubre , fué muerto de un ti- 
ro de bombarda Sancho de Ley va, de lo que tuvo el rey 
harto pesar. Salíase de la ciudad cada dia mucha gente, y 
á 1 5 de octubre salieron treinta y seis ingleses con licencia 
del conde y otros sin ella , y entre ellos fué un caballero 
aragonés llamado Juan Jiménez de Enbun , y el rey dio á 
los ingleses salvoconducto para que pudiesen salir de sus 
reinos. Llegaron en esta ocasión á servir al rey un hijo 
bastardo del rey de Navarra, llamado don Godofre, y tam- 



( ^l'> ) 

bien uií primo del rey, hijo de don Alonso, conde de Gi- 
jon, que venían de compañía, y el rey les recibió con mu- 
cho gusto. El duque de Gandía y los que estaban con él, 
junto al monasterio de Santo Domingo , recibian cada dia 
mucho daño de la gente que estaban en la Casa fuerte de 
la Condesa, y el rey deseaba mucho haberla. Habia un ca- 
ballero que le llamaban mosen Luis Carbonell, á quien Al- 
var García llama Cardona y Zurita Luis de Garbo, y este 
dijo al rey como en aquella casa habia un hombre que de- 
seaba recibir merced de él , con quien él habia conoci- 
miento, y que moveria con él trato como poderla haber sin 
peligro ; y concertaron que á cierto dia, que los mas que 
estaban en guarda de aquella casa hubieron de salir y pa- 
sar el rio en una barca, par.i traer las provisiones necesa- 
rias para la casa, que entonces estuviese la gente puesta 
para la ir á tomar; y así se puso en obra, con cien hom- 
bres del duque de Gandía que ganaron la puerta, y los del 
barco huyeron rio abajo, y aquel soldado que deseaba ha- 
ber merced del rey abrió la puerta , según lo habia prome- 
tido , V de esta manera lo cuentan Zurita y García Alvar; 
pero en un registro del rey don Fernando, Comune sigilli 
secrcti , folio 1 56 , hay una carta del rey , data á 20 de 
octubre, que escribe al infante don Alfonso, que estaba en 
Barcelona, y dice que este Luis Carbonell habia tratado con 
el rey de antregarlc esta casa , y lo hizo de esta manera, 
que hizo salir del castillo, con escusas de buscar leña, á to- 
dos aquellos que no cabían en el trato, y los que quedaron 
dentro cerraron las puertas y hicieron señal al gobernador 
de Cataluña y á otros que estaban advertidos y que luego 
acudieron, y cuando los que habian salido á leñar volvieron, 



( 516 ) 
hallarun las puertas cerradas, y como vieron á la gente del 
rey, sospecharon lo que era y huyeron al rio, y se anegó uno, 
y los otros llegaron á la ciudad , y los del rey entraron en 
el fuerte y pusieron en él las banderas reales , y el conde 
y los de la ciudad quedaron muy caidos y desmayados con 
aquella pérdida : así lo dice el rey en su carta. Tomada, 
pues, la cava y puestos en ella los pendones del rey y los 
del duíjue de Gandía , el rey y los suyos quedaron muy 
alegres : entró luego el rey en ella con mucho sonido de 
trompetas y atabales, y mandó poner en ella gran recaudo, y 
lo escribió al infante Alfonso y concelleres de Barcelona. 
Era esta casa á modo de una fortaleza , con sus cavas y 
torres , muy curiosamente labrada : servia de palacio y casa 
de campo para los condes en las primaveras ; edificóla la 
misma condesa doña Margarita , y estaba muy cerca del 
monasterio de predicadores , aunque hoy no queda rastro 
de ella , porque las avenidas del rio la debieron de derri- 
bar , por no tener reparo contra él. En una donación que 
hizo el rey don Alfonso á 9 de diciembre de 1417, estan- 
do en Valencia , de ella, al monasterio de predicadores, di- 
ce , que por la parte de levante se terminaba in quodam 
troceo Ierre Mathei Alios et á meridie cum cod^m troceo terree 
a septentrione cum troceo ierre predkto et via qua ilur ad ci- 
vitateni Ilerde ; y dice el rey que se la da en enmienda y sa- 
tisfacción de los daños que él y su padre dieron al dicho 
monasterio , en el tiempo del asedio que pusieron á la ciu- 
dad de Balaguer ; y por esto, á 17 de enero de 1419, 
mandó á su protonotario que no cobrase derecho de sello, 
por ser donación pia y en enmienda de daños dados. 
Salido el rey de ella, se volvió al real, y mandó otra vez 



( ol7 ) 
combatir la ciudad por todas partes; y los paeres y vecinos 
de ella demandaron hablar con Diego López de Vadillo, y 
le dijeron que mandase cesar el combate y hablarían en tra- 
to de lo que habian de hacer ; y él les dijo que no tenia 
tal poder, pero que lo diria al rey; y la respuesta fué, que 
no queria otro trato sino que la ciudad se combatiese; y 
como los caballeros que con el conde estaban entendieron 
esto y vieron que la ciudad estaba encaminada á ser entra- 
da, pidieron licencia para venirse para el rey, y hubo algu- 
nos que sin despedirse del conde se vinieron entonces. Mar- 
tin López de La Nuca , que habia sido gran servidor del 
conde , y tenia allí su mujer é hija , le dijo ya veia co- 
mo el rey hacia proceso contra todos los que allí esta- 
ban , y él no queria perderse y ser habido por malo , y 
que pues el rey perdonaba á todos los que para él se fue- 
sen , le diese licencia para irse ; de lo que tuvo el conde 
muy grande enojo, porque todos le desamparaban; pero co- 
mo vio que este caballero tenia razón, le dio licencia , y él 
se vino para el rey, un viernes, á 20 de octubre, y con él 
un caballero llamado Juan de Sese, con hasta cuarenta per- 
sonas. 

De cada dia se iba el conde desengañando que no saldría 
bien de la empresa en que se habia metido, porque le falta- 
ban gente , vituallas y dinero , y estaba cierto que ni de 
Francia ni Inglaterra ni otra parte podia ser socorrido; 
y con todo se mostraba tan animoso, que decia á los pocos 
que quedaban con él, que queria morir con ellos y perder 
con el reino la vida con la espada en la mano ; pero á lo 
interior no lo entendia así, antes quisiera salirse del peligro 
en que estaba , si pudiera ; pero era imposible , porque el 



rey, porque no se le escapase, mandó circuir de tapias to- 
da la ciudad , que se hicieron dentro de seis dias , y á la 
puerta de las tapias habia puesto muy buenas guardas por- 
que el conde no se le pudiese escapar, y de noche las do- 
blaban y ponian rondas y sobrerondas ; y esto solo se con- 
fiaba de don Diego Gómez de Sandoval, sin fiarse de cata- 
lanes ni aragoneses , pensando de esta manera impedir las 
huidas del conde , de que habia tenido noticia de los que 
salian de la ciudad y se venian á su servicio, que contaban 
todo lo que pasaba dentro, y aun algo mas. Todo esto ate- 
morizaba mucho á los sitiados , en especial á los ciudada- 
nos, como gente menos ejercitada en el peligro y mas inte- 
resada en el daño , y les parecia temeridad querer mas 
aguardar , y estaban cansadísimos de tan largo cerco, y te- 
mían que la ciudad no fuese entrada y ellos y sus haciendas 
perdidos, porque el rey estaba ya muy enojado y la artille- 
ría que habia traido de Lérida los tenia acabados , porque 
cada vez que se disparaba, pasaba el adarve, derribándoles 
las casas, y era tal que para ella no habia resistencia, y el 
pueblo estaba tan mal contento, que ya querian entregarse 
al rey , antes que llegar al fin de toda desventura y rom- 
pimiento , y cada dia pedian licencia al conde para tratar 
concierto con el rey. El conde, que ya no tenia de quien 
confiar, ni podia mas defenderse , trató de rendirse , porque 
ya no podia mas, y tomar el partido mejor que pudiese al- 
canzar del rey. Salieron un domingo , á 22 de octubre, pa- 
ra tratar de esto , cuatro caballeros y cuatro ciudadanos, y 
con ellos R. B. de Fluviá ; y con ellos se juntaron Diego 
Hernández de Vadillo, Ruy Dias de Quadros , Tel Gonzá- 
lez de Aguilar , Suero de Nava y Juan Carrillo de Ormasa: 



( .Híí) ) 
pídioron los de Baloguer que él rey perdonase al conde y 
á los que estaban con él , que ofrecían salir á su merced y 
servirle muy bien ; la respuesta fué que el rey de ninguna 
manera se pondría á trato con el conde , pero que por ser 
noble y católico príncipe , si el conde se ponía en su podei- 
y en sus manos, habría piedad de él, pero sí una vez se co- 
menzaba á volver á dar el combate, por el menor de los su- 
yos que muriese en él , ni perdonaría al conde ni á los su- 
yos. Dicho esto , no quiso el rey dar mas lugar á esta 
plática , y mandó apercibir lo necesario para el combate: 
lo primero fué mandar que moviesen la bastida y escala 
mayor que estaba en Almata. Eran estas bastidas ciertas 
máquinas á modo de castillos ó torres con que los que te- 
nían cercado algún lugar , allegándolas cerca de los muros, 
podían desde allá señorear á los que estaban dentro , y ti- 
rarles desde allí saetas y otras armas arrojadizas y fuegos 
artificíales. Díjose bastida , por estar fabricada de madera 
basta y grosera , sin labrar ni acepillar ; y porque la lle- 
vaban á fuerza de brazos y en hombros , quieren se derive 
de un verbo griego que significa lo mismo que porto ó 6a- 
julo: los latinos las llamarori turres ambulatorias; á veces las 
fabricaban en el mismo campo, lejos de los enemigos , pa- 
ra que no les ofendiesen , y otras veces las llevaban ya he- 
chas, y no habían de hacer sino encajar la una pieza con la 
otra, y trabajando toda la noche, á la mañana amanecía una 
torre ó castillo hecho que causaba notable terror á los 
enemigos. Cuenta César, De Bello Gallico, lo que le pasó so- 
bre esto con los franceses, y dice que viendo estos que él 
hacía una torre de estas en lugar muy apartado del muro, 
se burlaban de la obra , y decian : — ¿Porqué tan grande 



( 520 ) 
artificio? porqué se labra tan lejos? y si ha de llegar á estos 
muros, ¿qué manos y qué fuerzas han de ser bastantes para 
llevarlo cerca de nosotros? — y les parecia imposible, porque 
los franceses que decian esto eran hombres ajigantados , y 
los de César de pequeña estatura; pero cuando vieron que 
la torre se movia y acercaba á los adarves, movidos con la 
nueva y no usada vista , le enviaron embajadores de paz , y 
dijeron ellos que pensaban que los romanos hacían guerra 
con la divina ayuda , pues que podian mover con tanta li- 
jereza artificio de tan grande altura, y pelear con ellos des- 
de cerca. Esto lo usaban mucho los romanos, y las nacio- 
nes bárbaras quedaban admiradas, cuando impensadamente 
veian acercárseles una de estas torres llenas de hombres 
armados ; y á esto vienen á propósito aquellas palabras de 
Séneca, De lita heala^ cuando dice : Oliosi divitiis ludilis, 
nec provideíis earum pericidum , sicut harhari , plerumque in- 
clusi, et ignari machinarum, segnes labores ohsidenlium spec- 
tant, nec quo illa pertineant., qua; ex longuinquo imlruuntur 
intelligunt. 

Hechas estas torres , las solian llevar - en hombros otros 
hombres , ó con ruedas pequeñas y fuertes que estaban 
dentro del hueco de ellas, porque así .la misma torre guar- 
daba á los que la llevaban y podian ir seguros ; otras veces 
las tiraban con bueyes y otros animales , pero eran ofendi- 
dos de los que estaban en los muros : así lo hizo Vitiges, 
rey de los godos , cuando fué sobre Roma , y Belisario, 
capitán del emperador Justiniano, los dejó acercar á tiro de 
ballesta, é hizo tirar tantas saetas á los bueyes que tiraban 
aquella máquina, que los mató y la torre quedó sin poder- 
se mover y no fué de provecho : por eso habia algunos que 



( ->^I ) 

solían poner lepaios ó cubrir las bestias, porque no pudier 
sen ser ofendidas , ni las tales torres , con fuegos arrojadi- 
zos , (|ueniadas. Cuenta Vitruvio Diogorreto , ingeniero de 
Rodas, que para volver inútil una de estas torres , mandó 
de noche echar agua y estiércol y mover la tierra por don- 
de habia de caminar y donde se había de asentar'; é igno- 
rantes los que la llevaban, de esto , antes de llegar al muro 
de la ciudad se encalló en aquella humedad, sin poder vol- 
ver atrás ni ir adelante, y los de Rodas quedaron libres, y 
burlados los enemigos. Hechas estas bastidas y acercadas al 
muro , hacian apartar los que estaban en el adarve, y arri- 
maban la escalera para dar el asalto. 

Mandó después el rey mover la bastida y la escala ma- 
yor , que todo se habia hecho en Almata : sacáronla por lo 
llano , y era de tal grandeza y tal pesadumbre , que pare- 
cia igualarse con una muy grande torre, y movíase con har- 
ta facilidad y lijereza , por ser aquel terreno fuerte y fir- 
me, y ponia tanto terror y espanto, como si no hubieran de 
hallar resistencia las compañías de ballesteros (juo iban en 
ella. Esto pasaba á 27 de octubre : cuando todos se po- 
nian en armas, salió la mfanta por la puente, acompañada 
solo de dos doncellas ; y el duque de Gandía salió á h.ar-" 
blar con ella , y pidió que el rey perdonase al conde , su 
marido, que con su estado se pondría á la merced del rey» 
para que hiciese de ellos á su voluntad; pero el rey no qui- 
so darle lugar á que se moviese ninguna manera de partido, 
sino que el conde se viniese á poner en su poder , para 
q,ue él ordenase de su persona y estado como bien visto le 
fuese; y cuanto nías trataba el conde de concertarse con 
el rey, con tanta mayor priesa se apretaba el asedio. A 29 
TOMO X. .35 



( 522 ) 
volvió á salir la infanta, y envió á decir al rey que iba pa- 
ra hablarle ; y el rey mandó decir por don Enrique de Vi- 
llena , que fué maestro de Calatrava , mas conocido por el 
nombre de nigromántico , que por su calidad y linaje , y 
por el adelantado de Castilla , que «e volviese , porque no 
queria escuchar medio alguno ; pero la infanta no dejó de 
continuar su camino, y dijo , que el rey le habia de perdo- 
nar , porque era forzoso llegar ella á hacerle reverencia ; y 
venia en una litera que la traian en hombros , porque es- 
taba preñada , y llegada delante del rey , le hizo reverencia 
y besó la mano , y él la recibió muy bien y le dio paz , y 
salieron con ella, acompañándola, fray Juan Jimeno, obispo 
de Malta, y el oficial ó provisor ordinario de Balaguer, que 
reside en aquella ciudad por el obispo de Urgel. Sentóse el 
rey en su silla , para oir la infanta , su tia, que estaba de 
rodillas; y el rey porfió mucho con ella que se sentase en 
unas almohadas que mandó traer, pero ella jamas quiso es- 
tar sino arrodillada, y asimismo los que con ella venian, y 
la condesa le dijo : — Señor, yo no quisiera que mi habla 
fuera delante tanta gente como aquí está , pero pues vues- 
tra merced ha querido que en público sea, diré la causa de 
mi venida, como mejor pudiere. Señor, manifiesto es á vos 
yo ser hermana de vuestra madre y mis hijos ser vuestros 
primos, y yo hasta ahora no he habido lugar de hacer re- 
verencia á vuestra señoría , ni hasta aquí os he demandado 
merced , y por estas cosas es razón que vuestra clemencia 
oiga mis suplicaciones; y como al presente no haya cosa que 
mas llegada me sea, que la presura en que está cercado el 
señor don Jaime, mi marido » por vos en la ciudad de Ba- 
lagutír, en punto de se perder, por ende, señor, vos suplí- 



( 525 ) 
ro , por reverencia de Dios , (¡ue quiso perdonar á los que 
mal le hicieron y contra él erraron, y por reverencia de 
nuestra Señora , en quien se dice que vos , señor , habéis 
gran devoción , y por seguir ejemplo de los notables reyes 
que mucho á Dios se llegaron y le quisieron parecer en la 
misericordia, mayormente á los bienaventurados y gloriosos 
reyes de Aragón, de quien vos , señor, venis , le plega ha- 
ber piedad con don Jaime, mi marido , queriéndole asegu- 
rar de muerte y de lesión y de prisión y de desterramien- 
to de vuestros reinos; y esto recibiré en la mayor merced 
que vuestra señoría me pueda hacer , y ruego á estos se- 
ñores notables y caballeros que aquí están, que me ayuden 
á conseguir esta mi suplicación. — Lo cual todo la condesa 
decia con muchas lágrimas; y luego el obispo de Malta, 
en ayuda de la condesa , dijo al rey : — Muy excelente 
príncipe , poderoso rey y señor : como quiera que la señora 
vuestra tia haya suplicado y dicho á vuestra alteza la razón 
porque vino , el ansioso dolor y angustia que tiene no le 
dio lugar á que del todo dijese lo que suplicar le convenia; 
por ende , señor , yo , continuando su razón en su nombre, 
por introducción de mi decir tomaré las- palabras del santo 
David , que á Dios clamaba cuando mayor culpa contra él 
cometió, que le dijo : Miserere mei, Deus, secundum mag- 
nam misericordiam tuam ; en las cuales palabras mostraba la 
grande ofensa por él á Dios hecha, y demandaba perdón á 
la grandeza de su misericordia ; y así, señor, la señora vues- 
tra tia no demanda perdón con pequeño dolor ; por ende, 
señor, sea á ella comunicada vuestra misericordia, acordán- 
doos, señor , de la gran piedad que hubo David de Absa- 
lon, su hijo , que se rebeló contra él, y perdonólo por su- 



( 524 ) 
plicacioii de una viuda, y quitóle el reino. Quered, señor, 
ser espejo de clemencia en vuestros tiempos , como lo han 
sido algunos emperadores y re^es, cuyas historias hoy hacen 
durar sus nombres, y á la señora vuestra tia dad confian- 
za de vuestra misericordia. La excelente fama de vues- 
tra virtud se predica por todo el mundo, y de la muche- 
dumbre de vuestras virtudes , de que se guarnece vuestra 
corona de piedras preciosas de muy gran valor. — Desde 
que el obispo hubo hablado , el oficial de Balaguer dijo al 
rej : — Muy excelente señor, aquí es menester que se mues- 
tre la clemencia de vuestra real majestad y temple el ri- 
gor de vuestra justicia , como de tan alto y de tan noble 
príncipe, cuanto vos, señor, sois, se espera, como le ha sido 
suplicado por la señora condesa y por el reverendo señor 
obispo de Malta ; y haciéndolo, señor, así, siempre nuestro 
Señor acrecentará vuestros dias y vos dará victoria de vues- 
tros enemigos, y luengos años perdonará vuestras culpas , y 
vos hará rey de los reyes y señor de los señores. 

Después que la condesa y los que con ella venian hubie- 
ron hecho sus suplicaciones , el rey respondió de esta ma- 
nera : — A Dios, .á quien ninguna cosa es escondida, y á 
todo el mundo es manifiesto , que yo demandé el derecho 
de la sucesión de aqueste reino que á mi pertenecia lo 
mas llamamente que yo pude , dejándolo á la determina- 
ción de aquellos á quien todo el reino dio cargo que deter- 
terminasen la verdad y la justicia, para la dar á quien de 
derecho pertenecia , y luego á Dios y á la gran fideli- 
dad de aquellos á quien fué encomendado, que determina- 
ron ser mia la justicia , como lo era; é yo vine á llama- 
miento \ requirimicnto de los de estos reinos, 'á recibir 



( -^-í'i ) 

corporalmente la posesión de ellos , para usar del regimien- 
to que nuestro Señor me encomendaba, no con tiranía ni 
con violencia , mas con la mansedumbre que á los reyes se 
conviene ; y como supieron de mi venida, todos los grandes 
de mis reinos , por la mayor parte , vinieron á mi , así los 
que los reinos demandaban , como los otros , y personas 
eclesiásticas de ciudades y villas , salvo vuestro marido , A 
quien no bastó haber puesto muchos estorbos en la justicia 
antes de la declaración , mas aun , que los embajadores de 
Cataluña le amonestaron que viniese á mi servicio, como era 
tenido, y por mejor abundamiento , yo le envié al abad de 
Valladolid y á mosen Ponce de Perellos , por lo traer á mi 
servicio, á los cuales respondió fuera de aquella reverencia 
que debia, por manera , que hube de dejar de hacer en el 
reino algunas cosas que mucho curaplian, y fui forzado de 
hacer grandes costas en levar gentes de armas y pertrechos 
para lo castigar, y vine hasta á Lérida, y allí me envió á de- 
cir vuestro marido que me baria obediencia, por sus mensa- 
jet-os ; y como quiera que yo pudiera usar de rigor y no 
recibir su obediencia, pues la daba fuera de tiempo, usando 
de piedad y clemencia recibí su homenaje y fidelidad , que 
por sus poderes bastantes me hizo , perdónele muchos yer- 
ros que contra mi en mis reinos' habia cometido , entre los 
cuales habia crimen lessw majestatis , y lo demostró en mi 
deservicio , y después comenzó de robar mi tierra v mis 
caminos públicamente, y dio acogida en sus lugares á pú- 
blicos malhechores y á personas que me eran en ira, y tra- 
tó de salir contra mi persona con gentes de armas al ca- 
mino y damnificar á mi y á los que conmigo venian, y en 
toda parte razonaba de mi, no como vasallo, ni como obe- 



( 526 ) 
diente, mas como enemigo; y todo eslo disimulé, pensando 
tornarlo á bien*; y porque algunos me decian que esto lo 
hacia con grande menester, yo de mi largueza real y pro- 
pio motivo le envié á ofrecer que le daria ciento y cincuen- 
ta mil florines de oro para rehacer su estado, y le haria du- 
que de Monblanc y le daria mi hijo, el maestre de Santiago, 
que casase con su hija, y le pondria en mil libras de mer- 
ced en cada año dos mil florines de oro, y otros dos mil 
para vos, y otros dos mil para la condesa, su madre ; y con 
todo eso, añadiendo mal á males, hizo trato y alianzas con 
gentes estrañas fuera de mis reinos , para que vinieran po- 
derosamente con él, para ser contra mi y contra mi señorío, 
y probó de hurtar la ciudad de Lérida , y vino ende con 
pendón real, é hizo correr cierta gente de armas que yo en- 
viaba á Aragón, y tomó castillos y lugares fuertes mios, do 
se hizo jurar por rey de Aragón , y basteció lugares y cas- 
tillos suyos para rebelar mas claramente contra mi ; sobre 
lo cual hube consejo con muy solemnes letrados, para saber 
lo que debia hacer, para remediar con derecho los males 
que mis tierras y reinos recibian; y por todos me fué acon- 
sejado, que debia mandar tomar todas las fortalezas y tier- 
ras de vuestro marido, y que debia de proceder contra de 
él como contra de inobediente , en ¡a forma que las leyes 
y costumbres de estos reinos lo disponen; y con grande des- 
placer que habia de su daño , como quier que me habia 
tan gravemente errado, detúveme en la ejecución, hasta que 
en pública audiencia fui requerido por mi procurador fis- 
cal, que luego, sin tardanza, hiciese mi proceso contra vues- 
tro marido y contra los de su parcialidad, y no pude buena- 
mente escudarme, pensando la cuenla que á Dios he de dar 



( ^'27 ) 
de la administración de la justicia que me encomendó ; y 
por ende mandé á mi gobernador general de Cataluña, que 
aqui está , que fuese poderosamente á tomar y ocupar las 
villas, y castillos que eran de vuestro marido, porque de 
ellas no viniese daño á mis subditos y vasallos; el cual cum- 
pliendo mi mandado , fué á lo hacer , y halló quien se lo 
defendiese y todos se rebelaron , como es notorio , según 
todo esto parecerá largamente por el proceso hecho contra 
él. Por ende me moví á lo cercar por mi persona, donde he 
hallado mayor dureza en él, mandando tirar á mi persona 
con tiros de pólvora y ballestas, habiéndome conocido, y ha- 
biendo acá muerto muchos buenos caballeros y escuderos, y 
no euro de mis pregones , ni llamamientos : pues ¡cómo 
queréis, vos tia, que tales cosas pasen sin escarmiento! que 
esto que vos demandáis , ni es servicio de Dios ni place á 
nuestra Señora , por cuya reverencia vos lo demandáis , ni 
es mi servicio, mas es gran daño de la cosa pública de mis 
reinos, y seria dar materia á que otros se atreviesen á hacer 
semejantes crímenes y maleücios, y todos podrian decir que 
pues perdoné á don Jaime tan grandes yerros y tan famosos 
delitos, que bien debo perdonar los que fuesen menores: por 
ende yo he determinado de no hacer trato con vuestro 
marido, mas que sueltamente se venga á poner en mi po- 
der y conozca su culpa , que entonces yo haré lo que un 
buen rey debe hacer, usando de justicia en uno con mise- 
ricordia, seyendo antes movido á piedad que á rigor. — Es- 
to dicho , el rey se levantó de su silla, y la infanta quedó 
las rodillas en el suelo , continuando sus suplicaciones , di- 
ciendo , que aunque supiese allí morir , no se levantaría 
hasta que el rey le otorgase la merced que le demandaba. 



í :í28 ) 

Enlonceb el rey llegó á la condesa por la levantar , y ella 
no quiso levantarse , y el rey le dijo que se fuese en hora 
buena , que era muy tarde y no le entendía dar otra res- 
puesta , que aquella era su final intención. Entonces la con- 
desa, por no enojar mas al rey, tomó su licencia, y el rey 
mandó á Diego Hernández de Vadillo que la llevase á su po- 
sada y le hiciese de comer; y después que el rey hubo comi- 
do y dormido, mandó llamar á los de su consejo y envió á 
llamar á la condesa, y en presencia de todos el rey le dijo: 
— Tia, mucho he pensado en vuestra suplicación , y de una 
parte la conciencia de la justicia me es encomendada me 
acusa , y de otra vuestras peticiones muy humildosas me in- 
clinan á misericordia; y por ende, entendiendo ser conveni- 
ble, porque del todo no deseche vuestra suplicación, ni tam- 
poco así largamente la otorgue como por vos es pedida, 
quiero que por vuestra venida se temple en alguna parte la 
pena que don Jaime, vuestro marido, merecía, que era ca- 
pital, la cual le sea perdonada por vuestro acatamiento, v 
ruégovos que mas sobre esta cosa no me afinquéis. — Y con 
esto la condesa partió de allá, ])or no enojar mas al rey , y 
volvióse para Balaguer. 

Sabido esto, mandó el conde juntar en la iglesia de San 
Miguel á los paeres y consejo de la ciudad, y les refirió lo 
que habia pasado con el rey y duque de Gandía y la infan- 
ta, y como le aseguraba el rey de muerte ^ mas no de cár- 
cel , y que le aconsejasen qué debia hacer ; y ellos le su- 
plicaron les diese lugar para conferir y tratar el negocio en- 
tre ellos, y después de un buen rato le respondieron : — 
Señor , vos en lo hecho hasta aquí no nos habéis llamado 
ni pedido consejo alguno, y así, eij el caso presente, no sa- 



( ^ ) 

hemos qué deciros; pero parécenos , que pues el rey v la 
condesa se han metido en esto , qne vos, señor, hagáis lo 
que ellos os aconsejaren. 

Otro dia, lunes, á 30 de octubre, la condesa volvió al 
rey, y le dijo que don Jaime, su marido, estaba aparejado 
para venir á le hacer reverencia , después de comer , y le 
suplicaba le pluguiese asegurar á los suyos, que por le ser- 
vir habian hecho su mandato. El rey, por complacer á la 
condesa, le dijo que él aseguraba todos los que le habian 
ayudado , exceptuando los que habian sido en la muerte 
del arzobispo de Zaragoza; y con esto la condesa se volvió 
á Balaguer, y en tanta desdicha é infelicidad tuvo el conde 
algún alivio, pues supo que él estaba seguro de la vida v 
los suyos eran perdonados. 

El dia siguiente, que fué martes, á 31 de octubre, su- 
cedió en la ciudad de Balaguer un auto y ceremonia muy 
triste y lastimoso, y fué el despedirse el conde de su mu- 
jer, madre, hijas y hermanas y vasallos, con pensamiento 
de nunca mas les ver ni poderse consolar con ellos ; y 
siguiendo una ceremonia antigua, habia muchos dias no se 
habia cortado el cabello, ni barba, y decia no habérsela de 
quitar hasta verse rey ó nada, que esta era la persuasión 
ordinaria de la condesa, su madre, que siempre le estaba 
diciendo en catalán : Fill^ ó rey ó no res; y como habia llf- 
gado á término que no era nada , se lo quiso quitar en 
público. Salió este dia á la plaza mayor de Balaguer, que 
llaman el Mercadal, y mandó venir un barbero, y estando 
lodos los de la ciudad presentes, les dijo: — Yo viendo vues- 
tra gran lealtad y fidelidad , y por el amor grande que 
siempre os he tenido, no quiero ver esta ciudad entrada ^ 



( 550 ) 
t)i á vosotros y á vuestras familias y haciendas maltratadas; 
y así me quiero meter á mi y á mi iiacienda en poder del 
rey y á la merced suya ; y porque yo habia hecho voto 
de no quitarme la barba hasta verme rey ó nada, y sé que 
soy y seré nada y queda mi voto cumplido, por esto an- 
tes de salir de esta ciudad me la quiero quitar, y os agra- 
dezco á todos lo que por mi habéis hecho en este cerco y 
padecido ; y dicho esto, el barbero le quitó la barba y ca- 
bello en medio de la plaza. Siendo vencidos los milesios 
de los crotonitas y arruinada la ciudad de Sibaris, hicieron 
semejante acción en señal de sentimiento, llanto y tristeza. 
Así lo hizo Job en sus trabajos, y Alejandro Magno, cuan- 
do murió su gran privado Efestion, y Aquiles en las exe- 
quias de su gran amigo Patroclo. 

Movióse en la plaza de Balaguer un lloro y gemido tan 
grande, que lo sintieron del real, y aun sospecharon al- 
guna novedad ; y aunque habia algunos que decian que no 
debia rendirse , sino que se defendiese , que todos le val- 
drian con la espada en la mano , y que no perdería la li- 
bertad, sino con la vida ; pero el conde no hizo caso de 
estos ofrecimientos, porque ni puestos en ejecución le po- 
dian ser de provecho. Solo les dijo, después de cortada la 
barba y cabello: — Hombres buenos, yo os encomiendo mi 
mujer, madre, hijas y hermanas: cuidad de ellas, quede 
mi no hay que hacer, que estoy acabado y perdido sio re- 
medio. — Y aquí se volvió á despedir de la infanta, hijas, 
madre y hermanas, y salió por la puerta que sube á Al- 
mata, que está debajo del castillo, con harto pesar y tris- 
teza de todos los suyos. Llevaba consigo la carta de la 
confederación que habia hecho con el duque de Clarcncia, 



( ooi ) 
y la dio á un criado suyo, llamado Pedro Mirón , valencia- 
no, y se la encomendó muy apretadamente, encargándole 
la guardase y diese , cuando le fuese pedida. Salieron con 
él el obispo de Malta y el duque de Gandía , y subido en 
una muía pequeña, salió de la ciudad, siguiéndole la infan- 
ta y dos hijas suyas; y apenas habia atravesado los umbra- 
les de la puerta , que luego salieron veinte y cinco ó 
treinta soldados castellanos, que le tomaron en medio, atro- 
pellando á la infanta é hijas suyas, y los de la ciudad lue- 
go cerraron la puerta , y de esta manera lo llevaron á la 
tienda del rey. 

Era víspera de Todos Santos , y el rey habia mandado 
poner su sitial en una sala ; pero como concurrian tantos á 
este espectáculo, lo mandó sacar fuera en el campo, á vista 
de todo el real, y alto. Al avemaria llegó el conde ante el 
rey, y puesto de rodillas, le besó la mano y le dijo: — Se- 
ñor, yo erré: demandóos misericordia, y pídoos por merced 
que vos membreis del linage de donde vengo. — El rey, con 
aspecto severo y grave, le respondió : — Ya os perdoné y hu- 
be de vos misericordia, y agora por ruego de mi tia, vues- 
tra mujer , vos perdono la muerte que merecíades por los 
yerros que me habéis hecho , y aseguro vuestros miembros 
y que no seáis desterrado de mis reinos. — Y mandóle le- 
vantar, y dijo á Pedro Hernández de Guzman que lo lle- 
vase consigo ; y mandó al duque de Gandía y al adelantado 
de Castilla y al mariscal Alvaro de Avila , que le acompa- 
ñasen hasta la posada de Pedro Hernández ; y la infanta v 
sus hijas quedaron aquella noche con el conde, y el rey les 
mandó enviar muy bien de comer, y mandó que les fuese 
hecho mucho servicio. 



( 532 ) 

Poco después de esto, salió la condesa doña Margarita, 
madre del conde , acompañada de sus dos hijas, doña Ceci- 
lia y doña Beatriz ; y llegadas delante del rey, le besaron 
la mano y él les dio paz, y la condesa le pidió que hubie- 
se piedad y misericordia de su hijo, y él mandó á Diego 
Fernandez de Vadillo que las llevase á su posada. 

Salido el conde y los demás de Balaguer, quedaron los 
paeres y vecinos de aquella ciudad muy dudosos de lo que 
habian de hacer, y enviaron á Arnaldo de Rolla, paer, al 
conde, que estaba en una barraca ó choza, y con él Andrés 
de Barutell y Berenguer de Alos, caballeros de su casa, y 
le dijo : — Señor, yo vengo aquí de parte de la ciudad , y 
como hemos visto que os habéis puesto en poder del señor 
rey, que nos mandásedes qué hemos de hacer de nuestras 
personas y de la ciudad ; por ende , os rogamos nos acon- 
sejéis, para bien y pro de nosotros y de ella. — Y el conde 
les dijo : — Bien sabéis vosotros que la infanta que está aquí 
presente os ha de decir y inandar lo que habéis de decir y 
hacer , por estar los homenajes hechos á ella , que yo estoy 
como preso aquí , y de verdad lo soy , y así os mando y 
quiero que hagáis lo que ella os aconsejare y mandare , y 
os alzo y libro de la obligación de todos los sagramentos y 
homenajes y de toda fidelidad y naturaleza , con que me es- 
tais obligados y á mi se pertenezcan, no obstante que toda 
la jurisdicción y señorío que yo habia en vosotros, por es- 
tar vo preso, está transferido en la infanta; y así haced lo 
<{ue os mandare y aconsejare. — Y luego la infanta dijo: — 
Yo os aconsejo y mando, que siempre que el rey mandare 
abrir las puertas de la ciudad , lo hagáis y obedezcáis en 
todo, V le deis las llaves de ella, si las pidiere, prestando- 



( o35 ) 
le los sagrameiUos y homenajes; y porque lo hagáis mejor, 
os absuelvo y libro de los que me habéis prestado á mi ó á 
mi procurador , de aquel modo y manera que mejor decir 
y pensar se pueda.- — Y luego el conde les despidió y dijo: 
— Hacedlo así como os dice y manda Iíi condesa , que esa 
es mi voluntad. — El paer, que quiso que esto constase, les 
dijo si gustaban que de esto se tomase auto ; y respondie- 
ron que sí , que esa era su voluntad , porque estuviesen la 
ciudad y vecinos de ella mas descargados de lo que hicie- 
sen; y así, tomado el auto, ellos se volvieron á Balaguer. 

El dia siguiente, que fué de Todos Santos, mandó el rey 
se entregase á Fernando Morales el castillo y villa y luga- 
res del vizcondado de Ager , con todos los bienes que el 
conde y sus madre, mujer y hermanas tenian en él , y ab- 
solvió á los vecinos de cualquier juramento y homenaje hu- 
biesen prestado al conde, y perdonó á todos cualesquier de- 
litos, con que no hubiesen sabido en la muerte del arzobispo 
de Zaragoza, y después, á 15 de noviembre de 1417, con 
ciertos pactos, entre otros de poderlo quitar, lo dio todo al 
arzobispo de Tarragona don Pedro Zagarriga. Esta donación 
no he visto ni está registrada en el archivo real, pero hace 
mención de ella el rey don Alfonso en un despacho que es- 
tá en el registro Gratiarum 3, fól. 148, en que le nom- 
bra señor del castillo y villa de Ager. 

Salió en esta ocasión un caballero llamado Alonso Jimé- 
nez que habia muchos años servia á los condes, y llegado 
ante del rey , le dijo: — Señor , yo nunca os vi ni conocí 
hasta hoy, é há doce años que sirvo á don Jaime , é comí 
su pan é tomé aquí la su voz en esta cerca , y sirviéralo 
hasta la muerte; v si bien serví á él , bien serviré á vos, — 



( 534 ) 
Y besó la mano al rey , que le admitió en su servicio. 

El rey aquella misma tarde envió un correo á Barcelona 
al infante don Alfonso , su primogénito , que estaba en 
aquella ciudad por orden del rey , su padre (ordenando y 
enviándole lo que habia menester en aquel cerco), hacién- 
dole saber como tenia el conde en su poder y su madre y 
hermanas, y la infanta doña Isabel, su mujer, como pare- 
ce en la misma carta, que se lee en el archivo real de Bar- 
celona, en el rejistro 3, Curice sigilli secreii, fol. 135, que 
dice de esta manera : 



LO REY. 
Molt car e raolt amat primogenit: lo rey deis reis posant lo 
fie en la boca deis superbiosos lur elevacio conculca en las ba- 
xesas e los corns de aquells elals subjuga a servitut per tal 
que no posen lur sedilla en les alteses e no presumescan esser 
fets semblants al Allisrae. Tant es public que no crehem ig- 
noréis com Jayme de Urgell rompent los ligams de sa lealtat 
per la qual a nos axi cora a son rey e senyor es stret quanls 
acles rebelles quantes iniquitats quants engans e malvades obres 
ab diabólica stucia habia concebul parit e abortat offenent nos- 
tra real niagestat volent en nostra senyoria sembrar infidell- 
tat e rebellio de la qual en aquella james fonch trobada al- 
guna semenl. Per lo qual proveiols a la indempnilat de nostra 
cosa publica nos ha convingut personalment venir assi e ab 
propries raans ministrar salut en tan horrible plaga e havem 
asseliada aquesta ciutat de Balaguer e aquella no sens gran re- 
nom e fama de nostre car oncle lo duc de Gandia comptes ba- 
rons nobles caballers gentils homens e altres axi de noslres 
regnes e Ierres com deis regnes de Castella assi presenls ab di- 
verses mulliplicades invencions e artillerics havem macerat 
fins a la jornada de vuy en la qwal lo FUI de la Verge a inter- 
cessio de la gloriosa Mare sua en qui es Iota nostra speransa 
no volent la deslruccio del poblé de la dita ciutat ne los gratis 
dans a ella subseguidors ba humiliat e onnremit lo cor del dit 



( o55 ) 
Jayme que el I ab ses muller maie e germancs ses vengut a 
melrer en nostre poder ab genols ficéis dcmanant merce e mi- 
sericordia confessant sa gran error: e nos moguts mes de pietal 
que de rigor de juslicia al dit Jayme havem perdonat morí na- 
tural mutilacio de membres e exili perpetual de nostres regnes 
o Ierres e a les dites muHcr mare e germanes sucs les dites 
morts e mutilacio e exili e encara presons. Pero lo dit Jayme 
pres e ben guardat nos havem detengut per tal que purgues la 
pena de sos pecáis horribles. E per lal que haurets plaer les 
dites coses vos notiíicam ab lo exhibidor de les prcsents: e ha- 
jaus molt car e molt amat primogenit en la sua santa guarda la 
Sancta Divinitat. Data en lo siti de Balaguer sots nostre sagel 
secret a 3i de octubre de 44i3.— Rex Ferdinandis. 



A 20 del mes de noviembre del mismo año, hallo en el 
mismo registro, folio 142, otra carta del mismo rey, en que 
escribe al glorioso san Vicente Ferrer dándole razón de lo 
mismo; y la escribió en latin, y la trae el padre fray Fran- 
cisco Diago en su historia de la orden de Predicadores, en 
el libro 2 , c. 63, donde la podran ver los que quieran: 
solo pondré aqui una cláusula de ella , para que se vea, 
como diremos abajo, que el rey había prometido al conde, 
que no le sacaria de sus tierras , desterrándole de ellas. 
Dice el rey : Nos autem non vigore justilioí commoti sed pie- 
tatis rore ac misericordice madefacti eidem monis naturalis ac 
memhr&rum mulilalionis exiliique severitatem concessimus ac 
ejus uxori matri sororihus el populo captionem ultra predicta 
remissimus : ipsum tamen Jacobum conservari jussimus . lin- 
de laudes Altissimo exallantes cujus sunt hec omma gloriw des- 
cribenda qui (ul de ejus sólita elementia speramus) sic dexte- 
ram nostram dirigel quod sedehit populus nosler in pulcritur- 
dice pacis et lahernaculis juslilim ac reqtiie opulenta. 



( .>.-6 ) 

A 2 de noviembre entregó el rey la persona del conde á 
Pedro Nuñez de Guzraan, para que en compañía de Pedro 
Alonso de Escalante y doscientas cincuenta lanzas lo lleva- 
sen á Lérida, donde le metieron en una torre del castillo; 
y la reina , que estaba allí , le dejó despejado y se pasó al 
palacio del obispo, y el conde quedó con muy buena guar- 
da. Hallo en memoria de estos sucesos, que llegó el conde 
á la cárcel tan pobre y miserable , que era por mover á 
compasión á cualquier que le viera ; y el rey le mandó ves- 
tir á él y á sus hijas y hermanas ; y á 1 9 de noviembre de 
1413, mandó dar libranza á Diego Fernandez de Vadillo, 
de doscientos setenta y siete florines que habia pagado, pa- 
ra comprar cuarenta alnas de paño de Lira para el vestido 
de ellos, y ciento cuarenta y siete pellejos de martas por 
el aforro del vestido del conde y por las hechuras de los 
sastres y pellejeros, según parece en un registro Pecuniaritm 
primo, fol. 66, de este rey.' 

El rey, pues estaba seguro de la persona del conde, 
quiso entrar en la ciudad, y no por ninguna de las puertas 
de ella, sino que le fuese abierto un pedazo de muro, por 
donde entrase como á conquistador ; pero los de la ciudad 
no lo quisieron consentir, porque decian que aquella guer- 
ra solo habia sido contra el conde y sus bienes, y que la 
ciudad no habia sido presa, sino que el conde se habia en- 
tregado al rey, de su voluntad, y que si el rey queria en- 
trar por la puerta, asegurando sus bienes y personas, ellos 
eran contentos de hacer lo que unos buenos y fieles vasa- 
llos debian y eran obligados, y cuando no se les quisiese 
aceptar esto, ellos tomarían el camino que mejor y mas lí- 
cito les fuese ; v el rev vino bien en ello, v a 5 de novicm- 



( '^7 ) 
l)re entro en la ciudad , acompañado de lodiís los señores 
que con 61 habian estado en aquel cerco, y de otros mu- 
chos gentiles hombres que allí eran venidos , pensando ser 
añilados caballeros el dia del combate, que aunque no se 
había hecho, suplicaron al rey les quisiese armar caballeros, 
y al rey le plugo. Iban delante dos pendones, el uno con 
las armas de Aragón, con la divisa del rey, de su orden de 
la caballería de la Jarra y lirios y un grifo, que él habia 
instituido, y aunque era orden militar, según di<;e fray Ge- 
rónimo Roraan, no servían los de esta orden en la guer-' 
ra, y la divisa de ella solo era para premio y adorno de los 
caballeros que hacían proezas; y el otro pendón era de las 
armas reales de Sicilia ; y en llegando á la puerta de la 
ciudad dio con una espada desnuda encima de los almetes 
de los que habian de ser caballeros , y fué recibido con 
gran triunfo, metido debajo de un paño de brocado, según 
es costumbre de meter á los reyes que de nuevo entran en 
alguna ciudad. Oyó misa en la iglesia mayor, y acabada, 
con gran solemnidad, dio la divisa de la jarra y el grifo 
á ochenta caballeros y escuderos de estos reinos y de Cas- 
tilla ; y hecho esto, subió á ver el castillo y se volvió á co- 
mer al real, y dio todos los bienes del conde, su mujer, 
madre, hijas y hermanas á los soldados que le habian servi- 
do , que luego lo saquearon todo , lo que no fué de poca 
alteración para los de Balaguer, que temieron que acabado 
el saco del castillo, no hiciesen lo mismo de sus haciendas, 
y andaban muy quejosos y decían que no se les guardaba lo 
prometido, y tomaban armas para se defender ; y el rey les 
envió á decir que se asegurasen, que aunque había dado la 
hacienda del donde á los soldados , no habia dado la de 
TOMO X. 36 



( :m ) 

ellos, que eran los (jue quedabiin asegurados , pero no el 
conde. 

Otro dia, que era el lunes á 6 de noviembre, partió de 
■ Balaguer, y dejó todas las cosas de su real á los frailes de 
San Francisco, por ayuda de reedificar su monasterio que 
estaba derribado, así como el de Santo Domingo, para cu- 
yo reparo y reedificación, á 3 de octubre del año siguiente 
de 1414, estando en Montblanc, el rey dio dos mil y cien 
florines de oro de Aragón , mandando á Fernando de Bar- 
•dexi, colector suyo general en el condado de Urgel y viz- 
condado de Ager , que los diese. Llevóse el rey toda la 
gente que allá tenia, y dicen que habia tres mil quinientos 

hombres de á caballo y de á pié; aunque de 

estos pocos le siguieron , porque preso el conde y entrada 
la ciudad, cada uno se volvió á su casa. Llevaba en pos de 
sí sus pendones y las banderas de todos los caballeros que 
con él estaban, y entró muy alegre y triunfante en la ciu- 
dad de Lérida , donde fué recibido con grandes juegos y 
danzas , como se suelen recibir los reyes que de una con- 
quista vienen victoriosos. Estando aquí, mandó hacer cuen- 
ta con todos los caballeros que allí estaban , y con todas 
sus gentes, y mandóles muy bien pagar todo el sueldo que 
les era debido , hasta que cada uno llegase á su casa ; y 
allende de esto, les hizo mercedes proporcionadas á la per- 
sona y servicios ; y así muy contentos del rey, se volvieron 
los de Castilla, y también unas cuatrocientas lanzas que en- 
viaba la reina doña Catalina de Castilla , mientras se aper- 
cibían cuatro mil lanzas que habian de venir de aquel rei- 
no; pero como supieron la presa del conde, se volvieron. 
La infanta doña Isabel siguió al conde, su marido, cuan- 



( 539 ) 
^o le llevaron h Lérida ; pero la condesa y sus hijas y nie- 
tas se quedaron en Balaguer, cuando el rey se partió para 
Lérida, y el mismo dia que llegó á aquella ciudad, pidió 
por la condesa y sus hijas, y supo que se habían quedado 
en Balaguer, y que decian que dejaban de seguirle por falla 
de dinero. El rey, que de sí era manso y tenia buen natu- 
ral y estaba harto lastimado de las desdichas de aquella 
casa , les envió por Pedro Mirón , que era de la casa del 
«onde, doscientos florines, y una carta en que les decia: 

Compiessa cara cosina : com sia necessari per alguns aflers 
que vos siats assi pregamvos affectuosament que ensemps ab 
dona Leonor dona Cecilia e ab vostres nets p¿irtiscats e vingafs 
a nos e siats assi per dijous tot dia: e asso per res no baja fal- 
ta car nos vos trametem per en Pere Miró portador de la pre- 
sent doscents florins de or de Arago. Dada en Leyda sots nos- 
*re sagel secrel a 6 de novembre any i4io.— Rex Ferdinandüs, 

Y así luego se partieron y vinieron á Lérida, donde las 
hospedó un deudo suyo, que era arcediano de Santa María 
<le la Mar, y se llamaba Berenguer de Barutell. 

Estando el rey en el sitio de Balaguer , comenzó de ha- 
cer proceso criminal contra del conde , como vasallo reo, 
desobediente y rebelde á su rey y señor. Nombró procura- 
dor fiscal á don Francisco de Eril, de quien estaba cierto 
habia de hacer bien su oficio , pues por medio de la justi- 
cia podia tomar enmienda de la rota que la gente del 
conde le dio junto á Margal ef. Este, á 14 de setiembre, 
•dio petición al rey contra del conde y de doña Margarita 
su madre, doña Leonor su hija, Ramón Berenguer de Plu- 
via , Andrés Barutell, Dalmacio Dezpalau , Alfonso Suarez, 



( 540 ) 
Pedro Gruvalosa, Juan de Fluviá, Juan de la Torre ^ Tris- 
tany de Lu^á, fautores y cómplices suyos. Hádasele cargo 
al conde : 

Que habiendo prestado el juramento de fidelidad por 
medio de sus procuradores y ratificado por su persona, y 
pedido por medio de sus embajadores mercedes y socorro 
para sus necesidades al rey, como á señor suyo soberano, 
escribiéndoselo en una carta; habia hecho liga con Tomás, 
hijo del rey de Inglaterra , y con el duque de Clarencia 
para quitarle el reino, enviando á los dichos á don Antonio 
de Luna y Garci López de Sese, sus embajadores, por cu- 
yo medio se concluyó la liga. 

Que habia pagado sueldo á Juan de Mauleó y Eymerico 
de Comenge y otros , porque entrasen con armas en el 
principado de Cataluña é hiciesen guerra ocupando las tier- 
ras del rey. 

Que sus gentes habian tomado los castillos de Trasmoz 
y Montearagon y otros, con .voluntad y consentimiento suyo, 
sin que él lo impidiese ó mostrase disgusto de ello, tole- 
rando que le llamasen rey de Aragón. 

Que habia hecho venir compañías de ingleses y gascones 
que habian tomado algunos castillos en Aragón en las co- 
marcas de la ciudad de Jaca , capitaneándolas don Antonio 
de Luna, y habian hecho jurar y aclamar al conde rey de 
Aragón , con voluntad y consentimiento del mismo conde. 

Que habiendo sido rompidos por gente del rey y desba- 
ratados los dichos ingleses y gascones, el conde los salió A 
recoger, amparándoles y llevándoselos á la ciudad de Ba- 
laguer. 

Que hubia corrido las partidas y comarcas de Tamarite 



( 'iil } 
de Litera, y preso algunos hombres que se llevó presos á 
Balaguer , haciendo gran daño en toda aquella comarca, 
cautivando diversas personas, vasallos del rey, y llevándolas 
á Balaguer , eran rescatadas , tomando del tal rescate su 
parte y porción, dando salvoconductos á los deudos y ami- 
gos de los tales presos, para poder con segundad tratar del 
rescate . 

Que aconsejado de los dichos cómplices , habia tolerado 
que en Balaguer públicamente le nombrasen rey de [Ara- 
gón, haciéndole juramento y reverencia como á tal , for- 
taleciendo con el favor de los dichos cómplices sus castillos 
y casas para hacer guerra contra el rey, llamando para ello 
á todos sus subditos y amigos, pidiéndoles socorro, dicien- 
do que pues contra razón y justicia le habia sido quitado 
el reino, él le habia de cobrar con la lanza en la mano, y 
que si el rey venia contra de él , le habia de salir al en- 
cuentro y darle batalla. 

Que líabia salido á combatir á don Francisco de Enl , 
cuando por orden del rey iba á dar socorro en Aragón con- 
tra las gentes de armas que allí tenia el conde, y le habia 
desbaratado y herido la gente que llevaba, procurando de 
prenderle ó matarle. 

Que habia querido prender la ciudad de Lérida , envian- 
do para esto mucha gente de armas, que hicieron gran da- 
ño en sus contornos, saqueando algunas casas y pueblos. 

Que sufrió que al rey le llamasen infante de Castilla y 
nó rey de Aragón, y hablasen de él en Balaguer mientras 
duraba el cerco con descortesía y desacato , llamándole ti- 
rano. 

Que habia resistido al gobernador cuando por orden del 



( 542 ) 
rey y según las sentencias reales iba á lomar posesión por 
el rey de sus lugares , cerrando las puertas de ellos y to- 
mando las armas. 

Que cuando el rey llegó á Balaguer mantelo el muro, y 
con bombardas y ballestas y otras armas tiró al real y á 
la misma persona del rey , haciendo entrar en Balaguer á 
Menaut de Favars , para dar traza como meter dentro la 
eiudad gente para poder mejor resistir al rey. 

Que habia hecho salir gentes y escuadras, de la ciudad 
para combatir con asaltos y escaramuzas la gente del real, 
haciéndoles daño notable y matando algunos , en gran de- 
servicio del rey , prendiendo los que podían haber y dán- 
doles después por rescate. 

Que en todos los dichos delitos habian sido sabedores y 
aconsejado la madre del conde y demás personas arriba di- 
chas. 

Estos eran los delitos y culpas que oponía el fiscal con- 
tra del conde; y antes de recibir testigos sobre ello, á 16 
del mes , mandó el rey tomar información sobre dónde es- 
taban los delincuentes; y con cinco testigos quedó probado 
que el día antes, que era á 15, estaban en Balaguer, don- 
de los habian visto, y no habian salido de allá, y mandó que 
fuesen citados con término de veinte y seis días, para que 
dentro de ellos compareciesen, y que les fuesen presentadas 
letras; pero los porteros que las habian de llevar dijeron que 
ellos no osaban ir á la ciudad, por el gran peligro que ha- 
bia de las saetas y piedras que continuamente tiraban de la 
muralla ; y el rey mandó que Berenguer Colora, regente su 
cancillería, recibiese información: y de cuatro testigos que 
sobre esto se ministraron, que eran el conde de Cardona ^ 



( 545 ) 
el gobernador de Cataluña, Gil Ruiz de Liori y Kamou de 
Bages, quedó probado el gran peligro que habia de acer- 
carse á los muros de la ciudad de Balagucr , por las con- 
tinuas saetas, balas y piedras que arrojaban contra la gente 
y oficiales del rey, cautivándoles si podian : y el rey mandó 
que les fuese notificado con pregones , ó del modo que 
mejor pudiese llegar á noticia de ellos. A i7 se espidieron 
letras y se publicaron en Almata y por el real , en partes 
que, sin ser ofendidos , podian ser oidas de los que esta- 
ban en el castillo, si querian; y para mas justificación de 
los procedimientos, quiso el rey, que pues las dichas letras 
no fueron presentadas , que fuesen publicadas en Lérida, 
como á cabeza de veguería ; y después á 1 9 del mismo mes 
las fijaron á las puertas* de la casa de Francisco de Saii- 
Climent, donde tenia el rey su audiencia. 

Esto pasó antes de haberse puesto el conde en poder del 
rey, y llevado á Lérida; pero después que fue preso, prosi- 
guió el fiscal contra de él el proceso, y se guardó esta or- 
den: que á 12 del mes de noviembre tomó el rey por su 
misma persona la deposición al conde sobre los artículos de 
la enquesta, y se le hicieron veinte y cinco preguntas ó inter- 
rogaciones, y respondiendo en cada uno de ellas , vino á de- 
cir: que si él habia fortalecido y pertrechado sus castillos, 
fué por haber entendido que los de la ciudad de Lérida que- 
rian acometer sus lugares y tierras, y por tener guerra contra 
¿e\ conde de Cardona ; y que por no haber dinero para pa- 
^ar sus soldados , habia bastecido los castillos y lugares de 
vituallas , con pensamiento de dar de comer á los soldados 
en vez de dineros ; y que él no supo en la correría que hi- 
cieron á don Francisco de Eril , porque los que la hicic- 



( 544 ) 
ron eran enemigos suyos y no le dieron razón de ella , ni 
menos supo en la invasión y presa que quisieron hacer de 
la ciudad de Lérida, ni él se halló con los que fueron allá; 
y que si sus gentes corrieron á las de Rafols y Spluchs, 
fué para cobrar cierto ganado que los de allá le habian toma- 
do; y que si mosen Cortit habia preso hombres de Segriá, 
fué sin saberlo él , y que luego que lo entendió les hizo li- 
bertar; y que si gentes estrañas habian entrado en Cataluña, 
como fueron unos que envió el. conde de Foix, fué por ha- 
cer guerra con ellos al de Cardona, con quien estaba mal; 
y que si Menaut de Favars entró en Balaguer, era para co- 
brar cierto dinero que le debia don Antonio de Luna , que 
después con letra suya cobró del conde de Foix mil flori- 
nes ; y que si de noche unos lugares hacian fuegos á otros, 
eso no era cosa nueva en el condado de Urgel y vizconda- 
do de Ager, sino muy ordinaria en tiempos pasados, y mas 
cuando con presteza querian los unos lugares avisar á otros; 
y que si habia dado letras de credencia á don Antonio de 
Luna, á Basilio y á otros, fué porque hiciesen toda honra 
y cortesía á don Antonio; y finalmente, que fuera de lo 
dicho no sabia ni tenia mas que decir ni responder. 

Como de la deposición del conde no resultaba ni culpa 
ni cargo contra de él, fué necesario se recibiesen testigos; 
y estos fueron cuarenta y cinco , y entre ellos Basilio , el 
capitán de los ingleses, con diez soldados suyos que esta- 
ban presos : los demás todos eran gente de Balaguer y Lé- 
rida y de aquellas partes vecinas, y de los que habian esta- 
do con el rey en el real ; y aunque no habia mejor testigo 
que el mismo rey, procedió en el negocio tan sin pasioI^, 
como si lo que el conde habia hecho no le tocara á él. 



( .S4íí ) 
Acabóse la recepción de ellos á 28 de noviembre, y recibié- 
ronse delante de Bernardo de Gualbes , vicecanciller deí 
rey, que fué uno de los nueve jueces de Casp , y los exa- 
minó por su propia persona , y el mismo dia se publicó 1» 
enquesta, presente el conde, y dio por concluido el proce- 
so , y el rey, que asistió á ello, le dijo si tenia algo que 
decir, y el conde le respondió : — Señor, el dia que yo me 
metí en vuestro poder lo hice confiando de vuestra miseri- 
cordia, y que tendríades miramiento al deudo es entre no- 
sotros, y á la sangre y linaje de Aragón de donde venimos, 
y al parentesco es entre la infanta y vos, por ser hermana 
de vuestra madre, y que según esto usaríades de misericor- 
dia conmigo , como rey virtuoso y señor misericordioso ; v 
aunque haya muchos de los testigos referidos y otros , que 
merecían mejor perder la vida par sus delitos y culpas co- 
metidas, que osar parecer delante vuestra real presencia; 
pero yo ni les quiero contradecir ni impugnar, sino que me 
meto debajo de vuestra misericordia y conciencia, confiado 
de ella, poniéndome también á todo lo que vuestra real ma- 
jestad querrá. — El fiscal , que era don Francisco de Eril, 
instaba que se acabase aquella causa ; y el rey volvió á de- 
cir al conde si queria copia de los testigos, ó que se le vol- 
viese á leer los dichos de ellos, y abogados para defenderse, 
ijuc él se los daría ; y el conde respondió que él persevera- 
ba en lo que habia dicho. Volvió el rey tercera vez á de- 
cir lo mismo, y el conde perseveró en esta última respues- 
ta. Con esto se dio el proceso por concluido y se asignó á 
sentencia para el dia siguiente , que era miércoles á 29 de 
noviembre, víspera de San Andrés del año 1413, en c! 
mismo castillo de Lérida; y allí en presencia de los obispos 



( 546 ) 
de Barcelona y Leoii , del duque de Gandía, del conde de 
Cardona-, don Roger Bernat de Pallars, del vizconde de Illa, 
Berenguer de Stalric, Garau Alamany de Cervelló , gober- 
nador de Cataluña, don Berenguer Arnaldo y don Pedro de 
Cervellon , Francisco de Aranda , donado de Portaceli del 
orden de Cartuja, Olfo de Próxida, Berenguer Doms, Pe- 
dro de San-Menat , Berenguer de Bardexí , mosen Juan 
Dezpla tesorero del rey, Ferrer de Gualbes, T. , . Gralla 
y otros, estando el rey en su trono real y los infantes don 
Alfonso y don Pedro , sus hijos , y con ellos el duque de 
Gandía y don Enrique de Villena , el conde de Módica, 
don Bernardo de Centelles, Gil Ruiz de Liori , Juan Fer- 
nandez de Heredia, don Juan de Luna, don Juan de Ixar, 
Berenguer de Bardexí y los doctores Juan Rodriguez de 
Salamanca y Juan González de Azevedo y otros muchos, 
sacaron al conde de la torre donde estaba preso , y pre- 
sente don Francisco de Eril, que hizo las partes de fiscal, 
le dijo el rey estas palabras; — Dios sabe, á quien no se es- 
conde cosa alguna , que yo quisiera escusar esto por que 
soy aquí venido, y á todo el mundo son manifiestos los yer- 
ros que vos contra mi hicisteis y contra la corona de mis 
reinos , y con todo eso os di lugar para que os pudiésedes 
enmendar, y yo vos quise perdonar y hacer mercedes, co- 
mo á todos es notorio, y vos continuando vuestro mal pro- 
pósito, no disteis lugar á que yo vos hubiese de perdonar, 
y á grandes preces y ruegos de mi tia, vuestra mujer, yo vos 
perdoné la muerte que teníades bien merecida, y doy con-r 
tra vos la sentencia que oiréis, — la cual leyó públicamente 
Pablo Nicolás, secretario del rey, que decia así: 



( 547 ) 

Allissiioi Dei Salvaloris nostri cjusque Malris virgiiiis glorio- 
sissime Marie uominibus humiliter invocalis.— Nos Fordinan- 
dus Dei gratia rex Aragonum Sicilie Valentie Majoricanim Sar- 
dinie et Corsice comes Barchinone dux Alhenarum et Neopa- 
trie ac etiam comes Rossillionis et Ceritanie: Visa denunlialione 
seu presenlalione coram nostra sacra majestale oblata per no~ 
bilera et dilcctum nostrum Franciscum de Eiillo militem pro- 
curatorem nostrum ad hec specialiter deputatura contra et ad- 
versus Jacobum de Urgello íilium egregii Petri quondam corai- 
tis ürgelli: Visis etiam articulis sive capitulis contra dictum 
Jacobum oblatis r.Visis inquam confessionibus per diclura Ja- 
cobum faclis: Visis prelerea et malure ponderatis teslium dcpo- 
sitionibus per diclum nostrum procurátorem productorum: Vi- 
sisque productionibus tam instrumentorum publicorum quam 
aliarum quarumvis scripturarum : Visa denique publicatione 
atestationum ac tolius processus dicto Jacobo facta necnon et 
petilione contra eundem oblata ac debita animadversione peu- 
satis quibusvis dictis productis et allegalis tam per dictum pro- 
curátorem nostrum quam dictum Jacobum : Visis postremo et 
cum solerti diligentia recensitis predictis et aiiis videndis et al- 
tentis attendendis sacrosanctis evangeliis coram nobis propo- 
sitis ac eis reverenter inspeclis ut de vullu Dei nostrum proco - 
dat judicium et occuli mentis nostre videro valeant equilatem; 
die presenti ad hanc nostram audiendam seutentiara dicto Jaco- 
bo assignala pronutitiamus et sententiamus prout sequitur: 

Cura tam per confessionem dicti Jacobi de Urgello quam per 
alia merita dicti processus conslet clare nobis predictum Jaco- 
bum de Urgello subditum ac ratione originis et domicilii et 
alias vassallum ac nalnralem nostrum ac vinculis juraracnti íi- 
delitatis jam aslriclum cum quibusdara confederationes el cons- 
pirationes ac lianlias post juramenli prestationem fecisse causa 
occupandi sibi regna et Ierras nostras et se in regem Aragonum 
crigendi extoUendi et in regnis et terris nostris se infrudendi 
in noslre majestatis ofifensam : Gonstet etiam nobis ipsum trac- 
íasse et ordinasse quod civitas Ilerde que sub nostro dominio el 
obedientia consistit per gentes suas intrarelur et occuparelur ut 
sibi ea occupala facilius etiam dicta regna ct térras occupare 
posset que ordinalioncs el traclatus quantum in eo et in genU- 



( 548 ) 
bus suis fuil ad efTectum doducta fuerunl- Constel inquam no 
bis quod gentes sue ipsius fuUe subsidio nonnulla castra sive 
villas inde ejectis et depredalis subditis nostris occuparunt ali- 
quosque subditos nostros per violentam rabiem coegeruut ad 
prestandum dicto Jacobo taraquam regi Aragonum fidelitalis 
lali casu illicitum juramentum: Constet preterea nobis nostros 
subditos et vassallos et alias gentes noslras cuntes taní per pu- 
blica itinera et pro nostro servitio quam alias per gentes dicti 
Jacobi ejus ordinatione seu permissione deprédalos ac vulne- 
ratos fuisse ac de preda predicta dictum Jacobum partem ha- 
buisse: Constet nichilominus nobis Jacobum predictum seu ejus 
gentes ipsius ordinatione seu mandato nobis eum obsessum in- 
tus civitatem Balagarii justitia mediante tenentibus gentes nos- 
lras in dicta obsidione nobiscura existentes hostili animo noto- 
rie expugnasse interfecissc ac etiam vulnerasse et a meniis el 
alus locis dicte civitalis tam cum balistis bombardis quam alio- 
rum armorum generibus dictos nostros vassallos continué oíTen- 
disse noslraraque in personara bombardarum lapides de nobis 
specialem habeutes notitiam specialiler ct publice direxisse ac 
mulla alia nostrum honorem sigillantia et notoriam resistenliam 
et offensam sapientia in nos nostrasque gentes ut in hostes co- 
mississe: Constet etiara nobis predictum Jacobum passum fuis- 
se se regem Aragonum nominari et nos infantem Castelle el non 
regem Aragonum nominare ac nomiuari per gentes suas publi- 
ce permisisse : Constet postremo nobis eundem Jacobum de Ur- 
gello plura alia et diversa crimina in nostri contemptum sive 
nostre raajestatis injuriam nostrequc reipublice detrimentum 
comississe: Ideo prediclis H alus attentis cor nostrum regium 
quod in Del manu est jusüssime movcnlibus per hanc 'nostram 
difinitivam sententiara pronuntiamus el declaramus Jacobum 
predictum de Urgcllo fecisse et perpetrassc orania et singula sn- 
pradicta ct propterea crimen lese majestatis comississe. Et quam- 
vis secuiidum justilie rigoreni ad penam morlis naturalis acerri- 
mam diclum Jacobum de Urgello condempnare mérito debere- 
mus: considerantes lamen quod a nostra regia Aragonum prosa- 
pia trahit originen! : inclinali etiam assiduis supplicationibus in- 
clile infautissc uxoris sue amileque noslrc carissime ac nonnul- 
laruia aliarum rcvereudarum venerabilium t^gregiarum nobiliun» 



( ^^^í) ) 

ac nolabilium porsonarum : diclam penam niorlis accrriniam in 
(iitam lenendum cuslodiam comniulanles candom penam morlis 
tollimus et eum ad standum detcntum sub lula cuslodia senten- 
lialiler condempnamus ut de comissis per eum aliqualein penam 
sentiat et de celero ad lalia aul similia non valeat prosilire-: per 
hoc cnim quoad penam aliqualiter jusUtie satisfacimus et quoad 
quielem nostre reipublice salubriter providemus. Et nichilomi- 
nus bona sua omnia a tempore comissionis dicli criminis citra 
fuisse et esse nobis noslroque erario aplícala seu confíscala per 
hanc nostram sententiam declaramus. Declaramus eliara eundem 
Jacobum titulo seu tilulis comitis de Urgello ac vicecomitis Age- 
rensis aut aliarum dignilalum et officiorum qu'bus se intilula- 
bat et aucloritalum ac honorum civitalis locorum caslrorum bo- 
norum jurium jurisdiclionum tam perpeluorum quam tempora- 
lium fore privalum: absolvendo ab omni fidelilale obligatione 
servilio promissionc ac pacto civitalcm predictam Balagarii loca 
et castra ipsorum comitatus et vicecomitatus et alia quecumque 
ac ¡vassallos seu feudatarios ac alios quoslibel eidem Jacobo 
quomodolibet oblígalos : salvo tamen nobis processu superius 
dicto contra alios de quibus in dicta prevenlione fit menlio con- 
tra quos ad presens ex causa non pronunliamus. Supplemus 
etiam omnem deffeclum si quis forsitan fuerit ex solemnilate 
juris aut alias omissa in processu memóralo de nostre regalis 
prehcmineulie plenissima potestate. 

Lata fuit hec sententia per nos Ferdinandum Del gratia re- 
gem Aragonum Sicilie Valentie Majoricarum Sardinie et Corsice 
comitem Barchinone ducem Athenarum et Neopatrie ac eliam 
comitem Rossillionis et Ceritanie predictum el per fidelem se- 
cretariura nosírura Paulum Nicolay de nostro mandato leda et 
publícala in castro nostro regio civitalis lUcrde die vicésima no- 
na novembris anno a nativitate Domini millessirao quadringen- 
tessimo terlio décimo presenlibus dicto nobili Francisco Derill 
milite procuratore quo supra ipsam sententiam fieri et promul- 
gan instante et requirente parle una ac dicto Jacobo de Urgello 
delato parte altera ipresentibus etiam pro teslibus ad hec spe- 
cialiter adhibitis et vocatis venerabilibus in Christo patribus 
Francisco barchinonense Alfonso legionense rpiscopis egregio 
Alfonso duce (iandie nobili Geraldo Alamanni de Cervilione 



iúiííle gubernatore Cathalonie Berengario de Bardaxino cujus 
<>st locus de Caydino et Johanne de Plano legura doctore Ihe^ 
saurario consiliariis nostris ac pluribus alus ín mullitudine co- 
piosa. 



Luego que fué leida la sentencia , dijo el conde en alta 
voz: — Señor, misericordia os pido, que confiando en vues- 
tra clemencia me vine á poner en vuestro poder. — Pero 
el rey no le respondió cosa alguna, sino que salió del cas- 
tillo y se fué á palacio, y al conde le volvieron á la torre 
donde solia estar, y estuvo en ella hasta JO de diciembre 
de este año, y cada dia era visitado de muchos. Estaba el 
rey muy dudoso dónde le llevaria, y sabia que no le con- 
venia que estuviese en estos reinos , por lo que podia su- 
ceder con la mudanza de los tiempos , y pareciéndole que 
por ser el conde mozo y de buena gracia y hermosa com- 
postura y disposición , y á menudo visitado de los de la co- 
rona de Aragón , que le mostraban gran afición y amor, 
por lo que tendría mas lugar de escaparse de ella y alboro- 
tar los reinos, ordenó que fuese llevado á Castilla; y des- 
pedido de su madre, mujer, hermanas é hijas, para nunca 
mas las ver, pobre y desamparado de los suyos, y entrega^ 
do en poder de Pedro Nuñez ó Rodríguez de Queman y 
Pedro Alonso de Escalante, con buen número de gente de 
armas castellanos , fué llevado á la cárcel y reclusión que 
habia de estar, sin saber dónde, llevándole en una acémila: 
y cuando llegó á Zaragoza, pensó el conde que allí se ha- 
bia de quedar; pero como vido que lo llevaban camino de 
Castilla, hubo tan grande enojo, que no los queria seguir, 
y se dejó caer de la acémila en que iba, y se quejaba del 



( ool ) 

i-ey , y decia que le habia prometido que no le sacaiia de 
s;us reinos, y que no cumplía ahora su palabra real. Que- 
jábase también del duque de Gandía , que fué el mediane- 
ro cuando se puso á manos del rey , y decia contra él pa- 
labras muy pesadas y libertades; pero fuéle forzoso de se- 
guir á los que le llevaban , porque habia llegado á estado 
tal, en que no habia de considerar ni lo que perdia ni lo 
que le quitaban , sino que habia de tener por ganancia lo 
poco que le dejaban, pues su vida y libertad habia estado 
y estaba en manos y voluntad del rey. Padeció en este 
viaje muchas injurias y pesadumbres , porque los que le lle- 
vaban eran muy descomedidos é inhumanos y hacian escar- 
nio y mofa de él, llevándolo atado de pies y de mano?, y en 
los mesones y posadas lo enseñaban á la gente como si lle- 
varan un hombre vil ó ladrón público, y le daban de pes- 
cozones, burlándose de él que hubiese tenido á gozar de pre- 
tender el reino en competencia del infante de Castilla , y 
de este modo le afligian sin rastro de piedad alguna y le da- 
ban mayor aflicción. Llegó por sus jornadas al castillo de 
Ureña, en Castilla, y para mayor seguridad se puso en de- 
fensa y poder de Pedro Alonso de Escalante, caballero de 
casa del rey, y le tomaron grandes juramentos y homena- 
jes de tenerle en buena guarda y entregarle al rey siempre 
que le pidiese, ó á la persona que él mandase, con el cas- 
tillo ó fortaleza en que habia de estar el conde , y no á 
otro alguno. 

No estaba el duque de Gandía muy contento de lo que 
el rey habia hecho con el conde, y muchos habia que echa- 
ban á él la culpa y decian que hizo mal en aconsejarle que 
se metiese en poder del rey, y de esto hablaban muy liber- 



( 552) 
Cadamente ; y á él también le sabia mal que siendo de li- 
naje y alcurnia real fuese tratado de aquella manera y lle- 
vado fuera de los reinos de la corona de Aragón , en que 
habia hartos castillos fuertes donde lo podia tener muy se- 
guro, sin llevarlo á Castilla ni meterlo en poder de personas 
estranjeras , como se lo habían prometido y era público y 
cierto, y lo viraos en la carta que escribió el rey al infante 
Alfonso el dia que el conde salió de Balaguer. Sentíase 
mucho el duque, después de llevado el conde á Lérida, no 
le dieran lugar de hablarle , por haberlo así mandado el 
rey : parecíale á la infanta que aquel rigor se usaba con su 
marido habia de quedar templado por medio del duque, 
que era quien mas habia servido al rey en aquella jornada, 
y no habia en estos reinos persona de mas calidad ni otro 
descendiente de la casa real, sino él y el conde, su marido, 
y era persona de quien el rey hacia mucho caso; y por eso 
un dia fué á hablarle de la materia y de la necesidad que 
padecian la infanta y sus hijas para que la remediase , por- 
que era cosa indecente que personas de su calidad pade- 
cieran la necesidad que padecian ; y halló al rey muy dis- 
gustado que le metiese en tales materias , y le despidió con 
algún despego y severidad ; de lo que el duque quedó muy 
sentido y dio algunas demostraciones de ello de tal manera, 
que el rey lo vino á saber, y un dia le llamó y le dijo: 
que lo que él habia hecho con el conde y su hacienda , era 
cosa que él y todos sus vasallos habian de tener á bien; 
pues era á fin de tener en paz su reino y librarle de bulli- 
cios de guerra, los cuales cualquier buen rey debe apartar 
de su casa y tierras; y si es que guste de ellos, es mejor ha- 
cerla lejos de sí, que cerca, y en tierras estrañas y nó pro- 



i 



( 55:; ) 

prias, por ser el fin della infeliz v dudoso ; y (|uc si el m-j 
de Castilla don Pedro, su tio, lo hubiera hecho así con don 
Enrique, su hermano , padre del. rey, y asegurádose de su 
persona, como él había hecho de la del conde, ni le hubie- 
ra metido gentes extrañas en él , ni quitado el reino ni la 
vida : y pues de los escarmentados salen los arteros , v\ 
queria hacer de manera que tal no le sucediese con el con- 
de, á cuya mujer é hijas mondaria dar lo necesario para su 
sustento y según su calidad , y de lo demás no tenia él que 
cuidar , pues el reino era suyo y él lo gobernaría de la 
manera que fuese mejor. 

El duque replicó al rey , y le dijo, que aunque era ver- 
dad lo que él decia , pero le parecía que su honor y repu- 
tación quedaba muy lisiado , porque habiendo él sido me- 
dio que el conde se metiese en su poder, en ocasión que 
aun había quien le aconsejaba que no lo hiciese , sino que 
resistiera, y él le había aconsejado que fiara de la clemen- 
cia del rey; era mal caso á su reputación que fuese así 
tratado , y estaba muy cuidadoso qué razón había él de dar 
de los tratos que le hacían al conde, si algún caballero por 
él la pedia ó le desafiaba á batalla ; y estimara él mas ha- 
ber muerto en aquella ocasión , que haber intervenido en 
tales haceres, pues sino por él nunca el conde se le hubiera 
rendido. El rey le volvió á decir que no se diese pena de 
ello , y estuviese cierto que el conde no se quejaría de él , 
porque estaria en parte en que tendría harto que hacer de 
llorar su pecado y las ofensas que le había hecho y exce- 
sos, estando sin rey y señor; y que le hacia cierto que de 
aquella hora adelante no habría mras ni conde ni condado 
4e ürgel , y que si nadie le pedia cuenta de lo hecho , If 
TOMO X. 37 



( oo4 ) 
podia responder que habia sido en servicio de su rey y se- 
ñor, y si no les queria dar respuesta , que se los remitiese 
á él, que él les respondería ó haria que otros iguales al 
duque se la diesen ; de lo que quedó muy sentido, y ha- 
bida licencia, se ausentó de la corte del rey. 

Acabado ya el proceso contra el conde y concluida su 
causa , mandó el rey á la infanta y á sus hijas fuesen á Ji- 
jena y estuviesen allá, hasta que el rey mandase otra cosa: 
lo que sintió mucho, porque siempre pensó que el rey le 
daria alguna parte de los estados de su marido, equivalente 
á su dote, y mostró mucho sentimiento de esto, y así se lo 
dijo al rey en un largo y lastimoso razonamiento que le 
hizo ; pero no hubo lugar la pensión , y así se hubo de ir á 
Jijena; y en esta ocasión parió una hija llamada doña N,.., 
que murió niña, y después el rey le hizo merced de 5000 
florines, que en estos tiempos valia cada uno once sueldos, 
duraderos mientras se le tardaban á pagar las 50000 libras 
de su dote; y se los consignó sobre las rentas de los con- 
dado de Urgel y vizcondado de Ager , y mandó á 1 de 
mayo de 1414 á Fernando de Bardexí , colector de las 
rentas de ellos , se los pagase con tres pagas , cada cuatro 
meses una paga; y después, estando el rey en Igualada á 19 
de marzo , poco antes que muriera , se le quejó la infanta 
que no podia ser pagada, por no bastar á ello las rentas, 
por las muchas donaciones y ventas habia hecho el rey de 
las villas y lugares del condado, y por faltar la villa y ba- 
ronía de Pons, que habia vendido el conde don Jaime ; y 
así se mudó la consignación de dichos 5000 florines de la 
manera que le dio 500 sobre el condado de Urgel y viz- 
condado de Ager, 3500 sobre las rentas de Valencia, con- 



( 55o ) 
signándolas sobre el derecho de los tres dineros que paga- 
ban los llorentines é italianos y sobre las lezdas de Tortosa, 
mandando al baile general de Valencia se las pagase; y 
quinientos sobre las lezdas de Tortosa : y esto duró hasta el 
octubre de 1417, que el rey Alfonso le hizo venta de la 
villa de Alcolea y su castillo , que era pueblo de trescien- 
tos fuegos, por sesenta mil florines de oro de Aragón, que 
retuvo ella en su ¡)oder en cuenta de su dote ; y mas le 
hizo venta del diezmo de la lana y animales de las lezdas, 
quistias y rentas hacia la aljama de los judíos, y otros dere- 
chos tenia en Balagucy* el rey y tuvieron los condes don 
Pedro y don Jaime, por diez y siete mil libras barcelonesas, 
Y dice que valian treinta mil novecientos y nueve florines v 
un sueldo; y dice que el término de Balaguer , donde se 
reciben estas rentas que vende á la condesa, coníina con el 
término de Menargues , Castelló de Farfaña , Os , Gerp, 
Merita , Rápita, Cayda, Trimonial y Termens; y la infanta 
se retuvo estas diez y siete mil libras en paga de su dote, y 
el rey mandó despachar letras á Fernando de Bardexí , co- 
lector de las rentas del condado, para que diera posesión de 
la villa y castillo de x\lcolea y rentas de Balaguer á Andrés 
de Barutell , procurador de la infanta, mandando á Fernán 
Diez entregara aquel castillo al dicho Bardexí , para que lo 
pueda dar al dicho procurador. Mandó también el rey (jue 
lo que fuese debido de los cinco mil florines consignados por 
los frutos del dote de la infanta , se lo pague el dicho Bar- 
dexi, hasta 29 de octubre, que fué el dia después de hechas 
estas ventas. 

Sin esto, no dejaba el rey de ayudarla en sus necesidades 
con algunas libranzas le mandaba hacer , como fué á 22 



4 



( 55G ) 
de diciembre de 1417, que le mandó dar doscientos flori- 
nes para pasar aquellas fiestas de Navidad , mandando á 
Ramón Fivaller , su tesorero, que se los pagase. 

Mientras tardaban á llevar al conde á Castilla, mandó el 
rey proseguir el proceso contra la condesa doña Margarita 
su madre, que, como dijimos, fué la que puso á su hijo 
en aquellos trabajos. Estuvo esta señora detenida por or- 
den del rey en Lérida , aunque no en tan estrecha prisión 
como el conde su hijo. A 4 de diciembre le mandó el rey 
ir á tomar la deposición; y aunque se le hicieron diversas 
preguntas, solo respondió, que ella poseía gran parte del 
condado, y que su hijo le habia dado posesión de ella, por 
seguridad del dote de ella y de doña Leonor su hija, y por 
habérselo así aconsejado letrados , porque si el rey hacia 
proceso contra don Jaime su hijo, á lo menos lo que ella 
tuviese estuviera seguro de ser confiscado , y no quiso res- 
ponder otra cosa. Pero ya del mismo proceso hecho contra 
su hijo resultaba alguna prueba contra de ella, que habia sido 
cómplice en la rebelión del hijo, de haberle atizado, com- 
pelido y aconsejado en todo lo que habia hecho , y de ha- 
ber acogido y tomado su parte de las presas que se hicie- 
ron en la comarca de Lérida y Segriá y otros lugares de! 
rey , y haber hablado desacatadamente y con poco respeto 
de su real persona , llamándole infante de Castilla. Pero 
como esto no quedaba tan bien probado como era menes- 
ter , se recibieron sobre ello treinta y seis testigos , cuyo 
examen y recepción sometió el rey á Bernardo de Gualbes, 
su vicecanciller, el qual fué un dia á la posada de la con- 
desa á tomarle la declaración ; y asi como le quiso hacer la 
primera pregunta, dijo ella, que no pensaba responder ni á; 



( •>^^ ) 

ella ni á otra que le liiciese , porque ni ella era rea ni leniu 
culpa alguna, y en caso hubiese cometido algunos delitos, 
se los habia perdonado el rey; y así se lo habían certifica- 
do don Pedro Ma^a y la infanta, antes que su hijo se hu- 
biese puesto en poder del rey : y en conformidad de eso, 
cuando ella salió de Balaguer y se metió en su poder, la 
trató nó como enemiga ó persona criminosa, sino como se 
pertenecía á mujer de la calidad y linaje que ella, hacién- 
dole muy buen . acogimiento y besándola, y le habia dicho 
que lo pasado fuese pasado y que él lo habia por remitido, 
y que mirase que de allí adelante no le hiciese ningún de- 
servicio; y decia que ella no quería renunciar á tal gracia 
y perdón, antes entendia suplicar al rey que le fuese todo 
muy ampliamente guardado, y rogaba al vicecanciller y abo- 
gado fiscal, que estaban allí presentes, que lo refiriesen al 
rey y por su parte le suplicasen, que le diese audiencia en 
presencia de la infanta su nuera y de don Pedro Maca, para 
averiguar lo que ella decia si era así; y que pues ella no 
habia culpa ni renunciaba á la gracia y perdón del rey, no 
habia para que deponer, cuanto mas que sospechaba que la 
tal deposición perjudicaría á la gracia y perdón que tenía, 
y que si el rey pretende quitarle su hacienda, no era mujer 
ella que estimase tan poco á sí misma y su familia, que deje 
de defenderse, y que pues le tiene ocupada su hacienda, 
pide le den de comer, y abogados que la patrocinen. 

El jueves siguiente, que era á 14 del mes, volvieron á 
ella los mismos canciller y abogado fiscal, y le dijeron que 
ellos habian referido al rey todo lo que les había dicho, y 
parecía que debía hacer su deposición , porque decía el rey 
que no había sido otra >u mtencion smo perdonar á sola 



( 5S8 ) 
su persona, y así que respondiese. Enojóse la condesa de 
tal respuesta, y dijo que ella no queria renunciar á la gra- 
cia y merced que el rey le habia concedido , antes queria 
suplicar se le cumpliese así como se lo habian dicho la in- 
fanta y don Pedro Maca , y ya el rey le habia dado señal 
de ello con el buen acogimiento le hizo cuando salió de Ba- 
laguer ; y que si decia que su intención no fué sino solo 
perdonar á su persona, hablando con el debido respeto, de- 
cia , que las gracias de los príncipes se han de interpretar 
muy ampliamente, y que si le perdonaba á ella, lo mismo 
era razón se hiciese con los bienes , que ni habian hecho 
mal alguno ni le podian hacer; y que si delitos se habian 
cometido, lo que ella negaba, esos, ella y nó los bienes los 
habian hecho, y volvia á pedir audiencia delante la infanta 
y don Pedro Maca, y abogados, por ser ella mujer que no 
se entendia en tales negocios. El vicecanciller le volvió á 
decir que el rey y otros que se hallaban en la ocasión que 
él la perdonó, decian que la intención del rey fué perdo- 
nar á la persona las penas debidas y no mas , y que así, 
que respondiese y depusiese; pero la condesa siempre es- 
tuvo en lo mismo, y pidió abogados. Entonces el vicecan- 
ciller le dijo, que él le mandaba de parte del rey que res- 
pondiese , y si temia ser perjudicada , fuese con protesta- 
ción , y le prometia de parte del rey que la oiria , y que 
no baria cosa contra ella que no fuese según justicia, y le 
daria abogados , y se los pagaria , y lo demás que hubiese 
menester para su provisión ; y si no queria hacerlo, él pro- 
seguiria su proceso según justicia ; pero la condesa siempre 
perseveró en lo mismo. 

El procurador íiscal, vista su contumacia, pidió í^e le pu- 



( 559 ) 
blicase la enqucsla, y así se hizo; y aquel misnio dia pidió 
ser declarado haber cometido crimen de lesa majestad , y 
que le fuesen confiscados los bienes , y castigada según 
justicia. 

El dia siguiente volvió el vicecanciller y Pedro Ram, del 
consejo del rey, Domingo Sánchez , procurador fiscal , y el 
escribano de la causa , á tomarle la deposición ; pero ella 
perseveró en lo mismo, pidiendo abogados; y el vicecan- 
ciller le dijo, que la deposición que habia de hacer era acto 
personal, y lo habia de hacer ella sola , sin poder interve- 
nir otro en ello; y ella perseveró en lo mismo, y pidió á 
Esperandeo de Cardona y mosen Maciá Vidal, y que des- 
pués nombraria los otros ; y así le dieron á éste, y dijeron 
que mosen Esperandeo de Cardona estaba ausente, y no se 
lo podian dar porque esta causa no iba con dilaciones, y 
pues estaba en ciudad que habia otros letrados, que esco- 
giese de ellos, que él los compeliria á que la abogasen, y les 
haria pagar, y le dio tiempo hasta el dia siguiente, y man- 
dó á mosen Maciá Vidal que pena de mil florines que la 
abogase. 

A 18 de diciembre , por estar ausente su vicecanciller, 
mandó el rey á Berenguer Colom, su canciller, que fuese á 
la casa donde estaba la condesa , y le pidiese si tenia qué 
decir; y ella respondió, que no le bastaba solo un aboga- 
do, y que mientras no tuviese mas, no le corriese el tiempo 
le era concedido para defenderse; y lo mismo sucedió á 
20 del mes, y añadió que dijesen al rey, que ella perecia 
de hambre , y no tenia nada , porque él se lo habia todo 
ocupado. Y volvió después el canciller á ella á decirle si 
tenia algo qué decir, y ella le respondió que nó, sino que 



( 560 ) 
estaba muy afligida , porque le habían dicho que el conde 
su hijo estaba muy enfermo , y con todo el rev le manda- 
ba caminar á la cárcel, por donde juzgaba que seria muer- 
to, y que este pensamiento la tenia muy enajenada y fuera 
de sí; y que ninguno le quería valer, ni hallaba quien es- 
cribiese por ella una palabra , ni quisiese ir á ninguna par- 
te, por no caer en desgracia del rey , y que esta causa no 
era de solo un abogado; y el conciller le dijo que nom- 
brase los que quisiese, que él de parte del rey les obliga- 
ría á abogar por ella; y no quiso nombrar ninguno. Dióse- 
le de término el dia siguiente, y respondió, que no quería 
defenderse, y que daba el proceso por concluido y lo deja- 
ba todo á la voluntad y ordinacion del rey. Asignóse á sen- 
tencia para el viernes siguiente, que era á 29 de diciem- 
bre; y el dicho dia , á hora de prima, compareció el fiscal 
para que se publicara la sentencia, y el canciller asignó la 
hora de vísperas en el palacio del obispo, y allá compare- 
ció la condesa, y el procurador fiscal, y Pablo Nicolás, se- 
cretario del rey, publicó la sentencia, que decia así: 



Dei eterni et Salvatoris Domini noslri Jhesu-Chrisli ejusque 
Matris beatissime Marie virginis glorióse auxilio et nominibus 
humiliter invocatis. — Presidente rationis imperio in animo 
judicantis sedet in examine verilalis pro tribunali justilia. ünde 
Nos Ferdinandus Dei gratia rex Aragonum Sicilie Valenlie 3Ia- 
joricarum Sardinie et Corsice comes Barchinone dux Athenarum 
et Neopatrie ac eliam comes Rossilionis et Cerilanie: Visa de- 
nunliatione seu preventione coram majestate nostra oblata per 
nobilera et dilectum nostrum Franciscum de Erillo niilitem pro- 
curatoreraque nostrum ad hec specialiter deputatum contra et 
adversas Margaritam uxorem egregii Petri comitis Urgelli et 
vicecomilis Agerensis quondam malreniqne Jacobi de ürgello 



( 301 ) 
filii diclonim conjugum: Visisquo artioulis son íapitiilis per 
dictuin procuralorem nostrum oblalís et spocialiter qnatcnus 
4Í¡cta capitula dictam Margarilaní roncernunt que postra fue- 
runt coiitinuata et presentata per Dominicum Sancii procuralo- 
sem fiscalera curie nostre: Visis prcterea ateslationibus trsiium 
per dictum procnratorem fiscalem productorum ac publicatione 
de eisdem facta dicte Margarile ac tolius presentís processus: 
Visis inquam nonnuUis assignationibus factís dicte Margante ad 
dicendum proponendiim et allegandufn si qua in cansa presen- 
tí dicere proponere vel allegare vellet et prospectis et cum so- 
Jerti et matura diligentia recensitis meritis totius processus 
preraissorum de causa faclis : Et visis videndis et altentis allen- 
■dendis divinis el sacrosanctis quatuor Dei evangeliis corana no- 
bis proposifis ac reverenter inspectis ut de vultu Dei nostrum 
roctum procedat judicium et oculi mentis nosire videre valeant 
equilalem die presentí ad nostram audiendam sententiam dicte 
Margarile assignata pronuntiaraus et sententiamus prout se- 
quitur: 

Cum per merita di<,t¡ processus coní^tet nobis dictam Marga- 
ritam subdilam nostram et domicíliatam in noslri dominio foro 
elpost publicalionem et assumplionem de nobis faclam in viruní 
regem Aragonura et regnorum ac lerrarum predictorum ac 
post fidelitateni nobis prestitaní per dictum Jacobum de Urge- 
llo ejus íilium nobis el corone regie notorie rebellem ac reuní 
crimínis lesc rnajestatís faciendo cum quibusdam confederalío- 
nes conspiraliones ac liantias causa occupandí sibi legna et tér- 
ras nostras et se in regem Aragonum erigendi extollendí et in 
regnis el lerris nostris se intrudendi eí alias multipliciler nos 
et rem noslrara publicam offendendo: Constet notiis eliam cla- 
re ipsam Margaritam dedisse dicto Jacobo filio suo in premissis 
ac in perpetratione dicti criminis jopem operam consilium auxi- 
4ium et favorera : Cousletque nobis eandem Margaritam dicti 
criminis lese majestalis ream fore noslramque regiam majesta- 
tem ac nostram rem publicam multimode oíTendisse : Eapropter 
per hanc noslram definitivam sententiam pronuntiamus el de- 
claramus Margaritam jamdictam comississe crimen lese majes- 
alis predictum et ream fore dicti criminis et castra loca villar 
vbona sua omnla necuon jurisdictiones perpetuas et temporales 
lOMü X. .'58 



C '><>-^ ) 

at jiua alia qiiec umquc ipsius Margarite a tenapoie comissionis 
tli( li criminis citra fuisse et esse nobis noslroque erario appli- 
catida seu confiscanda per hanc eandem senteDtiam declaramus 
et eidem Margarite fore totaliter perdila et amissa decerniraus 
ac etianí declaramus : absolveudo quoscumque vassallos seu 
feudatarios et alios quoslibet dicte Margante quomodolibet obli- 
gatos ab omni íidelitate servitio et obligatione : salvo tamen no- 
iis processu predicto facto ratione denuntiationis et preventio- 
nis predicte et capitulorum in ea contentorum contra alios de 
quibus in dicta preventione mentio facía est contra quos ad 
presens diferimus. Supplemus etiam omne defifectum si quis 
forsitau fuerit ex juris solemnitate aut alias obmissura in pro- 
cessu predicto de nostre regalis preheaiioenlie plenissima po- 
testate. 



Acabado el proceso y dada la sentencia contra la conde- 
sa, el rey, y por él su procurador , mandaron continuar el 
proceso contra doña Leonor de Aragón, hermana del con- 
de, por estar inculpada de haber dado favor y ayuda de 
dineros'y consejo al conde su hermano , y haber sido cóm- 
plice en sus delitos y culpas, y haber escrito muchas cartas 
íi vasallos suyos, pidiéndoles acudiesen á Menargues para ir 
á la presa de Lérida , y á Balaguer para valer al conde 
contra el rey. Habíale dado el conde su hermano, por paga 
y seguridad de treinta y cinco mil florines le habia dejado el 
conde don Pedro, los lugares y castillos de Menargues, Vil- 
bes, Os, Monmagastre , CoUfret, Estaña, Aña, MonterguyI, 
Durfort y muchos mansos y aldeas en término de Monmagas- 
tre; y cuando el rey prendió el condado de Urgel y vizconda- 
do de Ager, prendió también estos lugares; y se los habia 
dado el conde con pensamiento que si el rey le confiscaba 
sus bienes, á lo menos su hermana quedase segura de lo que 
ella tenia en su casa. Prendió también el rev muchos bie- 



( .^>3 ) 
nes muebles, como era joyas , paños de oro \ sedii , vesti- 
dos, camas y mas de sesenta cuerpos de libro de mano, que 
por no haber aun estampa, eran de gran valor y precio. 
Valian estas alhajas mas de treinta mil florines , y estaban 
todas en el castillo de Balaguer; y pretendió esta señora que 
todo esto no se le habia podido quitar , porque lo poseía 
ya en los meses de junio y julio, y el rey le tomó el lugar 
de Menargues en agosto, con los demás lugares, y esto no 
lo podia hacer sin citarla, porque cuando ella entró en po- 
sesión de ellos, aun don Jaime no estaba acusado de los de- 
litos que fué después; y sobre esto quiso dar testigos, ale- 
gando estar espoliada y haber de ser antes de todo restitui- 
da. Sobre esto dio al rey , así en Lérida como en Zarago- 
za , varias suplicaciones , pidiendo abogados para defendor 
su causa , y que el rey les pagase, porque ella, quedaba tan 
pobre y desnuda , que aun para el sustento no tenia. Du- 
róle mucho tiempo pedir esto , y «í la postre el rey le dio 
seis abogados^ y tres procuradores que ella escogió para sn 
defensa, y les mandó pagar de su tesorería. l)it»|)utóse mu- 
cho la causa del espolio , pretendiendo que antes de ha- 
berse quitado los bienes habia de ser citada y oida ; v des- 
pués de haber dado muchos memoriales é informado al 
consejo real, en que intervinieron miser Jaime Calis con diez 
•y siete otros letrados, se trató esta causa; y á (> de junio de 
1414 se votó, y el artículo de la dificultad consistía en dos 
puntos : el primero era : Si aprehemio facía per doimnum 
regem de castris loéis et aliis boiiis de quibus egregia Eleo- 
nor de Lrgello pelit restituíionem censeatur jiiris exeqnho 
mi spdiatio. — Secundus pumlus est : casu quo dicta apre- 
hemio cnuealur spoliatio si cocceptio re&tilnfinnis opposilry 



( :í()4 ) 

jü'!- (lirltnii Eleonnntm 'ui proccfinu exequtmvis fado contra 
miakm ail hnloniiam procuratoris fscalis vendkat sibi lo- 
ctim. Fácil dobium quia procedilur per viam inquisüionis 
et non per viam accusationis : iierum quia agilatur dicta 
causa in foro seculari et in regia audienlia el non in foro 
ecclesiastico. 

La decisión v voto de Jaime Calis , que siguieron cuasi 
todo? , fué esta : 



Quod illa aprehensio fuit facta in vim remedii et exequtionis 
juris et justilie et per consequens non potesl dici spolialio jux- 
ta commemoiationem Petri Alberli et practicas inde secutas tum 
píiam quia audientia regia nec curie seculares non consueve- 
runt admirere tales exceptiones spoliationis. 



Publicóse esta declaración á 8 del mismo mes , y que 
fuese pasado adelante en la causa , no obstante la excep- 
ción del espolio opuesta, la cual dijeron que no tenia lugar 
en aquel caso , y decian serle lícito al rey aquel modo de 
proceder , cuando tiene en tiempo de guerra sospecha con- 
tra algún subdito suyo. Suplicóse de esta declaración, y no 
hallo que se prosiguiese ni hablase mas en este negocio, y 
el rey se quedó con los bienes de doña Leonor, y viendo 
que no podia cobrar su] hacienda , se retiró al monasterio 
de Jijena en Aragón , donde tenia su hermana; y el rey 
Alfonso, estando allí á 6 de junio de 1417, le dio trescientos 
florines de renta sobre la bailía general de Cataluña , y 
porque por estar lejos érale trabajoso el cobrarlas , se las 
conmutó, á 15 de marzo de 1424, sobre aquellos doce mil 
■sueldos que el rey recibia con tres tercias en la villa de Sa- 



( o6o ) 
riñena en Aragón, consignándole doscientas libras sueldos 
jaquesas pagaderas en el mes de mayo, y esto durante su 
vida; y después de haber estado algún tiempo en Jijena, se 
retiró en una ermita de Poblet, donde hizo santa vida y ganó 
mas bienes eternos sirviendo á Dios , que no valian todos 
los del mundo , como queda ya referido en la vida del 
conde don Pedro , donde hablé mas largamente de las vir- 
tudes y pantidad y feliz muerte de esta señora. 

Habia ya el rey antes de la sentencia contra del conde 
de Urgel. llamado á todos los prelados y barones y otros 
de sus reinos, para 8 del mes de enero, para coronarse en 
la ciudad de Zaragoza, para donde pasó de Lérida á 10 
del mes. Lo que sucedió en su coronación, las fiestas se hi- 
cieron , y mercedes hizo y todo lo demás , cuentan muy 
largamente Alvar García de Santa María , Zurita y otros 
muchos. 

La condesa doña Margarita , que tan perseguida habia 
sido, y tan acosada y pobre estaba desemparada de todos, 
tenia confianzas tan ciertas de volver á su antiguo estado v 
prosperidad , y ver á su hijo en libertad, que ninguno de 
los trabajos que padecia la podian espantar ni humillar,- v 
si indiscreta y arrojadamente se gobernó después de la de- 
claración de Caspe, no fué menos agora : solo habia de di- 
ferencia, que entonces tenia cabe sí gente de calidad y no- 
ble , pero agora solos algunos criados indiscretos v de poco 
saber , lijeros de creer y mas fáciles de ser engañados , y 
gente tan simple, que á cada uno que les decia lo que ellos 
deseaban oir daban crédito, y de él se fiaban. Confiada del 
consejo , saber y fuerza de tal gente , luego que el conde 
su hijo fué llevado á Castilla, entendió en darle libertad, 



( 366' ) 
sin tener paciencia ni aguardar á ver el rey qué haria ó có- 
mo se llevaria con él. A uno de estos criados llamado Pedro 
Mirón, que era natural del lugar de San Mateo en el rei- 
no de Valencia, envió al rey Luis de Francia y al duque de 
Clarencia en Inglaterra, y para que se viera con García de 
Sese, de quien hablamos arriba , que en esta ocasión él y 
Martin de Sese, y Juan Doraenech y otros grandes amigos 
del conde de Urgel y de don Antonio de Luna se eran re- 
lirados á Francia, para que alcanzara del duque de Claren- 
cia le diese á ella alguna villa ó lugar de que pudiese sus- 
tentarse, pasando la vida y teniendo donde se recoger, en 
caso que hubiera de salir del reino ; porque temia que si 
el rey sabia lo que ella trabajaba por la libertad de su hijo, 
no la castigase : y que hiciese que García de Sese, valién- 
dose de aquellos príncipes , entrase con buen ejército por 
esta tierra, y entrase por Aragón, y íuese á poner sitio al 
castillo de Ureña, donde el conde su hijo estaba, y no se 
partiese de allí hasta haberle dado libertad, y que ya que 
entrase, no fuese con poca gente, porque no haria sino cor- 
rerías que serian de poco efecto. 

Llegado este hombre k Francia, halló á García de Sese 
en un lugar llamado Sordo, cinco leguas de Bayona, y le 
esplicó la comisión que llevaba y el fin de este mensajería; 
y él le dijo que el duque de Clarencia en aquella ocasión 
no podia valer á la condesa, ni con gente ni con hacienda; 
pero no contento el Pedro Mirón de esto, pasó á Inglaterra 
á hablar con aquel príncipe, que fué el que mas favoreció 
las cosas de don Jaime , y le dio larga noticia de los su- 
cesos de él, y del triste fin habian tenido sus pretensiones, 
y le suplicaba que cumpliese con lo que le habia promrti- 



( 'iCT ) 
do en la liga y confederación entre ellos hecha , de que 
habia auto público que el conde le dio á él , cuando salió 
de Balaguer para meterse en poder del rey, y se lo dio á 
él, que lo tenia muy bien guardado ; y que habia muchos 
que le cargaban á él por no haberle ayudado , según estaba 
entre ellos concordado, y que si queria volver á emprender 
lo que estaba concertado entre ellos, aquí estaba mosen 
García de Sese, que le daria entrada por Jaca, donde aun 
tenia amigos; y. el duque le dijo cuanto le pesaba de los 
malos sucesos del conde de ürgel, y que no le parecia cosa 
acertada venir él con armas en estos reinos, estando él pre- 
so, porque viniendo á contemplación suya, y por su liber- 
tad, seria muy contingente que el rey le mandara matar; v 
le parecia mejor y mas acertado , que valiéndose de sus 
amigos y parientes, les escribiese, porque los unos suplicán- 
dolo y pidiéndolo al rey, y otros (no alcanzando nada los 
primeros) ayudando con dinero para dar á las guardas , se 
procurase jsu libertad , que era lo que todos deseaban ; v 
así escribió el duque al rey de Portugal, á la reina de Cas- 
tilla y á la duquessa de Berri muy apretadamente sobre 
esto , y con esto le despidió. 

A la vuelta pasó á Paris , y habló con el rey de Fran- 
cia, y le hizo acordar que ya García de Sese le habia dicho 
que si él queria emprender la conquista de la corona de 
Aragón, él tenia poder del conde de ürgel para cederle su 
derecho; y el rey le dijo, que él habia de venir á Provenza, 
y trataria con García de Sese lo que habia en esto , y man- 
dó dar á Pedro Mirón seis escudos en una moneda de ve- 
llón llamada blancas, y le despidió. 

J)c aquí lué á ver á la duquesa de Berri , que era pri- 



( o68 ) 
raa del conde don Pedro de Urgel, y la halló en un castillo 
de Alvernia llamado Mancuirol, y le dio las letras que lle- 
vaba de la infanta y de la condesa, y una del duque de 
Clarencía; y esplicada la creenza contenida en ellas, le pi- 
dió alcanzase letras del rey de Francia y del duque de Ber- 
ri, y del conde lie Armeñac y de otros señores para el 
rey, pidiéndole la libertad del conde de Urgel y restitución 
de su estado ó parte de él, con que, cuando tuviese liber- 
tad, pudiese vivir; y que si el rey de Francia por sus rue- 
gos no venia en esto, que le favoreciese para que con di- 
nero ó de otra cualquier manera le sacase de la cárcel : y 
la duquesa le dijo, que ella ya tenia letras del rey Luis, 
que decian de Ñapóles, para el de Aragón , y de otros se- 
ñores de Francia , salvo del duque de Berri y del cor/de de 
Armeñac, y tenia por cierto que si con el rey de Aragón 
lio acababan nada estas cartas , á lo menos servirían de in- 
dignar al rey Luis y demasi señores contra el de Aragón, y 
de esto siempre se sacaria algún fruto ; y fué fama que es- 
tando aquí Pedro Mirón, intentaron valerse de mágicos pa- 
la sacar á don Jaime de la prisión , y ofrecieron estos de 
darle libertad, y pidieron por ello quince m.il escudos, que 
les fueron prometidos después de libertado, y de antemano 
pidieron doscientos para el gasto de ciertas camisas se ha- 
blan de hacer, una para don Jaime , y dos para los que le 
hablan de ir á libertar; y vestido cada uno de su camisa, 
irian por el aire donde querrían ; pero la duquesa, aborre- 
ciendo tales medios , mandó que en eso de los encantos no 
se hal;)lara mas. 

Despedido de la duquesa , se vino á Morella en el reino 
de Valencia^ donde hallo á la infanta y á la condesa; y ley 



( :ití9 } 

desengañó ác las coníianzas tenian de aquellos príncipes , y 
i|ue solo habia'habido letras del duque de Clarencia para el 
rey de Portugal y reina de Castilla, en que les pedia inter- 
cedieran con el rey para la libertad del , conde de Urgel. 
Díjoles también como babia hallado á García de Sese , Be- 
renguer de Fluviá , Gilabcrt de Canet , laan Domenech y 
otros amigos del conde, que habian sabido dar mejor cobro 
á sus personas , y estaban retirados en aquel reino, y tra- 
taban de buscar forma como se hiciese una buena entrada 
♦;n estos reinos, cobrando aquellos para el conde de Urgel; 
y aun decia le habian dicho que seria luego, que guarda- 
sen las banderas y pendones reales que el conde tenia he- 
chos, para arbolarlas cuando fuesen entrados, para mover 
con esto los ánimos de la gente de esta Corona ; y García 
de Sese estaba mas animoso que nunca : y la condesa esta- 
ba tan contenta de esto, como si ya tuviese su hijo fuera de 
la cárcel y hubiera cobrado sus estados; pero la infanta 
tenia pesar de estos negocios, y decia que todo eran temeri- 
dades é imposibles, que mejor le fuera á García de Sese 
hacer que con embajadas y cartas se pidiese la libertad del 
conde , y dejarse de meter gentes forasteras ; pues el con- 
fiar de tales entradas , nos ha perdido y acabado del todo; 
y es cierto que si aquellos príncipes creyeran lo que Gar- 
cía de Sese les decia, hubieran dado harto qué pensar al 
rey. 

Desde Valencia enviaron á Pedro Mirón al reino de Por- 
tugal, y allá dio las cartas que llevaba del duque de Cla- 
rencia, y otras de la infanta y condesa de Urgel, para el 
rey, el cual le dijo que volviese otra hora, que él daria la 
res{)ucsta; y esta fué, que pues todas aquellas letras eran 



( ^70 ) 
de creenza, que la esplicase; y así dijo como aquellos se- 
ñores le suplicaban que enviase un embajador al rey de 
Aragón, para pedir la libertad del conde de Urgel; y que 
cuando esto no le pluguiese, que se lo escribiese , que así 
lo habian hecho el rey Luis y otros señores de Francia : y 
el rey de Portugal dijo , que por no hacerse sospechoso al 
rey de Aragón, no podia hacer lo que se le pedia. Enton- 
ces le replicó , que pues no podia hacer lo que se le su- 
plicaba, á lo menos se sirviese, que si el conde, ó por tra- 
to ó de cualquier otra manera salia de la cárcel , le diese 
paso y seguro por sus reinos hasta la mar, para que pudie- 
se meterse en alguna nao y pasarse á Inglaterra ; y el rey, 
oido esto, quedó algo suspenso , y después le dijo que la 
reina de Aragón era su prima , y que entre los hijos su- 
yos y de ella habia muy cercano parentesco, y que él no 
daria lugar á tal cosa como le pedia, ni á otra que pudiese 
causar tal daño como este al rey de Aragón; antes bien 
desengañaba que si don Jai-me se salia de la cárcel y pasa- 
ba por su reino y él lo sabia, le baria prender , y preso le 
volveria al rey de Aragón ; y que sobre esto no se liablase 
mas. Visto lo poco que habia acabado cop aquel rey, no 
quiso dar una carta que llevaba del duque de Clarencia 
para la reina de Portugal ; y porque estaba sin dinero , pi- 
dió al rey por medio de un criado de su casa, que le favo- 
reciese, y le mandó dar veinte escudos y un salvoconducto 
para todos sus reinos. Visto lo poco que habia alcanzado 
del rey, fué á mosen Francisco de Vilaragut, caballero ca- 
talán que estaba en aquel reino, y llegó en ocasión que 
estaba muy enfermo, y los médicos no quisieron dar lugar 
á que le hablasen ni le metiesen en cosas de negocios ; y 



( •>71 ) 
así se fué á liablar al conde de Bracelos , v menos pudo, 
porque estaba entre Duero y Miño : solo halló á Ñuño Sán- 
chez, que era al Algarbe, en un lugar suyo llamado Por- 
tel. Dióle las cartas del duque de Clarencia, y esplicó su 
creenza y lo pue le habia pasado con el rey de Portugal; 
y le dijo que pues el rey le habia dado tal respuesta, él no 
queria meterse en aquello ni lo baria por todo el mundo. 
Quiso saber qué negociaciones tenia hechas el conde de Ur- 
gel ; y él dijo que no habia hecho mas de que el rey de 
Francia y otros señores de aquel reino lo habían escrito al 
rey de Aragón, v él habia de ir á la reina de Castilla con 
letra del duque de Clarencia para lo mismo ; y si con estas 
diligencias no obraban cosa , probarían si dando dinero á 
las guardas podrían hacerle escapadizo; y le rogó que si so- 
bre esto sabia alguna traza se lo dijese, porque era obra de 
misericordia, pues daba libertad á un preso injustamente. 
Ñuño Alvarez, admirado de la simpleza del tal mensaje, le 
dijo que después del rey de Portugal tenia por señor al de 
Aragón v sus hijos, y por cuanto habia en el mundo no le 
íjueria disgustar, antes le serviría en todo lo que fuese po- 
sible , y así le despidió. 

Salido de Portugal, se fué para Castilla, para hablar con 
la reina, que en aquella ocasión estaba en la villa de Fro- 
mesla; v si no fuera por temor que no le prendieran, hu- 
biera llegado á Ureña á visitar al conde de Urgel ; pero no 
se atrevió. Antes de hablar con la reina , se vio con Juan 
Alvarez de Osorío , que acompañándola habia pasado por 
Ureña, y habia entrado á visitar al conde. Dio Pedro Mi- 
ron á Juan Alvarez razón de todo lo que le habia pasado, 
V la respuesta que lo dio el rey de Portugal, y la fonfian- 



(572) 
za que tenia de que el rey Luis lo escribiría al de Aragón: 
y que era venido para dar una carta al duque de Clarencia 
para la reina , porque por medio de su embajador pidiese 
la libertad del conde de Urge! ; y no queriéndolo hacer , á 
lo menos hiciese que el rey de Castilla su hijo lo pidiese al 
rey de Aragón, de quien se decia que habia de ir á Casti- 
lla ; y que cuando el de Aragón por ruegos no lo quisiese 
hacer , buscarian otros modos para sacarlo de la cárcel, 
porque no le faltaban deudos al conde que daban quince 
mil escudos cuando le hubiesen librado de ella : y esto le 
dijo que no habia de ser porque el conde hubiese de hacer 
guerra al rey, sino solo porque saliese de la cárcel; y se lo 
decia esto en secreto , por saber que él era muy buen ca- 
ballero, y no lo habia de descubrir , pues era á fin de ha- 
cer una obra tan buena, como era sacar un preso de la cár- 
cel ; y aun le pidió consejo si esto lo diria á la reina ; y 
Juan Alvarez de dijo , que pues él llevaba carta de su so- 
brino el duque de Clarencia para la reina, que la diese y 
que la informase, que tal cosa le diría á él solo, que no 
diria á otro ; y así por medio de Juan Alvarez tuvo entrada 
y dio la carta á la reina, y le descubrió los tratos en que 
andaba y sus pensamientos ; y la respuesta que llevó fué. 
que la reina mandó á García Sánchez, su alcalde, lo lleva- 
se á la cárcel, donde se le tomó la deposición de todo, y 
se dio aviso al rey, y con esto dio fin á su mensajería. 

A mas de esta tan bien lograda diligencia, se hizo otra, y 
fué enviar un capellán de casa la infanta, que era su limos- 
nero, llamado Pedro Martin, al papa Benedicto de Luna y 
al cardenal de San Jorge , porque intercedieran con el rey 
por la libertad del conde,- y para que les volviese su ha- 



( .>75 ) 
<íienda y patrimonio ,• pero acabó poco con pilos , jiorquc 
eran mas amigos del rey que del conde. 

Mientras se trabajaba en estas embajadas, bacia la con- 
desa todas las diligencias posibles en hallar un hombre que 
quisiese meterse en servicio de Pedro Alonso de Escalante, 
castellano de Drena, porque haciéndose familiar y casero, 
alcanzase ser guarda del conde, y parte para que le echa- 
sen de la cárcel, ó matando los guardas, ó corrompiéndo- 
los con dinero, ó del modo que mejor les fuese posible; y 
para mas facilitar esto , daba entender que el rey de Por- 
tugal, luego que saliese de la cárcel, le acogeria en su rei- 
no, y que Bernardo de Forciá, que no sabia nada de esto, 
y era tio de la infanta y hermano de la reina doña Sibila, 
dejaría una galera que tenia para llevarlo á Monferrat al 
marques su hermano, y que ella pagaria muy bien á todos 
los que supiesen y ayudasen en este hecho ; y no faltaban 
algunos que, codiciosos de las grandes promesas que hacia, 
quisieron emprenderlo; pero habia tantas dificultades, que 
era imposible salir con ello, y mas siendo cosa de notable 
deservicio del rey. La pasión y ceguera de la condesa era 
tal, que se fiaba de cualquiera, y solo le jurase secreto, le 
comunicaba no solo lo que era posible de hacerse, pero aun 
sus íntimos pensamientos y primeros movimientos. Habia 
un vagamundo que se llamaba N. Amorós , hombre vil y 
bajo ; y de este fiaba la condesa la libertad de don Jaime su 
hijo, prometiendo cien florines, si hallaba hombre que qui- 
siese emprender este hecho ; pero como este era hombre 
ignorante y grosero, y sabia que no era para tal empresa, 
lo comunicó con un bellaconazo disimulado del reino de 
Murcia, que se llamaba Alfonso Méndez , que se acaró con 



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la condesa , y después de haberle con juramentos (erribles 
prometido el secreto , le prometió de servirla en lo que le 
mandase, comunicándole ella todos sus pensamientos; y en 
particular le pidió si hallarian cómo dar al rey cierta cosa 
que le quitaria la vida dentro de poco tiempo , de lo que 
él mostró escandalizarse, y dio entender á la condesa la di- 
ficultad liabia en ello , por estar el rey con muchas guar- 
,das , y tener cabe sí servidores que cuidaban mucho de su 
salud Y vida. La condesa, pues el otro le desviaba aquello, 
le metió en otras materias, y fué si ^abia el hombre que 
.quisiese ir á Castilla , para tratar con los que guardaban á 
don Jaime le hiciesen escapadizo; y era buena aquella oca- 
sión, porque habia sabido ella por medio de un criado del 
conde, que habió venido de allá , que estaban cubriendo de 
madera el aposento donde estaba su hijo , y por una venta- 
na la subian, y habia en ella una cuerda por donde podia 
escalarse, y era fácil entrar en el castillo, porque por cau- 
sa de la obra habia muchos que entraban y salian : y aun 
daban otra traza , que era dar yerbas á Alfonso de Escalan- 
te, porque turbadas las guardas con la muerte de él, pudie- 
sen efectuar lo que deseaban. Todo esto comunicó la con- 
desa, y mucho mas, con este hombre, que se ofreció de 
hacer lo que ella quería, y decia tener un hermano bastar- 
do que estaba en guarda del conde ; y con este intento se 
partió de Zaragoza , donde en aquella ocasión se hallaba la 
condesa, y apenas hubo caminado algunas leguas , que te- 
mió que aquel Amorós, que sabia que él trataba estas cosas 
con la condesa, no fuese descubierto. Esto pasó en la pas- 
cua de Resurrección del año 14-14: y era este Alfonso 
Méndez de casa del rev , v le habia hecho merced de do? 



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lonjas, y le tenia de espía, según conjeturo y se vio con lo 
que hizo , porque pasó á Murcia para comunicar todo esto 
con Alfonso Yañez Fajardo, que era deudo y amigo suvo y 
vasallo del rey, y tomar su parecer , y para que hiciese sa- 
bedor al rey de los tratos de la condesa; pero el Fajardo 
le dijo que no eran cosas aquellas que sin testigos de lo que 
él decia se pudiesen decir al rey , que no era hombre li- 
jero de creer; y el Alfonso le dijo, que no habia otro tes- 
tigo sino un caballero de casa la condesa , que se llamaba 
Ramón Bereiíguer de Auriachs, que lo sabia todo , pero 
decia que no faltaria traza con que todo esto lo supiese la 
persona que el rey quisiese. Con todo, les pareció á los dos 
bien, por evitar el daño que se podia seguir mientras tar- 
daba esto á llegar á la noticia de Escalante, que se lo fue- 
se á hacer saber; y así se fué de camino á Ureña, y lo dijo 
todo á Alfonso de Escalante, y quedó admirado , y pare- 
cióles escribirlo al rey, el cual luego mandó que pusiesen 
buenas guardas al conde, y que Alfonso Méndez se viniese 
para él, y llevase algunas de las señales habia entre la con- 
desa y su hijo, que según ella habia dicho, eran tres, ó es- 
crito de mano del conde, ó lo que le dijo cuando se despi- 
dió de él en el castillo de Lérida, ó cierto bolsón que le 
habia dado , y Alfonso Méndez procuró haber el bolsón ó 
escrito de mano del conde. Pero Alfonso de Escalante le 
dijo, que esto era casi imposible, porque don Jaime habia 
hecho propósito, mientras estuviese preso, de no escribir de 
su mano á persona alguna , y lo del bolsón era asimismo, 
porque él tenia cinco bolsones, y no sabia quien era el del 
señal, y era fácil tomar uno por otro. Ofrecióle de darle 
lugar si queria hablar con el conde, pero él no lo quiso 



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aceptar, porque decia, que si después por otra ocasión salia 
de la cárcel, no le diesen á él la culpa; y porque no lle- 
gase sin señal á la condesa, le dieron una camisa que ella 
le habia enviado y algunas emprentas del anillo del conde, 
que el carcelero tenia en su poder; y con esto se vino á 
Cataluña, y llegado h Lérida, donde vivia la condesa, le dio 
entender que habia hablado con el conde, y habia dado 
aquella camisa y aquellos sellos, que él habia hecho de su 
mano en aquella cera , y que T. Tello y Rodrigo de Vila- 
Santa, que le guardaban, lo habían visto; pero á la conde- 
sa esto no se le acertaba, antes le dijo, porqué no habia 
llevado el bolsillo; y él le dijo que el carcelero le tenia 
contadas todas las joya^ y demás cosas que tenia, y que si 
se lo hubiese dado , lo hubiera hallado menos. Luego dijo 
ella: — Lo mismo será de la camisa. — Dijo él: — Nó, por- 
que delante del carcelero la habia dado á Tello , uno de 
los guardas, para que se la diese á él. — Y como ella esta- 
ba tan ciega en este negocio, lo creyó todo. Hablaron lar- 
gamente, y dijo á la condesa mil mentiras, y ella á él 
otras tantas, y parecia que iban á porfía quien mas menti- 
ria, y ella lo hacia para mas animarle en que entendiera en 
la libertad del conde. Certificóle que el rey de Portugal 
favorecia al conde de gente y dineros, y que saliendo de la 
cárcel le acogeria en sus reinos , y que la duquesa de Bar 
le valia con doce mil florines, y que su hermano el mar- 
qués de Monferrat, con ayuda del emperador, cuyo vicario 
general era , le favorecia para^ conquistar el reino é islas 
de Mallorca, que decia pcrtenecerle, y que el rey de Por- 
tugal queria emprender la conquista de Sicilia , y otras 
mil cosas semejantes. Partido de Lérida el Méndez, se vino 



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á Momblanc, doiido el rey liabia de celebrar cortes; y llegó 
el mismo dia que el rey, y le dio cuenta de todo lo que 
queda di-cho , y el rey al principio no lo po